Figuras solsticiales en la tradición vasca y sus conexiones con otras tradiciones europeas

El Solsticio de Invierno representa uno de los eventos más significativos dentro del calendario astronómico y agrícola. En muchas culturas del mundo y, particularmente, dentro de las tradiciones europeas, se aprecian ciertos elementos simbólicos semejantes relacionados con el renacimiento y la retribución.

Aunque el momento exacto del solsticio de invierno (“Eguberri” o “Neguburu”) acontece cuando el sol se coloca a mayor distancia del ecuador celeste, lo cual ocurre entre el 20 y 23 de diciembre, el periodo solsticial abarca 13 noches mágicas. Es decir, se extiende desde el mismo día del solsticio hasta el 1 de enero. Durante este tiempo (denominado “Weihnachten” o Noches de los Espíritus entre los nórdicos), se cree que ciertas entidades míticas (deidades, espíritus feéricos, gigantes, trolls, monstruos y almas errantes) campan a sus anchas por el mundo y resulta poco recomendable vagar alegremente por ciertos parajes, especialmente cuando cae la noche.

Algunas de estas criaturas están claramente vinculadas a la Caza Salvaje en su versión más primitiva, como los Krampus o las Perchten de la zona germánica y escandinava, mientras que otras tienen connotaciones más benéficas como Madre Nieve o Madre Ganso (pseudónimos para referirse a Holda o Perchta), Papá Noel (representación edulcorada de Odín o Wotan como “Alfather” o padre de todos/as), el Olentzero (el último de los gentiles vascos, convertido en carbonero bonachón) o la Befana (la famosa bruja italiana, reminiscencia del antiguo culto a Strenia o Estrenua, diosa latina de la salud, el bienestar y los nuevos comienzos). También podríamos incluir a la Madre Anciana (la Cailleach celta en su aspecto de sabia y protectora) y Black Annis (la Cailleach en su representación de bruja huraña y cruel).

Todas tienen en común que toman la forma de ancianos/as. El anciano/a es una personificación del tiempo, la eternidad, la sabiduría ancestral que se transmite de forma oral a la comunidad y, en ocasiones, de la muerte. Los ancianos además son los encargados de la liturgia doméstica. El hombre normalmente era el que se encargaba de los sacrificios (cazando o matando ganado) y las libaciones (fabricaba las bebidas) en muchas festividades mayores. La mujer se ocupada de la limpieza del hogar, el cuidado del fuego o la protección contra él, así como de las tareas de hilado, la recolección de hierbas y la adivinación. El hilo se vincula, no solo al destino, sino también a la creación de vida. El amasado y horneado de pan o dulces igualmente refleja el proceso alquímico de dar forma y madurar algo, aunque durante el cocinado también se miraba la forma que tomaban los bollos como una manera de predecir futuros acontecimientos. De ahí que en las leyendas sea recurrente que estas entidades invernales exijan trabajo, limpieza y cuidado (en forma de servicio u ofrendas).

Otra cuestión que cabe señalar es que estas figuras folclóricas representan los dos rostros de una misma manifestación. Además, casi todas ellas tienen su pareja correspondiente, complementándose las polaridades. Entre los nórdicos, Papá Noel y Madre Nieve están vinculados, ya que el primero aludiría a una representación moderna de Odín y la segunda sería una personificación de su esposa Frigga (algunos autores consideran que hay aspectos de Frigga y Holda que se han fusionado, pero representan entidades separadas). Por su parte, en la zona sur de Alemania y en Austria los Krampus y las Perchten salen juntos a asustar a los niños. En este territorio son considerados como miembros masculinos y femeninos del cortejo de Perchta, respectivamente. Cabe señalar que Perchta vendría a encarnar el aspecto más antiguo y salvaje de la diosa Nerthus, con su pata de ganso u oca y nariz aguileña en forma de pico de ave, que aluden a su capacidad de cambiar de forma. Asimismo, cabe recordar que Thor viajaba en un carro tirado por dos cabras, animales en los cuales se inspira la figura del Krampus. No obstante, hay autores que apuntan a que Perchta tiene rasgos que recuerdan a Hel y que Krampus sería hijo de dicha deidad del inframundo, derivando su nombre  del término “krampen” (garras). En el caso vasco, el Olentzero suele ir acompañado de su esposa Mari Domingi, uno de los muchos aspectos de la diosa Mari.

El comportamiento generoso o sanguinario que ejercen estos personajes míticos sobre los mortales depende del cumplimiento o no cumplimiento de los deberes personales y comunitarios. Si han sido honestos, responsables, trabajadores y han cuidado bien de su familia, son recompensados con regalos (oro, plata, alimentos) o bendiciones (buena salud, fertilidad, prosperidad, transformarse en animales o un animal compañero); si han sido traviesos, mentirosos, holgazanes, descuidados, envidiosos o tramposos, son castigados físicamente (azotados, torturados o asesinados), maldecidos o reciben presentes desagradables (carbón) e incluso siniestros (abrir el vientre de los niños para rellenarlo de paja y piedras en lugar de dulces).

Algunas características de ciertos integrantes masculinos y femeninos de las ancestrales Cacerías Salvajes o Cabalgatas Nocturnas pasaron a ser asumidas por algunos santos/as católicos. Los más conocidos a nivel europeo, aunque también tienen su veneración en Euskal Herria, son San Nicolás y Santa Lucía. Adicionalmente, en la geografía vasco-navarra también se rinde culto a San Saturnino y Santa Bárbara.

La festividad de San Saturnino (denominado también San Serenín o San Cernín) es la que precede el periodo solsticial, celebrándose el 29 de noviembre en varias localidades navarras y alguna villa guipuzcoana. Este santo, según las Actas de San Saturnino, fue un misionero romano del s. I que predicó por las Galias, los Pirineos y norte de la Península Ibérica. Más tarde, se convirtió en el obispo de Toulouse (curiosamente también se le venera bastante cerca de Tolosa). Sin embargo, La Passio Saturnini, sitúa su obra y su martirio más tarde, en torno al 250 d.C. La historia del martirio es interesante porque alude a su influencia sobre el templo de Júpiter. Por lo visto, Saturnino pasaba cada día por el templo de Júpiter (entendemos que sin mostrar ningún respeto) para ir a un pequeño oratorio cercano donde había situado su catequesis. Júpiter estaba tan molesto que dejó de conceder peticiones a sus fieles durante un tiempo. Así pues, el pueblo señaló como responsable a Saturnino. Tras negarse a sacrificar un toro en honor a Júpiter, lo ataron a la bestia y fueron picándole mientras corría por las escaleras del Capitolio hasta que finalmente su cuerpo fue despedazado por el arrastre de la res.

En Pamplona se le empezó a rendir culto a finales del S.XI, cuando emigraron grupos de francos para repoblar el Reino de Navarra. Frente a su iglesia principal, situada en la calle del mismo nombre, existe un pozo que, según cuentan, fue bendecido por él. Se dice también que con dicha agua bendijo a los primeros cristianos de la zona, entre ellos San Fermín, patrón de la capital navarra. Igualmente, su advocación está presente en Artajona, Usún, Gastiáin, Zalduondo y Saturdi. Tras la habitual procesión, se organiza una comparsa de Gigantes y Cabezudos que van bailando desde la iglesia a la plaza, acompañados de música de txistulari.

Estos elementos nos permiten descubrir la relación del santo con el Dionisos griego y el Saturno romano. En Grecia, en ese tiempo, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. La manera de honrarlo era sacando un toro en procesión para luego hacerlo pedazos (simulando la muerte del Dios) y entregarlo a las Ménades. Igualmente, se sacrificaba un cabrito a Dionisos, los asistentes gozaban de los placeres del vino y se organizaban representaciones teatrales. En Roma se celebraba, posteriormente, la Saturnalia desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre. En esta época se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el merecido descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. A menudo, se solían intercambiar roles con los amos, aunque los hijos también podían adoptar el papel de sus padres. Cada familia solía elegir a un “Rey de la Saturnalia” o “Señor del Desgobierno”. La desinhibición, los excesos, los bailes de máscaras, los juegos y las orgías cobraban protagonismo durante estos días. Tradicionalmente, se decoraban las casas con plantas, se encendían velas, se preparaban grandes banquetes y se entregaban regalos a los seres queridos. El 25 de diciembre, al final de la Saturnalia, se celebraba el nacimiento del sol (Deus Solis Invictus), coincidiendo con la entrada del astro rey en Capricornio. De nuevo, la cabra se erige como animal sagrado, tanto en el caso vasco como romano, a pesar de que representen a deidades diferentes.

Por su parte, el culto a San Nicolás fue claramente importado de la zona escandinava. Al Igual que en el resto de Europa, su festividad se celebra el 6 de diciembre, aunque los festejos comienzan el 5 de diciembre por la noche. Este santo fue un obispo cristiano del s. IV, hijo de un zapatero, que predicó en la antigua Anatolia (Turquía) y participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas arrianas. Tras la conquista musulmana, sus restos fueron conducidos a la ciudad italiana de Bari para preservarlos. Este santo es considerado liberador de los presos, conversor de ladrones, protector contra los robos, abogado de los oprimidos y de quienes afrontan juicios injustos, consuelo de aquellos que están afligidos y tienen mala salud, amparo de los pobres y necesitados, guía de los peregrinos, protector de los niños y estudiantes, así como aliento de las muchachas solteras que desean encontrar marido. Es decir, representa una inversión de los dominios de Saturno en la astrología tradicional, tratando de enmascarar su esencia original. Esta figura es la que daría origen a Papá Noel o Santa Claus, aunque su cara oscura estaría representada por el Krampus. En la mitología vasca, esta parte siniestra estaría personificada por la versión primitiva del Olentzero: un gentil o gigante con la cara negra de hollín, que llevaba un saco, portaba una escoba de brezo o árgoma para fustigar a los niños traviesos y usaba una hoz para cortar las cabezas de aquellos que habían sido muy malos.

En Euskal Herria, se conocía este día como la “fiesta de los obispillos” y se daba descanso a los niños en la escuela, ya que antiguamente se consideraba que San Nicolás era el patrón de los estudiantes. También era una buena excusa para que éstos no fueran al colegio en uno de los momentos más inclementes del año. Entonces los niños tenían la costumbre de disfrazar a un compañero de obispo, con el hábito y los ornamentos propios de su rango, a quien luego honraban jocosamente hasta el 28 de diciembre (Día de los Santos Inocentes). Según los registros más antiguos que se han encontrado, esta tradición se remonta a la Edad Media y estuvo sujeta a diversas prohibiciones en distintos lugares, porque se consideraba irreverente usurpar un cargo eclesiástico y mofarse de él. Incluso en el interior de los templos se llegaron a organizar parodias burlescas con apoyo de personal laico al estilo de los carnavales. Esto disgustó especialmente a las autoridades.

Según nos informa José Dueso, los obispillos guipuzcoanos eran niños de menos de 7 años, mientras que los navarros eran de mayor edad. Por ejemplo, en Garisoain elegían a un muchacho entre 9 y 14 años con las cartas de una baraja, seleccionando a aquel que tuviera el As de Oros. Habitualmente, los mozuelos solían ir de casa en casa haciendo teatrillo y con el dinero que conseguían compraban un gallo que asaban el día de la Purísima Concepción (8 de diciembre). Antes de comerlo, lo colgaban en la puerta de la iglesia y cada uno simulaba matarlo con una espada de madera mientras permanecían con los ojos vendados. Antiguamente, parece que sí que sacrificaban al gallo de esta manera con una espada de verdad, al estilo del “Ollasko-jokua” (juego del gallo). En Álava esta fiesta se suscribía al área de Salvatierra. A continuación, se expone una de las letrillas que se han conservado: “San Nicolás Coronado, es Obispo muy honrado/ si nos dan o no nos dan/ las gallinitas lo pagarán”. En lugares como Kampetzu, Arraia, Aramaiona, Laminoria o el Valle de Arán se trasladaba esta representación teatral a la época de Carnaval.

Esta tradición perduró con bastante arraigo hasta hace relativo poco tiempo en algunos lugares de Navarra y Álava. En localidades como Arrasate y Segura (Guipúzcoa) se está tratando de recuperar con un formato más moderno. Normalmente se escoge a un niño de menos de 6 años, se le viste de obispo y junto a sus amigos va a buscar el “bolo-bolo”, es decir, caramelos y frutos secos.

Seguidamente, pasaremos a analizar las celebraciones en torno a dos figuras femeninas: Santa Bárbara y Santa Lucía.

Santa Bárbara fue una virgen mártir del s.III, cuya festividad se celebra el 4 de diciembre. Su familia era pagana y quería casarla, pero ella se negó y anunció su conversión al cristiano. Su padre estuvo a punto de sacrificarla, pero ella consiguió huir y ocultarse en una misteriosa cueva en una montaña. Finalmente la encontraron y su condena consistió en ser atada al potro y flagelada para luego ser colocada en una cama de trozos de cerámica cortante hasta ser desgarrada por rastrillos de hierro y quemada con barras metálicas incandescentes. De ahí que se haya convertido en patrona de los mineros, herreros, artilleros y canteros, así como abogada contra las calamidades (especialmente de que cayera un rayo y quemase la casa o taller). De todos modos, su advocación estaba extendida entre los agricultores y leñadores, quienes se santiguaban y se encomendaban a la santa diciendo: “Santa Bárbara bendita, protégenos del trueno y la tormenta”.

Se la suele representar entre bloques de piedra, junto a una torre o una montaña, con un manto rojo, un rayo sobre su cabeza, una espada en una mano y un cáliz en la otra. Esto nos recuerda a algunas imágenes de Mari donde aparece con un sayón rojo en una montaña o junto a una cueva, la cual puede tomar forma de rayo para viajar y que tiene tesoros de oro (cáliz). La imagen de la fortaleza nos podría remitir a su relación con la nobleza y su matrimonio con Diego López de Haro. La espada nos recordaría al arma de San Miguel en contra del dragón, su consorte mítico. Un rito asociado a la protección contra las tormentas consistía en colocar el hacha con el filo hacia arriba.

Uno de sus lugares de culto de Santa Bárbara era la Iglesia de Donibane, construida en el S.X. A ella acudían los trabajadores de las minas Usi, Meatza y Beramio. En la zona del Valle de Orozko, que también tuvo una gran relevancia como cuenca minera, se la veneró con fervor hasta que el abad de Axpuru empezó a modificar las costumbres paganas asociadas a esta santa. Otros de sus famosos templos se encuentran en la ermita de Mendikota (Zuberoa), al cual las madres llevaban a los niños a los que les costaba hablar. En Navarra son conocidas las ermitas de Lezaun y Ukar en honor a esta figura.

Finalmente, vamos a comentar el significado de Santa Lucía y las costumbres asociadas a ella. Esta santa fue una mártir siciliana que fue condenada durante la persecución de Diocleciano. Consagró su vida a Dios y, al igual que Santa Bárbara, insistió en permanecer virgen. Su madre, que estaba enferma, la intentó persuadir para que se casara con un pagano, pero ella le convenció para que fuera a la tumba de Santa Águeda a pedir su curación. Si sanaba, renunciaría al compromiso. Así sucedió, pero su prometido la denunció. Durante su arresto, trataron de violarla. Luego intentaron doblegarla con la tortura del aceite y el pez. Finalmente, según la Passio latina, le atravesaron la garganta y le sacaron los ojos. En la versión griega que relata su martirio, en cambio, se dice que ya había acudido al tribunal ciega porque la belleza de sus ojos deslumbraba a su pretendiente y ella decidió sacárselos.

De ahí que sea la abogada de las enfermedades de vista. Además, es patrona de los pobres, los ciegos, los niños enfermos, los fotógrafos, los cristaleros, los electricistas, los afiladores y las modistas. Los orígenes de su festividad se remontan al S.XVI en Suecia y Finlandia. La costumbre dicta que las hijas mayores de cada familia deben vestirse con una túnica blanca, una faja roja y colocar una corona de acebo con 7 velas sobre sus cabezas. También suelen preparar el desayuno para su familia, horneando galletas de jengibre y bollos de azafrán en forma de espiral. Asimismo, entonan canciones en la iglesia, en la escuela, en hospitales o residencias de ancianos, entrando en procesión con sus velas encendidas en la mano y en la cabeza. En las iglesias protestantes, van acompañadas de niños vestidos como estrellas.

Los paganos nórdicos consideran que Santa Lucía es una representación de Heid o Gullveig, sobrenombres con los que Freyja aparece en el Volüspa. Según el poema, la quemaron y atravesaron con lanzas pensando que era una bruja, pero ella renació tres veces y siguió viviendo. Freyja es otra de estas líderes de Cabalgatas Nocturnas y va acompañada por las Valkirias (quienes recogen las almas de los muertos en batalla) o las Dísir (hadas o diosas menores similares a las Matronae romanas), según versiones. Otros autores consideran que las niñas que encarnan a Santa Lucía representan en realidad a la diosa Sol (Sunna). En otras latitudes, estas muchachas recuerdan a las Damas Blancas.

En la tradición italiana, se la relaciona con Juno Lucina o Vesta (según autores), ya que la santa va montada sobre un asno entregando regalos a los niños bondadosos (que se han preocupado de dejar una ofrenda para ella) y tirando brasas en los ojos de aquellos que se han portado mal o se quedan despiertos para verla llegar (al igual que la Befana o ciertas entidades feéricas, evita ser descubierta). En el caso vasco, estaría más cerca de la figura de Amilamia, la más hermosa y bondadosa de todas las lamias, o directamente de Mari como Reina del mundo feérico con su corte de seguidoras. Igualmente, no podemos obviar la conexión mencionada con Santa Águeda, portadora de la luz y protectora de los niños, a la cual se asocia esta costumbre de encender velas y cantar canciones en comunidad. Así pues, esta tradición solsticial pasaría a celebrarse durante el mes de febrero como conmemoración del retorno del sol y la reactivación del ciclo natural.

Dentro de la geografía vasca, la única costumbre señalada durante el 13 de diciembre es la feria de Santa Lucía en las localidades guipuzcoanas de Urretxu y Zumarraga, que se celebraba antiguamente cerca de la ermita de Ezkio. Además de los típicos tenderetes navideños, se exponen los productos de la comarca, así como ropa, calzado, herramientas y maquinaria. A esto hay que sumar la venta de ganado caballar. Recordemos que en el artículo anterior dedicado a los Oihulariak mencionamos al caballo como animal totémico y espíritu autóctono (Irelu) que sirve como mensajero entre vivos y muertos, además de estar asociado a la protección y la fertilización del grano que brotará en primavera. Asimismo, existen concursos de capones, luchando las compradoras por encontrar el mejor precio para la cena de Navidad. El único elemento que se comparte con el resto del Europa son los coros, en este caso, integrados por modistillas que entonan canciones populares siguiendo la melodía de la trikitixa (instrumento vasco similar a un acordeón).

 

— Para la construcción de este artículo, además del libro de “El calendario tradicional vasco” de José Dueso, se ha consultado el “Diccionario Akal de mitología universal” de Giuseppina Sechi Mestica, el libro “The Winter Solstice” de John Mathews, el blog “Una de romanos” (WordPress) y los artículos sobre Yule de la página de Gotland Forn Sed.

 

  • La imagen de portada es un cuadro de Santa Lucía pintado por Francisco del Cossa.
  • La primera fotografía se titula Krampuslauf Perchten München y pertenece a @ Christkindlmarkt.
  • La segunda ilustración es una representación de la diosa Holda y es obra de Hello Heydrich.
  • La tercera fotografía corresponde al baile de Gigantes y Cabezudos de San Saturnino en Pamplona y pertenece a Iñigo Alzugaray.
  • La cuarta imagen es el Olentzero de Estella sacada de la Revista Calle Mayor (2016)
  • La quinta ilustración se titula Boy bishop y se ha extraído de Wikipedia.
  • La sexta imagen es una representación de Santa Bárbara que podéis encontrar en la siguiente web: https://www.el-carabobeno.com/dia-santa-barbara/
  • La séptima fotografía es una imagen de un vídeo de YouTube sobre las tradiciones de Santa Lucía en Suecia: https://www.youtube.com/watch?v=UJS0w5BGRCI
  • La última ilustración es una panorámica de la Feria de Santa Lucía en Zumárraga de la web de EITB (Televisión vasca).

 

Oihulariak

En la mitología vasca existen diversos númenes, genios y espíritus que anuncian su presencia y se comunican mediante gritos, chillos, aullidos o relinchos nocturnos denominados “oihu”, “oiu” u “oyu”. De ahí que, popularmente, se les conozca con el sobrenombre de “oihulariak”(oiulariak, ojulariak), “oihukariak, “oihutariak”u “oihu-egileak” (oiu-egilleak, oyu egilleak), cuya traducción sería “los que gritan” o “gritadores”.

El “oihu” es una forma de llamada salvaje, más frecuente de escuchar durante la época oscura del año y que suele causar un efecto psicológico sobre quien lo recibe, mayormente de inquietud o miedo, aunque no necesariamente se emite con el propósito de atemorizar sino más bien de advertir: bien sea de que se está entrando en el territorio que custodia dicha entidad y, en algunos casos, se avisa incluso de posibles peligros.

Habitualmente en las leyendas se instruye sobre las consecuencias de ignorar estas señales y no se recomienda (e incluso se castiga) responder a dicho grito con uno semejante, especialmente si no se reconoce qué tipo de espíritu puede estar emitiéndola o no se comprende el mensaje. No obstante, en otras, se pone de manifiesto que algunas de estas criaturas míticas acuden a la contestación sin que ello implique un daño o perjuicio para quien las convoca. Es más, se da a entender que el humano que conscientemente replica porque tiene la intención de convocar a dicha entidad o solicitar su ayuda en su mismo “idioma”, propicia un reconocimiento y entendimiento mutuo.

Un ejemplo del primer caso lo encontramos en leyendas asociadas a Gaueko. Como ya se ha explicado en anteriores artículos, este numen es la representación de la noche y su dominio se extiende durante este periodo bajo una serie de normas y tabúes que, si no se cumplen, suelen tener consecuencias desastrosas. En unas ocasiones, Gaueko se manifiesta imitando el silbido del viento y susurrando “Eune eunezkontzat eta gaue gauekontzat” (el día para los del día, la noche para los de la noche); en otras, mediante gritos, relinchos o aullidos (especialmente cuando toma forma de bestias y más comúnmente bajo el aspecto de lobo).

Una leyenda de Lekeitio cuenta que dos muchachas que regresaban tarde a casa una noche escucharon, de pronto, un relincho semejante al de un caballo salvaje que provenía de las profundidades del bosque. Las jóvenes continuaron su camino despreocupadas, hablando entre ellas. Luego, se oyó un grito desgarrador y, posteriormente un aullido. Aterradas, echaron a correr, seguidas por una sombra gigantesca que iba quebrando las ramas de los árboles a su paso. Consiguieron llegar a la puerta del caserío y la aporrearon hasta que la señora de la casa les abrió, lanzándose dentro. La dueña cerró la puerta con todas sus fuerzas pero, antes de que pudiera echar el cerrojo, la criatura que perseguía a las mozas dio un fuerte golpetazo a la puerta, haciendo temblar el umbral y los muros del baserri. A la mañana siguiente, las tres mujeres salieron y vieron hundidas sobre la madera maciza las marcas de las garras de Gaueko. Aunque las muchachas lograron salir ilesas, la Etxekoandre sufrió insomnio y pesadillas hasta que finalmente enloqueció. Pues ella había contemplado con horror a Gaueko y había sentido su aliento gélido en el rostro mientras trataba de cerrar la puerta. Aquella terrible visión la acompañó y la torturó hasta el final de sus días (“Mitologika”, A. Bergara, R. Alzate  y R. del Río).

En este caso, las protagonistas desobedecen el horario establecido por sus mayores, permitiendo que cayese la noche antes de llegar al caserío. Invaden el reino de Gaueko conociendo la prohibición de abandonar la protección de la casa entre la medianoche y el amanecer. También desoyen los avisos del propio numen que les advierte de la invasión de su territorio. Además, quiebran la paz nocturna con sus cuchicheos, aunque en este caso no respondiesen a la llamada a modo de provocación.

Seguidamente veremos un claro ejemplo de réplica irrespetuosa. Una leyenda de Ataun, recogida por Barandiarán, cuenta que los caseros de Artzate y sus vecinos se encontraban una noche echando combustible en un horno calero de piedra caliza. En plena faena, escucharon un grito que venía de lo alto de Iruzuloeta (Sierra de Olatzaitz), donde tenían una de sus moradas los gentiles. Uno de los trabajadores contestó: “mejor sería que vinieras aquí a ayudarnos en lugar de pegar gritos ahí fuera”. Entonces el gentil lanzó una enorme piedra que justamente fue a parar encima del horno, destrozándolo. Allí permanece aún el pedrusco sobre el horno abandonado.

