Luzaideko mitologia eta folklorea

Luzaide-Valcarlos es una pequeña localidad fronteriza del Alto Pirineo Navarro con una extensión de 45 kilómetros cuadrados, poblada de robles, hayas, castaños, avellanos, cerezos, helechales, espinos y zarzas. Está conformada por 7 barrios: Gainekoleta/Gañekoleta (“ferrería de arriba”), Gaindola (“ferrería de Galindo”), Elizaldea (la zona de la iglesia, el ayuntamiento y otros edificios públicos), Bixkar (“loma”), Azoleta (entre el rincón de Aitzurre y el paraje de Lezta), Pekotxeta (“casas de abajo”, con tiendas locales) y las Ventas o Pertole (zona transfronteriza de comercio variado).

Los restos prehistóricos encontrados en el término municipal (Dolmen de Epersaro y Túmulo de Zubibeltzeko) atestiguan que fue un territorio habitado desde antiguo, tanto por la especie humana como por espíritus ancestrales. No obstante, su identidad propia empezó a forjarse a raíz de la legendaria Batalla de Errozabal o Roncesvalles (778) en la cual los vascones derrotaron al ejército de Carlomagno y cayó el famoso Roldán. En el s.IX, se convirtió en punto de paso de las peregrinaciones a Santiago de Compostela. En 1100, Fortún Sanz de Yarnoz donó al Monasterio de Leire los terrenos que ahora forman parte de Luzaide. En 1271, este monasterio vendió a la Colegiata de Roncesvalles dos casas-hospitales, junto a ermita de San Salvador de Ibañeta, que se ubicaban en Luzaide. Esto supuso el surgimiento histórico de la villa (aunque su denominación fue recogida en un documento anterior de 1234). En 1335, Luzaide pasó a tener 30 viviendas, a las cuales se sumaron 9 casas más por el reparto de tierras realizado por Don Felipe (lugarteniente del rey navarro) en 1342. En 1406, Carlos III promulgó un privilegio de permuta por el cual quedó desvinculado de Ultrapuertos y fue anexionado a la merindad de Sangüesa. En 1592, tras la caída del Reino de Navarra, dejó de ser gestionado por el Valle de Erro y se constituyó como ayuntamiento propio.

Otro de los sucesos que marcaron la historia de estas tierras, más allá de las diversas contiendas que se libraron en sus lindes, fue el proceso de brujería llevado a cabo en 1525 (4 años después de la Batalla de Noain). En aquel año, el Consejo Real de Castilla envió al Inquisidor Balanza a Luzaide y Orreaga para hacer averiguaciones sobre algunos/as vecinos/as de la zona. Entre los/as acusados/as, se encontraban Graciana de Ceztau, María Miguel Parnos y Peio, María Bordel, Martín de Lozouain, Graciana de Esnotz, María del Caballo Blanco, María la Serora (mal traducido como María la Abadesa), Mikela de Burguete, María de Garralda, Martín de Zaldaiz, Juana de Erro y Juan Navarro. Los/as acusados/as, sometidos/as a tortura y luego condenados/as a la hoguera (además de ser confiscados sus bienes), acabaron confesando ser los/as autores/as del asesinato de un niño de Erro, renegar de Dios y de la Virgen, subir por la chimenea para volar con sus escobas a diversos lugares donde se reunían a celebrar sus ceremonias herejes (descampado de Zaldaiz, Alto de Ibañeta, torre de Urkulu…), arrodillarse tras el macho cabrío y besarle el culo mientras ponían la mano izquierda sobre el pecho, retozar con mozos/as, usar ungüentos y ponzoñas.

En la confesión de Martín de Zaldaiz, éste menciona a una tal “Jurdana” (variante de Jordana) como autora de la conversión a brujo y que ésta le legó una cosa negra con forma de gato para que trabajase a su servicio. También contó que viajaban el viernes al “baztarre/batzarre” (asamblea de brujos/as), untándose un ungüento hecho con sapos desollados y corazones de niños. Dicho ungüento se lo aplicaban con el dedo “mendigual” de la mano izquierda en el pie izquierdo, la rodilla izquierda, en el lado izquierdo del pecho, en la mejilla izquierda y en la mano izquierda. Asimismo, afirmaba que el Demonio les ordenaba que hiciesen todo el mal que pudieran: echar veneno a panes y pastos, matar a niños estando tumbados/as sus camas, etc Por último, citó que el Diablo les daba dinero que luego se acababa convirtiendo en carbón. Por su parte, Juana de Erro fue encontrada con hierbas como la belladona y botes de ungüento verdoso (hecho con romero). Ésta añadió que también se celebraran juntas de brujos/as entre Villava y la Magdalena. Miguela/Mikela agregó que había visto a sus compañeras cabalgando sobre caballos blancos (¿Ireluak?) con “grandes músicas de rebeques” y “cantando de modo peregrino”.

En 1575 tuvo lugar un nuevo proceso en el cual intercedieron el alcalde de Espinal y los monjes de Roncesvalles. Gracias a la defensa de estas personalidades, la mayoría de los/as acusados/as fueron absueltos/as y la pena más alta fue un destierro de 10 años para Graziana de Loizu.

Estos sucesos y los relatos derivados de ellos tuvieron una fuerte resonancia en el imaginario colectivo de la comunidad. En dichos relatos, encontramos una fusión de creencias populares con visiones sabáticas deformadas por la mentalidad puritana de la época.

Revisando textos de Satrústegui, Barandiarán, Caro Baroja, Pío Baroja, J.M. de Goizueta, A. Chaho y O. de Marliave, podemos reconstruir la mitología propia de tierras valcarlinas y darle un sentido a su visión particular sobre la brujería, sus creencias de carácter pagano y prácticas sincréticas basadas en el folklore popular.

El primer enclave destacado de la zona es el pico de Anie en la montaña de Auñamendi, ubicada en los Pirineos Atlánticos (existe la comarca navarra con el mismo nombre formada por 6 valles, entre ellos Valcarlos). Auñamendi (2507m) suele traducirse como “monte del cabrito”, aunque el término “Ahuña” también podría referirse al viento del Este (punto en el que está situado el lugar). Se trata de un conglomerado de rocas blanquecinas, con aire ruinoso, que contrasta con el verdor oscuro de los abetos negros del bosque de Isseaux. El pico de Anie ejerce de centinela de los valles colindantes y gobierna las aldeas de Lescun (Francia) y Larra (Navarra). Según Taine y Barandiarán, allí habita una divinidad femenina de fuerte carácter y con poder para convocar tempestades a la que llaman “Yona Gorri” por su vestimenta de color rojo fuego. Este es uno de los sobrenombres por los cuales se conoce a Mari en la zona, seguramente por su vinculación con las mariquitas como animal sagrado (“izaki donea”). A la “marigorri” o mariquita se la denomina “amadre gona-gorri” o “abuela de la falda roja” (además de Vaquita de San Antón). Según la creencia popular, para predecir el tiempo, hay que colocarla en el dedo índice y decirle: “Mari gorri, gona gorri, Bihar euzki ala ebi?“. Si vuela, saldrá el sol y hará buen día; si se queda, es señal de lluvia. En caso de que se desee pedir sol, debe recitarse la fórmula: “Amandre gona gorri, bihar eguzki”.

Los lugareños saben que Yona Gorri no gusta de visitas intrusivas y ven con malos ojos que los turistas o forasteros entren en su morada sin el debido respeto, pues su manera de mostrar descontento es enviar violentas tormentas de granizo. Asimismo, cualquier agravio hacia una mariquita, se percibe como una transgresión.

Chaho y, más tarde, Pío Baroja, recogen una segunda leyenda sobre la montaña de Auñamendi, donde se cree que vive un hada benéfica llamada Maithagarri o Maitagarri dentro de un magnífico palacio con jardines mágicos. Dicho ser feérico se enamoró y mantuvo una relación con el apuesto pastor Luzaide. Aquí vale la pena que nos detengamos a analizar la etimología de Maitagarri. El término, recogido en Euskaltzandia, documenta el vocablo en el S. XVII como un adjetivo que significa “digna de ser amada” y generalizado como “encantadora”, “cariñosa”, “llena de amor”. Asimismo, como sustantivo, la variante “maitegarri” se usa para referirse al ser amado o a una cosa deseada. José Dueso usa, posteriormente, este mismo término para referirse de forma genérica a las lamias.

Por su parte, Marliave da cuenta de la existencia de Jauna Gorri (Señor Rojo), a quien describe como un genio montañés con una vinculación solar que gobierna el Pico de Anie y desencadena tormentas en Aspe, Roncal y Belagua. El autor señala que esta entidad posee un jardín con plantas de inmortalidad. Si se recogen las hierbas de la vertiente gascona del monte, se puede fabricar un licor que da una fuerza sobrehumana capaz de derrotar a los “basajauns” o “peluts”, guardianes de los tesoros de Jauna Gorri, escondidos en las cavernas de Lapiaz. La interpretación de Marliave apunta a que Jauna Gorri sería una representación del macho cabrío o Akerbeltz como consorte de Mari o Yona Gorri. Posteriormente, el cabrón fue demonizado y pasó a convertirse en un avatar del Diablo (Etsai).

Así pues, Auñamendi se acabó transformando en un lugar “maldito”, donde se creía que las brujas iban a celebrar sus reuniones. J.M. de Goizueta, en sus “Leyendas vascongadas”, recoge una imagen onírica similar a la de las cabalgatas nocturnas de otros lugares de Europa, donde describe a un cortejo de damas blancas que bien podrían ser lamias, difuntas o bellas mujeres que se han desdoblado de sus cuerpos: “envueltas en la neblina producida por los vapores que salían del agua, vio aparecer hasta una docena de doncellas sin par hermosura, coronadas las frentes de rosas azules, cubiertos sus aéreos cuerpos con vestimentas talares de gasas blancas como la nieve: estrellas de pálido brillo adornaban el centro de sus coronas de flores. Eleváronse pausadamente sobre la superficie del agua; y asiéndose de las manos, prosiguieron cantando la música extraña que tanto había llamado la atención del caballero. Todos aquellos rostros estaban pálidos, los ojos medio cerrados y velados por luengas pestañas, y los cabellos abundantes, sueltos sobre sus espaldas alabastrinas…”

En esta parte de la geografía pirenaica es especialmente patente el difuso límite entre Mari y las Lamiak, así como la asimilación de las lamias a las brujas o viceversa. La primera evidencia la encontramos en la sima de “Leizegorria” (la cueva roja) en el barrio de Azoleta, más arriba del caserío Argina. Según los vecinos, se considera que es una caverna de “mal agüero” por el carácter irritable de las lamias que habitan allí (similar al que atribuyen a “Yona Gorri”). Satrústegui recogió el testimonio de un informante valcarlino que contaba que una vez metieron a un perro por el agujero y el animal salió junto al Molino de Ferrán que encuentra cerca de Casa París. El Etxejaun de uno de los caseríos de la zona me contó que hay una fuente junto a la cueva, pero que no se debe beber el agua porque no es buena para consumo humano.

Casa París es otro de los enclaves míticos de Luzaide vinculados a las lamias (Laminak o Lamiñak), a las cuales se describe con pies de pato (o garras de ave), peinándose con su carda dorada al lado del fuego e hilando con el huso. Los vecinos relataban que solían tener predilección por las ovejas negras. Una de estas lamias era pedigüeña y solía bajar cada noche por la chimenea para reclamar comida a la Etxekoandre. Catalina Camino del Caserío Buruxuri (1957) contó a Satrústegui que la dueña solía quedarse todas las noches hilando en cocina. Las lamias le solicitaban insistentemente “urin-brox” (migas fritas con manteca). El marido, cansado de que las migas se esfumasen, decidió disfrazarse de su mujer y ponerse a hilar con la sartén en la mano. Una de las lamias se acercó y le dijo sospechando: “anoche hilabas “firrin-firrin” (fino, suave) y hoy “furrun-furrun(torpemente). ¿Cómo te llamas?”. El hombre contestó: “Neronek-neure-buru” (yo-a mí misma, en el dialecto bajonavarro de Baigorri). La lamia se quedó en bucle repitiendo lo mismo, ocasión que aprovechó el dueño para tirarle el contenido hirviendo por encima. La lamia salió del hogar gritando enfurecida. A su regreso, las compañeras le preguntaron: “¿Quién te ha hecho esto?”. Ella contestó: “yo a mí misma”. Las otras respondieron: “Si tú te has hecho a ti misma, ¿qué vas a hacer a nadie?” De ahí que las lamias no regresaran a Casa París.

Otro punto donde solían rondar las lamias era el peñón que había junto al Caserío Bordel, al lado de la carretera que baja del Alto de Ibañeta. Se cree que vivían debajo de la roca y el níspero que allí había servía como chimenea de su morada subterránea (del árbol salía “humo” en las mañanas más frías del año). Se cuenta que una de ellas perdió un broche de oro en el trayecto de regreso del caserío Kiteria de Gañekoleta. La lamia regresó a dicho lugar a pedirle a la dueña que se lo devolviera, pero ésta insistía en que no lo tenía. Pensando que le ocultaba la verdad, llamó a sus compañeras y cubrieron de piedras los campos del caserío. Los miembros de la casa acudieron al párroco para pedir ayuda. Éste conjuró a las lamias y las confinó durante 200 años debajo del peñón, sin que pudieran salir (curiosa esta condena del sacerdote, sabiendo que María Bordel fue acusada de brujería). Durante las obras de acondicionamiento de la carretera, las excavadoras y la dinamita hicieron desaparecer la mítica roca a principios de los años 70. A pesar de ello, aún se mantiene la prohibición de no coger ningún broche ni ningún peine del suelo, por si es propiedad de una lamia.

Otros testimonios narran que existía otra lamia en Pekotxeta, con un carácter más sociable y juguetón. Solía vestir de azul y sentarse sobre el yugo del ganado mientras los vecinos estaban arando. El pan blanco recién horneado era su manjar preciado. Este tipo de ofrenda es mencionada en otra historia de un vecino del Bixkar (1959). Éste relataba que cuando vivía la gente del bosque (lamias), una de ellas se acercó a una mujer del barrio para que asistiera a una de sus compañeras que estaba enferma. La vecina accedió a tratarla y fue convidada a cenar bajo la prohibición de que no se llevaría comida ni ningún otro objeto de su morada. La señora cogió un pedacito del pan de las lamias. Ellas se apercibieron y le reclamaron que dejara el pan si no quería ser arrojada al agua (morir ahogada). La vecina tiró el pan y la dejaron en paz.

Por otro lado, hay historias que aseguran que determinadas personas eran lamias (¿o deberíamos decir brujas?). Carmen Goñi de Gañekoleta (1958) contó que se decía que la dueña de Lasarra-Zaharra era lamia. Una noche, un vecino del barrio que regresaba a casa, se encontró un gato en la fuente de Boloki. Se santiguó asustado y le dio un garrotazo al animal. Al día siguiente, la señora de Lasarra apareció muerta. Otra versión, facilitada por otros vecinos de Gañekoleta, afirmaba que la dueña del caserío Martinenea era lamia. En una ocasión, el difunto señor de Atxua, notó que un gato negro le seguía por el camino de regreso de la feria de Burguete. Se metió por el sendero de Casa Doray y en el collado de Muno le asestó un tremendo golpetazo con un palo. Al día siguiente, encontraron muerta sobre la chapa del fogón a la dueña del citado caserío.

Otro aspecto a destacar de la mitología local es la presencia de criaturas nocturnas como Inguma (o Mahuma), los Gaizkiñek, o los cambia-formas. Curiosamente, a las “laminak” a veces se las asocia con el “gizotso” u hombre lobo. A las “sorginak” también se las describe muchas veces como animales negros que aparecen en cruces de caminos o junto a fuentes (normalmente gatos, pero también perros, ovejas, asnos, etc), como luces en la noche que te persiguen y te agreden o metiendo espíritus o servidores en las almohadas para provocar pesadillas o enfermedades. A todas las criaturas nocturnas, lamias y brujas incluidas, las detiene el canto del gallo al amanecer, además del “eguzkilore” (flor de sol) que se coloca en las puertas de las casas como amuleto de protección. Igualmente, se cree que, si el gallo canta a medianoche, hay brujas o espíritus acechando y se debe evitar que cante 3 veces para aplacar su influjo maléfico (matándolo si es preciso).

En un viejo pasquín encontrado en Luzaide (Gure Almanaka), se dibujaba así a las lamias: “eran una especie de hombres-lobo (Gizotso), medio persona, medio bruja, que vinieron aquí hace 200 siglos. Durante el día se ocultaban en cavidades rocosas y, por la noche, andaban volando a modo de almas errantes con sábanas blancas y rojas, silbando en medio de una horrible algarabía”. La diferencia que Satrústegui establece entre lamias y brujas es que las primeras eran criaturas extrañas, pasivas, que habitaban en cavidades fuera del vecindario, ajenas a cualquier culto y que se valían de sus encantos para trabar amistad, encandilar a los hombres o solicitar asistencia de parteras o curanderas; en cambio, las segundas, son personas bautizadas que reniegan de Dios, practicantes de ritos satánicos y causantes activas de males físicos y morales a personas y bienes.

Inguma (localmente conocido como Mahuma, Mamuzar o Mamua) es otro de esos genios nocturnos que es tan temido como las “sorginak” (brujas). Se cuenta que vive en un refugio abierto en la roca en el barrio de Gañekoleta llamado “Mamu-xilo”. Esta criatura suele colocarse sobre el pecho de los durmientes y atormenta a sus víctimas con pesadillas, sentimientos de miedo y angustia, sensación de opresión en el pecho y falta de aire, agarrotamiento o parálisis durante el sueño, pellizcos o cardenales en el cuerpo, agotamiento, estados depresivos y neutralización de las capacidades de las personas. Algunos de estos mismos daños son atribuidos a las brujas. Para evitar estos ataques, se recitaba una plegaria a San Andrés (sincretismo con Amets, sueño): “San Andres, barda ein dut amets, zurez eta neunez. Yinkoa ta Andre dena Maria, har nazazie zien hunez. Amen.” En el caso valcarlino, debemos subrayar una relación entre Mahuma y el profeta Mahoma, apreciándose una tensión mítico-histórica con los musulmanes como población hereje.

Algo parecido sucede con la figura del Judu Erratia, Juif Errant o Judío Errante. Este personaje es un anciano con barba blanca y vestido de harapos negros que no dejaba de vagar por los montes y que se aparecía una vez cada 100 años, llevándose a los niños y sus respectivas almas. Fue citado por primera vez en 1228 por el monje benedictino Matthieu Paris del Monasterio de Saint Albans. No obstante, la leyenda empezó a popularizarse durante el s. XVI. Se trata de una variante clara del mito de Ehiztari Beltza o el Cazador Maldito (natural en un entorno de caza como el de Luzaide) que fue deformada por el desprecio hacia la comunidad judía, que tenía una notable presencia en la cercana Bayona por su control sobre el comercio del chocolate (tan apreciado en Valcarlos). Así, el Judu Erratia pasó a convertirse en el típico “hombre del saco” con atributos saturninos. La existencia de algunas estelas funerarias en el cementerio de Luzaide donde puede apreciarse la estrella de David sugieren que, efectivamente, hubo (y quizás siguen existiendo) vecinos/as judíos/s, hecho que no es de extrañar dado su carácter fronterizo.

Otra de las criaturas terribles que atemorizaba a la población era Herensuge, la gran serpiente o dragón de siete cabezas que raptaba doncellas y se alimentaba de ellas (comportamiento que también se atribuye a Gaueko, representación de la noche). Las historias populares relatan que habitaba en la sima de Xiximurru, que sitúan en la Selva de Irati (en el vecino Valle de Aezkoa). En relación a este númen, que aparece en forma de culebra, se han conservado varias creencias y ritos. En primer lugar, se dice que tiene predilección por la leche de las mujeres lactantes y para evitar que se alimente de ellas y les pique, se debe recitar “Adam eta Eva”, echando ceniza de la chimenea y cortando con una guadaña. Si se ve a un lagarto muerto o una serpiente muerta, está prohibido pronunciar “hil dut” o “kalitu dut”. Hay que hacer tres cruces con la lengua sobre una piedra y besarla tres veces.

Entre los monstruos locales debemos incluir a Tartalo, nuestro cíclope autóctono. Una leyenda narra que un pastor que iba a cuidar de su rebaño se encontró con Tartalo e intentó engañarle para no ser devorado. Después le metió un pincho en el ojo para cegarlo y escapar. Con el fin de que no pudiera rastrearlo durante la persecución, le tiró un dedo en dirección a un barranco para que se precipitase en él.

La contrapartida benéfica de Tartalo es el Basajaun o Señor del Bosque. Este ser es descrito como un gigante peludo y forzudo, con un pie de cabra o pata en forma de kaiku. Los vecinos de Luzaide creen que vive en la cueva de Mailuxe o Mailuze (barrio de Azoleta) junto a su mujer la Basandere y que la gruta comunica mágicamente con Donibane Garazi (o Saint-Jean-de-Pied-de-Port). Por propia experiencia diría que se pasea por el Dolmen de Epersaro con algún otro Jentil. El Basajaun tiene un comportamiento claramente protector hacia los humanos, ayudándoles a cuidar a sus rebaños de los ataques de lobos (u otros depredadores) y vigilando para que nada malo les suceda a sus propietarios. Si detecta algún peligro o necesita algo, se comunica por señas o silbidos. Una vieja leyenda, también presente en Aezkoa, narra que el Basajaun se enamoró de una pastora de Saint-Étienne-de-Baïgorry (Valle de los Aldudes, Francia) que quedó embarazada del númen. La Basandere, celosa, la metió en un tronco estando preñada y tanto la madre como el bebé fallecieron.

Otra leyenda aezkoana, pero que tiene resonancia en Luzaide, es la de un “hombre-oso” llamado Unai. Se trataba de una criatura grande y peluda, con apariencia humanoide y rasgos de oso que habitaba en la Selva de Irati. Según cuenta la historia popular, una moza de Mendibe que iba camino de Otsagabia, fue raptada por un oso y quedó encinta. El oso la retuvo en su cueva hasta que consiguió escapar junto a Unai cuando éste tenía 6 años. Al principio, los lugareños miraban con recelo al niño por su fealdad y fuerza descomunal, pero finalmente fue aceptado y se convirtió en el mejor pastor de vacas del lugar. ¿Podría ser Unai el mismo Basajaun de Luzaide en una versión más humanizada que, a su vez, recoge el folklore de los cambia-formas autóctonos? Uno de los disfraces del carnaval valcarlino que consiste en un conjunto de pieles rodeadas por enredaderas o zarzas nos da algunas pistas.

El hombre-lobo de Luzaide, al igual que el Basajaun, comparten una fortaleza extraordinaria, además de una pierna redondeada en forma de kaiku. Durante la noche de San Juan, se dice que hay un momento en el que las piedras se convierten en pan y las aguas en vino. Quien presencie ese instante y lo integre como un misterio, alcanzará la prosperidad y felicidad de por vida. En cambio, si no logra aprehenderlo, será condenado a la maldición del Gizotso. Recapitulando, hay dos formas de convertirse en hombre-lobo en estas tierras, siendo lamia o medio lamia (que es sinónimo de bruja, en muchos casos), o ser testigo de un secreto mágico sin merecerlo. A esta podríamos añadir una tercera, que es cruzándose con un lobo o loba (el último lobo desapareció de Luzaide en 1928).

Ante semejante bestiario, los valcarlinos necesitaban aliarse con poderes que pudieran contrarrestar los horrores y peligros de la noche. El mayor de ellos, después de Mari o Maitagarri (si estaba de buenas), era la fuerza de la diosa sol: Eguzki o Iruzki (en el dialecto local). Satrústegui, Barandiarán e Iribarren aportan evidencias del arraigo del culto a este númen en la zona. Satrústegui recogió varias fórmulas para saludarla al amanecer y despedirse al atardecer:

“O Iruzki Saindia, eman zahuzu biziko eta hileko argia” (Santa Sol, danos luz de vida y muerte)

Iruzki Saindia, irudi ziin zipirtaka!” (Santa Sol, imagen resplandeciente)

Adio Iruzki Saindia! Bihar artio!” (Adiós, Santa Sol, hasta mañana)

Bihar artio Joanes, zauri bihar muga onez! (Adiós Juan, ven mañana con buena suerte)

Por su parte, Iribarren refirió el caso de un baserritarra de Luzaide que acostumbraba cada año a recibir al sol durante el Solsticio de Verano, arrodillado en el campo y haciendo gestos de adoración hacia el cielo. También se tiene constancia de que las mujeres de la localidad mantenían la costumbre de ofrecer tortas de harina de maíz (talos) a Iruzki en el s.XX. Asimismo, el fuego como representación del sol tenía un gran poder. Antes de acostarse, la señora de la casa cubría el fuego con ceniza y recitaba ciertas fórmulas para que no se apagase ni ocurriese nada malo. La chimenea era un lugar para dejar ofrendas y también para arrojar los dientes de leche de los niños mientras se decía “oizu zaharra eta ekatzu berria” (llévate lo viejo y trae lo nuevo) con el fin de asegurar su protección.

Adicionalmente, se ha de considerar que las festividades más señaladas en el calendario tradicional de Luzaide eran de índole solar: el Solsticio de Invierno, la Candelaria, la Cruz de Mayo y el Solsticio de Verano. En el Solsticio de Invierno, se quemaba el “gabonzuzi” y se guardaba su ceniza para fabricar talismanes (con el tiempo se sustituyó por la ceniza del Miércoles Santo o Miércoles de ceniza). Igualmente, se hacía la bendición sobre el pan. En la Candelaria, la Etxekoandre encendía una vela especial bendecida en la iglesia y daba tres vueltas alrededor de otro miembro de la familia que permanecía arrodillado. Luego derramaba tres gotas de cera sobre el hombro o sobre el cabello. Podía repetir este rito en otros lugares de la casa, en los campos o sobre el ganado (principalmente sobre las ovejas). En la Cruz de Mayo, se hacían cruces con las ramas de laurel a las que se añadían tres puñados de sal para protegerse contra las tormentas. En San Juan también se fabricaban enramadas o cruces protectoras con laurel y espino blanco. En esa fecha, se solía colocar a las gallinas bajo una rama de laurel cruzada con una hoz para que incubasen los huevos. Otra forma de protección particular para el ganado era confeccionar un amuleto con un cencerro, una rama de laurel bendecida, cera de las velas de la Candelaria y un hueso de una pieza de caza bendecida para hacer pasar a los animales bajo él.

Otras supersticiones que dieron lugar a otros actos de magia folklórica son:

-La creencia de que el mes que entraba en viernes sería malo.

– No cambiar de borda o terreno a los animales en viernes.

– No cortar las uñas ni el pelo en día con R.

Recordemos que el viernes era el día de Mari y el momento en que tradicionalmente los/as brujos/as se reunían para celebrar sus juntas o asambleas.

Próximamente, me gustaría detenerme a profundizar en el simbolismo del folklore vegetal de Luzaide, comparándolo con el de otros valles vecinos. De todos modos, os animo a leer la bibliografía consultada para profundizar en los aspectos tratados en este artículo.

 

*Agradecimiento personal a David Mariezkurrena por sus aportaciones durante la conferencia sobre “Mitos y leyendas en la tradición oral de Luzaide” impartida como parte del Curso de Antropología Cultural y Etnografía (Aranzadi). También a Juantxo Irisarri por la foto del carnaval de Valcarlos (el blog de las danzas de Luzaide está reseñado más abajo).

 

Bibliografía, webgrafía y fotografías

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https://www.abebooks.com/first-edition/L%C3%A9gende-Juif-errant-compositions-dessins-Gustave/22021361217/bd

 

 

 

 

 

Luzaideko Antropologia Kulturala-Etnografia Ikastaroa

La Sociedad de Ciencias Aranzadi (Aranzadi Zientzia Elkartea), en colaboración con el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide, desarrolló un Curso Práctico de Antropología Cultural y Etnografía con un completo programa de actividades en este municipio del Pirineo Navarro durante la segunda quincena de junio, en el que tuve el honor de participar.

Para quienes no conozcan la historia y trayectoria de Aranzadi, es preciso comentar que esta institución sin ánimo de lucro se fundó en 1947 tras la supresión de la Sociedad de Estudios Vascos durante el franquismo. Su intención era y sigue siendo continuar la labor de investigación del medio natural y humano en Euskal Herria. Su nombre toma el apellido de uno de sus fundadores y miembros más ilustres: el antropólogo, etnólogo, botánico y zoólogo Telésforo de Aranzadi Unamuno (1860-1945). Este personaje dirigió la primera campaña de excavaciones en los dólmenes de Aralar junto a José Miguel de Barandiarán y Enrique Eguren entre los años 20 y 30. Antes del estallido de la Guerra Civil Española, se unió a este primer equipo Julio Caro Baroja. Posteriormente, personalidades de distintas disciplinas y ámbitos de la cultura se convirtieron en miembros destacados, como es el caso de Jesús Elósegi, Eduardo Chillida, Manuel Laborde, Joaquín Gómez de Llarena, Ramón Margalef o Félix Rodríguez de la Fuente, entre otros. En la actualidad cuenta con unos 1700 socios y 14 departamentos. Entre sus publicaciones periódicas destacan las revistas Aranzadiana y Munibe.

La formación que tuvo lugar en Luzaide fue inspirada por un proyecto pionero de investigación y preservación del patrimonio etnográfico denominado “Zaharkiñak”, dirigido por Fermín Leizaola, Director del Departamento de Etnografía de Aranzadi y discípulo del Aita Barandiarán. Dicho proyecto fue iniciado en Andoáin en 1989 con el apoyo económico de la Diputación Foral de Guipúzcoa y la colaboración del Ayuntamiento y los vecinos del municipio. Consistía en la cesión temporal de objetos privados antiguos sacados de caseríos, bordas, talleres y astilleros con el fin de registrar, restaurar y dar a conocer elementos pertenecientes a modos de vida y costumbres extintas o en vías de desaparición.

Esta iniciativa tuvo 17 ediciones posteriores en diferentes localidades de la geografía vasca, en las cuales se realizaron exposiciones temporales in-situ como una alternativa a la musealización tradicional. Gracias a ella se catalogaron e investigaron amplias colecciones de objetos (más de 25.000 piezas). No obstante, lo más valioso fue conseguir la sensibilización de la comunidad hacia la riqueza de su legado histórico y la necesidad de preservarlo, la puesta en valor de sus rasgos identitarios como pueblo para que fueran transmitidos a las siguientes generaciones, así como su implicación activa en la dinamización cultural y civil en espacios públicos. Otro de los aspectos destacables del proyecto es que, durante el proceso de recogida y documentación de las piezas, se registraban los nombres de las mismas en la lengua vernacular del lugar, así como las historias ligadas a cada una, lo cual permitía refrescar y conservar el vocabulario autóctono junto a sus usos y significados (ver más aquí: https://www.ankulegi.org/wp-content/uploads/2012/03/0312Leizaola.pdf) .

Partiendo de los mismos fundamentos y nutriéndose de la experiencia de Leizaola, Suberri Matelo Mitxelena, miembro activo del Departamento de Arqueología de Aranzadi y colaborador del Departamento de Etnografía, tomó la iniciativa de diseñar y coordinar un nuevo proyecto de “recuperación patrimonial” y “concienciación comunitaria” en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide, contando con la financiación de un Programa de Desarrollo Rural. Dicho proyecto podríamos dividirlo en dos estadios: la organización de un curso práctico de antropología cultural y etnografía con trabajo tutorizado de campo, complementado con charlas teóricas impartidas por expertos de diversas instituciones y visitas culturales guiadas por miembros representativos de Aranzadi; una exposición de los objetos vinculados al patrimonio de la localidad que tendrá lugar en el edificio que sirvió como antigua Casa de las Monjas y escuela infantil.

El domingo 17 de junio la mayor parte del grupo nos encontramos en la plaza del pueblo y seguidamente nos instalamos en una de las habitaciones del albergue de peregrinos, la cual fue reservada amablemente por el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide para nuestro hospedaje. Posteriormente, comimos en el restaurante Ardandegia, propiedad de Fernando Alzón, alcalde de la localidad y excelente cocinero. Allí tuvimos espacio para charlar distendidamente mientras degustábamos la exquisita comida casera de nuestro anfitrión. A su vez, tuvimos ocasión de conocer con más detalle de los entresijos de las labores que íbamos a realizar en los días siguientes. Por la tarde, una de nuestras compañeras, Nuria, valcarlina de nacimiento, nos llevó a dar un paseo por el pueblo para irnos familiarizando con sus rincones, las familias vinculadas a cada casa y las actividades económicas del lugar, mientras nos contaba historias de su infancia y juventud. A las 19h Suberri inauguró oficinalmente el curso con la presentación pública del proyecto en la sede del Ayuntamiento.

El lunes 18 de junio a las 9h nos reunimos con el resto de compañeras/os en la sede de la asociación Argiola (cedida por el Ayuntamiento) a fin de que todas/os estuviésemos convenientemente informadas/os de los objetivos del proyecto, las tareas a desarrollar y los procedimientos vinculados al trabajo de campo. Tras la reunión, acudimos a casa de la concejala Elena Goñi, que fue nuestra primera colaboradora, además de nuestra madrina y enlace diplomático para gestionar las relaciones con los vecinos/as voluntarios/as que abrieron las puertas de sus casas para nosotros/as y aportaron objetos significativos de la historia de su familia y su pueblo.

En nuestra primera recogida de datos y piezas trabajamos en parejas para rellenar los distintos campos de las fichas de catalogación de piezas. También tomamos fotografías de los objetos y filmamos, con el consentimiento de la participante, parte del proceso y de las narraciones que surgieron de cada uno de ellos. Al final de la visita, se entregó el correspondiente documento de cesión en el que se indicaba el listado de las piezas recogidas para su estudio y restauración, así como las cláusulas donde se estipulaba que los/as propietarios/as podrán solicitar en cualquier momento el retorno de estas. Después procedimos al traslado de las mismas al local de Argiola y el resto de la jornada la dedicamos a afianzar el sistema de catalogación y a tomar contacto con el software informático para digitalizar las fichas en papel.

