Ritos de renovación cósmica y augurios anuales

La Nochevieja (Urte-zahar) y el Año Nuevo (Urte-berri) están cargados de un profundo simbolismo, pues suponen una franja de finalización de un ciclo e inicio del siguiente. Dentro del folklore europeo se considera particularmente relevante el periodo de 12 noches que va desde la Nochebuena a la Epifanía, aunque en algunos lugares del norte del continente se tiene más en cuenta la docena que va desde Santa Lucía a Navidad. En cualquier caso, el número representa el conjunto de meses que componen el año solar dentro del calendario gregoriano. Siguiendo una correspondencia simbólica, este momento se destina a la regeneración del tiempo cosmogónico mediante diversos rituales populares de purificación, renovación y adivinación en distintas modalidades.

Recordemos que este lindero temporal situado en torno al Solsticio de Invierno suponía el apogeo de la época de desgobierno, donde entidades caóticas y terroríficas (incluyendo las brujas, los hombres lobo y las almas de los muertos) campaban a sus anchas por el mundo, diezmando aquello que debía ser eliminado y ajustando cuentas pendientes (recompensando o castigando) para garantizar el reequilibrado cósmico. Esta restructuración salvaje del orden establecido era necesaria para que pudiera producirse el renacimiento efectivo del sol y el reinicio de otra etapa de florecimiento y prosperidad posterior.

En Grecia, en estas fechas, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. En Roma tenía lugar la Saturnalia, en la cual se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. Durante estas festividades las jerarquías perdían su poder y se producía una inversión en los roles sociales. Asimismo, los excesos, las excentricidades, el libertinaje y cualquier actividad jocosa eran permitidos como expresión de esas fuerzas caóticas de la naturaleza. En época medieval, el “rey del desgobierno” tomó la forma del “abad del júbilo” o “rey del carnaval”.

Dentro de nuestro territorio encontramos reminiscencias de estas influencias greco-latinas en la denominada “fiesta de los obispillos” o “festa del bisbetó”, coincidiendo con el día de San Nicolás (6 de diciembre) o de los Santos Inocentes (28 de diciembre). En ella, un niño de entre 7 y 14 años, normalmente de condición humilde, era disfrazado con los ropajes y ornamentos propios de un obispo. En ocasiones, el obispo era acompañado de un par de canónigos o monaguillos que le servían de escolta, o bien por una comitiva compuesta por el resto de sus compañeros. Las niñas que se unían solían tener un papel secundario como cesteras o recaudadoras de las ofrendas recibidas. No obstante, en Larraona hay constancia de que el obispo iba acompañado por una reina vestida de blanco, al estilo de la doncella elegida para encarnar a Santa Lucía en los Países Nórdicos (imagen cristianizada de la Diosa Sól o Sunna).

El grupo realizaba parodias y cantaba coplillas burlescas de casa en casa, recibiendo comida o dinero a cambio de su actuación. Con lo recibido se organizaba una merienda y lo que sobraba se donaba a la iglesia o alguna organización de caridad. Existen registros más antiguos que atestiguan la bendición del hogar, los campos y las cuadras por parte del niño-obispo con agua bendita (a veces, también con hisopo), así como la costumbre de rezar por los difuntos de la casa. Además, en algunos pueblos se realizaba el “juego del gallo”. Quien ejercía de obispillo debía localizar al animal con los ojos vendados y darle unos toques con una espada de madera, como si fuera a matarla. Originalmente sí que se descabezaba al gallo para sacrificarlo y comerlo como parte del festín. En la actualidad esta tradición se ha perdido en muchas localidades y solo se preservan las cuestaciones con sus tonadillas.

