Ilargi Amandrea, zeruan ze berri?

El hallazgo de varios calendarios paleolíticos como el de la cueva Lamiñak (Berriatua, Bizkaia) o la cueva de Blanchard (Les Ayzies), que fijan el tiempo en periodos de 60 días (dos lunas), asociado al sistema numérico vasco basado en sumas de 20, ha llevado a investigadores como P.P. Astarloa, J.B. Erro,  J. Gorostiaga, J. Vinson, J. Caro Baroja o Josu Naberan a apoyar la hipótesis de un calendario lunar organizado en períodos de 15 noches (astea, “ciclo de las noches”).

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Pablo Pedro Astarloa fue el primero en desechar la denominación de raíz latina de los días de la semana (domeka, martitzena, etc) y en recuperar términos euskéricos más antiguos como astelehena, asteartea y asteazkena, los tres primeros días de la “semana” que empezaría en luna nueva (ilberri /ilena). Asimismo, podemos atribuir a este autor el primer apunte que se hizo sobre la palabra “aste/a” como inicio de la lunación, situando su origen en el verbo “hasi /assi” (empezar). Posteriormente, Juan Bautista Erro rebatió que estos tres nombres hicieran referencia a días, apuntando que se referían a períodos dentro del ciclo lunar, siendo “astelen-a” el “primer día de luna”, “astearti-a” el momento de “luna llena” y “asteazken-a” el “último día de luna”.

Julien Vinson, por su parte, señaló que el término “egubakoitz” (día suelto) que se usaba indistintamente para referirse tanto al viernes como el sábado en algunos pueblos de Bizkaia, sería el día suplementario (o “noche intermedia”) que se introducía para ajustar el mes de 30 noches y correspondería con la noche anterior al cuarto creciente.

Adicionalmente, J. Gorostiaga planteó que, antes de que se introdujese el calendario romano de 7 días, las tribus pre-romanas se guiaban por el movimiento visible de la luna y el año agrícola se dividía en dos estaciones, atendiendo a la presencia de oscuridad (“illul”) o de luz (“argi”, “egu”): Negu (Invierno) y Uda (Verano). La primera iría del solsticio de invierno (“eguberri”, “neguburu”) al solsticio de verano (“ekhain”, “izkiota”) y del solsticio de verano al solsticio de invierno. Con la introducción del calendario cristiano, se añadieron como estaciones intermedias la primavera (“udaberri”) y el otoño (“udazken”). José Dueso, sin embargo, defiende que los antiguos vascos ya hacían subdivisiones dentro de sus dos estaciones principales, pero estas atendían a cuestiones de duración temporal que marcaban el inicio, la mitad y el final de una estación. Dicha subdivisión también se aprecia en la descomposición lingüística de los días de la semana vascos (len-principio; erdi-medio; azken, final).

Caro Baroja apoyaba firmemente la división del mes lunar en tres períodos, considerando que el 3, tanto para los indo-germanos como para los vascos, era un número sagrado que, además, se relacionaba con la antigua división ternaria de origen religioso-económico. Además, añade a esta afirmación la prueba de que existen nombres como “igande” que están ligados a la religión.

Josu Naberan recoge todas estas aportaciones y, además, reflexiona sobre el origen y significado de la palabra “aste”, que podría ser una evolución del término euskérico “Ats/arrats” (atardecer, noche, oscuridad). Curiosamente, el vocablo “as” aparece escrito en el lenguaje funerario ibero/tartésico, etrusco, minoico y egipcio antiguo con el mismo significado que la palabra vasca, lo cual suma evidencias a la hipótesis de que “aste” haría referencia a un conjunto de noches.

Según Naberan, este período tendría que ser de 14-15 noches. Si se tratase de la primera mitad del mes lunar actual, nos referiríamos al período que va de la luna nueva al plenilunio (incluyendo al cuarto creciente) y, si se tratara de la segunda mitad del ciclo, de la luna llena al novilunio (incluyendo el cuarto menguante).