El rato de descanso que tuvimos antes de la primera ponencia algunas lo dedicamos a dar un refrescante paseo por el bosque hasta llegar a uno de los caseríos que se encuentran antes de tomar el camino al paso canadiense. Como no conocíamos el sendero, pedimos asistencia a un mozo que estaba alimentado a sus ovejas. Nuria, muy resuelta, preguntó al joven el nombre de la casa y recordó que conocía a la familia. Finalmente, la Etxekoandre salió del caserío y nos invitó a pasar, mostrándonos los bellos rincones de su hogar. Le pusimos al tanto de nuestra labor en el pueblo y estuvimos charlando animadamente. A nuestro regreso, presenciamos el entierro de uno de los vecinos en el cementerio local y escuchamos los melodiosos cantos del coro de hombres que acompañaban al cortejo que le estaba dando sepultura.

A las 19h David Mariezkurrena, Director de la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nos deleitó con una conferencia sobre “Mitos y leyendas en la tradición oral de Luzaide”, donde hizo mención a los trabajos precursores en esta materia de Resurrección Mª de Azkue (Fundador de la Real Academia de la Lengua Vasca y miembro de la Sociedad de Estudios Vascos) y José Mª Satrústegui (antropólogo, etnógrafo y sacerdote de Luzaide durante más de una década), así como a la pervivencia de algunas leyendas sobre Mari, Herensuge, las Lamiak, el Basajaun, Tartalo, Inguma, las Sorginak, el Judu Erratia (Judío Errante) o animales que se consideran sagrados (abejas, mariposas, mariquitas, arañas, cuco, gallo…) o maléficos (lagarto, serpiente, gatos, perros aulladores…). Asimismo, se mencionaron algunos ritos de folklore popular llevados a cabo en fechas señaladas como la Candelaria, la Cruz de Mayo, San Juan, el Día de Todos los Santos o el Solsticio de Invierno. En el próximo artículo, me gustaría abordar con más detenimiento este tema, partiendo de las notas tomadas en la charla y de los textos de los autores mencionados, por la relevancia que tienen aún hoy estas creencias en la mentalidad de algunos vecinos/as mayores que se enorgullecen de que su Etxea se encuentre junto a una de esas moradas mágicas o conservan la memoria de esos relatos para poder transmitirlos a generaciones futuras.

El segundo día de trabajo de campo fue intenso pero muy gratificante. Varias vecinas y vecinos del barrio de Gañekoleta mostraron una entusiasta colaboración e incluso nos recompensaron con un gentil refrigerio. Para mí quedará el recuerdo de esos magníficos hogares, con suelos de madera de roble, amplias chimeneas adornadas con pucheros antiguos que ahora sirven de jarrones y hermosas piezas de cobre amarillo, el mobiliario rústico tradicional de la zona y los “sabaiaos” llenos de tesoros dormidos a la espera de ser rescatados. Debo confesar que quedé gratamente asombrada del mimo con el cual conservaban algunos de esos objetos y de algunos de los relatos personales que emanaron de ellos. Incluso surgió naturalmente una referencia a una aparición de un difunto hace un par de años que me resultó fascinante, siendo una entusiasta de estos temas que escapan a la realidad ordinaria.

Aquella tarde, una vez finalizados los trabajos, volvimos a visitar el barrio ya que nos hablaron de la posibilidad de bañarnos en una regata que hay al otro lado de una cueva. Personalmente tenía una especial curiosidad por el lugar porque David Mariezkurrena había hecho referencia a relatos que mencionaban manifestaciones de un númen en esa zona. Solo puedo decir que el lugar era una delicia y que efectivamente sentí una vibración especial allí, además de apreciar ciertas señales que no escapan a los ojos de aquellas que vemos más allá de lo evidente.

A las 19h Xabier Kerexeta, historiador y etnógrafo al que vengo siguiendo desde hace un tiempo a través de su blog “Kalegoi”, realizó una interesante exposición sobre “Microterritorios transfronterizos”, diferenciando las unidades administrativas religiosas de los municipios civiles y poniendo distintos ejemplos de la gestión y convivencia de lugares fronterizos como Luzaide- Arneguy, Irún-Hendaya, Roncal-Baretous, Xareta (Zugarramurdi, Sara, Ainhoa, Urdazubi), Baztán-Baigorri, Aran-Pallars Sobirá o Andorra.

El tercer día estuvimos trabajando con tesón en el barrio de Azoleta, donde sus vecinos/as nos trataron con la misma hospitalidad y buena disposición que veníamos recibiendo desde el primer momento. El Etxejaun y la Etxekoandre de una de esas casas que sirven de frontera a uno de los enclaves míticos de la zona fueron especialmente atentos con nosotros. Ambos, en distinta medida, me ayudaron a profundizar en el simbolismo y sentido de ciertas manifestaciones del folclore popular como las cruces de laurel, el sonido de las distintas tipologías de cencerros, el uso de las velas y su cera que son bendecidos el día de la Candelaria, la plantación de ciertos árboles y plantas junto a la casa así como la evitación de otras especies vegetales, la utilización de las aguas de distintas fuentes y los rituales funerarios propios del municipio.

En la primera parte de la tarde, estuvimos etiquetando y limpiando algunas piezas. En la segunda parte de la tarde, asistimos a la primera de las conferencias que Fermín Leizaola impartió como contenido teórico del curso y que versó sobre la cocina tradicional con su equipamiento. En ella habló de la evolución del centro del hogar a lo largo de la historia, desde el fogón bajo (“bekosue” o “sukileku”), pasando por la chimenea pirenaica o de tambor fálico, continuando con la cocina con escaño o “zizailu” abatible, siguiendo con la cocina económica, hasta llegar a la moderna cocina de inducción. Entre los objetos destacados, no podía faltar la “laratza” o cadena del “llar”, la “neskatua” o criada (soporte de hierro), el “suburni” o pieza de metal para apoyar los troncos, el “auzpoa” o fuelle, el “suondoko” o sujeta-pucheros, la “pertxa” o caldero de cobre, la “ferreta” o contenedor de agua de boca, el “kriseiu” o candil de aceite, los candelabros con “ascensor” o el “motrailu” (almirez). También mencionó algunas técnicas de lavado de la ropa como la “lisibación”, utilizando un lienzo de lino y ceniza apagada (o “sosa le blanc”) y mostró varias planchas de carbón. Si queréis conocer estos objetos en vivo y en directo, os recomiendo que estéis pendientes de las publicaciones web de Aranzadi a partir de septiembre (fecha prevista de la inauguración de la exposición en la Seroren Etxea o Casa de las Monjas). De todos modos, procuraré manteneros informados a través de las noticias del blog.

Desde la tarde del miércoles hasta la tarde del sábado tuvimos el gran privilegio de contar con Fermín Leizaola como tutor del grupo de 11 alumnas/os, además de que ejerciera de conferenciante y guía en la primera de las excursiones programadas para visitar los hórreos del Valle de Aezkoa. Con él compartimos tareas, convivencia, anécdotas y aprendizajes. Las lecciones ejemplares de humildad, sabiduría, genialidad y compromiso que recibimos de él fueron de un valor incalculable. De él también aprehendimos unas orientaciones básicas para llevar a cabo investigaciones etnográficas, profundizando en técnicas como: la elaboración de cuestionarios, la conducción de una entrevista, la observación participante, el registro de los objetos y su historia, el siglado, la descripción y categorización de las piezas, así como el análisis de las mismas. Asimismo, comprendí e interioricé que la etnografía es una ciencia interdisciplinar y poliétnica donde, en palabras de Barandiarán, “lo no vivido, es difícilmente interpretado”.

A primera hora de la mañana del jueves fuimos a recoger piezas a otro caserío. Luego Fermín Leizaola impartió una clase magistral que fue seguida de varias actividades tutorizadas en las cuales se implicó totalmente, dando ejemplo. Por la tarde, continuamos con las tareas de etiquetado, descripción, catalogación y limpieza de las piezas. A las 19h, Fermín realizó una presentación sobre el pastoreo en Euskal Herria, tema en el cual es un gran experto. Inició su exposición hablando del hito que supuso para la raza humana la domesticación de ciertos animales y citó algunas evidencias encontradas en la Cueva de los Osos, la Cueva de Arenaza o la Cueva de Marizulo, entre otras. Posteriormente, vinculó lingüísticamente el término “ari” (preindoeuropeo), con el vocablo “abere” (riqueza/ganado) y la palabra oveja (“ardi/a”). Después hizo referencia a la existencia de restos de cabañas o “txabolak” de pastores junto a dólmenes como Jentilarri, Trikuarriak o Tregoarriak, costumbre que se ha mantenido hasta hace pocas décadas. A continuación, clasificó las tipologías de chabolas en tres categorías: las de la zona de Aralar, Aitzgorri y Urbasa, las ubicadas en el entorno del Gorbea y las Pirenaicas. En lo que respecta a las ovejas, se focalizó en los diferentes marcados de las orejas, en los tipos de ocres o sellos hechos a fuego vivo y en las tipologías de cencerros con sus badajos o “mingai” (lengua) para poder reconocer el rebaño o un miembro en concreto por el sonido.

Otro aspecto interesante que tocó fue el uso de los cencerros como elemento de protección y el “suharri” o piedra de sílex, la famosa “piedra de rayo” que se utiliza junto a la “ardagaia” (seta) y un eslabón para hacer lumbre en los fogones bajos de los pastores, además de como elemento mágico vinculado al control del tiempo atmosférico. Finalmente, se abordó el aspecto económico de la venta de carne, lana y consumo de productos lácteos. Entre los instrumentos asociados a esta actividad, encontramos objetos cotidianos como el “kaiku” (recipiente para ordeñar y recoger la leche), la “abatza” o molde para fabricar quesos y la “oporra” o tazón para tomar la leche acompañada de talos (torta de maíz típica de Euskadi y que probablemente se importó de América del Sur). En cuanto a vestimenta, señaló el “irasko” o espaldero, confeccionado con piel de macho cabrío capado.

El viernes trabajamos en dos grupos: unos continuamos siglando, clasificando y documentando las piezas, mientras otros seguían con tareas de limpieza, lijado y tratamiento de los objetos. Después cambiamos de actividad para que pudiéramos aprender a hacer de todo. Dentro del equipo había algunas personas que tenían más experiencia y fueron las que ejercieron de tutoras con los que no teníamos entrenamiento previo. De ese modo, se aseguraba tanto la calidad de los procedimientos como se posibilitaba un aprendizaje con una progresiva autonomía. Poco a poco la dinámica de los trabajos de campo iba cogiendo un mayor rodaje y todos/as estábamos cada vez más motivados/as al ir viendo los resultados.

Por la tarde, Xabier Irujo, Director del Centro de Estudios Vascos en la Universidad de Nevada y profesor en esta misma institución, impartió una ponencia sobre la revisión que llevado a cabo sobre la batalla de Errozabal o batalla de Roncesvalles (778) y aprovechó el viaje para presentar el libro que recoge sus hallazgos en Luzaide en compañía de Juantxo Agirre, secretario de Aranzadi. En su discurso argumentó que este enfrentamiento no fue una mera escaramuza en la que las tribus vasconas, apoyadas por musulmanes, atacaron la retaguardia del ejército carolingio comandada por Roldán. Tras el análisis en profundidad de seis textos principales en latín que describen el suceso, ha llegado a la conclusión de que la contienda fue una batalla campal y decisiva (certamen), liderada por tropas vasconas (sin intervención de ningún sacarraceno) que aprovecharon en su favor la dificultad de paso del terreno y el cansancio del enemigo. Ésta se produjo durante varios días a lo largo de los 33 km que separan Zubiri de Luzaide, ya que en una calzada de unos 4-5 metros de ancho era inviable hacer pasar en formación a un ejército de algo menos de dos legiones que estaba huyendo con lo que habían saqueado en el asedio de Pamplona. La mayoría de las fuentes consultadas coinciden en que el enfrentamiento final tuvo lugar en la zona de Ibañeta, entre el llano de Errozabal y Luzaide, muy probablemente en el puerto de Zize. Recientemente se han descubierto unos miliarios y restos de una vía romana en el entorno de Ibañeta, lo cual representa un indicio muy relevante que apoya la existencia del paso de Zize.

Otro de los puntos a destacar de la investigación de Irujo es que sostiene una posible alianza entre Otsoa Lupus II, Duque de Aquitania, y un cabecilla vascón llamado Eneko, cuñado de Ximen el Fuerte y seguramente gobernante de Pamplona y su comarca. Fuentes árabes, además, mencionan que Eneko falleció en el año 820. Su hijo fue Eneko Aritza (más conocido como Iñigo Arista), primer rey de Pamplona.

El hecho de que las primeras crónicas sobre la Batalla de Roncesvalles se escribieran tras la muerte de Carlomagno nos lleva a pensar que se trató de una vergonzosa derrota en la que el rey franco dejó tirado a su propio ejército, hecho que debía ser ocultado a toda costa. Así pues, la “Chanson de Roland” (escrita en el S.IX) no fue otra cosa que una maniobra de manipulación política, adornada poéticamente, para limpiar el nombre de Carlomagno y otorgar un final épico a los caídos en batalla. Un engaño que ha durado siglos y que ha beneficiado a mucha gente, mientras que los verdaderos héroes y sus descendientes han quedado en la sombra.

Si os interesa saber más sobre el estudio que se ha hecho sobre este acontecimiento, os animo a leer “778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico” de Xabier Irujo, publicado en la editorial vasca Ekin: http://editorialvascaekin-ekinargitaletxea.blogspot.com/ Asimismo, Juan Mari Txoperena participó en la filmación de un documental sobre la contienda llamado: “778: La Chanson de Roland” (Canal Historia). No obstante, se habilitará un espacio expositivo específico en la Casa de la Monjas de Luzaide para mostrar a los visitantes un resumen de este hecho histórico, incorporando los nuevos descubrimientos que se han realizado en torno a él.

El sábado 23 de junio realizamos una ruta guiada por Fermín Leizaola para conocer los hórreos (“garaiak”) del Valle de Aezkoa (Merindad de Sangüesa). Este lugar es uno de los más bellos de la Navarra Pirenaica y conserva 15 de los 22 hórreos de la Comunidad Foral. Nosotros visitamos 14 de esos 15 hórreos, ya que el último se encuentra en mal estado de preservación. Empezamos el trayecto en la localidad de Garralda, hogar de nuestra compañera Kontxesi y de José Etxegoien (historiador). José Etxegoien tuvo la amabilidad de invitarnos a pasar a su casa y nos mostró, entre otras cosas, una gran fotografía del gran incendio que asoló casi todo el municipio en 1898. Igualmente nos enseñó otras fotografías y objetos que forman parte de la historia de su familia y el valle.

Posteriormente, Fermín nos explicó las características particulares que distinguen a los hórreos aezkoanos frente al hórreo de Masamiguel y nos habló de las políticas de conservación que se habían llevado a cabo a lo largo de los años, no carentes de complicaciones. Seguidamente, nos trasladamos a Aribe. Allí se encuentra el hórreo de Domench, que ha sufrido varias modificaciones que lo han convertido en una casa de dos plantas, aunque aún se puede apreciar parte de la estructura original con sus “tornarratos”. Después acudimos a Aria a visitar 3 de los 4 hórreos que aún perviven. Allí realizamos una parada para almorzar junto a la iglesia y tuvimos oportunidad de visitar el camposanto, en el cual había algunas tumbas en forma de estelas discoideas.

A continuación, viajamos a Orbaizeta, conocida por su fábrica de armas, a ver tres hórreos más. El que más me gustó fue el de Primorena, que se encuentra situado entre dos calles y separado de la casa. La curiosidad de esta construcción es que la manilla de la puerta tiene forma de salamandra y conserva un “eguzkilore” en sustitución de la enramada de laurel y espino blanco que se solía colocar en el dintel para proteger el grano de las tormentas. Seguidamente, retrocedimos hasta Orbara para conocer el hórreo de Jabat, que conserva seis de los ocho “tornarratos” originales.

Proseguimos nuestro camino y llegamos a Garaoia, donde el propietario del hórreo de Maisterra nos invitó a entrar en el interior del edificio para ver los contenedores donde se guardaba el grano. Algunas aprovechamos la ocasión para ir a la iglesia y visitar el camposanto, que también contiene algunas estelas discoidales. Finalmente, arribamos a Hiriberri, último punto de la ruta, donde contemplamos cuatro hórreos más. El más interesante, para mi gusto, es el que se encuentra cerca de la iglesia.

Para aquellos/as que estéis interesados/as en conocer más sobre esta temática, recomiendo la lectura del artículo “Contribución al estudio del hórreo en la Navarra Pirenaica” de Fermín Leizaola, junto a dos artículos más de José Etxegoien: “Hórreos de Navarra” y “El hórreo en Euskalherria”. Igualmente, podéis ver un vídeo de los hórreos de Aezkoa en el siguiente enlace: https://youtu.be/ArzRz9EK7To

La tarde del sábado, tras una copiosa comida con una larga sobremesa en Burguete/Auritz, nos fuimos a festejar el Solsticio de Verano a Donibane Garazi (Saint-Jean-de-Pied-de-Port), aunque una servidora se retiró antes para recoger discretamente las plantas mágicas que se recolectan en esta fecha señalada.

La mañana de San Juan nos permitieron entrar a la iglesia de Luzaide antes de que comenzase la misa e iniciásemos nuestra siguiente excursión a la borda y dolmen de Epersaro, atravesando el Infernuko Erreka (Regata del Infierno), guiados por Juan Mari Martínez Txoperena y su esposa. Juan Mari, a pesar de trabajar como restaurador profesional, ha sido un gran colaborador del Departamento de Arqueología de Aranzadi durante más de 30 años. Su gran afición siempre ha sido el megalitismo y es una de las personas que mejor conoce el dolmen Epersaro y el cercano túmulo de Zubibeltzeko (Barrio del Bixkar) así como sus alrededores, ya que fue él quien los descubrió en 2014 junto a Rafa Zubiria. Aprovecho para animaros a leer su blog si sois entusiastas de esta materia: http://megalitos.txoperena.es/

El camino para llegar al dolmen comienza en el kilómetro 53 de la carretera N-115. El sendero discurre a través de un frondoso hayedo. Luego hay que sortear un salto de agua que, si ha llovido bastante, puede estar muy empantanado y dificultar el paso. El camino acaba en una pequeña borda de piedra abandonada que se encuentra junto a un roble alcanzado por el rayo. A partir de ahí hay que andar unos 200-300 metros hasta el dolmen, atravesando zarzas, helechales y algunas matas de digital o dedalera (ojo con ella, no la cojáis alegremente sin tener conocimientos de etnobotánica). No es recomendable que hagáis este camino a finales de otoño o en invierno por la inclinación del terreno y la cantidad de vegetación que se forma. Todo aquel que quiera hacer esta ruta debe ir convenientemente equipado (no ir con “playeras”, ni con pantalón corto ni zapatillas de deporte que no agarren bien el pie y tengan una buena suela). Y, por supuesto, recordad que un dolmen es un monumento funerario con gran valor patrimonial y un carácter sagrado. Se ruega encarecidamente no fumar en el lugar ni arrojar basura, además de tener una actitud respetuosa hacia el monumento y el territorio que lo rodea. Los Gentilak, el Basajaun y el resto de las criaturas que habitan la zona os lo agradecerán. A continuación, os dejo el enlace a un vídeo donde podréis contemplar la belleza de este yacimiento prehistórico: https://youtu.be/hF_9Qk3geQg

Aunque no estaba previsto, Juan Mari nos condujo al puerto de Ibañeta para contemplar el valle desde otro punto de vista y hacer una pequeña explicación sobre las excavaciones de la vía romana. Si queréis aproximaros a las investigaciones que se llevan desarrollando en torno a la calzada del Pirineo desde el 2008, Aranzadi publicó a finales del 2017 un libro titulado “Jornadas sobre las calzadas romanas en la Antigüedad”. Asimismo, se ha editado una separata denominada “La vía de Hispania a Aquitania en el paso del Pirineo por Ibañeta. Resultado de la investigación sobre la calzada romana desde Campo Real – Fillera a Donezaharre”.

El lunes 25 de junio por la mañana reanudamos los trabajos de campo. Un grupo fue a recoger más piezas a otros caseríos mientras los demás nos quedábamos limpiando y restaurando objetos en el local de Argiola. Hicimos un descanso a mediodía y una vecina se acercó a ofrecernos algunas piezas que ella consideró que podían ser interesantes para la catalogación y exposición. Parece que se estaba corriendo la voz entre la comunidad sobre las labores que se estaban realizando y se fueron sumando, inesperadamente, nuevas piezas a la colección, lo cual era una tremenda alegría. Por la tarde, todos/as dedicamos un rato a tareas de tratamiento de piezas. En el descanso, antes de la ponencia, unos se fueron a refrescar al río y otros a comprar a la carnicería Arrosagaray (parada obligada para todo visitante de Luzaide).

A las 19h José Etxegoien nos ofreció un interesante y didáctico recorrido por la historia de Luzaide desde que se menciona el lugar por primera vez en un documento del Archivo de la Colegiata de Roncesvalles en 1234 hasta la actualidad. Desde el primer momento, Valcarlos destacó por las ventas existentes para albergar a los peregrinos que realizan el Camino de Santiago, así como por el pastoreo de la ganadería y la caza. Posteriormente, se instalaron 4 o 5 herrerías, entre las que destacaron las de la Reclusa o la de Navarrola. En el S.XIII se construyó una torre defensiva en Luzaide, que se perdió hacia el 1479. Posteriormente, Fernando el Católico, en su campaña de conquista del Reino de Navarra, construyó un castillo en el Camino Alto.

Valcarlos, como zona transfronteriza sufrió el impacto de diversas tensiones políticas y socio-económicas. Primero, entre 1400 y 1615, aguantó las escaladas de poder por el control de los pastos entre el Vizconde de Erro y el Vizconde de Echauz apoyado por la nobleza de Baigorri. Después estalló la guerra entre Francia y España en 1635. Más tarde, aconteció la Guerra de Convención el 1793, proseguida de una terrible epidemia el 1794 y un incendio en 1795 que arrasó con casi toda la población de Luzaide. En 1808 estalló la Guerra de la Independencia y los ejércitos de Napoleón se nutrieron del pillaje en Valcarlos, Aezkoa y Salazar. En 1822, se inició la Primera Guerra Carlista y, en 1834, Zumalacárregui conquistó la fábrica de armas de Orbaizeta. Por tanto, la zona se convirtió en campo de batalla para ambos bandos. En 1849 empezó la Segunda Guerra Carlista, sufriendo este territorio una suerte similar a la de la primera. Teniendo en cuenta estos factores, es lógico que el contrabando se convirtiera en una actividad principal para la supervivencia de los vecinos.

A principios de 1900, pareció levantar cabeza gracias a la instalación de la fábrica de ocre y la central eléctrica. No obstante, en 1920 desapareció la minería como recurso económico. En su momento, hubo un hotel, un balneario y un cine, pero estas propuestas del sector servicios acabaron fracasando. Entre los años 20 a los 60 empezó a despoblarse la zona, perdiendo su estructura comunitaria. Actualmente, el Alto Pirineo Navarro es el territorio con menor población de toda la Comunidad Foral. De ahí que sea tan importante promover iniciativas que reactiven la economía y el crecimiento poblacional ya que, de otro modo, recursos como la escuela rural local desaparecerán. En este sentido, José Etxegoien transmitió un mensaje reivindicativo para concienciar de la gravedad del problema y animar a la cooperación comunitaria entre las instituciones y los/as vecinos/as de los diversos valles.

El martes 26 de junio fue un día de intenso trabajo que mereció mucho la pena. Al igual que el día anterior, por la mañana nos repartimos en dos grupos: unos se quedaron realizando tareas de restauración y los demás fuimos a recoger piezas a otro de los barrios del pueblo. En esta ocasión tuvimos la oportunidad de incorporar a la colección interesantes piezas de un taller de “eskalapinek” (zuecos de madera) que documentó el investigador Juan Garmendia Larrañaga en los años 70. La fabricación de este tipo de calzado es un oficio artesanal tradicional que está prácticamente desaparecido y poder preservar estos objetos es de una relevancia absoluta.

Antes de comer, hicimos una parada para ver por dentro la Casa de las Monjas y estuvimos haciendo una lluvia de ideas a fin de recoger propuestas de cara a organizar los distintos espacios de la exposición. En la primera parte de la tarde, todos/as trabajamos con ahínco en labores de tratamiento de piezas. Nuestros avances se iban haciendo cada vez más manifiestos y eso alimentaba la implicación del grupo.

En la segunda parte de la tarde asistimos a una conferencia sobre el reconocimiento de los Inauteriak (Carnavales) y sus danzas como bien de interés cultural por su valor patrimonial inmaterial, impartida por Mikel Ozkoidi y Karlos Irujo. Entre estas manifestaciones singulares del folklore popular del Alto Pirineo Navarro podemos incluir los carnavales de Ituren y Zubieta (Valle del Baztán), los carnavales de Lantz (Valle de Anue), pero también los Bolantzak (Volantes) de Valcarlos. Dado que abordé ampliamente este tema en otro artículo (febrero de 2018), os remito a la publicación en papel de estos autores que podéis encontrar en Elkar por si queréis profundizar en él: https://www.todostuslibros.com/autor/ozkoidi-perez-mikel-irujo-asurmendi-karlos

El miércoles 27 de junio se realizó una nueva recogida de objetos, entre ellos una de las piezas estrella que se exhibirán como parte del mobiliario de la cocina tradicional pirenaica en la Casa de las Monjas. No quiero dar más detalles para no quitarle emoción al asunto… Asimismo, se continuaron las labores de restauración. Ese día no se programó ninguna conferencia, pero el grupo pudo degustar “gâteau basque” traído de Donibane Garazi como parte de la celebración de cumpleaños de una servidora.

Debido a compromisos familiares ineludibles, tuve que ausentarme del curso antes de su cierre el viernes 29 de junio. Mis compañeras/os dedicaron los últimos dos días a finalizar los trabajos de reparación de las piezas y avanzar en la digitalización de las fichas. El total se consiguieron reunir y documentar 370 piezas relacionadas con la cocina tradicional, los trabajos agrícolas, los oficios antiguos y las creencias mágico-religiosas de Luzaide. Nada de esto hubiera sido posible sin la estrecha colaboración vecinal y el gran apoyo recibido de los representantes del Ayuntamiento de la localidad.

La charla del jueves 28 de junio versó sobre la Etxea o casa tradicional y fue conducida por el profesor y escritor Juan Carlos Etxegoien (alias Xamar, haciendo honor a la casa Xamarrena de Garralda). El contenido de esta exposición podéis encontrarlo en su libro “Etxea- ondarea, historia, mintzoa”, publicado en 2016 por la editorial Pamiela y disponible en Elkar: https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/etxea-ondarea-historia-mintzoa/xamar/9788476819678 Para los no vascohablantes, comentar que se está trabajando en un traducción del texto en castellano para hacerlo accesible a un público más amplio.

Por último, la ponencia del viernes 29 de junio, impartida por la filóloga y miembro de Ikerfolk Ane Albisu, giró en torno a la vestimenta festiva tradicional y su historia a lo largo de 100 años. La conferenciante ilustró parte de su discurso con varios trajes tradicionales e indumentaria de carnaval que se encontraban ya expuestos en la sede del Ayuntamiento de Luzaide, a los cuales se sumaron una “manteleta” de mujer y una “kapa” funeraria de hombre que los vecinos cedieron. En 2008, Ane publicó los resultados de un exhaustivo estudio realizado sobre la vestimenta tradicional vasca y su historia cuyo título es: “Atondu. XXI. Menderako proposamenta (Ondarea)”. Su libro puede adquirirse a través de Amazon: https://www.amazon.es/Atondu-XXl-Menderako-proposamena-Ondarea/dp/8497833457 Aquellos que no sepáis euskera, podéis leer un resumen en el siguiente artículo de Euskonews: http://www.euskonews.com/0359zbk/gaia35901es.HTML

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El cierre del curso no podía ser otro que una buena cena en la sede de la sociedad gastronómica de Luzaide, orquestada por el concejal Michel Granada, a quien hay que premiar su disposición para asegurar el disfrute de una agradable velada.

Para poner el broche final a esta crónica de mis vivencias valcarlinas, quisiera agradecerle al universo y a los espíritus del territorio que se diera la feliz sincronicidad de enterarme tres semanas antes del inicio del curso que una parte de nuestro linaje vivió durante algún tiempo en Luzaide. Gracias a mi prima María Artal, a que renuncié voluntariamente a la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo y a la valentía de tirarme a la piscina sin la seguridad de que me admitirían en el curso, tuve una de las mejores experiencias de mi vida. También quiero agradecer a Suberri Matelo, coordinador del curso, que me diera la oportunidad de participar y aprender junto a un grupo maravilloso de personas a las que guardo con cariño en mi corazón. Igualmente, deseo hacer una mención especial a mis compañeras/os de viaje: Leire, Iratxe, Aran, Jokin, Kontxesi, Kristina, Klara, Zuriñe, Nuria y Eduardo. Mil gracias por los buenos momentos que hemos pasado juntos y por todo lo que hemos compartido. Espero que nos volvamos a encontrar pronto.

Fotografías

La mayor parte de las fotografías fueron tomadas por la autora del blog

Las fotografías nº 4, 6 y 12 han sido extraídas de la noticia publicada sobre el curso en la web de Aranzadi: http://www.aranzadi.eus/etnografia/antropologia-cultural-en-luzaide

Las ilustraciones del puente internacional del Barrio de Pekotxeta y de los Bolantak son parte de una publicación de José Mª Satrústegui sobre el grupo doméstico de Valcarlos: http://www.vianayborgia.es/bibliotecaPDFs/CUET-0002-0000-0115-0213.PDF

 

 

Maiatzaren jaiak

Mayo es conocido como el “mes de las flores” (“Loraila”), “mes de la hoja” (“Orrilla”) o “tiempo adecuado” (“Ostarua”) para el crecimiento vegetal. En resumen, es la época de mayor esplendor y fertilidad de la naturaleza. Asimismo, mayo (“Maiatza”) es el mes de Maia, una de las denominaciones que recibe la Diosa Mari (quien pasó a sincretizarse con la Virgen María con la llegada del cristianismo). También es el momento en el que las “mayas”, reinas de mayo o señoras de mayo (“maiatz andereak”), vestidas de blanco, desfilan por las calles de muchos pueblos para otorgar prosperidad y abundancia.

Esta tradición es una reminiscencia de antiguos cultos a la fertilidad que encontramos en distintas culturas europeas y una manera de representar el renacimiento y perpetuación de la vida. En el ámbito greco-romano, este período se encontraba bajo el auspicio de Afrodita/Venus y Apolo/Febo, destacándose por su carácter sexual y propiciatorio de las uniones amorosas. No obstante, no podemos obviar la figura de Maia, la mayor de las Pléyades en la mitología griega, ni la figura de “Maya” o “Maia Maiestas”, conocida como Fauna (diosa de la fertilidad y la salud, hija de Fauno) y apelada “Bona Dea” en la mitología romana.

En territorios celtas, se celebraba la festividad de Beltane, dedicada a Belenos, Balor, Beli o Bel (“el brillante”), divinidad del fuego y el sol. Se trataba de la tercera de las cuatro festividades mayores dentro del calendario celta y marcaba el comienzo de la estación luminosa, así como el inicio del verano pastoral en el cual se llevaba al ganado a pastar a las montañas. Otro rito central dentro de esta fiesta era la escenificación simbólica del matrimonio sagrado (“hierogamos”) entre la Reina (Madre Tierra) y el Rey de Mayo (Hombre Verde).

En el contexto germánico y escandinavo, se festejaba Walpurgis o Valbörg en honor a la diosa Freyja. Al igual que en la celebración celta, se subía a un monte o una colina a encender una hoguera, se realizaban purificaciones, rituales de sanación, hechizos para atraer el amor o ceremonias para asegurar la fertilidad. Igualmente, en esta época eran comunes los encuentros sexuales incentivados por el frenesí de la danza y la bebida, así como la organización de bodas.

En el caso vasco-navarro, estas costumbres han estado también muy presentes, aunque en ciertos puntos de su geografía se levantaron prohibiciones desde el obispado para evitar que se perpetuaran estas manifestaciones populares de profundas raíces paganas. Este fue el caso de Guipúzcoa y Pamplona a partir del S.XVI y de la zona noroccidental de Navarra durante el S.XVII. De todos modos, en algunos barrios de Pamplona, se conservaron las tradiciones de elaborar enramadas y sacar carros triunfales engalanados con flores hasta casi 1800. En el resto de merindades no hubo esta prescripción y se continuaron realizando ininterrumpidamente hasta comienzos del S.XX, aunque renacieron de forma precaria a partir de los años treinta en algunos pueblos de la cuenca del Bidasoa como Irún, Errenteria, Oiartzun, Elgeta, Ondarribia, Lezo y Donostia. En esta zona, las mozas, ataviadas con vestidos inmaculados, iban acompañadas de muchachos que se convertían en sus parejas simbólicas. Luego, el cortejo repartía dulces entre los vecinos.

