Udako Solstizioa, San Juan bezpera eta Donibane gaua

Tras unos meses de ausencia por compromisos profesionales y circunstancias personales diversas, este blog retoma su camino con nuevos desafíos para esta hija de Mari, tanto dentro como fuera de su Etxea.

Imbuida por la fuerza del resurgir del astro rey, quisiera aprovechar este momento del ciclo anual para revisar las tradiciones vasco-navarras vinculadas al Solsticio de Verano, que el cristianismo reinterpretó y trasladó a la famosa festividad de San Juan.

El Solsticio de Verano representa uno de los eventos folclóricos y mágicos más importantes dentro del calendario de distintos pueblos europeos y de la rueda del año en las distintas tradiciones paganas y de brujería. Como ya expliqué en la sesión de preguntas y respuestas que organicé en el mes de diciembre (disponible en Youtube), el antiguo calendario tradicional vasco subdividía en dos períodos el ciclo anual: Negu (invierno) y Uda (verano). El Solsticio de Verano, “Izkiota” o “Udako Solstizioa” representa el momento en el que el sol pasa por el Trópico de Cáncer al norte del ecuador y el eje de la tierra alcanza su máxima inclinación respecto al sol, teniendo lugar el día más largo y la noche más corta del año. Es decir, es el momento de mayor auge y resplandor del sol, que en la mitología vasca es personificado en la figura de Eguzki, la hija menor de Amalur (la Madre Tierra).

El verano para los vascos era un período de florecimiento, plenitud y poder; el momento en el que el mundo vegetal alcanzaba su culminación y el reino animal gozaba de una mayor abundancia y fertilidad. Además de asociarse a Eguzki y al fuego como elemento representativo de su fuerza, también se vinculaba al dragón Heresunge y a Hegoi, el viento del sur. Otras correspondencias que cabría señalar en relación a este festival serían: el oro como metal que simboliza el sol; el trigo y la cebada como cereales que maduran gracias al fulgor solar (junio era denominado “garagarrilla”, “garagarzaora” o “baguilla”, mes de la cebada, así como “ebaikilla” o mes de la siega); frutas como las manzanas y las peras amarillas (concretamente hay una variedad que recibe el nombre de “manzanitas” y “peritas de San Juan”); flores solares como el eguzkilore (carlina acaulis), los girasoles, las margaritas (también conocidas como San Juan loreak o flores de San Juan), el hipérico (o hierba de San Juan) o el diente de león; la luna llena como momento de plenitud y regocijo de Ilargi, la hermana de Eguzki; la entrada a la edad adulta, con sus correspondientes ritos de paso, entre los que destacaríamos la iniciación en la sexualidad y los misterios amorosos, así como el matrimonio como unión sagrada (hiero gamos) y la creación de vida a través de la fusión energética de ambas polaridades.

El Solsticio de Verano, además de ser un momento de revitalización y renovación, es también un período de purificación a través de dos elementos principales: fuego y agua. Al igual que en otros lugares de la Península y de Europa, se tiene la costumbre de encender hogueras y festejar alrededor de ellas, quemar cosas viejas o aquello de lo cual deseemos deshacernos y también saltar por encima del fuego con el objetivo de desprenderse de todo mal (enfermedades, plagas, negatividad, desgracias, potencias maléficas sobrenaturales…) e impregnarse de su fuerza.  A la hora de saltar esas hogueras, en algunas localidades se toca el cuerno (“adarra jo”) o se dice: “San Juan, San Juan berde, artua eta garixa gorde, txantxikuak eta sapuak erre, biba San Juan Berde!” (San Juan, San Juan verde, guarda el maíz y el trigo, quema las ranas y los sapos, ¡viva San Juan Verde). En pueblos como Luzaide o Valcarlos, se cantan letrillas como: “San Juan heldu da! Sorginbeldura galdu da! Galdu bada, galdaila,ager ez daila sekula! (¡Ya llega San Juan! ¡Hemos perdido el miedo a las brujas! ¡Si se ha perdido, que se pierda, que no aparezca nunca! En villas como Bera se entona: “Onak barenak; gaixtoak kanpora!” (¡Los buenos, adentro; los malos, afuera!).

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En el caso vasco, una particularidad a destacar es que este fuego sagrado se enciende con zarzas o ramas de brezo (cortadas con hoz o guadaña), a las cuales se pueden añadir hojas de laurel bendecidas el Domingo de Ramos anterior, los ramos confeccionados en el San Juan del año pasado o las hierbas bendecidas durante la mañana de San Juan (“Belaronak”) que no se hayan utilizado durante ese ciclo. En algunas localidades, se prenden estas hogueras con viejos espantapájaros con la intención de ahuyentar a culebras, sapos, comadrejas y otras alimañas. Antiguamente, también se usaba la paja de jergones sobre las que hubiese descansado un enfermo o un difunto reciente a fin de disfrutar de una buena salud y alejar a la muerte. En otras villas como Mundaka se tiene por costumbre quemar un muñeco en forma de vieja repelente, montada sobre un palo de escoba, con un búho (“Mosolo”) situado en la punta y un gato (“Katobaltz”) a la altura de los riñones, conocida como “La bruja de San Juan”, ya que la creencia en personas con poderes sobrenaturales todavía sigue arraigada.  En algunos pueblos de Gipuzkoa se corre con unos haces de trigo encendidos con el fuego de San Juan, llamados “garizuzi”, con el objetivo de proteger las cosechas. Otro aspecto a destacar es que estos fuegos se encendían habitualmente en cruces de caminos a la medianoche (tiempo de Gaueko) y a veces eran asperjados con agua sacada de un manantial que fuera considerado sagrado o con agua bendita, en su defecto. Tras apagarse el fuego, se recogían las brasas para usarlas en remedios naturales y fabricar “kuttunak” (amuletos).