Durante la Nochevieja en muchos lugares de Euskal Herria fue habitual, igualmente, despedir el año con gestos y frases burlescos. En Gorriti los jóvenes exteriorizaban su jolgorio con el repique continuo de campanas, que se prolongaban desde la medianoche hasta el alba. Cada vez que se turnaban para que el clamor no cesara, tomaban un trago de anís u otro licor que tuvieran a su alcance. En Artaza, los mozos aporreaban las puertas de las casas con palos de acebo y pellejos encendidos, mientras se pasaban una bota de vino y gritaban: “Año Nuevo, Año Viejo, que se termine el pellejo”. En Larraona eran los niños los que correteaban con los pellejos incendiados diciendo: “a quemar el culo al año viejo, con un pellejo viejo, viejo…”. En Araia se encendían hogueras en los altozanos de la villa y se repetía el lema: “erre, ipurdia, erre…” (quemar el trasero al año viejo).

Satrústegui asocia al Olentzero con esta personificación del tiempo en forma de anciano. En algunos pueblos de Navarra, Álava, Guipúzcoa, La Rioja y la comarca burgalesa de La Bureba, este personaje aparece como un gigante con tantos ojos o narices como días tiene el año. En Larraun, también se conoce al Olentzero como el “hombre de los 366 ojos” (año bisiesto). Marliave, por su parte, destaca al Ome deths Nases del folklore aranés, un ser monstruoso que pasa por los fogones de las casas en la noche del 31 de diciembre y pierde todas sus narices el 1 de enero. En otras zonas del Pirineo Catalán y Francés (Haute Ariège y Pays de Sault) aún hallamos referencias al Ome negra u Home negre (Hombre Negro). En otros puntos de la Península encontramos figuras similares como el Apalpador o el Pandigueiro gallego, L’Angulero astuariano, el Esteru cántabro o el Tientapanzas andaluz.

Otra costumbre muy extendida durante la Nochevieja es encender hogueras para quemar dentro de ellas ropa, calzado u objetos de los cuales uno desea desprenderse. Antiguamente, en Berriz solían recorrer los caseríos en busca de aperos de labranza que estuvieran estropeados y debían ser renovados para comenzar bien el siguiente ciclo agrícola. Dentro del hogar, en algunas localidades, también se quemaba el “tronco de Navidad” (Gabonzuzi, Sukileku, Txunbil, Xubilar, Txakurtegi, Baztarreko, Onontzaro-mokor…) en Nochevieja, en lugar de en Nochebuena, como ocurría en Olaeta. En Llodio, Salvatierra, Guinando, Arrieta y Desojo se mantenía el tronco ardiendo desde Nochebuena hasta Año Nuevo. En cambio, en Larraona, Elcoaz, Jacoisti, Larequi, Ongoz, Aristu, Eparoz, Ezcaniz y Zabalza, debía arder hasta el día de Reyes. A los restos o cenizas de este tronco se le atribuían propiedades mágicas como guardarse de las tormentas, protegerse contra la enfermedad o los maleficios, fertilizar los campos, bendecir a los animales domésticos y espantar a las brujas o los malos espíritus.

La Noche de San Silvestre (31 de diciembre) posee unas particulares connotaciones mágicas en varios lugares de la Península, especialmente en Cataluña, pues se cree que en esta fecha se reúnen las brujas. A pesar de que el territorio vasco-navarro se encuentra más arraigada la devoción a San Nicolás (o, en su defecto, San Gregorio), en Tierra Estella (Navarra) y algunas zonas de Vizcaya (Orozko, Galdames) se tenía la costumbre de hacer cuestaciones o romerías en la cima de un monte. En Barbarain se entonaba la siguiente canción para pedir el aguinaldo:

“San Silvestre

que nos libre de la peste.

Nos darán colaciones

para este noche.

Menderute, menderute,

en cada casa un almute,

mendrán, menderán,

en cada casa un cuartal.”

*Nota: el almute y el cuartal eran medidas de volumen en el Reino de Navarra. Un almute o saskito equivalía a 1.769 litros y suponía la cuarta parte de un cuartal. El almud también era un pequeño cajón de madera de 17 cm de lado por 9 cm de ancho que servía como recipiente, aunque existen danzas donde se baila sobre él.

