Reseña: “Invoking the akelarre” de Emma Wilby

Normalmente no suelo escribir reseñas sobre los libros que leo, pero el último trabajo de Emma Wilby merece unas palabras por las aportaciones que realiza a la revisión de los juicios de Zugarramurdi.

Este tema resulta particularmente sensible para mí, ya que nací en la localidad donde las víctimas fueron ajusticiadas y, además, mis antepasados por línea materna provienen de zonas vecinas al Valle del Baztán. Otro factor que incide de manera decisiva en mi reticencia a escuchar o leer cualquier contribución vinculada a este proceso es mi comprensión primitiva y mistérica de la “sorginkeria” o brujería vasca.

Mucho más de lo que desearía, tengo que enfrentarme a ese distorsionado discurso popular que oscila entre una versión romántica de la “sorgin” como herbolera o sanadora y una variante demonizada que preserva la imaginería caricaturesca de la Inquisición. Cada vez que alguien utiliza la palabra “akelarre” fuera de contexto como sinónimo de reunión de brujas o coven, algo en mí se retuerce por dentro, al igual que me sucede al oír la frase: “somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar” (afirmación que apoya la humanización inquisitorial de la “sorgin” y rechaza su componente mítico original señalado por Barandiarán).

Otro aspecto que ha nutrido mi rechazo a cualquier mención a la caza de brujas en Zugarramurdi ha sido el desinterés mostrado hacia otros procesos anteriores ocurridos en valles navarros cercanos o en el Duranguesado, los cuales revelan elementos folclóricos mucho más interesantes vinculados a creencias y prácticas anteriores al auge del cristianismo.

Por todas estas razones, a pesar de que admiro y tengo como referentes anteriores publicaciones de esta autora, me resistí inicialmente a comprar “Invoking the akelarre”. Por suerte, la doctora Wilby tuvo la amabilidad de enviarme un ejemplar a mi casa para que pudiera darle mi opinión e iniciar un debate tras leer su obra. Aquella iniciativa cambió por completo mi percepción sobre las aportaciones extranjeras al fenómeno de Zugarramurdi.

En primer lugar, quisiera alabar la acertada introducción al mundo vasco que la autora ha ubicado en el primer capítulo, señalando sus modos de vida, el rol de distintas figuras femeninas en la organización social, la independencia cultural debido a razones geográficas y sociopolíticas (autoridad de la nobleza, fueros, instituciones civiles…) y el peso de la transmisión oral como principal vía de acceso al conocimiento.

Otro aspecto a valorar muy positivamente son las consideraciones psicológicas hacia la influencia de la personalidad, educación y motivaciones de los magistrados, notarios, traductores y ayudantes involucrados en los procesos, así como al efecto de distintas formas de coerción y manipulación en los interrogatorios, más allá de las técnicas de tortura a las que tanto se alude sin mencionar que su aplicación era menos frecuente y estricta que la encontrada en otras regiones europeas o en los tribunales civiles peninsulares. Entre los tipos de falsos testimonios obtenidos destaca la presencia de malinterpretaciones, ficciones conscientes, falsas memorias y experiencias visionarias, aportando ejemplos textuales extraídos de fuentes primarias y secundarias que permiten comprender la forma en que fueron alterados.

Otro gran acierto del libro es estructurar el desarrollo de los siguientes capítulos para dar respuesta a las distintas afirmaciones inquisitoriales o crímenes atribuidos a las personas condenadas por brujería, en relación a distintas reminiscencias cosmogónicas, costumbres, prácticas sociales y ritos de magia popular u otra índole.

En el capítulo 5 explora la visión de la “sorgin” como entidad nocturna y vampírica, especialmente implacable con los infantes, conectándola con otras figuras mitológicas como Inguma o Gaueko y las memorias de pacientes a los cuales se les habían aplicado procedimientos médicos como el sangrado (antiguo sistema de equilibrado de los humores) o distintas perforaciones en las dependencias del monasterio de Urdax u hospitales próximos.

En el capítulo 6 analiza las acusaciones de daño a cultivos, ganado y personas a partir del uso de distintas sustancias venenosas: hierbas cuyos componentes tóxicos las convierten en potencialmente peligrosas, sustancias animales de mala reputación como el veneno de serpiente o sapo, así como la aplicación maliciosa de polvos y pócimas ponzoñosas. Conecta estos relatos con la fabricación doméstica de medicinas sin la precisión científica actual, no olvidando subrayar distintos rituales de protección del campo y el ganado, así como otras prácticas preventivas de magia folclórica en las cuales también se utilizaban plantas, partes o restos de animales y cenizas del hogar que se esparcían en los cultivos.

En relación a la inclusión de componentes prohibidos en la elaboración de ungüentos y preparados mágicos, en posteriores capítulos menciona el uso de cadáveres tanto en la práctica médica acreditada como en la medicina popular o la magia folclórica con propósitos de sanación. Particularmente los huesos, la grasa, la piel, la sangre y algunos órganos como el corazón eran muy codiciados. El uso de restos humanos en la farmacopea certificada o la exhibición de reliquias en las iglesias no representaba ningún delito, pero el hecho de obtener dichos restos por vías clandestinas (horcas, osarios, tumbas, etc) se vinculaba a la práctica de la necromancia como arte oscura.

Otro aspecto que visibiliza con gran lucidez es la extendida costumbre de desenterrar los restos humanos para darles una segunda sepultura una vez que la carne se ha descompuesto, cuestión que seguramente resultaba chocante fuera de nuestro contexto y que, por supuesto, daba acceso a restos humanos que normalmente no se usaban para hacer el mal. Asimismo, en Euskal Herria existieron hasta hace pocas décadas unos enterramientos especiales destinados a infantes no nacidos o que habían perecido prematuramente bajo el alero de la casa (“itxusuriak”) o en el huerto de la señora de la casa (“etxekandearen baratz”). Este tipo de sepulturas domésticas y las prácticas mortuorias asociadas a estas, al encontrarse fuera del control de la Iglesia, eran vistas como una amenaza de pervivencia de ritos considerados heréticos.

Adicionalmente, Wilby apunta a que el alto índice de mortalidad en la época, más elevado aún en el caso de madres o fetos con RH negativo (común entre la población vasca), hacía que se mantuviera un cierto desapego al infante hasta superar las primeras semanas de vida como un mecanismo de autoprotección emocional. No obstante, este mismo temor a la muerte prematura infantil sirvió de combustible a la Inquisición para señalar a la bruja como chivo expiatorio, atribuyéndole el crimen del infanticidio. De esa manera, las madres y padres de la comunidad se mostraban receptivos a ajusticiar a toda persona sospechosa de causar perjuicios a embarazadas, bebés o procesar los restos de un infante de forma ilícita.

En lo que respecta a la relación de la figura de la bruja con la práctica de la herbolaria y la sanación, la autora hace referencia a la existencia de curanderos/as pertenecientes a gremios o grupos socialmente reconocidos como el de los saludadores o ensalmadores, así como la presencia de prácticas de medicina popular clandestina que a veces coincidían con festividades señaladas como San Juan, la Candelaria o Santa Águeda. Dado que las referencias existentes en inglés o francés son bastante limitadas, un desarrollo más profundo de los diferentes especialistas no certificados y la historia de diversas figuras de reputado renombre en la comunidad, queda fuera de su alcance.

Un aspecto discutible es la conexión que establece, siguiendo los postulados de Roslyn Frank, entre los términos belargile, bedagin y braguine, para argumentar una posible explicación de por qué la “sorginkeria” ha estado intensamente asociada al uso de plantas, preparados, venenos y prácticas de sanación.

Para quienes no sepan euskera o no estén demasiado familiarizados con estos vocablos, “belargile” significa literalmente “hacedora o preparadora de hierbas” y es una palabra que comenzó a utilizarse en Zuberoa como sinónimo de “sorgin” en su sentido más maléfico debido al ajusticiamiento previo de herboleras en tribunales civiles por mala praxis. Por su parte, el término “bedagin” se compone de beda (prohibición, impedimento, cercamiento) y egin (hacer), pudiendo traducirse como “quien hace lo prohibido o fuera de los límites” (las piedras que separan fronteras, el vallado o espacios entre terrenos, cerco que contiene al ganado, los cotos de caza, etc). Por último, “braguine”, término francés utilizado en Iparralde para referirse a una ayudante de la “serora”, no aparece en los diccionarios ni bases de datos de la Academia de la Lengua Vasca y, por tanto, no puede equipararse a otros vocablos en euskera. De hecho, en Hegoalde (regiones del sur de Euskal Herria) no existía tal asistente.

Aunque Wilby representa correctamente a la “serora” como figura sacerdotal femenina con un papel destacado en ritos funerarios, no pasa por alto menciones de otros autores como Frank o Caro Baroja que hacen referencia a su participación en toques de campanas para ahuyentar las tormentas o el cuidado de enfermos.

Si bien es cierto que Aguirre Sorondo cita en su artículo sobre las ermitas de Hernani que, cuando se atisbaban nubarrones que anunciaban tempestad, la serora o el ermitaño hacían sonar la campana, ésta podía tocarse con dos finalidades: avisar a la parroquia de que tañesen las campanas grandes de la iglesia o utilizar el toque para alejarlas o conjurarlas (ritual de tentenublo). Originalmente, los “aztiak” especializados en magia atmosférica eran los encargados de convocar o ahuyentar las tormentas haciendo uso de fórmulas cantadas y “uztai bedar” (rumex crispus) en lo alto de las montañas. Posteriormente, muchos sacerdotes, especialmente en los Pirineos, trataron de suplirlos asumiendo sus funciones, subiéndose a la torre de la iglesia o acudiendo a los conjuraderos, esconjuraderos o comunidors para llevar a cabo estos rituales. Esto condujo posteriormente al ajusticiamiento de varios párrocos por brujería entre el S.XVI y XVII.

Por otra parte, a pesar de que existe una relación cosmogónica entre los difuntos y la meteorología por la supervivencia del mito de la Cacería Salvaje, debemos considerar el peso de las campanas de un templo, que dificulta el tañido por una sola persona, más aún si es una mujer con una constitución no demasiado recia. Si a eso le añadimos la asociación popular entre la “sorgin” y el poder de cambiar el clima, podemos inferir que muchas “serorak” evitarían involucrarse directamente en estas prácticas para no dar lugar a habladurías.

Otra cuestión a tener presente a la hora de establecer una vinculación entre las “serorak” y la práctica de la medicina popular es la existencia de diferentes tipos de beatas o freilas. Por un lado, había “serorak” dedicadas al cuidado de los santuarios, ceremonias funerarias, atención a difuntos y acompañamiento a familiares en situación de duelo. Por otro, estaban aquellas hermanas que se encargaban de atender a enfermos en hospitales como el de Urdax o dar asistencia a peregrinos en albergues a lo largo del Camino de Santiago.

Tanto en rituales mortuorios como a la hora de preparar curas se utilizaban plantas, pero no las mismas ni con un sentido similar. De hechos, había “serorak” que no poseían conocimientos de hierbas porque existían otras figuras femeninas que tenían un rol muy específico en dichas ceremonias de preparación del cadáver, velatorio y acompañamiento del difunto: etxekona (primera vecina que asistía a la Etxekoandre), mandarresa (anunciadora y convocadora de misa de aniversario), hil beztitzalea (vestidora de difuntos), erresadoriek/errezulariek (rezadoras que elevan el alma del muerto), chanteuses (cantoras que acompañan las oraciones), argizaina/ezkoandera (la portadora de la luz), ogiduna/aurrogia (la portadora del pan de muerto u ofrendas comestibles), adiagillek/erostariek/minduriak (plañideras),andariek (portadoras femeninas de niñas o chicas jóvenes), amabesotakoa (la madrina mortuoria del bebé no bautizado), emakumen segizioa (el cortejo femenino que sigue al cadáver)…

Lo que queda claro en la obra de Wilby es que la importancia social de estas figuras femeninas, así como la autonomía de las viudas o herederas con propiedades, incomodaba a figuras eclesiásticas y autoridades por igual. Desde luego, la independencia, fortaleza social, poder político y libertad sexual que la mujer vasca de buen nombre ha tenido históricamente, resultaba amenazador para individuos misóginos o ambiciosos. El hecho de que en aquella época aún se mantuvieran las uniones por convivencia sin necesidad de oficializar la pareja mediante el rito de matrimonio hasta el nacimiento de un/a hijo/a, también escandalizaba a muchos clérigos y puritanos con fuertes reparos morales. Es más, algunas fiestas populares propiciaban estos primeros acercamientos amorosos, simulando uniones sagradas, lo cual era aún más escandaloso.

Retomando los tópicos clásicos en relación a la imagen mítica de la bruja, la autora dedica varios capítulos a hablar de la vinculación con el Diablo y sus demonios, argumentando la pervivencia de diversas creencias paganas y ritos propiciatorios para atraer el favor de númenes, espíritus de la naturaleza, entidades domésticas y familiares o aliados en las prácticas mágicas. Destaca muy particularmente la mención reiterada del sapo en las actas judiciales como regalo del Diablo, tratando de conectar los relatos desdibujados con distintos usos en la medicina popular, la predicción del clima y ritos iniciáticos.

Asimismo, destina varios capítulos a analizar la construcción inquisitorial de la imagen del “akelarre” como un espacio de culto satánico en el cual se oficiaba una ceremonia grotesca que desacralizaba los elementos clave de la misa católica.

En primera instancia, enfatiza el papel que tuvieron distintos grupos religiosos y sociales que sirvieron de contrapeso y limitaron la hegemonía de la Iglesia Católica: cátaros, valdenses, protestantes, calvinistas, judíos, musulmanes, nuevos conversos, agotes y sectas como la de los “Alumbrados”. Cualquier desviación de la ortodoxia católica que pudiera estar mínimamente organizada representaba una amenaza y, por ello, los inquisidores involucrados en los procesos de Zugarramurdi se esforzaron por demostrar que los acusados no creían en meras supercherías o estaban involucrados en prácticas heterodoxas, sino que conformaban un culto que ponía en entredicho el poder de Dios y anunciaba la llegada de su opositor: el Anticristo.

En lo que respecta al ambiente festivo del Sabbath, a menudo representado como un paraíso terrenal donde la música, la danza, los banquetes y los encuentros sexuales eran los protagonistas, Wilby sugiere una sensata conexión con las festividades populares estacionales, en las cuales se entrelazaban procesiones, romerías o peregrinajes a lugares sagrados, representaciones teatrales y festejos comunales. Muy particularmente señala las canciones y bailes tradicionales asociados a celebraciones solsticiales y fiestas en honor a santos/as que sustituyen a otras figuras mitológicas anteriores, aunque preservando determinados elementos folclóricos que delatan su naturaleza pagana original. Dentro de las festividades de mayo subraya la tradición de elegir a doncellas regentes y sus consortes como inspiraciones potenciales que dieron forma a los relatos sobre la Reina y el Rey del Sabbath, representando a Mari acompañada de Maju o Akerbeltz (quienes luego serían identificados como el Diablo cristiano). Por otra parte, no olvida las antiguas descripciones del Otro Mundo como la Tierra de la Eterna Juventud o la versión católica del Paraíso como una suerte de renovado Jardín del Edén.

En cuanto a la evolución de la figura del Diablo, la autora menciona las representaciones populares iniciales en forma de dragón o gran serpiente (Tarasca) y otras apariencias monstruosas que incluyen cuernos, pezuñas, cola, garras o largas uñas. En los autos sacramentales, pastorales, comedias callejeras y mascaradas carnavalescas a menudo resulta difícil distinguir al gran Diablo de sus sirvientes demoniacos. La caricaturización burlesca de diversos personajes mitológicos, desde Jentilak (gigantes) hasta Mozorroak (pequeños duendes), sirvió aparentemente para ridiculizar a entidades que anteriormente tenían una consideración sagrada, pero también permitió conservar determinados rasgos característicos. Tal y como sostienen distintos académicos, con el paso del tiempo, la figura del Diablo se fue humanizando progresivamente, adoptando una apariencia atractiva, esbelta figura y elegantes atuendos.

El pacto con el Diablo ha sido otro de esos temas recurrentes en juicios por brujería. Dicho juramento de fidelidad implicaba renunciar a Dios, la Virgen o los/as Santos/as; un beso obsceno o encuentro carnal; recibir la marca del nuevo Señor junto con algún obsequio (riquezas, dones, espíritus familiares). Wilby apunta con mucho acierto a la importancia de las promesas dentro de la sociedad tradicional vasca. Estos juramentos se daban en distintos niveles de la sociedad: asunción de cargos eclesiásticos o civiles, entre nobles y sus sirvientes, en órdenes de caballería, en juntas o reuniones políticas, votos para obtener el favor de un santo o entidad protectora, iniciaciones en cofradías y sociedades secretas. En ritos de tipo religioso a menudo se hacían marcas con ceniza o aceite y en comuniones o confirmaciones se recibían presentes. En ceremonias presididas por reyes, nobles u obispos, se tenía también la costumbre de besar el anillo o algún objeto valioso (cruz, medallón, relicario…). Así pues, la autora sugiere razonablemente que muchos de estos testimonios pudieron emerger de memorias desvirtuadas de eventos tanto públicos como privados.

En lo que se refiere a acusaciones de canibalismo dentro de los banquetes sabáticos, en la obra se presentan diversas explicaciones que entrelazan determinadas creencias míticas (abducciones de espíritus depredadores o difuntos, antropofagia llevada a cabo por dragones u ogros, raptos de niños por “hombres del saco”, ofrendas de sangre a entidades nocturnas…), remedios que contenían restos humanos (grasa, sangre o polvo de hueso), relatos de canibalismo ritual en las Américas que llegaron hasta nuestras tierras y canibalismo simbólico en la ceremonia de la Eucaristía y otros ritos populares bajo el amparo de la Iglesia Católica (beber agua bendita pasada por las reliquias de santos, regar los campos con una infusión de agua bendita y huesos sagrados…).

Por último, dedica unas cuantas páginas a profundizar en los elementos que definen las “misas negras” como inversiones del oficio católico. Un aporte interesante por parte de la autora es la consideración hacia el uso adaptado de textos religiosos católicos, así como manuscritos judíos o musulmanes, por parte de hechiceros y practicantes de magia popular. Tampoco hay que dejar de lado las biblias o textos litúrgicos de otras corrientes dentro del cristianismo. Además, el hecho de que a menudo se celebraran misas votivas en prados, montañas, edificios civiles o capillas privadas, llevando altares portables y objetos religiosos, también despertaba críticas entre los católicos más ortodoxos. Por otro lado, la independencia de las “serorak” para llevar a cabo ceremonias religiosas en honor a los difuntos en altares domésticos o tumbas también suponía una alteración de la organización eclesiástica habitual. Asimismo, cabe destacar que muchos de los elementos usados en estos ritos (ropas, manteles, crespones, rosarios…) eran de color negro, lo cual pudo extrapolarse a la imaginería del Sabbath.

A todo lo anterior podemos añadir las parodias de “niños obispos” que escenifican de manera clara una inversión temporal del orden establecido heredado de la antigua Saturnalia y trasladado a las festividades navideñas o los carnavales, dependiendo de la región. Finalmente, cabe destacar el uso del maleficio litúrgico llevado a cabo por sacerdotes, el cual levantaba ampollas entre los católicos más conservadores, a pesar de que su práctica estaba bastante extendida entre el vulgo. La petición de intercesión divina para castigar a brujas, hechiceros y criminales fue una manera de contrarrestar los daños y perjuicios causados por estos. Concretamente, Barandiarán reportó en su día diferentes métodos de maleficio utilizados por los “aztiak”, como el uso de muñecos de cera o retorcer monedas robadas de la iglesia en cruces de caminos.

En resumen, “Invoking the akelarre” es un metódico trabajo de investigación fundamentado en las creencias populares, costumbres y modos de vida del pueblo vasco en la época en la que acontecieron los procesos inquisitoriales de Zugarramurdi. Va mucho más allá de superficiales consideraciones económicas, sociopolíticas o religiosas tratadas por otros investigadores. Teniendo en cuenta las limitaciones idiomáticas, el conocimiento somero de nuestro panteón y el hecho de que la autora no ha podido experimentar determinadas realidades locales, considero que ha hecho una gran labor para ayudar a desmitificar afirmaciones erróneas que han perjudicado negativamente la concepción de la “sorginkeria” en su sentido más primigenio, así como opacado otras prácticas folclóricas y mágicas de gran complejidad que solo pueden ser interpretadas correctamente en su contexto cultural y en el marco de un sincretismo coherente.

Por tanto, solo puedo recomendar a los descendientes en la Diáspora, otros lectores peninsulares e interesados en aprender más sobre la historia de Euskal Herria que lean la nueva publicación de Emma Wilby. Aunque no se esté completamente de acuerdo con todo lo expuesto a lo largo del libro, no se pueden ignorar las valiosas aportaciones de este trabajo a la comprensión del fenómeno.

Mi agradecimiento personal a la autora, con mis mejores deseos de que su obra reciba la consideración que merece.

Consideraciones sobre lo mundano y lo divino para buscadores

Cuando el proyecto “Por encima de todas las zarzas” nació en formato de blog, dediqué los primeros artículos a hablar de la Etxea como hogar, sepultura y espacio sagrado; la identidad familiar y la importancia del linaje; los valores comunitarios de la sociedad tradicional vasca; las leyes por las que nuestros númenes y espíritus se rigen bajo el gobierno de nuestra Dama.

Por ello, no debería resultar ninguna sorpresa que esa misma ética y moral formen parte de los pilares y código de conducta de una tradición familiar fuertemente enraizada en el folclore local, con sus elementos sincréticos.

Tal y como apunta Ortiz-Osés, dentro de los preceptos de Mari podemos distinguir dos niveles de importancia: el de los imperativos que deben cumplirse fielmente y el de las obligaciones morales que aseguran una convivencia estable y unas buenas relaciones sociales.

En el primer sustrato se encuentra el mandato de ser sincero con uno mismo y los demás, diciendo siempre la verdad, aunque pueda resultar incómodo e incluso problemático, tal y como recogen los dichos: “Egia, askoren erregarria” (para muchos la verdad duele); “Egia da latz eta garratz” (la verdad es amarga y desagradable); “egiak esan eta adiskideak gal” (diciendo la verdad puedes perder amistades). En relación a la mentira también existen diferentes proverbios que anticipan sus lamentables consecuencias: “Gezurrak buztana labur” (la mentira tiene la cola corta”); “gezurra esan nuen etxea: ni baino lehenago kalean” (conté una mentira en casa y estaba en la calle antes que yo); “gezurtarik zer duen merezi? Egia esatean ez sinetsi” (¿qué merece un mentiroso? No ser creído cuando dice la verdad).