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El agua, como he anticipado, es igualmente un componente de purificación y sanación muy importante en estas fechas. En muchos lugares de la geografía vasco-navarra se acude a ciertos ríos, manantiales, fuentes a lavarse o beber agua. En las zonas costeras, se va al mar. Algunos de los lugares más visitados son: las orillas del Zadorra (Álava), el manantial de agua salada junto al río Ega (Estella), las orillas del río Salazar (Pirineo Navarro), la fuente de Iturrioz (Hernio, Gipuzkoa), la fuente de Iturrigorri (Bilbao), el manantial de San Valerio (Oñate, Gipuzkoa), la fuente de Santa Marina (entre Isasondo y Zarautz),  la fuente de Sanjuaniturri (Aranaz, Baztán), la fuente de “Saniturri” (Beorburu), las aguas sulfurosas de “Urbedeinkatu” (entre Olazogutia y Ziordia), la fuente de Batueko (Ziordia, Navarra), la fuente de “Angiliturri” (Anocibar, Navarra), las fuentes de Dama-Iturri e Iturri-Santu (Betelu, Navarra) y el manantial de San Juan Zar (Igantzi, Navarra).

La fuente de Igantzi es un lugar de peregrinación destacado para curar problemas de la piel. Esta zona actualmente es una reserva de una especie protegida, el Carpe o Carpinus betelus, que se usa como astringente en la medicina natural local. No obstante, la gente acude al lugar porque existe una cueva asociada a una antigua leyenda, que ha sido convertida en una ermita en honor a San Juan, aunque se cuenta que antes vivió allí el Basajaun. Es más, en la gruta hay una estatua que unos veneran como la imagen de San Juan y otros del Basajaun, a la cual se le ponen velas o flores y se le llevan exvotos. Las historias populares narran que un pastor llamado Juantxo, que tenía una mujer afectada por una enfermedad grave de la piel, vagaba melancólico por los alrededores de la cueva con sus ovejas. De pronto, se le apareció una lamia que le dijo: “Moja un trapo en las tres fuentes, pásaselo a tu mujer por el cuerpo y deja el trapo a secar. Cuando se seque, tu mujer habrá sanado”. Juantxo humedeció el paño con las aguas que manan de debajo de la cueva.  Y su esposa se curó tal y como le aseguró la mágica criatura. Tan emocionado estaba el pastor por lo acontecido que contó el secreto a todo el pueblo, quebrando la condición que ella había impuesto. La lamia, como castigo, lo convirtió en piedra cuando regresó a la caverna. Hoy en día se replica un ritual similar al sugerido por la lamia. Tras beber tres tragos de agua del manantial (uno de cada caño), se moja un paño en la fuente y se aplica sobre las zonas afectadas. Después se deja el paño sobre unas zarzas hasta que se seque y seguidamente el párroco quema el trapo. Otras personas, no obstante, encuentran beneficios si caminan descalzos por el agua del canal o del río cercano.

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Existe otra cueva en Errazu (Valle del Baztán) donde se alza una estalactita retorcida de color verde brillante, en forma de reptil, que los lugareños denominan “Arpeko-Saintu” (el santo de la cueva), de la cual emanan gotas de agua a las que se atribuyen grandes poderes terapéuticos contra el herpes y otros males. El ritual que se sigue es besar la piedra calcárea y rezar un rosario, dejando algún exvoto como agradecimiento.

Otras fuentes como las de “Sanjuaniturri”, “Saniturri” o “Urbeinkatu” tenían fama de proporcionar remedio contra la sarna, además de sanar otros males de la piel. La costumbre marcaba que debían bañarse a la luz de la luna para obtener dicha curación. En el caso de la fuente de “Angiliturri”, los vecinos se lavaban tanto la cara como el cuerpo y dejaban unas monedas como pago que nadie debía coger.

Por su parte, el manantial de San Valerio ha ganado su reconocimiento porque las mujeres acudían a ella para lograr quedarse embarazadas. Según R.M. de Azkue, en Navarra era bastante común que las mujeres que tenían problemas para concebir se frotasen el vientre contra una de las peñas que protegían este tipo de fuentes y bebían de sus aguas, buscando la fertilidad.

En el caso de no encontrar río o charca donde lavarse, se podría realizar esta purificación por agua utilizando el rocío de la mañana de San Juan (lo que se conoce como “coger la rociada”). En lugares como, Larraun, Amezkoa, Valcarlos, Salazar y ciertos puntos de Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa Behera se mantiene la costumbre de revolcarse desnudo/a por la hierba humedecida de los campos, ya que de esta forma se asegura la salud para todo el año y también se cree que se embellece el cuerpo. En cambio, en el valle de Oskotz se considera más apropiado andar descalzo o desnudo por los trigales, recogiendo ese rocío al pasar.

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Otra costumbre bastante extendida es sacar las mantas al raso y dejar que se impregnasen del rocío de la mañana de San Juan para evitar que las polillas se comiesen los tejidos.