Otro relato de la Sierra del Gorbea narra la historia de una aldeana que estaba segando helechos en la montaña de Mugulegorreta. Un basajaun (en otras versiones, Tartalo) que vivía en el lugar y no le había dado permiso para cosechar allí ni había recibido ninguna ofrenda para solicitar su consentimiento, emitió un “oihu”. La joven, sin pararse a pensar, le contestó con un “ijiji”. El guardián de lugar, que interpretó que se estaba mofando, la secuestró y la llevo a su cueva. Nunca más se supo de la doncella.

Otros genios como los Iexltu o Idditu, de naturaleza traviesa, suelen asustar a aquellos que transitan de noche con griteríos o aullidos, especialmente si caminan por parajes peligrosos como montañas escarpadas, bosques cercanos a simas o parajes próximos a acantilados. A veces, sus chillidos llevan a los viajeros a desorientarse y perderse e incluso a caer por precipicios cuando intentan escapar de ellos.

Otros espíritus menos conocidos son los Ireluak, entidades con forma de “pottoka” que anuncian su llegada con relinchos. La pottoka es una de las razas de caballos autóctonos, descendientes del Equus prehistórico, que ha vivido en condiciones semi-salvajes, resultando difícil de domar. El culto al caballo como animal totémico está muy presente en el País Vasco, Navarra y Pirineos, encontrando su silueta en pinturas rupestres de las cuevas de Ekain, Altxerri, Atxeta, Santimamiñe, Urkiaga, Izturitxe, Aldekerdi y Torrea. En la región de Tardets, las leyendas representan al Irelu como un caballo blanco o una yegua que secuestra a los/as mozos/as del lugar para llevarlos a sus moradas (cueva de Lexarrigibele, sima de Obantzun, cueva de Ahantz). En la Sierra de Alarar, el Irelu suele aparecer también como un caballo blanco, pero montado por un jinete esbelto que premia o castiga a los aldeanos. Una historia popular cuenta que un pastor estaba con su rebaño en Puterri y ,de pronto, escuchó un relincho. Se volvió y vio la figura de un caballo blanco montado por un caballero. El misterioso jinete le preguntó dónde se situaba la cueva de aquella montaña. El pastor le acompañó hasta la entrada de la gruta y éste le recompensó con una moneda de oro. En Ataun, en cambio, los Irelu se manifiestan como caballos de fuego que cruzan de noche el espacio para viajar a cuevas como la de Sugaarzulo, simas como la de Unbedi o montes como Gurutxegorri, Aspildi o Igartu. Asimismo, existen relatos sobre estos seres míticos en Larraun o en las rutas que se usaban para el contrabando en los Pirineos. En Zuberoa y Nafarroa Behera, se describe al Irelu como un caballo blanco sin cabeza conocido como Zamari Zuria que suele hacer acto de presencia para anunciar una muerte o accidente grave. Además de ejercer de emisario sobrenatural entre las criaturas vivas y muertas, también realizaban trabajos relacionados con protección y la fertilización del cereal y ayudaban en la construcción de puentes que unían dos regiones (aunque esto probablemente sea una metáfora).

Las Lamias, los Maide y los Intxixu son entidades feéricas a las que también se les ha descrito como gritadores o aulladores. En varias leyendas de Aramaio se cuenta que estos genios han hecho pasar malos ratos a quienes se han atrevido a contestar a sus gritos. Uno de estos relatos explica la historia de un pastor de Laumugarrixeta que respondió al grito de uno de estos seres y que, en el momento de resguardarse en su choza para pasar la noche, escuchó un fuerte golpetazo en la puerta, la cual quedó marcada con la forma de un manotazo (o un zarpazo, según versiones).

En otras leyendas se menciona que las lamias se comunican frecuentemente mediante “irrintzis” (“risas”). El “irrintzi”, según la definición de J.B. Daranatz, es un “grito estridente, sonoro y prolongado, de un solo aliento, que los pastores gustan de hacer resonar en los flancos de las montañas y que los vascos en general lanzan gustosos en señal de alegría”. Algunos cronistas medievales sugirieron que estos gritos de los montañeses vascos eran una forma de atemorizar a sus enemigos. Probablemente estos escribas se referían a los vascones o descendientes ya cristianizados de esta tribu prerromana, quienes perpetuaron este tipo de emisión como forma de causar un efecto psicológico sobre sus combatientes antes de la batalla. Autores como Duvoisin consideran que estos gritos tienen un origen bastante más lejano, que se remonta a los albores de la humanidad, así como un uso más cotidiano, encontrándose expresiones semejantes en la cultura hebrea, en las tribus árabes del norte de África (zaghareet) o los pueblos nórdicos (kulning o herding), entre otros. Independientemente de si el uso inicial del “irrintzi” se limitaba a un contexto guerrero o se trataba de una forma de comunicación entre montañeses o con otras criaturas, no podemos ignorar la supervivencia de este peculiar grito hasta nuestros días y su uso popular en festividades como expresión de regocijo. Incluso se ha convertido en motivo de divertimento, ya que en muchas localidades se organizan concursos para ver qué “irrintzi” es el más largo.

En Elorrio, Axpe y Arrazola, se transmite una historia muy parecida a la de Lekeitio donde las protagonistas son las lamias. En este caso, las muchachas del relato se habían pasado el día cosiendo en un caserío vecino y, en el camino de vuelta a casa, escucharon un “irrintzi” al que inmediatamente contestaron, pensando que probablemente se trataba de alguna de sus amigas o de algún vecino. Luego escucharon otro “irrintzi”, al que también respondieron, creyendo que se trataba de un juego. Seguidamente, escucharon un tercer “irrintzi” que igualmente replicaron. De pronto, miraron hacia atrás y vieron una figura llameante que se aproximaba a ellas a la velocidad del viento. Asustadas, pidieron asilo en un caserío vecino para librarse del peligro. Seguidamente, escucharon un sonoro golpe en la puerta. Al día siguiente, vieron las marcas de cinco uñas en la madera (en otras versiones, la marca que dejaron fue la de diez dedos).

En Abadiño, donde todavía se cuentan relatos similares, se advierte que nadie debe dar tres “santzos” en la cima de Gaztelu ya que, de lo contrario, las lamias o los maide que allí viven pueden secuestrarte. Estos particulares gritos que, a menudo se traducen como “relinchos”, son expresiones de júbilo como los “irrintzis” y que podríamos aproximar a la onomatopeya “iujuju” o “iujujujui”. También solemos encontrar referencias a estos chillidos en registros de fiestas de los pueblos, especialmente durante la verbena de San Juan, cuando suena la música o hay baile.

https://www.youtube.com/watch?v=c_v4qJyV7pQ

Continuando con estas emisiones salvajes, cabe mencionar que en Oiartzun y otros lugares de Guipúzcoa se cree que cuando los perros empiezan a ladrar sin explicación o se oyen silbidos o relinchos sin que ningún animal ande suelto, es que un Intxixu está haciendo de las suyas. De esta forma intentan llamar la atención de aquellos que se encuentran en la casa para que, llevados por la curiosidad, dejen la protección del hogar y salgan a mirar afuera. Es más, existe la expresión popular “eres más malo que un Intxixu”, que se dirige a los niños que son muy alborotadores o traviesos.

Aquí es preciso hacer un apunte para añadir que tanto Ehiztari Beltza (o Mateo Txistu), como Herio (la muerte) se manifiestan habitualmente de una forma muy semejante. En el caso de nuestro Cazador Negro, que va acompañado de su jauría (representación local de la Caza Salvaje), es común o bien escucharlo como un agudo silbido que recuerda al sonido del fuerte viento o como el aullido lejano de sus perros. Por su parte, la presencia de Herio a veces se intuye por el ladrido de los perros del hogar sin que exista aparentemente ninguna amenaza o bien porque el gallo canta a deshora.

Un último grupo de entidades emisoras de algarabía nocturna son los/as brujos/as. Las “sorginak”, no obstante, suelen expresarse mediante “irrintzis” al igual que las “lamiak” mientras que los sorgin hombres (a los que en Ataun se les conoce, curiosamente, como Intxixu) suelen manifestarse utilizando “santzos” cuando van volando por los aires de camino al Sabbath o durante estas reuniones de brujos/as ante Akerbeltz y/o Mari. En la obra “Bakarrizketak”(1915) de Juan Ignazio Uranga hay un fragmento donde se describe a estos “brujos” o entidades masculinas presidiendo el desfile de las brujas, aludiendo a su griterío y a las nefastas consecuencias que conlleva su aparición: “Oraiñ ere emen datoz intxisuak, sorgiñ zitalen aurrelariyak, pake maitiaren ondatzalle petralak, nere odolak irakiñaz zorne pikortuaz arri biurtzera, ta osasunaren zañariyak uztelduaz maxutatzera.” (Ahora también aquí vienen los Intxixu, la miserable prelatura de las brujas, deshonestos devastadores de la amada paz, para llevarse mi sangre en un hervor de sus dientes tibios y superar la putrefacción en sus venas con mi salud).

En este ejemplo se aprecia claramente la confusión (o difuminación) entre la figura del brujo/a, seres de naturaleza feérica (“lamiak”, “intxisuak”) y difuntos sin descanso que han sido convertidos en monstruos (vampiros). Al igual que sucede en otros lugares de Europa, estas manifestaciones de la pervivencia del mito de la Cacería Salvaje pueden conformarse por huestes de almas de difuntos, seres feéricos (tanto de carácter benéfico como maléfico) y mortales que desdoblan su espíritu del cuerpo (“volando” junto a ellos). Las figuras que suelen liderar estos séquitos o procesiones propias de la época oscura del año son, en el caso vasco, la propia Mari o Akerbeltz (o el Diablo, en representaciones medievales). A menudo, la Dama suele presidir la marcha sobre un carnero y los/as brujos/as acuden transformados en animales o montados sobre bestias (gatos o perros negros, lobos, urracas o cuervos, zorros, caballos, bueyes o toros, osos…). La reminiscencia de esta conexión con lo salvaje, estos cambios de forma y estas algarabías nocturnas pervive en los Carnavales y en algunas danzas populares como la “atzeri-dantza” (a la cual ya hice referencia en un artículo anterior).

       

La pregunta que nos puede surgir tras analizar estos ejemplos es si los gritos que emiten estos personajes son meramente una de sus características distintivas como integrantes de esta Cacería Salvaje o si estas locuciones representan un sistema de comunicación simbólico que es capaz de conectar con la parte más primitiva y caótica de nosotros/as mismos/as (con nuestra sombra, como se entiende desde la psicología junguiana). En mi opinión, aunque no podemos negar que estos gritos constituyen una seña de identidad hasta cierto punto, su diversidad y sus usos son bastante más complejos que lo que hemos podido apreciar en la primera parte del artículo.

Y es que además de los “oihus”, los “irrintzis” y los “santzos”, Chaho (1845) distinguió otros 19 tipos de llamadas utilizadas en Euskal Herria:

  • Dei: un grito para despertar a una persona o grupo de personas. A su vez, el vocablo “deadarti” se referiría a un individuo o entidad que saca del sueño a los durmientes con su llamada.
  • Hela: utilizado como señal de alerta ante un posible atisbo de peligro.
  • Deihadarra: usado como grito de alarma ante la amenaza de un enemigo o alguna catástrofe (fuego, tormenta, etc). Existe el término “deihadarkari” para describir a un ser que es capaz de alertar con su grito.
  • Karrankla, txarrantxa o garranga: vocerío de los pastores del Pirineo en la defensa de sus rebaños contra el lobo. Encontramos también el término “karrankari” para referirse a quien emite este tipo de grito. La karrankla o karranka era, además, una pieza de hierro o acero con salientes puntiagudos que se colocaba a las caballerías. Asimismo, la txarrantxa era una de las denominaciones que recibía el rastrillo de lino y la cardadora de la lana, así como el peine de oro de las lamias. Por su parte, la karlaka era un collar de clavos que se utilizaba como amuleto de protección. 
  • Karraska: crujido o chasquido que se produce cuando algo se desgarra, se rompe o estalla. Asimismo, se trata del sonido de los truenos fuertes cuando están a punto de descargar. 
  • Orroko: un grito de horror ante algo que causa terror.
  • Karraxia: un sonido para expresar o causar confusión.
  • Auhendu: un clamor de lamento para sacar la tristeza. Existe un verbo de fonética similar (aihendu) que significa hacer brotar o nacer los pámpanos.
  • Heiagora: un gemido para manifestar aflicción.
  • Marraska: lloro o llanto por una amarga pena. También tiene sentido de “berrido”.
  • Marraka: un quejido de profundo dolor. Se vincula generalmente a los gatos (maullidos), aunque también tiene el significado de “balido” (ovejas).
  • Marruma: un grito ahogado o alarido. En Iparralde también se traduce como mugido o bramido.
  • Uhuri: un sonido ululante o aullante.
  • Marrobia o marrubia: un chillido o alarido rugiente, semejante a un mugido o bramido.
  • Kikisai: un grito de alegría que podría relacionarse con el “kikiriki” de los gallos.
  • Shinka: expresión de júbilo que tal vez tenga algún nexo con el vocablo “zinka” que significa jurar, conjurar o maldecir.
  • Hozengu: grito de aclamación por una hazaña destacada. Podría estar relacionado con el verbo “ozendu” que significa resonar o hacerse oír.
  • Khereillu: término para describir un griterío o algarabía colectiva.
  • Dundura: una llamada colectiva, unida por un vínculo o propósito común.

Por su parte, Barandiarán asoció dos términos más a la caracterización de estos espíritus gritadores: “ahakari” e “iliskari”, que provienen de “ahakar” (riña, disputa) y “liskar” (discusión, pelea, reyerta), traduciéndose como “quienes discuten o riñen”; e “izkolari”, que vendría a significar “el que grita quejándose”. Los Galtzagorriak, esos duendes caseros que destacan por sus ropajes rojos y su fuerte carácter, bien podrían recibir estas denominaciones cuando expresan su descontento. No obstante, probablemente otros espíritus de índole más doméstica como los Iratxoak pueden reaccionar de manera similar o pelearse con otros.

Como podemos apreciar, los propósitos y estilos comunicativos de estas locuciones están meticulosamente definidos en la etimología euskérica. Sin embargo, aquellos que no hemos vivido continuamente en un entorno rural tradicional, hemos perdido la capacidad de distinguir ciertas sutilezas que nos ayudarían a interpretar mejor el medio natural y las señales de la tierra oculta, favoreciendo la convivencia y el entendimiento con el mundo visible e invisible.

A esto debemos añadir que la educación recibida en nuestro entorno sociocultural actual ha reprimido estas expresiones salvajes o primitivas en nosotros/as mismos/as, a excepción de momentos muy puntuales como festividades destacadas donde se nos permite saltarnos ciertas reglas (Carnavales, Solsticio de Verano, Día de las Ánimas…) o en situaciones donde nuestro estado mental y/o emocional se pone al límite (un accidente, una catástrofe, el fallecimiento de un ser querido, un parto, una agresión, una situación de pánico…). El júbilo exaltado, el placer extremo, la ira encendida, la intensa desesperación o la melancolía más honda son manifestaciones que están vetadas por la civilización y que acaban quedando relegadas muchas veces a un cuarto oscuro que preferimos ignorar o bien son disimuladas o atenuadas por temor a que se desborden en el momento menos apropiado y expongan nuestra vulnerabilidad.

De ahí que me haya parecido relevante tratar este tema como una potencial fuente de inspiración y herramienta para revertir ciertos procesos de domesticación que nos han colocado en posiciones sumisas o pasivo-agresivas nada favorables para nuestra salud, desarrollo psíquico y evolución espiritual, especialmente si transitamos el sendero torcido de la brujería u otras tradiciones iniciáticas. No podemos ignorar que dentro de nuestro cerebro hay más porcentaje de bestia que de homínido superior, con lo cual contamos con los mecanismos para reconectar de nuevo con los ciclos del mundo natural y con el resto de seres que lo integran, renunciando al fraudulento antropocentrismo que hemos aprendido.

Con esto no estoy sugiriendo que volvamos a imitar el estilo de vida de las cavernas ni que dejemos de ejercer el autocontrol cuando sea preciso. Mi reflexión apunta hacia un reconocimiento y redescubrimiento de ese lado salvaje para hacernos más conscientes y libres de ciertos condicionamientos. En segundo orden, convendría analizar cómo es nuestra relación con esos elementos primitivos y explorar nuevas vías de enlace con esos aspectos primarios de  nosotros/as mismos/as y de unificación con el ecosistema en el que vivimos. Por último, en lo que respecta a la práctica espiritual, recuperar estos códigos arcanos facilitaría la afinidad, el entendimiento y la vinculación con ciertas entidades que pueden convertirse en valiosos aliados (no me refiero únicamente a los ancestros, al doble, a los animales guía o a las plantas maestras, sino a un abanico bastante más amplio de relaciones).

Algunas leyendas donde se ilustra una comunicación respetuosa y eficaz con los númenes y otros espíritus del territorio prueban que esto ha sido posible a lo largo del tiempo, aunque las condiciones hayan ido empeorando y la desconfianza o el rechazo se haya ido instaurando. La que me resulta más significativa es una que expliqué en detalle en el artículo dedicado a los Jentilak o gigantes de la mitología vasca. Una variante muy parecida recogida por Barandiarán (1922) en Liginaga relata la historia de un familiar de uno de sus informantes. El hombre contó que su hermano se dirigía a San Juan Pie de Puerto y le anocheció por el camino. Asustado, en la oscuridad del bosque, sin saber adónde ir, emitió un relincho (en el relato original se usa la palabra “zinka” con el sentido de conjurar o convocar). Pronto recibió respuesta desde los frondosos árboles. Dio unos cuántos pasos más y gritó de nuevo, buscando ayuda. Tuvo contestación desde el punto donde había dado el primer relinchó. Al llegar a una choza que hay en Ibarrondo, volvió a chillar. Luego, al entrar en la cabaña donde se encontraban otros pastores alrededor del fuego preguntó quién le estaba respondiendo. Ellos replicaron que ellos no habían sido, que se trataba del Basajaun: guardián de los bosques. A esto añadieron que, si ellos contestaran a sus llamadas, el numen se presentaría allí. Así pues, el Basajaun se había encargado de conducirlo sano y salvo al refugio para evitar otros peligros de la noche, comprendiendo que la petición de auxilio estaba justificada. Además, el muchacho demostró que conocía bien el modo de solicitar dicha petición.

¿Cómo podemos entonces volver a reincorporar e integrar este conocimiento olvidado y prácticamente extinto? Posiblemente la única manera de lograrlo sea pasando muchas más horas deambulando por los campos, bosques y parajes perdidos que ejercen de frontera entre las dos realidades y estando receptivos/as a esos poderes antiguos que todavía los habitan. Será un trabajo que requerirá mucha paciencia, voluntad, tesón, devociones, ofrendas y sacrificios. Igualmente, necesitará de buenas dosis de autoconocimiento y de trabajo con la sombra para desandar lo conocido, a menudo cojeando, para ser capaces de sumergirnos en lo desconocido, con su lado terrible y su parte maravillosa. Por último, nos enfrentaremos a las consecuencias de entablar nuevos lazos que modifiquen nuestra experiencia subjetiva y las conexiones con otros elementos a los que también estamos vinculados y que quizás, en cierto momento, dejen de tener sentido. Cumpliremos las condiciones de los pactos que decidamos realizar con estas entidades y asumiremos los precios a pagar, reestructurando nuestro modo de vida o de enfrentarnos a ciertas situaciones. 

En definitiva, será un camino lleno de retos y de aventuras que conducirá a quienes estén preparados a vivir con más intensidad, autenticidad y pasión, aunque ello supondrá el abandono de la confortable seguridad y una transformación que puede resultar extraña o indeseable a los ojos de muchos. Por eso este itinerario no está hecho para todo el mundo. Son pocos/as los/as que pueden asumir la responsabilidad real del cambio sin perder la razón o autodestruirse en el proceso. En tu elección habrás de sopesar los riesgos y beneficios que entraña: posiblemente puedes conformarte con seguir una vía diurna y seguir ocultando tus “pecados” de la vía nocturna; o quizás haya llegado ese punto de ruptura donde, además, dispongas de los requisitos para aprender a transitar los dos senderos. Primero, habrás de quebrar con sudor y lágrimas aquello que te bloquea o encadena y dejar caer los velos, aceptando la verdad de tu propia desnudez. La desaparición de tu viejo yo resultará desconcertante y, a menudo, dolorosa. Te verás expuesto/a y, para poder salir victorioso de las pruebas a las que serás sometido/a, precisarás algo más que fortaleza: una mezcla equilibrada de conocimiento y sabiduría. Si finalmente logras la construcción de nuevos puentes y la rectificación o recreación de ciertas rutas, tu existencia se tornará más compleja pero también más plena.

Personalmente, creo que vale la pena dar un salto de fe como el Loco del tarot y volver a abrazar la vida con la curiosidad de un/a niño/a, porque lo que hay en el precipicio suele estar bastante distorsionado y nunca es tan malo como imaginamos, mientras que las posibilidades pueden ser casi infinitas.

* Para la redacción de este artículo, además de las referencias citadas, se ha utilizado el Diccionario de Valdizarbe y Valdemañeru de Fernando Pérez de Laborda.

  •  La portada ha sido extraída en: fbcdn-sphotos-h-a.akamaihd.net
  • La primera ilustración es un representación que puede encontrarse en el libro “Mitologika: una versión contemporánea de los seres mágicos de Euskadi” de Aritza Bergara, Raquel Alzate y Ricardo del Río.
  • La segunda imagen es una caracterización de un “Jentil”, diseñada por María Abásolo.
  • La tercera fotografía es una representación de Irelu, extraída de Wikipedia: https://eu.wikipedia.org/wiki/Zaldia_euskal_mitologian
  • El vídeo es un fragmento de la grabación de la Lamiako Maskarada de Leioa(2017) , filmada por Telebilbao. En ella se emite un irrintzi.
  • Las dos fotografías que se muestran juntas pertenecen a Juan Luis Asensio y retratan una danza donde aparecen los Intxixu y las Sorginak juntos.
  • La  ilustración que denomina “Shapeshifter” y ha sido extraída de Pinterest, donde no se menciona la autoría ni la fuente.
  • El último dibujo es obra de Febras y se puede encontrar en Devianart: arsfeb.deviantart.com

Udazken koloretan

Septiembre representa el final o culminación del verano dentro del calendario tradicional vasco (Udazken o Udagoieneko), o lo que nosotros conocemos ahora como inicio del otoño (Buruila). Popularmente se concibe como una época corta y plácida (Urriaro) donde los días son cada vez más breves y los últimos verdores de la vegetación (Larrazken) se apagan, dando paso progresivamente a hermosas estampas de tonos dorados, pardos y cobrizos.

Una de las denominaciones de septiembre es Uraila o mes del agua (o Garoila, haciendo referencia al rocío), aunque este año está siendo especialmente seco y no tendría demasiado sentido aferrarse a dicha terminología. Antiguamente, la humedad de las lluvias propiciaba el esplendor de los helechos y, por ello, septiembre es conocido como Iraila (mes del helecho). Muchos aldeanos, especialmente en la zona del Duranguesado y en los Pirineos, recogían esta planta para fabricar “camas” para el ganado, usarla como combustible o utilizarla como elemento para los abonos por sus propiedades remineralizantes. Por su parte, los/as herboleros/as, también la recolectaban durante la luna nueva de septiembre para tratar dolores reumáticos, problemas articulares, hernias inguinales y frenar las hemorragias de las heridas. Asimismo, puede usarse como diurético y para tratar trastornos hepáticos. En el Valle de Ollo existe la costumbre de quemar helechos recogidos en San Juan para purificar la casa y prevenir toda enfermedad.

En mi caso, como resido en la Ribera del Ebro, estas tradiciones no forman parte del imaginario colectivo del territorio. Esta zona se caracteriza por sus viñedos y la calidad de sus vinos, así que la vendimia y sus festividades báquicas, son sus principales elementos folklóricos distintivos. Concretamente, en Logroño, aunque ya nos salimos de las fronteras legales del País Vasco y Navarra, en el Equinoccio de Otoño se hace el pisado de la uva y se le ofrece el primer mosto a la Virgen de Valvanera, una antigua advocación mariana (s.XI) que fue encontrada en el interior de un roble del Valle de las Venas (renombrado posteriormente como Valle de la Venia o del Perdón). Este frondoso lugar destaca por la abundancia de los arroyos que riegan las laderas y que semejan los vasos sanguíneos de la Madre Tierra. Algunos autores apuntan a que el nombre de Valvanera provendría de “Luna Vera” (Luna verdadera), haciendo referencia a la palidez del rostro de la imagen original que se asociaría a dicho cuerpo celeste. La presencia de plata y gemas azuladas en su santuario refuerza su vinculación con la luna. Otros consideran que Valvanera es una representación venusina de una deidad prerromana más arcaica cuyo nombre se ha perdido y que tendría una relación directa con la fertilidad y la sanación, ya que junto al viejo roble hay una fuente natural a la cual se acude para beber o recoger agua con fines curativos.