Los relatos populares resultan igualmente fuente de aprendizaje de estos principios. En distintas leyendas Mari castiga a pastores y nobles señores por mentir sobre sus habilidades o propiedades, retirándoles el favor y sustrayendo sus pertenencias para entregarlas a personas humildes, nobles y trabajadoras. Otros cuentos como el de “Pedro y el lobo” nos previenen desde la infancia de decir mentiras si queremos forjarnos una reputación digna y recibir ayuda cuando verdaderamente la necesitamos.

La soberbia, la jactancia, el orgullo y ambición desmedidas y la avaricia se han considerado faltas capitales entre la población euskaldun, abogando por una vida más humilde y el mantenimiento de un buen nombre, en lugar de perseguir la riqueza y la gloria. Algunos de los dichos que ilustran lo que puede ocurrir cuando uno busca únicamente su propio beneficio y se obsesiona con la fama son: “Asko baduk, aski beharko duk” (si tienes mucho, necesitarás mucho); “begiak noraino, nahia haraino” (tan lejos como los ojos permiten ver, así de lejos se extenderán los deseos/ansias); “igaitea gorago, eroria dorpeago” (cuanto más alto se sube, más dura es la caída);  “bat eman eta bi hartu, gure etxean ez berriz sartu” (dar uno y tomar dos no hará que vuelvan a tu casa).

En contraposición, un modo de vida sencillo, honrado y donde se hace un uso sostenible de los recursos es siempre elogiado: “Bere etxe pobrea, erregearena baino hobea” (Aunque su casa sea pobre, es mejor que la de un rey); “Iturri txikiak, handiak adina egarria kendu” (una fuente pequeña permite calmar la sed tanto como una grande); “aberats izatena baino, izan ona hobe” (más vale tener un buen nombre que ser rico); “egizku beti on, ez jakinarren non” (siempre haz lo correcto, incluso si no sabes a quién beneficias).

El honor, entendido como el cumplimiento de la palabra y los compromisos, buscando la equidad y la justicia, es altamente valorado entre los vascos. Existen cantidad de leyendas en las que los númenes y espíritus del territorio castigan duramente el incumplimiento de una promesa o un acuerdo establecido. Las palabras nos atan y por ello hemos de aprender a utilizarlas sabiamente, cuando el momento lo requiere y en base a criterios fundamentados. Además, cuando no existe correspondencia entre nuestro discurso y nuestras acciones, la comunidad deja de confiar en nuestra fiabilidad y no cuenta con nosotros para afrontar empresas que exijan responsabilidad en el cumplimiento de nuestros votos y responsabilidades.

En relación a las promesas existen refranes como: “Agindua zorra, esan ohi da” (Una promesa es una deuda, siempre se ha dicho); “esana esan, emana eman” (lo dicho está dicho y lo dado está dado”); “Idia adarretik eta gizona hitzetik” (escoge a los bueyes por sus cuernos y a los hombres por el cumplimiento de su palabra). En su vertiente negativa, también observamos los siguientes: “Esana da erraz eta egina garratz” (hablar es fácil, pero hacer es difícil); “Berbak handiak, ezkurrak txikiak” (palabras grandiosas, resultados pequeños); “Gaur hitza eman, bihar haizeak eraman” (la promesa de hoy traerá aire mañana).

En lo que respecta a la escucha y el uso de la palabra, conviene tener presente estas consideraciones: “Aditzaile onari, hizt gutxi” (un buen oyente necesita pocas palabras); “aditu nahi ez duenak, ez du esan behar” (aquel que no quiere escuchar, no debería hablar); “dakizunaz gutxi mintza zaitez, ez dakizunaz bat ere” (di poco de lo que sabes y nada sobre lo que no sabes); “ez gehiegi hitz egin, ez ba da nahi huts egin” (no hables demasiado si no quieres cometer errores); “esaten baduk nahi duana, entzungo duk nahi ez duana” (si dices todo lo que quieres, prepárate para escuchar cosas que no deseas oír). Otra cuestión importante a considerar es que permanecer en silencio cuando no se está de acuerdo y no salir en defensa de la verdad o lo que es justo, se contempla como posicionamiento o complicidad: “Entzun eta isil, baiezko borobil” (Escuchar y callar, es afirmar en redondo).

El honor también se expresa en la justa retribución, permitiendo el mantenimiento de unas relaciones equitativas, tal y como podemos observar en los siguientes dichos populares: “Hartzean dena, zortzen dena” (Lo que recibes, lo debes); “hartuak, emana zor” (lo que se toma, se debe); “bakoitzari berea eta beti adiskide” (a cada cual lo suyo y siempre amigos). De acuerdo con el saber popular, las deudas mantenidas en el tiempo solo traen problemas: “Zor zaharra, min berrizale” (vieja deuda, renovación del dolor).

Por otro lado, dentro de una sociedad comunitarista, no mostrar empatía, compasión y generosidad con tus vecinos/as, no sólo se considera indeseable, sino perjudicial para tu propia subsistencia ya que, llegado un momento de necesidad, puedes ser tú quien requiera de la asistencia de los demás. Habitualmente, quien tiene menos suele ser el más desprendido a la hora de compartir: “Ezer ez duena, emateko prest” (alguien que no tiene nada, siempre está dispuesto a dar). Aprender las bondades de esos sacrificios, resulta esencial para asegurar la reciprocidad y una buena convivencia social: “Jakiteko hartzen, ikas ezazu ematen” (para saber como recibir, aprende a dar). Tener detalles desinteresados también es visto como deseable, al igual que tratar de disculparse haciendo algo para compensar la falta: “emaitzak hausten tu haitzak” (los regalos rompen las rocas).

Según las leyes de Mari, tratar con decencia a los demás y mantener la dignidad es un precepto a tener muy en cuenta, junto con el respeto a los mayores que demuestran sabiduría o hacia las figuras/entidades que pueden actuar como maestros o guías. Del mismo modo, la honra y devoción a lo sagrado han de guiar nuestros pasos en nuestra vida cotidiana y práctica espiritual. Esto no implica, ni mucho menos, que dicha veneración sea ciega. De hecho, si alguien desea presentarse ante Mari, nunca debe arrodillarse ante ella, sino inclinar la cabeza como muestra de reverencia y situarse en cuclillas para entregarle las ofrendas.

Nuestra Dama requiere que tengamos muy presente que todos provenimos de una misma madre: “Besteak ere ama(re)n semeak dira”. Asimismo, las leyendas nos sugieren huir de las apariencias y no subestimar a quien parece más pequeño o aquello que aparenta menos valor: “Ttikia ez guttietsi; haren beharra bihar edo etzi”. El saber popular también nos recuerda que hay personas o criaturas que estiman a quienes podemos despreciar y por ello no merecen nuestra burla: “Ez iñori irririk egin; jendik jende balio dik.” (no te rías de nadie, la gente valora a la gente). Igualmente, se nos hace ver que todos tenemos nuestras faltas para que no juzguemos a la ligera a los demás: “Den orratzik mehenak bere itzala badu”(incluso la aguja más fina tiene su sombra).

Además de la sinceridad y el honor, los habitantes de Euskal Herria siempre han tenido el trabajo y el esfuerzo por bandera: “Hegaztia airerako, gizona lanerako” (los pájaros están hechos para volar y los humanos para trabajar). Tomando el ejemplo de entidades caracterizadas por su naturaleza laboriosa como la propia Mari, los Jentilak, el Basajaun, las Lamiak, los Mairuak o los Galtzagorriak, ser capaz de valerse por uno mismo y poner voluntad en superarse para el desarrollo propio y de la comunidad, han constituido pilares básicos de progreso y afrontamiento de la adversidad. Tal y como expresa el refrán “Iraurk egin dezakeana ez uzti besteri egiten”, no permitas que otros hagan lo que puedes hacer por ti mismo. Si no eres capaz de preocuparte por tu propio bienestar y crecimiento personal de una manera responsable y constructiva, nadie lo hará por ti. Si quieres algo y que valga la pena, tienes que lograrlo por tus propios méritos porque no hay pan sin sufrimiento (“Ez da ogirik neke gaberik”) ni éxito sin trabajo duro (“Garaipena, neke askoren ondorena”).

Igualmente, no se contempla otra forma de trabajar que la aquella que implica consciencia plena y dedicación, tal y como bien resume el dicho: “Lan baratza, lan aratza” (el trabajo que se hace despacio, una labor bien hecha). En cambio, las prisas y la holgazanería son actitudes que ponen en entredicho la verdadera voluntad de aprender y la posibilidad de autosuperación, ganando una buena reputación al ofrecer resultados de calidad.  Sentencias como “Lan lasterra, lan alferra” (el trabajo apresurado, trabajo inútil), “Alfer egon eta alfer-lana egin, biak berdin” (no hacer nada o involucrarse en tareas inútiles son la misma cosa) o “Alferrarendako lanik ez, eta astirik ezdan” (el vago no tiene trabajo ni tampoco tiempo), dan buena cuenta de ello.

Por otra parte, la seriedad que se le otorga al deber demanda el liderazgo de alguien exigente consigo mismo, capaz de involucrarse con intensidad en las tareas o roles que le corresponden, para poder ser legítimamente estricto con sus subordinados. Dichos como “Lanik errazena, agintzea” (el trabajo más fácil es dar órdenes) o “Nagusi eroa baino, gogorra hobe” (un jefe duro es mejor que uno loco), ilustran perfectamente este pensamiento.

La fortaleza que implica doblegar los impulsos hedonistas, adquirir una disciplina y no rendirse ante las dificultades, representa una virtud nuclear para los vascos. En la misma línea, la perseverancia es otra de esas cualidades deseables. Desafíos que aparentemente resultan insuperables, pueden ser logrados gracias a una voluntad firme y un esfuerzo continuado, tal y como recoge el refrán: “Arian, arian, zehetzen da burnia” (golpeando y golpeando, el hierro puede ser pulverizado).

Dentro de la cultura tradicional vasca, la manera en que se plantea cualquier proceso de aprendizaje y adquisición de conocimientos o destrezas de diversa índole es a través de observación paciente, modelado y práctica progresiva, en la medida en que el instructor o figura de supervisión lo permita según el progreso del aprendiz y en base a criterios de seguridad. La frase que mejor resume la importancia de una observación previa antes de involucrarse activamente es: “Zer ikusi, hura ikasi” (lo que uno ve es lo que aprende). Además, para ser eficaz en el desarrollo de una tarea compartida, tienes que haber integrado suficientemente unos conocimientos y procedimientos que te permitan saber cómo operar: “dakienak lan daidi, eztakienak ler daidi” (el que sabe, puede hacer un buen trabajo; el que no sabe, puede tropezar). De ahí que el estilo de aprendizaje recomendado sea pausado y meticuloso.

La sabiduría es un estado y una capacidad que se adquiere a través de la experiencia, integrando la esencia de las enseñanzas antiguas. Nuestros mayores ejercen como los principales referentes y por ello existen varios dichos que apelan a su sapiencia: “Zahar-hitzak, zuhur hitzak” (las palabras viejas, palabras sabias); “Jakindunen artean dabilena, jakindun” (alguien que pasa tiempo entre gente sabia, se convierte en sabio). Entre los elementos esenciales para alcanzar esa sabiduría se destaca una actitud escéptica y crítica, así como templanza para ir digiriendo el conocimiento: “Guti edatea eta guti sinhestea, zuharraren egitea” (beber poco y creer poco es el comportamiento del sabio). Por último, cuando más largo sea el camino andado, mayor será el grado de discernimiento alcanzado: “orga txarrago eta karranka handiago” (cuanto más vieja es la carretera, más brillante es).

Estos preceptos han fundamentado la relación de mi familia con los antiguos poderes, la gobernanza de nuestra Etxea, nuestras relaciones comunitarias y mi educación bajo la tutela de mi abuela. Su seguimiento ha permitido la pervivencia de un fuego que me he comprometido a seguir custodiando y alimentando. Proteger la virtud de ese legado es mi principal cometido.

Shepherd with burning heart – John Bauer (1911)

“Por encima de todas las zarzas” representa la cara externa de un conjunto de saberes ancestrales y experiencias mistéricas personales que permanecerán en un ámbito estrictamente privado. Mi práctica espiritual es demasiado íntima como para compartirla con extraños, ajenos al bagaje sociocultural y dinámica familiar en que he sido criada. Alguien que no ha convivido en el mismo territorio ni ha entrado en contacto con las entidades que lo custodian no puede comprenderlo en todo su significado y profundidad.

Así pues, seguirá siendo un proyecto de divulgación de las distintas manifestaciones culturales y folclóricas que se conservan de la sociedad tradicional vasca, tratando de establecer puentes entre el conocimiento histórico-etnográfico, las experiencias vitales locales y mi propia gnosis personal. Asimismo, mi intención es favorecer un espacio de encuentro acogedor e intercambio respetuoso entre personas con intereses similares, tanto de territorios vecinos como descendientes de la Diáspora.

Cualquiera que se aproxime con honestidad, respeto e interés auténtico a esta casa, será recibido con amabilidad y hospitalidad. Quien falte a la verdad, no respete las normas de convivencia básicas, no sea persona de palabra, intente apropiarse indebidamente de lo que no le corresponde, busque únicamente su propio beneficio sin aportar a la comunidad o perjudique de algún modo el buen desarrollo de las actividades que se promuevan desde esta plataforma, no será bienvenido y deberá asumir las consecuencias de sus actos.

A partir de hoy, “Por encima de todas las zarzas” brilla con un fulgor renovado, aunque preservando su esencia original.

Nuevo logo – diseñado por Kazim Malevtich

HIL ETA BIZI / EN LA VIDA Y LA MUERTE

Nació una noche de octubre de 1920, en el seno de una familia campesina. Era la séptima descendiente de su linaje, aunque la quinta superviviente tras la pérdida de dos bebés recién nacidos. Ocupó el vacío que había dejado la pequeña Rosario y este hecho marcó la relación que tuvo con este objeto religioso como elemento devocional.

Su niñez transcurrió feliz bajo la tutela de su abuela materna y arropada por el cariño de sus tías y sus hermanas mayores. Acudió a la escuela del pueblo, aprendiendo lectura y escritura básica, así como las “cuatro reglas” (sumar, restar, multiplicar y dividir), pero sucesos posteriores impidieron que continuara con su educación. Algunas de sus primas formaban parte de su grupo de amigas, las cuales solían reunirse en el desván de la casa de los Balda para disfrazarse y hacer comedias. Quienes la conocieron en esa época narran que era una niña risueña, hacendosa y disciplinada. Un hecho destacado en aquella etapa fue un accidente con un carro tirado por caballos, en el cual perdió la primera peseta que había recibido en su vida para comprarse ropa en la ciudad.

Durante su juventud sufrió los estragos de la Guerra Civil, lamentando el fallecimiento y asesinato de parientes en ambos bandos. En plena posguerra contrajo matrimonio con una labrador apuesto y trabajador de una localidad cercana, que había estado casi tres años sirviendo en el frente en tierras aragonesas. La pareja no tenía un real cuando se casó para arrendar una vivienda, así que compartieron domicilio con los padres y los hermanos solteros del esposo. La convivencia con la madre de su marido no siempre fue fácil, pero su templanza y el respeto a sus mayores fueron su brújula para manejar las tiranteces domésticas. ¿Qué familia no las tiene?

Su esposo la adoraba y le dio libertad en la gobernanza del hogar. Nunca le recriminó sus decisiones ni sus acciones. Era un matrimonio feliz, fundado en el respeto mutuo, el amor y la ilusión por hacer realidad un sueño común que, con esfuerzo y constancia, se hizo realidad: levantar su propia casa de labranza (“baserri”) y criar allí a su descendencia.

El parto de su primer hijo aconteció durante el Solsticio de Invierno. Fue un alumbramiento difícil que le dejó huella, pero aquello no la amedrentó. Trajo al mundo otro hijo y otras dos hijas. El mayor siguió el camino de su padre y su abuelo; el segundo estudió mecánica, pero también aprendió la cocina que ella hacía; la tercera, heredó las habilidades de costurera de su abuela paterna y ayudaba a cobrar letras (recibos); la última, cuya salud era más frágil, se crio entre el fértil valle y las corrientes del Mar Cantábrico, logrando superar una oposición para trabajar en la administración pública.

Como madre era exigente en el cumplimiento de los deberes, aunque cálida en la demostración de afecto. A cada cual le exigía según su capacidad y le proveía según su necesidad, siendo ejemplo de rectitud y justicia. Tenía un carácter protector, poniendo atención al cuidado integral de la salud, la educación y las compañías que frecuentaban sus hijos/as. Además, tenía un ojo clínico para evaluar a los demás e intuir la verdad en su mirada.

Dentro de su sencillez y sobriedad, poseía un punto de coquetería, atendiendo con mimo su aseo diario, el cuidado del cabello, la elección de ropa apropiada y joyas que otorgasen un toque de distinción, especialmente en ocasiones señaladas.

En lo que respecta a las relaciones comunitarias, se reunía con otras mujeres en la fuente a la cual acudían a recolectar agua, la mítica piedra en el río donde se congregaban a lavar la ropa y compartir anécdotas, el horno comunal donde exhibían sus creaciones y la salida de la iglesia donde se ponían al día de la actualidad social. Solo unas pocas tenían el privilegio de intercambiar confidencias a la luz de la lumbre. En ese sentido, era una mujer discreta, que huía de los rumores y las envidias entre vecinos, buscando siempre la conciliación.

Tenía un corazón generoso y todos los jornaleros que alguna vez ayudaron en las labores del campo recuerdan los almuerzos y dulces que les preparaba. También se preocupaba de los detalles de agradecimiento a sus vecinas y amistades. Asimismo, jamás le negó un plato de comida o asistencia a un necesitado.

Cumplía fielmente con las fiestas de guardar, los ritos correspondientes a cada fecha o transición vital destacable, las devociones a santos y otras figuras protectoras, así como con las atenciones a los difuntos y almas errantes. Nunca faltaron novenarios para los enfermos o esos espíritus que necesitan cerrar asuntos pendientes.  Desde niñas educó a sus nietas, a mi muy en particular, para que prestásemos atención a estas ceremonias y cuidásemos del cementerio como nuestra segunda casa, pues como reza el dicho: “No somos de nosotros mismos, no existimos por nuestra decisión, sino por la de otro” (“Ez gara gure baitan; eza gara zure erabakiz, besteren erabakiz baino”).

La lección más dura en relación a los misterios de la muerte llegó de la mano del fallecimiento temprano de su marido, antes de que éste alcanzase la edad de jubilación. Las circunstancias en que se produjo la defunción fueron tremendamente difíciles y ella llevó un luto estricto durante más de tres años, aunque su corazón siguió portando un crespón negro hasta su partida de este mundo. No hubo noche que no besara la foto de su difunto amado para desearle las buenas noches y así sentirse un poco más cerca de él.

Foto de boda – Marzo de 1945

Con sus hijos/as ya casados, ella no pudo hacerse cargo del ganado, teniendo que renunciar a él, con las implicaciones que ello suponía. Aquella casa que llegó a albergar a 12 personas conviviendo entre sus paredes, al verse desierta, se convirtió más en un mausoleo que un hogar.

Así pues, se trasladó a un pequeño piso en la ciudad, cercano al domicilio de su hijo e hija medianos. Empezó a ocupar sus días en el cuidado de sus primeras nietas. En pocos años, llegaron más hasta completar el mágico número 7. Gracias a ellas, la casa familiar recuperó su vitalidad durante la época luminosa del año: desde Semana Santa hasta Todos los Santos.

Cada San Juan les compraba unos polluelos en la feria local para que aprendieran lo que implicaba cuidar de una granja. También les enseñaba a convivir con las camadas de gatos callejeros que se hospedaban en las antiguas cuadras. En una ocasión, por insistencia de una servidora, llegaron a adoptar a un cachorro abandonado que luego fue entrenado como perro de caza. Asimismo, las involucraba, en función de su edad y destreza, en distintas tareas domésticas y agrícolas. En las épocas de cosecha y preparación de conservas, las reunía para colaborar en los trabajos comunitarios (“auzolan”) mientras les contaba historias y cuentos populares.

Tras las labores, siempre quedaba tiempo para jugar en el patio o la calle, echar partidas de cartas, disfrazarse con las ropas viejas que guardaba en los armarios, revolcarse en el pajar o hacer el salvaje junto al río. También destacan las memorias de las tardes de lluvia en las que salían a buscar caracoles o aquellos momentos en que iban a pasear a la fresca y descubrían luciérnagas entre los matorrales.

En las noches más despejadas del verano, cenaban juntas en la terraza y luego apagaban las luces para contemplar las estrellas. La primera constelación que les enseño a identificar fue la Osa Mayor junto a la Vía Láctea. Las noches más emocionantes eran aquellas donde la luna llena adquiría una tonalidad especial o había lluvias de estrellas, veladas en que se podían pedir deseos.

La algarabía del verano se silenciaba con el comienzo del año escolar, un periodo acompañado de un aire de nostalgia y un murmullo en el corazón del hogar. Cuando se acercaba el otoño, la cocina de leña empezaba a emitir olor a sarmiento, madera seca y cáscaras de frutos secos.  Llegaba el tiempo de las vendimias, las sopas de ajo, las garrapiñadas y las hojas de parra. También era el momento de recordar los antiguos modos de vida y las historias de nuestros ancestros.  

La Etxea se sumía en un largo letargo invernal tras la celebración de Todos los Santos y el Día de Fieles Difuntos. Nuestra matriarca se alojaba en el domicilio de su hija menor para seguir ocupándose del cuidado y educación de su nieta predilecta, a quien seguía instruyendo en valores humanos y divinos en el entorno urbano, consintiéndola de tanto en tanto con sus platos favoritos.

Ella era quien congregaba a la familia durante las Navidades y festividades señaladas, quien recibía a las visitas con hospitalidad y gestionaba las relaciones comunitarias con otras familias. Era la voz sabia a la que acudir cuando necesitabas un consejo sobre una decisión trascendental, la roca que sostenía la estabilidad de sus seres queridos, quien validaba los enlaces amorosos o conexiones sociales, quien se encargaba de las cuestiones del alma que otros dejaban en un segundo plano.

Justo cuando había iniciado mi carrera profesional en otra región y me había independizado, recibí una llamada de mi madre informándome de que la “amona” había enfermado, solicitando mi asistencia. En aquel momento renuncié a un futuro posible por estar a su lado. Lo que no podía anticipar es que aquel viaje de retorno iba a suponer el comienzo de un sendero espiritual fuertemente enraizado en el territorio de origen y en las tradiciones locales de mis antepasados. Además, más tarde recibí el regalo de unir mi destino al compañero de vida que actualmente camina junto a mí.

El día de nuestra boda representó un rito de paso muy importante en mi desarrollo, pero también en lo que respecta al descubrimiento de muchos saberes reservados a quienes asumen el liderazgo de una nueva rama familiar. Ella guio mis pasos en aquel tránsito y sé que lo seguirá haciendo en los que están por venir, de otro modo.