Donde se han conservado mejor estos ritos primaverales, ha sido en ciertas localidades del Valle del Baztán (Navarra). La villa en la cual han sobrevivido con un mayor arraigo es Arraioz, donde el último domingo del mes aún se celebra la “Erregiña eta saratsak” o “la Reina y los sauces”. La tradición fue documentada y difundida por diversos investigadores como J.M. Barandiarán, Resurreción M. Azkue, Caro Baroja, Jorge de Riezu o José Dueso, entre otros, y renovada gracias a Valentín Barragán, Rosario Karrikaburu, Asunción Laurnagaray, Paula Anotxenea, Maria Etxetxipia y Bonifazia Larraya. Consiste en elegir a una o dos muchachas de 11 o 12 años, a las cuales se viste de blanco con un cinturón de azul cielo y se corona con flores. Estas doncellas van acompañadas de un cortejo de niñas más pequeñas que visten camisa blanca, falda azulada, zapatos blancos y una banda celeste, recordando a jóvenes lamias. Una de las “erreginak” dirige la procesión de damas de honor (“Saratsak”), postulando de puerta en puerta por calles del pueblo y entonando canciones populares alusivas al momento mientras se acompaña del ritmo de una pandereta o pandero. Sus seguidoras, hacen los coros y bailan a su alrededor.

Una de las coplillas más conocidas es la siguiente:

“Erregina ta Saratsa neskat (neskak) xeder (eder) garbosa. Ela,ola! Etxekoandrea atera zaite leiora leiora ezpado (ezpanda), atera.”

“Reina y sauce, hermosa muchacha. ¡Ea, ola! Señora de casa, sal a la ventana, y si no, a la puerta.”

Al escuchar la petición, la dueña sale al portal a recibirlas y le entrega a la reina golosinas, monedas o candelas para la parroquia. Ella le da las gracias de esta manera:

Eman duzu noblek compañiak ere badaki zuk eman diguzun diru eder orrekin inen tugu tortxa bi tortxarekin arie. Ariek argizarie Amalau milla aingeruarekin
Paradisuan sartuzaitz ille”.

“Nos has dado pródigamente, lo sabe la compañía: con la bella moneda que nos has obsequiado haremos dos velas, éstas requieren hilo y el hilo cera: ojalá marches al paraíso con catorce mil ángeles.”

Aquí merece la pena que nos detengamos a comentar que el término “erregina” se utiliza para designar a la abeja reina de una colmena. Como ya comenté en otro artículo, este insecto era considerado un miembro más de la familia y ejercía de mensajera con las criaturas míticas, especialmente con Mari. De ahí que a la hora de dirigirse a ella se le llamaba cariñosamente “andere ederra” (señora hermosa). Asimismo, la muerte de esta criatura se considera un signo de mala suerte y por su importancia es anunciada con la frase: “Hil da” (ha muerto). Igualmente, las abejas han de estar informadas de los eventos más significativos y, muy especialmente, del fallecimiento los señores de la casa. Existe el tabú de no vender por dinero jamás a las abejas ni tampoco regalarlas, aunque se permite que sean intercambiadas por grano o ganado en tiempos de carestía. En esta tradición baztanesa observamos nuevamente la relación entre Mari y la abeja como animal psicopompo, portador de prosperidad y representante de los nexos comunitarios, al igual que su relación con la araña como símbolo de su capacidad para tejer el destino.

Volviendo al tema que nos ocupa, es preciso añadir que, si la dueña de la casa se niega a atender a la reina de mayo después de tocar varias veces a la puerta, ésta tiene el derecho a maldecirla:

“Utzan, utzan, ishilik orre ez din dirurik or diaukan bolsa zaar bat zorri zuriz beterik. Akio eta makio (aramakio unemakio), lepaezurre austen balakioi barber ta ni mirikuin arterañosendatu ez balakio”.

“Dejadle, dejadle en paz; ésa no tiene dinero y tiene el bolso lleno de piojos blancos. Dicho y hecho (traducción no literal de una fórmula de hechizo con sentido de ataque como si todas fueran una), ojalá se le rompa el hueso del cuello y no se le componga hasta que tú seas sangrador y yo médico.”

Tras la ronda, se dirigen al hogar del párroco y cantan la siguiente copla, ajustándola al nombre y origen particulares del hombre:

“Seme zara… Garzain-go, Jaun Bikario… Arraiotz-ko. Eskuak ere konsagratuak gure Jaunaren altzatzeko”.

“Hijo eres de (nombre de la madre), de (localidad), Señor Rector de (nombre de la parroquia), de Arraioz, las manos tienes consagradas para alzarlas al Señor

Una vez acabada la ceremonia, antes de las campanadas que anuncian el anochecer, usan parte de las velas para iluminar a la Virgen y el resto se reparten entre la reina y sus doncellas para sus propios menesteres. Esto mismo se hace con las monedas y los dulces recogidos. No obstante, pueden destinar parte del dinero a comprar chucherías para los niños del pueblo que las hayan seguido fielmente durante su trayecto, repartiéndolas después a suertes.

Por su parte, en Arizkun se celebró, al menos hasta el año 2000 (según registros de Antxon Aguirre), una tradición equivalente denominada “Maiatzeko erregiña”. No obstante, he encontrado una referencia en una entrada de 2011 del blog de Pello San Millán, vecino de esta villa, que apunta a que la tradición fue recuperada más tarde gracias a Mari Crucita Goñi. Adicionalmente, en la web de Andra Mari Dantza Taldea pueden verse reportajes fotográficos recientes en los que se ilustra la festividad, con lo cual podemos suponer que actualmente sigue en marcha. Empero, no he podido corroborar que se siga realizando todos los domingos del mes de mayo como antaño.

En este caso, la joven elegida como reina también está vestida de blanco y es coronada con flores, pero no porta ninguna banda distintiva como sus acompañantes que sí mantienen el lazo azul en la cintura. En cambio, cabe destacar que esta señora de mayo se encuentra entronizada sobre un asiento con un fondo de enramadas y es portada por algunas de sus doncellas que llevan flores en la cabeza. La susodicha es paseada por distintos rincones del pueblo, deteniéndose el cortejo en las encrucijadas, las fuentes u otros lugares con una resonancia sagrada. Durante esas pausas, los vecinos dedican canciones. Si la persona escogida es una moza, se usan fórmulas como:

“Shulufrina ta arrosa ollari eder abuja (sic) Nafarroako errege jaunak egin omen du promesa iru seme dituelarik iruek bana arrosa etarik auta zuretako da donzella edo galanta”.

“El clavel y la rosa, el rey de Navarra ha hecho promesa de tres rosas a sus tres hijos: elige, pues, bella muchacha, cual es para ti.”

Si se trata de un muchacho joven, se apuestan por coplillas como esta para invitarle a buscar una pretendienta para casarse:

“Illarra zaiku loratuoñikan ezta lekatuezkongaie zarelarikannai. Zaitugu koplatukoplatu eta koplatusariak bildu behar tuguneskacha gazteak gara tadotea bildu bear dugu”

“La alubia nos ha florecido, aún no ha hecho vaina. Ya que eres joven te queremos hacer un verso: necesitamos reunir las ofrendas, pues somos chicas jóvenes y vamos a reunir la dote.”

En ese momento se tiene que entregar un céntimo, aunque antiguamente se utilizaban dobles céntimos (bi maiko) o perrillas (sos bat).

En el caso de un hombre maduro, la costumbre sugiere recitar versos con proposiciones sexuales:

“Zure andereak erranik zurekin duela mandatu aspaldiko denbor-otan eztela zurekin egondu”.

Tu señora nos manda; tiene un encargo para ti, pues hace ya tiempo que no ha estado contigo.”

Si la homenajeada era una dama, se intentaba seducirla a base de piropos:

“Zaia duzu lurreraño sederiak erdiraño: zu bezalangorik eztela sortu Sebillia-tik uneraño.”

“Tienes la falda hasta el suelo y de seda vas hasta la mitad; no ha nacido una como tú desde Sevilla hasta aquí.”

Si el mensaje era dirigido a un caballero, se optaban por frases como:

“Agur t’erdi ongi etorri Jauna, beraren kompañiari. Ezteietara conbidaturik Erregiña ta Errege emezortzi kalonge emeretzi friore. Eken guzian akompañazale Erregiña ta errege.”

“Bienvenido, Señor, adiós y adiós, y a su compañía. Estáis invitado a bodas: la reina y el rey, diez y ocho canónigos, diez y nueve priores. Todos acompañados por el rey y la reina.”

Según Ángel Irigaray, durante los años treinta en Doneztebe (merindad de Pamplona), se festejaba la “Maya-Besta”, de similares características. Tenía lugar el 1 de mayo así como los domingos siguientes. En el cancionero de Resurreción M. Azkue encontramos algunos versos que eran recitados para los niños durante la celebración:

“Uraren gañan arria
arrien gañean txoria,
emen eldu den aingiru unek
eder du shuri gorria
eder du shuri gorria banon
ederragoa begia.”

“En el agua una piedra
y en la piedra un pajarito
este ángel que viene aquí
es de un hermoso rubio,
pero más hermosos
los ojos.”

Esta cancioncilla menciona otro elemento simbólico destacado en esta época del año: el agua. El agua de mayo concretamente se creía que tenía una cualidad especial, tanto como elemento purificador como fertilizador. Así pues, era el momento en el que el agua caída del cielo se consideraba especialmente beneficiosa para los campos y bosques, para realizar labores de sanación y propiciar el crecimiento de un cabello bonito y fuerte. El refrán castellano también asegura que el agua de mayo quita la sarna. En algunas zonas de Bizkaia, pervive el dicho que reza: “Maitzeko urixa, azurrak antedi eitekua” (El agua de mayo hace crecer los huesos). Por último, este agua era utilizada con el fin de elaborar filtros amorosos y ciertos brebajes brujeriles. Por tanto, el mes de mayo era un período en el que tradicionalmente se hacían rogativas para que lloviese y mucha gente dejaba su cabeza al descubierto para ser tocado por la mágica lluvia de este tiempo.

Sin embargo, los aldeanos temían las tormentas que pudieran estropear las cosechas y realizaban rituales para alejarlas, normalmente durante la Fiesta de la Cruz de Mayo (3 de mayo). En Oiartzun (Guipúzcoa), por ejemplo, era costumbre que los paisanos subieran al monte Urkabe. Allí, cada muchacho portaba una rama de espino blanco florido, que después se trenzaban formando cruces para colocarlas en ventanas y huertas. En Amorebieta (Vizcaya), se practicó algo semejante, ascendiendo al monte Bizkargi. En otros pueblos del Duranguesado, se bendecían los campos que estaban a los pies de Amboto. La creencia popular estipulaba que si Mari se encontraba en su caverna, no caería granizo durante todo un año.

Las oraciones o conjuros que se usaban para ahuyentar el pedrisco han sido traducidos en castellano como “tentenublos” (derivado de téntere-nublo). En amplias zonas de Álava, cuando asomaban nubes amenazadoras, se recurría al toque de las campanas para que su sonido desviase la tormenta. Esto se hacía tanto el 3 de mayo como el 14 de septiembre (día de la Exaltación de la Cruz en el calendario cristiano).

Otro elemento imprescindible en estas festividades primaverales, no solo en Euskal Herria, sino en toda Europa, es el palo de mayo (“maypole”), también conocido como “maio” o “mayo” en la Península Ibérica. Se trata del tronco de un árbol, con una clara forma fálica, que los hombres talan y colocan en las plazas de muchas localidades con la ayuda de unas sogas y una horca durante los primeros días de mayo (normalmente el 1 de mayo). En ocasiones es engalanado con cintas y otras veces se alza sin ellas. En algunos pueblos de Amezkoa y la Berrueza se añadían incluso gallos, espadas o se acoplaban ramas que simulaban brazos, orientando la cabeza o la punta hacia donde se encontraban los cultivos, con intención de que éstos fuesen fertilizados y protegidos de todo mal. Luego los aldeanos solían bailar y festejar en torno a él, lo cual sigue vigente en nuestros días. Una de las danzas tradicionales a señalar es la “zinta dantza”, típica de Guipúzcoa, en la cual los bailarines se colocan en círculo en torno a un tronco con cintas de colores en la punta y van trenzando dichos lazos como si tejiesen el destino. Un detalle a mencionar es que las mujeres que ejecutan la danza suelen portar el traje tradicional de hilandera.

Las reminiscencias de esta antigua forma de culto arbóreo son abundantes en toda la geografía vasca y más aún en Navarra. La especie más utilizada es el haya (asociada a Mari), común en Álava y en las sierras de Urbasa y Andía. En cambio, el álamo blanco o chopo, es más utilizado en la Ribera del Ebro y zona media de Navarra. Por su parte, el pino predomina en el Valle de Ultzama, mientras que el saúce es preferido es el Valle de Baztán. Tras los festejos, la costumbre, especialmente en Navarra, es que el tronco sea talado por tres mozos el día de la Cruz de Mayo (3 de mayo). Sin embargo, en San Vicente de Arana, se deja el mayo plantado hasta el 14 de septiembre.

En el Valle del Ega, además, se incluye un hombre de paja con un esqueleto de madera que es vestido como si fuera un ser humano vivo. El monigote es atado al “maio” con cuerdas y alambres y después es levantado en el aire para ser quemado. Esto nos recuerda a la tradición celta del hombre de mimbre, descrita por Julio César en su “La guerra de las Galias”. Allí ilustra la práctica de sacrificios humanos antes de la expansión de los romanos, la cual luego ha sido verificada mediante evidencias arqueológicas posteriores.

En algunos pueblos el “maio” quedó relegado a un segundo plano y fue suplantado por cruces bendecidas. En la mayor parte de la geografía euskaldún se suelen confeccionar con espino blanco, aunque en el Valle de Imotz y el Norte de Navarra existe una predilección por el sauce. En unos casos se colocaba sobre una peña o sobre un montículo de piedras; en lugares como Larraun o el Baztán, se ponían con un brazo mirando a la ermita de Santa Bárbara y el otro mirando hacia el Santuario de San Miguel de Aralar. Como ya comenté en artículos anteriores, Santa Bárbara posee bastantes atributos de la diosa Mari y San Miguel está asociado al dragón mítico Herensuge, cuya morada principal se encuentra en Aralar. Actualmente es más común encontrarlas en las puertas o ventanas de las casas.

Para concluir, quisiera compartir una experiencia personal en torno a estas festividades, ya que ha servido como chispa de inspiración para la elaboración de este artículo. Cuando tenía 11 años, por insistencia de mi “amona” (quién osaría contradecirla), me convertí en una de esas doncellas de mayo, haciendo algunos ajustes al viejo vestido de comunión. Recuerdo ir desfilando sobre una alfombra roja desde la iglesia hasta una gran cruz de madera adornada con flores, portando un cestillo con montones de pétalos de rosas. Las muchachas caminábamos por la izquierda y, paralelas a nosotras, los mozos andaban por la hilera de la derecha. Las doncellas íbamos lanzando los pétalos a nuestro paso y muchas mujeres se colocaban en primera línea para ser rozadas por ellos. En cambio, los muchachos, tiraban grano y había hombres que se agachaban a coger un puñado. Muchos/as vecinos/as nos contemplaban y vitoreaban desde sus ventanas, como si fuésemos reyes.

Ahora, desde otra óptica, comprendo las sensaciones de grandeza de aquellos momentos. Aquel día, viví lo más cercano a un rito de paso, renunciando a ser vista como una niña para convertirme en una mujer con capacidad de crear, bendecir y sanar. Curiosamente, poco después tuve mi primera menstruación e imagino que no fue accidental. En aquel desfile experimenté igualmente un primer acercamiento a la simbolización de un matrimonio sagrado. Más tarde, supe que mi madre se casó un 3 de mayo. Así pues, de forma transgeneracional, hemos contribuido a la renovación de ese ciclo de eterno retorno. Participar en este tipo de manifestaciones folclóricas es una forma de posibilitar que esa llama de la tradición no se apague y contribuir a la abundancia de la comunidad, aunque muchos símbolos hayan sido desvirtuados. Por tanto, observad con ojos atentos los pequeños detalles que conforman los ritos, porque en ellos aún hay poder para alimentar a los Antiguos.

 

Bibliogafía y webgrafía

Azkue, R.Mª (1990) Cancionero popular vasco. Euskaltzaindia.

Barandiarán, José Miguel de (1973) Obras completas. Gran Enciclopedia Vasca.

Caro Baroja, Julio (1995) Los Vascos. Itsmo

De Riezu, Jorge (1982) Flor de canciones populares vascas. Ediciones Sendoa.

Dueso, José (2000) El calendario tradicional vasco. Roger.

Garmendia Larrañaga, Juan (1982) El “mayo”, los “maios” y las “mayas”. Anuario de Eusko Folklore.

Iribarren, J. M. (1944) Mayas y mayos. Príncipe de Viana.

Irigaray, Ángel (1933) Folklore baztanés. Yakintza.

Irigaray, Ángel y Caro Baroja, Julio (1946) Fiestas de Mayas. Boletín de la Real Sociedad de Amigos del País II.

http://hedatuz.euskomedia.org/9092/1/04154155.pdf

http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/fiesta-de-las-mayas/ar-53002/

http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=14094

https://baztangohaizegoa.wordpress.com/2011/06/26/erreginak-eta-saratsak/

http://www.euskaltzaindia.eus/dok/iker_jagon_tegiak/nafarkaria/2000-06-02.pdf

http://www.andramaridantzataldea.net/portfolio-view/maiatzeko-erregina-2/

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http://www.3digitala.com/fr/ficha.php?id=1860

http://www.ricardocosta.com/sites/default/files/pdfs/julio_cesar_-_la_guerra_de_las_galias_0.PDF

 

Fotografías

The Green Man and the May Queen. Beltane Fire Festival (Edimburgo, Escocia). Realizada por Ryan Gibson.

“Erregiña” recogiendo las ofrendas de la Etxekoandre (Arraioz, Navarra). Tomada por Antxon Aguirre.

“Maiatzeko erregina” de Arizkun, portada por sus doncellas. Imagen de Andra Mari Dantza Taldea.

Últimas lluvias de mayo de 2018. Obtenida del Diario de Navarra.

Levantado el “maio” en Villabuena (Álava). Foto de mayo de 2016, publicada en la Revista Berberana.

Zinta dantza. Imagen de 2011 que aparece en el blog de Vascos en Salto.

Hoguera de mayo encendida en un cerro

 

 

 

Inauteriak, Aratusteak, Basaratusteak

El Carnaval es una festividad con un origen pagano remoto. La palabra carnaval proviene del latín “carrus navalis” (carro naval). Esta idea surge de los rituales babilonios y egipcios en los cuales se transportaba al dios Marduk y a la diosa Isis, respectivamente, sobre naves engalanadas.

Los primeros testimonios conocidos sobre esta celebración datan del 5000 a.C. Al inicio de la primavera, se celebraba en Babilonia una festival en honor a Marduk que consistía en la deposición temporal del poder por parte de las autoridades y en la ridiculización de la justicia. Durante el primer día, un sacerdote retiraba del rey todos los emblemas que señalaban su poder y lo exponía a agresiones físicas. Además, a los sirvientes se les permitía dar órdenes a sus amos. Otra de las tradiciones consistía en soltar a un prisionero, vestirlo con prendas de rey y proveerlo de manjares y mujeres. Al 5º día, el “falso rey” era depuesto y condenado. De esta manera el pueblo quedaba liberado del caos y la malicia.

Posteriormente, el judaísmo, convirtió esta antigua festividad babilónica en la fiesta de Purim, en la cual se celebra la salvación del pueblo de Israel gracias a que Ester suplicó su perdón al rey persa Mardoqueo (a quien algunos historiadores identifican como Jerjes I). Durante Purim los judíos tienen la costumbre de disfrazarse, usar máscaras, tocar música, bailar, cantar, comer y beber en abundancia, así como recitar coplillas burlescas y organizar representaciones teatrales.

En Egipto, al inicio de la primavera existía un festival en honor a Isis en el cual se transportaba la imagen de la diosa sobre una barca adornada con guirnaldas y flores hasta la costa para bendecir el inicio de la temporada de navegación.  Luego el culto a Isis se extendió entre los mercaderes griegos. Cuando Egipto se convirtió en parte del Imperio Romano, Isis fue asimilada a otras diosas relacionadas con la fertilidad.

Antes de la llegada de los cultos isiacos, los griegos celebraban un festival en honor a Dionisos. Según el mito helénico, Dionisos llegó desde Oriente en un navío sin tripulación. De ahí que fuera costumbre transportar la figura del dios en un carro adornado a través de las calles y los campos. Dicho carro era acompañado de una multitud de fieles disfrazados y con máscaras que ocultaban su identidad pública, los cuales entonaban himnos bajo los efectos de la embriaguez.

Dionisos, fue posteriormente asimilado al Baco romano. Sus festividades fueron introducidas en Roma hacia el 200 a.C. Inicialmente, tanto los misterios dionisíacos como las Bacanales eran ceremonias secretas en las que participaban únicamente mujeres, conducidas por sacerdotisas. Su origen se remonta a un culto anterior a Pan/ Fauno. Poco a poco, la participación se fue extendiendo entre los hombres y se aceptó también la presencia de esclavos.

Tanto los ritos dionisíacos como las bacanales poseían un componente caótico, extático y sexual destacado. Las fieles, conocidas como “ménades”, se vestían con pieles y se adornaban con laurel. Los devotos, denominados “sátiros”, se ponían cuernos en la cabeza y a menudo se cubrían con hojas. Utilizaban vino, sustancias enteógenas y el frenesí de la danza para eliminar las inhibiciones y provocar estados alterados de conciencia. El propósito final de estos ritos no era entregarse simplemente a la lujuria, sino que tenía un sentido místico. Dionisos/Baco era una deidad cnótica, relacionada con la tierra y el inframundo, que permitía contactar con la auténtica naturaleza del espíritu para provocar cambios en el individuo. Debido al carácter mistérico de estos cultos, hay muchos aspectos que actualmente desconocemos. Su conversión en una festividad popular hizo que se conservaran ciertos elementos folclóricos, pero desconectados de su significado religioso profundo.

Por otra parte, el carnaval se asocia a las Lupercales romanas. Su denominación proviene de la combinación de los términos “lupus” (lobo) e “hircus” (macho cabrío), animales que eran sacrificados en la cueva Lupercal, lugar donde había vivido la loba que amamantó a Rómulo y Remo. Los Lupercos, cofradía salvaje vinculada a la figura mítica del lobo, que luego pasó a formar parte del sacerdocio regular romano, cortaban tiras de las cabras sacrificadas y corrían cubiertos de pieles y una máscara, azotando a las mujeres para propiciar su fertilidad. De esta forma recreaban el pasaje de la leyenda del rapto de las Sabinas.

Los germanos, los escandinavos, los celtas, los celtíberos y otros pueblos europeos tenían sus propios cultos a la naturaleza salvaje, llevados a cabo por cofradías de cazadores y guerreros (“harii”,”berserker”,”ulfhednar”,”fianna”,”seguidores de Vaélico”…) que realizaban rituales extáticos bajo los efectos de plantas como la amanita muscaria, el cornezuelo, la belladona o el beleño negro. En ellos la figura del lobo (junto con la del oso) poseía igualmente un carácter sagrado como símbolo de muerte cósmica y reintegración cíclica.

En los carnavales rurales vasco-navarros y pirenaicos hallamos reminiscencias de estas mismas celebraciones que reconectaban con lo salvaje y buscaban el retorno al caos o desgobierno primitivo, aboliendo la organización impuesta por la civilización.

En euskera, el término para designar estas festividades es “Inauteriak”, “Iñauteriak” o “Inauteak”. Según José Dueso, podría provenir bien del vocablo “iñau”, que significa “burlesco” y el sufijo “te” que se emplea para indicar “temporada”. Baroja sugiere otra posible etimología derivada de “iñaute”, añadiendo el sufijo “eri” que se traduciría como “enfermo” pero también como “malo” o “vicioso”. Teniendo en cuenta que uno de los propósitos del carnaval es encarnar lo que es considerado malicioso o perjudicial para liberarse de ello, esta interpretación tendría su sentido. De todos modos, existe la palabra “iñote” o “iyote” para designar al carnaval propiamente dicho. Por último, investigadores como Caro Baroja se focalizan más en la relación del carnaval con la carne, tomando como referencia el sentido más moderno que adquirió en Europa a finales del S.XV por influencia del cristianismo con su prohibición de comer carne durante la Cuaresma y abstenerse de mantener relaciones sexuales.

A mi juicio, esta asociación podría provenir de tiempos arcaicos, ya que “carnero” en vasco se dice “ahari” y la “carne” se denomina “haragi”, pudiendo ser el sufijo “eri” una derivación fonética. Adicionalmente, el mes de febrero, que es cuando se celebran la mayoría de los carnavales, recibe no solo la denominación de “otsaila” (mes de los lobos), sino también “zezeila” (mes de los toros), animales totémicos autóctonos que tienen su representación en estas celebraciones y que podríamos relacionar con cultos mediterráneos (minoicos, griegos, romanos). Tampoco podemos olvidar que tanto el lobo como el oso, después de una temporada de carestía durante el invierno, necesitan consumir más cantidad de comida para reponer fuerzas. Igualmente, durante inviernos muy duros, el sacrificio de animales que inicialmente estaban destinados a la criar, podría convertirse en una necesidad.

Otro aspecto que es necesario puntualizar es que los carnavales no son un momento aislado dentro del calendario tradicional vasco y otros calendarios europeos, sino que forman parte del ciclo de festividades invernales. En origen, este periodo de algarabía, descontrol y destrucción del viejo orden (tanto divino como social), comenzaba con el inicio de la época oscura del año: la fiesta en honor a los difuntos. En muchos lugares de la geografía vasco-navarra y pirenaica, los carnavales comienzan tras la Navidad y finalizan en Cuaresma, como es el caso de Andoain y otras localidades guipuzcoanas. No obstante, en la mayor parte del País Vasco Francés (especialmente en Zuberoa), empiezan en Año Nuevo y acaban el Martes de Carnaval. En lugares del norte de Navarra como Agoitz o Donamaria empiezan la víspera de Epifanía. En el resto del norte de Navarra, tienen lugar tres semanas antes del Miércoles de Ceniza. En Ituren, Zubieta y Aurtitz, se festejan después de San Antón, durante el último lunes y martes de enero. En otros pueblos navarros, el primer jueves (Izekunde) se dedica a los compadres, el segundo jueves (Emakunde) a las comadres y el último jueves (Jueves Gordo) a los mozos (Gizakunde). En cambio, en Oiartzun (Guipúzcoa), otras localidades alavesas y vizcaínas, los carnavales se inauguran después de la Candelaria.

Como se ha explicado en varios artículos relacionados con la época oscura del año (Negu, en euskera), la Caza Salvaje es un mito muy antiguo, ampliamente extendido por Europa. Entre sus integrantes encontramos monstruos con rasgos animales como los Krampus o las Pertchen, brujos/as como la Befana o Black Annis, representaciones de espíritus feéricos (doncellas de Santa Lucía) y difuntos, además de otros personajes que la lideran (normalmente, deidades o númenes como Odín, Holda, Cailleach, Cernunnos, Diana, Herodías, Mari o Akerbeltz). En las distintas versiones de relatos de esta temática, se narra que toparse con estas huestes o cortejos, implicaba unirse a ellos, al menos en espíritu (aunque en muchos casos suponía la muerte del cuerpo físico). Durante la época solsticial se pone especialmente de manifiesto que, en la mentalidad popular, se conserva la idea de que estas criaturas castigan o premian a los mortales, en función de su comportamiento y la consideración de dejar alguna ofrenda u obsequio para honrarlos o aplacarlos. De ahí que haya tradiciones en torno a entrega de alimentos u otros presentes. Como veremos a continuación, esto no es exclusivo de dichas fechas, sino que los escarmientos, sacrificios y tributos también forman parte de los carnavales.

Otro punto que es preciso señalar es que los carnavales representan una expresión viva de la antigua concepción que se tenía del alma (subdividida en partes) y la interrelación entre el mundo terrenal y otras dimensiones ocultas, entre lo natural y lo mágico. Claude Lecouteux, además de subrayar que en la antigüedad no existía una distinción clara entre sueño y realidad (inconsciente y consciente), pone de relieve la creencia pagana de que cualquier individuo está compuesto por un cuerpo físico, la fuerza vital que procede de la energía cósmica y anima el cuerpo, el doble físico que puede afectar a la materia (que, según distintas tradiciones chamánicas, deja su esencia en los huesos) y el doble espiritual o acompañante. Este doble espiritual o genio tutelar es el que puede cambiar de forma y a menudo adopta la apariencia de animal, aunque puede presentarse con forma humanoide, con el aspecto de un antepasado difunto o bajo la apariencia de una entidad feérica. A continuación, se mostrarán ejemplos de esta relación en los disfraces de los Inauteriak e incluso podremos atisbar un cierto regusto a rituales chamánicos de la Prehistoria y cultos mistéricos de la Edad Antigua.

Uno de los carnavales más potentes en cuanto a elementos simbólicos es el que se celebra entre Ituren y Zubieta (Navarra). Los personajes principales son los Joaldunak (también conocidos como Zanpazarrak) y el Hartza (oso). Los Joaldunak son hombres (nunca mujeres) vestidos con una larga camisa, enaguas blancas, pantalones azules, faja (“gerriko”) y un chaleco de piel de oveja, un pañuelo rojo, un largo capirote cubierto de cintas y coronado con plumas de gallo (“ttuntturroak”) y abarcas. En la espalda cargan dos enormes y sonoros cencerros (“polunpak”) junto a dos cencerros pequeños sin badajo (“joareak”), en la mano portan una especie de látigo o hisopo (“hisopua”) hecho de crines de caballo con un mango de madera cubierto de piel y algunos llevan colgado un cuerno (de llamada). Estos mozos ataviados con partes animales se colocan en dos filas y hacen sonar rítmicamente los cencerros para despertar a la tierra dormida y sacar al oso de su letargo, además de alejar las enfermedades y todo tipo de mal. La manera en que agitan los hisopos tampoco es trivial, ya que con las crines de caballo parecen acariciar el suelo y con ese gesto estarían fertilizando la tierra, lo cual recuerda mucho a un ritual realizado en Escandinavia durante el Dísting (o Dísarblot), festividad se honraba a Jörd (la Madre Tierra) y a las Landvættir (espíritus feéricos de la naturaleza).

En la Saga de los Volsungos se relata que unos campesinos llevaron a cabo una ceremonia de fertilidad en la que usaban el pene de un caballo y recitaban un conjuro con el objetivo de conseguir prosperidad. En la cultura nórdica el caballo era un animal sagrado relacionado con el dios Frey. En Euskal Herria, el caballo se relaciona con los Ireluak, espíritus con forma de “pottoka” (caballo) que hacen de mensajeros entre el mundo invisible y el de los humanos (ver artículo sobre los “oihulariak”). Igualmente, tienen una clara relación con la fertilidad. Así pues, el hisopo de los Joaldunak bien podría ser una representación de su miembro viril. Otro personaje que también barre el suelo con crines de caballo mientras hace sonar los cencerros es “Txerrero” de Zuberoa. Adicionalmente, en esta misma región también destaca la figura de Zamalzain, un ser mitad hombre y mitad caballo que es herrado durante la representación. Esta misma costumbre de herrar la figura de un hombre-caballo la encontramos en el personaje de “Zaldiko” del carnaval de Lantz. En el Sobrarbe (Aragón) también existe el “Caballé”.

Por su parte, el Hartza (oso) es un animal que tiene un fuerte arraigo en territorio euskaldun y a lo largo de los Pirineos. Junto al lobo, es uno de los seres con mayor presencia atávica en estos lugares y es considerado una imagen de fuerza, resistencia, defensa del territorio y fecundidad. Se cree que el oso pudo ser uno de los tótems principales de los cazadores prehistóricos y las tribus autóctonas de la zona, pues encontramos representaciones muy antiguas en el arte rupestre de Euskadi (cueva de Santimamiñe en Kortezubi, cueva de Ekain en Deba, cueva de Laperra en Karrantza). La figura del oso también pervive en la leyenda de Juan el Oso, una narración que presenta la redención de un salvaje. En unas versiones se dice de este personaje que era hijo de un oso, mientras que en otras se cuenta que era descendiente de un hombre y una mujer de fuerte constitución y cuya potente voz asustó a un adivino que pasaba por una cueva. En todos los casos se le ilustra como un gigante u hombretón peludo al estilo del Basajaun o Señor del Bosque. No sería descabellado pensar que este númen no sólo se apareciese en forma humanoide, sino también como animal, aunque lo más probable es que se trate de una representación de humanos que conservaban ese nexo con la naturaleza salvaje.

El Hartza está presente no sólo en Ituren, Zubieta y Aurtitz, sino también en Arizkun, Andoin, Zalduondo, Abanto, Markina, Sarriguren, Arles sur Tech, Saint Laurent de Cerdans, Prats-de-Mollo y Bielsa (Pirineos Aragonés). En todos los casos, el oso va acompañado de un “Domador” con disfraz de pastor o carbonero que lo lleva atado con una cadena con el fin de evitar que ataque a las mujeres o las personas que no van disfrazadas. En los Pirineos Orientales, al principio está suelto y acosa a las jóvenes pastoras. Luego es perseguido por los vecinos hasta que es capturado y llevado a la plaza, donde se le afeita y se le insta a volver a su forma humana (viéndose en este caso un claro ejemplo de la escenificación de un cambio de forma). En Ituren y Aurtitz, la particularidad del Hartza es que lleva un par de bolsas de cuero con forma de testículos y cuernos de cabra. Además, a pesar de estar atado, lidera la procesión de los Joaldunak.

Algunos interpretan que estos cuernos son una manera de representar el poder de Akerbeltz como entidad relacionada con la naturaleza salvaje, aunque en muchos lugares se le tiene por protector de los animales en general, tanto domésticos como criados en libertad. El culto al macho cabrío también es bastante antiguo, probablemente casi tanto como el del oso. En la cueva de Ekain que se ha mencionado anteriormente, encontramos igualmente imágenes de este tipo de animales. Además, en Aquitania se descubrieron unas inscripciones de época romana (s.III d.C.) en las que está tallado el nombre de Aherbeltse”, una deidad que adoraban las tribus locales antes de la llegada de los romanos y que ya tenía la atribución de protector de los animales.