El agua nos lleva a indagar inevitablemente en las reminiscencias de antiguos cultos vegetales, latentes en nuestro territorio. El primero que cabría citar es la permanencia de la veneración a los árboles, que está presente tanto en las festividades de mayo como en las celebraciones solsticiales. Durante la Noche de San Juan, en localidades como Bera, Agurain, Igantzi, Oiartzun, Ataun, Zegama, Lesaka o Bortziri se planta el tronco de un gran “txopo” o álamo blanco (Populus alba) como símbolo de fertilidad y se danza alrededor de él. En algunas ocasiones, el tronco es adornado con diversos elementos (principalmente cintas), coronando el extremo superior con una bandera, una prenda, un muñeco o un obsequio. A veces, el tronco es embadurnado con sebo o algún tipo de grasa, pidiendo a los jóvenes que trepen hasta la parte superior para alcanzar el premio. En los pueblos situados en las montañas navarras y en los Pirineos, se sustituye el álamo por el roble. Por ejemplo, en Lobea de Onsella y otros lugares de la muga navarra, se rajan a hachazos tantos robles como enfermos acudan al rito, haciendo una gran hoguera con los restos. Después los enfermos duermen en el bosque y pueden llevarse parte de las cenizas. En algunos puntos aislados del Pirineo como Luchon, en el Valle de Barousse, existe la tradición del “brandon” que consiste en prender grandes estacas de roble. En algunos pueblos de la Ribera del Ebro se usan, en su lugar, alberchigales, mientras que en la frontera con Aragón se emplean encinos. En Corella, como en algunos lugares de Alemania, se opta por el cerezo.

Otra tradición muy extendida por toda la geografía vasco-navarra es la confección de ramos (“zamak”, “erramue”, “erramilletia”) o enramadas, las cuales son colocadas en puertas y ventanas (a veces también en los tejados o en los campos). En muchos pueblos de Gipuzkoa (Amezketa, Idiazabal, Ursuaran), Bizkaia (Gorozika), el Valle del Baztán, Amezkoa y muchos puntos de Larraun, se hacen ramos o cruces de fresno y espino blanco. En algunas localidades de Larraun y Zuberoa, sin embargo, se sustituye el fresno por serbal blanco y en Arrayoz se cambia el fresno por ramas de nogal, añadiendo como tercer elemento el helecho. En algunas villas de Gipuzkoa (Zestoa, Arroa), se mezclan las ramas de fresno con flores. En Oiz de Santesteban (Navarra) las mujeres llevan a bendecir a la iglesia cruces de laurel y avellano; en Markina (Bizkaia), se hacían ramos de laurel y espadaña (typha latiforia); en Izpazter (Bizkaia), se fabrican con laurel y “helecho de los truenos” (también conocido como “trumoiera”). Otras combinaciones más complejas incluyen espino, fresno, hipérico, artemisa y margaritas; espino, fresno, hinojo, hierbabuena, margaritas, saúco y rosal; romero, hinojo, nogal, malva, margaritas, ajenjo, malvavisco, hipérico y bohordo (o junco de la espadaña), mezcla a la que se podía añadir rosas, lirios y azucenas.

El helecho es una de las plantas más mágicas y curiosas de la cornisa cantábrica y los Pirineos. En Igantzi (Navarra) se dice que el helecho florece cuando tocan las campanas la medianoche de San Juan, momento que aprovechan las brujas para recoger los granos (las esporas, en realidad) para fertilizarlos y poder preparar sus hechizos y pócimas. Curiosamente, encontramos también estas batallas nocturnas por el grano en Francia e Italia, aunque acontecen durante la época oscura del año. En obras literarias como “La Celestina” de Fernando de Rojas o “La obra del pecador” de Bartolomé Aparicio aparecen referencias claras al uso popular del helecho con fines mágicos por estas fechas (momento en el que florece o grana), de las que me gustaría rescatar la siguiente frase: “Que dos doblones han hecho más hechizos que el helecho conjurado por San Juan”. Dada la asociación del helecho con la brujería, aunque se utiliza también con fines medicinales, en algunos pueblos navarros, especialmente de la zona de Larraun, a veces los vecinos salían a los campos a destruir estas plantas. Según la creencia popular, para evitar que el helecho nazca en los prados, hay que romperlo a estacazos un poco antes de la medianoche de San Juan. No obstante, en Varcarlos, Amezkoa o Aya, cuando se aproxima una tormenta, se queman sobre carbones o se echan al fuego plantas bendecidas en la noche de San Juan, entre ellas el helecho.

Otra planta mágica que se recoge en estas fechas es la malva, la cual debe recolectarse al rayar la mañana de San Juan, ya que de esa manera florecerá durante el Solsticio de Invierno, mostrándose la conexión entre ambos momentos del ciclo anual. La malva, junto con el espino blanco, el helecho y una variedad diminuta de margaritas se usan en la zona de Elizondo para espantar la enfermedad, el rayo y proteger el hogar. En otras localidades como Ziga se sustituyen las margaritas por rosal y, en Legutiano, por flores de saúco. Las malvas también se recogen para elaborar una pomada destinada a tratar erupciones de la piel o fabricar un enjuague contra el dolor de muelas y aliviar el sangrado de encías. En la zona del Baztán, estas flores se quemaban para alejar la enfermedad de las personas y el ganado. A veces, también se cocían flores de malva en agua para dársela de beber a los animales domésticos y protegerlos.