Por encima de todas las zarzas” no hubiera nacido sin su inspiración. Lo que soy ahora tampoco hubiera sido posible sin su sacrificio y ejemplo de vida durante sus bien aprovechados 100 años. El agradecimiento a su amor incondicional y legado es infinito. Ahora me corresponde honrar su memoria y tomar el testigo para que sus enseñanzas no perezcan.

Amona maitia, beti gogoratu zaitugu.

Reflexionando sobre los fundamentos de un sendero tradicional y sus implicaciones

En el momento en que decidí iniciar el proyecto “Por encima de todas las zarzas” tuve muy claro que era fundamental explicar desde el principio los rasgos distintivos de la sociedad tradicional euskaldun, sus valores, su manera de pensar, sus creencias mágico-religiosas y la forma en la que los/as vascos/as se conducían. Entre otras cosas, porque tanto el lenguaje como la cultura modulan todos estos elementos, confiriéndoles una personalidad particular y una manera determinada de aproximarse al mundo y sus diferentes realidades.

Mis primeros artículos versaron sobre la idea de que “todo lo que tiene nombre, existe”, la importancia del hogar familiar y la comunidad, lo que se considera apropiado y deseable a nivel social, aquello que es mal visto o condenable, cómo esas normas y pautas sociales se encuentran íntimamente vinculadas a las “leyes de Mari” y los códigos de conducta de nuestros espíritus y las bases de nuestra cosmología que, a su vez, se ven reflejadas en la manera de entender y abordar distintas situaciones. Quienes hayan sido observadores probablemente se hayan dado cuenta de que procuraba utilizar refranes populares o fórmulas antiguas como título de mis artículos, bajo la premisa de ir introduciendo esa sabiduría popular transmitida desde la oralidad.

Sin embargo, me temo que esto ha pasado completamente desapercibido para muchos/as seguidores/as. Algunos/as quizás lo consideren intrascendente o poco útil para sus intereses personales y/o la manera de entender su camino mágico. No obstante, considero que merece la pena detenerse a reflexionar sobre la importancia de tomar consciencia de ciertos valores a la hora de acercarse a una senda espiritual que va íntimamente ligada a una forma de vivir y conducirse en la relación con los demás.

A menudo, especialmente entre determinados descendientes de la diáspora vasca e individuos vinculados al mundo esotérico, me encuentro con personas que se sienten fascinadas por elementos folclóricos que resultan exóticos, por los mitos románticos que se han divulgado a lo largo del tiempo, por lo que resuena con sus apetencias o se encuentra alineado con determinadas tendencias sociales o modas modernas. Su aproximación superficial y, en algunos casos, meramente utilitarista, denota una falta de interés hacia la verdadera esencia de la tradición, así como una falta de disposición a asumir las implicaciones éticas y las renuncias o sacrificios que conlleva.

El problema de quedarse en la superficie y no hacer un esfuerzo de comprensión holística de una realidad social y espiritual compleja, es que luego esa gente se acaba haciendo esquemas mentales equivocados y va transmitiendo ideas desvirtuadas a otras personas que se aproximan por primera vez a la cultura o alguna de sus manifestaciones, incluyendo su vertiente mágico-religiosa.

En consecuencia, tanto quienes procuramos ofrecer una divulgación seria, como aquellos/as que preservamos cuidadosamente determinados conocimientos y prácticas con un sustrato folclórico, nos vemos en la tesitura de tener que desmentir estas falsedades aportando una gran cantidad de evidencias. A menudo, teniendo que hacer frente a comentarios ofensivos y actitudes poco respetuosas hacia el esfuerzo ajeno cuando, en realidad, somos nosotros/as quienes tenemos que aguantar la falta de educación y consideración hacia nuestra idiosincrasia local. Poniendo un símil visual, es como si un extraño viniera a decirnos a la puerta de nuestra casa cómo gobernarla y administrarla. Y en el peor de los casos, como si nos hubieran robado un preciado tesoro custodiado durante generaciones que se dedican a exhibir como suyo a ojos del público sin pudor alguno.

Por fortuna, no todo es como he descrito anteriormente. De lo contrario, no seguiría mereciendo la pena sacrificar parte de mi tiempo de descanso a desarrollar nuevos contenidos y organizar encuentros donde poder conocer a personas que sí son respetuosas y muestran un interés auténtico por aprender y compartir conocimientos.

Lo que ha cambiado para mí en estos últimos meses es el valor que le doy a esa entrega por lo que ha implicado a muchos niveles. También soy más consciente de que no todo el mundo está preparado para asimilar determinada información contraria a sus esquemas de conocimiento y/o principios morales por sus características individuales o el momento vital en el que se encuentra. Igualmente, puede que lo que la persona desea en su idealización, en realidad no sea ni adecuado ni asumible para ella. En este sentido, uno/a debe hacer un ejercicio de sinceridad consigo mismo/a y ser consecuente con las conclusiones a las que llegue a la hora de valorar lo que esa opción puede aportarle (por lo que supone en cuanto al aprovechamiento de su tiempo y esfuerzo personal, como por sus consecuencias sociales).

Dicho esto, me gustaría poner sobre la mesa una serie de consideraciones que pueden servir como punto de partida para quien tenga interés en aproximarse con honestidad a las tradiciones locales y la diversidad de sus manifestaciones mágico-religiosas.

Las creencias populares son representaciones sociales, fuertemente influenciadas por la historia y desarrollo cultural de un pueblo. Dichos esquemas incorporan conceptos, significados, valores y prácticas relativas a objetos, individuos y diversos ámbitos de la vida. Suponen elementos de orientación a la hora de percibir e interpretar distintas situaciones en un contexto determinado, condicionando las respuestas o acciones para adaptarse a ese entorno. Muchas veces las creencias son tomadas como meras supersticiones por su componente subjetivo, entendiendo que al tratarse de convicciones, afirmaciones o hechos no probados científicamente son menos valiosos e incluso despreciables por su aparente irracionalidad. Sin embargo, muchos/as no son conscientes de que tras lo que ellos consideran ilógico o infantil, en realidad queda preservada una lógica interna perfectamente coherente dentro de la cosmovisión construida colectivamente por ese grupo humano.

Quienes mantienen determinadas creencias y perpetúan la transmisión de ciertos saberes populares y costumbres no son ignorantes: son capaces de distinguir el razonamiento formal y la evidencia del pensamiento simbólico y experiencias más subjetivas, con un carácter más emotivo. Nuestro cerebro está biológicamente preparado para procesar ambas formas de explorar el mundo: el hipotético-deductivo y el intuitivo. Ambos sistemas de procesamiento nos han servido para sobrevivir y evolucionar. De hecho, dos de los elementos que nos hacen precisamente humanos son el pensamiento figurativo y el lenguaje (en cualquiera de sus modalidades). No obstante, la predominancia del racionalismo heredado del movimiento ilustrado nos ha llevado a una progresiva desacralización del mundo natural, a un abandono del simbolismo y a un rechazo del pensamiento mágico. Todo ello ha generado una serie de resistencias a dar cabida a otra manera de entender e interactuar con nuestro entorno.

Iturritza baserria, Arrazola (Bizkaia) – Revista Astola

            En las leyendas y cuentos populares ya no apreciamos su belleza mito-poética ni el conocimiento escondido tras metáforas y sutilezas: solo vemos fantasía y entretenimiento. Nos acercamos a esos relatos desde la literalidad, sin saber cómo extraer las perlas de sabiduría que nadan en una estructura discursiva orgánica, permeable a distintas influencias y sensibilidades a lo largo del tiempo. Además, quienes se sienten incómodos/as ante la jerarquización, dogmatismo y proselitismo que perciben en las religiones monoteístas, tienden a desmerecer narraciones en cuya superficie encuentran elementos característicos de las mismas, perdiéndose lo que se esconde más allá de lo evidente. Esto dificulta enormemente la posibilidad de rescatar esos tesoros y recuperar el sentido original de la cosmología precristiana, así como los pilares fundamentales de determinadas costumbres o prácticas. No debemos obsesionarnos con una idea romántica e inalcanzable de “pureza”, desvalorizando el sincretismo bien entendido, sino analizar atentamente la manera en la que esa confluencia de distintas procedencias ha dado lugar a un entramado con entidad propia. Tampoco podemos ser tan ingenuos de buscar certezas absolutas en cuestiones que pueden prestarse a distintas interpretaciones. Cada persona tendrá que decidir críticamente qué es lo que más le convence.

            Por otra parte, hay que tener presente que no todos los individuos que participan en la reproducción de determinadas costumbres mantienen necesariamente unas creencias en torno a ellas. La costumbre va ligada al hábito, el cual va generando una serie de disposiciones relativamente permanentes y transferibles tanto a otras personas como a otros momentos del tiempo. El hábito puede dar lugar a un proceso de desensibilización, llevando a la repetición no consciente de determinadas palabras y actos. En este sentido, a la hora de acercarse a un/a paisano/a, es preciso verificar desde qué óptica aborda su forma de involucrarse y cuáles son sus auténticas motivaciones. Así pues no conviene presuponer nada de entrada: nos encontraremos con locales que participan en ritos populares porque se sienten identificados con una herencia cultural que se ha pasado de generación en generación; con otros/as vecinos/as que han puesto interés en conocer el origen de determinadas tradiciones profanas; con unos/as pocos/as que realmente están dispuestos a implicarse verdaderamente en la recuperación, mantenimiento y transmisión de ese conjunto de narraciones orales, composiciones escritas, manifestaciones artísticas, hechos antiguos, festividades, doctrinas, aproximaciones vitales, rituales folclóricos, ceremonias sagradas, etc  

            De nuevo me gustaría subrayar la importancia de la comunicación oral, la observación participante y la interacción directa como vías de aprendizaje experiencial. El mero conocimiento academicista suele resultar incompleto por la falta de contexto y la imposibilidad de visualizar y encarnar algo que no se ha vivido en carne propia. Esto no quita que podamos (y debamos) consultar fuentes escritas de diversa procedencia y pertenecientes a distintas disciplinas que nos ayudarán a sustentar o desmentir determinadas suposiciones o afirmaciones desde una aproximación integral. Por propia experiencia, lo más sabio es centrarse lo más posible en el área geográfica de mayor interés, bien sea porque se ha nacido o residido allí, por la conexión ancestral que mantenemos con ese territorio o porque estamos en proceso de integrarnos en una nueva comunidad.

            Lo más inmediato es focalizarse en el reconocimiento físico del entorno, atendiendo a su orografía, su flora, su fauna, los accidentes geográficos más destacados, los elementos singulares del paisaje y sus habitantes… El siguiente paso es indagar en los factores sociales y culturales: lengua y dialecto hablado, composición de la población, rasgos culturales propios, historia de la región, leyendas y folclore de la zona, formas de ganarse la vida y convivir en sociedad, valores éticos y morales de la comunidad, etc Averiguar los gustos y costumbres de los vecinos siempre ayuda a propiciar una interacción más fluida y evitarse situaciones incómodas que pueden dar lugar a malentendidos e incluso al completo rechazo.

            Todo esto es mucho más valioso para entender la esencia que alimenta una tradición, tanto en su vertiente profana como mistérica. Centrarse en imitar costumbres, ritos, técnicas, fórmulas y “recetas”, apoyándose en los elementos que resultan atractivos estéticamente o que subjetivamente consideramos que pueden a ser más efectivos para lograr unas metas egoístas por la vía rápida, no es una manera respetuosa de acercarse y tratar de formar parte de un sendero tradicional. Conviene preguntarse qué estás dispuesto a hacer y entregar de ti mismo para ganarte un lugar legítimo y merecido.

En la mentalidad tradicional cada pieza que configura la comunidad es importante, sea cual sea tu talento o el rol que desempeñas en ella. Es tan valiosa la labor de un/a campesino/a o un/a guardabosques, como la de un/a artesano/a, un/a profesional liberal, o el ama de casa que se preocupa del cuidado de sus seres queridos. Todo el mundo suma y comparte lo que tiene porque nunca se sabe cuándo y para qué puedes necesitar asistencia en el futuro. El reconocimiento que vas a conseguir no va ligado a un determinado cargo o etiqueta social, sino a tu esfuerzo genuino y lo que verdaderamente reside en tu corazón.

 Si lo que esperas es obtener un determinado rendimiento en el menor tiempo posible, este no es tu camino. Precisamente una senda espiritual tradicional es algo que se forja a fuego lento. Si te interesa introducirte en alguna práctica mágica tradicional, hazlo con paciencia, tesón y disfrutando de cada pequeña experiencia o acto simbólico. Recuerda que no puede desligarse de una visión cosmológica determinada, unos valores y códigos de conducta, una manera de vivir y contribuir a tu comunidad de referencia. Profundiza en ella de forma significativa, integradora y sostenible, respetando el equilibro en ese ecosistema de relaciones y asumiendo los límites, tanto propios como ajenos.

Tiempos de renovación: ampliando horizontes

Los últimos 4 meses de este 2020 han sido tiempos de sacudida, incertidumbre y desafío para muchos, aunque este momento también ha supuesto una oportunidad de revisión profunda de nuestros modos de vida y prioridades. “Por encima de todas las zarzas” se ha visto igualmente afectado por esta marea de cambios globales, al igual que quien sostiene este proyecto. Tras un periodo de necesaria introspección y reflexión, sentí el impulso de explorar nuevas posibilidades de desarrollo creativo que estuvieran más en sintonía con mi propia evolución personal y espiritual.

Muchos de los movimientos acontecidos no han sido apenas visibles para la mayoría de quienes seguís este espacio, pero siento que ha llegado el momento de compartir con vosotros/as algunos de los frutos que han surgido de ese trabajo artesanal en la intimidad de mi propio hogar.

En pleno parón temporal de la actividad profesional a causa de la pandemia, me animé a abrir una página en Patreon con el mismo nombre para seguir desarrollando ese primer germen de podcast en inglés que inicié en el mes de febrero, el cual tenía como objetivo prioritario acercar la cultura vasca a los/as descendientes de aquellos/as vascos/as de la diáspora que residen en USA u otros países de habla inglesa. Desgraciadamente, los materiales disponibles en este idioma son bastante escasos y, a menudo, un tanto romantizados, dando lugar a la difusión de muchos falsos mitos. De ahí que me propusiera como meta ofrecer un episodio temático mensual para llegar a este tipo de público y expandir la difusión didáctica que vengo realizando desde el principio.

Inicialmente, compartí de manera gratuita los primeros episodios (ver en la pestaña “podcast”), pero esta labor de traducción, adaptación y edición de contenidos suponía un esfuerzo adicional para mí, además de un gasto extra en tecnología. Para recuperar la inversión realizada, fijé la suscripción mensual a 1 euro, siendo a su vez una forma simbólica de darle valor al trabajo realizado. Después incorporé playlists de música tradicional y recetas de platos típicos traducidas. 

Los primeros micro-mecenas llegaron y me sorprendí gratamente con sus demostraciones de interés genuino y apoyo personal al crecimiento del proyecto. Poco a poco lograron que fuera venciendo mi timidez y reserva a exponerme de forma más explícita. En conversaciones informales surgió la idea de hacer vídeos para acercar algunos elementos de las creencias y prácticas folclóricas propias del territorio euskaldun. Así emergió un primer vídeo explicativo de cómo venerar a Mari atendiendo a la información etnográfica y testimonios orales disponibles. A este le siguieron otros: cómo preparar un altar para honrar a los antepasados; tipologías de espíritus domésticos y cómo propiciar su favor; cómo iniciar una relación con los espíritus del territorio; cómo establecer una primera conexión con aliados vegetales… Obviamente, surgieron inquietudes tras la visualización de estos materiales, así que empecé a organizar reuniones informales con mis patrocinadores, quienes incentivaron que compartiera contenidos adicionales (entre ellos, los guiones de los podcast en inglés con su correspondiente traducción al castellano y artículos para trabajar en sintonía con las influencias estelares del momento).

Paralelamente, se han ido presentando diversas oportunidades de colaboración en otros espacios fuera de la web y la página de Patreon. Mercedes Pullman, Presidenta de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares me invitó a colaborar en el nº6 de su revista. Aprovechando que había preparado un episodio del podcast sobre Eguzki y el culto solar en Euskal Herria, me pareció una buena oportunidad para traducir mis aportaciones sobre el tema del inglés al español. Quienes no hayáis tenido la oportunidad de haber leído el artículo, podéis consultarlo en el siguiente enlace: https://sociedadantropologia.es/2020/05/14/revista-de-antropologia-y-tradiciones-populares-no6/ 

Otra de las colaboraciones que tuvieron lugar durante el mes de mayo fue una entrevista en inglés concedida a la Society for Magical Humanities (USA), teniendo como interlocutora a su fundadora, Mariette Henke. En dicha entrevista hablamos sobre mi proceso de despertar espiritual y acercamiento a la tradición vasca, influencias culturales dentro de la cosmovisión vasca, cómo es la relación con los númenes desde mi propia experiencia, la polaridad femenino-masculina dentro de la sociedad vasca, cómo gestionar los retos del mundo moderno a nivel comunitario y desde la práctica mágica, las diferencias entre distintos tipos de practicantes mágicos dentro de la cultura euskaldun. La entrevista está disponible en Patreon: https://www.patreon.com/posts/interview-with-37904580

Durante el mes de junio me propusieron colaborar en el primer número del fanzine británicoTales from under the canopy”, editado por Under the Canopy, una compañía de contenidos multimedia que busca inspirar una relación de respeto y sostenibilidad con el mundo natural y los elementos folclóricos que caracterizan al territorio. La revista saldrá a la luz en un par de semanas y la podréis adquirir por 5 libras. No obstante, el editor me ha comentado que podría solicitar varios números a precio de imprenta, en lugar de a precio de distribución. Si alguien está interesado/a en sumarse a este pedido colectivo para ahorrarse algo de dinero, puede escribirme un email a: porencimadetodaslaszarzas@gmail.com

Otra de las novedades que se ha confirmado hace pocos días es mi participación como ponente en el Mareak Jaialdia de Bermeo, un festival cultural que lleva organizándose desde hace varios años en esta bella localidad vizcaína. El año pasado acudieron grupos de música de la calidad de La Breiche, Lisieux o White Ring. Personalmente disfruté mucho del evento y es un tremendo honor que sus organizadores hayan contado conmigo para esta nueva edición. En principio, la charla tendrá lugar el 9 de octubre a las 19:00 en el Claustro de los Franciscanos. La ponencia la haré en español para que pueda llegar a un público más amplio. Os mantendré informados de cualquier novedad a través de Facebook e Instagram.

Por último, quisiera anunciar que tengo previsto organizar periódicamente charlas temáticas virtuales sobre folclore y brujería vasca para público hispano y angloparlante, con previa inscripción. Durante el confinamiento, organicé un evento en Facebook para convocar a posibles interesados y recoger sus temas de interés. En aquella primera charla-debate expliqué cuáles eran los pilares de la cosmología vasca; puse algunos ejemplos de reminiscencias del culto a los principales númenes; hablé de ciertas figuras sincretizadas con santos; aclaré cuál es la concepción que se tiene del brujo/a (sorgin) y el Diablo (Etsai) en Euskal Herria; expuse las relaciones que existen entre la magia popular y la herbolaria; mencioné los métodos de adivinación autóctonos más relevantes.

Algunos de los asistentes sugirieron que dedicara una segunda charla a profundizar en la figura del Diablo y su folclore, dada su importancia en la magia popular euskaldun y en las prácticas de brujería tradicional vasca (sorginkeria)La próxima convocatoria tendrá lugar el domingo 23 de agosto a las 17:30 (hora española) a través de Zoom. Aquellos que son miembros de Patreon o ya participaron en la convocatoria anterior, podrán asistir de manera gratuita. Quienes estén interesados/as en sumarse a la actividad (recibiendo el correspondiente material en Power Point), podrán inscribirse enviando un email y haciendo una donación al proyecto.

If there is an adequate number of English-speakers interested, I will repeat the talk on Friday 28th August at 17:00 (Spanish time). Please, if you are willing to come to the virtual event, write an email to: porencimadetodaslaszarzas@gmail.com 

Para acabar, solo me queda recordar que el 5 de septiembre se celebrará el 4º aniversario de este proyecto divulgativo. Si os apetece que organice una sesión virtual abierta a todos los públicos para conmemorar esta ocasión, podéis contactar conmigo por email o a través de las redes sociales. 

Epaila, Opaila eta Zozomikote

El tránsito hacia la primavera recibe distintas denominaciones en euskera. En los calendarios más antiguos se denominaba “neguazken” (final del invierno), ya que originalmente solo se contemplaban dos estaciones: “negu” (invierno) y “uda” (verano). La época oscura del año se iniciaba con las festividades dedicadas a honrar a los difuntos y la matanza del cerdo y terminaba hacia mediados de abril, cuando cesaban las últimas heladas. La época luminosa comenzaba cuando emergían los primeros brotes y flores, momento en que se solían entregar ciertas ofrendas a la Madre Tierra para asegurar la fertilidad de los campos.

Otro de los términos para describir la primavera como espacio liminal es “bedatse”, “belhaste” o “belhartze”, que podríamos traducir como “comienzo de los pastos” por tratarse del tiempo en que volvía a crecer la hierba y se sacaban de nuevo los rebaños a pastar. Esta época también se asociaba a la tareas de siega, poda o esquilmo. Es más, una de las denominaciones del mes de marzo es “epaila” o “efaila” (mes de cortar o podar). Por otra parte, marzo era un periodo favorable para que las gallinas pusieran mayor cantidad de huevos y se criaran los mejores gallos, animales con gran capacidad protectora en nuestro folklore. En Bizkaia, cuando se escuchaba al gallo en marzo cantar, se recitaba la siguiente fórmula: “Marti-oilarto gorria: izan dakidaz balia” (gallito rojo de marzo, sed mi valedor). Oír al gallo cantar a deshora era considerado un mal augurio. En algunos lugares, para ahuyentar la desgracia o la muerte que anunciaba, se echaban tres puñados de sal en el fuego del hogar; en otras zonas, directamente se sacrificaba al gallo en la festividad siguiente. En la Baja Navarra se creía que marzo era el mes de los hombres por la relación con el dios romano Marte (“martxoa gizonena”), pero también por su asociación con el toro rojo o “Zezengorri” como símbolo de fortaleza, impulso y potencia sexual masculina. En algunos lugares como Zeanuri, a los bebés nacidos en marzo se les apodaba “marti-oilarra” (gallo de marzo).

Una fecha señalada a destacar en este mes dentro del calendario navarro es el 25 de marzo, momento en que se celebra la “Anunciación de María” en la liturgia cristiana. No obstante, en ciertas localidades, como sucedía en Olite, algunas mujeres rendían tributo a la “Virgen de Marzo” a quien se le pedía una protección especial contra el Diablo (Etsai). Esta necesidad de protección extraordinaria al final del invierno provenía originalmente de tiempos paganos, ya que se creía que los espíritus de los difuntos y la corte oscura se cobraban sus últimas víctimas (cabezas de ganado o paisanos) antes de que se produjera el cambio de estación.