Sea como fuere, Valvanera no es la única representación de Diosas convertidas en Vírgenes cristianas. Otra de las imágenes a destacar sería la Virgen del Romero de Cascante (Navarra), la cual se apareció tres veces a un pastor sobre un romero (al estilo de las manifestaciones de Mari en muchas de las leyendas populares). El romero es una de las plantas más utilizadas en la medicina popular, especialmente en forma de alcohol o aceite, para el tratamiento de contracturas, inflamaciones y problemas articulares, así como trastornos respiratorios y circulatorios. Adicionalmente, es un gran reconstituyente y ayuda a fortalecer el cuerpo. En muchos hogares, principalmente de la geografía navarra, se solía colgar (y aún se cuelga) un hatillo de romero sobre el dintel de la puerta o encima de las ventanas para ahuyentar, no solo a los mosquitos, sino también todo tipo de mal.

En localidades como Durango (Vizcaya) o Mutiloa (Guipúzcoa), se rinde culto a Andra Mari (Señora Mari) en forma de virgen.  El día de la Natividad (8 de septiembre) se ofrece una misa y luego se celebra una romería. Las mujeres encienden lámparas de aceite, cirios y rollos de cera virgen con la intención de alejar las pesadillas de sus hijos/as. Asimismo, se le suele ofrendar gran cantidad de huevos e incluso gallinas. Tanto ese día, como a lo largo de todo el año, las mujeres acuden para pedir por la salud de sus pequeños, lograr un buen parto o que se les conceda la dicha de tener descendencia.

Aunque todas estas tradiciones me resultan afines porque las he vivido de cerca (sustituyendo el romero por albahaca y los huevos por dulces), debo confesar que, en mi casa, ha tenido más relevancia que mi tía preferida cumpla años en esta fecha (supongo que esto tampoco fue accidental, conociendo a nuestra Dama). Recuerdo que, en estos días de fiestas septembrinas, nos juntábamos toda la familia a comer en casa de mi abuela y ella cocinaba pierna de cordero (antigua ofrenda a Mari). También amasábamos juntas “hojas de parra”, unas tortas crujientes en forma de hoja que llevan huevos, leche, aceite, azúcar, harina y anís. Otros de los dulces típicos de esta época son las conservas de melocotón y pera en almíbar, las mermeladas de frutos de temporada (melocotón, ciruela, moras), las manzanas asadas y las garrapiñadas. No podría contar la cantidad de horas que he pasado con mi “amona” a lo largo de mi infancia y adolescencia llenando botes de conserva y pelando “almendrucos” sobre un tocón de madera. A veces me daba la propina por ayudarla, a pesar de que mi auténtica recompensa era su compañía y sabiduría.

La verdad es que nunca fui demasiado fan de la vendimia, aunque luego me pusiera “morada” de uva moscatel cuando mis tíos la recogían. La verdadera esencia del otoño para mí se encontraba y aún permanece en la sacralidad alquímica de la cocina. El otoño empezaba realmente cuando mi abuela encendía el horno de leña con troncos viejos, sarmientos y cáscaras de frutos secos y nos dedicábamos a recoger los frutos de la cosecha para transformarlos en nuevos alimentos mientras emanaban de sus labios las viejas historias. También era el momento en que limpiaba y acondicionaba con especial esmero la capilla familiar para que estuviera convenientemente preparada para el Día de Todos los Santos, pues los antepasados han sido siempre un elemento esencial en el culto privado de mi familia. Siempre la acompañaba al cementerio para estos menesteres y observaba con detenimiento cada detalle, pues había cosas que no podía hacer porque solo corresponden a la Etxekoandre de la familia. La esencia y las formas principales de aquellos ritos son las que he ido incorporando en mi propia práctica espiritual, aunque obviamente he introducido otros elementos que han surgido de la interacción personal con los Etxekojaunak y de la investigación aplicada del folklore de mi tierra.

El otoño para mí representa, igualmente, un periodo de acontecimientos drásticos, transformadores y normalmente dolorosos: la cesión o matanza de animales a los que había cuidado durante el verano; el abandono de las libertades, el comunitarismo y el espíritu salvaje del pueblo; el alejamiento o pérdida de algunas amistades que cambiaban de clase, centro o vivienda; el divorcio de mis padres; el fallecimiento de seres queridos;  la inestabilidad de la falta de empleo o la adaptación laboral a un nuevo centro docente o grupo de alumnos; las mudanzas; la iniciación a mi tradición.

La entrada de los espíritus de la corte oscura (o Caza Salvaje) suele manifestarse en forma de sacudidas, derrumbes, accidentes, pérdidas significativas, renuncias y sacrificios. Esta es su manera de reestablecer un nuevo orden nacido del caos y el desgobierno, de obligarte a prescindir de la cómoda piel a la que te habías acostumbrado para otorgarte otra más resistente a las inclemencias y penurias del invierno. La superación del miedo, la inseguridad, la ansiedad y la melancolía que conlleva el desapego de nuestro viejo “Yo” y de todo lo ligado a él es la prueba a superar o el precio a pagar para obtener ciertos aprendizajes, regalos o dones que solo ellos pueden entregarte. Por mucho que sea algo asumido, no deja de resultar difícil, porque los seres humanos solemos resistirnos a los cambios y a aquello que se escapa de nuestra comprensión o control. Enfrentarnos al duelo de una muerte física, emocional, simbólica o espiritual es algo atávico que despierta toda una serie de mecanismos asociados a la Sombra y a los temores que surgen de la interacción con las diferentes realidades del Mundo Inferior.

Tal y como escribió Jung en su Libro Rojo, “puedes llamarnos símbolos, pero somos tan reales como tus semejantes, […] somos lo que tú consideras real”. Y creedme, los poderes a los que sirvo son algo más que conciencias arcanas que pueblan el inconsciente colectivo de una cultura autóctona. Están muy vivos y más despiertos que nunca, como hemos podido comprobar con los últimos desastres naturales. Su forma de manifestar su tremendo descontento con el despreciable trato mayoritario que le da el género humano ha sido activando el potencial destructor de los cuatro elementos a nivel planetario: huracanes (aire); erupción solar e incendios (fuego); terremotos (tierra); lluvias torrenciales, inundaciones y tsunami (agua). A nivel local, las olas de calor generalizadas, las sequías en la parte del sur y las últimas tormentas en las zonas de montaña también han sido notables. Incluso tenemos nieve en algunos puntos del Pirineo.

Durante este ciclo, los acontecimientos se han precipitado de forma inevitable, anticipando la llegada de lo que se atisba como un largo y duro invierno. Mis sueños y vuelos nocturnos me conducen a lugares cada vez más oscuros e inquietantes.  Mi percepción de los últimos eventos me hace pensar que nos están poniendo a prueba, se está exigiendo la asunción de compromisos más firmes y la entrega de desgarradores sacrificios.

En mi caso, hace un año que salí de la protección de mi cubil y di el paso de visibilizar mi “pata de ánade”, mostrando públicamente esa faceta brujeril y oracular que había sido un secreto y un tabú en muchos espacios sociales. No podía ni quería esconder más algo que me convierte en quien soy a todos los niveles, pues mi espiritualidad es algo que me he esforzado en llevar a la práctica en casi todo lo que hago en mi día a día, tratando de honrar la memoria de mis antepasados y a los espíritus del territorio que me entregaron su bendición. Tal y como juré en la cima de Urkiola hace 9 años, he recogido la antorcha de la tradición, he alimentado su fuego y estoy difundiendo su esencia, asumiendo paulatinamente los compromisos como heredera de un legado familiar que había permanecido oculto, esperando a la persona que tuviese la valentía de rescatar ese tesoro.

La mujer que ahora escribe estas letras dista mucho de aquella muchacha soñadora e ingenua que se echó al monte una lluviosa mañana y será muy distinta de la que quizás conozcáis en el futuro como representante de su propia Etxea. Solo espero poder cumplir con las exigencias de ese cargo y rol con la honestidad, devoción, rectitud, dignidad y aplomo suficiente. El proceso de preparación a menudo es confuso y tortuoso, ya que el sendero a seguir es torcido y con indicaciones que a veces resultan difíciles de descifrar. Incluso te encuentras sin guía en algunos puntos del camino y no te queda otra que confiar en tu propia intuición y en ciertas sensaciones subjetivas, pues los misterios han de ser desvelados y revelados. Tus mayores o tus iguales no pueden explicártelos, por mucho que quieran. La experiencia de cada practicante es única y los obstáculos a superar son diferentes para cada individuo.

En estos últimos meses me he ido encargando de realizar la mayoría de devociones semanales y mensuales,  me he ocupado de gran parte de la organización y desarrollo de las celebraciones estacionales con sus correspondientes costumbres, he tomado un papel mucho más activo en los ritos de paso (funerales, cuidado de las almas que cruzan al otro lado, protección de las nuevas madres y bebés de la familia, casamientos), he profundizado en mis conocimientos de herbalismo y sanación y he intensificado mi relación con los espíritus de la “casa madre” para propiciar un tránsito más fluido en la renovación de los pactos cuando corresponda. No puedo describir lo desgastante que puede resultar a nivel energético y emocional, ni todos los ajustes que he tenido que ir haciendo, comenzando desde mis hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, pasando por la gestión cotidiana del hogar hasta las interacciones con mis familiares, amistades, vecinos y conocidos.

Un aspecto que me ha resultado más difícil de lo esperado es pasar a tener un rol más destacado dentro de la comunidad. El hecho de sentir que la gente de mi alrededor me empezaba a frecuentar y me frecuenta cada vez más para compartir sus intimidades (aunque apenas tengamos trato o ni siquiera nos conozcamos), pedirme consejo o asistencia o solicitarme que interceda o medie en asuntos familiares o vecinales ha llegado a resultar un poco agobiante por la toma de conciencia y responsabilidad sobre la resonancia que tienen tus palabras, actos, omisiones o faltas. Tu entorno te observa con un ojo más crítico y empieza a esperar cosas de ti que antes no te correspondía asumir. Hay momentos en que me siento como la llama de una vela que congrega la presencia de seres visibles e invisibles con una intensidad inusitada. Otras veces, me percibo como un renacuajo que aún no se ha convertido en rana, alternando entre la tierra y el agua, sin encontrar un verdadero asiento en ninguno de ambos espacios.

En este ciclo que comienza me corresponde finalizar esta preparación y empezar a asentar las bases para refundar la Etxea, probablemente en un nuevo territorio que ya llevo unos meses explorando y con el cual me estoy sintonizando para que, cuando llegue el momento de dar el triple salto mortal sin red, lo esencial esté bien dispuesto. Eso va a implicar dejar atrás muchas cosas e invertir más cantidad de energía en mi persona y en todo aquello que no se ve de puertas para afuera. No sé de qué manera afectará eso a la trayectoria de este proyecto. Mi intención es seguir contribuyendo a la difusión de los aspectos culturales y folclóricos de la tradición, así como a la construcción de puentes que lleven a una reconciliación entre la realidad objetiva y subjetiva. Espero que, con vuestras sugerencias y apoyo, sea más llevadero el viaje.

Para acabar, os dejo con la letra de la canción “Udazken koloretan” de Benito Lertxundi, deseándoos un feliz equinoccio de otoño y una próspera cosecha.

En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti.


A la sombra del árbol desnudo,
amarillenta y rojiza
yace la hojarasca; todo duerme.


Recojo una hoja, es tan simple como bella,
tan sencilla al morir,
parece aún poseer toda la vitalidad del árbol.


Tanta dignidad al caer
me impulsa a cantarte.
De nuevo contemplo el árbol;
¿estará preocupado…?,
se diría que dibuja la sonrisa de la eternidad
en la bondad de su libre transcurrir.


Y parece burlarse
de los sueños cultivados
en las entrañas del tiempo que me esclaviza.


En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti,
tan sencillo al morir,
tan simple al irte sin un adiós.

 

 

  • La imagen de la Virgen de Valvanera se ha extraído de: https://lariojaturismo.com/comunidad/larioja/recurso/monasterio-de-nuestra-seora-de-valvanera/b4bd993d-c181-487f-87d4-7fdba2a21059
  • La fotografía de la Virgen del Romero puede encontrarse en esta página: http://turismo.navarra.com/item/basilica-de-nuestra-senora-del-romero-de-cascante/
  • La imagen de la Santa María de Uribarri (Durango) se ha obtenido del siguiente blog: https://bizidun.wordpress.com/2016/12/15/el-retablo-de-la-basilica-de-santa-maria-de-uribarri-en-durango/
  • La ilustración de “The Witches Rout” es obra de Marcantonio Raimondi y Agostino Veneziano y ha sido tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_Witches_Rout_(Lo_Stregozzo),_by_Marcantonio_Raimondi_and_Agostino_Veneziano,_engraving_-_National_Museum_of_Western_Art,_Tokyo_-_DSC08256.JPG
  • La imagen de la pata de oca se ha extraído de: www.caymonproyectos.es/images/Pata-oca.jpg
  • La ilustración del sapo entre dos ratas se encuentra en: http://personal.rhul.ac.uk/uhle/001/degheyn.htm

 

Jentilak, Gentiles, Gigantes

En pleno rigor veraniego (“udamina”) y a las puertas del mes de agosto (“agorrilla”, “dagonilla”, “garrilla”), en muchos pueblos se cierra la temporada de cosecha de los cereales con fiestas en las se ofrecen panes, roscas o rosquillas a diversos santos.

No obstante, según las viejas creencias, los primeros agricultores y molineros, además de los primeros pastores y constructores, fueron los “Gentiles” o “Jentilak”. Según Barandiarán, la palabra “gentil” podría traducirse como “idólatra” o “pagano”, aunque se han sugerido diversas interpretaciones sobre su origen o naturaleza. Para unos autores, el “jentil” era la representación mítica del hombre primitivo y salvaje, que vivía en la montaña (habitualmente en cuevas) o en un paraje alejado y poco accesible y que estaba dotado de una fuerza extraordinaria. Para otros, el término hacía referencia a un pagano que vivía en paz con los cristianos pero que no se mezclaba demasiado con ellos, viviendo en un lugar aislado donde pudiera mantener su forma de vida y sus creencias en un espacio seguro e íntimo. Otras personas consideraban que estos individuos eran habitantes de zonas altas de montaña, rudos y poco civilizados, que no se llevaban bien con los cristianos y se aprovechaban de ellos cuando tenían ocasión. Si tomamos como referencia las leyendas, podemos apreciar que estas atribuciones se entremezclan y probablemente reflejan la evolución de una misma creencia y/o realidad sociocultural.

Por otro lado, podemos vincular a los Jentilak con personajes de otras mitologías europeas como los Gigantes, los Titanes, los Jotuns, los Fomoré o los Lechïï o Leshiye. Asimismo, existen conexiones como otros seres parecidos de otras culturas como Endiku (Sumeria), Putana (India), Pan Gu (China), los Nephilim (hebreos), los Jigou (Tibet) o los Patagones (América del Sur).

Normalmente se localizaba a los Jentilak en cavernas o monumentos megalítcos. Algunas de sus moradas más destacadas eran: “Jentilzulo” en Orozko, Leiza y Eguino; “Jentiletxe” en Mutriku y Alzania ;“Jentikoba” en Ispaster; “Jentieetxea” en Olaz; “Jentilbaratz” en Arano; “Jentileio” en Udiain; “Jentilzubi” en Dima; “Jentillarri” en Aralar; “Jentil Sukalde” en Urdiain; “Basainzulota” en Vidania; la montaña de Burunda; el monte Andutz; la caverna del monte Saastarri (Ataun); las minas de Arrola (Zerain); la cueva de Beraun (Berastegi); el desfiladero de Atarreta; la caverna de Artzate (Ataun); el dolmen de Balankalek; el Flysch de Zumaia; el dolmen de Arraztaran. No obstante, podemos sumar a la lista las casas señoriales de Ojarbi, Animasagasti y Maubi de Idiazábal, el puente de Mandabita, así como las iglesias de Muxica, Ondarroa, Markina, Elgeta, Antigua de Zumárraga, Oñate, Opakua, Zurbano, Urdiain, Ataun y Oiartzun, construcciones atribuidas a los Jentilak (una vez ya cristianizados).

El representante más famoso de esta raza mítica es el Basajaun (o Baxajaun), a quien podemos encontrar también en la mitología aragonesa como Basajarau, Bonjarau o Bosnerau (especialmente en los valles pirenaicos de Ansó, Tena y Broto). A este personaje se le describe como una criatura de gran tamaño y fuerza colosal, con aspecto antropomorfo, cubierto de pelo y con una larga melena hasta los pies, siendo capaz de correr entre la vegetación más rápido que las bestias y aguantar las inclemencias del tiempo sin importar la estación. Se dice igualmente que nunca enfermaba ni pedía vigor y que se alimentaba de lo que la naturaleza le ofrecía, además de los trozos de pan que solía recibir como ofrenda de parte de los pastores o lugareños. En los relatos populares más antiguos se le representa como un guardián de los bosques, de carácter bonachón y protector, que habitaba en lugares elevados y en cavernas (macizo de Mondarrain, cuevas de Aitzibitarte, nacedero del Errobi, cavernas de Ataun, cuevas de Mendukilo, cueva de Mailuxe…). Asimismo, cuidaba de los rebaños en las montañas, haciendo que los animales le saludasen con una sonora sacudida de sus cencerros. En el momento en que se acercaba una tempestad, acechaban manadas de lobos o había algún peligro para aquellos que viajasen o trabajasen de noche, silbaba con fuerza o daba gritos para prevenir o salvar a los humanos. Estos gritos, denominados “oihu” u “oyu”, que también emiten otros genios de la mitología vasca, ha otorgado a ciertos númenes el sobrenombre de “oihulariak”(gritadores o gritones).

A modo de apunte, cabe mencionar que probablemente el “irrintzi”, al igual que otras tipologías de gritos descritos por Chaho, fuesen una forma primitiva de comunicación con estos espíritus de la naturaleza para transmitirles distintos mensajes (alegría, lamento, alerta, llamada, horror, dolor, etc), que luego pasase a utilizarse a nivel social. Los cronistas medievales interpretaron este tipo de voces prolongadas como una manera de atemorizar a los enemigos, produciendo un efecto psicológico disuasorio antes de una emboscada o una batalla.

Volviendo al Basajaun, es preciso comentar que es dueño de valiosas riquezas como objetos de oro, así como de conocimientos secretos como el cultivo del trigo, la molienda, la fabricación de las primeras herramientas (sierras, hachas…), la construcción de monumentos megalíticos y otros edificios (casas, puentes…) y el arte de la forja. Se trata de una criatura liminal que hace de nexo entre la naturaleza salvaje y la cultura. Hay autores lo vinculan a figuras como el Pan griego o el Fauno romano, hasta el punto de que Isidoro de Sevilla establece una asimilación total en su obra “Etimologías”, donde los presenta como idénticos bajo la categoría de “pilosi” (peludos).

El Basajaun, al igual que los Jentilak, es presentado con una personalidad dual, especialmente en los testimonios recogidos por Cerquand: en unos relatos se le dibuja como un ser asilvestrado, brutal y terrorífico con el que es mejor no toparse, mientras que en otros se le muestra claramente como un personaje bondadoso, protector, iniciador del desarrollo tecnológico y amigo de la humanidad. Cabe señalar que, en algunos relatos, el término Basajaun se utiliza en plural, haciendo referencia a la comunidad de Jentilak como un grupo de hombres y mujeres salvajes, tal y como nos muestra Satrústegui. Es más, no es descabellado pensar que el nombre original de estos gigantes vascos-navarros, aragoneses y pirenaicos fuera en realidad ese.

Otras denominaciones que recibe el Basajaun es Anxo o Antxo, que sería su aspecto de cuidador de rebaños, aunque algunas narraciones lo muestran como si se tratase de una entidad aparte. Por otro lado, hay quien interpreta que Tartalo o Torto, el cíclope de la mitología vasca que se come el ganado, pudiera ser una demonización del Basajaun pastor. Adicionalmente, se vincula al Basajaun una mujer de similares características: la Basandere. Esta Señora del Bosque vendría a ser su consorte o polaridad femenina, aunque esta entidad también serviría para explicar la existencia de otros gigantes pertenecientes a una misma estirpe.

Una de las leyendas que muestran el carácter benévolo de Basajaun es la de los pastores de Esterenzubi, en la frontera con Francia. Allí vivían cuatro hombres en una cabaña, uno de ellos tan solo un muchacho. Antxo solía acercarse a calentarse al fuego cuando dormían y comía algún pedazo de pan o una porción de la comida que dejaban voluntariamente como ofrenda. Una noche, el más joven se dio cuenta de que los demás no habían dejado la parte de Antxo y preguntó dónde estaba. Sus compañeros le contestaron de malos modos que dejase él algo si quería, que ellos no iban a darle nada aquel día. El muchacho, honradamente, dejó su tributo en el lugar habitual. El señor salvaje llegó como de costumbre a calentarse y tomó la porción de muchacho. Luego se llevó las pieles de los pastores que no habían compartido su alimento. A la mañana siguiente no encontraron sus ropas y le pidieron al joven que intercediese por ellos. El muchacho, que no era tonto, pidió una compensación y ellos le entregaron una mala novilla. Luego partió a la cueva donde se alojaba el Señor de los Bosques. Respetuosamente pidió permiso para entrar en su morada y le rogó que le devolviese los ropajes de sus compañeros. El Basajaun, agraviado por lo que habían hecho, se negó de primeras. El joven insistió y finalmente el hombre salvaje le preguntó: “¿Qué te dan a cambio de la molestia?” El pastor contestó: “una mala novilla”. Antxo, apiadándose de él, le retornó las ropas y le dijo: “Tómalas y acepta esta varita de avellano. Marca a tu novilla y dale con la vara cien golpes, el último más fuerte que los anteriores”. El muchacho hizo lo que le sugirió y ,tras un corto periodo de tiempo, la novilla quedó preñada y dio a luz un rebaño de ciento y un hermosos animales.

Otra narración recogida en Liginaga refiere que un pastor iba a San Juan de Pie de Puerto y se le hizo de noche por el camino. Asustado por la oscuridad, dio un grito para ver si había alguien que pudiera asistirle. Pronto obtuvo una respuesta que venía desde lo profundo del bosque. Caminó unos cuantos pasos más y quiso comprobar si no eran imaginaciones suyas, emitiendo en nuevo grito. Recibió contestación desde el sitio en que él dio su primer grito. Al llegar a la choza de Ibarrondo, volvió a gritar. Cuando entró en la choza, preguntó a los otros pastores: “¿quién era el que me estaba respondiendo?” Ellos le informaron que no se trataba de ninguno de los presentes, que había sido el Basajaun para asegurarse de que llegara a salvo a la cabaña.

Otro relato de Askoa cuenta que en el puerto de montaña de Lizarrusti, cerca de Ataun, vivía un Basajaun en una cueva. Éste se asoció con un grupo de carboneros que trabajaban cerca de Askoa. Uno de ellos metió su hacha en un tronco, hundiéndose un extremo. El hombre rogó al Basajaun que metiera sus manos en la hendidura para sacar el hacha e introducirla después en el otro extremo. El Señor de los Bosques hizo lo que le pidió. El carbonero logró sacar su hacha y las partes separadas del tronco se juntaron, aprisionando las manos del númen. Dominado por la maña y la astucia del carbonero, fue conducido al pueblo de Ataun con el fin de ser exhibido delante de los vecinos de Ataun. Después el carbonero lo desató del tronco. El Basajaun volvió corriendo a su caverna de Askoa. El carbonero regresó también a sus labores. Sin embargo, un buen día el carbonero desapareció misteriosamente y nadie volvió a saber nunca más de él.