En el cortejo que sigue a los Joaldunak y el Hartza encontramos otras figuras denominadas “Mozorroak”. El término “mozorro” en euskera significa “careta o disfraz” y está relacionada con el vocablo “zomorro” (bicho, coco). Los “mozorroak” se cubren la cara con un trozo sábana vieja, con tela de saco, con una máscara de animal (lobo, zorro, gato…) o con una careta de diablillo, visten pieles de oveja y un taparrabos. Normalmente llevan carretas con troncos de árboles, hojas y representaciones de hombres-árbol que son tiradas por burros o portan ramas de árboles con las que azotan a las mozas. A veces también arrastran pellejos de jabalí o zorro y montan cabezas de caballo unidas a un palo. Su función es atemorizar a los vecinos y crear el caos en la plaza. En ocasiones organizan peleas de machos cabríos.

Tanto el lobo, el zorro, el jabalí y el gato son animales en los que Mari, las Lamias y los/as brujos/as se transforman. El zorro por su color rojizo y su astucia también ha sido relacionado popularmente con el Diablo. Por su parte, el jabalí (“basurde”) y su primo el cerdo son animales que el cristianismo consideró impuros y maléficos, sometiéndolos y vinculándolos a San Antón con el fin de que se convirtieran en un símbolo de su victoria sobre judíos, musulmanes y paganos. En cambio, en las creencias precristianas el jabalí era considerado un animal totémico vinculado a la fuerza, el coraje y la prosperidad.

En algunos pueblos de Vizcaya (Gatika, Arrankudiaga, Ugao, Arrigorriaga, Zaratamo, Arakaldo, Orozko, Zamudio, Derio, Otxandio…) aún se conserva una antigua costumbre ligada a estas fechas llamada “Basaratuste”, “Basaratiste” o “Basaoste” (también conocida como “Kanporamartxo” o “Sasimartxo). En origen, se trataría de un “carnaval en el bosque” (aún se conserva la palabra “aratuste” o “aratixte” para designar al carnaval en el occidente vasco) como espacio sagrado al que se entregaría una ofrenda de comida y bebida. Actualmente, se organiza una comida campestre bastante más profana donde se asan trozos de cerdo ensartados en un pincho (“txitxi-burruntzi”) y se bebe vino tinto o sidra. Por su parte, en la zona del Goierri (Guipúzcoa), el jueves anterior a la última semana de carnaval los mozos iban por los caseríos cantando versos en los que se advertía de la venida del lobo y recogían chorizo, jamón u otras piezas de carne como tributo para el lobo (“Otsabilko”). Este rito tendría un carácter propiciatorio para evitar que este animal se comiera al ganado.

Otras figuras carnavalescas que debemos señalar son los “Momotxorroak” de Alsasua, criaturas que son mitad hombre y mitad toro. Visten pantalón azul, una camisa manchada de sangre, pieles de oveja y llevan una máscara con cuernos de toro, trozos de metal y crines de caballo en el pelo. En su espalda cuelgan cencerros. En la mano portan un sarde que usan para atemorizar y agredir a quien encuentran a su paso. El martes de carnaval, los momotxorroak salen gritando y embistiendo a los vecinos. Luego realizan una danza alrededor del fuego, llamada “Momotxorroen dantza”. En un punto de su recorrido, se les une un ser mitad hombre y mitad macho cabrío subido en un carro , quien enseña lascivamente sus atributos a la compañía de sorginak o brujas que le siguen, las cuales también aúllan y ríen lujuriosamente. El cortejo se une al desenfreno de los momotxorroak y celebran un “akelarre”, al que se unen los “Akerrak” (seguidores de Aker que van vestidos con cuernos de cabra y que también podemos encontrar en los carnavales de Sarriguren).

Según J.M. Barandiarán, el toro en la mitología vasca es el aspecto habitual que adopta un númen llamado “Zezengorri”, aunque recibe otras denominaciones en función de la zona: Txekorgorri, Txahalgorri, Ahatxegorri, Ahatxe… Se trata de un espíritu subterráneo con forma de toro rojizo que escupe fuego por la boca y las fosas nasales, abrasando así a sus enemigos y a todo aquel que cruza sin permiso una morada sagrada. Se le considera un guardián de cuevas y simas en las que se cuenta que existen tesoros y a veces surge en defensa del lugar con los cuernos y la cola encendidos en llamas. En ocasiones, también se le describe con forma humana, bajando a los pueblos a castigar a una persona que le ha disgustado o injuriado. Su aparición en medio de la noche suele ser considerada un mal presagio. La creencia en esta entidad probablemente surgió de un tipo de bovino salvaje que anteriormente pastaba por las montañas vascas y pirenaicas (“Betizu”) y que se relaciona con la diosa Mari bajo la forma de vaca roja (“Behigorri”). Algunos de los lugares donde este tipo de leyendas tienen más arraigo son: Aralar, Ataun, Etxalar, Orozko, Bermeo, Sara, Camou… En algunas historias posteriores se dice que aparece como un toro de oro, pudiendo haberse fusionado el relato autóctono con el mito del becerro de oro y/o el vellocino de oro. Tampoco podemos olvidar que el toro era un símbolo de la potencia sexual del Júpiter romano.

 

Otro animal que tiene una importante presencia en el folclore vasco y pirenaico es el gallo como elemento purificador y protector. Aún hoy podemos encontrar sus patas clavadas en las puertas y tejados de las casas, en espadañas de algunas iglesias e incluso en los palos de mayo. En las zonas costeras también solía colgarse en el palo mayor de los barcos, especialmente durante las batallas navales. No obstante, en la zona del Baztán se considera un signo de mal agüero que el gallo cante a deshoras, siendo un indicio de muerte, calamidad o de la visita de algún mal espíritu (o brujas). En algunos pueblos, después de esto, se echaba sal en la lumbre, mientras que en otros se solía sacrificar al gallo, como recogieron Barandiarán y Erkoreka. Claude Lecouteux confirmó en sus estudios la existencia de la costumbre de sacrificar un gallo en Euskal Herria, no sólo ese caso, sino cuando se creía que una persona había sido embrujada o cuando se iba a construir un nuevo hogar. En este último supuesto, se le cortaba el cuello, se dejaba la sangre manar enfrente de la casa, se le colgaba del dintel de la puerta principal y se salpican las últimas gotas por el marco. Seguidamente, se asaba al animal, cuya carne servía de primer alimento para la familia recién llegada. Posteriormente, el rito evolucionó y se lanzaba un gallo o gallina negra dentro de la casa antes de entrar a vivir, ya que se decía que sería el primer ser vivo en morir.

Además, en lugares como Sara o Galdakao existía la creencia de que había un espíritu maléfico que adoptaba la forma de gallo, llamado “Gaizkine” o “Gaiskiñe”. Si una persona enfermaba misteriosamente y no se conocía la causa, se solía mirar en la almohada para ver si las plumas formaban la silueta de un gallo, pues la tradición oral cuenta que estos espíritus se meten en las almohadas para provocar pesadillas y malestar. Si aparecía dicho símbolo, se consideraba que la enfermedad era incurable, pero si no se veía dicha figura, se llevaban las plumas a un cruce de caminos y se quemaban para asegurar la sanación del enfermo.

Tanto en las festividades solsticiales como en los carnavales podemos contemplar resquicios de estas manifestaciones populares. En Arrankudiaga se ha conservado una tradición carnavalesca, celebrada durante el Jueves Gordo, conocida como el día del “Eguen Zuri”. En dicha fecha los niños del pueblo salen a cantar coplas mientras golpean las “makilak” (bastones) contra en suelo, con la intención de despertar a la tierra (igual que se hace durante el día de Santa Águeda). Antiguamente, después de hacer la ronda por los distintos barrios para recoger alimentos o algo de dinero, se sacrificaba un gallo apaleándolo con las “makilak” como forma de purificación y de prevenir cualquier tipo de mal. Desde hace 30 años no se comete crueldad contra el animal y se lleva un cuadro o un estandarte con su imagen. El gallo, además de todo lo mencionado anteriormente, es considerado un elemento de renacimiento y está relacionado con la sexualidad por su apetito insaciable. Se creía que cuanto más humillante y dolorosa era la muerte del animal, mejor augurio. Desde la mirada de la moralidad católica, se pensaba que de ese modo se redimían simbólicamente los pecados de la carne, aunque como se ha citado previamente, el sentido original era distinto.

En otros Inauteriak, la manera en que se expulsa el mal es sometiendo a escarnio público y quemando a un muñeco de paja y trapo que sirve como chivo expiatorio de la comunidad. En el carnaval de Zalduondo este monigote se llama “Markitos”, quien suele ser transportado a lomos de un burro que preside un cortejo de osos y cabras (el burro, al igual que el caballo en otros contextos, es el transporte de diversos seres míticos, como el Olentzero en Euskadi o la Befana en Italia). En Lantz tenemos a “Miel Otxin”, un gigante de unos tres metros inspirado en la figura de un afamado bandolero, que va vestido con pantalón azul, camisa de colores, polainas de cuero, una careta y un sombrero estrafalario. Esta figura es perseguida por un grupo de personajes alborotadores con ropas coloridas (antiguamente pieles), la cara cubierta y un gorro cónico, que gritan mientras agitan sus escobas o palos y crean el caos entre los vecinos (“Txatxoak”). En Kanpezu se inmola a “Toribio”, muñeco vestido como un carbonero (recordemos que el Olentzero tiene su lado siniestro), quien es seguido por los “Katziruloak”. Estos acompañantes van con un capirote en la cabeza y su “zurriago”, hostigando y castigando a los niños. En Uztaritze (Lapurdi) se quema un monigote llamado “Zanpantzar” que representa la gula (en Abanto existe otro que simboliza el hambre llamado “Zangaluzea”). En zonas mineras como Gallarta se lanza a las brasas a “Bizkarbaltza”, una figura negra con cabeza de animal que representa enfermedades como el cólera que afectaron a los mineros. En Llodio se ajusticia a la “Bruja de Leziaga”, la representación de una “sorgin” que, según los relatos populares, se mesaba el cabello con un peine de oro y atraía a los pastores a su cueva mediante su canto. Este tipo de conductas son más propias de una Lamia que de una bruja, aunque entre ambas figuras existe una estrecha relación (ver el artículo “Etorkizuna, kontakizuna”).

En varios carnavales de la geografía vasco-navarra y pirenaica encontramos referencias a brujos/as. En Ituren, Zubieta, Alsasua, Antzuola, Sopuerta, Ilarduia, Egino, Andoin, Olite, Abanto y Oiartzun salen grupos de brujas que siguen al cortejo de personajes principales. Concretamente, en Oiartzun, encontramos una combinación de “Sorginak” e “Intxisuak”. En Ataun, los “Intxisuak” eran la representación de brujos o hechiceros que acompañaban a sus homólogas femeninas. Sin embargo, en Oiartzun y otras localidades guipuzcoanas el vocablo se refiere a un espíritu escurridizo y travieso, mitad hombre y mitad “betizu” (toro salvaje), que habita cuevas como la de Arditurri y al cual se le atribuye la construcción de monumentos megalíticos. Esta combinación de hombre-toro, está presente tanto en Alsasua como en Bakaiku, siendo en este último lugar donde su aspecto recuerda más un chamán de los que se encuentran pintados en las cavernas prehistóricas que a una suerte de Minotauro como sucede en Alsasua. Por su parte, la construcción de megalitos también se asocia a los gentiles, motivo por el cual, probablemente, en otras villas se cree que los Intxisuak son un tipo de Jentilak. En cambio, en otros lugares relacionan al Intxisu con un Iratxo o Ieltxu por su semejanza fonética.

Los seres feéricos y otros genios tienen su espacio legítimo en los Inauteriak. En las “Maskaradak” de Zuberoa observamos la recreación de dos tipos de entidades contrapuestas: “Beltzak” (negros) y “Gorriak” (rojos). El grupo de los “Beltzak” estaría constituido por seres nocturnos de carácter maléfico (vinculados a Gaueko), que son representados con prendas oscuras, rotas o harapientas y se comportan de una manera muy desorganizada, ruidosa y a menudo agresiva. En cambio, los “Gorriak” llevan atuendos limpios, hermosos y cuidados, manteniendo siempre la compostura y una conducta respetuosa. Estas figuras estarían asociadas a Mari en su aspecto de creadora de vida y regidora del orden cósmico. Si extrapolamos estos dos grupos a otras mitologías europeas, los “Beltzak” representarían a la Corte Oscura (Unsheelie court, Fomorianos, Svartálfar…) y los “Gorriak” a la Corte Luminosa (Sheelie court, Tuatha Dé Dannan, Alfr…), que simbolizan las fuerzas destructoras y creadoras del universo, respectivamente. Este patrón de vestimenta y conducta se puede apreciar en casi todos los personajes que conforman los carnavales, lo cual nos da una pista de su verdadera naturaleza.

En los carnavales de Amezketa, Ugarte, Bedaio y Abaltzisketa se escenifica una danza en dos grupos de 8-12 individuos: el primero va de negro, con los ropajes típicos de un carbonero y la cara tiznada, mientras que el segundo grupo viste de blanco con faja y gorro rojo. Este baile se conoce como “Talai dantza” y se ejecuta con palos, representando una danza guerrera, donde se hace visible la rivalidad entre los seres del día y la noche, luchando por alargar el invierno o posibilitar la entrada de la primavera. El jefe de cada grupo es denominado “mozorro”, aunque existe la figura del “zesterue” (cestero o el que lleva la cesta), quien recoge la comida y bebida que entregan los vecinos (tradicionalmente carne de cerdo, huevos y vino tinto o sidra, en consonancia con el tipo de ofrendas que se suelen dar a estos seres). Otro ejemplo de estos grupos son los carboneros de Goizueta y Markina que persiguen a las mujeres con pellejos de vino inflado (“zagis”) y bailan una danza de palos (“Zahagi dantza”) con otras figuras de blanco que llevan faja y gorro rojizo. En Aoiz también encontramos a los “kaskabobos”, disfrazados de arlequín, y los “maskaritas”, que van con pamela.

Dentro del grupo de los “Beltzak” podríamos hacer un aparte para un dar lugar especial a los “hombres del saco” o “zaku zaharrak” que existen en distintos Inauteriak locales, como el de Lesaka e Isaba. Estos personajes van completamente tapados con telas de saco, están rellenos de paja y/o hierba seca y portan unas vejigas infladas o palos con los que golpean a los vecinos. En ocasiones, algunos se manchan de hollín y grasa. Dentro de este grupo podríamos incluir a personajes con nombre propio como el “Ziripot” de Lantz (gordinflón con un bastón, que podría ser el Basajaun), a las “Basa-andereak” (señoras del bosque) de Saint-Jean-Pied-de-Port o a los “Perratzaileak” (caldereros o herreros) de Lantz.

 

Por otro lado, debemos detenernos a hablar de los “Mamuxarroak” (o “Mamoxarroak”) de Unanua y los “Kotilungorriak” de Uztaritze, que son unas excepciones dentro del grupo de los “Gorriak”. En Unanua (e Igantzi), los personajes se visten con pantalón blanco, camisa blanca, pañuelo y máscaras rojas y portan cascabeles y una vara en la mano. Durante el desfile de carnaval estos mozos se dedican a azotar a las mujeres al estilo de los Lupercos romanos. Los implicados en esta farsa encarnan la figura del “Mamur”, genio que suelen tomar forma de insecto u hombrecillo diminuto y que puede capturarse durante la mágica Noche de San Juan. En Uztaritze, el disfraz consiste en una máscara, una falda, un gorro y un pañuelo rojo, conjuntado con unas enaguas y una camisa blanca. En la mano, portan una suerte de hiposo muy similar al de los Joaldunak, que lleva igualmente crines de caballo. El cortejo va presidido por dos figuras que llevan el pantalón blanco y el resto de la ropa roja, además de la misma máscara carmesí. En este caso, ellos portan dos palos. El conjunto al completo estaría representando a un grupo de “Galtzagorriak”.

El último carnaval que se celebra en Euskal Herria y que tiene un claro contenido mitológico es el de Mundaka, conocido como “Lamiako Maskarada”. Esta tradición fue recuperada en 1978, pero tiene una historia bastante más antigua y llamativa. Su origen se remonta a una leyenda en la que una mujer llamada Prudencia murió de pena por el dolor de no volver a su hijo que viajaba en un barco. Una vez fallecida, se transformó en Lamia y, en su nueva condición, despedía con su canto a todas las embarcaciones que abandonaban las aguas del Ibaizabal para echarse a la mar. La Lamia en cuestión, durante esta mascarada, va acompañada de un cortejo de lamias que visten de negro, tienen el cabello blanco y el rostro pálido. Junto a ellas caminan los “Atorrak”, personajes que visten sábanas blancas y tienen la cara pintada de blanco.

Esta escenificación tiene una especial relevancia porque los difuntos y los seres mágicos prácticamente se fusionan. En muchas narraciones populares vascas y de otros lugares de Europa a veces no se hace distinción entre difuntos y seres feéricos, pues ambos son miembros de la Cacería Salvaje en igualdad de condiciones. Adicionalmente, en otras representaciones que hemos mencionado a lo largo del artículo hallamos figuras de personas vivas con la capacidad de desdoblarse en espíritu o cambiar de forma, como es el caso de las sorginak o los hombres-bestia.

Por último, en este fin de fiesta encontramos una representación de Mari y otros númenes como Sugaar, el Basajaun, Urtzi, Eguzki e Ilargi, además de otros genios como los “galtzagorriak” y los “jentilak”.

En resumen, a lo largo de este artículo hemos podido apreciar una gran diversidad de manifestaciones folclóricas derivadas del mito europeo de la Caza Salvaje, así como escenificaciones de las Batallas Nocturnas entre distintos tipos de espíritus que representan las energías creadoras y destructoras del universo y la continuidad entre la vida, muerte y renacimiento dentro de un ciclo de eterno retorno. Asimismo, hemos analizado elementos fundamentales del totemismo vasco y ritos de carácter extático como los cambios de forma. Estas prácticas siguen teniendo una resonancia palpable en las creencias sincréticas actuales que perviven en espacios rurales (especialmente en zonas de montaña que se encuentran más aisladas). Igualmente, poseen un gran peso en la praxis de brujería tradicional autóctona y representan una inspiración para la reinterpretación y actualización de la misma. Por último, cabe señalar que el culto a los antepasados y la interacción con los principales númenes o espíritus locales continúa estando viva, aunque más en un nivel simbólico que vivencial.

 

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https://dantz-ango.blogspot.com.es/2014/03/irudiak.html

http://makilipurdi.blogspot.com.es/2013/02/mozorroen-ordua-ituren-eta-zubieta.html

Documental sobre los carnavales navarros: https://www.youtube.com/watch?v=c_yD8A2svBY

Documental sobre los carnavales de Ituren y Zubieta: https://www.youtube.com/watch?v=p2zp3u-tYPM&t=618s

Documental de la “Adarrak dantzan” (o “Momotxorren dantza”) dirigido por Beatriz de la Vega

Documental del Carnaval de Lantz (RTVE)

Facebook de Sorgin

Zotalegunak

Estrenamos el primer mes del año (Urtarrila, Urtatsil), también conocido como mes negro (Ilbaltza, Ilbeltza), mes del hielo (Izotzil) o mes blanco (Ilzuri), con los pronósticos del Zotalegun, Sortelegun o Igarregun o días augurales (Erderazko). Como ya expliqué el año anterior, se trata de una práctica ancestral llevada a cabo en lugares como Ataun o Bezkoitze que consiste en observar el tiempo atmosférico y otros signos en la naturaleza durante los doce primeros días para determinar cómo van a transcurrir los siguientes doce meses del año. Durante este periodo, además de ir anotando los elementos más destacados e impresiones que producen la contemplación de ciertas señales, también se tiene la costumbre de plantar árboles y regalar muérdago, ya que se considera que sus frutos perlados atraen la prosperidad. Algunas familias incluso suelen colgar este ramo en el dintel de la puerta principal durante el resto del año con esta intención.

Siguiendo esta costumbre y adaptándola a mis propios propósitos, he estado registrando los aspectos que me han resultado más llamativos de estos primeros días del año. Cabe recordar que cada día representa al mes correspondiente. A continuación, os ofrezco los augurios anuales que han surgido de mis observaciones.

 

Primer día del Zotalegunak

Mañana fría, con niebla y ambiente húmedo. Viento del Suroeste que se va intensificando a lo largo de la jornada. Aumenta la nubosidad y llueve ligeramente. Por la tarde entra una borracha por el Cantábrico y se produce un fuerte temporal en el mar. Al final de la noche, heladas. Nieve en cotas altas.

Sensación de agitación e inestabilidad que luego se torna en frescura y sosiego. Necesidad de reposo y recogimiento al final del día. El viento susurra secretos del pasado y, a la vez, es portador de noticias. También se escuchan las voces de los antepasados, cuya presencia se percibe cercana y protectora, ayudando a armonizar las dinámicas familiares. El clan se reúne en torno a mesas abundantes y recuerda a sus predecesores con solemnidad. Se comparten los recursos con parientes y amistades y se celebran los logros de quienes amamos. No obstante, aún quedan misterios por descubrir, latiendo en el interior de la tierra oscura.

Nuevas oportunidades profesionales llegan a través de la mediación de contactos íntimos. Se producen reencuentros con amigos lejanos y llegan mensajes inesperados de personas desconocidas o casi olvidadas. Inicio de nuevos intercambios y creación de redes alternativas. El viejo orden se va desmoronando y una energía de renovación empieza a manifestarse a pesar de ciertas resistencias y limitaciones.

El Irelu actuará como vehículo y conductor el cambio, abriendo rutas de aprendizaje, relaciones y experiencias, ayudando a integrar conocimientos previos y a dejar atrás lo que nos paraliza. Una Dama Blanca, montada sobre sus espaldas, otorgará sus bendiciones a aquellos que la han servido con devoción.

Se tiende un puente entre dos fronteras, facilitando el entendimiento entre culturas, formas de vida y sistemas de creencias que han de aprender a convivir desde el respeto a sus valores y comprensión de sus diferencias. Se anticipa un movimiento creciente, promoviendo viajes cortos por trabajo o placer. Los cruces de caminos ejercerán igualmente de punto de encuentro entre el mundo subjetivo y objetivo y de su interacción surgirá una marea que irá moldeando la realidad bajo otro aspecto.

El número 8 representará la unión de dos círculos, de dos hilos rojos que se entrelazan. Se cerrarán puertas simbólicas y se que bloqueará el acceso a quienes no han honrado su palabra con sus actos. Ciclo de desafiantes pruebas para unos y renovadas esperanzas para aquellos que desean plantar las semillas de nuevos proyectos.

Las noches serán espacios de lectura, meditación, reflexión, pero también de tejer sueños y practicar magia. Cuidado con las envidias y las intrigas urdidas en la oscuridad. Habrá que proteger bien los hogares con metal y espino, así como hacer una buena planificación del gasto, intentando ahorrar para lo que vendrá en el futuro. Asimismo, deberá ejercerse la prevención y el cuidado de enfermedades respiratorias, especialmente si afectan a la garganta o los pulmones.

Ciertas verdades serán desveladas y lo silenciado por mucho tiempo poco a poco encontrará vías alternativas de expresión.

El animal compañero será la “pottoka” y la planta aliada el acebo. La carta del tarot que representará este tránsito será la Rueda de la Fortuna. La fuerza del plenilunio permitirá el empoderamiento y la fertilización de lo que brotará este nuevo ciclo.

 

Segundo día del Zotalegunak

Leve subida de las temperaturas y viento del Suroeste. Ambiente húmedo y con suaves brumas. Cielos cubiertos durante la mañana, pero durante el resto del día hay una alternancia de claros y nubes. La tibieza del sol resulta vivificadora durante la segunda mitad de la jornada. Al final de la tarde, se producen precipitaciones débiles, que son los restos de una tormenta atenuada. No obstante, la nieve se mantiene en cotas altas. El río fluye con algo más caudal en el valle. Las plantas reciben el agua sanadora con alivio.

Tiempo de reanudar hábitos saludables, cuidando más la alimentación y aumentando gradualmente la actividad física. Convendría realizar una analítica si se empiezan a sufrir ciertos problemas gástricos para descartar intolerancias, cambios metabólicos o déficits de algún nutriente. Igualmente, será importante cuidar la vista y concertar una revisión ginecológica en el caso de las mujeres. En el caso de los niños, se aconseja cuidar la dentadura. Alguna persona mayor de la familia podrá verse sometida a alguna intervención quirúrgica.

El comercio local y los centros de enseñanza se reactivarán. Buen momento para retomar estudios, actualizar la formación en busca de la innovación o involucrarse con grupos de interés cultural. Igualmente, la asistencia a eventos como jornadas profesionales, charlas de corte humanista, presentaciones de proyectos, libros u otras obras artísticas, resultarán provechosas. Tiempo potencialmente creativo que puede dar frutos a largo plazo si se canalizan bien las energías hacia la manifestación, huyendo de la presión, la competitividad y de colaboradores que no estén realmente comprometidos.

Cambios tecnológicos, incorporación de nuevas herramientas de trabajo y recuperación de antiguas artesanías. Los contactos que se iniciaron a principios de año deberán ser cuidados para que sigan cumpliendo su papel de aliados y dinamizadores de una transformación progresiva en nuestro estilo de vida y relación. Fricciones con figuras de autoridad o personas con una mentalidad extremista, que intentan hacer valer sus paradigmas o mantener su “status quo” a cualquier precio. Problemas en la convivencia doméstica o vecinal, especialmente a partir de la segunda mitad del mes. Necesidad de soltar tensión mental y realizar un pequeño retiro que ayude a poner en marcha los reajustes necesarios.

El número 5 representará la vibración del deseo o motivación que ejerce de motor de un cambio interno que se va visibilizando parar crear aquello que anhelamos y necesitamos expresar desde la autenticidad y el disfrute, sin máscaras ni censuras. Lo que empezó siendo un hobbie o un mero entretenimiento, puede dar mucho más juego y convertirse en una vía de progreso. La experimentación en este momento tendrá un papel muy relevante.

El autocuidado, la hospitalidad y la sostenibilidad resultarán claves para encontrar el equilibrio. Las mujeres continuarán tejiendo, desde el anonimato, espacios de apoyo comunal e irán aumentando el nivel de conciencia hacia una mayor implicación en cada individuo.

La araña como símbolo de la creatividad, la productividad, la interrelación, la sabiduría ancestral que se vuelca en la espiritualidad y el destino será el animal guía en este momento. No obstante, habrá que cuidarse de la manipulación y el apego a relaciones dependientes. Será necesario mantener unas rutinas de limpieza y purificación constantes.

Tiempo de realizar trabajos preparatorios en el jardín e intensificar la relación animales y plantas. La flor del cerezo nos ayudará a conectar con nuestro niño/a interior, a disfrutar más del ocio y a encontrar inspiración. La carta del tarot con la que meditar será la Templanza.

 

Tercer día del Zotalegunak

Ligero aumento de las temperaturas. Brumas matinales, predominio de claros durante la mañana, incremento de la nubosidad por la tarde y lloviznas por la noche. Sigue soplando viento del Suroeste, más intenso en zonas altas. Tormentas en la montaña y en el mar. Tiempo primaveral.

Momento de movilizar o solucionar cuestiones administrativas o legales. Sentencias favorables en juicios y compensación por errores o agravios cometidos en el pasado. Renuncias a empleos con condiciones abusivas y desvinculación de algunos miembros pertenecientes a gremios o sociedades que mantienen posiciones estáticas o demasiado elitistas. Oportunidad para la revisión o mejora de proyectos, así como para tomar un descanso necesario después de un tiempo de agitación. La salud se continuará reforzando y, si se ha sufrido alguna lesión, se presentarán unas condiciones favorables para la recuperación. Integración de la medicina natural y las terapias alternativas para conseguir un mayor bienestar general.

Mayor dedicación a los compromisos familiares durante la primera quincena y más espacio para la vida social y el ocio en la segunda parte del mes. Avances en el reconocimiento y sanación de cargas transgeneracionales. Descubrimiento de secretos guardados en viejos baúles o conectados a antiguas propiedades. Reencuentros con amistades a las que no se ve desde hace algún tiempo que alegran el corazón y viajes a lugares distantes para desvelar algo relacionado con la propia esencia o la misión de vida. La música, la danza y la dramatización cobrarán protagonismo y nos ayudarán a sincronizarnos con nuestro ritmo y melodía particular, así como a deconstruir roles sociales que restan espontaneidad y autenticidad.

Momento propicio para realizar transacciones comerciales, adquirir propiedades, comprar artículos de lujo y realizar inversiones que darán beneficios a corto y medio plazo. No obstante, en la última semana del mes habrá que vigilar los engaños y los fraudes. También podrán producirse retrasos en los viajes, averías o accidentes que afecten a la movilidad.

El número mágico será el 6. Para unos representará una mayor reciprocidad en los intercambios y un incremento en las ganancias; para otros supondrá una revisión de la manera en que se interactúa con el mundo material, una aceptación de un exceso de orgullo, ambición o reconocimiento y un toque de atención en lo que se refiere a hábitos nocivos o tendencias posesivas o conformistas.

El animal compañero será el perro negro, como guardián de nuestro inframundo y de los tesoros que se ocultan en el fondo de la tierra. Él nos ayudará a profundizar en la relación con la muerte, el renacimiento y la fertilidad. Asimismo, ejercerá como representación de la confianza y la fidelidad en las relaciones.

La planta que actuará como aliada será el haya, ejerciendo de pilar para construir una mejor autoestima, entrenar la capacidad de autogestión, aumentar nuestra resiliencia a la hora de afrontar las dificultades en nuestro camino y conseguir la prosperidad deseada.

El arcano que nos acompañará durante este mes será los Enamorados. La energía de las dos lunas llenas de este ciclo nos movilizará bastante emocionalmente, haciéndonos más perceptivos, empáticos y atractivos socialmente. Igualmente nos servirá para potenciar el autocuidado, mantener una atención afectuosa hacia nuestros seres queridos, desarrollar ideas o completar tareas pendientes.

 

Cuarto día del Zotalegunak

Descenso de las temperaturas. Densas nieblas matinales que intensifican la sensación de humedad. Intervalos de nubes y claros, movilizados por el viento del Suroeste, que pasa de moderado a fuerte durante la tarde. Nuevo frente entrando, esta vez, desde el Atlántico. Cambio súbito de la presión atmosférica durante la noche, anunciando un giro radical en los acontecimientos.

La primera parte del mes transcurrirá más lenta y tediosa, arraigada en las rutinas y obligaciones diarias. Habrá momentos de sobrecarga y frustración, bien por una sensación sostenida autosacrificio o estancamiento, bien por la existencia de ciertos obstáculos que bloquearán las dinámicas productivas y las ventas. Mala racha laboral y gastos inesperados que desestabilizarán la economía familiar. Con el inicio del año astrológico llegará una oportunidad inesperada de movilización o ascenso profesional para algunas personas, posibilidades de emancipación o cambio de domicilio para unos e inicio de una nueva relación de pareja para otros. Las personas que se encuentren en una relación estable tendrán opciones de fortalecer o renovar su compromiso.

Si se está organizando el lanzamiento de un nuevo proyecto o una línea de producto, se recomienda analizar bien todas las opciones, terminar de atar cabos sueltos y forjar alianzas en secreto que aseguren su éxito futuro. También es preferible aplazar la presentación pública hacia el final de la primavera. En el caso de que se produzca un embarazo, especialmente si se han tenido dificultades para concebir, se aconseja igualmente guardar silencio para proteger a la criatura en desarrollo.

Regalos sorpresa, encuentros aparentemente casuales y confluencia de sincronicidades. Tiempo de expresar agradecimiento por las bendiciones que se nos han concedido y de poner a prueba los dones que están emergiendo, aunque ya fueran parte de nuestra esencia.

El número sagrado será el 3, representando la unión del presente, pasado y futuro, así como el poder de la triplicidad, con un efecto directo sobre la manifestación de la prosperidad.

El animal guía será la abeja, enseñándonos a organizarnos mejor, a mantener la concentración, a ser más disciplinados y productivos. Además, nos mostrará las potencialidades del trabajo en equipo y de los vínculos comunitarios, en los cuales la sabiduría colectiva, la solidaridad y la cooperación resulta fundamental. Asimismo, la abeja traerá dulzura a nuestras relaciones y una mayor abundancia. Igualmente ejercerá de mensajera con el mundo feérico, aumentará nuestras capacidades extrasensoriales y potenciará nuestras visiones o sueños proféticos.

La planta que actuará como aliada será la melisa. Su espíritu nos conectará con las ninfas de los bosques, portadoras de fertilidad, sanadoras e iniciadoras en ciertos misterios femeninos. Ellas guiarán a las madres en la crianza de los hijos y a quienes velan por la educación de las futuras generaciones. También entregarán su oro dorado a las personas necesitadas y humildes que se esfuerzan día a día por superarse, tornando su mala fortuna en esperanza.

Mari, Eguzki e Ilargi harán descender el poder de los cielos sobre la tierra y llenarán de vida los rincones de nuestra geografía. Se las honrará con ofrendas de flores, atendiendo a su condición y peculiaridades.

La carta de tarot que concentrará ese poder triple será la Emperatriz.

 

Quinto día del Zotalegunak

Descenso significativo de las temperaturas. Ambiente frío y aumento gradual de la nubosidad, con precipitaciones abundantes durante la tarde. Fuertes vientos que viran del Suroeste al Noroeste. Bajada de la cota de nieve y heladas nocturnas. Tiempo bastante inestable. Activación de la alerta ante la previsión de malas condiciones atmosféricas.

Sensación de precipitación, de acontecimientos incontrolables y reajustes continuos en la planificación. Momento crítico para las negociaciones a la hora de establecer acuerdos comerciales o políticos, necesitando de mediación experta para frenar posibles conflictos con consecuencias irremediables. Envío urgente de documentación para formar parte de procesos selectivos de disponibilidad limitada y entrevistas aceleradas donde la primera impresión tendrá un efecto determinante. Espera ansiosa ante un veredicto que finalmente tendrá una resolución favorable.