Tomando las palabras astelehena, asteartea y asteazkena con el significado que ya se ha comentado, dividiríamos el conjunto de noches (aste) en tres momentos:

  • Astelehena: período que comprende desde el novilunio hasta el cuarto creciente (si se trata de la primera mitad del ciclo) o desde la luna llena al cuarto menguante (si hablamos de la segunda mitad). Dicho período suele ser de 6 días, pero a veces puede ser de 7 u 8 días y, raramente, de 5 días. Aunque el ciclo orbital lunar dura 27,3 días, que nosotros contamos 27 días horarios, su órbita sigue una trayectoria ligeramente curva y, si la observamos desde distintos puntos de la tierra, percibimos que los ciclos duran más o menos.

Los vascos asignaron nombres para estas variaciones. El séptimo día o “día suelto”, fue denominado, como ya hemos adelantado, “egubakoitz” (en la Baja Navarra, “ebiakoitz”). Al octavo día, se le llamó “irakoitz” (el dia siguiente de “egubakoitz”).

  • Asteartea: correspondería con la luna creciente o menguante, según sea el caso.
  • Asteazkena: es el período que va de la luna creciente a llena o del cuarto menguante a la luna nueva. Comprendería un período de 6 noches, aunque algunos autores lo reducen a 4 días porque restan los días que corresponden a la antigua celebración del “Larunbata”, el Sabbat de los vascos (actual sábado).

Naberan apunta que el “larunbata” provendría de la expresión “lau hurren betea” (la cuartena de luna llena), un festival de cuatro días cuyo propósito sería celebrar el auge de la luna (plenilunio). Dentro de este festival, se distinguen cuatro días (egu): “eguastena” (día de comienzo), “eguena” (día central), “barikua” (día intermedio antes de la luna llena o día de la cena) e “igandea” (la subida grande o punto álgido). Así pues, Naberan descarta los vocablos “osteguna” (jueves) y “ostirala”(viernes) que Caro Baroja relaciona con la adoración del dios Ortzi o Urtzi, ya que no tendrían lugar en una festival dedicado a la luna (Ilargia).

Si extrapolamos esta información para reconstruir el antiguo culto lunar vasco, podemos intuir que el “eguastena” sería un momento de preparación, donde podría realizarse algún tipo de purificación. El “eguena”, podría dedicarse a la adoración de Eguzki (X. Ikobaltzeta asociada el vocablo a Eguzki y le concede un carácter ritual). El “Barikua” (cuyo origen etimológico podría encontrarse en abari = cena), que se usa como sustitutivo de Ostirala, podría tratarse del “viernes sagrado” dedicado a Mari y, por tanto, sería el momento de reunión de las sorginak (brujas) en una cena comunal. Por último, durante el Igandea, “día de la subida grande”, se rendiría culto a Ilargi en su máxima manifestación de poder. Este planteamiento también se sustenta en la consideración de que la tríada Mari, Ilargi y Eguzki es indivisible, formando parte de un mismo sustrato mítico que explica el fenómeno del día y la noche y la relación entre los astros. Además, Mari, al ser madre de ambas, debería recibir el espacio de culto que el propio folklore recoge. Por último, no podemos separar a Ilargi de su hermana Eguzki, pues es quien permite la existencia de los seres humanos y los protege de las criaturas mágicas.

Si queremos seguir el ciclo de la luna a lo largo del año, debemos tener en cuenta que hay una media de 12,38 ciclos lunares (contando de luna llena a luna llena) y que cada 3 años se produce una treceava lunación. Por su parte, el ciclo metónico que estudió las coincidencias entre el sol y la luna, nos permitió descubrir que en 19 años solares se producen 253 lunaciones y, justo en ese momento, la luna vuelve a pasar por las mismas fases en los mismos días y horas. Es decir, entonces el comienzo lunar se sincroniza con el solar. Estas consideraciones también son importantes a la hora de reconstruir el culto lunar y, más aún, si deseamos sintonizarnos con sus ciclos para nuestra práctica mágica. Los calendarios agrícolas o almanaques de granjeros, como el “Calendario Zaragozano” nos son igualmente de gran ayuda.