Curiosamente, la fecha coincide con la festividad escocesa de “Latha na Cailliche” o “Día de la Anciana”, dedicada a la Cailleach. A esta diosa a veces se la describe como una figura mitad doncella y mitad anciana, cubierta por un velo o manto. Según algunas leyendas, la Cailleach iniciaba su viaje a Avalon el 31 de enero para comer del árbol de la eterna juventud y convertirse en joven; en otras, la vieja nace a comienzos del invierno y va rejuveneciendo sin necesidad de viajar a la isla. Tanto la Cailleach como la Virgen de Marzo poseen poder de protección sobre el ganado. Azurmendi señala la siguiente frase en relación a la mencionada “virgen”: “Andra Mari Martxoko, begian mendian alhako” (Señora Mari de Marzo, las vacas pastarán en el monte). Otro detalle que no debemos olvidar es que la Cuaresma era representada como una vieja con siete piernas, conocida como “zazpi hankako atsoa”.

Autores como Barandiarán, Dueso o Gómez Tejedor dan cuenta de la existencia de un periodo transicional que comprende los últimos días de marzo y primeros de abril, denominados “zozomikate” o “zomomikote” en algunas localidades navarras (Azkarate), guipuzcoanas (Ataun, Idiazabal, Zarautz) y vicaínas (Arrakundiaga). En otros pueblos navarros (Urdiain), guipuzcoanos (Oiartzun) y alaveses (Arluzea) recibían el nombre de “ordizegunak”. El “zozomikote” es el momento en que las parejas de mirlos o tordos inician la construcción de sus nidos, a pesar de que se trata de un tiempo de inestabilidad atmosférica y amargura, tal y como reza el dicho: “zozomikote egunek, tristeak eta ilunek” (los días de zozomikote son tristes y oscuros). En algunas regiones francesas este tránsito duraba una semana.

El mirlo es considerado un ave que habita entre mundos en nuestro folklore, pues puede sobrevivir en ese punto intermedio y ejercer de puente entre los planos, abriendo puertas. También se le vincula a la forja por su capacidad de procrear en condiciones inhóspitas. Entre los campesinos se consideraba una señal de fortuna descubrir un nido de mirlos con crías grandes en marzo, ya que implicaba que este pájaro criaría dos veces. Por tanto, las condiciones climatológicas serían apropiadas para trabajar el campo y criar al ganado.

Una leyenda de Ataun narra cómo surgió este particular periodo. En ella se cuenta que, cierto año, un pastor que tenía un rebaño de 100 ovejas y un carnero estaba muy enfadado por el mal tiempo acontecido en marzo. El último día del mes el pastor le dijo a marzo:

¡A martzoa, martzo!
Diat esker gaizto.

(¡Ah, marzo, marzo! Malas gracias te debo.)

Entonces marzo le pidió a abril:

¡A apiltxo, apiltxo!
Ekatzat eun bi ta erditxo,
Artzai orri kendu iotzan eun ardi ta arie,
Eta beari ezkerreko begie.

(¡A abrilito, abrilito! Dame dos días y medio, para arrebatar cien ovejas y el carnero a ese pastor, Y a él, su ojo izquierdo)

Abril se los concedió. Entonces marzo envió un temporal tremendo con una gran tromba de agua que hizo desaparecer a todas las ovejas en la cueva de Ubegi. El pastor cargó sobre sus hombros al carnero, pero éste volvió violentamente su cabeza y con la punta de su cuerno le arrancó el ojo izquierdo. Desde entonces esta calenda transicional suele traer desdichados sucesos.

Existe otra leyenda de Laurgain que describe de forma diferente el origen del zozomikote. Según este relato, marzo transcurría con buen tiempo, así que un toro salió mugiendo al campo y se tumbó debajo de un espino (en otra versión de Zarautz, una encina). Al oír esto, marzo envió una tempestad y añadió dos días y medio de mal tiempo. Luego pidió otros dos días y medio al mes de abril para que al toro que se abrigaba en el espino se le quitasen las ganas de mugir. Finalmente, el temporal acabó con la vida del toro. Desde entonces se recomienda como previsión retener al ganado en esos días o colocarle un cencerro lleno de hierba seca. A partir de dicha leyenda surgieron refranes como: “Martxuek kunkunak jotzea, idiari larrua kentzea” (marzo azotando, el buey despellejando).

Abril se consideraba un mes femenino (“apirila emazteena”) porque, según la etimología latina, “aprilis” deriva de “aperire” (abrir). Así pues, en el imaginario popular era el tiempo donde el vientre de Amalur se rasgaba, permitiendo que surgiera nueva vida. El uso de la escarda para horadar la tierra queda reflejado en vocablos como “jorraila”. Astarloa apunta que la escarcha y las frías temperaturas de meses anteriores dejan una superficie dura sobre los terrenos que ha de ser rascada y esponjada para permitir una mejor filtración del agua necesaria para que las plantas crezcan. Otro término a destacar para referirse a abril es “opaila”, traducido como mes de ofrenda o regalo. Dicha denominación atiende a la antigua costumbre de entregar una oblación de pan, roscos (“opeak”) o dulces, o realizar el sacrificio de un cordero el favor de Amalur y Mari. La suplantación cristiana de estos ritos la encontramos en los torteles o roscas (“opillak”) entregados a San Marcos o las tartas de Pascua. Astarloa también registró la vieja tradición de intercambiar corderos u otras crías lanares entre los baserritarras (campesinos), ya que abril constituía el periodo central de la actividad ganadera. De ahí que también se le llamara “abereila” (mes del ganado).

Además del mencionado mirlo, otro de los animales augurales de esta época es el cuco (“kuku”). Al igual que en el caso del mirlo, se mantiene una relación ambivalente con este pájaro puesto que se le relaciona con las muertes del final del invierno y también el renacimiento de la vida que supone la primavera. En todo el territorio euskaldun, al igual que otros lugares peninsulares y europeos, estas supersticiones y paremias han tenido un fuerte arraigo. Son particularmente comunes los dichos que hacen referencia a la asociación del cuco con la muerte. En municipios como Orozko se conservan algunos como estos:

“Si marzo se va y el cuco no viene , o se ha muerto el cuco, o viene el fin del mundo “

Si el cuco no ha venido para el siete de abril, barrunta mal año o se quiere morir”.

Cuando se escucha al cuco se le pregunta: “Cuco, cuclillo, de hermoso cantar, ¿cuántos años me de vida me vas a dar?”. Entonces, el interesado se pone a contar las veces que canta el cuco para saber cuántos años vivirá. En Yuslapeña, Salazar y Roncal se interroga al cuco así: “Cucú de mayo, cucú de abril, ¿cuántos años me darás para vivir?”.

La muerte debida a causas sobrenaturales podía ser provocada por brujos/as y hechiceros/as que lanzasen una maldición (“birao”) en la cual se utilizara al cuco como elemento principal.

Por otro lado, hay creencias en torno al cuco que lo vinculan con la buena suerte y la prosperidad. Este ave posee cierta relación con la figura del loco/burlón y las antiguas celebraciones europeas del Año Nuevo que ,a mediados del S. XVI, comenzaban el 25 de marzo y terminaban una semana después (tras el Edicto de Rousillon, el inicio del calendario se estableció el 1 de enero). El ejemplo más claro de esta conexión lo encontramos en el festejo del “April’s fool”, también designado como “Cuckoo Day”.

Otro dato que debemos considerar es que el año astrológico comienza en torno al 20-21 de marzo, momento en que el Sol entra en Aries (“Ahari”, en euskera) y gira de nuevo la rueda del cambio anual.

Según el saber popular, quien lleve dinero en el bolsillo la primera vez que oye al cuco, gozará de fortuna durante todo el año. Azkue registró en Muxika que la persona que escuchara el canto del cuco mientras iba a casa con un puñado de la tierra que pisaba, podía matar con dicha tierra a todas las chinches. En Gernika los vecinos afirmaban que el dinero que se guardaba en el bolsillo en el momento de oír al cuco por primera vez, multiplicaría los caudales. Es decir, que se tomaba por un signo de que aquel año prometía ser muy fructífero y provechoso. Por el contrario, si se escuchaba el canto del cuco sin disponer de dinero en el bolsillo, se entendía como un augurio de un futuro económico negativo.

Bibliografía y webgrafía consultada

Astarloa, P.P. (1983) Apología de la lengua vascongada. Echevarri.

Azkue, R. Mª (1942)Euskalerriaren Yakintza. Euskaltzaindia-Escasa Calpe.

Azurmendi, Mikel (1993)Nombrar, embrujar. Alberdania

Barandiarán, José Miguel de (1973)Obras completas I: diccionario ilustrado de mitología vasca y algunas de sus fuentes.Gran Enciclopedia Vasca.

Chassany, J. P. (1970) Dictionnaire de météorologie populaire. Maisonneuve et Larose

Dueso, José (2000) El calendario tradicional vasco.Roger.

Gómez Tejedor, Jacinto (1979) El calendario vasco, Caja de Ahorros Vizcaína

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/los-augurios-del-cuco-paremias-creencias-ritos/html/740a6ce2-0879-40ba-8dce-167130b84f11_5.html

Haz clic para acceder a 01_01_separata_bidador_264.pdf

ttps://www.bizkaia.eus/fitxategiak/04/ondarea/Kobie/PDF/5/Kobie_1_Etnografia_%C2%ABLIHO%20ETA%20ARTILE%20LANAK%20DIMAN%C2%BB%20por%20Laratzu%20Taldea%20(.pdf?hash=39294eed88bb8686a07b42abce34c02a

https://songofamergin.wordpress.com/2012/03/25/latha-na-cailliche-march-25th/

La na Cailleach – Spring Equinox – Fools, Cuckoos, the Lady and the Devil

ZOTALEGUNAK – ANNUAL AUGURIES 2020

ENERO

Cielos nubosos, con nieblas densas y persistentes, a excepción de un momento de apertura en el segundo tercio de la mañana. Viento suave del Noroeste, que trae nieve en cotas altas y heladas débiles en el valle. Ambiente húmedo y frío.

Un mirlo (turdus merula) de canto lúgubre se posa en la parte alta de un espino de fuego (Pyracantha Coccinea), mirando hacia el este. La sombra negra del conflicto y la muerte sobrevolará oriente próximo. Mala fortuna en los negocios y bloqueos en actividades de naturaleza emprendedora, que no acaban de despegar o ganar la proyección deseada. Para quienes trabajan por cuenta ajena, negatividad y opresión por parte de figuras de autoridad. El malestar acumulado puede acabar estallando y derivar en actos de rebelión o revueltas sindicales. Se aconseja incentivar la relación con los antepasados y personas de más edad con amplia experiencia que puedan ejercer cierta protección o tutelaje ante nuevos retos emergentes o a la hora de asumir riesgos.

Augurios funestos en lo referente a la salud. Enfermedades de las vías respiratorias que cursan con fiebre alta y malestar estomacal. Se aconseja vigilar los excesos con la alimentación y evitar el alcohol. Necesidad de incorporar más vitaminas y reducir el consumo de carne.  Agravamiento de condiciones médicas que pueden llevar a acudir a urgencias e incluso acabar en una hospitalización. Bajas laborales y recuperación lenta de enfermedades. Posibilidad de recaídas. Si no se interviene con agilidad en el caso de la salud de personas mayores y no se siguen estrictamente las pautas médicas, podría suponer su muerte. Búsqueda de recogimiento y reposo.

Las obligaciones familiares cobrarán una relevancia particular, debido a algunas tensiones o reajustes en el hogar. Desmotivación laboral o desengaños profesionales, bien porque se restringe el talento personal o por la influencia tóxica de ciertos compañeros/colaboradores. Horas extras en el trabajo para compensar ausencias forzosas o necesidades emergentes. Planes cancelados o proyectos que sufren retrasos.

Especial cuidado con la magia maléfica, concretamente aquella que se hace utilizando figuras que llevan algo personal de la víctima. Se recomienda fortalecer las protecciones y aplacar a entidades con una naturaleza fueguina o combativa.

mirlo 1

FEBRERO

Cielos nublados y niebla constante, que afloja un poco en la segunda mitad del día. Vientos suaves pero variables, virando hacia el Oeste. Inversión térmica en el valle, con temperaturas de inicio de la primavera en la montaña. Se mantienen las temperaturas frías y la sensación de humedad en latitudes bajas.

Una madre osa aparece en la entrada de una cueva cuidando a su osezno, en actitud amorosa pero firme. Esta imagen sugiere como posibles centros de atención la crianza de hijos/as, el tutelaje o supervisión de jóvenes, la educación de pupilos inexpertos y la acogida de personas queridas en una situación de vulnerabilidad. También pueden darse conversaciones en la pareja sobre cuestiones vinculadas a la sexualidad, la fertilidad o el deseo de ampliar la familia en un futuro próximo. A nivel laboral, se intuye una mayor dedicación a proyectos de carácter formativo, tareas que requieren de seguridad en uno mismo y tesón, así como una buena capacidad de liderazgo para afrontar los retos que entrañan. Otro de los aspectos a trabajar será el manejo de los límites en la convivencia social y fortalecer el autocontrol ante ciertas situaciones que nos crean nerviosismo o nos llevan a reaccionar de forma impulsiva/agresiva.

A nivel de salud, se percibe una recuperación favorable y una mejora general en las condiciones físicas. Buen momento para iniciar una rutina de entrenamiento con el objetivo de aumentar el tono muscular u optimizar la resistencia ante el ejercicio. Para quienes tengan problemas crónicos de carácter cardiovascular se aconseja realizar las revisiones pertinentes y reducir el máximo posible las grasas de origen animal. En el caso de las mujeres, se recomienda acudir al especialista si se presentan síntomas de índole ginecológica. El espondilio o pie de oso (Heracleum sphondylium) puede ayudar a tratar estos malestares y también se puede usar para estimular el deseo sexual. Si se sufre de epilepsia o problemas de naturaleza ansiosa, sería aconsejable instaurar o retomar rutinas que favorezcan la relajación.

Febrero será un tiempo destinado a la reorganización de servicios, replanteamiento de estrategias empresariales (entre ellas, renovación del marketing) y reactivación de proyectos artísticos, especialmente pasada la segunda mitad del mes. Asimismo, se presentarán oportunidades para poner en práctica las habilidades artísticas y realizar comunicaciones orales, presentaciones o entrevistas.

Se augura también un afianzamiento del vínculo con algunas amistades, haciendo visitas en su hogar o recibiéndolas. También pueden propiciarse momentos para incentivar la intimidad en la pareja.

Este mes ofrecerá ocasiones para intensificar el vínculo mágico con espíritus familiares, especialmente si se trabaja con huesos vinculados a determinados animales o fetiches.

oso cueva

MARZO

Cielos encapotados, con niebla densa en las primeras horas. Lloviznas por la tarde, con algunas heladas en zonas altas. Temperaturas mínimas similares a las esperadas y máximas algo más bajas que de costumbre. Viento cambiante, con tendencia al Noroeste.

Un petirrojo sobrevuela el parque y se posa sobre un castaño, sacudiendo sus plumas. Luego desciende sobre la hierba, dando saltitos juguetones sobre unas hojas y picoteando algo de alimento que encuentra. Su presencia sugiere una primavera con algunas tormentas, pero también dinámica y fructífera. Si se ha sufrido alguna decepción o desengaño amoroso, la actitud del petirrojo nos indica una mejora en el estado de ánimo. Las personas que se encuentren lidiando con situaciones de duelo o depresión, recibirán cariño, comprensión y sostén emocional de allegados de buen corazón. También pueden darse situaciones donde se reciban gestos altruistas, regalos inesperados o un golpe de buena suerte.

En el ámbito laboral, se premiará la capacidad de iniciativa y propuestas de carácter innovador. Buen momento para clarificar ideas, trabajar en publicaciones o empezar a relacionarse con colaboradores que se muevan en espacios editoriales a fin de aterrizar proyectos creativos. Además, si hay asuntos vinculados a trámites administrativos o situaciones relacionadas con la justicia, se resolverán favorablemente.

A nivel de salud se recomienda hacer purga de ciertas sustancias no demasiado beneficiosas, así erradicar hábitos nocivos. Asimismo, se aconseja extremar la higiene para evitar enfermedades infecciosas. En lo que respecta a la higiene espiritual, se ha de mantener esta misma limpieza, especialmente dentro del hogar. Igualmente, conviene centrar la energía y enraizarla para que las metas que nos propongamos se logren. Si hay algo que puede estar obstruyendo el bienestar personal o la prosperidad, deberían considerarse rituales de destierro y apertura de caminos.

Marzo será un tiempo interesante para potenciar la fertilidad en aquellas mujeres que busquen tener descendencia, así como para incrementar la abundancia. Adicionalmente, la relación con entidades feéricas será más fluida y se podrá avanzar en el trabajo onírico con el Verdadero Doble. Por último, cabe destacar la adivinación y la magia con espejos, especialmente en luna llena.

petirrojo

 ABRIL

Nieblas matinales más dispersas. Alternancia de nubes y claros, con más nubosidad en la zona oeste durante la primera mitad de la jornada. Lluvias ligeras. Descenso de las temperaturas máximas y aumento de las mínimas. Cierzo soplando y trayendo heladas en zonas de montaña.

El gallo emite un canto tardío y luego agita las alas con cierta bravuconería, haciendo que las gallinas próximas tomen cierta distancia en el corral. Tiranteces con la familia de sangre o dentro de un grupo, especialmente si se dedica al activismo o posee cierta influencia pública. Discusiones por diferencias de opiniones, protestas ante situaciones que se perciben como injustas y luchas de poder entre representantes de una colectividad, que tienen una resonancia en espacios sociales y virtuales. En este tiempo, no conviene sobresalir demasiado, mantener posiciones radicales ni mostrarse excesivamente orgulloso o vanidoso, ya que puede tener un coste en la reputación personal, profesional o espiritual. Si se desafía el juicio o autoridad de una figura importante, ha de hacerse de forma privada y medir bien las palabras.

Si la persona está soltera, hay posibilidades de que se acerquen pretendientes atractivos pero que no buscan una relación duradera, sino más bien una pareja sexual o alguien con quien pasar buenos momentos sin compromiso. En el caso de aquellos que están en pareja, pueden darse tentaciones que pongan a prueba la relación o emerger problemas de celos injustificados que den lugar a peleas. Algunas de estas situaciones pueden venir derivadas por rumores esparcidos por gente envidiosa. En este momento, también conviene tomar distancia de amistades que mantienen el contacto por intereses egoístas o superficiales. Asimismo, hay que alejarse de compañeros y vecinos aprovechados o que tienden a desviarnos de lo que verdaderamente es importante. Es importante recanalizar la energía en asuntos esenciales para nuestro bienestar y desarrollo. En algunos casos, se exigirán ciertos sacrificios para lograr resultados.

Cuidado con los dolores de cabeza, la presión alta y todo aquello que nos cause un estrés adicional. Sería beneficioso canalizar el exceso de energía a través del ejercicio al aire libre, la danza o la actividad sexual.

Se recomienda el uso del laurel con fines protectores y para la atracción de la buena fortuna. También será un mes propicio para retomar el estudio de la astrología, la cábala, la alquimia u otras disciplinas de carácter hermético.

gallo

MAYO

Tiempo estable y primaveral. Ligeras nieblas matinales. Mayormente despejado, aunque con algunas nubes alternantes a lo largo del día. Temperaturas en ascenso y viento ligero del Noroeste.

El sapo como criatura mercurial aparece en la orilla del pantano, con su cabeza y sus patas delanteras emergiendo del agua. Anticipa la necesidad de adaptarse a un nuevo medio o una transición que dará lugar a un cambio significativo: bien sea por un evento vital destacable, un traslado de domicilio, ajustes en el entorno laboral o una transformación personal desencadenada por un encuentro peculiar. En este sentido, lo más sensato es mantener una actitud observadora y atender a las señales que se vayan presentando antes de tomar una decisión trascendental. Antes de hacer ningún movimiento que pudiera ser determinante, se aconseja valorar bien las distintas alternativas y buscar consejo experto u oracular.

A nivel de salud se recomienda tener precaución con las intoxicaciones alimentarias, las alergias, las erupciones cutáneas y los efectos secundarios de una medicación, en caso de que se inicie algún tratamiento. También se deben vigilar las recaídas, especialmente en el caso de adicciones.

Mayo se presenta como un periodo favorable para reforzar las relaciones de pareja o empezar a salir con alguien. En este segundo caso, no hay que dejarse embelesar por las apariencias o descartar a un/a candidato/a por su físico, ya que quien inicialmente nos atraiga menos por su aspecto puede mostrar otras virtudes que nos ofrezcan garantías de una relación más profunda y duradera. Asimismo, se producirá un aumento de la actividad social y habrá mayores oportunidades de organizar reuniones con amistades. Por último, cabe destacar una mejora en la armonía familiar y la economía doméstica.Eso sí, se debe tener especial cuidado con revelar secretos a personas fuera del entorno íntimo, más aún si surgen de procesos internos de índole muy personal o experiencias iniciáticas realmente transmutadoras.

A nivel mágico, se podrá potenciar la magia sexual y profundizar en el estudio de la etnobotánica, particularmente en el uso de plantas utilizadas en la medicina popular local y sustancias psicoactivas que amplifican los estados de conciencia y permiten acceder a ciertos misterios. La Amanita Muscaria puede convertirse en un gran aliado vegetal.

JUNIO

Cielos poco cubiertos durante la primera parte del día, con aumento considerable de la nubosidad durante la tarde. Descenso de las temperaturas y regreso de las nieblas nocturnas. Vientos variables, con tendencia al Oeste. Inicio del verano más fresco y húmedo que de costumbre.

Una araña de considerables proporciones se cuela por la puerta principal hasta la entrada del salón y luego trepa furtivamente por la pared lateral de las escaleras hasta alcanzar la planta superior. Este ascenso representa la superación de obstáculos y la obtención de un mayor reconocimiento social o profesional. Para ello resultará determinante actuar con astucia, realizando movimientos estratégicos poco visibles, así como optimizar la productividad a fin de lograr mejores resultados. En el ámbito laboral, podría ser un momento propicio para captar nuevos clientes o expandir las redes de contactos de cara a ampliar las oportunidades profesionales. Nutrir relaciones con personas de países extranjeros será particularmente provechoso, especialmente si se desarrollan actividades creativas o relacionadas con la espiritualidad. Además, las relaciones comunitarias cobrarán una mayor relevancia.