Reuniones espontáneas con buenos resultados para mejorar el clima laboral o la complicidad con las amistades. Citas prometedoras, donde la pasión se desatará. Aventuras fugaces y, en ocasiones, disparatadas. Situaciones embarazosas que se solventarán con sentido del humor, dándole la vuelta a la situación. Eventos divertidos y fiestas desenfrenadas donde se hará gala de los excesos. Escándalos que salen a la luz.

Habrá que atender especialmente a los problemas de salud derivados del estrés y la ansiedad. Asimismo, se tendrán que abordar bloqueos relacionados con la sexualidad y con la represión de la agresividad.

El laberinto se presentará como símbolo de la multidimensionalidad humana y del universo, ayudándonos a comprender mejor su interrelación. Nos obligará a dejar de lado la dispersión mental y hacernos cargo de nuestras elecciones con sus respectivas consecuencias. Al mismo tiempo, entrenaremos la capacidad analítica y de decisión, encontrando una mayor confianza en nuestras capacidades, sin depender tanto del juicio ajeno o de las presiones sociales. Adicionalmente, nos conducirá hacia lo esencial, hacia el centro, despojándonos de toda superficialidad.

El buey o toro rojo (Zezengorri) representará la impulsividad, el hedonismo, la pasión desenfrenada, la furia colérica y el poder de destrucción de los enemigos. Si se logra controlar su fuego, se conseguirá una mayor paz interior, una convivencia más armónica, una clarificación del propio sendero, el tesón necesario para construir proyectos duraderos, un incremento de los recursos materiales y la obtención de un reconocimiento basado en el esfuerzo y la honradez.

La rosa roja ejercerá como planta aliada, recordándonos el poder de la sangre bruja y el dolor del sacrificio. Asimismo, podremos aplicarla para aumentar nuestro atractivo personal, incentivar el deseo en la pareja y disfrutar más de la belleza de la vida.

El número mágico será el 10 (final de etapa), que se transformará en 1 como puerta a nuevos comienzos u oportunidad de rectificación.

La carta del tarot que simbolizará la energía de este ciclo será el Diablo.

 

Sexto día del Zotalegunak

Las temperaturas continúan descendiendo. Viento moderado del Norte. Ambiente gélido y muy húmedo. Cielos muy nubosos y precipitaciones abundantes en forma de nieve a menos de 400 metros. Heladas nocturnas. Alerta roja en zonas de montaña y alerta naranja en los valles. Esto demuestra el progreso del cambio climático y nos advierte de la posibilidad de condiciones meteorológicas inusuales o extremas al inicio del verano, pudiendo producirse desastres naturales como huracanes o inundaciones en distintos lugares del planeta.

Tiempo de retribución con magníficos resultados para aquellas personas que durante los meses anteriores hayan luchado con gran esfuerzo por abrirse camino ante las dificultades, hayan tomado responsabilidad sobre su vida y se hayan alineado con su propósito existencial. Celebración de las bendiciones no materiales de la vida con familiares y amigos, dedicándoles tiempo de calidad a partir de la segunda mitad del mes.

Época de armonía en las relaciones y prosperidad económica. Posibilidad de ascenso profesional o de cambiar a una empresa más grande o con mejores condiciones. En algunos casos, se planteará la posibilidad de abrazar una vida más rural; en otros, se podrá retornar al lugar de nacimiento, donde se vivió gran parte de la infancia o al territorio que ocuparon ciertos antepasados. Los Etxekojaunak facilitarán dicho tránsito y propiciarán un renovado enraizamiento. Algunas personas recibirán una herencia o legado que cambiará su devenir.

La última semana del mes será propicia para la creatividad, el amor, los juegos de azar, las competiciones o exhibiciones y las inversiones en bolsa. Algunos podrán reencontrarse con amigos de juventud o que habitan en lugares distantes; a otros se les presentará la ocasión de clarificar malentendidos con compañeros, reconciliarse con una persona significativa o cerrar temas pendientes con una antigua pareja. Química sexual con un posible pretendiente/a o experimentación en relaciones ya consolidadas. Diversión y alocadas aventuras.

El animal compañero será el águila real, personificando la energía de liberación, empoderamiento, heroísmo, liderazgo, cambio de estatus, éxito, visión de futuro y ascensión espiritual. La capacidad de discernimiento, la iniciativa, la nobleza, la tenacidad y la valentía se encontrarán potenciadas en estos momentos. Evitad a aquellos que den múltiples rodeos, no sean directos o no se comprometan, ya que no serán buenos socios o compañeros de camino. Las decisiones no podrán aplazarse, o se perderán grandes ganancias o beneficios. Algunos hombres pasarán a convertirse en esposos, padres o jefes o tendrán un papel destacado en las dinámicas comunitarias. Momento clave en la política nacional e internacional.

Aquellas personas que hayan experimentado problemas de salud relacionados con la movilidad o sufran trastornos psicológicos encontrarán al terapeuta o la vía de sanación que requieran para su recuperación o mejorar su calidad de vida.

El número 4 representará los pilares que asentarán los cimientos de proyectos más sólidos y sostenibles. También simbolizarán los extremos del palio bajo el cual caminarán los vencedores, recibiendo felicitaciones y ovaciones.

La carta del tarot que ilustrará la conquista de uno mismo, los progresos conseguidos, los premios, reconocimientos o certificaciones será el Carro.

La planta de poder será el laurel, ayudándonos a mantener la mente receptiva, alejar la enfermedad y las malas vibraciones del hogar, atraer la fortuna, cumplir nuestros deseos y facilitar sueños proféticos.

 

Séptimo día del Zotalegunak

La visión del campo y la sierra cubiertos por la nieve transmiten una sensación de paz y descanso. La mirada se pierde en el horizonte, viajando mentalmente, atravesando los límites de la montaña y proyectando infinitas posibilidades. Silencio y desconexión de la realidad inmediata.

Temperaturas bajo el límite habitual. Cielos brumosos y precipitaciones algo más moderadas. Viento frío del Noroeste. Las alertas continúan. Se producen varios cortes de electricidad a lo largo del día que remiten a la posibilidad de que tengan lugar restricciones de agua en lugares muy secos e incendios en lugares cálidos o poco cuidados.

Emociones de emergencia, desbordamiento y agotamiento se agolpan en mi pecho. Veo a personas estresadas, frustradas, atrapadas y derrotadas. Se escuchan gritos ahogados de auxilio y llantos lejanos. Un mundo que se resquebraja y causa sufrimiento. Para algunos, ese dolor otorgará una mayor fortaleza y capacidad de supervivencia; para otros, propiciará un hundimiento progresivo en una espiral de agonía. Éstos no pueden ser salvados y hay que dejarlos ir. No se pueden arrastrar cargas o el naufragio tendrá más bajas. Únicamente queda el esqueleto de lo imprescindible y solo los que estén preparados resistirán.

Los compromisos se ponen en pausa y poco a poco se ralentiza el frenesí. Tiempo de examinar o integrar los conocimientos y herramientas que se han ido incorporando. Veredicto o resolución final que marca una nueva etapa profesional o vital. Reorganización posterior. Se necesitarán unos meses más para terminar de perfeccionar la obra o adaptarse a la situación. Esto exigirá horas de negociación y renuncias parciales o totales.

Al final del mes, instantes de recogimiento, retiro o aislamiento para unos; esperas que se prolongan y se tornan en ansiedad para otros. Llamadas reiteradas que no son contestadas y desconexión del mundo tecnológico. Las únicas interacciones que resultarán interesantes con personas ajenas al círculo más íntimo estarán relacionadas con el aprendizaje de idiomas o intercambio cultural en un país extranjero. Se marcará una distancia con los contactos por conveniencia social u obligación profesional.

El gato será el animal guía en esta etapa, incentivando la independencia, la astucia, la capacidad de reacción ante los peligros, el instinto de supervivencia, la flexibilidad, la resiliencia, el sigilo, la autopreservación, el refinamiento y la intuición. Asimismo, nos ayudará a tornar lo impredecible en oportunidad.

Urtzi desplegará su poder de conjurar tormentas para purificar los ambientes viciados y eliminar aquello que no contribuya a nuestra evolución personal y a conseguir prosperidad.

El 7 se alineará con la cara melancólica y misteriosa de la luna. La tristeza, el desaliento, la ansiedad, la burla y la exclusión impregnarán la vida de ciertas personas. En cambio, otras renacerán desde el idealismo, la imaginación, la sensibilidad, la humildad y la dedicación.

Las zarzas delinearán unos límites necesarios para evitar que los conflictos en la convivencia se agraven, pero, al mismo tiempo, ejercerán de campo de entrenamiento para aquellos osados que estén dispuestos a arriesgar y cruzar los bordes de lo conocido en busca de pistas o tesoros enmascarados.

La carta del tarot que podréis utilizar para meditar será el Juicio Final.

 

Octavo día del Zotalegunak

Brumas matinales y cielo cubierto durante la mañana. Hacia el mediodía se alternan nubes y claros. Las temperaturas se mantienen frías, aunque aumenta la máxima alcanzada por los rayos de sol. Una parte de la nieve se ha derretido, aunque los alrededores siguen cubiertos. Hacia el final de la tarde se producen ligeras precipitaciones en forma de lluvia. El viento sigue soplando en dirección Noroeste y por la noche hay nuevas heladas. Los ríos van aumentando su caudal en los valles.

Agosto será un mes relativamente caluroso, aunque en la segunda parte del mes habrá un ambiente más templado con tormentas vespertinas. El nivel de los pantanos subirá ligeramente y los campos sufrirán menos sequía que el año anterior. Se producirá una cosecha abundante de árboles frutales y hortalizas por la presencia de humedad y sol.

Aumento de la contratación en el sector servicios y del entretenimiento durante este periodo, viéndose recompensada la atención personalizada al cliente. Nuevas oportunidades laborales para quienes se encontraban sin empleo desde hace bastante tiempo. Reactivación de la economía y momento favorable para la compra-venta, pudiendo sacar partido a ofertas ventajosas a finales de mes. La calidad de los cuidados hacia niños, ancianos, enfermos, personas en situación de vulnerabilidad o dependencia serán muy importantes y se verán igualmente retribuidas. La participación en organizaciones no gubernamentales, colectivos sociales o grupos de apoyo serán incentivadas y se obtendrá bastante satisfacción colaborando en la dinamización de estos espacios.

Habrá que invertir esfuerzo en mejorar la imagen personal y la interacción social, haciendo un buen uso de la estética, el lenguaje verbal y no verbal, la diplomacia y las habilidades de liderazgo. Las primeras impresiones serán claves a la hora de acudir a entrevistas, realizar presentaciones o eventos en público, intimar con otras personas y adaptarse en nuevos grupos. Si se logra demostrar la valía personal y aprovechar los talentos, se podrán conseguir recomendaciones o ciertos incentivos. La buena planificación y coordinación resultará fundamental. Estad pendientes de compañeros de trabajo o socios que no cumplen rigurosamente con sus tareas, de información omitida o documentación incompleta, de retrasos administrativos y de comentarios susurrados en los pasillos. La discreción y el autocontrol os servirán de coraza para sortear a cotillas, entrometidos, chismosos y detractores.

El animal compañero será la urraca. Ella os ayudará a potenciar vuestras capacidades intelectuales, a ser más visibles cuando os interese, a captar las oportunidades fugaces, a prestar atención a detalles que marquen la diferencia, a escudriñar la verdadera naturaleza de las personas que os rodean, a tomar conciencia de los elementos esenciales y dinámicas sociales en los grupos, a agilizar vuestra adaptación en entornos desafiantes, a prevenir posibles engaños o fraudes, a incrementar vuestras capacidades psíquicas y la conexión con el mundo feérico. Además, os otorgará un buen sentido de la orientación que podréis aplicar a los viajes físicos o espirituales. Dado que el augurio mostrado fueron dos urracas, cooperando en la búsqueda de sustento, se sugiere la llegada de buenas noticias, la posibilidad de encontrar pareja y/o formalizar una relación (convivencia o matrimonio) o forjar una buena amistad o alianza fructífera.

El número mágico será el 2. La planta aliada, el endrino. Vuestros cómplices, los Iratxoak. El Mago concentrará la esencia vibracional de este periodo.

 

Noveno día del Zotalegunak

Poca nubosidad durante la mañana, aunque se va cubriendo progresivamente el cielo pasado el mediodía. Temperaturas ligeramente más bajas durante el día, aunque durante la noche descienden bastante, activándose la alerta amarilla. Viento moderado del Suroeste por la mañana, que vira hacia el Sureste y se intensifica por la tarde. Precipitaciones débiles al final de la tarde que se convierten en nieve por la noche. La cota baja a 600 metros. Heladas generalizadas y carreteras de montaña cortadas.

Septiembre será fresco y bastante revuelto, especialmente en la última parte del mes. Probablemente la vendimia y la última cosecha se adelanten antes de que cambie el tiempo y entremos plenamente en el otoño, que se atisba más frío y húmedo que el año anterior.

Época de toma de decisiones en el terreno profesional y vital. Podrán presentarse dos ofertas laborales atractivas o la opción de involucrarse en dos proyectos no demasiado compatibles. Aunque inicialmente la primera alternativa resultará más llamativa o estimulante, quizás ciertos condicionantes vitales acaben decantando la balanza en la dirección opuesta. En el caso de elegir entre dos posibles domicilios, centros de estudios o pretendientes/as, sucederá algo inesperado que dejará únicamente la segunda apuesta disponible. La costa de Levante, los valles que se sitúen al este de un río, o los territorios que se encuentren a la derecha de una marca o límite ofrecerán más opciones que los del oeste. En el caso de tener que escoger entre Norte o Sur, Tierra o Fuego, se aconseja un binomio Fuego-Aire que aporte más libertad, pasión, dinamismo, movilidad, actualización y creatividad.

Podrán presentarse retrasos administrativos, demoras en la entrega de documentación o firma de contratos, reajustes en las tareas asignadas, imprevistos o inconvenientes en los viajes o traslados y bloqueos comunicativos. Convendrá revisar cualquier texto escrito (especialmente inscripciones, trabajos académicos, publicaciones), aparatos electrónicos de uso habitual, la mecánica de los vehículos o los cambios en las rutas u horarios de transporte público.

Algunas personas volverán a retomar el contacto con sus raíces o una parte de su herencia ancestral; otras tendrán la oportunidad de sanar heridas, traumas o asuntos no resueltos en la infancia o la adolescencia. La transmisión oral, las artesanías, la recuperación de voces del pasado y la revisión de narrativas pasarán a tener un espacio más destacado. La llama de la tradición será reavivada y ciertas costumbres se reintegrarán en las dinámicas habituales.

Tiempo de cosecha, agradecimiento y reflexión a final de mes. Habrá personas que requerirán de consejo experto, que acudirán a la sabiduría de los ancianos en busca de respuestas o que necesitarán del apoyo comunitario. Renuncia del ego en favor del equilibrio del ecosistema. Cura de humildad. Aceptación de nuestros límites y reconocimiento vivencial de nuestras fortalezas.

El petirrojo nos acompañará en este viaje y mantendrá a raya a los Ieltxu. Él portará la llama que iluminará nuestro camino en momentos de decaimiento, nos recordará nuestro propósito y verdaderas motivaciones, nos enseñará otra dimensión del sacrificio, aportará calidez a nuestras relaciones y ayudará a curar las heridas simbólicas.

La planta que actuará como aliada será el espino blanco, especialmente para regular el sistema cardiovascular, calmar el sistema nervioso, atraer el favor de las entidades feéricas y ofrendar a los difuntos. El 13 se presentará repetidamente como número mágico. La energía del arcano de la Justicia reflejará el balance de este ciclo.

 

Décimo día del Zotalegunak

Brumas matinales. Alternancia de nubes y claros. Aumento de las temperaturas. Vientos del Sureste, que luego cambian al Oeste y se intensifican, trayendo lluvias al final de la tarde. Incremento de la cota de nieve a 1200 metros. Heladas suaves en la montaña. Tiempo otoñal.

La carga de trabajo se va acumulando y la organización pasa a ser un pilar esencial de la rutina. Algunas personas estarán alternando estudios o actualización profesional con sus actividades profesionales, o bien trabajando y desarrollando proyectos artísticos en paralelo. Se estarán ultimando los detalles del lanzamiento de nuevas propuestas o productos que supondrán un salto a otra dimensión. Si se encuentran maneras más atractivas y originales de darse a conocer a nuevos clientes, las ventas aumentarán significativamente. Momento óptimo para editoriales, intérpretes, agencias de publicidad, estudios de diseño gráfico, sellos discográficos y espacios de entretenimiento. Las alianzas o la intervención de amistades leales tendrán un papel relevante en la movilización profesional o el reconocimiento social.

Se recibirán comunicaciones relacionadas con ofertas formativas, certificaciones, logros o mejora de las finanzas, recomendaciones de clientes antiguos que traerán un renovado flujo de intercambio e invitaciones a eventos que ofrecerán la oportunidad de establecer contactos significativos. Tiempo favorable para la negociación o gestión de asuntos legales, especialmente si tienen que ver con la firma de contratos, la creación de sociedades, la tramitación de divorcios, herencias o propiedades. La mediación dará buenos resultados en conflictos de convivencia social.

Buena acogida en un entorno de reciente incorporación, celebración de buenos resultados y estrechamiento de lazos de amistad con personas pertenecientes a otra cultura o estatus social. Condiciones más armoniosas para la crianza de hijos/as, intervención educativa con niños, asistencia psicológica a jóvenes o conciliación de parejas en crisis.

Si alguien debe someterse a una operación o algún tipo de rehabilitación, encontrará las condiciones y el acompañamiento ideal para restaurar su salud. El mundo onírico nos ofrecerá pistas para reconducir algunas de nuestras tendencias negativas o liberarnos de ciertos condicionantes.

El sapo actuará como animal guía en este proceso de metamorfosis interior, poniéndonos en contacto con nuestras emociones sin perder de vista la objetividad y las metas que nos hemos marcado. Nos permitirá superar complejos, salir de situaciones de estancamiento, sanar malestares, encontrar serenidad, ganar flexibilidad e iniciativa, ampliar nuestra perspectiva, potenciar la creatividad y atraer la abundancia.

Las “sorginak” emergerán en la intimidad de la noche para ayudar a sus acólitos a integrar los conocimientos relacionados con la herbolaria, el reconocimiento y disfrute de la sexualidad y el vuelo del espíritu.

El número mágico será el 9, multiplicando el poder de la tríada mágica e impulsando la culminación de proyectos en desarrollo. Asimismo, simbólicamente activará la llamada de la Gran Madre para involucrarnos en el cuidado de sus moradas y la defensa de los territorios sagrados que hayan sido dañados por la mano del hombre.

El arcano de La Suma Sacerdotisa nos otorgará la visión para contemplar otras posibilidades, nos permitirá profundizar en los misterios del mundo subterráneo, renovará nuestros círculos terrenales y vínculos mágicos, encaminándonos a una vida de mayor plenitud.

 

Onceavo día del Zotalegunak

Tiempo revuelto. Niebla a primera hora de la mañana. Cielos bastante nubosos. Vientos moderados del Oeste que viran al Noroeste y se intensifican. Ligera bajada de las temperaturas. Precipitaciones en forma de lluvia por la tarde y disminución de la cota de nieve a 1000 metros. Heladas nocturnas. Inicio de la alerta amarilla por viento y nieve por la noche. El invierno volverá a anticiparse y hacia finales de noviembre empezará a mostrar sus primeros signos.

Momento ajetreado, pero bastante productivo y gratificante. Avance en estudios y proyectos profesionales. Oportunidades de intercambio de ideas y debate entre gremios profesionales, investigadores, grupos de estudiantes, asambleas socio-políticas y círculos espirituales. Grandes convenciones, congresos y seminarios se celebrarán durante este periodo. En unos casos, los encuentros servirán para tomar resoluciones o medidas importantes para solventar problemáticas globales; en otros, se aportarán nuevas perspectivas y avances científicos, construyéndose redes de intercambio que generarán cambios significativos en las estructuras establecidas y dinámicas de relación.

Preparaos para posibles rechazos, desplantes y despedidas. Habrá tensiones entre el viejo y nuevo orden, encontrándose resistencias hacia los intentos de innovación. Esto finalmente producirá rupturas en los grupos, dejando a las viejas glorias apartadas de las jóvenes promesas. Una vez recompuestos los círculos, se cerrarán las puertas y no habrá espacio para miembros recién llegados, por buenas que sean sus intenciones. La envidia, el espionaje, la mentira, la manipulación y el saboteo estarán muy presentes en la caída de los que se perciben como enemigos o amenazas. Cuidaos de los trabajos maléficos y reforzad vuestras protecciones, pues vuestros adversarios no mostrarán ninguna piedad.

Gaueko y sus servidores estarán más activos que nunca. El caos sacudirá los cimientos de la estabilidad o supuesta seguridad hasta entonces construida y los oportunistas sacarán partido de las miserias de los corazones nobles, si no se establecen límites para mantenerlos a raya. La astucia y la premoción os alertarán de engaños o situaciones confusas que pueden convertirse en vuestra ruina. No observéis vuestro entorno con ojos mundanos, sino con mirada de fuego. Mantened la mente fría y no tengáis contemplaciones con quien os hiera. Es tiempo de poner a prueba el verdadero compromiso y la lealtad. Muchas amistades, lazos familiares y uniones sentimentales se quebrarán en el proceso. Asimismo, se romperán las cadenas que mantenían inmovilizados a los oprimidos. Rabia y destrucción, seguida de largos silencios y muros infranqueables.

El mirlo será nuestro animal compañero. Él abrirá nuestra visión a otras realidades, nos pondrá en contacto con lo liminal y con la muerte, nos mostrará la importancia de la territorialidad, nos ayudará a fortalecer nuestra voluntad y golpear las corazas de quienes se ocultan maliciosamente o se resisten a claudicar ante nosotros. Asimismo, mejorará la capacidad de coordinación para articular estrategias de esquiva o ataque. Por último, seguirá entrenándonos en el arte del cambio de forma y susurrará secretos o confidencias en nuestro oído.

El estramonio nos protegerá de los terrores de la noche y de las pesadillas, ayudándonos a enfrentar miedos, inseguridades y duelos enquistados. Además, alejará a los espíritus desencarnados y a quienes están dominados para azotarnos con la maldición.

El número mágico será el 11 y el arcano que representará la esencia de este ciclo, La Muerte.

 

Doceavo día del Zotalegunak

Nieblas matinales. Nubosidad variable, estando el cielo más cubierto durante la mañana. Claros por la tarde. Ligero descenso de las temperaturas. Vientos moderados del Noroeste. Precipitaciones en forma de lluvia al final de la noche y nieve en las alturas, bajando la cota a 800-900 metros. Tiempo invernal. El Solsticio de Invierno resultará bastante frío y las estaciones intermedias se reducirán.

La primera semana del mes resultará un tanto agitada y podrán experimentarse retrasos o cancelaciones de citas con especialistas médicos, reuniones con asesores o viajes. Sensación de cansancio acumulado, estrés e insatisfacción por no disponer de tiempo libre para dedicarlo a hobbies o reunirse con seres queridos.

La segunda semana del mes bajará un poco el ritmo de trabajo y podréis disfrutar de una pequeña escapada. Buen momento para acudir a un balneario, espacio de relax o un lugar apartado del mundanal ruido. No obstante, puede que algunos tengan que hacerse cargo de parientes enfermos u hospitalizados que les obliguen a cancelar o aplazar planes. Si os encontráis solteros/as, se aconseja hacer un cambio de imagen, renovar el armario, buscar actividades donde poder conectar con personas diferentes que compartan intereses semejantes y ser un poco más atrevido/a. Si estáis en pareja, se debe potenciar igualmente el atractivo y reservar momentos para cuidarse más, seducir y mostrarse más detallista con la otra persona. En el caso de tener hijos o familiares a vuestro cargo es importante que solicitéis apoyo a otros parientes y no responsabilizaros plenamente de las atenciones, ya que de lo contrario aparecerán problemas de somatización que afectarán a vuestra salud física y mental.

El resto del mes tendréis que atender distintos compromisos sociales que podrán extenderse más de lo previsto, aunque acabará compensando el tiempo invertido, ya que de esas reuniones sacaréis beneficios económicos o profesionales. Posibles reencuentros con familiares lejanos y descubrimiento inesperado de tesoros simbólicos. Podréis entablar contacto con una persona de otra cultura o tradición espiritual con la que compartiréis una conexión especial y con la que podréis intercambiar experiencias valiosas para vuestro desarrollo o práctica personal.

La última semana será idónea para practicar la adivinación o renovar pactos con aliados. Igualmente resultará muy productiva para revisar proyectos creativos, cerrar asuntos contables o administrativos y tomar resoluciones importantes de cara al nuevo ciclo. La vara reflejará vuestro poder de liderazgo y os servirá para trasladar la llama del conocimiento arcano a otro medio u espacio donde pueda visibilizarse más o ser nutrido de forma diferente.

La serpiente (Sugaar) se insinuará y os conducirá por senderos sinuosos para colocaros ante retorcidas encrucijadas, os tentará a explorar alternativas arriesgadas y prohibidas, intensificará vuestras vivencias vinculadas con el dolor y el placer, os susurrará medias verdades y misterios en forma de acertijo para probar vuestra capacidad de discernimiento, os enseñará a desprenderos de vuestra vieja piel y construir una cobertura más resistente. También os guiará para profundizar en el arte de la geomancia y la sanación.

La planta aliada será el beleño negro. Os servirá para contrarrestar el estrés, purificar apegos insanos y reabrir los caminos que hayan sido obstaculizados. Asimismo, os ayudará a bucear en vuestra propia sombra, a aliviar cargas ancestrales y a convertir el sufrimiento en un elemento transformador.

El 0 representará el poder del Uroboros, la conexión entre los finales y los inicios, el hilo del destino que es tejido eternamente y el poder de la renovación. El arcano que ilustrará las puertas que se cierran y abren durante este tránsito será el Mundo.

Figuras solsticiales en la tradición vasca y sus conexiones con otras tradiciones europeas

El Solsticio de Invierno representa uno de los eventos más significativos dentro del calendario astronómico y agrícola. En muchas culturas del mundo y, particularmente, dentro de las tradiciones europeas, se aprecian ciertos elementos simbólicos semejantes relacionados con el renacimiento y la retribución.

Aunque el momento exacto del solsticio de invierno (“Eguberri” o “Neguburu”) acontece cuando el sol se coloca a mayor distancia del ecuador celeste, lo cual ocurre entre el 20 y 23 de diciembre, el periodo solsticial abarca 13 noches mágicas. Es decir, se extiende desde el mismo día del solsticio hasta el 1 de enero. Durante este tiempo (denominado “Weihnachten” o Noches de los Espíritus entre los nórdicos), se cree que ciertas entidades míticas (deidades, espíritus feéricos, gigantes, trolls, monstruos y almas errantes) campan a sus anchas por el mundo y resulta poco recomendable vagar alegremente por ciertos parajes, especialmente cuando cae la noche.

Algunas de estas criaturas están claramente vinculadas a la Caza Salvaje en su versión más primitiva, como los Krampus o las Perchten de la zona germánica y escandinava, mientras que otras tienen connotaciones más benéficas como Madre Nieve o Madre Ganso (pseudónimos para referirse a Holda o Perchta), Papá Noel (representación edulcorada de Odín o Wotan como “Alfather” o padre de todos/as), el Olentzero (el último de los gentiles vascos, convertido en carbonero bonachón) o la Befana (la famosa bruja italiana, reminiscencia del antiguo culto a Strenia o Estrenua, diosa latina de la salud, el bienestar y los nuevos comienzos). También podríamos incluir a la Madre Anciana (la Cailleach celta en su aspecto de sabia y protectora) y Black Annis (la Cailleach en su representación de bruja huraña y cruel).

Todas tienen en común que toman la forma de ancianos/as. El anciano/a es una personificación del tiempo, la eternidad, la sabiduría ancestral que se transmite de forma oral a la comunidad y, en ocasiones, de la muerte. Los ancianos además son los encargados de la liturgia doméstica. El hombre normalmente era el que se encargaba de los sacrificios (cazando o matando ganado) y las libaciones (fabricaba las bebidas) en muchas festividades mayores. La mujer se ocupada de la limpieza del hogar, el cuidado del fuego o la protección contra él, así como de las tareas de hilado, la recolección de hierbas y la adivinación. El hilo se vincula, no solo al destino, sino también a la creación de vida. El amasado y horneado de pan o dulces igualmente refleja el proceso alquímico de dar forma y madurar algo, aunque durante el cocinado también se miraba la forma que tomaban los bollos como una manera de predecir futuros acontecimientos. De ahí que en las leyendas sea recurrente que estas entidades invernales exijan trabajo, limpieza y cuidado (en forma de servicio u ofrendas).

Otra cuestión que cabe señalar es que estas figuras folclóricas representan los dos rostros de una misma manifestación. Además, casi todas ellas tienen su pareja correspondiente, complementándose las polaridades. Entre los nórdicos, Papá Noel y Madre Nieve están vinculados, ya que el primero aludiría a una representación moderna de Odín y la segunda sería una personificación de su esposa Frigga (algunos autores consideran que hay aspectos de Frigga y Holda que se han fusionado, pero representan entidades separadas). Por su parte, en la zona sur de Alemania y en Austria los Krampus y las Perchten salen juntos a asustar a los niños. En este territorio son considerados como miembros masculinos y femeninos del cortejo de Perchta, respectivamente. Cabe señalar que Perchta vendría a encarnar el aspecto más antiguo y salvaje de la diosa Nerthus, con su pata de ganso u oca y nariz aguileña en forma de pico de ave, que aluden a su capacidad de cambiar de forma. Asimismo, cabe recordar que Thor viajaba en un carro tirado por dos cabras, animales en los cuales se inspira la figura del Krampus. No obstante, hay autores que apuntan a que Perchta tiene rasgos que recuerdan a Hel y que Krampus sería hijo de dicha deidad del inframundo, derivando su nombre  del término “krampen” (garras). En el caso vasco, el Olentzero suele ir acompañado de su esposa Mari Domingi, uno de los muchos aspectos de la diosa Mari.

El comportamiento generoso o sanguinario que ejercen estos personajes míticos sobre los mortales depende del cumplimiento o no cumplimiento de los deberes personales y comunitarios. Si han sido honestos, responsables, trabajadores y han cuidado bien de su familia, son recompensados con regalos (oro, plata, alimentos) o bendiciones (buena salud, fertilidad, prosperidad, transformarse en animales o un animal compañero); si han sido traviesos, mentirosos, holgazanes, descuidados, envidiosos o tramposos, son castigados físicamente (azotados, torturados o asesinados), maldecidos o reciben presentes desagradables (carbón) e incluso siniestros (abrir el vientre de los niños para rellenarlo de paja y piedras en lugar de dulces).

Algunas características de ciertos integrantes masculinos y femeninos de las ancestrales Cacerías Salvajes o Cabalgatas Nocturnas pasaron a ser asumidas por algunos santos/as católicos. Los más conocidos a nivel europeo, aunque también tienen su veneración en Euskal Herria, son San Nicolás y Santa Lucía. Adicionalmente, en la geografía vasco-navarra también se rinde culto a San Saturnino y Santa Bárbara.

La festividad de San Saturnino (denominado también San Serenín o San Cernín) es la que precede el periodo solsticial, celebrándose el 29 de noviembre en varias localidades navarras y alguna villa guipuzcoana. Este santo, según las Actas de San Saturnino, fue un misionero romano del s. I que predicó por las Galias, los Pirineos y norte de la Península Ibérica. Más tarde, se convirtió en el obispo de Toulouse (curiosamente también se le venera bastante cerca de Tolosa). Sin embargo, La Passio Saturnini, sitúa su obra y su martirio más tarde, en torno al 250 d.C. La historia del martirio es interesante porque alude a su influencia sobre el templo de Júpiter. Por lo visto, Saturnino pasaba cada día por el templo de Júpiter (entendemos que sin mostrar ningún respeto) para ir a un pequeño oratorio cercano donde había situado su catequesis. Júpiter estaba tan molesto que dejó de conceder peticiones a sus fieles durante un tiempo. Así pues, el pueblo señaló como responsable a Saturnino. Tras negarse a sacrificar un toro en honor a Júpiter, lo ataron a la bestia y fueron picándole mientras corría por las escaleras del Capitolio hasta que finalmente su cuerpo fue despedazado por el arrastre de la res.

En Pamplona se le empezó a rendir culto a finales del S.XI, cuando emigraron grupos de francos para repoblar el Reino de Navarra. Frente a su iglesia principal, situada en la calle del mismo nombre, existe un pozo que, según cuentan, fue bendecido por él. Se dice también que con dicha agua bendijo a los primeros cristianos de la zona, entre ellos San Fermín, patrón de la capital navarra. Igualmente, su advocación está presente en Artajona, Usún, Gastiáin, Zalduondo y Saturdi. Tras la habitual procesión, se organiza una comparsa de Gigantes y Cabezudos que van bailando desde la iglesia a la plaza, acompañados de música de txistulari.