Otra leyenda de Mendibe recoge la historia de Basajaun y su esposa Basandere. Según los vecinos del lugar, hace mil años sólo había dos caseríos: Lohibarria y Garseaberroa. Un día, el pastor de Lohibarria fue con el rebaño a la zona de Galharbeko-potxa, cerca de Irati. Al aproximarse a una de las cuevas vio a la Basandere sobre una roca, peinándose el cabello. A su lado tenía un candelabro dorado que acababa de limpiar. El joven se quedó mudo admirando el candelabro. La Basandere se percató de su presencia y de cómo miraba su tesoro y se dirigió a él. El muchacho le pidió que le diera el candelabro pero ella se negó, alegando que había sido un regalo de su esposo el Basajaun. El pastor insistió, piropeó a la dama y trató de seducirla cantando antiguas cantigas de amor de Nafarroa Behera. Finalmente, ella le entregó su preciado regalo. El muchacho decidió salvaguardar el valioso candelabro en la ermita de San Salbatore. La Bansandere, al darse cuenta de que había sido engañada, empezó a perseguirlo hasta llegar a la cuesta de la ermita. El Basajaun escuchó los gritos de su mujer y se sumó a la persecución, plantándose en dos saltos junto al joven para abalanzarse sobre él y recuperar lo que era suyo. El muchacho se encomendó a San Salvador para que se apiadase de él y le ayudara a librarse de los gigantes. En ese momento, sonó la campana de la iglesia y los númenes quedaron paralizados. El Basajaun, lleno de furia, le gritó que se las pagaría la próxima vez que lo encontrase en ayunas. Luego, ambos personajes, se retiraron al bosque. Sin embargo, unos días más tarde, el pastor salió de casa sin haber comido. El Basajaun lo interceptó en medio del monte y trató de aplastarlo. Pero el joven recordó que había estado trillando el día anterior y que habían quedado restos del grano en su cabello. Tomó el trigo y se lo metió en la boca rápidamente. Al romper el ayuno, el Basajaun desapareció.  El candelabro continúa en la ermita de San Salbatore, pero dicen que ya no es tan hermoso como antes. La capilla se quemó dos veces y el candelabro se volvió negro. Los habitantes de Mendibe han intentado bajarlo al pueblo, pero nunca han podido llevarlo más allá del collado de Harizkurutxeta, por lo que el candelabro permanecerá en la iglesia para siempre.

Otro relato refleja la presencia del Basajaun y la Basandere en la Selva de Irati. Chaho recopiló el testimonio de unos obreros de la zona en 1790,  los cuales aseguraban haber visto a estas dos criaturas en varias ocasiones. Uno de ellos explicó que una vez se encontró con una mujer de largos cabellos negros, que moraba por el bosque totalmente desnuda. Pronto llamó la atención del resto de trabajadores, que la miraban con curiosidad. Animada por el impacto de su aparición, regresó al día siguiente a la misma hora. Los obreros acordaron apresarla, intentando no hacerle daño. Uno de ellos se acercó a ella poco a poco, mientras otro de los compañeros hablaba en voz alta, gesticulando, para atraer la atención de la salvaje. Empero, en el momento en que el leñador extendió el brazo para agarrar la pierna de dama, un grito masculino de alarma surgió del bosque, alertando a la muchacha. Ésta dio un salto con gran agilidad y huyó hacia el bosque como un relámpago. Desde entonces, no se ha vuelto a avistar a los Señores del Bosque.

Posteriormente, las narraciones fueron adquiriendo connotaciones cada vez más negativas. En Beirie, se cuenta que una noche los habitantes de la casa Inhurria se encontraban pelando mazorcas. Como no tenían rastrillo para recoger el maíz, el criado le pidió a la hija mayor que fuese a buscarlo al campo. La “andragai” (heredera) se animó a apostar con el sirviente. El criado se comprometió a darle diez monedas por completar la tarea. Cumpliendo con la palabra dada, la joven fue al campo, que estaba situado sobre una zona elevada. Allí estaba el Basajaun, que la cogió por los cabellos y se la echó al hombro, cruzando por Larzabale hasta la montaña de Salbatore. La doncella escuchó sonar la campana del alba y recitó una plegaria para ser salvada. Al instante, el Basajaun la soltó y ella cayó junto a la caverna de San Salvador de Mendibe.

Otra leyenda de Behorlegi (Baja Navarra) relata que Anxo había raptado a la hija del caserío Ithurburu y la había escondido en el macizo de Aldudes, desde donde asustaba a los vecinos de la comarca tirando grandes piedras. Un seminarista se dispuso a rescatar a la muchacha, conjurando al salvaje a gritos. El númen no se mostraba porque sabía que que el aprendiz de cura llevaba consigo diversos símbolos sagrados y protecciones. Viendo que no salía, el aspirante a sacerdote intentó llamar su atención astutamente: “¡Mira, mira, Anxo, dos cabezas bajo un mismo sombrero!”. Lleno de curiosidad, el genio le respondió entonces: “Conozco una maravilla mayor que esa: sé cuántas fuentes hay en los Aldudes. Además, he bebido de todas ellas”. Entonces el seminarista le respondió que ya no lo haría más, maldiciendo a Anxo para siempre.

En otra historia popular se representa a Anxo con las características de Tartalo. En ella se explica que un gigante de un solo ojo y fuerza descomunal vivía en la cueva de Domaikia, en Zuia (Álava). Los habitantes de la zona estaban aterrorizados porque Anxo robaba todo tipo de alimentos y mataba vacas y ovejas. El miedo de la población fue creciendo porque en los últimos días había raptado a muchos caminantes que pasaban cerca de la cueva, de los cuales no se volvía a saber. Muchos vecinos de Domaikia habían decidido marcharse a vivir a otro sitio y, los que habían permanecido en la villa, presenciaban con horror la merma del ganado y sufrían los enormes destrozos en las huertas, que los condenaban al hambre y la pobreza. Desesperados, decidieron ir a matar al monstruo. Los más valientes, armados con azadas y estacas, se dirigieron hacia la morada de Anxo. Sin embargo, a medida que se iban acercando a la cueva del gigante, empezaron a temblar. Cuando se encontraban a pocos metros de la caverna, apareció la temible criatura. Todos se quedaron paralizados mientras él los miraba con su único ojo,riendo a carcajadas. Los jóvenes, muertos de miedo, se dispusieron a atacarle. Anxo se abalanzó contra ellos. En pocos minutos los había matado a todos, menos a uno, que fingió su defunción.

El gigante recogió los cuerpos sin vida y los fue lanzando hacia el interior de la cueva, incluyendo el del muchacho que permanecía vivo. El joven no se atrevía ni a respirar. Luego, oyó que Anxo decía: “¡Ciérrate, Txarranka!” Entonces una gran piedra redonda tapó la entrada de la cueva. Joxe Martín seguía inmóvil. Finalmente levantó la cabeza y comprobó que el gigante no estaba en la cueva. Miró a su alrededor que el lugar estaba lleno de esqueletos de hombres y animales. El muchacho se echó a llorar. Seguidamente, intentó calmarse y pensar en cómo salir de aquel siniestro lugar. De pronto,escuchó el vozarrón del salvaje en el exterior de la cueva, que repetía la frase para abrir la puerta de la caverna. Joxe Martín se escondió rápidamente debajo de los cuerpos de sus amigos y esperó. Anxo cogió al que estaba encima de él, lo asó en una gran fogata y se lo comió. Después se tumbó encima de unas pieles de oveja y se quedó dormido. Aprovechando que el gigante dormía y que la entrada estaba abierta, el joven se arrastró hasta la salida sin hacer el menor ruido y corrió durante varios kilómetros sin mirar hacia atrás. Al llegar a un pequeño río, se paró a beber agua y se tumbó sobre la hierba para descansar. Los primeros rayos del sol lo despertaron. Pensó en ponerse a salvo, pero en el último momento reunió fuerzas para vengar la muerte de sus amigos. Así que regresó a la cueva. Se subió a un árbol y se ocultó entre las ramas, urdiendo un plan para vencer al gigante. Entonces llamó al gigante y lo retó. Anxo se dispuso a salir de su cueva, burlándose de él y amenazando con aplastarle como a una hormiga. En el momento en que el cuerpo del gigante estaba en medio del agujero, gritó el joven: “¡Ciérrate, Txarranka!” Y la piedra se movió, atrapando la cabeza de Anxo y matándolo en el acto. Desde entonces, los habitantes de la localidad pudieron vivir tranquilos.

Una variante de este relato sería la que diera origen al famoso cuento de “Juan sin miedo”, uno de los que formó parte del repertorio que me acompañó en mi tierna infancia. Siguiendo la estructura de la narración de Toti Martínez de Lezea, Juan era un mozalbete de un pueblo navarro que se reía de las leyendas sobre aparecidos, espíritus, demonios y demás genios fantásticos. Tanto se mofaba de las creencias supersticiosas de sus vecinos, que lo acabaron echando del pueblo. Juan se fue en busca de aventuras y llegó a Elkorri, un lugar solitario entre el puerto de Lizarrusti y Etxarri Aranatz. Allí había una casa abandonada excavada en la piedra a la que nadie se atrevía a entrar. El joven decidió limpiar un poco el lugar, encendió la chimenea y se dispuso a preparar un buen puchero para saciar el hambre. De pronto, oyó una voz procedente del canal de la chimenea que le preguntaba: “¿Caeré o no caeré?”. El muchacho, no dándole importancia, respondió: “Si quieres, sí; si no quieres, no”. A continuación, una enorme cabeza con forma humana cayó rodando fuera de la chimenea. Juan, cogiéndola con el asador, la lanzó a un rincón de la cocina. Al poco tiempo volvió a escuchar  la misma voz y respondió de manera idéntica. Inmediatamente cayó un tronco humanoide, que el joven también lanzó al rincón. Una y otra vez continuó el diálogo, hasta que cayeron todos los miembros del cuerpo, formando la silueta completa de un grandullón. Luego dijo el genio: “Dices que no soy, pero sí soy”. Juan le respondió: “Sí, ya lo veo, pero mantente lejos de mí.” El joven continuó preparando la cena. El hombretón señaló una azada que se encontraba cerca de la puerta y le invitó a que la cogiera. Juan contestó que la cogiera él si quería. El ser mágico tomó la azada y salió de la cocina. Curioso por ver lo que hacía, el muchacho le siguió a otro cuarto de la casa. La voz le ordenó entonces que cavase con la azada, pero él volvió a negarse. El extraño comenzó a cavar hasta que sacó un montón de oro. Por su valentía decidió entregárselo diciendo: “Sin nombre no valdría nada” (ya que el joven en ningún momento le había preguntado su nombre o le había nombrado, pues no creía en estas apariciones). Después se esfumó. Juan cogió el oro y regresó a su pueblo. A partir de ese momento nunca más volvió a reírse de las creencias ajenas y vivió respetablemente el resto de su vida.

Finalmente, no podemos olvidar la leyenda que narra cómo a los Basajaunes o Jentilak se les arrebató el secreto de la agricultura. En ella se cuenta que hace muchos años vivían estos hombres salvajes en una cueva de Muskia, los cuales cultivaban las tierras en las terrazas que había en las montañas y de las cuales sacaban una gran cantidad de trigo que guardaban celosamente en su morada. Por aquel entonces, el ser humano (en otras versiones, los cristianos), no tenían conocimiento para sembrar y recoger frutos. Esto fue así hasta que el joven Martiniko, también conocido como Martin Txiki (Martín, el pequeño), se propuso apropiarse de dichos saberes. Calzándose unos zapatos mucho más grandes que su pie, se dirigió a la cueva de los Basajaunes para proponerles un reto. La prueba consistía en saltar de un montículo de trigo a otro hasta llegar al final de la fila. Los Basajaunes pudieron cruzar ágilmente de un lugar a otro, mientras que Martiniko cayó en medio de dos montones. Los gigantes se rieron de él sin darse cuenta de que lo que pretendía en realidad era llevarse algunos granos de cereal dentro del calzado. Aunque el muchacho había conseguido las semillas, no conocía el procedimiento para cultivarlas, así que se acercó otra vez a la morada de los Basajaunes y se quedó escondido escuchando mientras estos cantaban:

“Si los hombres supieran esta canción,
bien se aprovecharían de ella:
Al brotar la hoja, siembra el maíz
al caer la hoja siembra el trigo
por San Lorenzo siempre es el nabo.”

Pero el secreto de la agricultura no era el único que poseían los hombres salvajes y Martiniko quería conocerlos todos. Por tanto, Martiniko partió de nuevo hacia la cueva de los Basajaunes sin saber muy bien cómo se las iba a ingeniar para arrebatarles el conocimiento de la sierra así que, cuando se encontró con ellos, tuvo que improvisar:

– ¿Sabéis una cosa? Ya se cómo construir una sierra – presumió Martin Txiki.

Los Basajaunes se sorprendieron y uno de ellos le contestó:

– ¡Ah! Te has fijado en la forma que tiene el filo de la hoja de los castaños.

Martiniko descubrió entonces el secreto y, agradeciendo su ayuda, se marchó apresuradamente a la herrería para fabricar una sierra, dándole al filo la forma de las hojas de los castaños. Los Basajaunes se enfadaron muchísimo por el engaño y descendieron hasta la aldea, presentándose en la herrería. Agarrando la sierra contra el yunque, le dieron un golpe tremendo a la altura del filo con la intención de romperla, dejando los dientes de la sierra uno para un lado y el siguiente para el otro. Sin embargo, en lugar de romperla, lo que consiguieron fue una nueva herramienta mucho más eficaz. Y así empezaron a aprender los humanos el arte de la forja, convirtiéndose en grandes ferrones y desplazando a los Jentilak.

Este pequeño héroe civilizador, semejante al Prometeo de la mitología griega, destaca, no solo por su astucia, sino por su habilidad de engañar y burlarse. Este arquetipo del transgresor ingenioso capaz de sortear el peligro o “trickster” se encuentra en el folklore de todas las culturas, desde Europa hasta América del Norte, desde Oriente Próximo hasta Japón, pasando por Australia, tal y como señala Rinaldo Acosta. En el caso vasco, el personaje de Martiniko luego se cristianizaría en la figura de San Martín.

Como puntualiza Olivier de Marliave, no resulta extraño que la transmisión de conocimientos se plantease de esta manera en la zona pirenaica, punto de paso e intercambio desde la Prehistoria entre los pobladores del continente y la península, así como entre las gentes de la vertiente atlántica y mediterránea. En el caso de estas leyendas observamos elementos muy arcaicos, algunos de ellos previos a la romanización y que podríamos asociar a los vascones e incluso a pobladores anteriores. En la mitología de los Pirineos, al igual que en otras cosmologías antiguas, el trigo y otros cereales suelen estar vinculados a mitos fundacionales. Además, entre los vasco-navarros, observamos que se diferencia un primer dominio de la agricultura en zonas de montaña, desarrollado por una cultura pagana que es representada por los Jentilak, del cultivo en valles y llanos que se vincula a los cristianos.

Por otra parte, el fin de los Gentiles viene marcado por la llegada de Kixmi, sobrenombre despectivo para referirse a Cristo como mono o primate.  Esta historia fue recogida por Barandiarán y, según Juan Inazio Hartsuaga, se trataría de una leyenda con unos 400 años de antigüedad que vendría a sustituir convenientemente a otra datada hace miles de años. Su estructura, en opinión de este autor, sigue el hilo de los sermones medievales basados en animalarios. El relato cuenta que, hace mucho tiempo, vivían los gentiles en una cueva del monte Leizadi de Ataun. Un día, apareció en el cielo una estrella singular. Los Jentilak se asustaron al verla, pues la interpretaron como un augurio. Buscaron a uno de los ancianos que estaba medio ciego y le abrieron los párpados para que contemplase aquella señal y la interpretase. El sabio suspiró diciendo: “¡Ay, hijos míos! Ha nacido Kixmi y estamos perdidos.” Después solicitó que le tirasen por un precipicio, pues sabía que aquel acontecimiento traería el final para su pueblo. Poco después, empezó a difundirse el cristianismo por el mundo y los Gentiles se fueron desperdigando hasta perderse para siempre. El último superviviente sería el Olentzero.

Además de los desfiles de gigantes y cabezudos, presentes en toda la geografía hispánica, existen otras manifestaciones populares en las que estos personajes tienen un papel. En 1981 se celebró por primera vez una fiesta que pretendía recuperar las historias y el folklore de los Jentilak, reflejando las tensas relaciones entre esta raza mítica y los cristianos, así como la evolución sociocultural y de creencias entre estos dos grupos. Actualmente, el “Jentilen etorrera” o la fiesta conmemorativa de la llegada de los Gentiles se organiza en Ataun anualmente.

Otra reminiscencia que nos permite comprobar la importante resonancia de los Jentilak en el imaginario vasco la encontramos en sus particulares deportes rurales, especialmente en el levantamiento de piedras o Harrijasotzea. Asimismo, el juego de los bolos también posee un origen mágico y religioso asociado a estos gigantes. En los relatos populares se describe a estos personajes lanzando piedras enormes. Concretamente entre Orozko y Arakaldo, se ofrecen dos versiones distintas para explicar el origen de los bolaños o proyectiles esféricos presentes en el monte Untzueta y el de Santa Marina. La creencia folklórica apunta a que los Jentilak jugaban a pelota con piedras de arenisca de cuatro o cinco arrobas. De ahí que estos bolos se conozcan con la denominación de “Jentil harriak”. La explicación histórica hace referencia a los proyectiles de trabuco que utilizaron las tropas castellanas de Pedro I el Cruel (S.XV) durante el asedio a la atalaya que se encontraba en la cima del monte Untzueta y que había sido el punto de control de acceso a Vizcaya durante siglos.

Sea como fuere, el famoso levantador de piedras o harrijasotzaile Iñaki Perurena ha construido artesanalmente un museo dedicado a la mitología e historia de la piedra, denominado Peru-Harri, en Leitza. Entre las esculturas exteriores del parque destaca la enorme figura de un Jentil levantado una gran piedra, al estilo de Polifemo, quien sustentaba el mundo sobre sus hombros. Sin duda, un lugar de visita obligada para comprender mejor la naturaleza de los Jentilak y las peculiaridades del mítico deporte rural de levantar piedra.

 

 

 

-La fotografía de portada es una escultura llamada “Basajaun” de Rober Garay.

La primera imagen es el cuadro “Dos salvajes” del pintor Durero.

– La segunda fotografía es una imagen de Jentiletxe, tomada de la siguiente página: https://es.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=8075358

-La imagen del Basajaun ha sido extraída de esta web: https://www.geocaching.com/geocache/GC5P234_basajaun-en-millena

El grabado de Anxo se encuentra en: http://www.planetabenitez.com/IOI/gente47.htm

-La ilustración de la Basandere procede de: http://www.hiru.eus/cultura-vasca/basandere

La imagen de Tartalo se encuentra en el libro “Mitologika: el mundo de los gigantes” de Aritza Bergara

El dibujo de Martin Txiki y los Jentilak se encuentra en un cuento llamado “Martin Txiki eta Jentilak” de Zerraren Armaketa que se puede ver en este enlace de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=2ngkJXUm27c

La fotografía del desfile del Jentilen etorrera pertenece a la asociación Jentibaratza Kultur Elkartea y se puede encontrar en: https://zuzeu.eus/euskal-herria/jentilen-etorrera/

La última ilustración de los Jentilak lanzando piedras se halla en el libro “Mitología del pueblo vasco” de Aritza Bergara. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sugaar, Sugoi, Maju

En este artículo describiré y analizaré la figura de Sugaar, el “culebro” o “cuélebre” de la mitología vasca, diferenciándolo de Herensuge y explicando su relación con la diosa Mari.

El término Sugaar (o Sugahar) deriva de los vocablos “suge” (serpiente) y “ar” (macho), aunque también se ha sugerido que su etimología podría proceder de la fusión de “su/a” (fuego) y gar (llama), con el significado de “llama de fuego” que es una de sus representaciones en la cual se le describe como un relámpago (sin cabeza ni cola). En otras poblaciones, como Betelu, recibe el sobrenombre de Suarra, palabra que provendría de “su/a” (fuego) y “har/harra” (gusano), delimitando la forma de esa flama. En otras localidades (Sara, Arrate) se le conoce como Sugoi, que deriva de las palabras “suge” (serpiente) y “goi” (mayor), haciendo referencia a su tamaño. Por último, en otras villas como Azkoitia se refieren a este númen como “Maju” o Maiu”, masculinización de Maya, que es otro de los nombres que recibe Mari. Bajo este aspecto, aparecía en forma de media luna de fuego justo antes de que estallase una tempestad.

Es relevante analizar esta conexión con Mari, ya que algunos autores como Barandiarán u Ortiz-Osés apuntan a que, inicialmente, Maju era uno de los rostros bajo el cual se presentaba la Dama. Recordemos que la Gran Madre de los vasco-navarros es una diosa polimorfa (que puede transformarse en diversas figuras) y partenogénica (capaz de auto-fecundarse). Uno de sus muchos aspectos precisamente es el de la serpiente, un símbolo originalmente de carácter matriarcal que representaba la fuerza ctónico-acuática, la metamorfosis de la naturaleza a través de la metáfora del cambio de piel y el mundo como círculo y ciclo de eterno retorno (“uroboros”). Frecuentemente, en los relatos populares, se describe a Mari como una serpiente en llamas que, en ocasiones, porta una hoz de fuego o la media luna, mostrando todo su poder femenino. Posteriormente, la serpiente fue convertida en un ser fálico-masculino de rango inferior y dependiente de su consorte femenina, al igual que el dios de las cosechas neolítico fue entendido como una emanación de la Madre Tierra.

Según las leyendas, Mari y su esposo Sugaar mantienen encuentros sexuales adoptando forma humana los viernes (día señalado en el calendario lunar y momento en que se reúnen las brujas), provocando grandes tormentas y descargas eléctricas (pensemos en el rayo como elemento fecundador de la tierra). En euskera, la palabra “harreman”, que es la que se usa para hablar de esta relación con connotaciones eróticas, refleja la dinámica interacción entre ambas polaridades, pues incluye los términos “ar” (masculino) y “eme” (femenino). Asimismo, el vocablo deriva de “hartu” (coger o tomar) y “eman” (dar u ofrecer). En esta hermosa síntesis encontramos la complementariedad necesaria que da lugar a la unidad primigenia de todos los seres y procesos en la naturaleza. Como señala Guillermo Piquero, este vínculo dual femenino-terrestre y masculino-celeste es el que configura el matrimonio sagrado o “hierogamos”, propiciando la fertilidad y la fecundidad. En opinión de Jakue Pascual, la implosividad y expansividad de estas fuerzas primigenias quedaría representada en el “lauburu” (rueda solar de cuatro cabezas o brazos). De la unión mágica entre estas dos polaridades, surgirían, según algunas versiones, Eguzki (dios sol) e Ilargi (diosa luna), mientras que en otras narraciones nacerían Atarrabi (el hijo piadoso y cristiano) y Mikelats (el retoño rebelde y pagano), en cuyas figuras podemos apreciar un sincretismo con la historia de Caín y Abel.

En el Medievo, la serpiente pasó a ser una representación del mal o del propio Satanás, tomando como referencia los textos bíblicos del Génesis, aunque en otras versiones se define a esta “sierpe” (o “nahash”) como la cómplice del Diablo, conectando con la historia de Eva y su antecesora Lilith (la primera esposa de Adán, que abandonó el Edén y se unió a Samael). Así pues, iremos comprobando que, con el paso del tiempo, la figura de la serpiente fue adquiriendo connotaciones cada vez más negativas, monstruosas y demoníacas. Igualmente, el “cuélebre” y el “dragón” pasarán a confundirse, atribuyéndose indistintamente leyendas a Sugaar y Herensuge, como puede ser el caso de la historia de los hermanos de la cueva de Balzola, el caballero de Belzuntze o la epopeya de Teodosio de Goñi.

No obstante, si atendemos a las moradas que se asignan a una y otra entidad, podemos verificar que se tratan de entidades separadas. En el caso de Sugaar, en Ataun (Guipúzcoa), se le ubica en la sima de Agamunda, en la cueva de Kuutzegorri y en la caverna de Arrateta; en otras localidades guipuzcoanas, cuentan que merodea por Azkoitia, Mutriku y Andoain; en Navarra, dicen que habita en las cavidades de Uztei en el monte Balerdi, en la montaña de Elortalde y en Gorriti; en Vizcaya, se le sitúa en Mundaka y Kortezubi; en Álava, se le vincula a Salcedo.

En la Sierra de Aralar, encontramos algunas de las historias populares más antiguas asociadas a este númen. Las más conocida narra que un pastor crio a una gran serpiente a base de leche, consiguiendo domesticarla y hacer que acudiese a su encuentro cuando la llamaba con un silbido. Lo que el pastor no comprendía es que el silbido no era lo que atraía a la serpiente, sino la ofrenda que le entregaba (este elemento es una reminiscencia de la Era Dorada o principio de los tiempos, donde la Tierra manaba leche y miel y hombres y animales se comunicaban fluidamente). Un buen día, el pastor quiso demostrar a sus amigos su habilidad para dominar a la serpiente, pero se olvidó de llevar el cuenco de leche. Así que, cuando la llamó mediante un silbido y ésta vio que no traía su alimento, se abalanzó a su cuello y lo mató. En versiones más modernas de otras comarcas o concejos, el pastor sobrevive y acaba con la vida de la serpiente aplastando su cabeza en la puerta de una ermita. Aquí podemos encontrar ciertos paralelismos con las leyendas vinculadas a Herensuge, en las que se refleja la lucha entre el protagonista y la bestia.