El saúco, más concretamente sus flores, también tiene un uso bastante extendido. En lugares como Ochagavía, se recogían estas flores al amanecer, se cocían en un caldero y se dejaban enfriar. Luego los miembros de la familia se lavaban la cara y otras partes del cuerpo si lo consideraban necesario. De esta forma se evitaba la aparición de granos y manchas en la piel durante un año. También se usaban estas flores para tratar los flemones y las paperas. El remedio consistía en quemar primero las flores sobre unos carbones, dejando que el enfermo recibiese su vaho y después se extendían sobre un pañuelo, aplicando el lienzo sobre la parte afectada antes de ir a dormir. En Oronoz, se fabricaban ramos con saúco, helecho, ramas de espino blanco, ramas de nogal, ramas de castaño en flor, rosas, margaritas y bohordos. Parte de este ramo podía quemarse durante el año para ahuyentar las tormentas o el mal. El saúco, en esta zona, también se utiliza para preparar una pomada contra los golpes, rehogando las flores picadas en aceite y aplicando el ungüento entre dos paños de lino. Asimismo, las flores de saúco se usan en rituales mortuorios. En Otazu (Álava) queman flores de saúco bendecidas el día de San Juan en la habitación de la persona recién muerta. También se emplea el saúco, junto con otras hierbas bendecidas en San Juan, para infusionar y lavar el cadáver o rellenar la almohada sobre la cual descansaba el fallecido.

La ruda es otra de las plantas solsticiales por excelencia, siendo una de las más potentes para purificarse, realizar exorcismos y protegerse de todo mal, incluyendo el de origen sobrenatural. A menudo, a la ruda se añadía hipérico y romero, especialmente para salvaguardar a los niños pequeños.

Los tréboles de cuatro hojas también son cotizados en esta época para atraer la buenas fortuna y la prosperidad. Existe una famosa canción montañesa que acompaña a su recogida y que seguramente muchos de nosotros/as hemos cantado en las verbenas de los pueblos después de un par de copas: “A coger el trébole, / el trébole, el trébole, / a coger el trébole / la noche de San Juan…”

Por su parte, la albahaca, la verbena y la valeriana se utilizan mágicamente para propósitos amorosos. También hay algunas hierbas que indican querencia del enamorado/a, mientras que otras sugieren su rechazo o indican una ruptura. A los exnovios/as se entregaban cardos borriqueros; el nogal indicaba un “te quiero” genérico; las rosas y la verbena señalaban enamoramiento; el fresno y el álamo blanco se obsequiaban a quien se amaba; las ortigas, las adelfas o las jaras indicaban desinterés o que no se encontraba atractiva a la otra persona; los ramos con sauce se entregaban a las viudas jóvenes. Si los/as mozos/as querían realmente hacer gala de su amor a su estimado/a, incluían frutas como manzanas o pera, galletas u otros dulces.

En Iturgoyen, cerca de Estella, se ha conservado un ritual de bendición a una pareja de recién casados que también pretende contribuir a la fertilidad. Al atardecer, un grupo de mujeres comienza a engalanar un carro con ramas de haya, boj y rosas, formando dos arcos. Después, dos muchachos ataviados con pieles de cabra y un cinturón con cencerros son preparados para tirar del carro como si fueran dos bueyes. A continuación, la pareja sube al carro y es transportada por todo el pueblo. Los mozos que hacen de animales de arrastre giran y sacuden el carro, intentando volcarlo. Al llegar al frontón, si la pareja ha resultado ilesa, baila una danza con los hombres-bestia. Seguidamente, se monta de nuevo en el carro y los mozos que hacen de bueyes continúan en su empeño de tirar a la pareja, subiendo por las cuestas. Finalmente, se lleva a la pareja hasta un pilón para bañarse, zambulléndose primero el hombre y luego la mujer. Después, el resto de los vecinos se acaban sumando al remojón. Este ritual no ha sido analizado aún por ningún etnógrafo conocido, pero sus elementos totémicos, tanto vegetales como animales, son reconocibles.

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Otro rito de fertilización de gran trascendencia, cuya conservación debemos agradecer a José María Satrústegui, es la danza circular de mujeres de Urdiain. En ella un grupo de mujeres, vestidas con ropajes azules, verdes y blancos, baila en corro cerrado, con las manos unidas y realizando un ligero movimiento pendular mientras recitan el siguiente conjuro para ahuyentar a los malos espíritus a fin de que estos no dañen las cosechas:

“Egun bai egun honek San Juan dirudi
ez da san Juan baina hala alunbra bedi.Goazen San Juanera gaur arratsean
etorriko gerala bihar goizean.Goazen San Juanera beduratara
berduratara eta han egotera.Joan nintzen Fraintziara etorri maiatzean
zalditxo urdinean astuaren gainean.San Juango iturriaren ondotik
zazpi iturri urre kainuetatik
zortzigarrrena metal zurietatik
zortzigarrrena metal zurietatik.San Juango iturriaren ura dago berde
amuarraitxo freskoak hantxe dirade
lemizko eskua ta gero musua
San Juango iturriaren freskua.

Jesukristoren lehengusua da
Aita San Juan Bautista
aingeruak dantzan dabiltza
dabiltza baia dabiltza
San Juanen pozean dabiltza

Andra mutur maketsa
aingeruak dantzan dabiltza
dabiltza baia dabiltza
San Juanen pozean dabiltza

San Juan garagarrilean denbora galantean
maizik eta garirik ez dagonean etxean

Orain arte behar, hemendik aurrera gari!”