Estos elementos nos permiten descubrir la relación del santo con el Dionisos griego y el Saturno romano. En Grecia, en ese tiempo, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. La manera de honrarlo era sacando un toro en procesión para luego hacerlo pedazos (simulando la muerte del Dios) y entregarlo a las Ménades. Igualmente, se sacrificaba un cabrito a Dionisos, los asistentes gozaban de los placeres del vino y se organizaban representaciones teatrales. En Roma se celebraba, posteriormente, la Saturnalia desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre. En esta época se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el merecido descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. A menudo, se solían intercambiar roles con los amos, aunque los hijos también podían adoptar el papel de sus padres. Cada familia solía elegir a un “Rey de la Saturnalia” o “Señor del Desgobierno”. La desinhibición, los excesos, los bailes de máscaras, los juegos y las orgías cobraban protagonismo durante estos días. Tradicionalmente, se decoraban las casas con plantas, se encendían velas, se preparaban grandes banquetes y se entregaban regalos a los seres queridos. El 25 de diciembre, al final de la Saturnalia, se celebraba el nacimiento del sol (Deus Solis Invictus), coincidiendo con la entrada del astro rey en Capricornio. De nuevo, la cabra se erige como animal sagrado, tanto en el caso vasco como romano, a pesar de que representen a deidades diferentes.

Por su parte, el culto a San Nicolás fue claramente importado de la zona escandinava. Al Igual que en el resto de Europa, su festividad se celebra el 6 de diciembre, aunque los festejos comienzan el 5 de diciembre por la noche. Este santo fue un obispo cristiano del s. IV, hijo de un zapatero, que predicó en la antigua Anatolia (Turquía) y participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas arrianas. Tras la conquista musulmana, sus restos fueron conducidos a la ciudad italiana de Bari para preservarlos. Este santo es considerado liberador de los presos, conversor de ladrones, protector contra los robos, abogado de los oprimidos y de quienes afrontan juicios injustos, consuelo de aquellos que están afligidos y tienen mala salud, amparo de los pobres y necesitados, guía de los peregrinos, protector de los niños y estudiantes, así como aliento de las muchachas solteras que desean encontrar marido. Es decir, representa una inversión de los dominios de Saturno en la astrología tradicional, tratando de enmascarar su esencia original. Esta figura es la que daría origen a Papá Noel o Santa Claus, aunque su cara oscura estaría representada por el Krampus. En la mitología vasca, esta parte siniestra estaría personificada por la versión primitiva del Olentzero: un gentil o gigante con la cara negra de hollín, que llevaba un saco, portaba una escoba de brezo o árgoma para fustigar a los niños traviesos y usaba una hoz para cortar las cabezas de aquellos que habían sido muy malos.

En Euskal Herria, se conocía este día como la “fiesta de los obispillos” y se daba descanso a los niños en la escuela, ya que antiguamente se consideraba que San Nicolás era el patrón de los estudiantes. También era una buena excusa para que éstos no fueran al colegio en uno de los momentos más inclementes del año. Entonces los niños tenían la costumbre de disfrazar a un compañero de obispo, con el hábito y los ornamentos propios de su rango, a quien luego honraban jocosamente hasta el 28 de diciembre (Día de los Santos Inocentes). Según los registros más antiguos que se han encontrado, esta tradición se remonta a la Edad Media y estuvo sujeta a diversas prohibiciones en distintos lugares, porque se consideraba irreverente usurpar un cargo eclesiástico y mofarse de él. Incluso en el interior de los templos se llegaron a organizar parodias burlescas con apoyo de personal laico al estilo de los carnavales. Esto disgustó especialmente a las autoridades.

Según nos informa José Dueso, los obispillos guipuzcoanos eran niños de menos de 7 años, mientras que los navarros eran de mayor edad. Por ejemplo, en Garisoain elegían a un muchacho entre 9 y 14 años con las cartas de una baraja, seleccionando a aquel que tuviera el As de Oros. Habitualmente, los mozuelos solían ir de casa en casa haciendo teatrillo y con el dinero que conseguían compraban un gallo que asaban el día de la Purísima Concepción (8 de diciembre). Antes de comerlo, lo colgaban en la puerta de la iglesia y cada uno simulaba matarlo con una espada de madera mientras permanecían con los ojos vendados. Antiguamente, parece que sí que sacrificaban al gallo de esta manera con una espada de verdad, al estilo del “Ollasko-jokua” (juego del gallo). En Álava esta fiesta se suscribía al área de Salvatierra. A continuación, se expone una de las letrillas que se han conservado: “San Nicolás Coronado, es Obispo muy honrado/ si nos dan o no nos dan/ las gallinitas lo pagarán”. En lugares como Kampetzu, Arraia, Aramaiona, Laminoria o el Valle de Arán se trasladaba esta representación teatral a la época de Carnaval.

Esta tradición perduró con bastante arraigo hasta hace relativo poco tiempo en algunos lugares de Navarra y Álava. En localidades como Arrasate y Segura (Guipúzcoa) se está tratando de recuperar con un formato más moderno. Normalmente se escoge a un niño de menos de 6 años, se le viste de obispo y junto a sus amigos va a buscar el “bolo-bolo”, es decir, caramelos y frutos secos.

Seguidamente, pasaremos a analizar las celebraciones en torno a dos figuras femeninas: Santa Bárbara y Santa Lucía.

Santa Bárbara fue una virgen mártir del s.III, cuya festividad se celebra el 4 de diciembre. Su familia era pagana y quería casarla, pero ella se negó y anunció su conversión al cristiano. Su padre estuvo a punto de sacrificarla, pero ella consiguió huir y ocultarse en una misteriosa cueva en una montaña. Finalmente la encontraron y su condena consistió en ser atada al potro y flagelada para luego ser colocada en una cama de trozos de cerámica cortante hasta ser desgarrada por rastrillos de hierro y quemada con barras metálicas incandescentes. De ahí que se haya convertido en patrona de los mineros, herreros, artilleros y canteros, así como abogada contra las calamidades (especialmente de que cayera un rayo y quemase la casa o taller). De todos modos, su advocación estaba extendida entre los agricultores y leñadores, quienes se santiguaban y se encomendaban a la santa diciendo: “Santa Bárbara bendita, protégenos del trueno y la tormenta”.

Se la suele representar entre bloques de piedra, junto a una torre o una montaña, con un manto rojo, un rayo sobre su cabeza, una espada en una mano y un cáliz en la otra. Esto nos recuerda a algunas imágenes de Mari donde aparece con un sayón rojo en una montaña o junto a una cueva, la cual puede tomar forma de rayo para viajar y que tiene tesoros de oro (cáliz). La imagen de la fortaleza nos podría remitir a su relación con la nobleza y su matrimonio con Diego López de Haro. La espada nos recordaría al arma de San Miguel en contra del dragón, su consorte mítico. Un rito asociado a la protección contra las tormentas consistía en colocar el hacha con el filo hacia arriba.

Uno de sus lugares de culto de Santa Bárbara era la Iglesia de Donibane, construida en el S.X. A ella acudían los trabajadores de las minas Usi, Meatza y Beramio. En la zona del Valle de Orozko, que también tuvo una gran relevancia como cuenca minera, se la veneró con fervor hasta que el abad de Axpuru empezó a modificar las costumbres paganas asociadas a esta santa. Otros de sus famosos templos se encuentran en la ermita de Mendikota (Zuberoa), al cual las madres llevaban a los niños a los que les costaba hablar. En Navarra son conocidas las ermitas de Lezaun y Ukar en honor a esta figura.

Finalmente, vamos a comentar el significado de Santa Lucía y las costumbres asociadas a ella. Esta santa fue una mártir siciliana que fue condenada durante la persecución de Diocleciano. Consagró su vida a Dios y, al igual que Santa Bárbara, insistió en permanecer virgen. Su madre, que estaba enferma, la intentó persuadir para que se casara con un pagano, pero ella le convenció para que fuera a la tumba de Santa Águeda a pedir su curación. Si sanaba, renunciaría al compromiso. Así sucedió, pero su prometido la denunció. Durante su arresto, trataron de violarla. Luego intentaron doblegarla con la tortura del aceite y el pez. Finalmente, según la Passio latina, le atravesaron la garganta y le sacaron los ojos. En la versión griega que relata su martirio, en cambio, se dice que ya había acudido al tribunal ciega porque la belleza de sus ojos deslumbraba a su pretendiente y ella decidió sacárselos.

De ahí que sea la abogada de las enfermedades de vista. Además, es patrona de los pobres, los ciegos, los niños enfermos, los fotógrafos, los cristaleros, los electricistas, los afiladores y las modistas. Los orígenes de su festividad se remontan al S.XVI en Suecia y Finlandia. La costumbre dicta que las hijas mayores de cada familia deben vestirse con una túnica blanca, una faja roja y colocar una corona de acebo con 7 velas sobre sus cabezas. También suelen preparar el desayuno para su familia, horneando galletas de jengibre y bollos de azafrán en forma de espiral. Asimismo, entonan canciones en la iglesia, en la escuela, en hospitales o residencias de ancianos, entrando en procesión con sus velas encendidas en la mano y en la cabeza. En las iglesias protestantes, van acompañadas de niños vestidos como estrellas.

Los paganos nórdicos consideran que Santa Lucía es una representación de Heid o Gullveig, sobrenombres con los que Freyja aparece en el Volüspa. Según el poema, la quemaron y atravesaron con lanzas pensando que era una bruja, pero ella renació tres veces y siguió viviendo. Freyja es otra de estas líderes de Cabalgatas Nocturnas y va acompañada por las Valkirias (quienes recogen las almas de los muertos en batalla) o las Dísir (hadas o diosas menores similares a las Matronae romanas), según versiones. Otros autores consideran que las niñas que encarnan a Santa Lucía representan en realidad a la diosa Sol (Sunna). En otras latitudes, estas muchachas recuerdan a las Damas Blancas.

En la tradición italiana, se la relaciona con Juno Lucina o Vesta (según autores), ya que la santa va montada sobre un asno entregando regalos a los niños bondadosos (que se han preocupado de dejar una ofrenda para ella) y tirando brasas en los ojos de aquellos que se han portado mal o se quedan despiertos para verla llegar (al igual que la Befana o ciertas entidades feéricas, evita ser descubierta). En el caso vasco, estaría más cerca de la figura de Amilamia, la más hermosa y bondadosa de todas las lamias, o directamente de Mari como Reina del mundo feérico con su corte de seguidoras. Igualmente, no podemos obviar la conexión mencionada con Santa Águeda, portadora de la luz y protectora de los niños, a la cual se asocia esta costumbre de encender velas y cantar canciones en comunidad. Así pues, esta tradición solsticial pasaría a celebrarse durante el mes de febrero como conmemoración del retorno del sol y la reactivación del ciclo natural.

Dentro de la geografía vasca, la única costumbre señalada durante el 13 de diciembre es la feria de Santa Lucía en las localidades guipuzcoanas de Urretxu y Zumarraga, que se celebraba antiguamente cerca de la ermita de Ezkio. Además de los típicos tenderetes navideños, se exponen los productos de la comarca, así como ropa, calzado, herramientas y maquinaria. A esto hay que sumar la venta de ganado caballar. Recordemos que en el artículo anterior dedicado a los Oihulariak mencionamos al caballo como animal totémico y espíritu autóctono (Irelu) que sirve como mensajero entre vivos y muertos, además de estar asociado a la protección y la fertilización del grano que brotará en primavera. Asimismo, existen concursos de capones, luchando las compradoras por encontrar el mejor precio para la cena de Navidad. El único elemento que se comparte con el resto del Europa son los coros, en este caso, integrados por modistillas que entonan canciones populares siguiendo la melodía de la trikitixa (instrumento vasco similar a un acordeón).

 

— Para la construcción de este artículo, además del libro de “El calendario tradicional vasco” de José Dueso, se ha consultado el “Diccionario Akal de mitología universal” de Giuseppina Sechi Mestica, el libro “The Winter Solstice” de John Mathews, el blog “Una de romanos” (WordPress) y los artículos sobre Yule de la página de Gotland Forn Sed.

 

  • La imagen de portada es un cuadro de Santa Lucía pintado por Francisco del Cossa.
  • La primera fotografía se titula Krampuslauf Perchten München y pertenece a @ Christkindlmarkt.
  • La segunda ilustración es una representación de la diosa Holda y es obra de Hello Heydrich.
  • La tercera fotografía corresponde al baile de Gigantes y Cabezudos de San Saturnino en Pamplona y pertenece a Iñigo Alzugaray.
  • La cuarta imagen es el Olentzero de Estella sacada de la Revista Calle Mayor (2016)
  • La quinta ilustración se titula Boy bishop y se ha extraído de Wikipedia.
  • La sexta imagen es una representación de Santa Bárbara que podéis encontrar en la siguiente web: https://www.el-carabobeno.com/dia-santa-barbara/
  • La séptima fotografía es una imagen de un vídeo de YouTube sobre las tradiciones de Santa Lucía en Suecia: https://www.youtube.com/watch?v=UJS0w5BGRCI
  • La última ilustración es una panorámica de la Feria de Santa Lucía en Zumárraga de la web de EITB (Televisión vasca).

 

Oihulariak

En la mitología vasca existen diversos númenes, genios y espíritus que anuncian su presencia y se comunican mediante gritos, chillos, aullidos o relinchos nocturnos denominados “oihu”, “oiu” u “oyu”. De ahí que, popularmente, se les conozca con el sobrenombre de “oihulariak”(oiulariak, ojulariak), “oihukariak, “oihutariak”u “oihu-egileak” (oiu-egilleak, oyu egilleak), cuya traducción sería “los que gritan” o “gritadores”.

El “oihu” es una forma de llamada salvaje, más frecuente de escuchar durante la época oscura del año y que suele causar un efecto psicológico sobre quien lo recibe, mayormente de inquietud o miedo, aunque no necesariamente se emite con el propósito de atemorizar sino más bien de advertir: bien sea de que se está entrando en el territorio que custodia dicha entidad y, en algunos casos, se avisa incluso de posibles peligros.

Habitualmente en las leyendas se instruye sobre las consecuencias de ignorar estas señales y no se recomienda (e incluso se castiga) responder a dicho grito con uno semejante, especialmente si no se reconoce qué tipo de espíritu puede estar emitiéndola o no se comprende el mensaje. No obstante, en otras, se pone de manifiesto que algunas de estas criaturas míticas acuden a la contestación sin que ello implique un daño o perjuicio para quien las convoca. Es más, se da a entender que el humano que conscientemente replica porque tiene la intención de convocar a dicha entidad o solicitar su ayuda en su mismo “idioma”, propicia un reconocimiento y entendimiento mutuo.

Un ejemplo del primer caso lo encontramos en leyendas asociadas a Gaueko. Como ya se ha explicado en anteriores artículos, este numen es la representación de la noche y su dominio se extiende durante este periodo bajo una serie de normas y tabúes que, si no se cumplen, suelen tener consecuencias desastrosas. En unas ocasiones, Gaueko se manifiesta imitando el silbido del viento y susurrando “Eune eunezkontzat eta gaue gauekontzat” (el día para los del día, la noche para los de la noche); en otras, mediante gritos, relinchos o aullidos (especialmente cuando toma forma de bestias y más comúnmente bajo el aspecto de lobo).

Una leyenda de Lekeitio cuenta que dos muchachas que regresaban tarde a casa una noche escucharon, de pronto, un relincho semejante al de un caballo salvaje que provenía de las profundidades del bosque. Las jóvenes continuaron su camino despreocupadas, hablando entre ellas. Luego, se oyó un grito desgarrador y, posteriormente un aullido. Aterradas, echaron a correr, seguidas por una sombra gigantesca que iba quebrando las ramas de los árboles a su paso. Consiguieron llegar a la puerta del caserío y la aporrearon hasta que la señora de la casa les abrió, lanzándose dentro. La dueña cerró la puerta con todas sus fuerzas pero, antes de que pudiera echar el cerrojo, la criatura que perseguía a las mozas dio un fuerte golpetazo a la puerta, haciendo temblar el umbral y los muros del baserri. A la mañana siguiente, las tres mujeres salieron y vieron hundidas sobre la madera maciza las marcas de las garras de Gaueko. Aunque las muchachas lograron salir ilesas, la Etxekoandre sufrió insomnio y pesadillas hasta que finalmente enloqueció. Pues ella había contemplado con horror a Gaueko y había sentido su aliento gélido en el rostro mientras trataba de cerrar la puerta. Aquella terrible visión la acompañó y la torturó hasta el final de sus días (“Mitologika”, A. Bergara, R. Alzate  y R. del Río).

En este caso, las protagonistas desobedecen el horario establecido por sus mayores, permitiendo que cayese la noche antes de llegar al caserío. Invaden el reino de Gaueko conociendo la prohibición de abandonar la protección de la casa entre la medianoche y el amanecer. También desoyen los avisos del propio numen que les advierte de la invasión de su territorio. Además, quiebran la paz nocturna con sus cuchicheos, aunque en este caso no respondiesen a la llamada a modo de provocación.

Seguidamente veremos un claro ejemplo de réplica irrespetuosa. Una leyenda de Ataun, recogida por Barandiarán, cuenta que los caseros de Artzate y sus vecinos se encontraban una noche echando combustible en un horno calero de piedra caliza. En plena faena, escucharon un grito que venía de lo alto de Iruzuloeta (Sierra de Olatzaitz), donde tenían una de sus moradas los gentiles. Uno de los trabajadores contestó: “mejor sería que vinieras aquí a ayudarnos en lugar de pegar gritos ahí fuera”. Entonces el gentil lanzó una enorme piedra que justamente fue a parar encima del horno, destrozándolo. Allí permanece aún el pedrusco sobre el horno abandonado.

Otro relato de la Sierra del Gorbea narra la historia de una aldeana que estaba segando helechos en la montaña de Mugulegorreta. Un basajaun (en otras versiones, Tartalo) que vivía en el lugar y no le había dado permiso para cosechar allí ni había recibido ninguna ofrenda para solicitar su consentimiento, emitió un “oihu”. La joven, sin pararse a pensar, le contestó con un “ijiji”. El guardián de lugar, que interpretó que se estaba mofando, la secuestró y la llevo a su cueva. Nunca más se supo de la doncella.

Otros genios como los Iexltu o Idditu, de naturaleza traviesa, suelen asustar a aquellos que transitan de noche con griteríos o aullidos, especialmente si caminan por parajes peligrosos como montañas escarpadas, bosques cercanos a simas o parajes próximos a acantilados. A veces, sus chillidos llevan a los viajeros a desorientarse y perderse e incluso a caer por precipicios cuando intentan escapar de ellos.

Otros espíritus menos conocidos son los Ireluak, entidades con forma de “pottoka” que anuncian su llegada con relinchos. La pottoka es una de las razas de caballos autóctonos, descendientes del Equus prehistórico, que ha vivido en condiciones semi-salvajes, resultando difícil de domar. El culto al caballo como animal totémico está muy presente en el País Vasco, Navarra y Pirineos, encontrando su silueta en pinturas rupestres de las cuevas de Ekain, Altxerri, Atxeta, Santimamiñe, Urkiaga, Izturitxe, Aldekerdi y Torrea. En la región de Tardets, las leyendas representan al Irelu como un caballo blanco o una yegua que secuestra a los/as mozos/as del lugar para llevarlos a sus moradas (cueva de Lexarrigibele, sima de Obantzun, cueva de Ahantz). En la Sierra de Alarar, el Irelu suele aparecer también como un caballo blanco, pero montado por un jinete esbelto que premia o castiga a los aldeanos. Una historia popular cuenta que un pastor estaba con su rebaño en Puterri y ,de pronto, escuchó un relincho. Se volvió y vio la figura de un caballo blanco montado por un caballero. El misterioso jinete le preguntó dónde se situaba la cueva de aquella montaña. El pastor le acompañó hasta la entrada de la gruta y éste le recompensó con una moneda de oro. En Ataun, en cambio, los Irelu se manifiestan como caballos de fuego que cruzan de noche el espacio para viajar a cuevas como la de Sugaarzulo, simas como la de Unbedi o montes como Gurutxegorri, Aspildi o Igartu. Asimismo, existen relatos sobre estos seres míticos en Larraun o en las rutas que se usaban para el contrabando en los Pirineos. En Zuberoa y Nafarroa Behera, se describe al Irelu como un caballo blanco sin cabeza conocido como Zamari Zuria que suele hacer acto de presencia para anunciar una muerte o accidente grave. Además de ejercer de emisario sobrenatural entre las criaturas vivas y muertas, también realizaban trabajos relacionados con protección y la fertilización del cereal y ayudaban en la construcción de puentes que unían dos regiones (aunque esto probablemente sea una metáfora).

Las Lamias, los Maide y los Intxixu son entidades feéricas a las que también se les ha descrito como gritadores o aulladores. En varias leyendas de Aramaio se cuenta que estos genios han hecho pasar malos ratos a quienes se han atrevido a contestar a sus gritos. Uno de estos relatos explica la historia de un pastor de Laumugarrixeta que respondió al grito de uno de estos seres y que, en el momento de resguardarse en su choza para pasar la noche, escuchó un fuerte golpetazo en la puerta, la cual quedó marcada con la forma de un manotazo (o un zarpazo, según versiones).

En otras leyendas se menciona que las lamias se comunican frecuentemente mediante “irrintzis” (“risas”). El “irrintzi”, según la definición de J.B. Daranatz, es un “grito estridente, sonoro y prolongado, de un solo aliento, que los pastores gustan de hacer resonar en los flancos de las montañas y que los vascos en general lanzan gustosos en señal de alegría”. Algunos cronistas medievales sugirieron que estos gritos de los montañeses vascos eran una forma de atemorizar a sus enemigos. Probablemente estos escribas se referían a los vascones o descendientes ya cristianizados de esta tribu prerromana, quienes perpetuaron este tipo de emisión como forma de causar un efecto psicológico sobre sus combatientes antes de la batalla. Autores como Duvoisin consideran que estos gritos tienen un origen bastante más lejano, que se remonta a los albores de la humanidad, así como un uso más cotidiano, encontrándose expresiones semejantes en la cultura hebrea, en las tribus árabes del norte de África (zaghareet) o los pueblos nórdicos (kulning o herding), entre otros. Independientemente de si el uso inicial del “irrintzi” se limitaba a un contexto guerrero o se trataba de una forma de comunicación entre montañeses o con otras criaturas, no podemos ignorar la supervivencia de este peculiar grito hasta nuestros días y su uso popular en festividades como expresión de regocijo. Incluso se ha convertido en motivo de divertimento, ya que en muchas localidades se organizan concursos para ver qué “irrintzi” es el más largo.

En Elorrio, Axpe y Arrazola, se transmite una historia muy parecida a la de Lekeitio donde las protagonistas son las lamias. En este caso, las muchachas del relato se habían pasado el día cosiendo en un caserío vecino y, en el camino de vuelta a casa, escucharon un “irrintzi” al que inmediatamente contestaron, pensando que probablemente se trataba de alguna de sus amigas o de algún vecino. Luego escucharon otro “irrintzi”, al que también respondieron, creyendo que se trataba de un juego. Seguidamente, escucharon un tercer “irrintzi” que igualmente replicaron. De pronto, miraron hacia atrás y vieron una figura llameante que se aproximaba a ellas a la velocidad del viento. Asustadas, pidieron asilo en un caserío vecino para librarse del peligro. Seguidamente, escucharon un sonoro golpe en la puerta. Al día siguiente, vieron las marcas de cinco uñas en la madera (en otras versiones, la marca que dejaron fue la de diez dedos).

En Abadiño, donde todavía se cuentan relatos similares, se advierte que nadie debe dar tres “santzos” en la cima de Gaztelu ya que, de lo contrario, las lamias o los maide que allí viven pueden secuestrarte. Estos particulares gritos que, a menudo se traducen como “relinchos”, son expresiones de júbilo como los “irrintzis” y que podríamos aproximar a la onomatopeya “iujuju” o “iujujujui”. También solemos encontrar referencias a estos chillidos en registros de fiestas de los pueblos, especialmente durante la verbena de San Juan, cuando suena la música o hay baile.

https://www.youtube.com/watch?v=c_v4qJyV7pQ

Continuando con estas emisiones salvajes, cabe mencionar que en Oiartzun y otros lugares de Guipúzcoa se cree que cuando los perros empiezan a ladrar sin explicación o se oyen silbidos o relinchos sin que ningún animal ande suelto, es que un Intxixu está haciendo de las suyas. De esta forma intentan llamar la atención de aquellos que se encuentran en la casa para que, llevados por la curiosidad, dejen la protección del hogar y salgan a mirar afuera. Es más, existe la expresión popular “eres más malo que un Intxixu”, que se dirige a los niños que son muy alborotadores o traviesos.

Aquí es preciso hacer un apunte para añadir que tanto Ehiztari Beltza (o Mateo Txistu), como Herio (la muerte) se manifiestan habitualmente de una forma muy semejante. En el caso de nuestro Cazador Negro, que va acompañado de su jauría (representación local de la Caza Salvaje), es común o bien escucharlo como un agudo silbido que recuerda al sonido del fuerte viento o como el aullido lejano de sus perros. Por su parte, la presencia de Herio a veces se intuye por el ladrido de los perros del hogar sin que exista aparentemente ninguna amenaza o bien porque el gallo canta a deshora.

Un último grupo de entidades emisoras de algarabía nocturna son los/as brujos/as. Las “sorginak”, no obstante, suelen expresarse mediante “irrintzis” al igual que las “lamiak” mientras que los sorgin hombres (a los que en Ataun se les conoce, curiosamente, como Intxixu) suelen manifestarse utilizando “santzos” cuando van volando por los aires de camino al Sabbath o durante estas reuniones de brujos/as ante Akerbeltz y/o Mari. En la obra “Bakarrizketak”(1915) de Juan Ignazio Uranga hay un fragmento donde se describe a estos “brujos” o entidades masculinas presidiendo el desfile de las brujas, aludiendo a su griterío y a las nefastas consecuencias que conlleva su aparición: “Oraiñ ere emen datoz intxisuak, sorgiñ zitalen aurrelariyak, pake maitiaren ondatzalle petralak, nere odolak irakiñaz zorne pikortuaz arri biurtzera, ta osasunaren zañariyak uztelduaz maxutatzera.” (Ahora también aquí vienen los Intxixu, la miserable prelatura de las brujas, deshonestos devastadores de la amada paz, para llevarse mi sangre en un hervor de sus dientes tibios y superar la putrefacción en sus venas con mi salud).

En este ejemplo se aprecia claramente la confusión (o difuminación) entre la figura del brujo/a, seres de naturaleza feérica (“lamiak”, “intxisuak”) y difuntos sin descanso que han sido convertidos en monstruos (vampiros). Al igual que sucede en otros lugares de Europa, estas manifestaciones de la pervivencia del mito de la Cacería Salvaje pueden conformarse por huestes de almas de difuntos, seres feéricos (tanto de carácter benéfico como maléfico) y mortales que desdoblan su espíritu del cuerpo (“volando” junto a ellos). Las figuras que suelen liderar estos séquitos o procesiones propias de la época oscura del año son, en el caso vasco, la propia Mari o Akerbeltz (o el Diablo, en representaciones medievales). A menudo, la Dama suele presidir la marcha sobre un carnero y los/as brujos/as acuden transformados en animales o montados sobre bestias (gatos o perros negros, lobos, urracas o cuervos, zorros, caballos, bueyes o toros, osos…). La reminiscencia de esta conexión con lo salvaje, estos cambios de forma y estas algarabías nocturnas pervive en los Carnavales y en algunas danzas populares como la “atzeri-dantza” (a la cual ya hice referencia en un artículo anterior).

       

La pregunta que nos puede surgir tras analizar estos ejemplos es si los gritos que emiten estos personajes son meramente una de sus características distintivas como integrantes de esta Cacería Salvaje o si estas locuciones representan un sistema de comunicación simbólico que es capaz de conectar con la parte más primitiva y caótica de nosotros/as mismos/as (con nuestra sombra, como se entiende desde la psicología junguiana). En mi opinión, aunque no podemos negar que estos gritos constituyen una seña de identidad hasta cierto punto, su diversidad y sus usos son bastante más complejos que lo que hemos podido apreciar en la primera parte del artículo.

Y es que además de los “oihus”, los “irrintzis” y los “santzos”, Chaho (1845) distinguió otros 19 tipos de llamadas utilizadas en Euskal Herria:

  • Dei: un grito para despertar a una persona o grupo de personas. A su vez, el vocablo “deadarti” se referiría a un individuo o entidad que saca del sueño a los durmientes con su llamada.
  • Hela: utilizado como señal de alerta ante un posible atisbo de peligro.
  • Deihadarra: usado como grito de alarma ante la amenaza de un enemigo o alguna catástrofe (fuego, tormenta, etc). Existe el término “deihadarkari” para describir a un ser que es capaz de alertar con su grito.
  • Karrankla, txarrantxa o garranga: vocerío de los pastores del Pirineo en la defensa de sus rebaños contra el lobo. Encontramos también el término “karrankari” para referirse a quien emite este tipo de grito. La karrankla o karranka era, además, una pieza de hierro o acero con salientes puntiagudos que se colocaba a las caballerías. Asimismo, la txarrantxa era una de las denominaciones que recibía el rastrillo de lino y la cardadora de la lana, así como el peine de oro de las lamias. Por su parte, la karlaka era un collar de clavos que se utilizaba como amuleto de protección. 
  • Karraska: crujido o chasquido que se produce cuando algo se desgarra, se rompe o estalla. Asimismo, se trata del sonido de los truenos fuertes cuando están a punto de descargar. 
  • Orroko: un grito de horror ante algo que causa terror.
  • Karraxia: un sonido para expresar o causar confusión.
  • Auhendu: un clamor de lamento para sacar la tristeza. Existe un verbo de fonética similar (aihendu) que significa hacer brotar o nacer los pámpanos.
  • Heiagora: un gemido para manifestar aflicción.
  • Marraska: lloro o llanto por una amarga pena. También tiene sentido de “berrido”.
  • Marraka: un quejido de profundo dolor. Se vincula generalmente a los gatos (maullidos), aunque también tiene el significado de “balido” (ovejas).
  • Marruma: un grito ahogado o alarido. En Iparralde también se traduce como mugido o bramido.
  • Uhuri: un sonido ululante o aullante.
  • Marrobia o marrubia: un chillido o alarido rugiente, semejante a un mugido o bramido.
  • Kikisai: un grito de alegría que podría relacionarse con el “kikiriki” de los gallos.
  • Shinka: expresión de júbilo que tal vez tenga algún nexo con el vocablo “zinka” que significa jurar, conjurar o maldecir.
  • Hozengu: grito de aclamación por una hazaña destacada. Podría estar relacionado con el verbo “ozendu” que significa resonar o hacerse oír.
  • Khereillu: término para describir un griterío o algarabía colectiva.
  • Dundura: una llamada colectiva, unida por un vínculo o propósito común.

Por su parte, Barandiarán asoció dos términos más a la caracterización de estos espíritus gritadores: “ahakari” e “iliskari”, que provienen de “ahakar” (riña, disputa) y “liskar” (discusión, pelea, reyerta), traduciéndose como “quienes discuten o riñen”; e “izkolari”, que vendría a significar “el que grita quejándose”. Los Galtzagorriak, esos duendes caseros que destacan por sus ropajes rojos y su fuerte carácter, bien podrían recibir estas denominaciones cuando expresan su descontento. No obstante, probablemente otros espíritus de índole más doméstica como los Iratxoak pueden reaccionar de manera similar o pelearse con otros.

Como podemos apreciar, los propósitos y estilos comunicativos de estas locuciones están meticulosamente definidos en la etimología euskérica. Sin embargo, aquellos que no hemos vivido continuamente en un entorno rural tradicional, hemos perdido la capacidad de distinguir ciertas sutilezas que nos ayudarían a interpretar mejor el medio natural y las señales de la tierra oculta, favoreciendo la convivencia y el entendimiento con el mundo visible e invisible.

A esto debemos añadir que la educación recibida en nuestro entorno sociocultural actual ha reprimido estas expresiones salvajes o primitivas en nosotros/as mismos/as, a excepción de momentos muy puntuales como festividades destacadas donde se nos permite saltarnos ciertas reglas (Carnavales, Solsticio de Verano, Día de las Ánimas…) o en situaciones donde nuestro estado mental y/o emocional se pone al límite (un accidente, una catástrofe, el fallecimiento de un ser querido, un parto, una agresión, una situación de pánico…). El júbilo exaltado, el placer extremo, la ira encendida, la intensa desesperación o la melancolía más honda son manifestaciones que están vetadas por la civilización y que acaban quedando relegadas muchas veces a un cuarto oscuro que preferimos ignorar o bien son disimuladas o atenuadas por temor a que se desborden en el momento menos apropiado y expongan nuestra vulnerabilidad.

De ahí que me haya parecido relevante tratar este tema como una potencial fuente de inspiración y herramienta para revertir ciertos procesos de domesticación que nos han colocado en posiciones sumisas o pasivo-agresivas nada favorables para nuestra salud, desarrollo psíquico y evolución espiritual, especialmente si transitamos el sendero torcido de la brujería u otras tradiciones iniciáticas. No podemos ignorar que dentro de nuestro cerebro hay más porcentaje de bestia que de homínido superior, con lo cual contamos con los mecanismos para reconectar de nuevo con los ciclos del mundo natural y con el resto de seres que lo integran, renunciando al fraudulento antropocentrismo que hemos aprendido.

Con esto no estoy sugiriendo que volvamos a imitar el estilo de vida de las cavernas ni que dejemos de ejercer el autocontrol cuando sea preciso. Mi reflexión apunta hacia un reconocimiento y redescubrimiento de ese lado salvaje para hacernos más conscientes y libres de ciertos condicionamientos. En segundo orden, convendría analizar cómo es nuestra relación con esos elementos primitivos y explorar nuevas vías de enlace con esos aspectos primarios de  nosotros/as mismos/as y de unificación con el ecosistema en el que vivimos. Por último, en lo que respecta a la práctica espiritual, recuperar estos códigos arcanos facilitaría la afinidad, el entendimiento y la vinculación con ciertas entidades que pueden convertirse en valiosos aliados (no me refiero únicamente a los ancestros, al doble, a los animales guía o a las plantas maestras, sino a un abanico bastante más amplio de relaciones).