Otras variantes más elaboradas presentan a Sugaar como un personaje tentador o retador que pone a prueba las habilidades de aquellos a los que se enfrenta. Por ejemplo, en Kortezubi se cuenta que la serpiente fue en busca de nuevos competidores, encontrándose con una zorra, que usando su astucia le indicó que fuese a una ferrería para que midiese su poder con hombres forzudos. Uno de los herreros aceptó el reto del “culebro”, pero le hizo esperar fuera mientras calentaba unas tenazas al rojo vivo. A continuación, salió rápidamente y la sujetó firmemente con ellas mientras la serpiente se retorcía desesperada. Al final, el animal suplicó al ferrón que la soltase y éste replicó: “Fíjate que solo he usado dos dedos: si hubiese utilizado diez, ya estarías muerta”. La sierpe se alejó dolorida, planeando una venganza futura por haber sido humillada.

En esta historia cabe destacar la figura del herrero como una profesión ligada a la magia. Los forjadores, en diversas tradiciones europeas, eran considerados como unos primitivos alquimistas por su habilidad de transformar los metales con el poder del fuego. Además, muchos talismanes como las herraduras, los clavos, los cencerros, los cascabeles y las campanillas (utilizadas también en la cultura vasca), eran creados por estos artesanos, ya que tenían la potestad de enfrentarse a las criaturas mágicas. Esta asociación proviene del papel que jugaron distintos dioses o maestros forjadores en el progreso tecnológico y avance cultural: Hefesto en Grecia, Vulcano en Roma, Goibniu en la mitología celta, los dvergar o enanos en la cultura nórdica, Tubal o Tabal entre los hebreros y asirios, etc

El caso vasco no es una excepción. Popularmente se dice que el Basajaun, que provenía de la estirpe de los Jentilak o Gentiles (gigantes), fue el primer herrero, además del primer agricultor y molinero. No obstante, Augustin Chaho cuenta que los pastores de la región de Soule se referían a sí mismos como “aitoren semeak” (Hijos de Aitor), que podría ser una derivación de “aitonen semeak” (hijos de buenos padres). El mito de este Aitor, hijo del Tubal bíblico (vinculado a la metalurgia), lo define como en el primer patriarca euksaldun. Más adelante, la historia fue traducida al castellano por Arturo Champión. Otros autores como Navarro Villoslada en su obra “Amaya o los vascos en el S.VIII” perpetuaron esta historia para reclamar territorialmente las siete provincias vascas, diciendo que fueron fundadas por los siete hijos de Aitor.

Retomando las leyendas vinculadas a Sugaar, podemos analizar esta relación entre la serpiente y el poder de transmutación. Como ya he mencionado anteriormente, este númen solía adoptar forma humana en sus encuentros con la diosa Mari. Sin embargo, existe un relato de dos hermanos vizcaínos, muy similar a la de Herensuge, en la cual estos personajes se encuentran a Sugoi en la entrada de una cueva mientras estaban paseando. El menor le arrojó una piedra para espantarlo, con tal fuerza que le arrancó un pedazo de la cola. El mayor de ellos fue llamado a ser soldado, mientras que el pequeño se quedó en el caserío, no atendiendo demasiado bien a sus progenitores. Estando el mayor de servicio en Nochebuena, sin poder visitar a la familia, se presentó ante él un feo individuo que le preguntó si quería volver a casa. El hombre contestó afirmativamente. El extraño sujeto le pidió como condición que llevase dos presentes a su casa tras pasar por su cueva y que regresase tres días después. El desconocido le entregó un terrón de oro para él y un cinturón rojo de seda para su hermano. El hermano menor, tras escuchar la historia de su familiar, rechazó el regalo y lo ató al árbol que había fuera de la casa, el cual echó a arder como la pólvora, dejando un gran agujero en el suelo. Pasado el tiempo acordado, los dos hermanos se presentaron en la cueva. Salió a recibirles con mala cara el individuo, al cual le faltaba un brazo. Sin saludar, fijó su mirada en el hermano menor y dijo: “¿Por qué me dejaste manco?” El muchacho lo negó, hasta que finalmente se dio cuenta de que el brazo que le faltaba correspondía con el pedazo de cola que le quitó al “culebro”. Entonces, el desconocido se transformó de nuevo en serpiente maldiciendo: “A partir de hoy, no faltará jamás manco, cojo, sordo o ciego en Iturriondobetia”. Luego se volvió a ocultar en el interior de la caverna.

En esta narración, a diferencia de la Herensuge, se añaden dos elementos novedosos: el hermano menor es puesto en evidencia, no sólo por agraviar a Sugaar, sino por no atender adecuadamente a sus mayores, faltas que quedan contempladas en las “leyes” de la Gran Madre y sus criaturas; además, el númen condena a su estirpe por su mala actuación. Este tipo de intervención también la observamos en algunas leyendas vinculadas a Mari, lo cual viene a reforzar el vínculo entre ambas divinidades.

Juan Inazio Hartsuaga apunta a que esta conexión entre el arquetipo de la Madre Tierra y el Dios Serpiente podría proceder de mitos pre-helénicos. El ejemplo más claro lo encontramos en los Pelasgos, pueblo indígena que habitaba en tierras griegas y que distintos arqueólogos han asociado a la cultura neolítica pre-indoeuropea. Según Apolodoro de Rodas, los dioses de los Pelasgos reinaron antes que los del Olimpo. Sus divinidades principales eran Ofión y Eurynome, cuyas relaciones sexuales dieron lugar a toda la creación. Podemos encontrar parejas semejantes en Oriente Próximo, como es el caso de Hedammu e Ishtar o Enki y Damkina.

El Dios Serpiente, al igual que la Gran Madre, también recibía ofrendas de los agricultores para que fecundara los campos. El poeta romano Propercio describe una de estas ofrendas, realizada en Lanuvium (cerca de Roma). El pueblo relataba que había un dragón que vivía en una sima cerca de la ciudad y que desde allí la protegía. Todos los años, en primavera, una doncella virgen debía descender al interior de la caverna con una cesta llena de comida. La criatura, tras abrir sus llameantes fauces, devoraba con ansia la ofrenda mientras las doncellas tiritaban de terror. Si la bestia consideraba que eran castas, regresaban sanas y salvas a su hogar, produciéndose una buena cosecha. Si no eran puras, las cosechas podían malograrse.

En esta narración no se menciona expresamente que las muchachas fueran engullidas, como ocurre en los relatos medievales, pero ya se dota de cierta hostilidad o malignidad a la Gran Serpiente.

La relación entre Sugaar y la fertilidad se aprecia bastante mejor en una leyenda medieval que sirve como legitimación del linaje de los señores de Vizcaya, que al igual que sucede en otros mitos europeos reciben parte de los dones o atributos de las deidades de las que descienden. Según la crónica de Lope García de Salazar (1454), Sugaar sedujo a la hija del rey de Escocia que se alojaba en Mundaka y la dejó embarazada, naciendo del fruto de esta unión Jaun Zuria (Juan, el Blanco), primer señor de Vizcaya (no histórico). Cuando el muchacho cumplió 22 años, los vecinos lo eligieron capitán de las tropas vizcaínas para que se luchase contra el hijo del rey de León. El príncipe de León había exigido enfrentarse formalmente a alguien de linaje real y, por esta razón, Jaun se convirtió en el candidato ideal. Finalmente, el enemigo fue derrotado en la batalla de Arrigorriaga y Jaun Zuria pasó a convertirse en el Señor de Vizcaya. Al morir el Señor de Durango, se casó con su hija, pasando a ser también gobernador de estas tierras, a quien concedió sus fueros. El sobrenombre de “blanco” haría referencia al blanco de su piel o cabello, es decir, que probablemente era albino, característica que en distintas culturas se consideraba mágica.

La primera versión documentada de la leyenda de Jaun Zuria, empero, se atribuye al conde portugués Pedro de Barcelós (1320). No obstante, autores como Andrés E. Mañaricua y J. Bilbao, opinan que el cronista no se basó en el precedente portugués, sino que los propios Señores de Vizcaya de la época fueron los informantes de Lope García de Salazar.

Tras este recorrido podemos evidenciar que la figura de Sugaar es más antigua que la de Herensuge y que existen notables diferencias entre ambas divinidades, dejando a un lado algunas semejanzas. A pesar de que actualmente se trata de un númen con su autonomía propia, su fuerte conexión con Mari lo relega a un papel de consorte y actualmente no existen apenas reminiscencias de su culto particular.

El único guiño que podemos apreciar en el folclore popular lo encontramos en la veneración a Santa Marta, hermana de Lázaro y mujer que hospedó a Jesucristo en su casa de Betania. Esta Santa, curiosamente, es patrona de las amas de casa, así como de las lavanderas, cocineras, sirvientas y gobernantas de casas de huéspedes. Se la representa precisamente con una saya roja y poniendo un pie sobre la cabeza de la serpiente. Las historias cuentan que salvó a un niño de las fauces de una gran serpiente (entendida como símbolo del mal), a la cual dominó con una serie de ensalmos o conjuros, haciendo uso de unas cintas o cuerdas e hisopo (Hyssopus officinalis). Estas cintas o ceñidores las podemos vincular a la leyenda de los dos hermanos. El hisopo, tradicionalmente, era y es utilizado desde antiguo para realizar limpiezas o purificaciones y también se administra como calmante pulmonar y gástrico. Adicionalmente, se usa para mejorar el estado de ánimo y devolver la energía vital (y sexual, en algunos casos), especialmente en las mujeres (elemento necesario para poder propiciar la fecundidad, si se está buscando la concepción).

Muchas Etxekoandreak (o Señoras de la Casa) acuden a esta santa buscando la protección de sus hogares, prendiéndole velas rojas o velas blancas con una cinta roja y haciendo una novena durante nueve martes seguidos (tres veces tres). Ocasionalmente, queman hisopo como ofrenda (presente que en realidad estarían entregando a la serpiente). Mágicamente, el martes está asociado al Marte romano, cuyo carácter pasional, combativo y colérico también podríamos atribuir a Sugaar.

 

 

La imagen de la portada es obra de Borja González Hoyos y puede encontrarse en el siguiente enlace: http://blogs.hoy.es/extremadurasecreta/2014/02/07/serpientes-legendarias-el-deslabon/.

Las ilustraciones de los númenes se encuentran en el libro “Mitologika: una versión contemporánea de los seres mágicos de Euskadi” de Aritza Bergara y Raquel Alzate

El cuadro de Jaun Zuria se titula “La jura del Señor de Vizcaya” y es de Anselmo Guinea (1882)

– La ilustración de Santa Marta es una pintura de José Rafael Garcés Sanches

Herensuge, Edensuge, Iraunsuge

Con la celebración del Solsticio de Verano o Noche de San Juan se abrió la puerta mágica del periodo estival, irrumpiendo con majestuosidad el poder de un antiguo númen vinculado a los misterios del fuego y la alquimia: Herensuge.

La palabra Herensuge deriva del término euskérico “suge” que significa “serpiente”, aunque podríamos vincularla a otros vocablos como “erheri” (salamandra) o “erexegin” (encender), conceptos que probablemente acabaron definiendo su apariencia de dragón.  Otras terminologías asociadas que podríamos considerar serían: “eresi”, tanto con el significado de “deseo o ansia”(variante del vizcaíno “erautsi”), “terror o espanto” (derivado del bearnés, “heresse”) y “persecución” (acepción probablemente posterior ligada a “herex” o hereje); “hereze/hereza/heresa” que hace referencia al color amarillo de una hierba llamada “gualda”, “gabarro” o “flor de San José” (reseda ruteola) que podría recordar al dorado de las escamas de un dragón; “herren/erren” que significa “cojo”, señalando seguramente la ausencia de patas en la parte posterior, pues en algunas representaciones se sustituyen los cuartos traseros por una cola. De todos modos, la palabra “erren” también significa “espina”, que bien podría relacionarse con la cresta de pinchos o placas salientes de este animal mítico, aunque recordemos que para entrar en el mundo de las hadas y otros seres de leyenda hay que saltar por encima de todas las zarzas, asumiendo el sacrificio de ser arañado por sus espinas. Un último vocablo que cabría mencionar, a pesar de que la relación sea menos evidente, sería “heren” con el significado de “tercio o tercera parte”, ya que el número tres en la concepción cosmogónica y mágica de los vascos tiene una gran importancia (al igual que en otras tradiciones como la celta).

Otra cuestión a considerar es que autores como Lahovary relacionan a Herensuge con la “Serpent d’Airain” o “serpiente de bronce” bíblica. Esta serpiente sería la que surgió del bastón de Aarón, hermano mayor de Moisés y primer sumo sacerdote de Israel. Este personaje arrojó su bastón frente al faraón de Egipto, convirtiéndose en una sierpe que desafío y devoró a las otras serpientes de los magos del reino (Libro del Éxodo).

La serpiente que se menciona en la Biblia recibe la denominación de “nahash” o “najash” (del hebreo, נָחָשׁ o nāḥās). Dicho término se utiliza tanto a la hora de hacer referencia a la serpiente del Génesis que tentó a Eva y Adán para que comieran del árbol del conocimiento como a la que aparece en el Libro del Éxodo (la traducción literal del hebreo es “el serpiente” y nos remitiría a la idea de Satán como personificación del mal). En Oriente Próximo este animal estaba asociado a distintas divinidades (Tiamat en Babilonia, Apofis en Egipto, Ningishida en Mesopotamia, Enki en Sumeria, etc), que posteriormente se transformaron en criaturas temibles con connotaciones demoniacas. La serpiente, originalmente, era considerada una entidad creadora, protectora y dadora de conocimiento, aunque también existen representaciones de monstruo marino primigenio que tienen una naturaleza destructora (Taninim o Leviatán; Jörmungandr).

En la versión bíblica masorética, producida por eruditos hebreos que buscaban una transmisión fiel de su contenido, se menciona la palabra “nahash” como una especie particular de serpiente, ya que se utilizaban los términos “Seraphim” y “Tannin” para designar a otras tipologías de ofidios. La palabra “serafín”, en antiguo hebreo, provenía del verbo “saraph” que significa “quemar”. Por tanto, los serafines serían “los que queman”. No obstante, otra acepción que se le da al término es el de “quien provoca inflamación” o “venenoso”. Este sentido se asociaba a la representación primitiva de los serafines como criaturas serpentiformes de fuego con alas que habitaban en el desierto. Dicha simbología probablemente tenga sus antecedentes en las cobras femeninas egipcias, conocidas como “Urei”, que estaban vinculadas a la diosa Uadjet y tenían una función protectora para evitar las picaduras de las serpientes y otros males de naturaleza mágica. Progresivamente, la referencia a las serpientes se ocultó en los textos bíblicos porque estos animales adquirieron unas connotaciones negativas a partir del periodo helénico (por su asociación a Medusa). Es de suponer que con los “Tannin” ocurrió algo semejante, pues originalmente eran unos monstruos en forma de serpiente marina que estaban presentes en las mitologías cananeas, fenicias y hebreas como símbolos del caos y el mal.

En el Libro de los Números de la Biblia, la palabra “nahash” también se emplea para hacer referencia a una forma de adivinación con serpientes. Se cree que el verbo hebreo del que deriva (niḥeš), cuyo sentido es el de practicar la adivinación, provenía del arameo. La asociación ente Yahvé y la magia, no obstante, es más evidente en el pasaje del Éxodo citado anteriormente.

Volviendo al contexto vasco, podemos ver que algunos de estos elementos ancestrales se preservan en la figura de Herensuge. Este númen era representado como un dragón de espíritu furioso, demoníaco y destructor, que volaba dejando un rastro de fuego a su paso, emitía un sonido aterrador y se alimentaba de ganado y, en ocasiones, de humanos a los que raptaba y estrangulaba. En la mayor parte de relatos se le describe con una sola cabeza y cuatro patas, aunque en otros tiene siete cabezas o no tiene patas traseras. Según se cuenta en Ezpeleta, las siete cabezas no son permanentes, pero cuando surge la séptima, esta criatura se incendia en llamas e inicia su vuelo raudamente hacia Poniente, donde se hunde en Itxasgorrieta o “región de los mares bermejos” (lugar donde la diosa Eguzki se oculta cada día). Aquí se ve claramente su asociación con el sol y con el fuego como elemento vinculado a él.

Los nombres por los cuales se conoce a este númen varían de una localidad a otra: en Ainhoa se le denomina Herensuge; en Ezpeleta y Labort, Herainsuge; en Tardets, Lerensuge; en Sara y Zugarramurdi, Erensuge o Eldensuge; en Camou y Game, Errensuge; en Uhart-Mixe, Edansuge; en Ataun, Iraunsuge; en Doneztebiri, Edensuge o Edeinsuge; en Errenteria y Uhart-Mixe, Edaansuge; en Zaldivia, Igensuge; en Otxandio, Ersuge; en Liguinaga, Ensuge; en Zubiri y Lekeitio, Sierpe; en Mondragón (anteriormente, Arrasate), Dracoi o Dragón.

De estas variantes me gustaría destacar tres de ellas, ya que añaden algunos matices a la personificación de esta criatura mítica. La primera a mencionar sería “Edensuge” (con su derivación fonética Edaansuge), que establece una relación directa entre el númen y la serpiente del Paraíso, dando a entender que se trata de la misma entidad. Por otro lado, “Edansuge”, aunque probablemente sea otra variante fonética del primer sobrenombre mencionado, podría analizarse desde su etimología euskérica. “Edan”, en “batua” (versión moderna y estandarizada del euskera), significa beber, pero en euskera antiguo se traduciría como “absorber” con el sentido de ingerir e empaparse de la esencia de aquello que se consume, integrándola dentro del ser. Si pensamos en Herensuge como criatura de fuego primordial, podemos imaginar que todo lo que pasa por ella retorna a la fuente y acrecienta su poder, transformándolo. También sería factible interpretar esa “absorción” en términos mistéricos, refiriéndonos a la asimilación de conocimiento oculto, siendo este númen el facilitador de dicha sabiduría arcana. Por último, quisiera remarcar el vocablo “Iraunsuge”, del cual habría que señalar el término “Iraun” que significa “permanecer o perdurar” (haciendo referencia a que hablamos de un ser que está más allá del tiempo y que ha sobrevivido a los ciclos de cambio), pero también “sufrir” y “resistir” (dando a entender que su pervivencia ha sido puesta a prueba y que el sacrificio forma igualmente parte de su naturaleza).

En cuanto a sus moradas, se dice que el cuerpo de Herensuge yace siguiendo el curso del río Plazaola (Larraun, Navarra), con la parte delantera en el Valle de Ultzama y la parte trasera en la Sierra de Aralar. Otros relatos narran que habita en la cueva de Azalegui o en la caverna de Ertzagania en la Sierra de Ahuski (Pirineos Navarro-Franceses), mientras que otros localizan su guarida en la montaña de Muragain (ente Álava y Guipúzcoa) y otros apuntan a la Peña de Orduña (Vizcaya). También hay leyendas que lo sitúan en el Bosque de Arbailles (región de Nueva Aquitania, entre Soule y Nafarroa Behera), en la cueva de Faardikoharri (Sara) y en la caverna de Urgull (San Sebastián). Asimismo, otras historias cuentan que vive en el monte Mondarrain (Lapurdi), otras en la cueva de Balzola (Vizcaya) y otras que merodea por las minas del monte Udala, cerca de Arrasate (actual Mondragón).

La leyenda del nacimiento de Herensuge, que se remonta al S.XIV, fue recogida por el filólogo e historiador Augustin Chaho, nacido en Tardets (Zuberoa) en 1810. Este autor probablemente documentó este relato gracias al Vizconde Charles de Belzuntze (Lapurdi). En dicho pueblo es donde tuvieron lugar los hechos. Según se cuenta, hace varios siglos un gallo puso un huevo y lo escondió en un estercolero que se encontraba en un cruce de caminos, cerca de Hirubi. Al cabo de siete años, surgió una culebra del huevo. Siete años más tarde, la serpiente había aumentado cien veces su tamaño. Luego le salieron tres cabezas y echaba fuego por todas ellas. En su lomo tenía dos grandes alas que le permitían sobrevolar la región, sembrando el terror en la zona. Gastón Armand, nieto del alcalde de Baiona y muchacho con gran ansia de aventura, se enteró de que el dragón acababa de salir de su letargo de siete años, causando importantes destrozos. Fue donde su abuelo después de hablar con unos cuantos testigos y le pidió que le permitiese ir a matar al monstruo. Éste se lo negó, pero el joven decidió enfrentarse a Herensuge a escondidas. Preparó sus armas y algunas provisiones y, acompañado por su escudero, se dirigió a su guarida. Llamó al dragón con tono amenazante y espero a que surgiese de la cueva, mientras su escudero corría a esconderse. Una vez estuvieron frente a frente, se estudiaron durante unos segundos y el animal lanzó una primera llamarada. Luego se abalanzó sobre el muchacho, quien clavó su lanza en el corazón del dragón hasta que este se desplomó. Por el peso, la bestia empezó a deslizarse por la sima y Gastón no tuve tiempo de apartarse, rodando junto al dragón montaña abajo. Finalmente, el abuelo encontró ambos cuerpos en el río Errobi. Cortó la cabeza del monstruo y enterró a su nieto con la espada del tatarabuelo Txikon, quien estuvo presente en la jura del fuero de Ricado Corazón de León. Desde entonces, una serpiente con tres cabezas preside el escudo de la familia Belzuntze.

A raíz de esta leyenda, se forjó la creencia de que el huevo era el arma mágica para vencer a esta criatura, evitando su renacimiento. Normalmente se trataba de un huevo pequeño, empollado por una paloma azulada en la hierba. Las mujeres de Alsasua afirmaban que debían transportarlo bajo las alas de una gallina (preferentemente negra) a un cruce de caminos y romperlo allí, comprobando que no tuviera yema. Una vez destruido, tenían que prender un fuego encima.

 

Una de las historias más conocidas sobre Herensuge es la del Dragón de Arrasate. Esta localidad era un antiguo pueblo en la cuenca del Alto Deba que compaginaba las tareas agro-ganaderas con la minería. Una vez al año, el monte cercano crujía y del interior de una sima emergía el terrible monstruo, echando fuego por la boca y arrasando todo lo que quedaba bajo sus enormes patas. Los habitantes de la villa, que llevaban mucho tiempo sufriendo las devastadoras apariciones de Herensuge, decidieron pactar con la bestia. Cada vez que la tierra empezaba a temblar, los vecinos tenían que entregarle una doncella soltera que elegían a suertes y conducían hasta la entrada de la cueva. De ese modo, evitaban los ataques del dragón. Un día, la escogida fue la prometida de un valeroso herrero. Una vez que este logró zafarse de aquellos que lo sujetaban para evitar el sacrificio de su amada, el herrero fue a su taller y tomó una puntiaguda barra de hierro frío que calentó al rojo vivo. Con ella subió hasta la entrada de la gruta cuando justo el animal salía a devorar a la doncella que gritaba espantada. El herrero, de un salto, se interpuso entre ambos y se enfrentó al dragón. Herensuge lanzó una gran llamarada pero el joven logró esquivarla, clavando después con todas sus fuerzas la barra de hierro en la garganta del monstruo, que cayó al suelo moribundo. Como recuerdo de la proeza del herrero, el escudo de la localidad incluyó en su interior la figura del dragón. Actualmente, en Mondragón existe una escultura de Herensuge para rememorar la historia.

La leyenda del Dragón de Mondarrain tiene una estructura similar a la anterior. La diferencia radica en que la joven elegida como ofrenda para el monstruo fue la hija del rey. En este caso, el héroe fue un pastor que combatió al dragón con su bastón y la ayuda de su fiel perro que fue desgarrando las cabezas de Herensuge. Posteriormente, el pastor cortó las siete cabezas, las siete lenguas y añadió un pedacito de las siete enaguas que llevaba el vestido de la princesa. Después se marchó. Como el rey había prometido la mano de su hija a quien la salvase, un joven astuto aprovechó la ocasión y se atribuyó el mérito, llevando como prueba las siete cabezas. Así, el gobernante le permitió casarse con ella. En el banquete de bodas, apareció el pastor con su perro mostrando las lenguas del dragón y los siete trozos de saya de la princesa. Ésta reconoció a su verdadero salvador y acabó casándose con el pastor.

Otra narración de características similares explica que en Alzay fue el hijo del señor del Castillo de Zaro (hoy en ruinas) quien se enfrentó al dragón, envenenándolo y provocando que su cuerpo ardiese en llamas, obligándole a alejarse hacia el mar y segando a su paso las hayas del bosque de Itze.