 

Hoy sí parece este día de San Juan.
No es San Juan pero así sea llamado.
Vamos a san Juan hoy al atardecer
que regresaremos mañana de mañana.En la fuente de san Juan el agua es verde,
hay allí truchitas frescas.
Primero las manos y luego la cara.¡Qué fresca es el agua de la fuente de san Juan!Es primo de Jesucristo
el padre San Juan Bautista.
Los ángeles andan bailando,
baila que baila.
¡Lo hacen para agrado de san Juan!Mujer de mala cara
los ángeles andan bailando,
baila que baila.
¡Lo hacen para agrado de san Juan!¡San Juan, por junio
en tiempo bien lucido!
Cuando no hay en casa
ni maíz ni trigo.¡Hasta ahora ha sido el tiempo de la hierba, en adelante el del trigo!

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El totemismo animal, en menor medida que en los Carnavales, también conserva algunas reminiscencias en algunas representaciones y danzas del Solsticio de Verano. La primera de estas manifestaciones se localiza en Torralba (Navarra) y rememora la captura, encarcelamiento y muerte de Juan Lobo, que fue un bandido que tenía amistad con el afamado brujo de Bargota, el cual le ayudó a escapar de la ley convirtiéndolo en gato negro, según las historias populares. A este malhechor se le conoce también como “El Moro”, dando a entender que profesaba otras creencias distintas a las cristianas. Lo singular del caso es que se le representa como mitad viejo, mitad mujer; con la cara tiznada de negro (como el Olentzero en el Solsticio de Invierno); vestido con pieles y cubierto de ramas de parra. Al amanecer, sale de su escondite y los mozos de la Cofradía de San Juan le persiguen por las eras y los campos. Intentan acorralarlo, pero escapa varias veces. Finalmente lo conducen a la “Balsa de la Canal”, donde no encuentra salida, aunque se tira al agua en un intento desesperado de liberarse. Tras grandes esfuerzos, los captores lo suben amordazado a una montura y lo conducen a prisión. Después lo llevan a juicio, momento en que se dicta su sentencia en forma de versos burlescos que aluden de forma satírica a distintos acontecimientos señalados por la comunidad a lo largo del año. Por último, se dispara al aire un tiro de escopeta para dar muerte al bandolero. Tras el ajusticiamiento, se celebra la misa. El abad, como símbolo de la cofradía, sostiene una lanza de madera con punta niquelada y de la cual cuelga un pequeño estandarte carmesí con ribetes dorados. Antiguamente, el clérigo, entraba a la iglesia montado sobre un caballo y con una chaqueta militar, ya que la leyenda cuenta que fue el caballero Mosén Pedro de Mirafuentes quien atrapó a Juan Lobo en 1527, asestándole un lanzazo. La fiesta se cierra con el “Baile de la Balsa”, en la cual los mozos bailan celebrando la captura.

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El Baile de la Balsa” es una danza folklórica de carácter guerrero, creada por José Mª Iribarren, Patxi Arrarás e Ignacio Baleztena e interpretada por primera vez en 1956. Está compuesta de cuatro partes: la primera, con música del Padre Olazarán, representa la salida de los mozos para ir a luchar contra Juan Lobo; la segunda, cuya melodía se atribuye a Paco Beruete, simboliza la lucha en la que muere el bandido; la tercera parte, amenizada con música del Padre Olazarán, da paso a las mozas, rebosantes de alegría, bailando en honor de los vencedores; en la cuarta parte, bailan juntos los mozos y mozas con música autóctona de Torralba, saliendo todos de escena al compás de un pasacalles del Padre Olazarán.

La elección de una danza de carácter guerrero no es trivial, ya que se cree que el rito va más allá de la representación de un hecho histórico. Juan Lobo podría interpretarse como la figura arquetípica de un antiguo cazador de una de las tribus prerromanas autóctonas, que probablemente seguía un culto al lobo como animal totémico. Esto nos remitiría a prácticas extáticas como las de los vettones que veneraban a Vaélico o los berserkers nórdicos seguidores de Odín. También podemos encontrar un nexo con el cambio de forma (“shapeshifting” o “skinturning”) como una de las prácticas propias de la brujería tradicional, presente en distintas regiones europeas, tanto en versión vegetal como animal.

La segunda de las manifestaciones folklóricas que quisiera señalar encuentra su expresión en la Azeri-dantza de Hernani (la danza del zorro), también conocida como Maskuri-dantza. La danza la llevan a cabo 14 o 16 jóvenes que deambulan por las calles vestidos con camisa blanca y pantalón azul, sujetos por una cuerda y conducidos por un “guía”o “capitán”, portando unas pieles de zorro sobre la cabeza (a modo de máscaras) y unas grandes “putxikas” o “maskuris” (vejigas) con las que golpean a los transeúntes. La cuerda se esconde por los portales y esquinas con el propósito de intentar sorprender a los transeúntes, a los cuales rodean con ella para facilitar así el reparto de varapalos. Tras la “paliza”, los bailarines, dándose las manos, siguen en línea al líder. Luego se sueltan unos de otros haciendo vueltas, cabriolas, campanelas y otros ágiles movimientos. Seguidamente, vuelven a unirse de la mano, desatándose al son siguiente. Después le siguen mudanzas variadas, todas al compás del tamboril.

El azeri o zorro actúa alocadamente, pero con astucia, tramando diferentes fechorías como subirse a un balcón para abrazar y besar a una mujer que se encuentra en el mismo, echar harina y agua a alguien con el que se cruza en su deambular o pegar a la gente, aunque con menos violencia que el grupo al completo.