Algunas leyendas donde se ilustra una comunicación respetuosa y eficaz con los númenes y otros espíritus del territorio prueban que esto ha sido posible a lo largo del tiempo, aunque las condiciones hayan ido empeorando y la desconfianza o el rechazo se haya ido instaurando. La que me resulta más significativa es una que expliqué en detalle en el artículo dedicado a los Jentilak o gigantes de la mitología vasca. Una variante muy parecida recogida por Barandiarán (1922) en Liginaga relata la historia de un familiar de uno de sus informantes. El hombre contó que su hermano se dirigía a San Juan Pie de Puerto y le anocheció por el camino. Asustado, en la oscuridad del bosque, sin saber adónde ir, emitió un relincho (en el relato original se usa la palabra “zinka” con el sentido de conjurar o convocar). Pronto recibió respuesta desde los frondosos árboles. Dio unos cuántos pasos más y gritó de nuevo, buscando ayuda. Tuvo contestación desde el punto donde había dado el primer relinchó. Al llegar a una choza que hay en Ibarrondo, volvió a chillar. Luego, al entrar en la cabaña donde se encontraban otros pastores alrededor del fuego preguntó quién le estaba respondiendo. Ellos replicaron que ellos no habían sido, que se trataba del Basajaun: guardián de los bosques. A esto añadieron que, si ellos contestaran a sus llamadas, el numen se presentaría allí. Así pues, el Basajaun se había encargado de conducirlo sano y salvo al refugio para evitar otros peligros de la noche, comprendiendo que la petición de auxilio estaba justificada. Además, el muchacho demostró que conocía bien el modo de solicitar dicha petición.

¿Cómo podemos entonces volver a reincorporar e integrar este conocimiento olvidado y prácticamente extinto? Posiblemente la única manera de lograrlo sea pasando muchas más horas deambulando por los campos, bosques y parajes perdidos que ejercen de frontera entre las dos realidades y estando receptivos/as a esos poderes antiguos que todavía los habitan. Será un trabajo que requerirá mucha paciencia, voluntad, tesón, devociones, ofrendas y sacrificios. Igualmente, necesitará de buenas dosis de autoconocimiento y de trabajo con la sombra para desandar lo conocido, a menudo cojeando, para ser capaces de sumergirnos en lo desconocido, con su lado terrible y su parte maravillosa. Por último, nos enfrentaremos a las consecuencias de entablar nuevos lazos que modifiquen nuestra experiencia subjetiva y las conexiones con otros elementos a los que también estamos vinculados y que quizás, en cierto momento, dejen de tener sentido. Cumpliremos las condiciones de los pactos que decidamos realizar con estas entidades y asumiremos los precios a pagar, reestructurando nuestro modo de vida o de enfrentarnos a ciertas situaciones. 

En definitiva, será un camino lleno de retos y de aventuras que conducirá a quienes estén preparados a vivir con más intensidad, autenticidad y pasión, aunque ello supondrá el abandono de la confortable seguridad y una transformación que puede resultar extraña o indeseable a los ojos de muchos. Por eso este itinerario no está hecho para todo el mundo. Son pocos/as los/as que pueden asumir la responsabilidad real del cambio sin perder la razón o autodestruirse en el proceso. En tu elección habrás de sopesar los riesgos y beneficios que entraña: posiblemente puedes conformarte con seguir una vía diurna y seguir ocultando tus “pecados” de la vía nocturna; o quizás haya llegado ese punto de ruptura donde, además, dispongas de los requisitos para aprender a transitar los dos senderos. Primero, habrás de quebrar con sudor y lágrimas aquello que te bloquea o encadena y dejar caer los velos, aceptando la verdad de tu propia desnudez. La desaparición de tu viejo yo resultará desconcertante y, a menudo, dolorosa. Te verás expuesto/a y, para poder salir victorioso de las pruebas a las que serás sometido/a, precisarás algo más que fortaleza: una mezcla equilibrada de conocimiento y sabiduría. Si finalmente logras la construcción de nuevos puentes y la rectificación o recreación de ciertas rutas, tu existencia se tornará más compleja pero también más plena.

Personalmente, creo que vale la pena dar un salto de fe como el Loco del tarot y volver a abrazar la vida con la curiosidad de un/a niño/a, porque lo que hay en el precipicio suele estar bastante distorsionado y nunca es tan malo como imaginamos, mientras que las posibilidades pueden ser casi infinitas.

* Para la redacción de este artículo, además de las referencias citadas, se ha utilizado el Diccionario de Valdizarbe y Valdemañeru de Fernando Pérez de Laborda.

  •  La portada ha sido extraída en: fbcdn-sphotos-h-a.akamaihd.net
  • La primera ilustración es un representación que puede encontrarse en el libro “Mitologika: una versión contemporánea de los seres mágicos de Euskadi” de Aritza Bergara, Raquel Alzate y Ricardo del Río.
  • La segunda imagen es una caracterización de un “Jentil”, diseñada por María Abásolo.
  • La tercera fotografía es una representación de Irelu, extraída de Wikipedia: https://eu.wikipedia.org/wiki/Zaldia_euskal_mitologian
  • El vídeo es un fragmento de la grabación de la Lamiako Maskarada de Leioa(2017) , filmada por Telebilbao. En ella se emite un irrintzi.
  • Las dos fotografías que se muestran juntas pertenecen a Juan Luis Asensio y retratan una danza donde aparecen los Intxixu y las Sorginak juntos.
  • La  ilustración que denomina “Shapeshifter” y ha sido extraída de Pinterest, donde no se menciona la autoría ni la fuente.
  • El último dibujo es obra de Febras y se puede encontrar en Devianart: arsfeb.deviantart.com

Udazken koloretan

Septiembre representa el final o culminación del verano dentro del calendario tradicional vasco (Udazken o Udagoieneko), o lo que nosotros conocemos ahora como inicio del otoño (Buruila). Popularmente se concibe como una época corta y plácida (Urriaro) donde los días son cada vez más breves y los últimos verdores de la vegetación (Larrazken) se apagan, dando paso progresivamente a hermosas estampas de tonos dorados, pardos y cobrizos.

Una de las denominaciones de septiembre es Uraila o mes del agua (o Garoila, haciendo referencia al rocío), aunque este año está siendo especialmente seco y no tendría demasiado sentido aferrarse a dicha terminología. Antiguamente, la humedad de las lluvias propiciaba el esplendor de los helechos y, por ello, septiembre es conocido como Iraila (mes del helecho). Muchos aldeanos, especialmente en la zona del Duranguesado y en los Pirineos, recogían esta planta para fabricar “camas” para el ganado, usarla como combustible o utilizarla como elemento para los abonos por sus propiedades remineralizantes. Por su parte, los/as herboleros/as, también la recolectaban durante la luna nueva de septiembre para tratar dolores reumáticos, problemas articulares, hernias inguinales y frenar las hemorragias de las heridas. Asimismo, puede usarse como diurético y para tratar trastornos hepáticos. En el Valle de Ollo existe la costumbre de quemar helechos recogidos en San Juan para purificar la casa y prevenir toda enfermedad.

En mi caso, como resido en la Ribera del Ebro, estas tradiciones no forman parte del imaginario colectivo del territorio. Esta zona se caracteriza por sus viñedos y la calidad de sus vinos, así que la vendimia y sus festividades báquicas, son sus principales elementos folklóricos distintivos. Concretamente, en Logroño, aunque ya nos salimos de las fronteras legales del País Vasco y Navarra, en el Equinoccio de Otoño se hace el pisado de la uva y se le ofrece el primer mosto a la Virgen de Valvanera, una antigua advocación mariana (s.XI) que fue encontrada en el interior de un roble del Valle de las Venas (renombrado posteriormente como Valle de la Venia o del Perdón). Este frondoso lugar destaca por la abundancia de los arroyos que riegan las laderas y que semejan los vasos sanguíneos de la Madre Tierra. Algunos autores apuntan a que el nombre de Valvanera provendría de “Luna Vera” (Luna verdadera), haciendo referencia a la palidez del rostro de la imagen original que se asociaría a dicho cuerpo celeste. La presencia de plata y gemas azuladas en su santuario refuerza su vinculación con la luna. Otros consideran que Valvanera es una representación venusina de una deidad prerromana más arcaica cuyo nombre se ha perdido y que tendría una relación directa con la fertilidad y la sanación, ya que junto al viejo roble hay una fuente natural a la cual se acude para beber o recoger agua con fines curativos.

Sea como fuere, Valvanera no es la única representación de Diosas convertidas en Vírgenes cristianas. Otra de las imágenes a destacar sería la Virgen del Romero de Cascante (Navarra), la cual se apareció tres veces a un pastor sobre un romero (al estilo de las manifestaciones de Mari en muchas de las leyendas populares). El romero es una de las plantas más utilizadas en la medicina popular, especialmente en forma de alcohol o aceite, para el tratamiento de contracturas, inflamaciones y problemas articulares, así como trastornos respiratorios y circulatorios. Adicionalmente, es un gran reconstituyente y ayuda a fortalecer el cuerpo. En muchos hogares, principalmente de la geografía navarra, se solía colgar (y aún se cuelga) un hatillo de romero sobre el dintel de la puerta o encima de las ventanas para ahuyentar, no solo a los mosquitos, sino también todo tipo de mal.

En localidades como Durango (Vizcaya) o Mutiloa (Guipúzcoa), se rinde culto a Andra Mari (Señora Mari) en forma de virgen.  El día de la Natividad (8 de septiembre) se ofrece una misa y luego se celebra una romería. Las mujeres encienden lámparas de aceite, cirios y rollos de cera virgen con la intención de alejar las pesadillas de sus hijos/as. Asimismo, se le suele ofrendar gran cantidad de huevos e incluso gallinas. Tanto ese día, como a lo largo de todo el año, las mujeres acuden para pedir por la salud de sus pequeños, lograr un buen parto o que se les conceda la dicha de tener descendencia.

Aunque todas estas tradiciones me resultan afines porque las he vivido de cerca (sustituyendo el romero por albahaca y los huevos por dulces), debo confesar que, en mi casa, ha tenido más relevancia que mi tía preferida cumpla años en esta fecha (supongo que esto tampoco fue accidental, conociendo a nuestra Dama). Recuerdo que, en estos días de fiestas septembrinas, nos juntábamos toda la familia a comer en casa de mi abuela y ella cocinaba pierna de cordero (antigua ofrenda a Mari). También amasábamos juntas “hojas de parra”, unas tortas crujientes en forma de hoja que llevan huevos, leche, aceite, azúcar, harina y anís. Otros de los dulces típicos de esta época son las conservas de melocotón y pera en almíbar, las mermeladas de frutos de temporada (melocotón, ciruela, moras), las manzanas asadas y las garrapiñadas. No podría contar la cantidad de horas que he pasado con mi “amona” a lo largo de mi infancia y adolescencia llenando botes de conserva y pelando “almendrucos” sobre un tocón de madera. A veces me daba la propina por ayudarla, a pesar de que mi auténtica recompensa era su compañía y sabiduría.

La verdad es que nunca fui demasiado fan de la vendimia, aunque luego me pusiera “morada” de uva moscatel cuando mis tíos la recogían. La verdadera esencia del otoño para mí se encontraba y aún permanece en la sacralidad alquímica de la cocina. El otoño empezaba realmente cuando mi abuela encendía el horno de leña con troncos viejos, sarmientos y cáscaras de frutos secos y nos dedicábamos a recoger los frutos de la cosecha para transformarlos en nuevos alimentos mientras emanaban de sus labios las viejas historias. También era el momento en que limpiaba y acondicionaba con especial esmero la capilla familiar para que estuviera convenientemente preparada para el Día de Todos los Santos, pues los antepasados han sido siempre un elemento esencial en el culto privado de mi familia. Siempre la acompañaba al cementerio para estos menesteres y observaba con detenimiento cada detalle, pues había cosas que no podía hacer porque solo corresponden a la Etxekoandre de la familia. La esencia y las formas principales de aquellos ritos son las que he ido incorporando en mi propia práctica espiritual, aunque obviamente he introducido otros elementos que han surgido de la interacción personal con los Etxekojaunak y de la investigación aplicada del folklore de mi tierra.

El otoño para mí representa, igualmente, un periodo de acontecimientos drásticos, transformadores y normalmente dolorosos: la cesión o matanza de animales a los que había cuidado durante el verano; el abandono de las libertades, el comunitarismo y el espíritu salvaje del pueblo; el alejamiento o pérdida de algunas amistades que cambiaban de clase, centro o vivienda; el divorcio de mis padres; el fallecimiento de seres queridos;  la inestabilidad de la falta de empleo o la adaptación laboral a un nuevo centro docente o grupo de alumnos; las mudanzas; la iniciación a mi tradición.

La entrada de los espíritus de la corte oscura (o Caza Salvaje) suele manifestarse en forma de sacudidas, derrumbes, accidentes, pérdidas significativas, renuncias y sacrificios. Esta es su manera de reestablecer un nuevo orden nacido del caos y el desgobierno, de obligarte a prescindir de la cómoda piel a la que te habías acostumbrado para otorgarte otra más resistente a las inclemencias y penurias del invierno. La superación del miedo, la inseguridad, la ansiedad y la melancolía que conlleva el desapego de nuestro viejo “Yo” y de todo lo ligado a él es la prueba a superar o el precio a pagar para obtener ciertos aprendizajes, regalos o dones que solo ellos pueden entregarte. Por mucho que sea algo asumido, no deja de resultar difícil, porque los seres humanos solemos resistirnos a los cambios y a aquello que se escapa de nuestra comprensión o control. Enfrentarnos al duelo de una muerte física, emocional, simbólica o espiritual es algo atávico que despierta toda una serie de mecanismos asociados a la Sombra y a los temores que surgen de la interacción con las diferentes realidades del Mundo Inferior.

Tal y como escribió Jung en su Libro Rojo, “puedes llamarnos símbolos, pero somos tan reales como tus semejantes, […] somos lo que tú consideras real”. Y creedme, los poderes a los que sirvo son algo más que conciencias arcanas que pueblan el inconsciente colectivo de una cultura autóctona. Están muy vivos y más despiertos que nunca, como hemos podido comprobar con los últimos desastres naturales. Su forma de manifestar su tremendo descontento con el despreciable trato mayoritario que le da el género humano ha sido activando el potencial destructor de los cuatro elementos a nivel planetario: huracanes (aire); erupción solar e incendios (fuego); terremotos (tierra); lluvias torrenciales, inundaciones y tsunami (agua). A nivel local, las olas de calor generalizadas, las sequías en la parte del sur y las últimas tormentas en las zonas de montaña también han sido notables. Incluso tenemos nieve en algunos puntos del Pirineo.

Durante este ciclo, los acontecimientos se han precipitado de forma inevitable, anticipando la llegada de lo que se atisba como un largo y duro invierno. Mis sueños y vuelos nocturnos me conducen a lugares cada vez más oscuros e inquietantes.  Mi percepción de los últimos eventos me hace pensar que nos están poniendo a prueba, se está exigiendo la asunción de compromisos más firmes y la entrega de desgarradores sacrificios.

En mi caso, hace un año que salí de la protección de mi cubil y di el paso de visibilizar mi “pata de ánade”, mostrando públicamente esa faceta brujeril y oracular que había sido un secreto y un tabú en muchos espacios sociales. No podía ni quería esconder más algo que me convierte en quien soy a todos los niveles, pues mi espiritualidad es algo que me he esforzado en llevar a la práctica en casi todo lo que hago en mi día a día, tratando de honrar la memoria de mis antepasados y a los espíritus del territorio que me entregaron su bendición. Tal y como juré en la cima de Urkiola hace 9 años, he recogido la antorcha de la tradición, he alimentado su fuego y estoy difundiendo su esencia, asumiendo paulatinamente los compromisos como heredera de un legado familiar que había permanecido oculto, esperando a la persona que tuviese la valentía de rescatar ese tesoro.

La mujer que ahora escribe estas letras dista mucho de aquella muchacha soñadora e ingenua que se echó al monte una lluviosa mañana y será muy distinta de la que quizás conozcáis en el futuro como representante de su propia Etxea. Solo espero poder cumplir con las exigencias de ese cargo y rol con la honestidad, devoción, rectitud, dignidad y aplomo suficiente. El proceso de preparación a menudo es confuso y tortuoso, ya que el sendero a seguir es torcido y con indicaciones que a veces resultan difíciles de descifrar. Incluso te encuentras sin guía en algunos puntos del camino y no te queda otra que confiar en tu propia intuición y en ciertas sensaciones subjetivas, pues los misterios han de ser desvelados y revelados. Tus mayores o tus iguales no pueden explicártelos, por mucho que quieran. La experiencia de cada practicante es única y los obstáculos a superar son diferentes para cada individuo.

En estos últimos meses me he ido encargando de realizar la mayoría de devociones semanales y mensuales,  me he ocupado de gran parte de la organización y desarrollo de las celebraciones estacionales con sus correspondientes costumbres, he tomado un papel mucho más activo en los ritos de paso (funerales, cuidado de las almas que cruzan al otro lado, protección de las nuevas madres y bebés de la familia, casamientos), he profundizado en mis conocimientos de herbalismo y sanación y he intensificado mi relación con los espíritus de la “casa madre” para propiciar un tránsito más fluido en la renovación de los pactos cuando corresponda. No puedo describir lo desgastante que puede resultar a nivel energético y emocional, ni todos los ajustes que he tenido que ir haciendo, comenzando desde mis hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, pasando por la gestión cotidiana del hogar hasta las interacciones con mis familiares, amistades, vecinos y conocidos.

Un aspecto que me ha resultado más difícil de lo esperado es pasar a tener un rol más destacado dentro de la comunidad. El hecho de sentir que la gente de mi alrededor me empezaba a frecuentar y me frecuenta cada vez más para compartir sus intimidades (aunque apenas tengamos trato o ni siquiera nos conozcamos), pedirme consejo o asistencia o solicitarme que interceda o medie en asuntos familiares o vecinales ha llegado a resultar un poco agobiante por la toma de conciencia y responsabilidad sobre la resonancia que tienen tus palabras, actos, omisiones o faltas. Tu entorno te observa con un ojo más crítico y empieza a esperar cosas de ti que antes no te correspondía asumir. Hay momentos en que me siento como la llama de una vela que congrega la presencia de seres visibles e invisibles con una intensidad inusitada. Otras veces, me percibo como un renacuajo que aún no se ha convertido en rana, alternando entre la tierra y el agua, sin encontrar un verdadero asiento en ninguno de ambos espacios.

En este ciclo que comienza me corresponde finalizar esta preparación y empezar a asentar las bases para refundar la Etxea, probablemente en un nuevo territorio que ya llevo unos meses explorando y con el cual me estoy sintonizando para que, cuando llegue el momento de dar el triple salto mortal sin red, lo esencial esté bien dispuesto. Eso va a implicar dejar atrás muchas cosas e invertir más cantidad de energía en mi persona y en todo aquello que no se ve de puertas para afuera. No sé de qué manera afectará eso a la trayectoria de este proyecto. Mi intención es seguir contribuyendo a la difusión de los aspectos culturales y folclóricos de la tradición, así como a la construcción de puentes que lleven a una reconciliación entre la realidad objetiva y subjetiva. Espero que, con vuestras sugerencias y apoyo, sea más llevadero el viaje.

Para acabar, os dejo con la letra de la canción “Udazken koloretan” de Benito Lertxundi, deseándoos un feliz equinoccio de otoño y una próspera cosecha.

En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti.


A la sombra del árbol desnudo,
amarillenta y rojiza
yace la hojarasca; todo duerme.


Recojo una hoja, es tan simple como bella,
tan sencilla al morir,
parece aún poseer toda la vitalidad del árbol.


Tanta dignidad al caer
me impulsa a cantarte.
De nuevo contemplo el árbol;
¿estará preocupado…?,
se diría que dibuja la sonrisa de la eternidad
en la bondad de su libre transcurrir.


Y parece burlarse
de los sueños cultivados
en las entrañas del tiempo que me esclaviza.


En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti,
tan sencillo al morir,
tan simple al irte sin un adiós.

 

 

  • La imagen de la Virgen de Valvanera se ha extraído de: https://lariojaturismo.com/comunidad/larioja/recurso/monasterio-de-nuestra-seora-de-valvanera/b4bd993d-c181-487f-87d4-7fdba2a21059
  • La fotografía de la Virgen del Romero puede encontrarse en esta página: http://turismo.navarra.com/item/basilica-de-nuestra-senora-del-romero-de-cascante/
  • La imagen de la Santa María de Uribarri (Durango) se ha obtenido del siguiente blog: https://bizidun.wordpress.com/2016/12/15/el-retablo-de-la-basilica-de-santa-maria-de-uribarri-en-durango/
  • La ilustración de “The Witches Rout” es obra de Marcantonio Raimondi y Agostino Veneziano y ha sido tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_Witches_Rout_(Lo_Stregozzo),_by_Marcantonio_Raimondi_and_Agostino_Veneziano,_engraving_-_National_Museum_of_Western_Art,_Tokyo_-_DSC08256.JPG
  • La imagen de la pata de oca se ha extraído de: www.caymonproyectos.es/images/Pata-oca.jpg
  • La ilustración del sapo entre dos ratas se encuentra en: http://personal.rhul.ac.uk/uhle/001/degheyn.htm

 

Jentilak, Gentiles, Gigantes

En pleno rigor veraniego (“udamina”) y a las puertas del mes de agosto (“agorrilla”, “dagonilla”, “garrilla”), en muchos pueblos se cierra la temporada de cosecha de los cereales con fiestas en las se ofrecen panes, roscas o rosquillas a diversos santos.

No obstante, según las viejas creencias, los primeros agricultores y molineros, además de los primeros pastores y constructores, fueron los “Gentiles” o “Jentilak”. Según Barandiarán, la palabra “gentil” podría traducirse como “idólatra” o “pagano”, aunque se han sugerido diversas interpretaciones sobre su origen o naturaleza. Para unos autores, el “jentil” era la representación mítica del hombre primitivo y salvaje, que vivía en la montaña (habitualmente en cuevas) o en un paraje alejado y poco accesible y que estaba dotado de una fuerza extraordinaria. Para otros, el término hacía referencia a un pagano que vivía en paz con los cristianos pero que no se mezclaba demasiado con ellos, viviendo en un lugar aislado donde pudiera mantener su forma de vida y sus creencias en un espacio seguro e íntimo. Otras personas consideraban que estos individuos eran habitantes de zonas altas de montaña, rudos y poco civilizados, que no se llevaban bien con los cristianos y se aprovechaban de ellos cuando tenían ocasión. Si tomamos como referencia las leyendas, podemos apreciar que estas atribuciones se entremezclan y probablemente reflejan la evolución de una misma creencia y/o realidad sociocultural.

Por otro lado, podemos vincular a los Jentilak con personajes de otras mitologías europeas como los Gigantes, los Titanes, los Jotuns, los Fomoré o los Lechïï o Leshiye. Asimismo, existen conexiones como otros seres parecidos de otras culturas como Endiku (Sumeria), Putana (India), Pan Gu (China), los Nephilim (hebreos), los Jigou (Tibet) o los Patagones (América del Sur).

Normalmente se localizaba a los Jentilak en cavernas o monumentos megalítcos. Algunas de sus moradas más destacadas eran: “Jentilzulo” en Orozko, Leiza y Eguino; “Jentiletxe” en Mutriku y Alzania ;“Jentikoba” en Ispaster; “Jentieetxea” en Olaz; “Jentilbaratz” en Arano; “Jentileio” en Udiain; “Jentilzubi” en Dima; “Jentillarri” en Aralar; “Jentil Sukalde” en Urdiain; “Basainzulota” en Vidania; la montaña de Burunda; el monte Andutz; la caverna del monte Saastarri (Ataun); las minas de Arrola (Zerain); la cueva de Beraun (Berastegi); el desfiladero de Atarreta; la caverna de Artzate (Ataun); el dolmen de Balankalek; el Flysch de Zumaia; el dolmen de Arraztaran. No obstante, podemos sumar a la lista las casas señoriales de Ojarbi, Animasagasti y Maubi de Idiazábal, el puente de Mandabita, así como las iglesias de Muxica, Ondarroa, Markina, Elgeta, Antigua de Zumárraga, Oñate, Opakua, Zurbano, Urdiain, Ataun y Oiartzun, construcciones atribuidas a los Jentilak (una vez ya cristianizados).

El representante más famoso de esta raza mítica es el Basajaun (o Baxajaun), a quien podemos encontrar también en la mitología aragonesa como Basajarau, Bonjarau o Bosnerau (especialmente en los valles pirenaicos de Ansó, Tena y Broto). A este personaje se le describe como una criatura de gran tamaño y fuerza colosal, con aspecto antropomorfo, cubierto de pelo y con una larga melena hasta los pies, siendo capaz de correr entre la vegetación más rápido que las bestias y aguantar las inclemencias del tiempo sin importar la estación. Se dice igualmente que nunca enfermaba ni pedía vigor y que se alimentaba de lo que la naturaleza le ofrecía, además de los trozos de pan que solía recibir como ofrenda de parte de los pastores o lugareños. En los relatos populares más antiguos se le representa como un guardián de los bosques, de carácter bonachón y protector, que habitaba en lugares elevados y en cavernas (macizo de Mondarrain, cuevas de Aitzibitarte, nacedero del Errobi, cavernas de Ataun, cuevas de Mendukilo, cueva de Mailuxe…). Asimismo, cuidaba de los rebaños en las montañas, haciendo que los animales le saludasen con una sonora sacudida de sus cencerros. En el momento en que se acercaba una tempestad, acechaban manadas de lobos o había algún peligro para aquellos que viajasen o trabajasen de noche, silbaba con fuerza o daba gritos para prevenir o salvar a los humanos. Estos gritos, denominados “oihu” u “oyu”, que también emiten otros genios de la mitología vasca, ha otorgado a ciertos númenes el sobrenombre de “oihulariak”(gritadores o gritones).

A modo de apunte, cabe mencionar que probablemente el “irrintzi”, al igual que otras tipologías de gritos descritos por Chaho, fuesen una forma primitiva de comunicación con estos espíritus de la naturaleza para transmitirles distintos mensajes (alegría, lamento, alerta, llamada, horror, dolor, etc), que luego pasase a utilizarse a nivel social. Los cronistas medievales interpretaron este tipo de voces prolongadas como una manera de atemorizar a los enemigos, produciendo un efecto psicológico disuasorio antes de una emboscada o una batalla.

Volviendo al Basajaun, es preciso comentar que es dueño de valiosas riquezas como objetos de oro, así como de conocimientos secretos como el cultivo del trigo, la molienda, la fabricación de las primeras herramientas (sierras, hachas…), la construcción de monumentos megalíticos y otros edificios (casas, puentes…) y el arte de la forja. Se trata de una criatura liminal que hace de nexo entre la naturaleza salvaje y la cultura. Hay autores lo vinculan a figuras como el Pan griego o el Fauno romano, hasta el punto de que Isidoro de Sevilla establece una asimilación total en su obra “Etimologías”, donde los presenta como idénticos bajo la categoría de “pilosi” (peludos).

El Basajaun, al igual que los Jentilak, es presentado con una personalidad dual, especialmente en los testimonios recogidos por Cerquand: en unos relatos se le dibuja como un ser asilvestrado, brutal y terrorífico con el que es mejor no toparse, mientras que en otros se le muestra claramente como un personaje bondadoso, protector, iniciador del desarrollo tecnológico y amigo de la humanidad. Cabe señalar que, en algunos relatos, el término Basajaun se utiliza en plural, haciendo referencia a la comunidad de Jentilak como un grupo de hombres y mujeres salvajes, tal y como nos muestra Satrústegui. Es más, no es descabellado pensar que el nombre original de estos gigantes vascos-navarros, aragoneses y pirenaicos fuera en realidad ese.

Otras denominaciones que recibe el Basajaun es Anxo o Antxo, que sería su aspecto de cuidador de rebaños, aunque algunas narraciones lo muestran como si se tratase de una entidad aparte. Por otro lado, hay quien interpreta que Tartalo o Torto, el cíclope de la mitología vasca que se come el ganado, pudiera ser una demonización del Basajaun pastor. Adicionalmente, se vincula al Basajaun una mujer de similares características: la Basandere. Esta Señora del Bosque vendría a ser su consorte o polaridad femenina, aunque esta entidad también serviría para explicar la existencia de otros gigantes pertenecientes a una misma estirpe.

Una de las leyendas que muestran el carácter benévolo de Basajaun es la de los pastores de Esterenzubi, en la frontera con Francia. Allí vivían cuatro hombres en una cabaña, uno de ellos tan solo un muchacho. Antxo solía acercarse a calentarse al fuego cuando dormían y comía algún pedazo de pan o una porción de la comida que dejaban voluntariamente como ofrenda. Una noche, el más joven se dio cuenta de que los demás no habían dejado la parte de Antxo y preguntó dónde estaba. Sus compañeros le contestaron de malos modos que dejase él algo si quería, que ellos no iban a darle nada aquel día. El muchacho, honradamente, dejó su tributo en el lugar habitual. El señor salvaje llegó como de costumbre a calentarse y tomó la porción de muchacho. Luego se llevó las pieles de los pastores que no habían compartido su alimento. A la mañana siguiente no encontraron sus ropas y le pidieron al joven que intercediese por ellos. El muchacho, que no era tonto, pidió una compensación y ellos le entregaron una mala novilla. Luego partió a la cueva donde se alojaba el Señor de los Bosques. Respetuosamente pidió permiso para entrar en su morada y le rogó que le devolviese los ropajes de sus compañeros. El Basajaun, agraviado por lo que habían hecho, se negó de primeras. El joven insistió y finalmente el hombre salvaje le preguntó: “¿Qué te dan a cambio de la molestia?” El pastor contestó: “una mala novilla”. Antxo, apiadándose de él, le retornó las ropas y le dijo: “Tómalas y acepta esta varita de avellano. Marca a tu novilla y dale con la vara cien golpes, el último más fuerte que los anteriores”. El muchacho hizo lo que le sugirió y ,tras un corto periodo de tiempo, la novilla quedó preñada y dio a luz un rebaño de ciento y un hermosos animales.

Otra narración recogida en Liginaga refiere que un pastor iba a San Juan de Pie de Puerto y se le hizo de noche por el camino. Asustado por la oscuridad, dio un grito para ver si había alguien que pudiera asistirle. Pronto obtuvo una respuesta que venía desde lo profundo del bosque. Caminó unos cuantos pasos más y quiso comprobar si no eran imaginaciones suyas, emitiendo en nuevo grito. Recibió contestación desde el sitio en que él dio su primer grito. Al llegar a la choza de Ibarrondo, volvió a gritar. Cuando entró en la choza, preguntó a los otros pastores: “¿quién era el que me estaba respondiendo?” Ellos le informaron que no se trataba de ninguno de los presentes, que había sido el Basajaun para asegurarse de que llegara a salvo a la cabaña.

Otro relato de Askoa cuenta que en el puerto de montaña de Lizarrusti, cerca de Ataun, vivía un Basajaun en una cueva. Éste se asoció con un grupo de carboneros que trabajaban cerca de Askoa. Uno de ellos metió su hacha en un tronco, hundiéndose un extremo. El hombre rogó al Basajaun que metiera sus manos en la hendidura para sacar el hacha e introducirla después en el otro extremo. El Señor de los Bosques hizo lo que le pidió. El carbonero logró sacar su hacha y las partes separadas del tronco se juntaron, aprisionando las manos del númen. Dominado por la maña y la astucia del carbonero, fue conducido al pueblo de Ataun con el fin de ser exhibido delante de los vecinos de Ataun. Después el carbonero lo desató del tronco. El Basajaun volvió corriendo a su caverna de Askoa. El carbonero regresó también a sus labores. Sin embargo, un buen día el carbonero desapareció misteriosamente y nadie volvió a saber nunca más de él.

Otra leyenda de Mendibe recoge la historia de Basajaun y su esposa Basandere. Según los vecinos del lugar, hace mil años sólo había dos caseríos: Lohibarria y Garseaberroa. Un día, el pastor de Lohibarria fue con el rebaño a la zona de Galharbeko-potxa, cerca de Irati. Al aproximarse a una de las cuevas vio a la Basandere sobre una roca, peinándose el cabello. A su lado tenía un candelabro dorado que acababa de limpiar. El joven se quedó mudo admirando el candelabro. La Basandere se percató de su presencia y de cómo miraba su tesoro y se dirigió a él. El muchacho le pidió que le diera el candelabro pero ella se negó, alegando que había sido un regalo de su esposo el Basajaun. El pastor insistió, piropeó a la dama y trató de seducirla cantando antiguas cantigas de amor de Nafarroa Behera. Finalmente, ella le entregó su preciado regalo. El muchacho decidió salvaguardar el valioso candelabro en la ermita de San Salbatore. La Bansandere, al darse cuenta de que había sido engañada, empezó a perseguirlo hasta llegar a la cuesta de la ermita. El Basajaun escuchó los gritos de su mujer y se sumó a la persecución, plantándose en dos saltos junto al joven para abalanzarse sobre él y recuperar lo que era suyo. El muchacho se encomendó a San Salvador para que se apiadase de él y le ayudara a librarse de los gigantes. En ese momento, sonó la campana de la iglesia y los númenes quedaron paralizados. El Basajaun, lleno de furia, le gritó que se las pagaría la próxima vez que lo encontrase en ayunas. Luego, ambos personajes, se retiraron al bosque. Sin embargo, unos días más tarde, el pastor salió de casa sin haber comido. El Basajaun lo interceptó en medio del monte y trató de aplastarlo. Pero el joven recordó que había estado trillando el día anterior y que habían quedado restos del grano en su cabello. Tomó el trigo y se lo metió en la boca rápidamente. Al romper el ayuno, el Basajaun desapareció.  El candelabro continúa en la ermita de San Salbatore, pero dicen que ya no es tan hermoso como antes. La capilla se quemó dos veces y el candelabro se volvió negro. Los habitantes de Mendibe han intentado bajarlo al pueblo, pero nunca han podido llevarlo más allá del collado de Harizkurutxeta, por lo que el candelabro permanecerá en la iglesia para siempre.