Otro relato describe las peripecias de dos hermanos del caserío Bargondia, que se propusieron ir a buscar el tesoro que se decía que guardaban las lamias en la caverna de Balzola. El más joven de los dos fue el que penetró en la cueva, encontrándose a una enorme serpiente dormitando. El hermano mayor, viendo el peligro, intentó frenar sin éxito las ansias del joven que, sin pensar, le lanzó una gran piedra a la bestia, cortándole un trozo de la cola. Dolorido, Herensuge se replegó rápidamente en el interior de la gruta. El hermano mayor le reprochó su falta, aunque las consecuencias no llegarían hasta más tarde. Debido a un periodo de escasez, el hermano mayor tuvo que emigrar a tierras lejanas y añoraba mucho su hogar. Un día que lamentaba especialmente la ausencia de sus seres queridos, apareció un hombre elegantemente vestido al que le faltaba la pierna izquierda. Cogiéndole de la mano, lo llevó por los aires hasta la cueva de Balzola. Entonces, el misterioso caballero le dijo: “Ya estás en tu casa. Para que no tengas que marcharte de nuevo, te entrego este cofre de oro y a tu hermano dale de mi parte este cinturón”. Seguidamente, el hombre desapareció y el agraciado fue a casa de su hermano menor a contarle lo sucedido. Al mentar que al caballero le faltaba una pierna, el joven recordó lo ocurrido hace años y decidió atar el cinturón a un nogal para ver qué sucedía. Entonces el árbol echó a arder hasta quemarse por completo en segundos. Los dos hermanos se miraron y comprendieron que hombre era, en realidad, Herensuge, que quería castigar a quien le agravió y premiar a quien trató de evitarlo y se había sacrificado por el bienestar de su familia.

Otra leyenda de gran relevancia es la que tiene como protagonista a Teodosio de Goñi, guerrero vascón del s.VIII, hijo del Señor del Valle de Goñi (merindad de Estella) y uno de los doce miembros del Consejo que gobernaba tierras navarras. Se cuenta que este guerrero, tras luchar contra los godos, se encontró con un extraño caballero de camino a casa que le dijo que su mujer, Constanza de Butrón, le estaba siendo infiel con otro. Loco de celos, el noble espoleó su caballo hasta llegar a su hogar, donde vio la silueta de un hombre yaciendo con una mujer. Pensando que se trataba de su esposa y su amante, los mató con su espada. Al salir de la habitación, se encontró a su mujer. Horrorizado, le preguntó quienes dormían en aquella alcoba. La dama le dijo que se trataba de sus padres, a quienes había alojado en la mejor habitación de la casa: la suya. Por su crimen, Teodosio emprendió una peregrinación a Roma, arrastrando una gruesa cadena y durmiendo al raso. Posteriormente, continuó la penitencia siete años más, esperando a que la cadena se rompiese como signo de liberación divina. Un día, mientras vagaba por la Sierra de Aralar, escuchó un estruendo que venía de una sima. Al acercarse, vio al dragón que justo acaba de despertarse hambriento de un letargo de cien años. Debilitado por el penoso castigo, Teodosio no tenía fuerzas para defenderse y pidió la asistencia del Arcángel San Miguel. Dios escuchó la llamada del caballero en apuros y apremió al Arcángel para que lo ayudara. San Miguel bajó con la chispa del Creador sobre su cabeza y luchó con la bestia hasta darle muerte. Esta historia tiene una clara conexión con la leyenda de Sant Jorge (o Sant Jordi) y el dragón, que está presente tanto en territorio catalán y aragonés como en otros lugares de Europa (Inglaterra).

Según la creencia popular, en agradecimiento por la intervención del Arcángel, Teodosio de Goñi y su esposa mandaron construir el Santuario de San Miguel de Aralar. En dicha iglesia hay unas cadenas colgadas de los muros que, supuestamente, son las del noble y sirven para quitar los males de cabeza y los dolores de dientes si se dan tres vueltas a su alrededor. También se puede encontrar dentro del templo un agujero que es considerado la boca del infierno, ya que bajo él se dice que yace el cuerpo del dragón. Los vecinos de la zona cuentan que, si se mete la cabeza en este agujero, se quitan igualmente los dolores de cabeza. Las mujeres con dificultades para concebir acuden allí el día de San Miguel para pedir que se les conceda la gracia de quedar embarazadas.

Algunos autores como José Dueso vinculan esta asociación entre el Arcángel y la fecundidad a un culto anterior a Hermes/Mercurio o una deidad semejante (¿quizás Herensuge en una faceta más benévola?). Por esta asociación, la Iglesia Católica tuvo sus reticencias respecto a incluir a San Miguel en su calendario festivo. La advocación a este Arcángel no fue aprobada hasta el S.VI, momento en que se inauguró la basílica de la Vía Salaria y se empezó a celebrar el 29 de septiembre como festividad dedicada a San Miguel. Aparte de este día, se asignó el 8 de mayo como segunda fecha para venerar a esta entidad. Curiosamente ésta coincide con la celebración de las Cruces de Mayo (fiesta que sustituyó a la antigua celebración pagana del Beltane celta o el Walpurgis nórdico). Durante estos festejos los campesinos llevaban sus semillas o un puñado de cereales o legumbres para que las cosechas fueran protegidas y las tierras nuevamente fecundadas. Por otra parte, el 29 de septiembre, en algunas localidades como Arretxinaga (Vizcaya), se ejecuta un baile llevado a cabo por hombres solteros, llamado “Ezpata-dantza” (danza de la espada), que sería una reminiscencia de esta lucha entre el héroe y el dragón.

Desde mi perspectiva, la manifestación de folklore popular que sigue rindiendo un homenaje, aunque soterrado, a Herensuge, es la procesión de “faros”, “falles”, “harts”, “haros”, o “brandons” que acontece en San Juan en algunas localidades de los Pirineos (tanto navarros, aragoneses, catalanes y franceses). El ritual consiste en que un grupo de hombres jóvenes (mayores de 16 años), liderados por un hombre adulto (padre, padrino, abuelo) o de rango (alcalde), encienden en lo alto de las montañas unas grandes teas hechas con distintas maderas (roble, álamo blanco, haya, brezo, etc) que luego portan mientras descienden haciendo una hilera en forma de gran serpiente de fuego (un recorrido de unos 20-45 minutos). En algunos lugares, llevan las fallas hasta la puerta del cementerio o a una plaza porticada y dibujan una cruz con las cenizas de la antorcha en el dintel de las puertas o arcos. A la bajada, normalmente les esperan las mujeres solteras con un ramo de flores, dulces (coca, pastas) y licor dulce (moscatel, pacharán). Antiguamente, este rito tenía un sentido iniciático para los varones que iba más allá del evidente simbolismo fálico, sexual y fertilizador. Hoy en día, a pesar de que se ha hecho un gran esfuerzo de reconstrucción y documentación en algunos pueblos, especialmente en la zona de Pallars Sobirà, se ha intentado por otro lado popularizar la fiesta y se permite la participación de otros miembros de la comunidad.

Así que habrá que seguir analizando estos ritos, observar su evolución y prestar una dedicada atención a sus elementos sagrados…

 

  • Una mención especial al Ecomuseu de Esterri d’Aneu por el excelente trabajo de divulgación que han realizado en la exposición de “Les Falles del Pirineu”que puede visitarse gratuitamente en la iglesia de Isil gracias a la buena voluntad sus trabajadores/as y colaboradores/as. Moltes gràcies per la vostra dedicació!

 

  • Otra fuente consultada: https://reydekish.com/2013/10/09/la-serpiente-en-las-culturas-ancestrales/

 

La ilustración de la portada es una creación de Woari, cuya página en Deviantart es: http://woari.deviantart.com/art/Hydra-356170122

La fotografía de la escultura del Dragón de Arrasate es propiedad intelectual de José Javier Sandoval y ha sido tomada de: http://www.eitb.eus/usuarios/fotos/tiempo-naturaleza/detalle/8474832357/dragon-arrasate/

La fotografía de las “falles d’Alins” se ha extraído de la siguiente web: http://www.fallesalins.cat/les-falles/la-baixada-de-falles-dalins/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kandelairu, San Blas eta Agate Deuna

La Candelaria, San Blas y Santa Águeda forman una tríada de gran relevancia dentro de las festividades invernales del calendario tradicional vasco.

La fiesta de la Candelaria (Kandelairu) se celebra el día 2 de febrero, coincidiendo con la conmemoración cristiana de la purificación de la Virgen María tras el parto y la presentación del Niño en el templo de Jerusalén. Sin embargo, el sustrato pagano que conserva esta festividad está relacionado con el culto al fuego como energía purificadora, sanadora y fertilizadora. La tradición marca que en esta fecha se acuda a la iglesia para bendecir las velas que se utilizarán con distintos propósitos mágico-religiosos. Estas velas se consideran más puras porque se fabrican con un 60% de cera virgen de abeja, cuando lo normal es hacerlas con un 30% de cera. Estas candelas se emplean como sistema de protección contra el conjuro para convocar tormentas o para evitar que los rayos y el pedrisco de las tempestades provoquen daños en la casa o las cosechas. La cera de estas velas también se usa para fabricar la cerilla o “pilumena” de las argizaiolak, las lámparas que sirven para iluminar las almas de los difuntos, o bien otras velas devocionales dedicadas al culto a los númenes y a los espíritus del hogar. Con esta cera se pegan igualmente las cruces o enramadas que se utilizan como amuletos de protección (Kuttunak), tanto los que se colocan en la puerta de casa como en los campos en las fiestas de mayo. Por último, una proporción de esta cera se añade como ingrediente a las recetas de cremas y ungüentos con propiedades curativas o mágicas.

En la localidad de Artozki se mantiene la costumbre de realizar una procesión por el atrio de la iglesia para bendecir las candelas. Sin embargo, en otros lugares se prescinde del acto litúrgico y se bendicen las velas fuera del templo. En la Baja Navarra, la Etxekoandre enciende una vela con el fuego del hogar, se santigua tres veces con la vela encendida en su mano (o recita alguna bendición), quema un mechón de su propio pelo y luego derrama tres gotas de cera en sus hombros y sobre los hombros del resto de los miembros de la familia, a los cuales les pide que se arrodillen mientras lleva a cabo este ritual.

Algunos autores vinculan la bendición de las candelas a creencias paganas y ritos de fertilidad de la antigua cultura mediterránea. Unos opinan que esta costumbre estaría vinculada a las ceremonias en honor a Proserpina o Perséfone, puesto que en el mito las Ménades portaban antorchas durante la búsqueda de la diosa tras su rapto. Otros, en cambio, relacionan a la imagen de la Candelaria con la Bona Dea romana. También debemos considerar que durante la celebración de las Lupercales se salía en procesión con velas o candelas.

Otras costumbres propias de esta época que conectan con tradiciones de otros lugares de Europa consisten en limpiar a fondo la casa y la chimenea bajo la creencia de que, de esa manera, se atrae el favor Mari y de su corte de espíritus femeninos para asegurar la salud y la armonía en el hogar. En muchos pueblos del País Vasco las mujeres suelen barrer los suelos con escobas de brezo, encender velas en las ventanas o en el altar familiar y entregar ofrendas de pan con queso, leche hirviendo con miel, cuajada o requesón con miel o postres hechos con huevos, leche, mantequilla y azúcar.

La Candelaria también posee un carácter augural, al igual que el Oimelc celta (también conocido como Là Fhèill Brìghde, Gŵyl Fair o Maiden’s Milk). En el Valle de Aezkoa se cree que, si el cura sale de la iglesia con una vela encendida y no se apaga, el resto del invierno será bueno y llegará pronto la primavera; mientras que, si se apaga, el invierno seguirá azotando, produciéndose nevadas o tormentas y trayendo consigo un cúmulo de catástrofes. Así se refleja en el dicho: “Kandelero bero, negua heldu da gero, kandelero hotz negua joan da motz”. En Zuberoa se dice que, si el día de Kandelairu hay nieve o llueve, el resto del invierno será llevadero; si hace buen tiempo, el final del invierno será tempestuoso. Así reza el refrán vasco: “Kandelarioz elurra, joan da neguaren bildurra; kandelarioz eguzki, negua dago aurreti”. En la Baja Navarra también se cree que, si el tiempo acompaña durante la celebración de la Candelaria, es resto del invierno será desapacible, mientras que, si hace malo, se puede dar por terminado el invierno, tal y como se expresa en el dicho: “Ganderailu hotz, negua iraganik botz; ganderailu bero, negua gero”.

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En Gernika se ha conservado la costumbre de que los niños y jóvenes canten una canción con las velas recién encendidas, recorriendo la localidad casa por casa y recibiendo a cambio algo de comida de los vecinos. En el “Cancionero popular vasco” (1922) encontramos la versión antigua de la copla que se recita en esta fecha:

“Kandelerio lerio 
atxari ura dario,
makatzari madari:
eutsi, Peru, ankeari.
Domurun Santurun Santurun
txarri andi bat il dogu,
buztana ez bestea yan dogu:
bera lapikoan daukagu.
Euria dakar menditik
Ondarroaren ganetik,
eztaukat zapatatxurik
banoa Lekeitiotik.”

En el cancionero “Literatura popular del País Vasco” (Euskalerriaren Yanintza), publicado en 1989, podemos leer otra variante que se canta en otras localidades:

“Kandelera lera lera,
bost ilabete larrainera,
ogirik eztuenarendako
sei ere badirela.

Kandelera lera lera,
bortz ilabete larrainera,
sei ere bai Aezkoakora.

Kandelerio lerio lerio,
atxari ura dario,
makatzari madari,
eutsi, Peru, ankeari.”

En 1884 se originó en San Sebastián la tradición de salir por las calles con una comparsa de Caldereros, hombres disfrazados de zíngaros, montados en carros engalanados y haciendo ruido con sartenes, cazos, calderos y demás chatarrería. Esta costumbre está inspirada en las corrientes migratorias de gitanos húngaros que pasaban antiguamente por Guipúzcoa a vender sus productos para el Carnaval y nos muestra la conexión entre esta fiesta y el Carnaval, que marca el final de la época oscura o etapa de desgobierno.

El 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, conocido por ser el abogado de las enfermedades de garganta, aunque también se le considera patrón de los cardadores de lana (ya que uno de sus símbolos es el rastrillo de cardar), los picapedreros y yeseros. En algunos lugares se convoca su ayuda igualmente para protegerse de los peligros de los vientos huracanados (poniendo dos velas bendecidas entrecruzadas) y para alejar a los lobos del ganado (usando otro de sus símbolos, el cuerno). En el País Vasco, a San Blas también se le relaciona con el oso como animal totémico que representa la regeneración cíclica de la naturaleza y su despertar tras el periodo invernal. Normalmente, por estas fechas el oso sale de su letargo y este hecho se evoca en las mascaradas de Ituren y Zubiera donde el Hartza (Oso) acompaña a los “Joaldunak”. Además, en las farsas carnavalescas de Arizkun el oso es despertado simbólicamente de dicho letargo.

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En San Blas se tiene la costumbre de asistir a templos construidos en su honor, como el de San Blas de Tolosa, llevando alimentos para bendecir. En Zeanuri es habitual bendecir pan, boronas y tortas, ya que no se secan y se pueden consumir el resto del año si se tiene algún mal de garganta. En la Alta y Baja Navarra y el Valle de Deba se solía acudir a la iglesia con pan, chorizo, cera, agua, pienso, salvado y sal. Con el agua sagrada, se daba de beber tanto a los miembros de la familia como al ganado. El pienso y salvado bendecido se utilizaba para alimentar al ganado y prevenir sus enfermedades. La sal bendita se esparcía sobre una piedra ancha para que los caballos, las vacas y las ovejas fueran también protegidos. La cera, especialmente si se trataba de la “pilumena” de una argizaiola, se podía usar para colocarla sobre la garganta de aquella persona que estuviese afectada por alguna enfermedad de garganta. El pan y el chorizo bendecidos eran de consumo común para todos los vecinos. En Tolosa que amasaban unas roscas especiales de unos 40-60 cm, llamadas “Pipar opilak”, que se hacían con huevos, masa madre, manteca de cerdo, pimienta negra, anís y azúcar. Estas roscas se vendían durante las romerías del santo. Una de las vendedoras, Tomasa, decidió dejar de fabricar dicho alimento con pimienta y empezó a hacer las roscas solo con anís, que son las que actualmente comemos en la mayor parte de España por estas fechas. No obstante, algunas confiterías están intentando recuperar la tradición y algunos vecinos siguen entonando los versos que se dedicaban a estas roscas:

“Ura, gatza iriña, guria…ogia eta opilak!
San Blas egunean, (aspaldin) ogia ta gatza bedeinkatzen zen.
Gatza bedeinkatua harri batean patzen zieten aberei eta hauek zurrupatzen zuten. Etxekoentzat, ogia ta txorizoa zen”

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En Álava y Navarra, concretamente en Laguardia y Pamplona, se ha preservado la tradición de encender hogueras y servir vino caliente mientras se consumen los roscos y unos pasteles de bizcocho bañados en clara de huevo batida y azúcar y adornados con chocolate conocidos como “sanblases”. En Arrieta se practica el ayuno hasta el mediodía antes de degustar los distintos productos típicos de este día. En Biasteri aún se realiza una danza en forma de gran rueda donde intervienen chicos y chicas jóvenes chocando las caderas y haciendo rítmicos movimientos con el cuerpo. Antiguamente, uno de ellos se colocaba en el centro de la rueda y ofrecía vino caliente de un jarro a cada uno de los danzantes.

La fiesta de Santa Águeda es una celebración para dar culto a la abogada de las mujeres, tanto si son solteras como casadas, aunque normalmente recurren a ellas las gestantes para tener un buen parto o aquellas madres que no producen suficiente leche para alimentar a sus bebés o bien están aquejadas de “males de pechos” relacionados con la lactancia. Sin embargo, también se atribuye a esta santa la protección contra los incendios, el poder maléfico de algunos espíritus y el aojamiento contra bebés o ganado. Asimismo, se la vincula con la consecución de abundantes cosechas, la atracción de la buena fortuna y la curación de dolores de cabeza.

El sociólogo José Ignacio Homobono ha vinculado la festividad de Santa Águeda con un posible culto anterior a Juno Lucina como deidad vinculada a la maternidad y la lactancia y a las Matronae como propiciadoras de fertilidad. Este autor, además de destacar el carácter maternal y sanador de Santa Águeda, señala que fue acusada de practicar brujería y la existencia de varias leyendas donde se la describe transformándose en gato negro. Esta faceta hechiceril la relaciona con el culto a Diana. No obstante, teniendo en cuenta el carácter e imaginería de la propia Mari, no tendríamos que recurrir a otras mitologías foráneas para encontrar algunas de sus facetas en esta santa.

Los festejos comienzan la noche de la víspera del 5 de febrero con un doble repicar de las campanas que puede llegar a durar varias horas, práctica realizada en las comarcas del interior, en los territorios litorales y la Ribera Navarra. Seguidamente, cientos de personas (hombres, mujeres, jóvenes) se reúnen en pequeños grupos corales para cantar canciones dedicadas a la Santa mientras golpean la “makila” (un palo de madera adornado con cintas) contra el suelo. Algunos investigadores han afirmado que este ritual seguramente proviene de una antigua costumbre pagana para celebrar la llegada de la primavera que consistía en golpear la tierra con palos para hacer que ésta despertase poco a poco y fertilizarla.

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Los nórdicos, durante la celebración del Dísting o “Asamblea de las Hadas”, trazaban un surco en el suelo con una herramienta de labranza mientras sujetaban un hacha o martillo en la otra. Luego hacían una ofrenda o blót en honor a Jörd (la Madre Tierra), las Dísir (entidades femeninas podríamos comparar con las lamias) y los Landvættir (espíritus feéricos de la naturaleza). En la Saga de los Volsungos se relata una ceremonia de fertilidad en la que los campesinos usaban el pene de un caballo y recitaban un conjuro con el objetivo de conseguir prosperidad. Es posible que la makila que utilizan los vascos sea, en realidad, una representación simbólica de este falo que originalmente usaban los escandinavos.

En Álava, la víspera de Santa Águeda era conocida como “Fiesta de los mozos” porque los jóvenes son los protagonistas de esta festividad. Tradicionalmente se visten de paisanos y cantan canciones, yendo de casa en casa y recibiendo “eskeak” o cuestaciones, que pueden tratarse de alimentos, bebida y, en contados casos, dinero. Con estos presentes que entregan los vecinos, los mozos organizan una merienda o una cena. En algunos casos, especialmente si reciben dinero, donan una parte a organizaciones que se dedican a fines sociales y humanitarios (hospitales, residencias de ancianos, centros cívicos o culturales, escuelas, etc). En algunas poblaciones de Navarra, en su lugar, se celebra la “Fiesta de los quintos”, con características similares.

Algunos versos que cantan estos mozos para recaudar estas cuestaciones dicen así:

Oles, oles atetan,
nor dabil denbora honetan?
mutil zoroak alkar hartuta
Santa Ageda kantetan.Pobre ta humilde
dabiltzanentzat
batuten borondatia…
¿Quién anda llamando,
a las puertas a estas horas?
Unos muchachos chalados cogidos del hombro
cantando a Santa Águeda. Recogiendo la voluntad
para los pobres y los humildes…

Una de las canciones más conocidas que cantan los coros durante Santa Águeda es la siguiente:

Zorion, etxe hontako denoi!
Oles egitera gatoz,
aterik ate ohitura zaharra
aurten berritzeko asmoz.
Ez gaude oso aberats diruz,
ezta ere oinetakoz.
Baina eztarriz sano gabiltza,
ta kanta nahi degu gogoz.
Santa Ageda bezpera degu
Euskal Herriko eguna,
etxe guztiak kantuz pozteko
aukeratua deguna.
Santa maitea gaur hartu degu
gure bideko laguna.
Haren laguntzaz bete gentzake
egun hontako jarduna.
¡Felicidad a todos los de esta casa!
Venimos a saludar,
de puerta en puerta como vieja costumbre
con intención de renovarla este año.
No somos muy ricos en dinero,
ni en zapatos.
Pero estamos con la garganta sana,
y queremos cantar con ganas.Es la víspera de Santa Águeda
día del País Vasco,
El día que hemos elegido
para llenar todas las casas de alegría cantando.
Hoy hemos tomado a la querida Santa
como amiga de nuestro camino.
Con su ayuda podemos llenar
de esperanza este día.

El día 5 febrero tienen lugar varias procesiones que se dirigen a la Ermita de Santa Águeda. Allí van muy especialmente las mujeres que desean resolver problemas de lactancia u otras enfermedades relacionadas con la fertilidad o los órganos reproductores. No obstante, Santa Águeda ha terminado por convertirse en una entidad facilitadora de salud en general, tanto para hombres como para mujeres.

Antiguamente se hacían peregrinaciones familiares o grupales de nueves días para efectuar promesas o entregar exvotos en estos santuarios y se leía una letanía con el fin de bendecir los campos.

 

La primera fotografía la he sacado de esta página: http://urtesasoiak.com/?page_id=305

La foto del Hartza con los Joaldunak la he tomado prestada de este blog: https://zuialde.wordpress.com/page/49/

La foto de la rosca de San Blas y la oración las he extraído dela página de de Pello San Millán: http://baztangohaizegoarenargazkiak.nirudia.com/17837

La fotografía del coro masculino cantando a Santa Águeda se ha obtenido de este blog: http://historiadecorral.blogspot.com.es/2016/01/datos-y-curiosidades-sobre-la-fiesta-de.html

Además de algunos libros recomendados, se han consultado los siguientes artículos online:

http://www.euskonews.com/0020zbk/gaia2001es.html

http://www.euskonews.com/0065zbk/gaia6503es.html

http://www.euskonews.com/0111zbk/gaia11105es.html

Llegan los “San Blases” por Antxon Aguirre Sorondo

http://www.diariovasco.com/v/20130201/tolosa-goierri/pipar-opilak-tradicion-blas-20130201.html

 

Zotalegun, sortelegun, sotelegun

Los habitantes de Beskoitze, Ataun y otras localidades de Euskal Herria tenían la costumbre de observar la meteorología y los signos que acontecían durante los 12 o 13 primeros días del año, en función de si seguían una lógica solar o lunar. En el segundo caso, si sabían que en ese nuevo periodo se insertaría una treceava luna, extendían esa contemplación un día más. Este método predictivo podemos equipararlo a las cabañuelas, sistema utilizado en el sur de España para predecir el clima de los 12 meses siguientes y que fue popularizado por pastores que vivían durante el verano en cabañas, los cuales comenzaban a realizar estas observaciones el primer día de agosto. Por extensión, en algunos pueblos de Álava (especialmente aquellos que habían convivido más con la cultura castellana), se pasaron a realizar estas predicciones durante los primeros 24 días de agosto, doblando el tiempo de recogida de esos indicios para disponer de más datos y contrastarlos con el objetivo de afinar más en sus presagios.