El agua es otro de los elementos con gran simbolismo ritual en este momento. Además de tener la virtud de purificar, sanar o neutralizar el mal, posee una transcendencia esencial en la creación del mundo, en la regeneración de la vida y la fertilidad. Tanto las aguas del firmamento como las represadas en los mares y cursos de agua dulce, conformaban pilares centrales en la concepción cosmogónica de los pueblos antiguos. La renovación del agua celeste y terreste al final e inicio de año evita el estancamiento y revitaliza a la tierra dormida, aparentemente inerte.

En el caso vasco, la expresión “Urte berri on” que se utiliza para felicitar el año entrante hace referencia precisamente a esa agua nueva que vivifica y aporta bendiciones. Según Satrústegui, dicha agua era recogida de ciertas fuentes de los valles de Basaburua, Imotz, Larraun, Baztán, Barranca, Burunda y Arakil cuando daban las doce campanadas. Posteriormente, se distribuía por los hogares como forma de purificación y protección de cara al año que comenzaba: en unos lugares se daba prioridad a los cargos públicos como el cura o el alcalde y en otros se dirigían a la señora de la casa (etxekoandre), agasajándola con piropos. Ante ellos los jóvenes recitaban rimas donde aludían a las “aguas de arriba” (Ur goiena) y las “aguas de abajo” (ur barrena):

“Ur goiena, Ur barrena

Urteberri egun ona

Graziarékin osasuna

Pakearékin ontasuna

Jaungoikuak dizuela egun ona”

Traducción: “Agua cimera, agua profunda. Buen día de Año Nuevo. Salud y gracia, hacienda y paz. Que Dios os conceda un buen día” (Urdiain).

En Nabarte (Baztán) observamos una variente en la cual se extrae el agua de la capa de contacto de un pozo o manantial en lugar de una fuente. La fórmula que se recita adopta la forma de un saludo al agua, con ciertas connotaciones adivinatorias:

“Urteberri berri,

zer ekarri berri?

Uraren gaña

lena ta azkena”

Traducción: “Año Nuevo, nuevo, ¿qué nuevas traes? La encimera del agua, primera y última”

 Azkue también da cuenta de otro saludo al agua en Etxalar:

“Ela, ela!

Nor da, nor da?

Ni naiz, urteberri.

Zer dakartzu berri?

Uraren gaina,

bakea ta osasuna.”

El autor aclara que la expresión “ela!” se utilizaba en ciertas regiones como una forma de saludo a un recién llegado. En este caso, el vocablo se dirige a la personificación del Año Nuevo, a quien se le pregunta qué noticias trae. El recién llegado contesta, a modo de bendición: “la nata del agua, paz y salud”.

Satrústegui también da cuenta de que en localidades como Lekaroz y Valcarlos se creía que al inicio del año las piedras podían convertirse en pan y las aguas en vino. Concretamente, en este primer enclave se creía que la Nochevieja (como espíritu anciano, portador de sabiduría) tenía el poder de convertir el agua del río en vino a las doce de la noche. En Valcarlos se decía que, quien tuviera la oportunidad de contemplar semejante milagro, disfrutaría de plena felicidad, mientras que quien fracasase en el intento podía ser transformado en hombre lobo (gizotsu). Algunos labradores de la Cuenca de Pamplona, siguiendo esta superstición, ocultaban un porrón de agua debajo de las berzas antes de dar las doce, con la esperanza de verlo convertido en vino o aguardiente. En Amurrio (Álava) también beben agua de un porrón de vino durante la Nochevieja.

El inicio de año era considerado y sigue siendo entendido como una época favorable para llevar a cabo rituales de sanación. En la frontera entre Navarra y el Alto Aragón se han recogido testimonios de informantes que contaban que alguno de sus antecesores había sido pasado por el hueco de un roble para tratar las hernias infantiles, coincidiendo con las doce campanadas. En otras zonas, como el Valle de Aezkoa, este mismo rito tenía lugar en San Juan.

El roble, además de estar vinculado a la sanación, también era fundamental para asegurar la protección del hogar. En muchos puntos del territorio euskaldun se conserva la costumbre de talar este árbol en el cuarto menguante más cercano al día de Año Nuevo o justo al iniciar el año, dejándolo secar durante un año o dos. Estos troncos se utilizaban para confeccionar las vigas de carga de la casa familiar, pues se creía que la madera se volvía incorruptible o, al menos, era notablemente más duradera. En contra de lo que dicta la sabiduría popular, modernos estudios científicos han demostrado que es mejor realizar este procedimiento en cuarto creciente.