Junio se presenta como un tiempo para bucear en cuestiones ancestrales y transgeneracionales, pudiendo reconectar más profundamente con parte femenina de nuestra herencia y reparar heridas emocionales o traumas que obstruían nuestro crecimiento personal, las relaciones afectivas, el alcance de una mayor prosperidad o nuestro progreso mágico. Asimismo, será un momento de relevo generacional y se darán las condiciones para asegurar una transmisión fluida del linaje. También pueden abordarse cuestiones vinculadas a herencias y posesiones familiares, contando con la asistencia de antepasadas femeninas. Además, se recibirán regalos de damas poderosas o sabias. Buen momento para entrenar las capacidades psíquicas, perfeccionar nuestras habilidades artesanales, realizar magia con cuerdas y modificar el curso de nuestro destino.

Las plantas trepadoras como la hiedra nos ayudarán a perseverar en nuestros esfuerzos, cicatrizar asuntos que requieran sanación y tejer nuevas redes de colaboración o amistad. Igualmente, el junco y la espadaña pueden servirnos para restaurar nuestra autoestima y consolidar relaciones a largo plazo.

hiedra

JULIO

Tiempo soleado, con pocas nubes. Ascenso de las temperaturas. Cierzo débil.

Una abeja viaja entre las plantas aromáticas del jardín, redistribuyendo sus esfuerzos productivos. Su aparición anticipa un julio ajetreado en el ámbito laboral y la necesidad de reunir recursos extras para abordar gastos inesperados o realizar inversiones posteriores que contribuyan a un mayor bienestar económico y personal. Las redes comerciales estarán especialmente activas durante este tiempo y nuevos clientes podrán solicitar servicios extraordinarios si se trabaja como autónomo.

Si se están compaginando varios empleos o encargos, es posible que haya que renunciar a alguna de las propuestas para cumplir con las tareas encomendadas, sin poner en riesgo la salud. A final de mes, puede lanzarse una propuesta de renovación de contrato, pero se tendrán que valorar cuidadosamente sus condiciones, ya que el nivel de exigencia o la responsabilidad puede poner en peligro la armonía en el hogar o el equilibrio personal.

En este sentido, es un tiempo de reevaluar la trayectoria profesional, analizando la conveniencia de un cambio de ruta o bien la manera en que se desarrolla la actividad laboral. A través de mensajeros externos, llegarán propuestas jugosas e invitaciones a eventos sociales que nos colocarán en el centro de atención de la comunidad. Los proyectos de carácter visual o musical podrán lograr el escaparate necesario para darse a conocer a una mayor cantidad de público. No obstante, convendría revisar algunos aspectos vinculados a la marca personal o la estética.

A nivel político, se percibe cierto revuelo e inestabilidad. Alguien podría ser cesado de su cargo o verse involucrado en un escándalo que afecte a su estatus. Administrativamente, también se producirán algunos bloqueos en la primera quincena y se debatirá sobre la necesidad de reforma de algunos sectores. Algunas personas podrán experimentar dificultades para adquirir visados, becas, ayudas sociales o a la hora de reclamar la revisión de un examen o realizar un procedimiento de acceso.

Si se plantean vacaciones en este periodo, mejor hacerlo durante la segunda quincena y distribuir el tiempo entre familia y amistades. Si se compran billetes de transporte o se firman contratos de alquiler en la primera parte del mes, pueden producirse cancelaciones o estafas. Además, miembros ancianos de la familia (entendida en sentido extenso) podrían sufrir algunas complicaciones de salud y llegar noticias del fallecimiento de una persona querida.

A nivel espiritual, se podrá recibir consejo de miembros de otras tradiciones para perfeccionar las habilidades vinculadas a la magia operativa. Asimismo, se podrán establecer algunas alianzas con espíritus del territorio o fortalecerse las ya existentes, consiguiendo una comunicación más fluida. Los paseos por ciertos puntos de poder podrán revelar algunos secretos.

abeja

 

AGOSTO

Algunas nubes a primeras horas de la mañana, pero tiempo mayormente soleado. Temperaturas estables, salvo en la última parte de la jornada donde se observa un ligero descenso. Viento variable, que vira del Oeste al Este por la tarde.

Una serpiente se arrastra con movimientos ondulantes e hipnóticos hasta una zona soleada y confortable dentro de los campos de cultivo. Este desplazamiento sugiere un retorno a la tierra de origen o a espacios donde la energía telúrica del lugar permite recargarse. Volver a esos lugares de infancia y recuperar el contacto con amigos de juventud o con los que se había enfriado la relación puede resultar muy revelador y gratificante. Algunas personas cerrarán un ciclo de vida en un determinado territorio y se mudarán a otro espacio. Durante el proceso, se verán forzadas a rememorar aspectos de su pasado y realizar un desprendimiento voluntario del viejo yo para adaptarse a las nuevas circunstancias. Para quienes no cambien de domicilio, se aconseja tomarse un tiempo de retiro en un lugar cálido y acogedor, apartado de la multitud, donde se puedan hacer actividades al aire libre y disfrutar de los hobbies, especialmente de aquellos que nos entusiasmaban desde jóvenes.

Para propiciar ese ajuste entre el microcosmos y el macrocosmos, se recomienda retomar el contacto con las fuerzas estelares y aprender más de los movimientos cíclicos de los astros, que están conectados a los cambios estacionales. Asimismo, se tendrá oportunidad de ganar habilidades vinculadas a la parte masculina del oficio.

Atenuar el ritmo, tomar distancia de situaciones dramáticas y personas tóxicas será especialmente importante para la salud. Conviene también no desviarse demasiado de rutinas saludables, particularmente en lo que respecta a los ciclos de sueño. Se trata de un momento de necesaria introspección para tomar conciencia de las propias contradicciones personales, ganar perspectiva y liberarse de resentimientos. En el caso de que se estén tomando decisiones vitales importantes que supongan un cambio de rumbo, más todavía. Los ejercicios de autohipnosis y la alteración de la conciencia mediante el trance pueden ayudarnos a impulsar esa metamorfosis.

El aliado vegetal que nos acompañará durante el proceso será el heliotropo. Puede plantarse en el jardín para mantener alejados a entrometidos y chismosos. Asimismo, puede utilizarse en inciensos destinados al exorcismo o la clarividencia. Se puede llevar igualmente en saquitos junto a otras plantas para potenciar la sanación o la autoafirmación, así como para desviar la atención de personas que vigilen nuestros movimientos. Por último, se puede incorporar como correspondencia para hechizos de atracción de buena suerte y prosperidad.

sapo serpiente

SEPTIEMBRE

Llegada de una borrasca. Alternancia de claros y nubes durante la primera parte de la jornada, con aumento significativo de la nubosidad y precipitaciones por la tarde. Viento del Sureste, girando hacia el Noroeste. Descenso de las temperaturas.

Una antigua frase latina emerge como un eco en el ensueño, entre temblores y dolores musculares: “visita interiora terrae rectificando invenies occultum lapidem veram medicinam” (visita el interior de la tierra y rectificando hallarás la piedra escondida que es la verdadera medicina). El iniciado descenderá a las entrañas de la tierra, al vientre de la Madre, encontrando allí a su némesis en la forma del Dragón mítico. Éste agitará violentamente sus miedos y despertará sus inseguridades, rompiendo la falsa imagen que ha construido de sí mismo. Si sobrevive a los embistes, el metal de su alma será moldeado y logrará obtener el conocimiento para forjar la espada de la verdad, imbuido de virtud.

Septiembre supondrá un tiempo de renovación trascendente que resultará bastante agresiva para algunas personas, teniendo que enfrentar situaciones difíciles y asumir riesgos con consecuencias radicales en varias facetas de sus vidas. Habrá que hacer sacrificios dolorosos para alinearnos con el verdadero propósito de nuestra existencia u obtener las metas por las que deseamos luchar. Algunos tomarán la decisión de abandonar un trabajo o inesperadamente se quedarán en paro; otros darán sus primeros pasos en una nueva iniciativa empresarial y deberán enfrentarse a la voracidad de la competencia, que pondrá trabas en su camino.

Para determinados practicantes, la presencia del Dragón anuncia claramente un proceso iniciático inevitable, dirigido por poderes primigenios. Especialmente aquellos que provengan de linajes alineados con la fé “fae” tendrán encuentros con algún miembro de su corte y serán bendecidos con uno de sus dones, pagando un alto precio. Para quienes no estén inmersos en procesos mistéricos, se anticipa la ruptura de cadenas físicas y emocionales: bien sea rebelándose ante patrones educacionales, confrontando expectativas familiares, desafiando condiciones de represión, quebrando los lazos afectivos con un amor devastador o con alguien de la propia sangre.
A nivel de salud, se pueden presentar caídas y problemas musculoesqueléticos derivados del sobreesfuerzo como contracturas o lumbociática. Habrá que tener especial precaución con procesos reumáticos y artríticos, así como crisis de ansiedad (particularmente si esta condición es de larga duración o se ha cronificado en los últimos tiempos).

El avellano se alza en medio de este caos, conectando con el pozo de la sabiduría ancestral. De nuevo, los antepasados y la memoria de la tierra oculta cobrarán relevancia en nuestro desarrollo espiritual. Esta planta también puede utilizarse para protegerse contra ataques mágicos, confeccionar varas y estimular la inspiración, especialmente si ésta se conecta con simbolismo mito-poético. Asimismo, puede servir de ayuda en procedimientos oraculares.

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OCTUBRE

Nieblas matinales. Cielo mayormente cubierto, con mayores precipitaciones en el Oeste y zonas de montaña. Algunas nevadas a final de la jornada en las cumbres. Tendencia a poco nuboso en los valles. Temperaturas propias de la época y vientos de componente noroeste.

Una urraca sobrevuela la tapia del camposanto y se posa sobre la copa de un ciprés sombrío. Esto sugiere que octubre será un periodo de transición y reajuste. Es posible que alguien de nuestro entorno cruce al reino de los muertos durante este mes y sea necesario realizar algunas ceremonias de acompañamiento del alma del difunto, especialmente si el fallecimiento ocurre en circunstancias un tanto dramáticas o se producen tensiones en el hogar tras su partida. Por otro lado, se ha de tener especial cuidado con los oportunistas y los mentirosos que hacen falsas promesas. Utilizando la astucia, se pueden aprovechar oportunidades profesionales cubriendo huecos de mercado que otros subestiman o mostrando iniciativa ante las dudas de otros posibles candidatos.

La luna nueva y el eclipse de final de mes supondrán momentos potentes para trabajar en profundidad con la sombra y abordar aspectos que se creían más superados.

La reconexión con los antepasados pasará a ser uno de los principales centros de atención y la labor mediúmnica se intensificará considerablemente. Por ello, es esencial mantener unas protecciones especiales que eviten el acoso de espíritus obsesores y no olvidarse de hacer las ofrendas regulares apropiadas.

El trabajo necromántico con huesos, tierra de cementerio, sacrificios de sangre y pactos con entidades desencarnadas que mantengan a raya a enemigos ocultos será otro de los focos de desarrollo mágico para algunos practicantes. Esto requerirá de una particular discreción debido a la mala fama que poseen estos procedimientos. Asimismo, se puede devolver sibilinamente la mala fortuna a aquellos que traten de perjudicarnos insistentemente.

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NOVIEMBRE

Tiempo anticiclónico. Brumas matinales y cielos poco nubosos a lo largo de todo el día. Temperaturas ligeramente más altas de lo usual. Viento suave del Noroeste.

Un cisne sobrevuela el río hasta zambullirse en sus aguas, fluyendo elegantemente con la corriente entre álamos blancos. Esta imagen nos remite a la leyenda grecolatina que conecta a este animal con las musas y el dominio de la música, de modo que se intuye que será un momento especialmente auspicioso para actuaciones musicales, imbuirse de nuevas influencias artísticas, realizar colaboraciones con otros grupos y estimular la escritura creativa. Ante todo, a nivel laboral, se recomienda dejar que las cosas fluyan a su ritmo, especialmente si uno se está adaptando a una nueva dinámica de trabajo. Lo mismo pasará con las relaciones interpersonales.

El carácter psicopompo del cisne también sugiere el refinamiento de un proceso trasmutador que permitirá que ciertos talentos florezcan y den frutos. En el ámbito mágico, se verá intensificada la conexión con la otredad en un sentido sabático (vuelo del espíritu), muy especialmente a la hora de entablar relación con hadas, cambiaformas o deidades vinculadas al destino.

Otros mitos procedentes de la cultura celta nos hablan de historias de amor entre damas cisne y mortales. Esto nos indica que las personas solteras podrán establecer vínculos con pretendientes con los que exista una conexión de alma, quizás derivada de asuntos que quedaron pendientes en otras encarnaciones. También pueden darse situaciones donde se idealice al ser amado o se proyecten expectativas poco realistas sobre la relación.

En el caso de aquellas parejas que busquen descendencia, este periodo resultará particularmente fértil para la concepción o la adopción. Ambos miembros de la pareja podrán vivenciar una reconexión con facetas de su feminidad que supondrán valiosas herramientas durante la crianza. Para quienes tengan hijos/as, este mes requerirá de una mayor presencia emocional para abordar con decisión aspectos de su educación, especialmente en el caso de que existan problemas de conducta. Las relaciones entre abuelos y nietos también se verán favorecidas en octubre.

Los poderes curativos de aguas termales y tratamientos realizados en el agua tendrán un efecto terapéutico eficaz para abordar ciertas dolencias, especialmente en las mujeres. Si durante este mes se va a parir, el hacerlo bajo el efecto calmante del agua, ayudará a que la concepción sea más llevadera. Por otra parte, las personas mayores que sufran demencia o depresión podrán encontrar beneficios en la musicoterapia, el movimiento expresivo y la arteterapia.

A nivel mágico, será un periodo particularmente bueno para perfeccionar la incubación de sueños proféticos y alinearse con las energías celestes de la Vía Láctea.

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DICIEMBRE

Continúa el tiempo anticiclónico. Brumas matinales poco significativas. Cielos mayormente despejados. Las temperaturas ascienden ligeramente, salvo en la última parte del día. Cierzo suave.

El aullido del lobo en medio de la noche hace estremecer al bosque y despierta sentimientos primitivos en los humanos. A mi mente acuden los relatos nórdicos de la lucha entre Fenrir y Thor durante el Ragnarök y pienso en los bloqueos que experimentamos a la hora de confrontar aspectos de nuestra propia naturaleza salvaje. De ahí percibo una necesidad de continuar ahondando en aspectos de la sombra que amenazan nuestro ego. El eclipse total que acontecerá a mediados de diciembre puede traernos revelaciones interesantes en este sentido.

En lo referente a lo económico, pueden presentarse algunas deudas o habrá que ser precavido con los gastos, pues podrían surgir imprevistos derivados de propiedades que requieren reformas, situaciones de dependencia de algún miembro de la familia o la atención veterinaria de animales de compañía. Se recomienda ser austero en este momento del año, no embarcarse en préstamos y posponer viajes al extranjero durante la última parte del mes, ya que se podrían sufrir algunos percances.

En lo laboral, se percibe cierta competitividad en el sector o tiranteces con algunos compañeros de trabajo. Los beneficios logrados a final de año pueden verse algo mermados, en comparación con otros momentos. No obstante, con una buena planificación y minimizando los riesgos, se puede revertir la situación con soltura.

En lo que respecta a la salud, puede haber algún sobresalto por acumulación de estrés, que puede manifestarse como aumento de la presión sanguínea, taquicardias o migrañas. Por ello, no convendría exponerse demasiado a las multitudes y sería recomendable delegar algunas tareas en personas de confianza.

Se aconseja recurrir al boj para confeccionar protecciones dentro del hogar.

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Ritos de renovación cósmica y augurios anuales

La Nochevieja (Urte-zahar) y el Año Nuevo (Urte-berri) están cargados de un profundo simbolismo, pues suponen una franja de finalización de un ciclo e inicio del siguiente. Dentro del folklore europeo se considera particularmente relevante el periodo de 12 noches que va desde la Nochebuena a la Epifanía, aunque en algunos lugares del norte del continente se tiene más en cuenta la docena que va desde Santa Lucía a Navidad. En cualquier caso, el número representa el conjunto de meses que componen el año solar dentro del calendario gregoriano. Siguiendo una correspondencia simbólica, este momento se destina a la regeneración del tiempo cosmogónico mediante diversos rituales populares de purificación, renovación y adivinación en distintas modalidades.

Recordemos que este lindero temporal situado en torno al Solsticio de Invierno suponía el apogeo de la época de desgobierno, donde entidades caóticas y terroríficas (incluyendo las brujas, los hombres lobo y las almas de los muertos) campaban a sus anchas por el mundo, diezmando aquello que debía ser eliminado y ajustando cuentas pendientes (recompensando o castigando) para garantizar el reequilibrado cósmico. Esta restructuración salvaje del orden establecido era necesaria para que pudiera producirse el renacimiento efectivo del sol y el reinicio de otra etapa de florecimiento y prosperidad posterior.

En Grecia, en estas fechas, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. En Roma tenía lugar la Saturnalia, en la cual se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. Durante estas festividades las jerarquías perdían su poder y se producía una inversión en los roles sociales. Asimismo, los excesos, las excentricidades, el libertinaje y cualquier actividad jocosa eran permitidos como expresión de esas fuerzas caóticas de la naturaleza. En época medieval, el “rey del desgobierno” tomó la forma del “abad del júbilo” o “rey del carnaval”.

Dentro de nuestro territorio encontramos reminiscencias de estas influencias greco-latinas en la denominada “fiesta de los obispillos” o “festa del bisbetó”, coincidiendo con el día de San Nicolás (6 de diciembre) o de los Santos Inocentes (28 de diciembre). En ella, un niño de entre 7 y 14 años, normalmente de condición humilde, era disfrazado con los ropajes y ornamentos propios de un obispo. En ocasiones, el obispo era acompañado de un par de canónigos o monaguillos que le servían de escolta, o bien por una comitiva compuesta por el resto de sus compañeros. Las niñas que se unían solían tener un papel secundario como cesteras o recaudadoras de las ofrendas recibidas. No obstante, en Larraona hay constancia de que el obispo iba acompañado por una reina vestida de blanco, al estilo de la doncella elegida para encarnar a Santa Lucía en los Países Nórdicos (imagen cristianizada de la Diosa Sól o Sunna).

El grupo realizaba parodias y cantaba coplillas burlescas de casa en casa, recibiendo comida o dinero a cambio de su actuación. Con lo recibido se organizaba una merienda y lo que sobraba se donaba a la iglesia o alguna organización de caridad. Existen registros más antiguos que atestiguan la bendición del hogar, los campos y las cuadras por parte del niño-obispo con agua bendita (a veces, también con hisopo), así como la costumbre de rezar por los difuntos de la casa. Además, en algunos pueblos se realizaba el “juego del gallo”. Quien ejercía de obispillo debía localizar al animal con los ojos vendados y darle unos toques con una espada de madera, como si fuera a matarla. Originalmente sí que se descabezaba al gallo para sacrificarlo y comerlo como parte del festín. En la actualidad esta tradición se ha perdido en muchas localidades y solo se preservan las cuestaciones con sus tonadillas.

Durante la Nochevieja en muchos lugares de Euskal Herria fue habitual, igualmente, despedir el año con gestos y frases burlescos. En Gorriti los jóvenes exteriorizaban su jolgorio con el repique continuo de campanas, que se prolongaban desde la medianoche hasta el alba. Cada vez que se turnaban para que el clamor no cesara, tomaban un trago de anís u otro licor que tuvieran a su alcance. En Artaza, los mozos aporreaban las puertas de las casas con palos de acebo y pellejos encendidos, mientras se pasaban una bota de vino y gritaban: “Año Nuevo, Año Viejo, que se termine el pellejo”. En Larraona eran los niños los que correteaban con los pellejos incendiados diciendo: “a quemar el culo al año viejo, con un pellejo viejo, viejo…”. En Araia se encendían hogueras en los altozanos de la villa y se repetía el lema: “erre, ipurdia, erre…” (quemar el trasero al año viejo).

Satrústegui asocia al Olentzero con esta personificación del tiempo en forma de anciano. En algunos pueblos de Navarra, Álava, Guipúzcoa, La Rioja y la comarca burgalesa de La Bureba, este personaje aparece como un gigante con tantos ojos o narices como días tiene el año. En Larraun, también se conoce al Olentzero como el “hombre de los 366 ojos” (año bisiesto). Marliave, por su parte, destaca al Ome deths Nases del folklore aranés, un ser monstruoso que pasa por los fogones de las casas en la noche del 31 de diciembre y pierde todas sus narices el 1 de enero. En otras zonas del Pirineo Catalán y Francés (Haute Ariège y Pays de Sault) aún hallamos referencias al Ome negra u Home negre (Hombre Negro). En otros puntos de la Península encontramos figuras similares como el Apalpador o el Pandigueiro gallego, L’Angulero astuariano, el Esteru cántabro o el Tientapanzas andaluz.

Otra costumbre muy extendida durante la Nochevieja es encender hogueras para quemar dentro de ellas ropa, calzado u objetos de los cuales uno desea desprenderse. Antiguamente, en Berriz solían recorrer los caseríos en busca de aperos de labranza que estuvieran estropeados y debían ser renovados para comenzar bien el siguiente ciclo agrícola. Dentro del hogar, en algunas localidades, también se quemaba el “tronco de Navidad” (Gabonzuzi, Sukileku, Txunbil, Xubilar, Txakurtegi, Baztarreko, Onontzaro-mokor…) en Nochevieja, en lugar de en Nochebuena, como ocurría en Olaeta. En Llodio, Salvatierra, Guinando, Arrieta y Desojo se mantenía el tronco ardiendo desde Nochebuena hasta Año Nuevo. En cambio, en Larraona, Elcoaz, Jacoisti, Larequi, Ongoz, Aristu, Eparoz, Ezcaniz y Zabalza, debía arder hasta el día de Reyes. A los restos o cenizas de este tronco se le atribuían propiedades mágicas como guardarse de las tormentas, protegerse contra la enfermedad o los maleficios, fertilizar los campos, bendecir a los animales domésticos y espantar a las brujas o los malos espíritus.

La Noche de San Silvestre (31 de diciembre) posee unas particulares connotaciones mágicas en varios lugares de la Península, especialmente en Cataluña, pues se cree que en esta fecha se reúnen las brujas. A pesar de que el territorio vasco-navarro se encuentra más arraigada la devoción a San Nicolás (o, en su defecto, San Gregorio), en Tierra Estella (Navarra) y algunas zonas de Vizcaya (Orozko, Galdames) se tenía la costumbre de hacer cuestaciones o romerías en la cima de un monte. En Barbarain se entonaba la siguiente canción para pedir el aguinaldo:

“San Silvestre

que nos libre de la peste.

Nos darán colaciones

para este noche.

Menderute, menderute,

en cada casa un almute,

mendrán, menderán,

en cada casa un cuartal.”