La profesora Pilar Moreno, miembro del Instituto Aragonés de Antropología, relaciona el término “cabañuelas” con las Cabañuelas de Toledo y la fiesta judía de los Tabernáculos que tenía lugar en agosto. La palabra podría señalar el lugar en el cual se celebraban los rituales de pronóstico de lluvias durante esta festividad hebrea, especialmente en aquellas regiones que necesitaban de un aporte adicional de agua para los cultivos. Este ritual, según Mircea Eliade, podría tener una influencia babilónica, ya que en esta cultura existía el “Ceremonial del Atiku” o “Fiesta de las Suertes” que coincidía con el año nuevo babilónico. El ritual tenía como objetivo la creación y regeneración de los doce meses siguientes y en él también se determinaban los augurios para el ciclo que daba comienzo. Los babilónicos, no obstante, pudieron incorporar esta tradición de los sumerio-acadios, quienes se intuye que pudieron iniciarla unos 5000 A.C. En resumen, podríamos apuntar que quizás el Zotalegun vasco emergió de la convivencia con la cultura sefardí, que a su vez recibió su influencia de babilonios y sumerios. Como detalle, vale la pena destacar que, en algunas localidades vascas se habla del Zotalegun como las “cábalas” de los pronósticos meteorológicos y esto nos da a entender que detrás de ellas podría existir un misterio que iba más allá de la pura predicción del clima, buscando signos que pudieran conectarnos con el devenir o la voluntad divina.

Atendiendo a esta tradición, he dedicado los primeros doce días de enero a recoger información meteorológica y ciertos signos que han surgido de la observación y, en ocasiones, de un proceso de conexión mística con esos viejos poderes del territorio mientras me encontraba en estado de contemplación. Puede que estos augurios adquieran un sentido o puede que no, pero me ha parecido apropiado recogerlos y compartirlos por si a alguien le puede servir de orientación.

Primer día del Zotalegun. Niebla húmeda, -4º, nieve en los alrededores y escalofríos. Los dos días anteriores se presentó, en la misma franja horaria, una gran bandada de estorninos volando en hilera desde el Oeste, con una cabeza de punta de flecha. Las aves sobrevolaron los campos hacia el Este y, en los límites de la ciudad, empezaron a girar en espiral descendente. Estuvieron acechando la zona en grupo, pero estaban coordinados como si fueran uno. Luego se alejaron del lugar por el Norte. Fue una sensación inquietante, que me dejó un nudo en el estómago. Interpreté aquel signo como nuevos conflictos bélicos en Oriente Próximo. Pronto el presagio tomó la forma de atentado en Estambul.

Afortunadamente, se presentaron otros signos más esperanzadores. Parece que el 2017 va a traer nuevas oportunidades en el amor y compromisos en las parejas, ya que se anunciaron el inicio de relaciones y se extendieron varias invitaciones a bodas. Asimismo, recibí la noticia de un nacimiento y varios embarazos, así que este nuevo ciclo traerá fertilidad y felicidad en algunas familias.

Durante el mes de enero es posible que también os obsequien con algún regalo sorpresa o que llegue un dinero con el que no contabais para ayudar a equilibrar pérdidas económicas o gastos extraordinarios.

Por último, en enero será importante cuidar la voz, las vías respiratorias y el sistema circulatorio, especialmente si sois asmáticos o si tenéis alguna dificultad cardíaca. Atended a vuestros mayores, más aún si tienen más de 70 años. Es posible que os den algún pequeño susto, pero se podrán recuperar.

A nivel espiritual, el perro negro o lobo negro nos acompañará este mes de enero. El número mágico será el 3. el Maestro nos estará observando.

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 Segundo día del Zotalegun. Niebla húmeda, -2º, necesidad de recogimiento y retorno a las labores diarias. Los gorriones salieron en grupo en busca de comida y juguetean junto a un charco, agitando las alas. Febrero, además de un mes frío y lluvioso, será tiempo de cooperación social y reunión con amigos.

También será momento de reorganización, de trabajo de hormiguita y habrá gente que iniciará sus propósitos de año nuevo intentando hacer dieta y/o deporte, dejar un mal hábito, cambiar de imagen y reencontrarse a sí mismo/a tras algunos desengaños o malas decisiones.

La Dama de Amboto velará por nosotros/as y la acompañará su corte de lamias para asistirnos en nuestra inseguridad, tristeza, dolor, sacrificio y en ese proceso de autoconocimiento y sanación. Con su espejo nos mostrarán el verdadero rostro de las personas que nos rodean y nuestro nuevo reflejo. Con su peine cortarán aquellos hilos que nos atan a relaciones dependientes, desequilibradas o poco sinceras. Habrá personas que se alejen o desaparezcan de nuestras vidas, pero será para bien. A nuestro lado quedarán fieles aliados/as. Tras una época de caos, se restaurará cierto orden. Tras la mascarada, los disfraces caerán y las falsas apariencias dejarán de tener sentido. Se juzgará a cada cual por lo que es y pagaremos el precio de nuestras acciones.

El número 7 nos mostrará los misterios del poder femenino. A nivel espiritual tendremos que integrar el cambio de forma y el zorro podrá servirnos de guía en este proceso. Nos protegeremos con espejos. Guardaremos los secretos. 

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Tercer día del Zotalegun. Cielo despejado, -2º, viento suave del norte y un sol agradable que ayuda a reactivarse. Jornada dedicada a realizar tareas hogareñas, avanzar en trámites administrativos y concluir proyectos pendientes. Las comunicaciones e intercambios comerciales se han dinamizado. Marzo, por tanto, será tiempo de reorganización doméstica, consultas a asesores o expertos, realizar transacciones en los negocios o colaboraciones profesionales, finalizar antiguos proyectos e impulsar nuevas iniciativas tras un periodo de reflexión y planificación. Los tránsitos de Mercurio, Marte y Venus harán que esta época resulte muy favorable para plantearse un cambio de rumbo, renovarse en algún sentido o plantar las semillas para lograr una mayor prosperidad. Asimismo, tendréis opciones de realizar actividades al aire libre o viajes cortos.

En algunos casos, supondrá un tiempo de mayor conexión o intimidad con vuestra pareja, especialmente si tenéis una relación estable. En el caso de estar soltero/a, es posible que se abran nuevas oportunidades en el amor. También será un buen momento para organizar reuniones con amigos.

A nivel mágico, los protagonistas serán los espíritus del hogar, que aumentarán su actividad en estas fechas y a los que tendréis que mantener ocupados impulsando esa prosperidad que deseáis manifestar. En caso contrario, revolucionarán vuestra casa. Es importante hacer una limpieza energética a fondo en luna nueva y aprovechar el tránsito de la luna creciente a llena. El gato actuará como animal guía. El número de fortuna será el 9 (3 veces 3), que representa la multiplicación de los bienes o la abundancia.

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 Cuarto día del Zotalegun. Cielo despejado por la mañana, algunas nubes al mediodía y nublado a última hora de la tarde (con sensación de humedad). 2º centígrados, aunque a lo largo del día ha subido la temperatura hasta una máxima de 14 grados. Viento ligero del Noroeste. Así pues, la meteorología en abril, como suele habitual, será cambiante.

Día de trabajo y de hacer recados. Después de invertir bastante esfuerzo en los proyectos, en abril se empezarán a conseguir algunos resultados y se irá reconocimiento vuestra labor profesional. Para los que encuentren un nuevo empleo, realicen alguna formación o comiencen una iniciativa empresarial, será un periodo de adaptación que exigirá concentración y determinación, aunque en algunos momentos os encontréis inseguros, dispersos y con necesidad de un descanso. Es posible que recibáis algunas ofertas de colaboración o que alguien llegue con alguna propuesta. Analizad bien los fundamentos y estad atentos a los detalles, pues tal vez no sea lo que aparenta o directamente no os conviene establecer alianzas con esa/s persona/s. También podéis recibir invitaciones para fiestas o eventos sociales, que exigirán vuestra mejor presencia.

Resultará beneficioso que hagáis una pequeña escapada en solitario, con amigos o vuestra pareja a un lugar donde podáis relajaros, preferiblemente en la naturaleza o en un lugar aislado del mundanal ruido. Cuidad la espalda y ,si hacéis deporte o actividades de montaña, vigilad los tirones o contracturas musculares. Si padecéis alergias, buscad remedios para paliar los síntomas, ya que podríais sufrir algunas complicaciones.

Buena época para concebir si estáis buscando aumentar la familia o para hacer actividades con niños. En algunos casos, podéis enteraros de que os habéis quedado embarazadas o que alguien cercano lo está. Y en caso de que no busquéis hijos/as, disfrutad de la sexualidad.

A nivel mágico, los espíritus elementales y de la naturaleza retomarán sus labores y, en algunos casos, estarán un tanto revolucionados. Los espíritus del agua se mostrarán especialmente receptivos a vuestras peticiones, pero los espíritus del aire os pueden dar algún que otro quebradero de cabeza. Si no les prestáis atención, es posible que os molesten u os lancen alguno de sus dardos feéricos.

Los animales protectores para esta época serán el gallo y las ocas. El número de fortuna será el 2 o los múltiplos de 2.

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Quinto día del Zotalegun. Cielo despejado, 2º, aunque la sensación térmica era de menor temperatura. La máxima ascendió a 10 grados. Viento suave del Noroeste.

Día de finalización de preparativos. Si organizáis algún evento o vais a lanzar un nuevo proyecto en mayo, estaréis retocando detalles hasta última hora y puede ser un poco estresante, pero valdrá la pena. Gracias a que aumentaréis vuestra visibilidad pública y acudiréis a reuniones sociales, podréis encontrar nuevas oportunidades laborales, realizar intercambios profesionales, aumentar vuestros ingresos, hacer contactos interesantes y que os surjan pretendientes/as. También es posible que os reencontréis con algún familiar o amistad del pasado y que resolváis alguna conversación pendiente. Por último, alguien (o el universo) os hará un regalo inesperado que os alegrará.

Los estorninos regresaron por el Oeste, con su danza fúnebre hacia el Este. Mayo puede reactivar los conflictos bélicos o los atentados y volverán a producirse muchas muertes.

Aquellos que padezcáis enfermedades respiratorias o alergias, podéis sufrir algunas complicaciones. Cuidad la garganta y la manera en que comunicáis. No os calléis o guardéis cosas por decir, porque tal vez no tengáis otra oportunidad de clarificar ciertos asuntos o pueden agravarse algunas situaciones, haciendo que el cuerpo somatice esa represión. Luchad por lo que es vuestro y por lo que queréis conseguir.

Buen momento para tratamientos de belleza, perder peso y poner más atención en vuestra imagen, aumentando vuestro atractivo personal. Dedicad también tiempo al estudio, la actualización y la lectura, ya que ampliará vuestras miras y alternativas. Igualmente, será una época bastante creativa, especialmente para las personas con habilidades artísticas.

La bruja destacará como figura mitológica durante este mes. El número mágico será el 8, representando la conexión entre ciclos, el eterno retorno y la transmutación. El color azul se impondrá. El agua danzará con el fuego y forjará una nueva espada.

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Sexto día del Zotalegun. Cielo despejado, -1º y baja sensación térmica por la influencia del viento del Norte, aunque la tibieza del sol contrarrestaba el frío e invitaba a un agradable paseo. Junio tal vez sea menos caluroso de lo esperado, pero permitirá realizar actividades al aire libre.

Comida en familia al mediodía, reunión con los amigos a la hora del café, sesión de terapia por la tarde para restaurar algunos desequilibrios y cena de reencuentro por la noche. Las temáticas para Junio serán la reconexión emocional o la reconciliación, la sanación o relajación tras un período de estrés, la celebración de la amistad o de proyectos cooperativos, la atención o cuidado a nuestros seres queridos y la recepción de regalos inesperados o la cosecha de resultados.

A nivel espiritual, dos guerreros de dos culturas y épocas diferentes se manifestaron en sueños para otorgar sus conocimientos, fortaleza, valor, honor y alentar la defensa de causas justas. Ambos me recordaron la necesidad de custodiar o defender el territorio, de proteger a nuestros seres queridos y la lucha por nuestras convicciones o por lograr nuestros objetivos.

El número de fortuna será el 6 y la carta de tarot el 6 de bastos, representando triunfo tras superar desafíos o dificultades. El animal de poder será el caballo y el elemento destacado el fuego. Aprovechad la energía del solsticio de verano para renovar vuestros propósitos y seguir impulsando vuestros proyectos con determinación.

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Séptimo día del Zotalegun. Cielo despejado, sol radiante, 0º, aumento de la temperatura, viento suave del Noroeste y salidas al aire libre. Julio será un periodo estupendo para disfrutar de unas merecidas vacaciones o encontrar momentos de relax en una terraza, charlando y riendo con las amistades.

Me levanté temprano y con energía, estuve socializando con la comunidad y conociendo mejor los productos ecológicos de mi zona a través de los comerciantes locales. Auguro una buena cosecha de frutas y verduras y una mayor concienciación hacia la sostenibilidad ambiental.

Julio será una época importante para cuidar la dieta y tomar mayor conciencia de nuestros hábitos. También será un tiempo favorable para incentivar la creatividad o impulsar proyectos artísticos. Julio también se percibe como un período para reforzar vínculos con las amistades y los vecinos, explorar distintos lugares dentro de la región o territorios colindantes o hacer viajes para expandir nuestras miras. Las comunicaciones se producirán con fluidez y se promoverá el intercambio de ideas.

A nivel mágico, cabe destacar el papel de los pájaros como animales mensajeros. La lavandera blanca se presentó varias veces en lugares diferentes, siempre cerca de árboles sagrados (olivo, sauce,roble…), lo cual indica protección. Este tipo de ave está conectada a espíritus femeninos de la naturaleza y a deidades del amor. Es un buen presagio en las relaciones amorosas, familiares, amistosas y vecinales. También puede traer noticias de un nacimiento o un compromiso. No obstante, si tenemos en cuenta que este pájaro emigra a lugares estratégicos, especialmente a zonas al borde de ríos o de la costa, podría sugerir la búsqueda de un nuevo asentamiento en un lugar más fértil y próspero. Si deseáis atraer el favor de estas entidades, entregad una ofrenda de miel.

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Octavo día del Zotalegun. Cielo despejado, sol radiante, viento muy suave del oeste, 1º por la mañana, ligera subida de las temperaturas al mediodía. Buen día para relajarse al sol y realizar actividades al aire libre.

Agosto será un mes caluroso, como de costumbre, pero menos sofocante que el pasado verano. Será un tiempo de liberación y sosiego, ideal para pasar las vacaciones en una zona rural o al borde del mar. También de replanificación, especialmente si os planteáis un cambio de trabajo o de domicilio.

Una pequeña bandada de golondrinas apareció en el cielo, volando de este a noroeste. En algunos casos, esta será la dirección hacia donde os desplazaréis, bien sea para vuestras vacaciones o para trasladaros a otro lugar. En ese viaje, iréis acompañados de vuestra pareja, familia o amistades cercanas. En otros casos, la golondrina simbolizará la emancipación, la renovación, la exploración de nuevos horizontes o un proceso de expansión. También es un buen augurio en lo que respecta a encontrar una mayor armonía y abundancia.

A finales de mes, las comunicaciones se reactivarán y os llegarán ofertas, posibilidades de intercambio, colaboraciones profesionales y nuevas oportunidades laborales. Los que comencéis un ciclo, requerirá un tiempo de adaptación necesario, pero ese esfuerzo se verá recompensado con una mayor estabilidad a largo plazo.

Seguid atentos a los mensajes de las distintas aves de vuestro entorno. Escuchad a vuestros guías, que también os ofrecerán orientaciones. Haced caso a vuestra intuición y actuad con inteligencia. No perdáis de vista la panorámica general, pero fijaos en los detalles. El número de fortuna será el 10, que representará el final de una etapa para dar paso a otra nueva.

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Noveno día del Zotalegun. Cielo despejado, día soleado, 2º por la mañana y una máxima de 8º. Por la tarde, se empezó a nublar hasta dejar cubierto el cielo por la noche. La sensación de humedad retorna junto con el viento del Noroeste. La mitad de septiembre permitirá disfrutar de actividades al aire libre, pero especialmente la última semana se atisba nubosa y lluviosa.

Día intenso de trabajo y así se percibe que será el mes de septiembre: una vuelta forzosa a la rutina que nos impondrá ritmos frenéticos. Las comunicaciones también se tornan frenéticas, aunque los intercambios comerciales se verán favorecidos. Es posible que a finales del verano se produzcan rupturas de pareja, conflictos con amistades, tensiones en el mundo laboral (que en algunos casos pueden acabar en despido o renuncia) y dificultades para impulsar nuevos proyectos o cumplir plazos. En el caso de que acontezca un cambio en la trayectoria profesional o vital que implique un cambio de domicilio, será un mes de adaptación al entorno que traerá bastante estrés. Los hábitos también habrán de acondicionarse a esta nueva situación y podréis sufrir algunos trastornos digestivos o del sueño, además de sentir una mayor tensión en las cervicales. En el caso de que familiares o amigos hayan quedado atrás en el proceso, sentiréis cierta melancolía, aunque a finales de mes empezaréis a entablar relación con vecinos o nuevos grupos con los que compartir intereses.

El animal guía de esta etapa será el oso para entregaros su fortaleza, su resistencia, su sentido de lucha por la supervivencia, el poder del conocimiento interior y su espíritu territorial para marcar vuestros límites en un ambiente nuevo, que en ocasiones os causará inseguridad y os hará poneros a la defensiva. Tendréis que resistir la tentación de comportaros de forma agresiva o caótica ante la incertidumbre, pero si lo lográis, os asentaréis con éxito. Si flaqueáis, el oso os ayudará a restaurar vuestra salud. Entraréis en un segundo estadio del cambio de forma y también podréis profundizar en el conocimiento de las plantas, utilizándolas con objetivos medicinales y mágicos. Los espíritus escondidos en las setas también colaborarán con vosotros/as para otorgaros nuevos conocimientos en la tierra del ensueño. El número de fortuna será el 13.

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 Décimo día del Zotalegun. Cielo cubierto, de un gris intenso. Niebla en la montañas y lluvia persistente en el valle. Viento del Suroeste. En algunos momentos, el loco viento del sur arremolina las nubes en forma de espiral y genera una sensación de desasosiego. Por la noche, estalló la tormenta. 4º de mínima y 10º de máxima. Octubre será un mes muy revuelto y no sólo a nivel meteorológico. El tiempo de desgobierno se hará sentir tempranamente.

Día intenso de trabajo, con cambios improvisados de agenda. Percibo a la gente agitada, inquieta, temerosa, indecisa. En algunos casos, esa tensión explota y pagan contigo su frustración interna o el malestar con su situación. Afortunadamente, hay otros que se acercan a ti con una actitud más resiliente, buscando apoyo, pero con ánimo de gestionar de forma autónoma su caos interior o algunos aspectos de su sombra. Lo que antes parecía cierto y seguro, dejará de serlo. Habrá personas que acepten las mareas y el devenir, consiguiendo una mejor adaptación al entorno; mientras que otros que se resistirán activamente al cambio, provocando su hundimiento.

Grandes torres caerán en octubre. Veo el desplome de negocios aparentemente rentables y exitosos y el desmoronamiento de ciertas estructuras sociales. La justicia se cernirá contra los avaros y los corruptos. Habrá manifestaciones y revueltas en las calles. Percibo el clima de descontento general, las ansias de rebeldía y la explosión de conflictos por largo tiempo soterrados. Distintos grupos de aves volando en grupo y en fila desde el Norte hacia el Sur, huyendo de la tormenta en el horizonte, me sugieren que las diferencias entre las dos franjas del planeta se agudizarán. Y será insostenible. Habrá nuevas oleadas de emigración, algunas de ellas forzosas. El caos nos azotará, de un modo u otro, a todos/as, sin piedad. Unos se volverán más fuertes en el proceso y otros perderán su falsa seguridad. Las tornas se invertirán.

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Los dragones volverán a caminar sobre la tierra y con su aliento ardiente arrasarán ciertos territorios. El extremismo se acentuará y algunos lucharán improductivamente contra molinos de viento. Los hombres de astucia se alzarán y la naturaleza salvaje volverá a expresarse. Pagaremos el precio de nuestros abusos contra la Madre Tierra y nuestros semejantes.

La araña que teje su tela será el animal guía que represente la gestación de este periodo convulso. Ella nos recordará las consecuencias de nuestras elecciones y que dentro de las redes del destino estamos todos conectamos, influyendo en la vida de otros/as. Deberemos asumir la carga de esa responsabilidad. La tela de la araña representa la nueva estructura: aparentemente frágil, pero tremendamente resistente. También simboliza la protección contra las tormentas. Podremos aprender de su evolución, sabiduría y persistencia. Asimismo, promoverá procesos de incubación en el mundo de los sueños. Atendamos a las señales de creación y destrucción. Aprenderemos a atrapar las nuevas oportunidades que aparecen en las encrucijadas. Será momento de hacer trabajos de hilado. Las mujeres tejeremos elementos de apoyo y redes de colaboración. Ayudaremos a nuestros compañeros a entender mejor que la naturaleza es cíclica.

El arcano que representará este estadio será La Torre y los números de poder serán el 16 y el 19.
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Onceavo día del Zotalegun. Cielo nublado, mañana lluviosa, pero después de la tormenta surgió un precioso arcoiris. La tarde osciló entre nubes, movidas por el viento del Noroeste, y momentos en los que se asomaba el sol. La temperatura mínima se mantuvo y la máxima ascendió a 12 grados. Al atardecer las nubes tomaron un tono rojizo, como de sangre diluida en el cielo. La primera mitad de noviembre será un tanto desapacible pero la segunda parte del mes será más cálida que de costumbre. La tierra se mantendrá bastante fértil y se recogerán los últimos frutos del otoño.

La primera parte de noviembre será un mes de imprevistos, altibajos y duelos: personales, amorosos, profesionales, socio-políticos. Afortunadamente, en esa zozobra, surgirán inesperados gestos de solidaridad y apoyo de personas cercanas y desconocidas. Intenso trabajo en las profesiones sanitarias, los servicios sociales y las asociaciones no gubernamentales para intentar compensar los desequilibrios personales y las injusticias sociales. No obstante, no siempre se puede actuar como un héroe o rescatar a quienes se encuentran al borde del precipicio. Sin embargo, se paliará mucho dolor, aunque no se puedan evitar ciertas tragedias.

La segunda parte del mes será menos intensa, pero el cansancio acumulado hará mella. Algunos planes de ocio se verán cancelados o las reuniones sociales serán menos estimulantes. En algunos casos, también se producirá cierto distanciamiento con algún miembro de la familia. No será un buen momento para hacer inversiones y conviene ahorrar en la medida de lo posible. Habrá que atender a la sensación de fatiga, decaimiento emocional, los desbalances metabólicos y los problemas del sueño.

A nivel místico, Urtzi, el dios de la tormenta tomará protagonismo. Él continuará sacudiendo los cimientos del mundo, fortaleciendo las voluntades, castigando a los inmorales y premiando con abundancia la constancia. Después de la batalla, una paloma mensajera, traerá un periodo de tregua y paz fugaz. El número de poder será el 11.

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 Doceavo día del Zotalegun. Cielo parcialmente nublado, lloviznas intermitentes, momentos fugaces de sol entre las nubes, atardecer rojizo, progresivo oscurecimiento que acaba ocultando la luna y trayendo nieve a las montañas por el cambio del viento del Norte. Temperatura suave por la mañana, aumento de la máxima al mediodía y descenso de la temperatura por la noche. Diciembre supondrá el inicio de un invierno tardío, en el cual se extiende el otoño.

Mes de revisión, de saldar cuentas pendientes y de regreso a las raíces. Tiempo de recogimiento, profundizando en la lectura, el estudio, la meditación o la actualización profesional. Viejos amigos retornarán y se establecerán nuevos contactos que traerán autoconocimiento, sabiduría y el inicio de un cambio profundo. La creatividad estará en alza. En el ámbito económico, se producirán algunas pérdidas. Las tareas administrativas y las responsabilidades personales se harán pesadas.

Época de misterios revelados en la intimidad o bajo la luz de las estrellas. Reconexión con la espiritualidad, intensa devoción hacia lo sagrado y satisfacción interior al avanzar en esa búsqueda secreta. Vuelos mágicos junto a los antiguos poderes en la noche de los tiempos, aunque será necesario protegerse de ciertas energías caóticas que acecharán en los rincones. Sueños y visiones de un futuro utópico, que desea abrirse paso a pesar de la resistencia de las estructuras materialistas.

Bajo el dominio de Gaueko, el cuervo portará los mensajes de los difuntos, la corte feérica del invierno y los espíritus de la naturaleza salvaje que componen la Cacería Nocturna. La Dama, vestida con sus galas y derrochando encanto, otorgará regalos a sus fieles servidores/as. El Maestro sacará su guadaña para cortar los últimos hilos de falsas seguridades y hacernos libres. El número de poder será el 5. 