Por otra parte, tanto la Nochevieja como los primeros días del nuevo año eran y continúan siendo momentos propicios para hacer pronósticos mediante distintos sistemas adivinatorios. Satrústegui describió un rito sencillo, usando como foco un huevo (ovomancia). El 31 de diciembre, a la medianoche, debía verterse un huevo fresco en un vaso lleno de agua (a ser posible, procedente de una de las fuentes donde se recogiese el agua nueva). Se esperaba a que la yema se depositara en el fondo, al tiempo que la clara se iba diluyendo e iba dibujando formas extrañas. Al día siguiente, dichos signos eran interpretados a la luz de una vela. Este mismo sistema es bastante popular en Escandinavia y lo encontramos en las modernas prácticas de Spå dentro del paganismo nórdico (Ásatrú, Forn Sidr, Odinismo) o el trolldom (brujería tradicional nórdica). Podéis escuchar la explicación completa y ver el procedimiento en este vídeo de Ræveðis.

Las “suertes meteorológicas o “jours de sort” también son especialmente observadas en esta época. Simbólicamente, cada una de las predicciones o augurios extraídos durante esos primeros días se relacionaba directamente con un mes del año, estableciendo una correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos. Uno de los métodos más rudimentarios para extraer los pronósticos meteorológicos era el llamado “calendario de la cebolla”. Éste consistía en pelar una cebolla a medianoche, cortarla por la mitad e ir extrayendo doce capas, una por cada mes del año. Dichas capas se colocaban en fila, boca arriba, y eran espolvoreadas con sal. Si en el día de Año Nuevo habían desprendido bastante jugo, podía deducirse que ese mes sería lluvioso. En los casos en los que la pieza de cebolla estuviera intacta, quería decir que ese mes sería seco. Esta tradición ha estado más presente en el Pirineos Aragonés, aunque también podemos encontrarla en otros puntos del Pirineo Navarro, Catalán y Francés, así como en otras zonas de España y Europa.

No obstante, el oráculo autóctono para determinar la meteorología y los augurios anuales era el Zotalegun, Sortelegun o Sotelegun, el cual sigue una lógica muy similar a las cabañuelas o las témporas. El origen remoto de esta práctica enlaza con su etimología. El vocablo “zotal” en euskera significa “pedazo de tierra” (arrancada con una herramienta agrícola), pero también hace referencia a un tipo de pájaro. Históricamente, está documentada la adivinación a través de la observación del vuelo de las aves entre los vascones y los vacceos antes de la llegada de los romanos. La primera referencia escrita la encontramos en la biografía del emperador Alejandro Severo, datada en torno al 400 d.C. Este gobernante estaba versado en el arte de los arúspices y se le consideraba tan experto que “aventajaba tanto a los vascones de Hispania como a los augures de Panonia”. Más tarde, el biógrafo de San Amando, que vivió entre los vascones durante los siglos VI y VII, opinaba que el pueblo vascón estaba “extraviado de tal manera que se entrega a los augurios y a todo error e incluso adora a ídolos en vez de a Dios…”. Esto también nos ofrece indicios de que los antiguos vascos no fueron precisamente fáciles de cristianizar. Algunos autores apuntan a que los posteriores “aztiak” (adivinos, hechiceros) heredaron estas técnicas de sus antecesores y que esta forma de adivinación fue de uso relativamente común hasta el s.XVI.