*Nota: el almute y el cuartal eran medidas de volumen en el Reino de Navarra. Un almute o saskito equivalía a 1.769 litros y suponía la cuarta parte de un cuartal. El almud también era un pequeño cajón de madera de 17 cm de lado por 9 cm de ancho que servía como recipiente, aunque existen danzas donde se baila sobre él.

El agua es otro de los elementos con gran simbolismo ritual en este momento. Además de tener la virtud de purificar, sanar o neutralizar el mal, posee una transcendencia esencial en la creación del mundo, en la regeneración de la vida y la fertilidad. Tanto las aguas del firmamento como las represadas en los mares y cursos de agua dulce, conformaban pilares centrales en la concepción cosmogónica de los pueblos antiguos. La renovación del agua celeste y terreste al final e inicio de año evita el estancamiento y revitaliza a la tierra dormida, aparentemente inerte.

En el caso vasco, la expresión “Urte berri on” que se utiliza para felicitar el año entrante hace referencia precisamente a esa agua nueva que vivifica y aporta bendiciones. Según Satrústegui, dicha agua era recogida de ciertas fuentes de los valles de Basaburua, Imotz, Larraun, Baztán, Barranca, Burunda y Arakil cuando daban las doce campanadas. Posteriormente, se distribuía por los hogares como forma de purificación y protección de cara al año que comenzaba: en unos lugares se daba prioridad a los cargos públicos como el cura o el alcalde y en otros se dirigían a la señora de la casa (etxekoandre), agasajándola con piropos. Ante ellos los jóvenes recitaban rimas donde aludían a las “aguas de arriba” (Ur goiena) y las “aguas de abajo” (ur barrena):

“Ur goiena, Ur barrena

Urteberri egun ona

Graziarékin osasuna

Pakearékin ontasuna

Jaungoikuak dizuela egun ona”

Traducción: “Agua cimera, agua profunda. Buen día de Año Nuevo. Salud y gracia, hacienda y paz. Que Dios os conceda un buen día” (Urdiain).

En Nabarte (Baztán) observamos una variente en la cual se extrae el agua de la capa de contacto de un pozo o manantial en lugar de una fuente. La fórmula que se recita adopta la forma de un saludo al agua, con ciertas connotaciones adivinatorias:

“Urteberri berri,

zer ekarri berri?

Uraren gaña

lena ta azkena”

Traducción: “Año Nuevo, nuevo, ¿qué nuevas traes? La encimera del agua, primera y última”

 Azkue también da cuenta de otro saludo al agua en Etxalar:

“Ela, ela!

Nor da, nor da?

Ni naiz, urteberri.

Zer dakartzu berri?

Uraren gaina,

bakea ta osasuna.”

El autor aclara que la expresión “ela!” se utilizaba en ciertas regiones como una forma de saludo a un recién llegado. En este caso, el vocablo se dirige a la personificación del Año Nuevo, a quien se le pregunta qué noticias trae. El recién llegado contesta, a modo de bendición: “la nata del agua, paz y salud”.

Satrústegui también da cuenta de que en localidades como Lekaroz y Valcarlos se creía que al inicio del año las piedras podían convertirse en pan y las aguas en vino. Concretamente, en este primer enclave se creía que la Nochevieja (como espíritu anciano, portador de sabiduría) tenía el poder de convertir el agua del río en vino a las doce de la noche. En Valcarlos se decía que, quien tuviera la oportunidad de contemplar semejante milagro, disfrutaría de plena felicidad, mientras que quien fracasase en el intento podía ser transformado en hombre lobo (gizotsu). Algunos labradores de la Cuenca de Pamplona, siguiendo esta superstición, ocultaban un porrón de agua debajo de las berzas antes de dar las doce, con la esperanza de verlo convertido en vino o aguardiente. En Amurrio (Álava) también beben agua de un porrón de vino durante la Nochevieja.

El inicio de año era considerado y sigue siendo entendido como una época favorable para llevar a cabo rituales de sanación. En la frontera entre Navarra y el Alto Aragón se han recogido testimonios de informantes que contaban que alguno de sus antecesores había sido pasado por el hueco de un roble para tratar las hernias infantiles, coincidiendo con las doce campanadas. En otras zonas, como el Valle de Aezkoa, este mismo rito tenía lugar en San Juan.

El roble, además de estar vinculado a la sanación, también era fundamental para asegurar la protección del hogar. En muchos puntos del territorio euskaldun se conserva la costumbre de talar este árbol en el cuarto menguante más cercano al día de Año Nuevo o justo al iniciar el año, dejándolo secar durante un año o dos. Estos troncos se utilizaban para confeccionar las vigas de carga de la casa familiar, pues se creía que la madera se volvía incorruptible o, al menos, era notablemente más duradera. En contra de lo que dicta la sabiduría popular, modernos estudios científicos han demostrado que es mejor realizar este procedimiento en cuarto creciente.

Por otra parte, tanto la Nochevieja como los primeros días del nuevo año eran y continúan siendo momentos propicios para hacer pronósticos mediante distintos sistemas adivinatorios. Satrústegui describió un rito sencillo, usando como foco un huevo (ovomancia). El 31 de diciembre, a la medianoche, debía verterse un huevo fresco en un vaso lleno de agua (a ser posible, procedente de una de las fuentes donde se recogiese el agua nueva). Se esperaba a que la yema se depositara en el fondo, al tiempo que la clara se iba diluyendo e iba dibujando formas extrañas. Al día siguiente, dichos signos eran interpretados a la luz de una vela. Este mismo sistema es bastante popular en Escandinavia y lo encontramos en las modernas prácticas de Spå dentro del paganismo nórdico (Ásatrú, Forn Sidr, Odinismo) o el trolldom (brujería tradicional nórdica). Podéis escuchar la explicación completa y ver el procedimiento en este vídeo de Ræveðis.

Las “suertes meteorológicas o “jours de sort” también son especialmente observadas en esta época. Simbólicamente, cada una de las predicciones o augurios extraídos durante esos primeros días se relacionaba directamente con un mes del año, estableciendo una correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos. Uno de los métodos más rudimentarios para extraer los pronósticos meteorológicos era el llamado “calendario de la cebolla”. Éste consistía en pelar una cebolla a medianoche, cortarla por la mitad e ir extrayendo doce capas, una por cada mes del año. Dichas capas se colocaban en fila, boca arriba, y eran espolvoreadas con sal. Si en el día de Año Nuevo habían desprendido bastante jugo, podía deducirse que ese mes sería lluvioso. En los casos en los que la pieza de cebolla estuviera intacta, quería decir que ese mes sería seco. Esta tradición ha estado más presente en el Pirineos Aragonés, aunque también podemos encontrarla en otros puntos del Pirineo Navarro, Catalán y Francés, así como en otras zonas de España y Europa.

No obstante, el oráculo autóctono para determinar la meteorología y los augurios anuales era el Zotalegun, Sortelegun o Sotelegun, el cual sigue una lógica muy similar a las cabañuelas o las témporas. El origen remoto de esta práctica enlaza con su etimología. El vocablo “zotal” en euskera significa “pedazo de tierra” (arrancada con una herramienta agrícola), pero también hace referencia a un tipo de pájaro. Históricamente, está documentada la adivinación a través de la observación del vuelo de las aves entre los vascones y los vacceos antes de la llegada de los romanos. La primera referencia escrita la encontramos en la biografía del emperador Alejandro Severo, datada en torno al 400 d.C. Este gobernante estaba versado en el arte de los arúspices y se le consideraba tan experto que “aventajaba tanto a los vascones de Hispania como a los augures de Panonia”. Más tarde, el biógrafo de San Amando, que vivió entre los vascones durante los siglos VI y VII, opinaba que el pueblo vascón estaba “extraviado de tal manera que se entrega a los augurios y a todo error e incluso adora a ídolos en vez de a Dios…”. Esto también nos ofrece indicios de que los antiguos vascos no fueron precisamente fáciles de cristianizar. Algunos autores apuntan a que los posteriores “aztiak” (adivinos, hechiceros) heredaron estas técnicas de sus antecesores y que esta forma de adivinación fue de uso relativamente común hasta el s.XVI.

Volviendo a la etimología, no nos puede pasar desapercibido que la expresión Zorionak”, que utilizamos tanto durante la Navidad para desear felicidad, procede de “txori-onak” (buenos pájaros). Por otro lado, cuando nos referimos a una desgracia, usamos el término “zoritxarra” (mal pájaro o pájaro de mal agüero). Mitológicamente, el pájaro que es considerado más auspicioso es el “txantxangorri” o petirrojo (Erithacus rubecula) , mientras que el ave peor vista es “txepetxa” o chochín común (Troglodytes troglodytes). En Orozko hay una leyenda que cuenta que “txepetxa” defecó sobre el hombro de Cristo durante la crucifixión, mientras que “txindor” intentaba quitarle las espinas de su corona. Esta historia enlaza con otros relatos europeos de época medieval en los que se narra él sacrificio del petirrojo por aliviar el dolor de Jesús, a costa de ser herido por los pinchos que le atravesaban. También con la leyenda del Robin de los Bosques, apodado Robin Hood. Asimismo, se relaciona con el mito que describe la lucha y continua alternancia entre el Rey Roble y el Rey Acebo, gobernantes del periodo luminoso y oscuro del año, respectivamente.

Actualmente, en Isla de Man, Irlanda y otros lugares de influencia celta, aún se mantiene la tradición de cazar al chochín (“Hunt the wren“) el día de San Esteban (26 de diciembre). Dentro de nuestras fronteras, existen registros de una costumbre semejante en Galicia, conocida como la “Cacería del Rey Charlo” (S.XVI). Además, en el Sur de Francia se celebraba la Fête du Roi de l’Oiseau y aún se pueden encontrar algunas reminiscencias de esta fiesta en Le Puy-en-Velay.

 

Bibliografía consultada:

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AZKUE, R.M. (1942) Euskalerriaren Yakintza. Euskaltzaindia.

AZNAR, E. (2011) Orígenes de la Navidad. Plaza Nueva, pp. 20-21.

BARANDIARÁN, J.M. (1973) Obras completas I: diccionario ilustrado de mitología vasca y algunas de sus fuentes. Gran Enciclopedia Vasca.

DONOSTIA, J.A. (1994) Cancionero Vasco. Donostia: Eusko Ikaskuntza.

JIMENO JURÍO, J.M. (1988) Ciclo festivo de invierno. Gobierno de Navarra.

MARLIAVE, O. (1995) Pequeño diccionario de mitología vasca y pirenaica. Editorial J. de Olañeta.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1988) Solsticio de Invierno. Gráficas Lizarra.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1971) Canto ritual del agua en año nuevo. Fons Linguae Vasconum, nº7, pp 35-74

SATRÚSTEGUI, J.M. Olentzero: estudio del personaje mítico vasco. Dialnet.

http://www.divulgameteo.es/fotos/meteoroteca/12-d%C3%ADas-12-meses.pdf

http://www.salvatierra-agurain.es/san-nicolas-en-euskal-herria.html

https://www.zubiaurcarreno.com/usos-costumbres-navidad-la-navarra-tradicional/

http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/folkl/034131147.pdf

https://gremidelart.org/2017/12/27/la-nit-de-cap-dany-la-nochevieja/

https://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201604/27/luna-manda-bosque-201604270630.html

http://trolldomhoodoo.blogspot.com/2013/09/spadom-and-divination-in-norse-trolldom.html

https://clantubalcain.com/2015/01/01/12th-night-hunting-the-wren/?fbclid=IwAR2n8DVcVIeNM5auWjiTi084mqEZr7e4Z2NRZn4xIoiyG89TbglJzM5bQzk

 

 

 

 

 

GAU BELTZA, DOMU SANTU ETA ARIMEN EGUNA

En el antiguo calendario tradicional vasco, el invierno (negu) o época oscura del año comenzaba con la celebración de la última cosecha, la matanza del cerdo y la entrega de ofrendas a los antepasados. Estos hitos terrestres estaban alineados, a su vez, con determinados eventos estelares anuales: la aparición del Triángulo Invernal (neguko triangulea) en la bóveda de los cielos y la lluvia de meteoros de las Oriónidas.

El Triángulo Invernal está conformado por las estrellas fijas Sirio (Canis Major o Izarrora), Procyon (Canis Minor o Txakur txikia) y Betelgeuse (Orión o Ehiztaria). Orión, en la mitología vasca, tiene su reflejo en la figura de Ehiztari Beltza (Cazador Negro), líder de la Cacería Salvaje. Ambos canes representan a los sabuesos que acompañan al cazador en busca de la liebre blanca en la que el Diablo se convirtió para tentar al cazador y lograr que abandonara la misa.

Como ya expliqué en otro artículo, la Cacería Salvaje es un mito europeo con diversas variantes locales que simboliza el proceso de desintegración, caos y desgobierno que supone la entrada en un periodo hostil donde la naturaleza deja de ofrecer su aspecto más amable, activándose nuestros instintos más primarios para garantizar la supervivencia a cualquier coste. Asimismo, se trata de una representación simbólica de ciertos fenómenos atmosféricos propios del cambio estacional, usualmente acompañados de oscuridad, niebla y tempestades.

Por su parte, las Oriónidas ilustran esa algarabía de las cortes de seres feéricos, almas de difuntos, espectros errantes, criaturas de pesadilla, demonios y brujos/as que montan sobre corceles blancos, lobos, aves u otros animales totémicos propios del folclore autóctono, emitiendo ruidos espeluznantes (gritos, aullidos, quejidos lastimeros, toques de instrumentos…) que hacen temblar hasta a los más valientes. En nuestra cultura, se conoce a estos espíritus como “Oihulariak” (Aulladores/ Gritadores). El “oihu” es una forma de llamada salvaje que suele causar una fuerte impresión psicológica sobre quien lo recibe, mayormente de inquietud o miedo, aunque no necesariamente se emite con el propósito de atemorizar, sino más bien de advertir que no se transgredan ciertos límites en un lugar habitado por ciertas criaturas sobrenaturales.

Esta época trae consigo un reequilibrado cósmico de la mano de ciertas entidades tenebrosas como Gaueko, Herio, los Intxisuak, los Gaizkiñek, los Mozorroak, las Arimaerratuak o los/as Sorginak que despiertan nuestros más profundos temores y desafían las perecederas estructuras del mundo físico que los humanos hemos construido para lograr cierta sensación de seguridad ante un devenir impredecible y la mutación constante que está presente en los ciclos naturales. Una manera de sortear los peligros de estos espíritus que no pertenecen al mundo de los vivos es dedicando una fiesta en la que se llevan a cabo distintas actividades para garantizar una convivencia respetuosa con estos seres. Dicha festividad, que celebramos el 31 de octubre, es conocida como Gau Beltza (Noche Oscura), Arimen Gaua (Noche de Ánimas) o Defuntuen gaua (Noche de Difuntos) y tiene orígenes muy antiguos.

Por la etimología y por las reminiscencias folclóricas disponibles, podríamos deducir que originalmente esta noche estaría dedicada a Gaueko como representación de la oscuridad primigenia y a su corte de espíritus nocturnos. En euskera, existe el término “gau-agerkun”, que puede traducirse como aparición o fantasma. También está el vocablo “gauazko” (nocturno) que se aplica como adjetivo a aves oscuras (cuervos) u otros animales que salen de noche (“gau-ihiziak”) como el búho, la lechuza, el lobo o el murciélago. Coincidentemente, Gaueko toma la forma de estas bestias para manifestarse. También las ánimas suelen aparecerse bajo el aspecto de pájaros negros (mayormente córvidos). Por su parte, los Ieltxu, Idditu o Idizelai se presentaban a veces como aves negras que echaban fuego por la boca, asuntando a quienes transitaban de noche en tiempo de Gaueko (desde las 11 de la noche hasta el amanecer). En cuanto a plantas que incluyen el prefijo “gau”, cabe destacar el ciprés o “gau-arbola” (árbol de la noche), vinculado a ritos funerarios y ceremonias en honor a los difuntos. En Egipto se utilizaba para confeccionar ataúdes y, tanto griegos como romanos, lo empleaban en espacios y rituales fúnebres por su asociación a deidades ctónicas.

Oier Araolaza fue el precursor de las primeras investigaciones antropológicas modernas que buscaban rescatar la esencia de las viejas tradiciones de la Víspera del Día de Difuntos. Este elgoirbatarra recogió testimonios orales de personas mayores que recordaban la costumbre de vaciar nabos, calabazas o remolachas (e incluso patatas grandes), dándoles después forma de rostro con ojos huecos y colocando velas en su interior. Luego las dejaban en los campos o en los caminos con la intención de asustar a los vecinos. Asimismo, algunos informantes describían el reaprovechamiento de trapos viejos, telas de saco y cuerdas para confeccionar disfraces de mozorro”, “zamorro” o “muzurru” (fantasma, coco, monstruo).

Posteriormente, los antropólogos Jaime Altuna y Josu Ozaita consiguieron la beca de investigación Juan San Martín del Ayuntamiento de Eibar y la Universidad Vasca de Verano (UEU) para continuar esta labor, que concluyó con la publicación del libro Itzalitako kalabazen berpiztea. Arimen Gau, Halloween eta Gau Beltzaren haur-ospakizunen ikerketa etnografikoa(2018). En este trabajo, se ilustra, además de lo anteriormente comentado, la costumbre de ir casa por casa recogiendo comida (castañas, nueces, avellanas, almendras, tortas de pan, embutido), dulces o dinero como pago para no ser víctima de sustos y bromas pesadas. Joxemiel Bidador, apoyándose en los ensayos de Gabriel Imbuluzqueta y Mikel Aranburu (entre otros), da cuenta de estas cuestaciones pecunarias en la cuenca del Baztán-Bidasoa y en otras partes de Navarra (Valle de Arce, Valle de Ollo, Valle de Etxauri, Valle de Imotz, Merindad de Olite, Cendea de Olza…). En la zona de Pamplona y alrededores recibían el denominativo de “txinurris”, derivado del vocablo “txingurri” (hormiga), puesto que recordaban a la recolección minuciosa de provisiones que este animal realiza antes de la llegada del invierno. Los niños solían ser los protagonistas, actuando de puente entre los muertos y los vivos: tras reclamar y recibir víveres o dinero, recitaban oraciones a los difuntos de aquellos vecinos que habían pagado honradamente el tributo. Itziar Diez de Ultzurru recopiló varias fórmulas, ya registradas por otros autores, similares al famoso “truco o trato” (“trick or treat”):

  • Ziria ala saria! (vela o premio)
  • Sosa ala pota! (céntimo/moneda o pieza de comida)
  • Xanduli, manduli, kirriki, eman goxokiak guri! (onomatopeyas que simulan sonidos de animales, danos dulces)
  • Xanduli Manduli, Kikirriki… ¡écheme nueces por aquí!
  • Txingila, mingila, karruskario, sagarrak merke ta udareak kario. (cencerro, nudo, rechinar de dientes, manzanas baratas y peras caras)
  • Txingila mingila kurruskario, ireki ezazu armairua! (Abre las puertas del armario)
  • Txinurrie, mandurrie, alakatan, txinurrie!
  • Txinurrie, manurrie kankan kankan txinurrie. Bota bota kastañera lurrera” (onomatopeya de golpe de martillo, ¡echen castañas para cubrir las montañas!)
  • Tirriti-tarrata mandulon, domine domine sandulon, ¡en esta casa no hay turrón! (imitando el sonido de remolinos de viento y desgarros, ruidos de carraca)
  • Domine domine kastañe, i si no zikiñe! (Señor, señor, castaña; o si no, indecencia/suciedad)
  • Txinurrie, mandurrie, aratako kastañere, si nos echas pa tu tía!

En Euskal Herriko Ahotsak (Voces del País Vasco), repositorio de recopilación y difusión del patrimonio oral vasco, se pueden encontrar decenas de testimonios en euskera de personas de distintos puntos de Euskal Herria que explican las particulares de esta festividad.

En las entrevistas realizadas, además de lo anteriormente comentado, se aprecia que esto se hacía durante todo el otoño, pero la costumbre se intensificaba durante el Día de Difuntos y Todos los Santos (aunque podía extenderse hasta San Martín). Antiguamente los paisanos creían que en estas fechas regresaban las almas de los muertos. La manera de evitar que ciertos espíritus se te llevaran al Otro Mundo era camuflarse, imitando su aspecto. Por otro lado, el hecho de colocar velas en los caminos era una manera de iluminar a las almas errantes y ayudar a los antepasados a regresar al hogar familiar. En la sociedad tradicional, la convivencia con la muerte y los difuntos era constante y asumida con naturalidad por la comunidad. Los fallecidos actuaban como guardianes del territorio en el que descansaban sus restos mortales, encargándose de preservar sus límites y procurar la regeneración/abundancia del lugar. Es por esto que en Euskal Herria se creía que el día de Todos los Santos era un buen momento para sembrar habas y trigo.

En la tradición europea, especialmente en la franja atlántica, los primeros enterramientos neolíticos construidos fueron los dólmenes y cromlechs. En el ámbito euskaldun se creía que estos monumentos habían sido edificados por los Mairu y Maide (almas sin bautizar) las cuales custodiaban el acceso a otros planos y podían otorgar bendiciones si se les daba culto. Inicialmente, dicha veneración se realizaba en el mismo monumento megalítico. Una vez que la Etxea (casa) se convirtió en santuario, pasaron a dejarse ofrendas de pan, frutas de temporada, bebidas alcohólicas y frutos secos junto a la chimenea para conseguir su favor. Gau Beltza es una noche propicia para honrar a estos espíritus, además de a las almas de aquellos/as antepasados/as poderosos/as que forman parte del linaje del practicante mágico (lo que en el panorama anglosajón se conoce con el sobrenombre de “Mighty Dead”).

Arimen gaua también es un tiempo favorable para la necromancia, particularmente a través de oráculos de huesos (osteomancia). En Iparralde, Euskadi y Navarra, la astragalomancia o “sakapon“ se practicaba con 4, 5 o 6 piezas (tortoloxak, ezurkoak, karnakulak, akerkos, mailak) , dependiendo de la región. Cada una de las cuatro caras tenía denominaciones y significados diferentes. La “panza” o “karne” de la taba inspiraba connotaciones positivas, mientras que el “kulo” o “zulo” se interpretaba de manera negativa. Las caras intermedias (“tate”, “pon”) solían mostrar un resultado dudoso o incierto. En zonas marítimas se practicaba adivinación utilizando las espinas del pescado, que eran arrojadas al fuego.