Adicionalmente, conviene tener en mente las obras que Caro Baroja, Gómez Tejedor y José Dueso, entre otros, han dedicado al calendario vasco. Su lectura me ha inspirado a desarrollar un calendario propio en el que intento incorporar los elementos naturales y folklóricos para designar las distintas lunaciones.

En euskera, enero es denominado “Urtarrila” (periodo húmedo) u “Beltzila” (periodo negro). Si tomamos como referencia estas designaciones, podríamos denominar a la luna llena de Enero, “Luna húmeda” o “Luna ennegrecida”, aunque también podríamos adoptar la denominación de otros almanaques agrícolas y nombrarla “Luna fría” o “Luna de Nieve”, ya que suele ser la época más gélida del año y para los vascos las nieve (elurra) era un símbolo de prosperidad. Asimismo, cabe considerar que durante los 12 primeros días tras el Año Nuevo, se tiene por costumbre observar el tiempo atmosférico y otros signos de la naturaleza que se interpretan como designios de acontecimientos. Esta forma de oráculo primitiva, llamada “Zotalegun”, nos serviría igualmente como posible inspiración para renombrar esta lunación como “Luna de los auspicios”.

El mes de febrero se denomina “Otsaila” o tiempo de lobos. De ahí que la opción más viable sea nombrar esta lunación como “Luna del lobo”. Otra opción menos utilizada es “Katail”, que proviene de “katua” (gato), así que también podríamos llamarla “Luna de los gatos”. Si atendemos a lo que ocurre en el entorno ganadero, es el momento de gestación de las ovejas y de mayor producción de leche. Esto, sumado a la importancia de la festividad de Santa Águeda, nos llevaría a denominarla “luna de la leche” o “luna del despertar” (dado que con la Makila despertamos a los espíritus de la tierra).

Marzo (“Martzoa”) es tiempo de poda e injertos (“Epaila”), aunque también está asociado al gallo como animal folklórico, cuyo canto ahuyentaba a los espíritus de la noche y las sorginak, pero también era considerado un presagio de calamidad o muerte si ocurría a deshora, como señaló Barandiarán. Por tanto, “luna de poda” o “luna del gallo”, serían dos alternativas posibles.

Abril (“Apilira” u “Opailla”) es el tiempo de siembra, maíz y lluvias, así que cualquiera de las tres opciones sería válida para nombrar a esta luna.

Mayo (“Maitza”) es la época de los “mayos”, los grandes palos que se alzan en las plazas, alrededor de los cuales se danza. También es el momento en que florecen las margaritas. Cualquiera de estos elementos podría incorporarse a la denominación de la lunación.

Junio (“Ekaina”) es temporada de recoger cebada o habas. Asimismo, es el momento de celebrar el Solsticio de Verano alrededor de la hoguera y el tiempo del resurgir de Herensuge. De entre los tres elementos, los que más destacan son el fuego y la gran serpiente. Personalmente, me quedo con el último, ya que la “luna del dragón”, es una designación más vistosa y simbólica.

En julio (“Uztaila”) se realiza la cosecha del trigo y del forraje para los animales, por ello, las denominaciones más comunes de los calendarios agrícolas para esta lunación son “luna del trigo” o “luna del heno”. No obstante, también es tiempo de la maduración del nogal y “luna de las nueces” no es una alternativa a descartar.

Agosto (“Abuztua”) es momento para recoger legumbres y de escuchar el canto de los grillos. Igualmente, en esta época se producen la maduración de las moras y las endrinas. Por tanto, podríamos llamar a esta lunación “Luna del grillo” o “Luna de las zarzas”. Por motivos folklóricos y “brujeriles”, me quedo con esta última.