Volviendo a la etimología, no nos puede pasar desapercibido que la expresión Zorionak”, que utilizamos tanto durante la Navidad para desear felicidad, procede de “txori-onak” (buenos pájaros). Por otro lado, cuando nos referimos a una desgracia, usamos el término “zoritxarra” (mal pájaro o pájaro de mal agüero). Mitológicamente, el pájaro que es considerado más auspicioso es el “txantxangorri” o petirrojo (Erithacus rubecula) , mientras que el ave peor vista es “txepetxa” o chochín común (Troglodytes troglodytes). En Orozko hay una leyenda que cuenta que “txepetxa” defecó sobre el hombro de Cristo durante la crucifixión, mientras que “txindor” intentaba quitarle las espinas de su corona. Esta historia enlaza con otros relatos europeos de época medieval en los que se narra él sacrificio del petirrojo por aliviar el dolor de Jesús, a costa de ser herido por los pinchos que le atravesaban. También con la leyenda del Robin de los Bosques, apodado Robin Hood. Asimismo, se relaciona con el mito que describe la lucha y continua alternancia entre el Rey Roble y el Rey Acebo, gobernantes del periodo luminoso y oscuro del año, respectivamente.

Actualmente, en Isla de Man, Irlanda y otros lugares de influencia celta, aún se mantiene la tradición de cazar al chochín (“Hunt the wren“) el día de San Esteban (26 de diciembre). Dentro de nuestras fronteras, existen registros de una costumbre semejante en Galicia, conocida como la “Cacería del Rey Charlo” (S.XVI). Además, en el Sur de Francia se celebraba la Fête du Roi de l’Oiseau y aún se pueden encontrar algunas reminiscencias de esta fiesta en Le Puy-en-Velay.

 

Bibliografía consultada:

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AZKUE, R.M. (1942) Euskalerriaren Yakintza. Euskaltzaindia.

AZNAR, E. (2011) Orígenes de la Navidad. Plaza Nueva, pp. 20-21.

BARANDIARÁN, J.M. (1973) Obras completas I: diccionario ilustrado de mitología vasca y algunas de sus fuentes. Gran Enciclopedia Vasca.

DONOSTIA, J.A. (1994) Cancionero Vasco. Donostia: Eusko Ikaskuntza.

JIMENO JURÍO, J.M. (1988) Ciclo festivo de invierno. Gobierno de Navarra.

MARLIAVE, O. (1995) Pequeño diccionario de mitología vasca y pirenaica. Editorial J. de Olañeta.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1988) Solsticio de Invierno. Gráficas Lizarra.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1971) Canto ritual del agua en año nuevo. Fons Linguae Vasconum, nº7, pp 35-74

SATRÚSTEGUI, J.M. Olentzero: estudio del personaje mítico vasco. Dialnet.

http://www.divulgameteo.es/fotos/meteoroteca/12-d%C3%ADas-12-meses.pdf

http://www.salvatierra-agurain.es/san-nicolas-en-euskal-herria.html

https://www.zubiaurcarreno.com/usos-costumbres-navidad-la-navarra-tradicional/

http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/folkl/034131147.pdf

https://gremidelart.org/2017/12/27/la-nit-de-cap-dany-la-nochevieja/

https://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201604/27/luna-manda-bosque-201604270630.html

http://trolldomhoodoo.blogspot.com/2013/09/spadom-and-divination-in-norse-trolldom.html

https://clantubalcain.com/2015/01/01/12th-night-hunting-the-wren/?fbclid=IwAR2n8DVcVIeNM5auWjiTi084mqEZr7e4Z2NRZn4xIoiyG89TbglJzM5bQzk

 

 

 

 

 

Lainoak ez dezala zure bidea topa dezazun galerazi eta urte berri on

Hoy recupero la letra de una de mis canciones favoritas para intentar expresar lo que supone para mí esta búsqueda de los antiguos misterios escondidos en el territorio que, entre otras muchas cosas, me llevó a iniciar y desarrollar este espacio de difusión de la cultura y la tradición vasco-pirenaica:

Adoro nuestros rincones, cuando la niebla me los esconde. Cuando no me deja ver qué es lo que oculta, es entonces cuando comienzo a desvelar lo guardado: aquellos rincones que empiezan a surgir dentro de mi” (Traducción de “Gure basterrak” de Mikel Laboa)