Los difuntos de la familia pasan igualmente a convertirse en aliados espirituales y protectores del hogar. Estos antepasados custodios reciben el nombre de Etxekojaunak y son recordados cada luna nueva, pero muy especialmente en esta parte del ciclo anual. El elemento principal para canalizar la relación con ellos es laargizaiola” (en su defecto, cirios o velas), además de las ofrendas de comida y bebida. Antaño se realizaban los enterramientos en las inmediaciones de la casa hasta que el cristianismo prohibió las inhumaciones en el domicilio, de modo que este vínculo era mucho más estrecho. Posteriormente (s. XIII al XVIII), pasaron a hacerse en un espacio de la iglesia llamado “jarleku”, losa sepulcral que llevaba grabada el nombre de la familia y donde se colocaban los cuerpos con los pies hacia el altar mayor y la cabeza hacia la puerta principal. Sobre este espacio, la Etxekoandre (o la representante femenina de mayor rango después de ella) encendía la “argizaiola” con la intención de iluminar el camino del difunto hacia el Otro Mundo mientras rezaba alguna oración. En ocasiones, también se dejaban algunas monedas o unas tortas como ofrenda. El único lugar de Euskadi donde se perpetúa esta tradición actualmente es Amezketa (Guipúzcoa). En algunos lugares de Vizcaya (Orozko, Duranguesado), Álava (Llodio) y Navarra (zona de Ujué), sin embargo, se pueden ver, ejemplares de “ezko-argiak” o “eleizako kandelak (hachones). En otros pueblos de la Ribera Navarra y de la Merindad de Sangüesa también se mantiene la costumbre de encender lamparillas de aceite (popularmente conocidas como “mariposas”). A partir del s. XIX, se generalizó el traslado de los restos mortales a los camposantos y se empezaron a usar velas corrientes.

El Día de Todos los Santos (1 de noviembre) es conocido como Domu Santu eguna, Santu guztien eguna, Domuru Santuru, Domini Santu, Dome Santoe u Omiasaindu. Antes de la llegada del cristianismo se celebraba el Gaztainerre Eguna o Gaztaina eguna (día de las castañas), muy especialmente en las localidades situadas en el tramo central del río Deba (Guipúzcoa), en los pueblos en torno al Parque Natural del Gorbea (Vizcaya, Álava) y en los alrededores de Urkiola. Esta misma tradición es equivalente al Magosto gallego (derivado de “Magnus Ustus”, gran fuego), el Amagüestu asturiano, la Magosta cántabra, el Magustu portugués, el Calbote o Calbotada castellano-leonés/a, la Castanyada o Castañada catalano-aragonesa, la Castanhada occitana, la Chaquetía extremeña o los Finaos canarios. En el caso euskaldun, se preparaba un banquete a base de castañas asadas, caracoles en salsa, tortas de maíz o morokil (polenta), chorizo o “txistorra”, manzanas asadas, vino y sidra. Posteriormente, se contaban historias de miedo al calor del fuego. En otros lugares de la península encontramos, además de castañas, bellotas, nueces, avellanas, higos, boniatos, granadas, dulce de membrillo, garrapiñadas, pastel de calabaza, buñuelos de manzana, panellets, huesos de santo y orujo. El propósito de estos festejos, originalmente, era mostrar agradecimiento por la última cosecha del año y honrar a los antepasados, compartiendo una parte de lo recogido con ellos. Esta fecha se consideraba apropiada para realizar purificaciones, acudir al curandero local e ir al cementerio a visitar las tumbas de los seres queridos.

En el caso de Euskal Herria, el 1 de noviembre se realizaba y se sigue realizando una misa en honor a los difuntos conocidos (ya que los que no se recuerdan dejan de tener potestad sobre los asuntos importantes de los vivos). En este espacio se llevaba a cabo la ofrenda de luz y pan/tortas/roscas (argi-orgik) sobre un paño negro, muy especialmente si se celebraba el aniversario del fallecido/a. En esta fecha también se obsequiaba al párroco con una “olata” u oblea o, en su defecto, bollos artesanalmente horneados. En algunas villas de Álava la ofrenda se componía de cuatro piezas de pan tierno. Adicionalmente, si había algún difunto que había partido recientemente, se le dejaba una vela encendida los días 1 y 2 de noviembre en la casa en la que había habitado, o bien se ponía un cirio en el altar del propio hogar, dedicando una oración por el descanso de su alma. Por último, se acudía al cementerio a llevar flores como gesto de afecto. Popularmente se sigue creyendo que los pétalos de determinadas flores, especialmente las de aquellas que son muy olorosas, sirven para atraer e incluso contener a las almas de los muertos (crisantemos, ciclámenes, pensamientos…). En consecuencia, se evitaba ponerlas en casa y estaban únicamente destinadas a engalanar las tumbas. Por otro lado, la costumbre de colocar círculos de flores atendía al simbolismo de encerrar al alma del difunto para que no abandonara su lugar en el Otro Mundo y no pudiera perturbar a los vivos.

La preocupación por asegurar un tránsito fluido hacia la Otra Vida y aliviar el sufrimiento de las almas innobles o con asuntos pendientes (“arimaerratu”) ha ocupado una parte importante de las tradiciones populares y ritos de magia folclórica de Euskal Herria. La mayoría de ellas derivan de un sincretismo que entrelaza las dos creencias más extendidas sobre la muerte: la creencia en la transmigración/reencarnación y la partida del mundo mortal con supervivencia del doble espiritual. En la vertiente cantábrica, en general, se pensaba que el alma seguía poseyendo algún resquicio de sustancia equiparable al aliento, un soplo de aire, una tenue luz o una sombra tras abandonar el cuerpo. En ocasiones, los muertos también se materializaban mediante olores característicos, especialmente si el fallecido/a lo había hecho en circunstancias traumáticas o violentas, o se trataba de una persona cuya conducta en vida dejó bastante que desear. Asimismo, eran frecuentes las manifestaciones del alma a través de ruidos u desplazamiento de ciertos objetos personales, especialmente si tenían un fuerte apego a ellos. Adicionalmente, es conocida la atracción de las almas hacia el agua como medio de purificación. Los lugares de agua contenida o estancada pueden convertirse en refugio de almas errantes, de modo que tendía a renovarse frecuentemente cualquier recipiente con agua para evitar que se acomodaran allí. Por último, se evitaba hablar mal de los difuntos e incluso, en algunos lugares y momentos se proscribía mencionar su nombre. De ese modo uno se protegía de que le acosaran o se apegaran.

El Día de Fieles Difuntos (2 de noviembre), denominado Arimen eguna o Hilen Eguna, precisamente está destinado a ocuparse de las almas en pena o que han dejado de ser recordadas. Antiguamente era una festividad de gran arraigo e importancia dentro de nuestro folclore, hasta que fue eliminada oficialmente del calendario litúrgico tras el Concilio Vaticano II (1965). La consagración de la Capilla de San Pedro a Todos los Santos en el s.VIII, se trataran de mártires o simples feligreses, fue una estrategia de la Iglesia para sustituir los ritos paganos supervivientes por otros de índole cristiana. Dentro de la doctrina católica se considera que todos los bautizados, vivos o muertos, sin importar sus faltas, forman parten de una misma comunidad en la cual los que se encuentran más cercanos a Dios interceden por aquellos que siguen o han seguido un más camino desviado, según su moral. A finales del s.X se añadió la celebración de Fieles Difuntos para orar por aquellos creyentes que había pasado a mejor vida y, muy especialmente, por quienes se encontraban en fase de tránsito. De este modo, se pretendía reforzar la estrategia ya iniciada para enmascarar reminiscencias de cultos populares a los difuntos.

Dentro del folclore euskaldun se creía que las almas del purgatorio solían vagar por la tierra desde el mediodía de Todos los Santos hasta el día siguiente. Si, en este período, un difunto se aparecía había que decirle: “Parte onekoa, bazara, ser gura dozun ezaizu; parte txarrekoa bazara, zoaz nigandik zazpi estatuar” (Si eres de buena parte, di lo que deseas; si eres de mala parte, aléjate de mi siete estadios). Normalmente las almas errantes buscan el apoyo de los vivos para solucionar algún asunto inconcluso, saldar deudas con otras personas o materializar promesas que no pudieron cumplir antes de morir. No obstante, hay otras que solo buscan luz y atención (canalizada usualmente mediante la oración) porque llevan demasiado tiempo encerradas en un bucle sin fin. Cualquier detalle hacia ellas que sirva para romper su aislamiento y confortarlas un poco, sirve de ayuda.

Muchas ancianas que aún tienen consciencia y conocimientos relacionados con los misterios de la muerte dedican novenarios (“bereratzigarren”) cada cierto tiempo a las “almas del purgatorio”. El Día de Fieles Difuntos se considera un momento propicio para iniciar una devoción destinada a estos muertos “innobles”. En diversas corrientes espirituales, la novena es el tiempo estimado que tarda un difunto en desprenderse de su envoltura carnal, aunque luego le seguirán otras fases en las que distintas partes del alma se irán destejiendo y reintegrando. Adicionalmente, en varias ermitas de toda nuestra geografía, como la de San Juan de Gaztelugatxe, se dejaban las puertas del templo abiertas durante el Arimen Eguna (noche incluida) a fin de que los aparecidos tuvieran ocasión de solucionar algún asunto pendiente con la intermediación de un vivo.

Para finalizar, cabe señalar que el Hilen Eguna solía considerarse el día más indicado para exhibir reliquias de santos/as e intercambiar oraciones por indulgencias. A las salida de las iglesias a menudo se vendían relicarios, reproducciones de huesos e imágenes en forma de dulce. Estos confites benditos se llevaban al altar del hogar o bien se conservaban para una ocasión en la que se requiriera la intercesión del santo/a.

 

Bibliografía consultada

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 Dueso, José (2000) El calendario tradicional vasco. Roger editor.

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euskalmitologia.com

 

Oficios vinculados a la magia y la brujería en la cultura euskaldun

En Euskal Herria, al igual que en otros territorios peninsulares y europeos, encontramos una extendida asociación popular de ciertas profesiones u oficios con determinadas prácticas mágicas y con la brujería. En algunos casos, esa relación ha adquirido tal intensidad que ha dado lugar a una fusión y confusión de conceptos, a pesar de que en origen y en esencia podemos diferenciarlos con suficiente claridad.

La primera y más alejada de su realidad subyacente es la identificación de un/a herbolero/a con un/a hechicero/a o brujo/a. Entendamos al herbolero/a como la persona que conoce, recoge y cultiva plantas y es capaz de elaborar distintas preparaciones con propósitos terapéuticos. Este oficio antiguo estaría directamente vinculado a la medicina natural y la moderna fitoterapia, siendo precursor de la farmacología. Alguien que es herbolero/a posee conocimientos de botánica, biología, química y física y se dedica a ponerlos al servicio de aliviar aquellos malestares con una causa natural.

Esta puntualización no es para nada trivial, ya que desde el punto de vista de la cosmología vasca hay una distinción fundamental de principios energéticos y realidades surgidas a partir de ellos: “indar” (física, natural, en la que se establece una relación de causa-efecto) y “adur” (sobrenatural, mágica, más allá de cualquier explicación lógica). Partiendo de esta premisa, se establece una diferenciación entre aquellas enfermedades que tienen un origen natural (“berezko”) por contaminación, contagio, infección, accidente, exposición a ciertas sustancias o condiciones ambientales y pueden curarse con remedios medicinales (“sendagaiak”) o procesos terapéuticos mundanos; las causadas por poderes mágicos o entidades sobrenaturales (“aidetikakoak”) que requieren de la oración, la bendición de un miembro del clero, la peregrinación a un santuario o la intercesión de alguien que practique la magia.

En nuestra mitología, particularmente en zonas del Pirineo, “Aide”, “Aideko”, “Aidetikako” o “Aidegatxo” es un espíritu del aire (normalmente invisible) que puede tomar la forma de nube baja o niebla. Se le considera un numen activo y de mal carácter que suele provocar desgracias o enfermedades cuyo origen es desconocido. Además de este genio, existen otros seres sobrenaturales considerados maléficos que pueden producir síntomas físicos y psicológicos e incluso provocar la muerte como es el caso de “Etsai”, “Inguma”, los “gaizkiñek”, los “ieltxuak”, los “intxisuak”, los “mamarroak” o “famerijelak” al servicio de un/a hechicero/a o un/a brujo/a. Entidades aparentemente más benéficas como las “lamiak” (como “fatas” que pueden modificar el destino) y su regente la diosa Mari también pueden maldecir con la infertilidad, la debilidad, la falta de salud, la locura e incluso la muerte a quienes les hayan ofendido. Asimismo, un/a practicante de magia capaz de entrar en comunión con ciertos poderes, pero muy especialmente los/as brujos/as que han experimentado un proceso de iniciación, pueden causar daño. Por último, cualquier persona que dirija una voluntad negativa hacia otro individuo con suficiente intensidad, puede “aojarle” y perjudicar su bienestar general.

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Volviendo a la filiación histórico-cultural establecida entre el/la herbolero/a y el/la hechicero/a o brujo/a, quisiera hacer un análisis desde el punto de vista de la etimología. A nivel lingüístico, el término euskérico que mejor describiría la actividad de un/a herbolero/a sería “belargile” o “belagile” que significa literalmente “hacedor/a o preparador/a de hierbas. No obstante, si buscáis esta palabra en un diccionario moderno de euskera unificado (“batua”) os encontraréis con que la traducción es “brujo/a” o “hechicero/a” (aunque en la mente de un/a nativo/a la representación que acude inconscientemente es la de una bruja cruel). Incluso en Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca, persiste esta acepción. Por lo que he estado investigando desde una perspectiva histórica, esta vinculación empezó en el S.XVI y se asentó durante el S.XVII, en pleno apogeo de las persecuciones inquisitoriales.

Esto nos pone las cosas un tanto difíciles para intentar desmontar esta falacia que ha pervivido durante siglos y en las últimas décadas se ha intensificado con ideas procedentes de la New Age.

Tuve que buscar en varios diccionarios y ensayos lingüísticos, empezando por trabajos de los fundadores de la Sociedad de Estudios Vascos y siguiendo con escritos de los miembros más antiguos de la Academia de la Lengua Vasca, hasta dar con términos de carácter neutro que se refirieran a un/a especialista en herbolaria. Pedro Mugica, fallecido miembro de Euskaltzaindia, recogió en su diccionario alternativas como “belarzalea” (el inclinado o devoto a las hierbas) y “belarbiltzaile” (el caminante de las hierbas o quien sigue la vía de las plantas). Con la intención de ampliar el vocabulario relacionado con el tema, solicité a varios nativos de distintas regiones de Euskal Herria que me dijeran qué palabra/s utilizan en su “euskalki” (dialecto) para referirse a un/a herbolero/a. La triste realidad social es que nadie por debajo de los 75 años era capaz de encontrar ninguna, menos aún si residían en un entorno urbano. Incluso personas que trabajan en un herbolario o como terapeutas alternativas eran incapaces de verbalizar una respuesta en la línea deseada. En su lugar, surgían palabras relacionadas con el curanderismo, otro ámbito que trataremos de manera independiente.

Otro detalle a considerar es que han sobrevivido diversas palabras vinculadas al camino de los venenos (poison path), como “ponzoña” (“pozoi”, “lupu”, “eden”, “ira/irea”, “satarri”, “zital-ikutu”, “meneno”), “envenenar” o “emponzoñar” (“pozoitu”, “edendu”, “likagitu/likagindu”), “empondoñador/a” (“pozotzaile”, “pozuazale”), “venenoso” (“pozoitsu”), “planta venenosa” (“belar-txarra”, “belar-gaiztoa”), “animal venenoso” (“zital”). Adicionalmente, existen términos específicos para denominar sustancias concretas que actúan como veneno: picadura de serpiente (“itzadura”, “iltzatu”, “mistoa”), veneno de sapo (“txistoki”), picadura de arácnidos (“lipu/lupi/lipo”), beleño (“beleno”/”berenu”), veneno para zorros (“azeri-zopa”), polvos (“hautsak”), mercurio/azogue (“soliman”), arsénico (“arbotzoi”). A este listado podríamos añadir ciertas setas potencialmente tóxicas con apelativos singulares como: “apo-onddo” o “apontto” (seta de sapo), “Satan-onddo” (boletus satanas), “Etsai-ezten” o “Etsai-zakila” (phallus impudicus o falo del Diablo).

Lo que se desprende de todo esto es que, socio-culturalmente, el/la herbolero/a es una figura totalmente denigrada, cuya relación simbiótica con las plantas y el riesgo potencial de usarlas indebidamente o intencionalmente como veneno han sido vistos como algo peligroso y maligno. Adicionalmente, se percibe un reconocimiento soterrado de la alquimia como proceso transformador y disciplina asociada al misticismo que, a su vez, lleva a ligarla al camino mágico de la hechicería y el arte de la brujería entendido como vía mistérica.

Por supuesto, una persona de a pie sin formación en filosofía, historia, antropología o disciplinas humanistas afines o una voluntad autodidacta para explorar las distintas corrientes esotéricas no es capaz de distinguir el espiritualismo, el misticismo, el hermetismo, el gnosticismo o la alquimia entre sí y mucho menos entiende las diferencias entre la magia popular, la hechicería y la brujería.

Pasemos ahora a hablar del curanderismo como ejercicio de la sanación sin disponer de una titulación oficial. Dentro de este campo encontramos profesionales que entienden la enfermedad desde un punto de vista holístico, pero no necesariamente mágico, mientras que otros/as practicantes establecen una comunicación a través de la oración, la invocación u otros rituales con entidades sobrenaturales (desde el Dios cristiano, pasando por la Virgen y los/as santos/as, hasta personajes de nuestra mitología) a fin de que éstas intercedan en el proceso de curación. Este segundo grupo se situaría dentro de la medicina popular o “folk-medicine” (“herri-sendagintza”).

En Euskal Herria, el estudio de la etnomedicina o medicina folklórica se inició a finales del S.XIX y se enriqueció a lo largo del S.XX con investigaciones como las de J.M. Barandiarán, R.M de Azkue, J.M. Satrústegui, Aita Donostia, el Dr. Barriola, A. Erkoreka, J. Irigaray,  G. López de Guereñu, Juan Garmedia Larrañaga, A. Goikoetxea, J. Garate, J. Dueso o el Dr. Álvarez Caperochipi. Más recientemente, contamos con las nuevas aportaciones  etnobotánicas de Gorka Menéndez, Pablo M. Orduna, Virigina Pascual, Silvia Akerreta, Mª Isabel Calvo y Rita Y. Cavero.

En curanderismo, en sus diversas manifestaciones, ha sido una práctica muy antigua y extendida en el territorio euskaldun (los primeros registros escritos datan del S.XII). De forma relativamente discreta, se sigue ejerciendo principalmente entre familiares, vecinos/as y amistades, aunque hay profesionales señalados que practican de forma pública y son incluso famosos fuera de nuestras fronteras. Entre ellos, podríamos citar a los curanderos de Fustiñana, a quienes mi familia ha recurrido en el pasado en alguna ocasión. Asimismo, de época reciente y contemporánea podemos situar curandero/as en Aldaz, Andosilla, Aranaz, Auza, Azkoitia, Badostain, Betelu, Burlada, Cascante, Cirauqui, Corella, Deba, Egozcue, Eguillor, Elgoibar, Estella, Ezcabarte, Goizueta, Huici, Ilarregui, Iruzun, Lacunza, Linzoain, Lasao, Mélida, Olazagutía, Pamplona, Peralta, Tafalla, Valcarlos y Zegama.

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Las denominaciones genéricas de curandero/a que dejan entrever un origen más antiguo son: “basabedezi” (“basa” indica su conexión con lo silvestre o la naturaleza salvaje, aunque en la actualidad también se aplica para alguien sin titulación) y “sasisendagile”/ “sasisendalari”/ “sasiosagile” (“sasi” significa zarza, seto, matorral o arbolado, pero también hace referencia a ser inculto, impuro, falso por no seguir la ortodoxia y/o los estándares). Aquí merece que nos detengamos a hacer un inciso, pues lo que nos sugieren estos vocablos es la pre-existestencia de una mentalidad animista y una relación sagrada con el bosque (y su guardián, el Basajaun) y ciertos parajes donde sus habitantes invisibles habitan. Recordemos también la popular creencia de que entre las zarzas/setos viven diversos linajes de seres feéricos (“mamur”, “mozorro”, “iratxo, “galtzagorri”, “zikilimarro”...). Durante la noche de San Juan se puede acudir a un lugar liminal de estas características con el fin de sellar un pacto de servicio y guardar al duende dentro de una cajita o “canutillo”. En este sentido, nuestros/as primitivos/as curanderos/as vascos/as guardaban interesantes semejanzas con sus parientes irlandeses: los “fairy-doctors”.

Las afecciones de tipo mágico más significativas que requerían la intervención de un/a  curandero/a tradicional eran: el mal de ojo (“begizko”) sobre personas o animales; la maldición con intercesión de espíritus maléficos (“birao”, “gaizkots”); la posesión por espíritus negativos o demonios (“gaizkindun”, “deabruztatu” o “demonioak egin”); el “espanto”, “susto” o pérdida de alma (“izu-beldur”, “izutau”) por haber presenciado una situación que causa un shock; el “alunamiento” o los cambios en el ánimo o comportamiento por influencia de la luna (“illargitu”); las pesadillas (“amets tzarrak”), y la angustia durante el sueño (“lo-kamuts”); el “mal de amores” (“amoremin”, “min-hori”); la “pata de cabra” (“auntz-oin”, “auntzoña”), expresión que se utilizaba bien para designar un parto prematuro inesperado mientras se está haciendo algún trabajo al aire libre o bien a la marca formada por lunares que aparecía en la espalda de algunos bebés a la cual se asociaba una propensión a problemas estomacales (vómitos, cólicos frecuentes, diarreas) por falta de maduración. Adicionalmente, ciertas afecciones infecciosas en la piel como la “culebrilla”, la “sarna”, los “panadizos”, las verrugas, problemas respiratorios como la bronquitis, malestares estomacales determinados, la hernia inguinal o ciertas patologías oftalmológicas como la conjuntivitis eran atribuidas a causas mágicas y se llevaban a cabo rituales en los que se empleaban fórmulas rimadas, combinadas con otros procedimientos.

Con la progresiva implantación del cristianismo (S.X al XIII) hubo una sincretización o sustitución paulatina de ciertas entidades autóctonas por santos/as y se tendió cada vez más a recurrir a la oración, los evangelios, las misas, el rodamiento en el altar o las peregrinaciones a ermitas para recuperarse de ciertos males.

Uno de los remedios populares para tratar los esguinces que ha logrado mantenerse hasta nuestros días es el “zantiritu” o “santiritu”. La ceremonia se desarrolla en varios pasos:

  • Se conduce al paciente frente a un pequeño altar o lugar devocional (o frente al fuego del hogar).
  • Se inspecciona y se palpa la zona para identificar dónde hay que aplicar el tratamiento.
  • El/la curandero/a toma un calcetín tejido con lana de oveja y hace la señal de la cruz sobre sí mismo/a tres veces mientras recita unas palabras de invocación/preparación.
  • Seguidamente, pone el calcetín sobre la zona afectada y va cruzándolo mientras pronuncia: “zantiritu, zaina sortu, zaina bere lekuen sartu” (x3) o “Santitum, zaina urtu, zaina bere lekuen sartu” (x3).
  • Se toma el calcetín y se rodea completamente la parte dañada con él siguiendo el sentido de las agujas del reloj (tres veces, haciendo tres círculos).
  • Se dobla el calcetín por la mitad, poniendo entre ambos lados el pie. Se dan tres puntadas con aguja e hilo al aire como si se estuviera cosiendo o reparando el tejido muscular.
  • Se hace un masaje con aceite templado sobre la zona afectada.
  • Se prepara un emplasto con “zain-belarra” o “zanbedar” (plantago major) y se coloca un vendaje.