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 * Webgrafía de las fotografías utilizadas:

La fotografía de portada es de mi autoría

http://www.loboswiki.com/lobo-negro

http://meditacionesdelascumbres.blogspot.com.es/2014/01/montanas-sagradas-en-el-pais-vasco-y-su.html

http://www.museumsincornwall.org.uk/Museum-of-Witchcraft-and-Magic/Cornwall-Museums/

“Conspiring with the damned” de Brian Froud

http://baiesanturtzi.blogspot.com.es/2011_11_01_archive.html

http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es/2015/07/las-salvajes-rudas-y-belicosas-tribus.html

http://www.unzooencasa.com/2012/12/lavandera-blanca-motacilla-alba.html

http://palmasamigas.blogspot.com.es/2014/08/las-golondrinas-poema-de-alfonsina.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/medio-ambiente/generalitat-soltara-nuevo-oso-alfa-pirineo-2015-3287732

http://astrolive.overblog.com/le-tarot-de-marseille

http://wiccanmoonsong.blogspot.com.es/2014/05/the-spider-as-your-totem.html

Descubre la Religión PAGANA Vasca que fue ERRADICADA por las creencias CRISTIANAS

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Neguburu zoriontsua!

Originalmente, los vascos dividían el año en dos estaciones: invierno (“negu”) y verano (“uda”). El invierno se concebía como una estación sombría y fría que se encontraba bajo el dominio de la luna nueva (que se traduciría como “noche oscurecida” del euskera) y el espíritu del viento del norte (“Ipar”), el cual solía traer neviscas. No obstante, también se asociada al fuego (“su”), al dios Sugaar, al calor del hogar (“bero”), a la fragua (“sutegi”), al hierro (“burdina”) y a las salamandras (“arrabioak”). Dentro de esta época, la festividad más destacada es el Solsticio de Invierno (“Eguberri”, “Neguburu”).

En el solsticio de invierno se celebra el retorno de Eguzki, la Diosa Sol y se encienden hogueras, tanto en las casas como en los límites de los campos o bosques. En ellas se quema lo viejo (ropas, utensilios, objetos personales, etc) y, en algunas localidades, se celebran meriendas campestres (“basaratoste”, kanpora martxo”) en las que se cuentan leyendas y se entonan villancicos.

La “tea de Nochebuena” (“Gabonzuzi”, “olentzeko-enbor”) es uno de los símbolos sagrados más destacados en esta fecha. Se trata de un tronco, habitualmente de haya (árbol sagrado de Mari), que se enciende en Nochebuena y a veces se deja encendido hasta Nochevieja. En lugares como Llodio o Salvatierra, se encienden tres troncos en lugar de uno: uno representa a Dios (en sustitución de Sugaar), otro a María (en sustitución de Mari) y otro a la familia (en sustitución de los antepasados). Con el fuego del “gabonzuzi” se prepara la cena de Nochebuena y las cenizas se usan para bendecir a los animales o para esparcirlas en el campo a fin de ahuyentar el mal. Igualmente, con estas cenizas se pueden fabricar talismanes de protección. Según la creencia popular, si el tronco se apagaba, alguien de la casa moriría antes de la Navidad siguiente, de modo que se ponía cuidado en vigilar el fuego.

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En Cataluña, al igual que en Euskadi y otras regiones de Europa, también se han conservado ritos relacionados con los antiguos cultos animistas a los árboles. Aparte de adornar el típico abeto o pino, se ha mantenido la tradición del Tió. El Tió era un tronco que se quemaba en la chimenea de la casa con fines similares a los que encontramos en los hogares vascos. Posteriormente a este tronco se le han añadido ojos, nariz, boca, dos ramas traseras que hacen de patas, una “barretina” y una manta como vestido. A partir del 8 de diciembre, se empieza a “alimentar” a este personaje con frutas, hortalizas o restos de comida y el 24 de diciembre se le apalea con una vara de madera para que “cague” dulces o regalos.

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Otra de las tradiciones que ha permanecido viva en la región vasco-pirenaica es bendecir el pan de Nochebuena (“Gabon-ogi”, “Ogi salutadu”, “Ogi mehe“), haciendo la marca de la cruz y besándolo. Después se corta un pedazo y se pone bajo el mantel de la cena. A continuación, se guarda en un armario o en un cajón de la casa para garantizar la salud de todo ser que habite en ella (personas, animales, plantas). Algunos aún creen que sirve para aplacar el mar embravecido, protegerse de las crecidas de los ríos y evitar el pedrisco. Otra costumbre que podemos vincular con la brujería es la costumbre de tejer en Nochebuena prendas en las cuales se pone la intención de que sirvan de protección contra el mal de ojo, ya que al hilo entrelazado en esta época del año se le atribuye un poder mágico especial (se teje con más intensidad entre el solsticio de invierno y nochevieja).

El personaje mitológico y folclórico más destacado en estas fechas es el Olentzero, que a veces va acompañado de su esposa Mari Domingi (una representación de la diosa Mari). Algunos autores apuntan a que su etimología proviene de “Onentzaro” (tiempo de lo bueno), mientras otros consideran que está relacionada con el “olentzero-enbor” (tronco de navidad).

Según las viejas usanzas, durante doce días, los difuntos y otros seres sobrenaturales emergen en busca de la luz y el calor del tronco que crepita en el hogar. Algunos de esos espíritus pueden procurar protección a las familias si se les hace alguna ofrenda. Esta búsqueda de protección enlaza con la versión amable del Olentzero, el cual es representado como un hombre grande, bonachón, glotón, al que le gusta mucho el vino (recordando la imagen de un gentil o gigante). Habitualmente, se hacen muñecos de paja del Olentzero y luego se queman en el fuego para simbolizar el paso de lo viejo a lo nuevo. No obstante, en algunos lugares de la geografía vasco-pirenaica, se le representa como un ser con ojos rojos, cara manchada de negro, boina, pipa, una hoz y un ramillete de árgoma o brezo (planta usada para avivar el fuego del hogar). Se dice que, si encuentra la chimenea sucia o ve a un niño travieso, corta cabezas con su hoz. Esta versión “oscura” del Olentzero se asemeja a los “krampus” nórdicos y a los “kallikantzaroi” griegos.

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La Nochevieja (“Gabonzar”) es otro de los momentos clave del periodo invernal. Además de pasar la noche en familia alrededor del fuego, era costumbre salir a buscar agua a ciertas fuentes que eran consideradas sagradas. Este agua se guardaba y aún se guarda para usarla con fines medicinales y mágicos el año siguiente.

Por último, cabe destacar la importancia que se le otorgaba al día de Año Nuevo (“Urteberri”) y a los doce primeros días del año, ya que servían como orientación para predecir la climatología de los doces meses siguientes y como oráculo para anticipar algunos acontecimientos vitales (“Zotalegun”). En algunas localidades, no obstante, se considera también “Zotalegun” los 24 días de agosto, cuyo tiempo anuncia cómo serán los meses del año siguiente. Habitualmente se interpreta que la situación meteorológica del primer y decimotercer día indican la tendencia que reinará durante el mes de enero; la del segundo y decimocuarto día, el tiempo que hará en febrero, y así sucesivamente.

 

La fotografía utilizada como cabecera del texto es una imagen de Amboto nevado que pertenece a Igertu, un montañero cuyo blog es: http://igertu.blogspot.com.es/2007/04/20070127-anboto-1331m-invernal.html

 

Har har, hou hou, hemen etan, hemen etan

Tras haber realizado una introducción al tema de la brujomanía y la brujería histórica en el País Vasco, Navarra y otras regiones colindantes de la franja pirenaica, continuaremos analizando la deformación progresiva de las creencias paganas originales bajo la óptica del cristianismo durante la Edad Media y la Edad Moderna. Esta vez, nos apoyaremos en canciones del folklore que se han asociado a cánticos sabáticos o relacionados con las antiguas reuniones de brujos/as.

El primero de ellos fue registrado por el demonólogo Jean Bodin (1529-1596), el cual afirmaba que no había ninguna reunión de brujas donde no se cantara, bailara y saltara mientras se recitaba, levantando las manos y las escobas:

“Har, Har, diabole,

sali huc, sali huc,

lude hic, lude illic;

Sabbath, Sabbath”

Su traducción sería:

Jar, jar, diablo,

salta aquí, salta allá,

juega aquí, juega allá,

Sabbath, Sabbath.

Esta variante en latín fue extraída probablemente de una versión popular francesa, que se extendió después por Bretaña y Gales y que, más tarde, Margaret Murray rescató en su libro “The God of the Witches” (El Dios de los brujos):

“Har, har, hou, hou,

danse ici, danse là,

joue ici, joue là”.

Esta versión francesa provenía de una canción vasca que sufrió varias transformaciones, las cuales dieron lugar a cambios en su sentido original, derivando en interpretaciones satánicas. La canción original rezaba así:

“Har, har, hou, hou, 

hemen etan, hemen etan.

Har, har, hou, hou,

Iona Gorri, Iona Gorri,

Akerra beiti, Akerra goiti”

Los términos “har” y “hou”, respectivamente, podrían relacionarse con los determinantes alomorfos “har/hura” (aquel/la), “hau/hon” (este/a) y “horr/hori” (ese/a), aunque tampoco podemos descartar las derivaciones fonéticas de los demostrativos “han” (allí) y “hor” (ahí), teniendo en cuenta el sentido de la canción.

Por su parte, “hemen” y “etan” provendrían de “hemen eta han” (aquí y allá). Seguidamente, la canción menciona a “Iona Gorri” (La Señora Roja), uno de los sobrenombres por los cuales se conoce a Mari. Por último, “Akerra beiti, akerra goiti”, significa “la cabra/cabrón arriba, la cabra/cabrón abajo”, pudiendo hacer referencia al animal como una de las representaciones totémicas de la Gran Madre de los vascos, o bien de Akerbeltz como compañero de la Dama. En cualquier caso, en la canción original, la protagonista es Mari, no Akerbeltz o el macho cabrío negro.

Existe, no obstante, una variante más moderna de esta canción en la cual se cambia el término “Iona/Yona” (Señora) por “Jauna” (Señor) y se introduce una posible deformación del dios Jano, quien pasó a convertirse en Janicot (“Pequeño Juan”). Little John o Petit Jean era el compañero de Robin Goodfelow, más conocido como Robin Hood o Robin de los Bosques en los países célticos, anglosajones y la Bretaña Francesa. Por su parte, la figura de Robin (que significa “petirrojo” en inglés) se relaciona con el dios Bucca (o Puck) de la tradición córnica.

“Har har, hou hou!
Eman hetan!  Eman hetan!
Har har, hou hou!
Janicot! Janicot! Janicot! Janicot!
Har har, hou hou!
Jauna Gorril, Jauna Gorril,
Akhera goiti, Akhera beiti”.

En esta versión podemos apreciar que se hace referencia a “Jauna Gorril” o “Señor Rojo”, a quien muchos consideraron un término simbólico o apodo para referirse al Diablo cristiano y no a una deidad relacionada con la naturaleza salvaje o los bosques. Curiosamente, el “Señor Rojo” es una figura que encontramos en otras mitologías. Por ejemplo, entre los mayas, Q’il o Chac Ahaw era un dios dador de vida, relacionado con el sol y los misterios de los solsticios y equinoccios. Por su parte, Quetzalcóatl, bajo su aspecto de Ehecáltl, era considerado el númen del viento nocturno, pintado de rojo y negro, que estaba asociado a la mitad del cosmos dominada por la oscuridad y las estrellas. Dentro del panteón náuatl estaba Tlatlauhqui Tezcatlipoca o “Espejo rojo que humea”, una deidad de oscuro origen y cruel naturaleza que fue adorado por tlaxcaltecas y huejocincas y que, más tarde, fue honrado en otros lugares de Mesoamérica con el nombre de Xipe Totec o “Señor Desollado”. En las creencias hindúes, Iama, el dios de la muerte y señor de los espíritus de los difuntos, también es representado con ropajes de color rojo. Incluso, en la famosa serie “Juego de tronos”, existe un Dios Rojo, conocido como el “Señor de luz” o “Corazón de Fuego”, que podemos relacionar con las distintas manifestaciones que se han mencionado.

Por su parte, Margaret Murray, relaciona el término “Hou” de la canción vasco-francesa, como una referencia a un dios galo prácticamente desaparecido de la región de Guernsey, conocido como Hu Gardarn o Hu “The Mighty”, aunque recibía otras denominaciones como Brecq-Hou, Jet-Hou o Li-Hou. Esta entidad apareció en textos escritos en el S.XV y también fue asociada al Diablo. Murray sugiere que “Hou” podría ligarse al vocablo galés “Haro” que se utilizaba para solicitar ayuda ante una injusticia. Después, la autora, intenta asociar a esta divinidad con Puck y Robin. No obstante, su particular interpretación no podría aplicarse al ámbito vasco, ya que en euskera el término tiene otro significado y dentro de la canción original ya se hace referencia a númenes locales.

Otra cuestión que me gustaría apuntar es que, en páginas de brujería norteamericana, se ha extendido una traducción errónea de la canción mencionada, introduciendo elementos totalmente extraños y descontextualizados como el “gusano blanco” o los “ancianos”. Si queréis leer la traducción al completo que se ha hecho en estos círculos, podéis consultar el siguiente enlace: http://afwcraft.blogspot.com.es/2011/07/treading-mill.html

Otro aspecto que quisiera destacar respecto a la famosa canción “Har,har,hou,hou”, es que podemos encontrar unos versos de Shakespeare dentro de su obra “A Midsummer Night’s Dream” (Sueño de una noche de verano) en los cuales observamos una réplica de la misma, en la cual la figura del Goblin sustituye a una entidad que en otro tiempo tuvo la categoría de Dios y no de Duende:

“Up and down, up and down.

I will lead them up and down:

I am feared in field and town:

Goblin, lead them up and down”.

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 Otra curiosidad a señalar, que podría tener (o no) alguna vinculación con alguna de las versiones de esta canción vasca, es que existía una fórmula entre los cazadores franceses que dirigían a sus galgos cuando los enviaban a atrapar a los lobos. Los versos dicen así:

“Après l’ami, après harout,

har ut hali, hou, hou,

harloup, harloup”

La incógnita que me surge es si estos versos podrían asociarse con la extendida creencia en los hombres lobo (“garou”) y la capacidad que se atribuía a los/as brujos/as de cambiar de forma.

Otra cuestión a debatir es si realmente la canción “Har, har, hou, hou” se utilizaba en coventículos o simplemente era una rima que se tarareaba en fiestas populares por su ritmo, sonoridad y su carácter pegadizo. En cualquiera de los casos, estoy convencida que su repetición dentro de danzas circulares y bajo los efectos del alcohol u otras sustancias psico-activas, tenía el potencial de llevar al éxtasis o al trance y propiciar prácticas de vuelo del espíritu.

Ahora pasaremos a analizar otras canciones populares que hacen referencia al Señor que adoraban los/as brujos/as y a sus reuniones heréticas. Una de ellas es “Hiru piztiak” (Las tres bestias), que ha sido interpretada por grupos como “Alboka” o artistas como Mikel Márquez:

“Bildots kantaria naiz
egiten dut hozka
Hautatuen etxean
den zakur berdexka.

Lotu nazazu edo
Joango naiz ihesi,
Ez zaitut behar baina
Ez nazazu utzi.

Indioilarra aina
Banaiz ni kantuan,
Arratoia bezala
Beti izkutuan.

Nireak ohoreak
Lanak besteenak,
Sei hizkuntza dakizkit
Erdipurdi denak.

Sartaldeko Printze naiz
Zerbitziarekin,
Mila opari ditut
Zertako ez jakin!

Arrazoi txukunei gor
Noa galbidean,
Behintzat azkarrena naiz
Tontoen artean.”

 Su traducción sería:

 Soy el cordero que canta,

mordiendo en la casa de los elegidos;

soy el perro verde: átame o huiré.

No te necesito, pero no me dejes

cantando como el pavo,

siempre escondido como la rata.

Para mí son los honores,

el trabajo para los demás;

sé hablar seis idiomas,

todos mal que bien.

Soy el Príncipe del Este,

con sirvientes, traigo mil regalos.

¡No sé para qué!

Sordo a las razones prudentes,

voy por el camino de la perdición,

al menos soy el más listo entre los tontos.

Esta canción presenta a un dios de los brujos que ya ha sido asimilado al Diablo cristiano, aunque mantiene algunas de sus características totémicas originales (forma de chivo y perro). No obstante, se le atribuyen otros rasgos relacionados con el demonio como la condenación de los fieles, la cobardía, la holgazanería, el hedonismo, el carácter alocado, el dominio de varias lenguas para encandilar a los humanos o el hecho de tener sirvientes a los cuales otorga dones o regalos.

Otra canción bastante conocida es “Emezortzi serore”, que podemos encontrar en el “Cancionero popular” de Resurrección Mª de Azkue:

“Emezortzi serore eta bortzemagin 
buruz arindu eta sartu dire sorgin,
uxta egiten dute larun bat gauerdin
erratz girtain gainean zaldiz doazanin.
Ujuju jupa labirulena jupa jupa beti
odei beltzen azpiti sasien gaineti.
Sorgin oroin Errege da Akelarren yarri
¡Jupa! erran dezagun beti bizi bedi.

Oilo beltz ederr orrek daukan egitea
emakume zarrenak sorgin biurtzea,
karakakak eginta aren arroltzea.
Ujuju jupa labirulena jupa jupa beti
jupa Manuel Antoni jupa zanpantzarri.
Sorgin oroin Errege da Akelarren yarri
¡Jupa! erran dezagun beti bizi bedi.”

La traducción sería:

El sábado por la noche

Cuando las doce dan,

Las brujas se reúnen y al aquelarre van

Montadas sobre escobas

A guisa de alazán,

Danzando por los aires,

Las lleva el huracán.

Ujuju jupa labirulena,

Esto sí que es gozar;

Arriba, pardas nubes,

Abajo, el matorral.

El rey del aquelarre

Ocupa su sitial,

¡jupa!, que viva siempre,

Cantemos sin cesar.

 

Esa gallina hermosa

tiene el don singular

de convertir en brujas

a las viejas del lugar:

coc, coc, coc, ella canta,

y es negra de color,

mas el huevo que pone

pierde pronto el calor.

Ujuju jupa labirulena,

Esto sí que es gozar.

¡Jupa! Manuela Antonia,

¡jupa!, al corro a danzar.

El rey del aquelarre

Preside ya el “batzar” (asamblea)

¡jupa!, que viva siempre,

Cantemos sin cesar.

En esta canción encontramos una referencia explícita al “akelarre” como lugar de reunión de los/as brujos/as y otros elementos prototípicos que han definido la imagen distorsionada que nos ha llegado de las prácticas de brujería de la Edad Media y la Edad Moderna. No obstante, hay algunos detalles a remarcar en esta canción. En primer lugar, se menciona el “larunbata”, el antiguo festival lunar de cuatro noches. También se establece como hora mágica la medianoche, que era el momento en que Gaueko, como deidad de la noche, iniciaba su dominio. Además, se establece una relación entre los/as brujos/as y su poder sobre la meteorología, que sí puede conectarse con una práctica existente en la tradición vasca y otras tradiciones de brujería europeas. Aquí se recoge igualmente la fórmula vasca para volar al Sabbath que exige pasar por encima de las zarzas y por debajo de las nubes. Asimismo, se menciona a la gallina o gallo que podía contrarrestar el poder de los/as brujos/as y otras criaturas de la noche. Por último, podemos señalar el uso de canciones y danzas extáticas y la idea de trazar el círculo girando alrededor de una hoguera o punto central.

Seguidamente, pasaremos a recuperar elementos de canciones folklóricas que se suelen cantar a los/as niños/as y que también nos remiten a las antiguas creencias vascas. Una de ellas es “Binbili bonbolo”. La canción en euskera dice así:

“Binbili-bonbolo
sendal lo.
Akerra Prantzian
balego,
akerrak kanta,
idiak dantza
auntzak
danboliña jo.”

La traducción sería:

Binbili-bonbolo
duerme bien.
Si el chivo en Francia
estuviera,
el chivo cantaría,
el buey bailaría,
la cabra
tocaría el tamboril.

Esta canción nos remite a las leyendas paganas locales y a la fuerte creencia politeísta-animista que existía entre los vascos. En ella se menciona al chivo como animal totémico asociado a Akerbeltz y se hace referencia a la extensión de su culto a los dos lados de los Pirineos. También se nombra al buey como una de las formas que podía adoptar la diosa Mari como representación de la abundancia (en sus cuevas se solían guardar pellejos de buey rellenos de oro), aunque encontramos historias posteriores que vinculan al buey con el Diablo como es el caso del cuento del “Becerro de oro”, narrado por Toti Martínez de Lezea en su libro “Leyendas de Euskal Herria”. Asimismo, existen bóvidos que son guardianes de cavernas o parajes sagrados como “Beigorri” (la vaca roja, asociada a Mari) y “Zezengorri” (toro rojo, relacionado con el Diablo). Además, en otras leyendas también se cuenta que las brujas podían adoptar la forma de bueyes rojos y de cabras, al igual que la Dama. Si hacemos una segunda lectura de esta inocente canción popular, podríamos pensar que se sugiere al niño que se duerma para poder viajar al Sabbath y encontrarse con estos animales míticos, que bien podrían ser brujos/as que han cambiado de forma y se reúnen para celebrar sus ritos.

Otra canción infantil que también esconde parte del conocimiento antiguo es “Bondolontena”:

“Bonbolontena, nere laztana,
ez egin lorik basuan,
aizteritxuak eramango zaitu
erbiya zeralakuan. Bo!”

La canción se traduciría de la siguiente manera:

Bonbolontena, querido mío,
no duermas en el bosque,
que el buitrecillo te llevará
como si fueras una liebre. ¡Bu!

En esta rima se advierte que no se debe entrar sin permiso a un territorio sagrado y que uno no puede exponerse a los peligros de los seres de la noche. También se menciona al buitre como otro de los animales vinculados a la diosa Mari, aunque recordemos que los/as brujos/as a menudo tomaban la forma de pájaros para volar al Sabbath.

Por último, quisiera mencionar una canción francesa de la zona de Loiret que pone de manifiesto la creencia en que el arcoíris (Ostadar/Ortzadar) era una manifestación del dios del cielo Ortzi o Urtzi, aunque hay quien lo trata como un númen aparte. En principio, se creía que el arcoíris era el cuerno o falo de Ortzi que fertilizaba la tierra o servía como puente para unir al Padre Cielo (Urtzi) con la Madre Tierra (Amalur). La canción dice así:

“Arc-en-ciel,
du pain, du miel,
je te coupe le cou
sans chandelle.

Arc-en-ciel,
mange ton miel,
soir et matin,
coupe ton chemin.” 

Su traducción sería:

Arcoíris,

pan y miel,

voy a cortarte el cuello

sin vela.

Arcoiris,

come tu miel,

tarde y mañana,

corta tu camino.

En esta canción apreciamos la realización de una ofrenda tradicional de pan y miel al númen. También se menciona la creencia de que no estaba permitido pasar por debajo de un arcoíris y que éste cortaba tu camino, a no ser que fueras demasiado osado/a y decidieses correr el riesgo de entrar en el Otro Mundo o cambiar de sexo.

Esta tonadilla podemos relacionarla con otras canciones peninsulares que hacen referencia a las brujas y a su relación con la meteorología, así como con otras figuras asociadas a la práctica de la brujería. Una de esas canciones es la catalana “Plou i fa sol”:

“Plou i fa sol,
les bruixes es pentinen.
Plou i fa sol,
les bruixes porten dol.

Plou i fa sol,
les bruixes es pentinen.
Plou i fa sol,
les bruixes fan un ou”

Ésta se traduciría como:

Llueve y hace sol,

las brujas se peinan.

Llueve y hace sol,

las brujas portan duelo.

Llueve y hace sol,

las brujas se peinan,

Llueve y hace sol,

las brujas ponen un huevo.

De esta canción me gustaría destacar que las brujas catalanas se peinan como las lamias vascas, viéndose de nuevo conectada la figura de la bruja con entidades feéricas. Asimismo, el peine también es aquí una herramienta asociada a la práctica de la brujería, como sucede en el País Vasco. Por último, señalar la relación entre las brujas y los pájaros, ya que son capaces de poner huevos como éstos.

En Asturias también encontramos una versión similar a las dos presentadas anteriormente:

“Arco de veya,
revolve na terra,
col dido monín,
que nun chova por mín,
col dido pulgar,
que chova en el mar”

En esta rima observamos la vinculación del arcoíris con la fertilización de los campos y la posibilidad de desviar las tormentas con el poder de la voluntad, que es ejercido a través del dedo pulgar. Además, existe un refrán castellano-leonés que indica que “cuando llueve y hace sol, la Vieja hace requesón”. Este dicho podemos conectarlo con la creencia vasca de que, si llovía y hacía sol en una zona de montaña, quería decir que Mari estaba en su cueva haciendo sus labores.

Todas estas canciones son una muestra más de la riqueza y el conocimiento encerrado en nuestro folclore popular y nos llevan a confirmar, una vez más, que el Diablo está en los detalles.

La fotografía que encabeza el texto se titula  “Akelarre” y su autor es Irkus M. Zeberio. La ilustración que se encuentra en el centro del artículo recibe el nombre de “Oberon, Titania, Puck with the Faeries dancing” y es obra de William Blake.