La letra de esta canción muestra de una manera muy simple y, a la vez, muy profunda, el amor por la tierra, por esos espacios naturales que exploré de niña y que ahora descubro con otros ojos y una ilusión renovada que se reaviva con cada pequeña maravilla que atisbo, investigo, intento clarificar para dar sentido y trato de integrar como parte de mi sustrato cultural, mis creencias y prácticas. En la medida en que me obligo a hacer este ejercicio consciente de revisión, análisis, reinterpretación y metacognición, traduciendo en palabras las visiones, sensaciones, intuiciones, experiencias y certezas interiores que brotan de mi como una fuente, emanan parte de esos misterios, aunque a veces ese torrente encuentre algunos obstáculos para seguir su cauce y nutrir lo que hay a su paso.

El día 5 de enero, que para los italianos supone la última de las doce noches mágicas que van desde la Natividad a la Epifanía (momento en que la Befana visita a los niños al igual que Holda lo hace en los países germanos y escandinavos días antes) y en las que se regala una señal o pista para continuar con nuestra evolución durante los 12 meses siguientes, se cumplirán 4 meses de dedicación a este proyecto. Curiosamente, ese mismo día celebraré junto a mi esposo nuestro aniversario. El 2017 que está a punto de comenzar será el noveno año de tránsito por los senderos de la brujería vasca y se cumplirán 100 años del nacimiento de mi abuelo materno, que ha sido uno de mis guías en este camino.

No soy de esas personas que creen en las casualidades y procuro atender a este tipo de sincronicidades, más aún en este último día del año, que ya deja sentir los signos y los presagios que marcarán el próximo ciclo y de los que estaré especialmente pendiente durante los próximos doce días (Zotalegun).

Dado que es 31 de diciembre, corresponde hablar de la tradición del agua nueva (Ur berria), de la cual deriva la expresión euskérica moderna “Urte berri on!” (Feliz año nuevo). En los valles de Basaburúa, Imoz, Larráun, Baztán, Barranca, Burunda y Araquil existía la costumbre de que los mozos saliesen a recoger agua a ciertas fuentes cuando daban las doce campanadas, para distribuirla posteriormente por los hogares como primicia del nuevo año que comenzaba. Antes de hacer esta ofrenda a los vecinos, solían pararse a cantar “Ur goiena, ur barrena” a la puerta de las casas de las autoridades del pueblo (alcalde, alguacil, sacerdote…), éstas salían a recibirles y los mozos entregaban el agua, a veces a cambio de algo de comida o bebida. El último testimonio de este rito se registró en Urdiain en los años 70 y podéis consultarlo en la página de “Sorgin”:

https://www.facebook.com/sorginkeri/videos/1335171669878463/

En distintas culturas, aparte de la vasca, se conserva la creencia antigua de que sobre la bóveda de los cielos había un agua sagrada (agua de lo alto o “ur goiena”). Asimismo, se creía que bajo la corteza de la tierra existía un gran lago interior del cual procedían los manantiales y las aguas subterráneas (agua interior o “ur barrena”). Por eso en la canción popular se invocaba a estas dos fuentes de vida con el fin de renovar la energía del nuevo ciclo y luego se bebía el agua recogida en este momento, ya que su ingestión suponía una manera de recibir las bendiciones de la Madre Tierra: salud, protección, fertilidad y abundancia.

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A continuación, se expone la canción en euskera con su correspondiente traducción, extraída del Cuaderno de Arruazu de Pedro Miguel Satrústegui:

Ur goiena, ur barrena

Urtberri egun ona

Graziarequin Osasuna

Paquearequin ontasuna

Jaungo kuak dizuela

Egin ona.

Abade jauna beoren

Eskubidiarekin

Nai nuke kantatzen asi

Nere lagunekin

Egun onak ematera

Bere familiari

Nere deseioa da ta

Lenikan beori.

Alcate jaunaz egondu gera

Atzoko arratsaldean

Eskubidea gerekin degu

Ibiltzeko paquean.

Ur goien goien iturri

Ura da txorrotik etorri

Etxea onetako etxeko andreak

Ama Birjiña dirudi.