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Las primeras referencias de esta danza están datadas en 1754 y fueron publicadas en el libro “Corografía de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa” por Manuel de Larramendi. Durante el franquismo se prohibió, pero algunos vecinos se empeñaron en reintroducirla en 1941 durante las fiestas patronales. Tras el levantamiento de la prohibición de celebrar los Carnavales, se restauró plenamente la tradición en 1971.

En este caso, se puede apreciar mucho más claramente que la danza simula el comportamiento del animal al que se está imitando y que la persona adopta las características distintivas del mismo, fusionando su espíritu con el de la bestia. El zorro como animal totémico, no solo destaca por su inteligencia y su rapidez, sino por su capacidad de observación y reacción, por su persistencia, por su habilidad para camuflarse y también adaptarse a condiciones bastante hostiles. Por otro lado, representa el deseo sexual, vinculado al elemento fuego que predomina durante estas fechas y sin el cual no podrían llevarse a cabo los procesos de creación y fertilización que son necesarios en estos momentos del ciclo anual.

Existen otros personajes folklóricos presentes en otras danzas que podría mencionar, pero creo que he hecho un amplio recorrido por las tradiciones del Solsticio de Verano más importantes dentro de la cultura vasca. Así que solo me queda desearos una muy feliz víspera de San Juan o Donibane gaua. Udako Solstizio zoriontsua!

 

 

* Un agradecimiento especial a los artículos de Javier Hermoso de Mendoza, que podéis consultar en la web: http://www.sasua.net/estella/new_2.asp También podéis visitar la página particular del autor: www.javierhermosodemendoza.com

– La primera foto se ha extraído de: https://uskaraeguna2010.blogspot.com.es/2016/06/

– La segunda imagen está sacada de http://www.hiru.eus/eu/cultura-vasca/fiesta-de-san-juan

– La tercera imagen pertenece a la Guía Repsol: https://www.guiarepsol.com/es/turismo/destinos/el-mejor-rincon/san-juan-xar/

-La cuarta imagen se ha obtenido de: https://elefectorayleigh.cl/2012/08/02/lo-natural/

-La quinta imagen es de Patxi Uriz y se ha extraído en: http://blog.fotoruta.com/2012/05/24/patxi-uriz-premiado-por-la-national-geographic/

-La sexta imagen pertenece a: http://www.dantzatlas.navarchivo.com/es/node/207

– La séptima foto se ha extraído de: http://www.naiz.eus/es/agenda/evento/la-captura-de-juan-lobo-en-torralba-del-rio

-La última imagen se ha sacado de: http://www.urumeaarnastu.com/es/conoce-los-pueblos/hernani/costumbres-y-curiosidades.html

 

 

 

 

 

 

 

Kandelairu, San Blas eta Agate Deuna

La Candelaria, San Blas y Santa Águeda forman una tríada de gran relevancia dentro de las festividades invernales del calendario tradicional vasco.

La fiesta de la Candelaria (Kandelairu) se celebra el día 2 de febrero, coincidiendo con la conmemoración cristiana de la purificación de la Virgen María tras el parto y la presentación del Niño en el templo de Jerusalén. Sin embargo, el sustrato pagano que conserva esta festividad está relacionado con el culto al fuego como energía purificadora, sanadora y fertilizadora. La tradición marca que en esta fecha se acuda a la iglesia para bendecir las velas que se utilizarán con distintos propósitos mágico-religiosos. Estas velas se consideran más puras porque se fabrican con un 60% de cera virgen de abeja, cuando lo normal es hacerlas con un 30% de cera. Estas candelas se emplean como sistema de protección contra el conjuro para convocar tormentas o para evitar que los rayos y el pedrisco de las tempestades provoquen daños en la casa o las cosechas. La cera de estas velas también se usa para fabricar la cerilla o “pilumena” de las argizaiolak, las lámparas que sirven para iluminar las almas de los difuntos, o bien otras velas devocionales dedicadas al culto a los númenes y a los espíritus del hogar. Con esta cera se pegan igualmente las cruces o enramadas que se utilizan como amuletos de protección (Kuttunak), tanto los que se colocan en la puerta de casa como en los campos en las fiestas de mayo. Por último, una proporción de esta cera se añade como ingrediente a las recetas de cremas y ungüentos con propiedades curativas o mágicas.

En la localidad de Artozki se mantiene la costumbre de realizar una procesión por el atrio de la iglesia para bendecir las candelas. Sin embargo, en otros lugares se prescinde del acto litúrgico y se bendicen las velas fuera del templo. En la Baja Navarra, la Etxekoandre enciende una vela con el fuego del hogar, se santigua tres veces con la vela encendida en su mano (o recita alguna bendición), quema un mechón de su propio pelo y luego derrama tres gotas de cera en sus hombros y sobre los hombros del resto de los miembros de la familia, a los cuales les pide que se arrodillen mientras lleva a cabo este ritual.

Algunos autores vinculan la bendición de las candelas a creencias paganas y ritos de fertilidad de la antigua cultura mediterránea. Unos opinan que esta costumbre estaría vinculada a las ceremonias en honor a Proserpina o Perséfone, puesto que en el mito las Ménades portaban antorchas durante la búsqueda de la diosa tras su rapto. Otros, en cambio, relacionan a la imagen de la Candelaria con la Bona Dea romana. También debemos considerar que durante la celebración de las Lupercales se salía en procesión con velas o candelas.