Vídeo del “zantiritu” (del 1:05 hasta 2:36)

A finales del S.XV las profesiones sanitarias se profesionalizaron a través de asociaciones gremiales como las Cofradías de San Cosme y San Damián que contaron con una presencia notable en Pamplona, Estella y Tudela. Estos gremios impedían que “cristianos nuevos” (convertidos forzosos de otras etnias o creencias) o descendientes de padres humildes, cuyas profesiones estaban consideradas de mala reputación (pastor, dulero, porquero, zurrador, pellejero, fajero, capador, carretero, recadero, tabernero, ventero, carnicero, molinero, herrero o enterrador), pudieran ejercer como sanadores. Las penas por intrusismo comenzaban con una multa leve, hasta llegar a la confiscación de bienes o el destierro, si a ello no se le sumaban acusaciones por herejía. Adicionalmente, quienes conseguían pasar el examen y asociarse solo podían ejercer en un radio de unos 5 kilómetros de la plaza en la cual existiera una sede de la cofradía. Posteriormente, tras la conquista del Reino de Navarra por los Reyes Católicos (1525), se impuso como institución el Promedicato del Reino, iniciándose una tensión con las Cofradías que acabó estallando en fuertes conflictos a mediados del S. XVII.

Ante semejante panorama, los/as curanderos/as se replegaron a zonas rurales e intentaron ejercer su oficio con una mayor discreción. No obstante, hubo algún practicante como Martija de Jáuregui (1570) que logró obtener el permiso del Promedicato para poder ejercer (aunque luego fue perseguida). Otros como Juan Pérez de Izuzquiza (“El Indiano” de Villava), Sancho de Irazotz (“El Bastero de Lizaso”, Mañeru de Ujué, la “Bargotena” de Larraga o la “Galdeana” de Tudela, corrieron peor suerte.

Dentro del oficio de curandero,  encontramos especialidades muy diversas con distintas denominaciones: sanador/a (“axkarbe”), herbolario (“belardazari”), emplastero/a (“enplastero”), componedor/a de huesos (“hexur-konpontzaile”), zurzidor/a (“zuzentzaile”), barbero (“basabarber”), partera (“emagin”, “emain”, “komadron”), sacamuelas (“hortz-ateratzaile”),  ensalmador o susurrador (“sumurtzaile”, “sumurgile”), especialista en “espanto” o pérdida del alma (el único nombre que se conserva es el de Juan Abrego de Lerín), experto en deshacer maleficios (“aireko-barber”) y especialista en quitar el mal de ojo.

Además, existe un término que se utiliza para denominar a aquella persona aficionada al curanderismo, con una trayectoria profesional no demasiado larga o reconocida: “petrikillo”. Este vocablo corresponde al apodo que recibía José F. Tellería Uribe (1774-1842), miembro de un linaje de curanderos del Goierri. Este hombre empezó a labrarse un nombre durante la Guerra de la Independencia contra Napoleón y saltó a la fama por ser sentenciado como culpable de la muerte del General Zumalacárregui, a pesar de que fueron los galenos Gelos y Boloqui quienes acabaron sacándole la bala y pasaron sus últimas horas con él.

Entre los especialistas mencionados anteriormente, la partera es quien ha sufrido con mayor intensidad las consecuencias de su asociación con la magia y la brujería, ya que la gestación representa la máxima expresión de la fertilidad y el parto supone un rito de paso esencial para la mujer, además de un riesgo de muerte. Ambos están rodeados de toda una serie de supersticiones, como que el bebé engendrado en cuarto creciente será niña y el concebido en menguante será niño, la costumbre de enterrar bien la placenta en las inmediaciones de la casa para asegurar la buena salud de la madre o la creencia de que la criatura no viviría si coincidía con la muerte de un sacerdote. Otro aspecto a considerar es la semejanza fonética entre “zortzain” (otra variante de matrona) y “sorgin” (bruja). La palabra “zortzain”, según A. Oinehart, es una derivación de “sorzaina, un antiguo espíritu de la naturaleza al cual se atribuía la función de velar los nacimientos (zona de Soule). Otros autores posteriores como Azkue traducen el término como partera. Adicionalmente, en Euskal Herria, antes de imponerse el bautismo católico como tradición y forma de protección al infante, existía un rito de nacimiento llamado “atsolarra” (vigente hasta los años setenta). El vocablo proviene de “atso” (mujer mayor) y “lorra” (acarrear) y hace referencia a la costumbre de que las ancianas sin hijos de la comunidad atendieran o estuvieran presentes en el parto, se ocupasen de la atención postparto y organizaran los festejos tras el alumbramiento. El “atsolarra” suponía también un primer reconocimiento social de la condición de madre y un compromiso de protección y cuidado colectivo de la nueva criatura llegada al mundo. No obstante, la Iglesia no veía con buenos ojos el “comadreo” entre mujeres. La palabra “atso”, que en Arrazola es utilizada para referirse a una matrona, pasó a usarse comúnmente con un sentido despectivo para denominar a una “vieja bruja”.

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Continuando con las prácticas específicas llevadas a cabo por mujeres, es preciso que nos detengamos a hablar del “begizkune” o ceremonia tradicional para deshacerse del mal de ojo. El autor A. Erkoreka documentó este rito en la zona de Bizkaia, especialmente en Bermeo y Zeanuri. El ritual comienza con una bendición del hogar por parte de la curandera, utilizando agua bendita de 3 iglesias (o en su defecto agua de 3 fuentes sagradas) y asperjándola en las cuatro direcciones mientras vocaliza: “txarradun kanpora, ona etor barru” (lo malo fuera, lo bueno dentro). Posteriormente, la mujer que dirige la ceremonia solicita que los participantes recen una oración, normalmente el Credo (repetido al menos tres veces). Seguidamente, coloca una sartén sobre el fuego e introduce un pedazo de estaño. El/la ojado/a se sienta en una banqueta y es cubierto por una manta o tela gruesa. La curandera toma la sartén con el metal fundido en su mano derecha y hace tres veces el símbolo de la cruz sobre el/la paciente: una sobre el hombro, otra sobre la espalda y la última sobre la cabeza. Cada vez, dice en euskera: “Aitxiaren, Semiaren eta Espiritu Santuaren isenien, Amen” (En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén). Después toma la sartén con la mano izquierda y derrama el estaño en tres veces sobre un balde que contiene el agua sagrada, que suele colocarse junto a la persona afectada. Las formas que hace el metal al solidificarse son estudiadas por la mujer al cargo para determinar la causa y la solución que ha de aplicarse en cada caso.

Usualmente, se determina que una persona ha sido maldecida porque el estaño forma espinas, agujas o espadas. No obstante, pueden aparecer las formas de los órganos a los cuales se ha dirigido el mal. El proceso se puede repetir hasta 9 veces para contrastar las figuras obtenidas. De esa manera se puede afinar el diagnóstico y dilucidar si se han de añadir procedimientos adicionales para eliminar del todo el “aojo”. Una vez finalizado el tratamiento que, a menudo, suele requerir beber agua bendita mezclada con añil, se depositan los restos en una encrucijada o un cauce de agua que conduzca al mar (o directamente en el mar). Barandiarán recogió una variante de este rito en Ajangiz donde se usaba plomo en lugar de estaño, se colocaba el recipiente con agua sobre el pecho del afectado/a y se modificaban las oraciones recitadas por el curandero (invocaciones a San Antonio).

Vídeo sobre el “begizkune”

En otro orden de especialistas, quisiera colocar a los saludadores (“jainko-ttipi”, “santiretuzale”), bendecidores (“ondo-esale”), santiguadores (“seinatzaile”), rezadores (“errezaile”) y exorcistas (“etsai-beldurtzaile”), puesto que sus prácticas encajan mejor con la tradición cristiana dominante, a pesar de que tampoco estaban bien mirados del todo por la Iglesia. El único de este grupo que quisiera destacar es el saludador, cuya denominación procede del término latino “salutator-oris” que significa “dador o recuperador de salud”. Este profesional estaba supuestamente imbuido por el poder divino y se encargaba de tratar la rabia y las plagas del campo, a menudo bajo el auspicio de Santa Quiteria. Este oficio estuvo en boga desde inicios del S. XVI hasta finales del S.XIX, tanto en Euskal Herria como en otras regiones peninsulares (La Rioja, Soria, Burgos, Valladolid, Segovia, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia). El primer registro de su existencia es un contrato del Consejo Municipal en Nájera (antigua capital del Reino de Navarra), datado en 1496.  Muchos ayuntamientos contrataron a estos expertos a lo largo de los siglos e incluso el rey Felipe II disponía de una saludadora en la Corte (Catalina de Cardona). A medida que avanzaba la medicina y tras el descubrimiento de la vacuna de la rabia, esta actividad fue decayendo, aunque se contabiliza el ejercicio de unos 300 saludadores en Madrid en 1900. Una cifra que nos da una idea de su importancia social.

Otro de los oficios considerados mágicos, no directamente relacionado con la medicina popular, era y sigue siendo el de zahorí o “zaurin”(también conocido como“betikusle”, quien guía o enseña el camino al norte). En origen, el “zaurin” era un practicante de geomancia que estaba vinculado a las energías telúricas y sus flujos electromagnéticos, sin olvidarse de su conexión cósmica con los cielos (uno de cuyos focos principales era la “ipar-izarra” o Polaris).  Su extraordinaria capacidad perceptiva, canalizada a través de una vara de avellano en forma de Y que le servía como péndulo, le permitía encontrar surcos de agua, terrenos apropiados para cultivar o construir una casa, así como objetos perdidos (mayormente metálicos) e incluso personas extraviadas. En la antigüedad, cuando no se contaba con una explicación científica de las líneas ley ni las intersecciones entre las polaridades magnéticas de la tierra (cruces de Hartmann), esta habilidad era considerada un poder mágico ligado a una práctica herética. Personajes eclesiásticos como Martin Lutero la calificaron incluso como un acto de brujería.  Actualmente, la radiestesia se sigue aplicando principalmente para localizar puntos de regadío necesarios en la agricultura pero, en los últimos años, ha cobrado importancia por los estudios médicos que se están realizando sobre “geopatías” o enfermedades causadas por un exceso de radiación durante períodos prolongados de tiempo. Tanto en Euskadi como en Navarra quedan varios zahoríes activos e incluso el Gobierno Vasco ha llegado a contratarlos en alguna ocasión.

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Adentrándonos en el ámbito de la adivinación, disponemos de dos términos euskéricos para denominar a quien ejerce dicha actividad: “azti” e “iragarle” (o “igarle”). El primero de ellos está documentado tanto al Norte como al Sur de Euskal Herria desde el S.XVI y hace referencia tanto a una versión de augur local como a un hechicero (aunque es traducido en diccionarios modernos como brujo). El segundo de ellos se usa más como sinónimo de profeta.

En cuanto a la figura del “azti” o “aztu”, se cree que sus funciones originales estaban más en una línea oracular-chamánica, interpretando los signos de la naturaleza y ejerciendo de canal o intermediario con los espíritus (bien sea ofreciendo una predicción o recitando encantamientos para atraerlos). Esto se deduce por términos asociados como “azti-atze” /“azti-antza” (adivinación); azti-hitza” (traducida indistintamente como palabra mágica o palabra de adivino); azti-kantu (fórmula mágica cantada); “begi-aztiak” (“segunda visión”, popularmente conocida como “ojos de brujo”); “azti-aiheru” (designio de adivino u horóscopo).

Entre las formas de adivinación más utilizadas culturalmente podemos destacar la “izar-aiheru” (lectura de los signos de las estrellas), la “soria”/”zoria” (suerte o fortuna obtenida por la interpretación del vuelo de los “txoriak” o pájaros), la “urazti” (hidromancia), la “sutasmande” (piromancia), la “lutikasma” (geomancia) y la “eskuasmande” (quiromancia). Adicionalmente, podría añadirse la aeromancia, ya que existen documentos que relacionan al “azti” con la observación y alteración del clima (las nubes y el viento serían manifestaciones de númenes autóctonos) mediante encantamientos (“azti-gintza”) al tiempo que agita en su mano un ramo de “uztaibedar” (rumex crispus). Desgraciadamente, los conjuradores de tormentas católicos acabaron por usurpar esta función entre el vulgo porque eran conscientes de la relevancia que tenía para los baserritarras. Por último, podemos incluir entre los augurios populares el “zotalegun” o “erderazko”, oráculo a partir de la observación de los fenómenos o las señales identificadas en la naturaleza y sus criaturas durante los primeros doce días del año (tema que ha sido ampliamente tratado en el blog).

A pesar de que la adivinación coexiste con otras prácticas mágicas incorporadas en la hechicería y la brujería, no debemos confundir en ningún caso a un/a hechicero/a, un/a brujo/a o un mago/a con un/a adivino/a, ya que puede haber individuos con el don de la “segunda visión” u “ojos de fuego” que no se identifiquen como hechiceros ni brujos. Es más, en distintas corrientes espirituales, incluyendo religiones monoteístas como el cristianismo, el judaísmo o el islam, han existido videntes.

Volviendo a la etimología para intentar clarificar algunas ideas, la palabra “aztikeria” posee tres posibles significados: 1) práctica adivinatoria; 2) práctica supersticiosa; 3) práctica mágica. No obstante, normalmente se traduce como “hechicería”, aunque probablemente el término más apropiado para referirse a la hechicería sería “aztitasun”. Aquí volvemos a encontrarnos con algo similar a lo sucedido históricamente con la asociación entre la herbolaria y la brujería. Un antropólogo, un historiador o un practicante comprende las diferencias, pero no alguien de la calle, que acaba de introducirse en el estudio de temas esotéricos o que no conoce suficientemente la idiosincrasia de la zona ni la evolución histórico-etnográfica de ciertas figuras en su contexto.

Desde mi punto de vista, las habilidades que mejor definen a un/a hechicero/a local (“azti”) son su capacidad para encantar, su poder para conjurar y su maestría en hacer y deshacer hechizos de diversa índole con distintos elementos. Como ya hemos visto, la práctica de la adivinación es un elemento más (no exclusivo), a pesar de que resulte uno de los reclamos más habituales junto con los hechizos de carácter amoroso. El “azti” es una persona fascinadora, que domina la palabra y trabaja habitualmente utilizando magia simpática, correspondencias y fórmulas rimadas (aprendidas oralmente o sacadas de grimorios). El oficio de “azti” incluiría la elaboración de amuletos (“kuttunak”), el encantamiento de objetos o seres vivos, la realización de hechizos benéficos y maléficos, la invocación de entidades benéficas para atraer la suerte o la prosperidad (bendición u “onespide”) o la conjuración de espíritus malignos para perjudicar a otro (maldición o “birao”), la elaboración de elixires (“barrizameak”), pócimas (“nahastekariak”) y filtros de amor (“amarazkinak”), la detección y liberación del mal de ojo y el exorcismo.

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Otra práctica que se vincula bastante a la hechicería es la nigromancia, cuyos practicantes se denominan “hil-azti o “ilazti” (literalmente, “hechicero de la muerte”). Aquí no podemos obviar la semejanza lingüística entre “ilazti” (nigromante) e “ilargi” (diosa luna, luz de los muertos), que nos remite a la idea de que estas prácticas deben realizarse bajo el auspicio de la reina de la noche, ya que ella guía a los difuntos en la oscuridad.

Dentro de los especialistas de la muerte debemos incluir también a la Andereserora o Serora, una peculiar figura sacerdotal femenina (presente en Euskal Herria hasta 1800) que se encargaba tradicionalmente de acompañar a la señora de la casa (“etxekoandre”) en la preparación del cadáver, atender el alma del difunto durante el velatorio y funeral, llevar las ofrendas destinadas a los difuntos, purificar la casa tras el enterramiento, sostener el proceso de duelo de la familia y participar en las ceremonias de aniversario de los fallecidos.  A ella solían sumarse mujeres rezadoras o errezadoriek que dirigían oraciones al muerto para facilitar su tránsito al otro mundo (esta actividad no estaba pagada, era una mera función social); otras vecinas que entonaban elegías (“iletariak”) durante la conducción del cadáver al cementerio; las plañideras asalariadas que iban llorando detrás del cuerpo (“erostariak”).

Adentrándonos en vías más tortuosas, toca abordar el tema de la brujería (“sorginkeria” o “beraginkeria”) como el máximo exponente de los oficios mágicos. En noviembre de 2016 escribí un artículo dedicado a la historia de la brujería en Euskal Herria, en el cual ya expliqué que el término “sorgin” (brujo/a) era una combinación de “sor/sors” (engendrar, fortuna) y “egin” (hacer), lo cual implicaba que se trataba de una criatura capaz de crear (y alterar) el destino. Según nuestra cosmología, el practicante de brujería tiene activada dentro de sí la energía de “adur” (mágica) que caracteriza a los seres sobrenaturales. Esto implica que, tras un proceso iniciático donde su esencia se transforma, deja de ser un/a mero/a mortal. Es más, en las leyendas, muchas veces se describe a los/as brujos/as como espíritus nocturnos de carácter maléfico, fantasmas o monstruos. No obstante, los rasgos y poderes atribuidos a los/as brujos/as vascos/as encajan más con los que tradicionalmente definirían a un ser feérico.

Lo que no comenté en aquella ocasión es que el primer texto preservado donde aparece la palabra “sorgin” (o sus variantes, “zorgin” y “xurgin”) data de 1256. Antes de esa fecha, existía un vocablo más primitivo para referirse a un practicante de brujería: “bedagin” (proveniente de “beda”/prohibición + “egin”/hacer), traducido como quien hace lo prohibido (alterar lo natural y sus leyes). La pregunta del millón es cómo se modifica lo que uno es por naturaleza. Mi conclusión es simple y, a la vez, compleja: pactando con poderes que se escapan de nuestra realidad ordinaria.

No es ninguna casualidad que existan términos específicos para diferenciar a un brujo (hombre) de una bruja (mujer), aunque luego haya otras palabras neutras como “sorgin” o “sorgintzaile” para referirse a cualquiera de los sexos. Curiosamente, dichos vocablos se refieren a espíritus del territorio: “intxixo”, derivación de “intxisu”, genio ruidoso y travieso que habita algunas cuevas y a veces se presenta con apariencia mitad humana y mitad bóvido; “gaizkigile”, procedente de “gaizkin/e”, espíritu con cabeza de ave ligado al sueño que podía causar pesadillas, terror, parálisis, enfermedades y desgracias; “ieltxu”, duende que puede tomar forma humanoide o de animal como un asno, un puerco o un pájaro que lanza fuego (ignis fatuus) y se dedica a aparecerse y desaparecer, confundiendo a los caminantes nocturnos y conduciéndolos a lugares peligrosos de los que no suelen regresar; “lamin/a” o criatura femenina con pies de ánade, patas de cabra, garras de rapaz o cola de pez.

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El vocabulario asociado a los/as “sorginak” también nos da muchas pistas de sus habilidades: “sorgin-ari” (espejismo o “glamour” propio de las hadas); “sorginde” o “soreztasun” (encantamiento, normalmente a través de la mirada); “sorgin-hitz” (palabra de brujo o palabra mágica): “hots-egite(llamada a espíritus o demonios dando voces); “gaizkots” (maldición enviando “gaizkin”); “gaiztetsi” (condenar, enviando una maldición de muerte o “balbeen”); “sorgin-ari” (“hilo de las brujas” o práctica mágica de tejer durante el solsticio de invierno que vincula simbólicamente el hilado y el destino como una red entrelazada de acontecimientos); “sorgin-marama” (muñeca encantada, que puede servir como recipiente de un servidor/fetiche o bien puede tratarse de una representación del individuo al que se quiere afectar); “sorgin-belar” (se utiliza de forma genérica para referirse a hierbas mágicas, pero particularmente al estramonio y la belladona); “sorginkeriaz sendatu” (curar con ensalmos o “xirmi-xarma”/”zirrizti-mirrizti” de manera rápida o inexplicable); “sorgin-harri” (puede traducirse como elixir o piedra filosofal); “sorgin-haize” (literalmente, viento de bruja y, figuradamente, remolino de viento, refiriéndose a la capacidad para alterar el clima y atraer tormentas); “sorgin-pitxi” (se dice de la mujer atractiva que encandila a los hombres con intenciones sexuales); “sormen” (creatividad).

Otras palabras formadas a partir de la raíz “sorgin” nos permiten describir algunos de los usos y costumbres de estos célebres personajes: “sorgin-egun” (viernes, día de encuentro de los/as brujos/as); “sorgin-taldea” (grupo de brujos o coventículo); “sorgin-batzarre” (reunión de brujos, mal denominada “akelarre”); “sorgin-obo” (círculo de brujos o formación adoptada para realizar rituales por los practicantes de brujería); “sorgin-etxea” (casa encantada o dolmen); “sorgin-buruzagi” o “sorgin-nagusi” (jefe o jefa de brujos, “magister” o “magistra”); “sorgin-afari” (festín de brujos, que describe una cena entre vecinos de varios caseríos, banquete organizado tras acabar los trabajos del lino o una fiesta de mozas que solía organizarse en carnaval y el día de Santa Águeda); “sorgin-zulo” (agujero por el cual salen o entran volando las brujas); “sorgin-kriseilu” (linterna mágica, que suele fabricarse con un brazo de “mairu” o miembro de persona no bautizada).

Como podemos comprobar, la realidad de un/a brujo/a entendido/a en un sentido folklórico tradicional dista bastante de las actividades de un/a herbolero/a, un/a curandero/a, un/a adivina o un hechicero/a. Hay muchas personas que no comprenden la profundidad mistérica de convertirse en “otra cosa”, no pudiendo volver a observar la realidad terrenal con ojos mortales ni poder interactuar con los elementos que la componen desde una lógica de causa-efecto. Una vez que se ha establecido un vínculo permanente con otros planos de existencia subjetivos y otras fuerzas, lo que nos rodea se vuelve mágico y cada una de nuestras acciones o inacciones tiene el potencial de modificar el devenir a diferentes niveles. Tomar conciencia de ese poder y esa responsabilidad, nos transforma y cambia el mundo.

Todo lo que tiene nombre, existe. Posee una denominación concreta por una buena razón. Pretender ser lo que no se es o pedirle a alguien/algo que se ajuste a nuestras necesidades egoístas, además de un engaño y un error, también puede concebirse como una ofensa.

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