En septiembre (“Iraila”) se realiza la vendimia, pero también es un mes relacionado con el helecho como planta de uso médico y mágico. Así pues, las dos opciones más lógicas serían “Luna del vino” o “Luna del helecho”.

Octubre (“Urria”), por su parte, es el mes del avellano (urrilla) y de las castañas (por el “Gatzainerre eguna” o “Castañada”). También es la última temporada de caza. De ahí que en otros calendarios se la haya denominado “Luna del cazador”. Atendiendo a la terminología euskérica, sería más probable que fuese la “Luna del avellano”, pero teniendo en cuenta que los vascos tenemos nuestra propia figura del “cazador maldito”, acompañado por una jauría de perros, que recibe los nombres de Ehiztari Beltza o Mateo Txistu, considero que lo apropiado es dar valor a un mito que tiene gran extensión en toda Europa y gran trascendencia en la práctica de la brujería.

Noviembre (“Azaroa”) es temporada de matanza y de dar culto a los muertos. Así pues, “luna de sangre” o “luna del luto” (siguiendo la tradición de otros almanaques), me parecen dos alternativas muy válidas.

Diciembre (“Abendua”) hace referencia a la presencia de aves rapaces como el buitre o el cuervo, animales totémicos bajo cuya forma Mari se aparece. En sintonía con esta idea, podríamos denominar esta lunación “Luna del buitre”. Este mes también es época de germinación (lotu). Sin embargo, dada la importancia del Solsticio de Invierno en la tradición vasca, convendría recoger alguno de los elementos ligados a esta festividad. El calor del hogar y el arte de la herrería son dos aspectos a destacar. Personalmente, la idea de rescatar la figura del herrero, me resulta muy atractiva. No obstante, también considero muy significativo el período de 12 noches que va desde el Solsticio de Invierno a Nochevieja. En otros almanaques se llama a esta lunación “Luna de las Largas Noches”. Empero, quizás deberíamos transformarla en la “Luna de las mágicas noches”, donde todo lo extraño y lo místico puede suceder.

Por último, el treceavo mes lunar, a mi juicio, tal vez no debería tener una denominación concreta o ninguna más allá de “la luna intermedia”, ya que las energías de ese ciclo adicional variarán cada tres años. Por tanto, mi propuesta es que cada cual haga sus propias observaciones y le atribuya la denominación que más se ajuste a su experiencia vital o espiritual.

 

La imagen de portada se ha extraído del espacio “WARXPRO” de Tumblr: http://warxpro.tumblr.com/post/78982696092/a-seething-destructive-blackness-overtook-me?ref=weheartit

La fotografía que acompaña al texto es una imagen de la placa de Blanchard y el asta de Brassempouy descubiertas por el arqueólogo Alexander Marshack.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 comentarios sobre “Ilargi Amandrea, zeruan ze berri?

  1. I think attacking something without understanding it is always problematic, regardless of whether one is an atheist, a creationist, or any other form of ist. Of course, the ignorant often dispute the fact that they are ignorant.I do believe that some people are more hardwired for faith than others. Perhaps, for this reason, we should have more patience and understanding for those who struggle with their faith.

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    1. Hi Cinderella. I agree with you, I respect other beliefs and I approach them with respect, trying to understand their points of view. Everyone of us, no matter our religion or the form of spirituality we follow, have doubts about some aspects of the tradition and experience periods of struggle in the relationship with God/Gods or the sacred entities we worship. From my point of view, it is very neccessary to reflect and wonder about the precepts of our faith and that is what I am intending in this space. Sadly, the spirituality I follow have been misunderstood and persecuted during centuries. As you said, there are people who judge harshly what they don’t know and refuse to understand. I only try to clarify some ideas in this blog for those who are open to listen and have the positive attitude to make constructive questions.

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  2. Me ha encantado este artículo. Particularmente, los calendarios lunares que hace la gente, es algo que me apasiona enormemente, y por alguna razón, me ayuda a aprender bastante el tema de los ciclos.

    ¡Saludos!

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