Otro relato refleja la presencia del Basajaun y la Basandere en la Selva de Irati. Chaho recopiló el testimonio de unos obreros de la zona en 1790,  los cuales aseguraban haber visto a estas dos criaturas en varias ocasiones. Uno de ellos explicó que una vez se encontró con una mujer de largos cabellos negros, que moraba por el bosque totalmente desnuda. Pronto llamó la atención del resto de trabajadores, que la miraban con curiosidad. Animada por el impacto de su aparición, regresó al día siguiente a la misma hora. Los obreros acordaron apresarla, intentando no hacerle daño. Uno de ellos se acercó a ella poco a poco, mientras otro de los compañeros hablaba en voz alta, gesticulando, para atraer la atención de la salvaje. Empero, en el momento en que el leñador extendió el brazo para agarrar la pierna de dama, un grito masculino de alarma surgió del bosque, alertando a la muchacha. Ésta dio un salto con gran agilidad y huyó hacia el bosque como un relámpago. Desde entonces, no se ha vuelto a avistar a los Señores del Bosque.

Posteriormente, las narraciones fueron adquiriendo connotaciones cada vez más negativas. En Beirie, se cuenta que una noche los habitantes de la casa Inhurria se encontraban pelando mazorcas. Como no tenían rastrillo para recoger el maíz, el criado le pidió a la hija mayor que fuese a buscarlo al campo. La “andragai” (heredera) se animó a apostar con el sirviente. El criado se comprometió a darle diez monedas por completar la tarea. Cumpliendo con la palabra dada, la joven fue al campo, que estaba situado sobre una zona elevada. Allí estaba el Basajaun, que la cogió por los cabellos y se la echó al hombro, cruzando por Larzabale hasta la montaña de Salbatore. La doncella escuchó sonar la campana del alba y recitó una plegaria para ser salvada. Al instante, el Basajaun la soltó y ella cayó junto a la caverna de San Salvador de Mendibe.

Otra leyenda de Behorlegi (Baja Navarra) relata que Anxo había raptado a la hija del caserío Ithurburu y la había escondido en el macizo de Aldudes, desde donde asustaba a los vecinos de la comarca tirando grandes piedras. Un seminarista se dispuso a rescatar a la muchacha, conjurando al salvaje a gritos. El númen no se mostraba porque sabía que que el aprendiz de cura llevaba consigo diversos símbolos sagrados y protecciones. Viendo que no salía, el aspirante a sacerdote intentó llamar su atención astutamente: “¡Mira, mira, Anxo, dos cabezas bajo un mismo sombrero!”. Lleno de curiosidad, el genio le respondió entonces: “Conozco una maravilla mayor que esa: sé cuántas fuentes hay en los Aldudes. Además, he bebido de todas ellas”. Entonces el seminarista le respondió que ya no lo haría más, maldiciendo a Anxo para siempre.

En otra historia popular se representa a Anxo con las características de Tartalo. En ella se explica que un gigante de un solo ojo y fuerza descomunal vivía en la cueva de Domaikia, en Zuia (Álava). Los habitantes de la zona estaban aterrorizados porque Anxo robaba todo tipo de alimentos y mataba vacas y ovejas. El miedo de la población fue creciendo porque en los últimos días había raptado a muchos caminantes que pasaban cerca de la cueva, de los cuales no se volvía a saber. Muchos vecinos de Domaikia habían decidido marcharse a vivir a otro sitio y, los que habían permanecido en la villa, presenciaban con horror la merma del ganado y sufrían los enormes destrozos en las huertas, que los condenaban al hambre y la pobreza. Desesperados, decidieron ir a matar al monstruo. Los más valientes, armados con azadas y estacas, se dirigieron hacia la morada de Anxo. Sin embargo, a medida que se iban acercando a la cueva del gigante, empezaron a temblar. Cuando se encontraban a pocos metros de la caverna, apareció la temible criatura. Todos se quedaron paralizados mientras él los miraba con su único ojo,riendo a carcajadas. Los jóvenes, muertos de miedo, se dispusieron a atacarle. Anxo se abalanzó contra ellos. En pocos minutos los había matado a todos, menos a uno, que fingió su defunción.

El gigante recogió los cuerpos sin vida y los fue lanzando hacia el interior de la cueva, incluyendo el del muchacho que permanecía vivo. El joven no se atrevía ni a respirar. Luego, oyó que Anxo decía: “¡Ciérrate, Txarranka!” Entonces una gran piedra redonda tapó la entrada de la cueva. Joxe Martín seguía inmóvil. Finalmente levantó la cabeza y comprobó que el gigante no estaba en la cueva. Miró a su alrededor que el lugar estaba lleno de esqueletos de hombres y animales. El muchacho se echó a llorar. Seguidamente, intentó calmarse y pensar en cómo salir de aquel siniestro lugar. De pronto,escuchó el vozarrón del salvaje en el exterior de la cueva, que repetía la frase para abrir la puerta de la caverna. Joxe Martín se escondió rápidamente debajo de los cuerpos de sus amigos y esperó. Anxo cogió al que estaba encima de él, lo asó en una gran fogata y se lo comió. Después se tumbó encima de unas pieles de oveja y se quedó dormido. Aprovechando que el gigante dormía y que la entrada estaba abierta, el joven se arrastró hasta la salida sin hacer el menor ruido y corrió durante varios kilómetros sin mirar hacia atrás. Al llegar a un pequeño río, se paró a beber agua y se tumbó sobre la hierba para descansar. Los primeros rayos del sol lo despertaron. Pensó en ponerse a salvo, pero en el último momento reunió fuerzas para vengar la muerte de sus amigos. Así que regresó a la cueva. Se subió a un árbol y se ocultó entre las ramas, urdiendo un plan para vencer al gigante. Entonces llamó al gigante y lo retó. Anxo se dispuso a salir de su cueva, burlándose de él y amenazando con aplastarle como a una hormiga. En el momento en que el cuerpo del gigante estaba en medio del agujero, gritó el joven: “¡Ciérrate, Txarranka!” Y la piedra se movió, atrapando la cabeza de Anxo y matándolo en el acto. Desde entonces, los habitantes de la localidad pudieron vivir tranquilos.

Una variante de este relato sería la que diera origen al famoso cuento de “Juan sin miedo”, uno de los que formó parte del repertorio que me acompañó en mi tierna infancia. Siguiendo la estructura de la narración de Toti Martínez de Lezea, Juan era un mozalbete de un pueblo navarro que se reía de las leyendas sobre aparecidos, espíritus, demonios y demás genios fantásticos. Tanto se mofaba de las creencias supersticiosas de sus vecinos, que lo acabaron echando del pueblo. Juan se fue en busca de aventuras y llegó a Elkorri, un lugar solitario entre el puerto de Lizarrusti y Etxarri Aranatz. Allí había una casa abandonada excavada en la piedra a la que nadie se atrevía a entrar. El joven decidió limpiar un poco el lugar, encendió la chimenea y se dispuso a preparar un buen puchero para saciar el hambre. De pronto, oyó una voz procedente del canal de la chimenea que le preguntaba: “¿Caeré o no caeré?”. El muchacho, no dándole importancia, respondió: “Si quieres, sí; si no quieres, no”. A continuación, una enorme cabeza con forma humana cayó rodando fuera de la chimenea. Juan, cogiéndola con el asador, la lanzó a un rincón de la cocina. Al poco tiempo volvió a escuchar  la misma voz y respondió de manera idéntica. Inmediatamente cayó un tronco humanoide, que el joven también lanzó al rincón. Una y otra vez continuó el diálogo, hasta que cayeron todos los miembros del cuerpo, formando la silueta completa de un grandullón. Luego dijo el genio: “Dices que no soy, pero sí soy”. Juan le respondió: “Sí, ya lo veo, pero mantente lejos de mí.” El joven continuó preparando la cena. El hombretón señaló una azada que se encontraba cerca de la puerta y le invitó a que la cogiera. Juan contestó que la cogiera él si quería. El ser mágico tomó la azada y salió de la cocina. Curioso por ver lo que hacía, el muchacho le siguió a otro cuarto de la casa. La voz le ordenó entonces que cavase con la azada, pero él volvió a negarse. El extraño comenzó a cavar hasta que sacó un montón de oro. Por su valentía decidió entregárselo diciendo: “Sin nombre no valdría nada” (ya que el joven en ningún momento le había preguntado su nombre o le había nombrado, pues no creía en estas apariciones). Después se esfumó. Juan cogió el oro y regresó a su pueblo. A partir de ese momento nunca más volvió a reírse de las creencias ajenas y vivió respetablemente el resto de su vida.

Finalmente, no podemos olvidar la leyenda que narra cómo a los Basajaunes o Jentilak se les arrebató el secreto de la agricultura. En ella se cuenta que hace muchos años vivían estos hombres salvajes en una cueva de Muskia, los cuales cultivaban las tierras en las terrazas que había en las montañas y de las cuales sacaban una gran cantidad de trigo que guardaban celosamente en su morada. Por aquel entonces, el ser humano (en otras versiones, los cristianos), no tenían conocimiento para sembrar y recoger frutos. Esto fue así hasta que el joven Martiniko, también conocido como Martin Txiki (Martín, el pequeño), se propuso apropiarse de dichos saberes. Calzándose unos zapatos mucho más grandes que su pie, se dirigió a la cueva de los Basajaunes para proponerles un reto. La prueba consistía en saltar de un montículo de trigo a otro hasta llegar al final de la fila. Los Basajaunes pudieron cruzar ágilmente de un lugar a otro, mientras que Martiniko cayó en medio de dos montones. Los gigantes se rieron de él sin darse cuenta de que lo que pretendía en realidad era llevarse algunos granos de cereal dentro del calzado. Aunque el muchacho había conseguido las semillas, no conocía el procedimiento para cultivarlas, así que se acercó otra vez a la morada de los Basajaunes y se quedó escondido escuchando mientras estos cantaban:

“Si los hombres supieran esta canción,
bien se aprovecharían de ella:
Al brotar la hoja, siembra el maíz
al caer la hoja siembra el trigo
por San Lorenzo siempre es el nabo.”

Pero el secreto de la agricultura no era el único que poseían los hombres salvajes y Martiniko quería conocerlos todos. Por tanto, Martiniko partió de nuevo hacia la cueva de los Basajaunes sin saber muy bien cómo se las iba a ingeniar para arrebatarles el conocimiento de la sierra así que, cuando se encontró con ellos, tuvo que improvisar:

– ¿Sabéis una cosa? Ya se cómo construir una sierra – presumió Martin Txiki.

Los Basajaunes se sorprendieron y uno de ellos le contestó:

– ¡Ah! Te has fijado en la forma que tiene el filo de la hoja de los castaños.

Martiniko descubrió entonces el secreto y, agradeciendo su ayuda, se marchó apresuradamente a la herrería para fabricar una sierra, dándole al filo la forma de las hojas de los castaños. Los Basajaunes se enfadaron muchísimo por el engaño y descendieron hasta la aldea, presentándose en la herrería. Agarrando la sierra contra el yunque, le dieron un golpe tremendo a la altura del filo con la intención de romperla, dejando los dientes de la sierra uno para un lado y el siguiente para el otro. Sin embargo, en lugar de romperla, lo que consiguieron fue una nueva herramienta mucho más eficaz. Y así empezaron a aprender los humanos el arte de la forja, convirtiéndose en grandes ferrones y desplazando a los Jentilak.

Este pequeño héroe civilizador, semejante al Prometeo de la mitología griega, destaca, no solo por su astucia, sino por su habilidad de engañar y burlarse. Este arquetipo del transgresor ingenioso capaz de sortear el peligro o “trickster” se encuentra en el folklore de todas las culturas, desde Europa hasta América del Norte, desde Oriente Próximo hasta Japón, pasando por Australia, tal y como señala Rinaldo Acosta. En el caso vasco, el personaje de Martiniko luego se cristianizaría en la figura de San Martín.

Como puntualiza Olivier de Marliave, no resulta extraño que la transmisión de conocimientos se plantease de esta manera en la zona pirenaica, punto de paso e intercambio desde la Prehistoria entre los pobladores del continente y la península, así como entre las gentes de la vertiente atlántica y mediterránea. En el caso de estas leyendas observamos elementos muy arcaicos, algunos de ellos previos a la romanización y que podríamos asociar a los vascones e incluso a pobladores anteriores. En la mitología de los Pirineos, al igual que en otras cosmologías antiguas, el trigo y otros cereales suelen estar vinculados a mitos fundacionales. Además, entre los vasco-navarros, observamos que se diferencia un primer dominio de la agricultura en zonas de montaña, desarrollado por una cultura pagana que es representada por los Jentilak, del cultivo en valles y llanos que se vincula a los cristianos.

Por otra parte, el fin de los Gentiles viene marcado por la llegada de Kixmi, sobrenombre despectivo para referirse a Cristo como mono o primate.  Esta historia fue recogida por Barandiarán y, según Juan Inazio Hartsuaga, se trataría de una leyenda con unos 400 años de antigüedad que vendría a sustituir convenientemente a otra datada hace miles de años. Su estructura, en opinión de este autor, sigue el hilo de los sermones medievales basados en animalarios. El relato cuenta que, hace mucho tiempo, vivían los gentiles en una cueva del monte Leizadi de Ataun. Un día, apareció en el cielo una estrella singular. Los Jentilak se asustaron al verla, pues la interpretaron como un augurio. Buscaron a uno de los ancianos que estaba medio ciego y le abrieron los párpados para que contemplase aquella señal y la interpretase. El sabio suspiró diciendo: “¡Ay, hijos míos! Ha nacido Kixmi y estamos perdidos.” Después solicitó que le tirasen por un precipicio, pues sabía que aquel acontecimiento traería el final para su pueblo. Poco después, empezó a difundirse el cristianismo por el mundo y los Gentiles se fueron desperdigando hasta perderse para siempre. El último superviviente sería el Olentzero.

Además de los desfiles de gigantes y cabezudos, presentes en toda la geografía hispánica, existen otras manifestaciones populares en las que estos personajes tienen un papel. En 1981 se celebró por primera vez una fiesta que pretendía recuperar las historias y el folklore de los Jentilak, reflejando las tensas relaciones entre esta raza mítica y los cristianos, así como la evolución sociocultural y de creencias entre estos dos grupos. Actualmente, el “Jentilen etorrera” o la fiesta conmemorativa de la llegada de los Gentiles se organiza en Ataun anualmente.

Otra reminiscencia que nos permite comprobar la importante resonancia de los Jentilak en el imaginario vasco la encontramos en sus particulares deportes rurales, especialmente en el levantamiento de piedras o Harrijasotzea. Asimismo, el juego de los bolos también posee un origen mágico y religioso asociado a estos gigantes. En los relatos populares se describe a estos personajes lanzando piedras enormes. Concretamente entre Orozko y Arakaldo, se ofrecen dos versiones distintas para explicar el origen de los bolaños o proyectiles esféricos presentes en el monte Untzueta y el de Santa Marina. La creencia folklórica apunta a que los Jentilak jugaban a pelota con piedras de arenisca de cuatro o cinco arrobas. De ahí que estos bolos se conozcan con la denominación de “Jentil harriak”. La explicación histórica hace referencia a los proyectiles de trabuco que utilizaron las tropas castellanas de Pedro I el Cruel (S.XV) durante el asedio a la atalaya que se encontraba en la cima del monte Untzueta y que había sido el punto de control de acceso a Vizcaya durante siglos.

Sea como fuere, el famoso levantador de piedras o harrijasotzaile Iñaki Perurena ha construido artesanalmente un museo dedicado a la mitología e historia de la piedra, denominado Peru-Harri, en Leitza. Entre las esculturas exteriores del parque destaca la enorme figura de un Jentil levantado una gran piedra, al estilo de Polifemo, quien sustentaba el mundo sobre sus hombros. Sin duda, un lugar de visita obligada para comprender mejor la naturaleza de los Jentilak y las peculiaridades del mítico deporte rural de levantar piedra.

 

 

 

-La fotografía de portada es una escultura llamada “Basajaun” de Rober Garay.

La primera imagen es el cuadro “Dos salvajes” del pintor Durero.

– La segunda fotografía es una imagen de Jentiletxe, tomada de la siguiente página: https://es.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=8075358

-La imagen del Basajaun ha sido extraída de esta web: https://www.geocaching.com/geocache/GC5P234_basajaun-en-millena

El grabado de Anxo se encuentra en: http://www.planetabenitez.com/IOI/gente47.htm

-La ilustración de la Basandere procede de: http://www.hiru.eus/cultura-vasca/basandere

La imagen de Tartalo se encuentra en el libro “Mitologika: el mundo de los gigantes” de Aritza Bergara

El dibujo de Martin Txiki y los Jentilak se encuentra en un cuento llamado “Martin Txiki eta Jentilak” de Zerraren Armaketa que se puede ver en este enlace de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=2ngkJXUm27c

La fotografía del desfile del Jentilen etorrera pertenece a la asociación Jentibaratza Kultur Elkartea y se puede encontrar en: https://zuzeu.eus/euskal-herria/jentilen-etorrera/

La última ilustración de los Jentilak lanzando piedras se halla en el libro “Mitología del pueblo vasco” de Aritza Bergara. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sugaar, Sugoi, Maju

En este artículo describiré y analizaré la figura de Sugaar, el “culebro” o “cuélebre” de la mitología vasca, diferenciándolo de Herensuge y explicando su relación con la diosa Mari.

El término Sugaar (o Sugahar) deriva de los vocablos “suge” (serpiente) y “ar” (macho), aunque también se ha sugerido que su etimología podría proceder de la fusión de “su/a” (fuego) y gar (llama), con el significado de “llama de fuego” que es una de sus representaciones en la cual se le describe como un relámpago (sin cabeza ni cola). En otras poblaciones, como Betelu, recibe el sobrenombre de Suarra, palabra que provendría de “su/a” (fuego) y “har/harra” (gusano), delimitando la forma de esa flama. En otras localidades (Sara, Arrate) se le conoce como Sugoi, que deriva de las palabras “suge” (serpiente) y “goi” (mayor), haciendo referencia a su tamaño. Por último, en otras villas como Azkoitia se refieren a este númen como “Maju” o Maiu”, masculinización de Maya, que es otro de los nombres que recibe Mari. Bajo este aspecto, aparecía en forma de media luna de fuego justo antes de que estallase una tempestad.

Es relevante analizar esta conexión con Mari, ya que algunos autores como Barandiarán u Ortiz-Osés apuntan a que, inicialmente, Maju era uno de los rostros bajo el cual se presentaba la Dama. Recordemos que la Gran Madre de los vasco-navarros es una diosa polimorfa (que puede transformarse en diversas figuras) y partenogénica (capaz de auto-fecundarse). Uno de sus muchos aspectos precisamente es el de la serpiente, un símbolo originalmente de carácter matriarcal que representaba la fuerza ctónico-acuática, la metamorfosis de la naturaleza a través de la metáfora del cambio de piel y el mundo como círculo y ciclo de eterno retorno (“uroboros”). Frecuentemente, en los relatos populares, se describe a Mari como una serpiente en llamas que, en ocasiones, porta una hoz de fuego o la media luna, mostrando todo su poder femenino. Posteriormente, la serpiente fue convertida en un ser fálico-masculino de rango inferior y dependiente de su consorte femenina, al igual que el dios de las cosechas neolítico fue entendido como una emanación de la Madre Tierra.

Según las leyendas, Mari y su esposo Sugaar mantienen encuentros sexuales adoptando forma humana los viernes (día señalado en el calendario lunar y momento en que se reúnen las brujas), provocando grandes tormentas y descargas eléctricas (pensemos en el rayo como elemento fecundador de la tierra). En euskera, la palabra “harreman”, que es la que se usa para hablar de esta relación con connotaciones eróticas, refleja la dinámica interacción entre ambas polaridades, pues incluye los términos “ar” (masculino) y “eme” (femenino). Asimismo, el vocablo deriva de “hartu” (coger o tomar) y “eman” (dar u ofrecer). En esta hermosa síntesis encontramos la complementariedad necesaria que da lugar a la unidad primigenia de todos los seres y procesos en la naturaleza. Como señala Guillermo Piquero, este vínculo dual femenino-terrestre y masculino-celeste es el que configura el matrimonio sagrado o “hierogamos”, propiciando la fertilidad y la fecundidad. En opinión de Jakue Pascual, la implosividad y expansividad de estas fuerzas primigenias quedaría representada en el “lauburu” (rueda solar de cuatro cabezas o brazos). De la unión mágica entre estas dos polaridades, surgirían, según algunas versiones, Eguzki (dios sol) e Ilargi (diosa luna), mientras que en otras narraciones nacerían Atarrabi (el hijo piadoso y cristiano) y Mikelats (el retoño rebelde y pagano), en cuyas figuras podemos apreciar un sincretismo con la historia de Caín y Abel.

En el Medievo, la serpiente pasó a ser una representación del mal o del propio Satanás, tomando como referencia los textos bíblicos del Génesis, aunque en otras versiones se define a esta “sierpe” (o “nahash”) como la cómplice del Diablo, conectando con la historia de Eva y su antecesora Lilith (la primera esposa de Adán, que abandonó el Edén y se unió a Samael). Así pues, iremos comprobando que, con el paso del tiempo, la figura de la serpiente fue adquiriendo connotaciones cada vez más negativas, monstruosas y demoníacas. Igualmente, el “cuélebre” y el “dragón” pasarán a confundirse, atribuyéndose indistintamente leyendas a Sugaar y Herensuge, como puede ser el caso de la historia de los hermanos de la cueva de Balzola, el caballero de Belzuntze o la epopeya de Teodosio de Goñi.

No obstante, si atendemos a las moradas que se asignan a una y otra entidad, podemos verificar que se tratan de entidades separadas. En el caso de Sugaar, en Ataun (Guipúzcoa), se le ubica en la sima de Agamunda, en la cueva de Kuutzegorri y en la caverna de Arrateta; en otras localidades guipuzcoanas, cuentan que merodea por Azkoitia, Mutriku y Andoain; en Navarra, dicen que habita en las cavidades de Uztei en el monte Balerdi, en la montaña de Elortalde y en Gorriti; en Vizcaya, se le sitúa en Mundaka y Kortezubi; en Álava, se le vincula a Salcedo.

En la Sierra de Aralar, encontramos algunas de las historias populares más antiguas asociadas a este númen. Las más conocida narra que un pastor crio a una gran serpiente a base de leche, consiguiendo domesticarla y hacer que acudiese a su encuentro cuando la llamaba con un silbido. Lo que el pastor no comprendía es que el silbido no era lo que atraía a la serpiente, sino la ofrenda que le entregaba (este elemento es una reminiscencia de la Era Dorada o principio de los tiempos, donde la Tierra manaba leche y miel y hombres y animales se comunicaban fluidamente). Un buen día, el pastor quiso demostrar a sus amigos su habilidad para dominar a la serpiente, pero se olvidó de llevar el cuenco de leche. Así que, cuando la llamó mediante un silbido y ésta vio que no traía su alimento, se abalanzó a su cuello y lo mató. En versiones más modernas de otras comarcas o concejos, el pastor sobrevive y acaba con la vida de la serpiente aplastando su cabeza en la puerta de una ermita. Aquí podemos encontrar ciertos paralelismos con las leyendas vinculadas a Herensuge, en las que se refleja la lucha entre el protagonista y la bestia.

Otras variantes más elaboradas presentan a Sugaar como un personaje tentador o retador que pone a prueba las habilidades de aquellos a los que se enfrenta. Por ejemplo, en Kortezubi se cuenta que la serpiente fue en busca de nuevos competidores, encontrándose con una zorra, que usando su astucia le indicó que fuese a una ferrería para que midiese su poder con hombres forzudos. Uno de los herreros aceptó el reto del “culebro”, pero le hizo esperar fuera mientras calentaba unas tenazas al rojo vivo. A continuación, salió rápidamente y la sujetó firmemente con ellas mientras la serpiente se retorcía desesperada. Al final, el animal suplicó al ferrón que la soltase y éste replicó: “Fíjate que solo he usado dos dedos: si hubiese utilizado diez, ya estarías muerta”. La sierpe se alejó dolorida, planeando una venganza futura por haber sido humillada.

En esta historia cabe destacar la figura del herrero como una profesión ligada a la magia. Los forjadores, en diversas tradiciones europeas, eran considerados como unos primitivos alquimistas por su habilidad de transformar los metales con el poder del fuego. Además, muchos talismanes como las herraduras, los clavos, los cencerros, los cascabeles y las campanillas (utilizadas también en la cultura vasca), eran creados por estos artesanos, ya que tenían la potestad de enfrentarse a las criaturas mágicas. Esta asociación proviene del papel que jugaron distintos dioses o maestros forjadores en el progreso tecnológico y avance cultural: Hefesto en Grecia, Vulcano en Roma, Goibniu en la mitología celta, los dvergar o enanos en la cultura nórdica, Tubal o Tabal entre los hebreros y asirios, etc

El caso vasco no es una excepción. Popularmente se dice que el Basajaun, que provenía de la estirpe de los Jentilak o Gentiles (gigantes), fue el primer herrero, además del primer agricultor y molinero. No obstante, Augustin Chaho cuenta que los pastores de la región de Soule se referían a sí mismos como “aitoren semeak” (Hijos de Aitor), que podría ser una derivación de “aitonen semeak” (hijos de buenos padres). El mito de este Aitor, hijo del Tubal bíblico (vinculado a la metalurgia), lo define como en el primer patriarca euksaldun. Más adelante, la historia fue traducida al castellano por Arturo Champión. Otros autores como Navarro Villoslada en su obra “Amaya o los vascos en el S.VIII” perpetuaron esta historia para reclamar territorialmente las siete provincias vascas, diciendo que fueron fundadas por los siete hijos de Aitor.

Retomando las leyendas vinculadas a Sugaar, podemos analizar esta relación entre la serpiente y el poder de transmutación. Como ya he mencionado anteriormente, este númen solía adoptar forma humana en sus encuentros con la diosa Mari. Sin embargo, existe un relato de dos hermanos vizcaínos, muy similar a la de Herensuge, en la cual estos personajes se encuentran a Sugoi en la entrada de una cueva mientras estaban paseando. El menor le arrojó una piedra para espantarlo, con tal fuerza que le arrancó un pedazo de la cola. El mayor de ellos fue llamado a ser soldado, mientras que el pequeño se quedó en el caserío, no atendiendo demasiado bien a sus progenitores. Estando el mayor de servicio en Nochebuena, sin poder visitar a la familia, se presentó ante él un feo individuo que le preguntó si quería volver a casa. El hombre contestó afirmativamente. El extraño sujeto le pidió como condición que llevase dos presentes a su casa tras pasar por su cueva y que regresase tres días después. El desconocido le entregó un terrón de oro para él y un cinturón rojo de seda para su hermano. El hermano menor, tras escuchar la historia de su familiar, rechazó el regalo y lo ató al árbol que había fuera de la casa, el cual echó a arder como la pólvora, dejando un gran agujero en el suelo. Pasado el tiempo acordado, los dos hermanos se presentaron en la cueva. Salió a recibirles con mala cara el individuo, al cual le faltaba un brazo. Sin saludar, fijó su mirada en el hermano menor y dijo: “¿Por qué me dejaste manco?” El muchacho lo negó, hasta que finalmente se dio cuenta de que el brazo que le faltaba correspondía con el pedazo de cola que le quitó al “culebro”. Entonces, el desconocido se transformó de nuevo en serpiente maldiciendo: “A partir de hoy, no faltará jamás manco, cojo, sordo o ciego en Iturriondobetia”. Luego se volvió a ocultar en el interior de la caverna.

En esta narración, a diferencia de la Herensuge, se añaden dos elementos novedosos: el hermano menor es puesto en evidencia, no sólo por agraviar a Sugaar, sino por no atender adecuadamente a sus mayores, faltas que quedan contempladas en las “leyes” de la Gran Madre y sus criaturas; además, el númen condena a su estirpe por su mala actuación. Este tipo de intervención también la observamos en algunas leyendas vinculadas a Mari, lo cual viene a reforzar el vínculo entre ambas divinidades.

Juan Inazio Hartsuaga apunta a que esta conexión entre el arquetipo de la Madre Tierra y el Dios Serpiente podría proceder de mitos pre-helénicos. El ejemplo más claro lo encontramos en los Pelasgos, pueblo indígena que habitaba en tierras griegas y que distintos arqueólogos han asociado a la cultura neolítica pre-indoeuropea. Según Apolodoro de Rodas, los dioses de los Pelasgos reinaron antes que los del Olimpo. Sus divinidades principales eran Ofión y Eurynome, cuyas relaciones sexuales dieron lugar a toda la creación. Podemos encontrar parejas semejantes en Oriente Próximo, como es el caso de Hedammu e Ishtar o Enki y Damkina.

El Dios Serpiente, al igual que la Gran Madre, también recibía ofrendas de los agricultores para que fecundara los campos. El poeta romano Propercio describe una de estas ofrendas, realizada en Lanuvium (cerca de Roma). El pueblo relataba que había un dragón que vivía en una sima cerca de la ciudad y que desde allí la protegía. Todos los años, en primavera, una doncella virgen debía descender al interior de la caverna con una cesta llena de comida. La criatura, tras abrir sus llameantes fauces, devoraba con ansia la ofrenda mientras las doncellas tiritaban de terror. Si la bestia consideraba que eran castas, regresaban sanas y salvas a su hogar, produciéndose una buena cosecha. Si no eran puras, las cosechas podían malograrse.

En esta narración no se menciona expresamente que las muchachas fueran engullidas, como ocurre en los relatos medievales, pero ya se dota de cierta hostilidad o malignidad a la Gran Serpiente.

La relación entre Sugaar y la fertilidad se aprecia bastante mejor en una leyenda medieval que sirve como legitimación del linaje de los señores de Vizcaya, que al igual que sucede en otros mitos europeos reciben parte de los dones o atributos de las deidades de las que descienden. Según la crónica de Lope García de Salazar (1454), Sugaar sedujo a la hija del rey de Escocia que se alojaba en Mundaka y la dejó embarazada, naciendo del fruto de esta unión Jaun Zuria (Juan, el Blanco), primer señor de Vizcaya (no histórico). Cuando el muchacho cumplió 22 años, los vecinos lo eligieron capitán de las tropas vizcaínas para que se luchase contra el hijo del rey de León. El príncipe de León había exigido enfrentarse formalmente a alguien de linaje real y, por esta razón, Jaun se convirtió en el candidato ideal. Finalmente, el enemigo fue derrotado en la batalla de Arrigorriaga y Jaun Zuria pasó a convertirse en el Señor de Vizcaya. Al morir el Señor de Durango, se casó con su hija, pasando a ser también gobernador de estas tierras, a quien concedió sus fueros. El sobrenombre de “blanco” haría referencia al blanco de su piel o cabello, es decir, que probablemente era albino, característica que en distintas culturas se consideraba mágica.

La primera versión documentada de la leyenda de Jaun Zuria, empero, se atribuye al conde portugués Pedro de Barcelós (1320). No obstante, autores como Andrés E. Mañaricua y J. Bilbao, opinan que el cronista no se basó en el precedente portugués, sino que los propios Señores de Vizcaya de la época fueron los informantes de Lope García de Salazar.

Tras este recorrido podemos evidenciar que la figura de Sugaar es más antigua que la de Herensuge y que existen notables diferencias entre ambas divinidades, dejando a un lado algunas semejanzas. A pesar de que actualmente se trata de un númen con su autonomía propia, su fuerte conexión con Mari lo relega a un papel de consorte y actualmente no existen apenas reminiscencias de su culto particular.

El único guiño que podemos apreciar en el folclore popular lo encontramos en la veneración a Santa Marta, hermana de Lázaro y mujer que hospedó a Jesucristo en su casa de Betania. Esta Santa, curiosamente, es patrona de las amas de casa, así como de las lavanderas, cocineras, sirvientas y gobernantas de casas de huéspedes. Se la representa precisamente con una saya roja y poniendo un pie sobre la cabeza de la serpiente. Las historias cuentan que salvó a un niño de las fauces de una gran serpiente (entendida como símbolo del mal), a la cual dominó con una serie de ensalmos o conjuros, haciendo uso de unas cintas o cuerdas e hisopo (Hyssopus officinalis). Estas cintas o ceñidores las podemos vincular a la leyenda de los dos hermanos. El hisopo, tradicionalmente, era y es utilizado desde antiguo para realizar limpiezas o purificaciones y también se administra como calmante pulmonar y gástrico. Adicionalmente, se usa para mejorar el estado de ánimo y devolver la energía vital (y sexual, en algunos casos), especialmente en las mujeres (elemento necesario para poder propiciar la fecundidad, si se está buscando la concepción).

Muchas Etxekoandreak (o Señoras de la Casa) acuden a esta santa buscando la protección de sus hogares, prendiéndole velas rojas o velas blancas con una cinta roja y haciendo una novena durante nueve martes seguidos (tres veces tres). Ocasionalmente, queman hisopo como ofrenda (presente que en realidad estarían entregando a la serpiente). Mágicamente, el martes está asociado al Marte romano, cuyo carácter pasional, combativo y colérico también podríamos atribuir a Sugaar.

 

 

La imagen de la portada es obra de Borja González Hoyos y puede encontrarse en el siguiente enlace: http://blogs.hoy.es/extremadurasecreta/2014/02/07/serpientes-legendarias-el-deslabon/.

Las ilustraciones de los númenes se encuentran en el libro “Mitologika: una versión contemporánea de los seres mágicos de Euskadi” de Aritza Bergara y Raquel Alzate

El cuadro de Jaun Zuria se titula “La jura del Señor de Vizcaya” y es de Anselmo Guinea (1882)

– La ilustración de Santa Marta es una pintura de José Rafael Garcés Sanches