Etxekoandrea oso ona

Zure gauza doi ona

Egun onetan jantzikoituzu

Zure zonian amar gona

Txuri nabar azpiko

Gorri ederra gañeko

Zure parerik ez da

Plaza bat onratutzeko

Damatxo gazte componitua,

Oiek kolore gorriak!

Zure matellak iduritzen zai

klaberinaren orriak.

Klaberinaren orriyarekin

Arrosa maiatzekua

Ementxe gaude zure begira

Damatxo biotzekua.

Sentitzen zaitut sentitzen

Sala berriyan altxatzen

Zure oin txiki politen otsa

Emenditxen dut aditzen.

Zentitzen zaitut sentitzen

Ari zerala jeikitzen

Urdei azpia buruan eta

Lukaia parea eskuen

Limosna ere artu degu ta

Orai abiatu gaitezen

Adiosikan ez degu eta

Agur ikusi artean

Ortxen dago sagua

Aren onduan katua

Etxe onetako limosnarequin

Ez degu beteko zakua

Ur goien goien iturri

Ura da txorrotik etorri

Etxe onetako zaldun gazteak

Amalau urre txintxarri.

Amalau urre txintxarrirekin

Zazpi damaren eguzi

Oiek danak ala azanik

Gaiago ditu meretxi.

Agua de lo alto, agua profunda

Buen día del Año Nuevo,

Salud y gracia,

Hacienda y paz,

Que Dios os conceda

Un buen día

Con permiso de usted,

señor cura,

quisiera empezar a cantar

con mis amigos.

Ya que es nuestro deseo

Dar los buenos días

Primero a usted

Y luego a su familia.

Estuvimos con el alcalde

Ayer por la tarde,

Contamos con el permiso

De andar en armonía.

Fuente de agua de lo alto,

Agua que mana del caño,

La dueña de esta casa

Se parece a la Virgen.

Muy buena dueña de la casa,

Tu presente ha sido bueno:

Hoy te pondrás encima

Hasta diez enaguas

Blanqui-parda por dentro

Flamante roja encima

No hay otra que te iguale

Para honra de una plaza.

Joven dama compuesta

¡qué colores tan rosados!

Me parecen tus mejillas

Hojas de amapola.

Hojas de amapola

Y rosa de mayo,

Aquí nos tienes mirando,

Damita del alma.

Te estoy sintiendo

Levantarte en la sala nueva

El ruido de tus pies menudos

Hasta aquí llega.

Estoy apercibido

De que te estás levantando

Con el pernil sobre la cabeza

Y un par de longanizas en la mano.

Recibido ya el regalo,

sigamos adelante.

No es el nuestro un adiós,

Hasta la vista, simplemente.

Ahí está el ratón,

Junto a él el gato,

Con la limosna de esta casa

Nos llenaremos el saco.

La fuente de la cima alta

Mana agua del caño,

El joven caballero de esta casa,

Catorce campanillas de oro.

Con catorce campanillas de oro,

El sol de siete damas,

Siendo cierto todo ello,

Todavía más me cuadra.

En esta canción podemos apreciar la relación etimológica y simbólica entre Ur (agua), Urte (año) y Urtats (aguinaldo, que luego se convirtió en limosna). Urte representaría el ciclo del agua que se sucede durante cuatro estaciones, es decir, un año entero. En la copla también podemos apreciar que se intercambia el agua por un regalo o aguinaldo, que en este caso es un jamón y varias longanizas. A veces, se agradecía este obsequio cantando unos versos si alguno de los mozos tenía dotes de “bertsolari”.

Si queréis consultar la documentación completa relacionada con este canto ritual, sacado de un artículo de la revista nº7 de “Linguae Vasconum” (1971), podéis pinchar en el siguiente enlace: http://www.vianayborgia.es/FOLI-0007-0000-0035-0074.html

Os deseo que comencéis con buen pie el 2017 y que la niebla no impida que encontréis vuestro camino.

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*La foto de portada es una vista de Orozko capturada por Txemi López y la última imagen se titula “The Valley awakens” y es obra de Ekaitz Abigano.