Otras costumbres propias de esta época que conectan con tradiciones de otros lugares de Europa consisten en limpiar a fondo la casa y la chimenea bajo la creencia de que, de esa manera, se atrae el favor Mari y de su corte de espíritus femeninos para asegurar la salud y la armonía en el hogar. En muchos pueblos del País Vasco las mujeres suelen barrer los suelos con escobas de brezo, encender velas en las ventanas o en el altar familiar y entregar ofrendas de pan con queso, leche hirviendo con miel, cuajada o requesón con miel o postres hechos con huevos, leche, mantequilla y azúcar.

La Candelaria también posee un carácter augural, al igual que el Oimelc celta (también conocido como Là Fhèill Brìghde, Gŵyl Fair o Maiden’s Milk). En el Valle de Aezkoa se cree que, si el cura sale de la iglesia con una vela encendida y no se apaga, el resto del invierno será bueno y llegará pronto la primavera; mientras que, si se apaga, el invierno seguirá azotando, produciéndose nevadas o tormentas y trayendo consigo un cúmulo de catástrofes. Así se refleja en el dicho: “Kandelero bero, negua heldu da gero, kandelero hotz negua joan da motz”. En Zuberoa se dice que, si el día de Kandelairu hay nieve o llueve, el resto del invierno será llevadero; si hace buen tiempo, el final del invierno será tempestuoso. Así reza el refrán vasco: “Kandelarioz elurra, joan da neguaren bildurra; kandelarioz eguzki, negua dago aurreti”. En la Baja Navarra también se cree que, si el tiempo acompaña durante la celebración de la Candelaria, es resto del invierno será desapacible, mientras que, si hace malo, se puede dar por terminado el invierno, tal y como se expresa en el dicho: “Ganderailu hotz, negua iraganik botz; ganderailu bero, negua gero”.

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En Gernika se ha conservado la costumbre de que los niños y jóvenes canten una canción con las velas recién encendidas, recorriendo la localidad casa por casa y recibiendo a cambio algo de comida de los vecinos. En el “Cancionero popular vasco” (1922) encontramos la versión antigua de la copla que se recita en esta fecha:

“Kandelerio lerio 
atxari ura dario,
makatzari madari:
eutsi, Peru, ankeari.
Domurun Santurun Santurun
txarri andi bat il dogu,
buztana ez bestea yan dogu:
bera lapikoan daukagu.
Euria dakar menditik
Ondarroaren ganetik,
eztaukat zapatatxurik
banoa Lekeitiotik.”

En el cancionero “Literatura popular del País Vasco” (Euskalerriaren Yanintza), publicado en 1989, podemos leer otra variante que se canta en otras localidades:

“Kandelera lera lera,
bost ilabete larrainera,
ogirik eztuenarendako
sei ere badirela.

Kandelera lera lera,
bortz ilabete larrainera,
sei ere bai Aezkoakora.

Kandelerio lerio lerio,
atxari ura dario,
makatzari madari,
eutsi, Peru, ankeari.”

En 1884 se originó en San Sebastián la tradición de salir por las calles con una comparsa de Caldereros, hombres disfrazados de zíngaros, montados en carros engalanados y haciendo ruido con sartenes, cazos, calderos y demás chatarrería. Esta costumbre está inspirada en las corrientes migratorias de gitanos húngaros que pasaban antiguamente por Guipúzcoa a vender sus productos para el Carnaval y nos muestra la conexión entre esta fiesta y el Carnaval, que marca el final de la época oscura o etapa de desgobierno.

El 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, conocido por ser el abogado de las enfermedades de garganta, aunque también se le considera patrón de los cardadores de lana (ya que uno de sus símbolos es el rastrillo de cardar), los picapedreros y yeseros. En algunos lugares se convoca su ayuda igualmente para protegerse de los peligros de los vientos huracanados (poniendo dos velas bendecidas entrecruzadas) y para alejar a los lobos del ganado (usando otro de sus símbolos, el cuerno). En el País Vasco, a San Blas también se le relaciona con el oso como animal totémico que representa la regeneración cíclica de la naturaleza y su despertar tras el periodo invernal. Normalmente, por estas fechas el oso sale de su letargo y este hecho se evoca en las mascaradas de Ituren y Zubiera donde el Hartza (Oso) acompaña a los “Joaldunak”. Además, en las farsas carnavalescas de Arizkun el oso es despertado simbólicamente de dicho letargo.

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En San Blas se tiene la costumbre de asistir a templos construidos en su honor, como el de San Blas de Tolosa, llevando alimentos para bendecir. En Zeanuri es habitual bendecir pan, boronas y tortas, ya que no se secan y se pueden consumir el resto del año si se tiene algún mal de garganta. En la Alta y Baja Navarra y el Valle de Deba se solía acudir a la iglesia con pan, chorizo, cera, agua, pienso, salvado y sal. Con el agua sagrada, se daba de beber tanto a los miembros de la familia como al ganado. El pienso y salvado bendecido se utilizaba para alimentar al ganado y prevenir sus enfermedades. La sal bendita se esparcía sobre una piedra ancha para que los caballos, las vacas y las ovejas fueran también protegidos. La cera, especialmente si se trataba de la “pilumena” de una argizaiola, se podía usar para colocarla sobre la garganta de aquella persona que estuviese afectada por alguna enfermedad de garganta. El pan y el chorizo bendecidos eran de consumo común para todos los vecinos. En Tolosa que amasaban unas roscas especiales de unos 40-60 cm, llamadas “Pipar opilak”, que se hacían con huevos, masa madre, manteca de cerdo, pimienta negra, anís y azúcar. Estas roscas se vendían durante las romerías del santo. Una de las vendedoras, Tomasa, decidió dejar de fabricar dicho alimento con pimienta y empezó a hacer las roscas solo con anís, que son las que actualmente comemos en la mayor parte de España por estas fechas. No obstante, algunas confiterías están intentando recuperar la tradición y algunos vecinos siguen entonando los versos que se dedicaban a estas roscas:

“Ura, gatza iriña, guria…ogia eta opilak!
San Blas egunean, (aspaldin) ogia ta gatza bedeinkatzen zen.
Gatza bedeinkatua harri batean patzen zieten aberei eta hauek zurrupatzen zuten. Etxekoentzat, ogia ta txorizoa zen”

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En Álava y Navarra, concretamente en Laguardia y Pamplona, se ha preservado la tradición de encender hogueras y servir vino caliente mientras se consumen los roscos y unos pasteles de bizcocho bañados en clara de huevo batida y azúcar y adornados con chocolate conocidos como “sanblases”. En Arrieta se practica el ayuno hasta el mediodía antes de degustar los distintos productos típicos de este día. En Biasteri aún se realiza una danza en forma de gran rueda donde intervienen chicos y chicas jóvenes chocando las caderas y haciendo rítmicos movimientos con el cuerpo. Antiguamente, uno de ellos se colocaba en el centro de la rueda y ofrecía vino caliente de un jarro a cada uno de los danzantes.

La fiesta de Santa Águeda es una celebración para dar culto a la abogada de las mujeres, tanto si son solteras como casadas, aunque normalmente recurren a ellas las gestantes para tener un buen parto o aquellas madres que no producen suficiente leche para alimentar a sus bebés o bien están aquejadas de “males de pechos” relacionados con la lactancia. Sin embargo, también se atribuye a esta santa la protección contra los incendios, el poder maléfico de algunos espíritus y el aojamiento contra bebés o ganado. Asimismo, se la vincula con la consecución de abundantes cosechas, la atracción de la buena fortuna y la curación de dolores de cabeza.

El sociólogo José Ignacio Homobono ha vinculado la festividad de Santa Águeda con un posible culto anterior a Juno Lucina como deidad vinculada a la maternidad y la lactancia y a las Matronae como propiciadoras de fertilidad. Este autor, además de destacar el carácter maternal y sanador de Santa Águeda, señala que fue acusada de practicar brujería y la existencia de varias leyendas donde se la describe transformándose en gato negro. Esta faceta hechiceril la relaciona con el culto a Diana. No obstante, teniendo en cuenta el carácter e imaginería de la propia Mari, no tendríamos que recurrir a otras mitologías foráneas para encontrar algunas de sus facetas en esta santa.

Los festejos comienzan la noche de la víspera del 5 de febrero con un doble repicar de las campanas que puede llegar a durar varias horas, práctica realizada en las comarcas del interior, en los territorios litorales y la Ribera Navarra. Seguidamente, cientos de personas (hombres, mujeres, jóvenes) se reúnen en pequeños grupos corales para cantar canciones dedicadas a la Santa mientras golpean la “makila” (un palo de madera adornado con cintas) contra el suelo. Algunos investigadores han afirmado que este ritual seguramente proviene de una antigua costumbre pagana para celebrar la llegada de la primavera que consistía en golpear la tierra con palos para hacer que ésta despertase poco a poco y fertilizarla.

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Los nórdicos, durante la celebración del Dísting o “Asamblea de las Hadas”, trazaban un surco en el suelo con una herramienta de labranza mientras sujetaban un hacha o martillo en la otra. Luego hacían una ofrenda o blót en honor a Jörd (la Madre Tierra), las Dísir (entidades femeninas podríamos comparar con las lamias) y los Landvættir (espíritus feéricos de la naturaleza). En la Saga de los Volsungos se relata una ceremonia de fertilidad en la que los campesinos usaban el pene de un caballo y recitaban un conjuro con el objetivo de conseguir prosperidad. Es posible que la makila que utilizan los vascos sea, en realidad, una representación simbólica de este falo que originalmente usaban los escandinavos.

En Álava, la víspera de Santa Águeda era conocida como “Fiesta de los mozos” porque los jóvenes son los protagonistas de esta festividad. Tradicionalmente se visten de paisanos y cantan canciones, yendo de casa en casa y recibiendo “eskeak” o cuestaciones, que pueden tratarse de alimentos, bebida y, en contados casos, dinero. Con estos presentes que entregan los vecinos, los mozos organizan una merienda o una cena. En algunos casos, especialmente si reciben dinero, donan una parte a organizaciones que se dedican a fines sociales y humanitarios (hospitales, residencias de ancianos, centros cívicos o culturales, escuelas, etc). En algunas poblaciones de Navarra, en su lugar, se celebra la “Fiesta de los quintos”, con características similares.

Algunos versos que cantan estos mozos para recaudar estas cuestaciones dicen así:

Oles, oles atetan,
nor dabil denbora honetan?
mutil zoroak alkar hartuta
Santa Ageda kantetan.Pobre ta humilde
dabiltzanentzat
batuten borondatia…
¿Quién anda llamando,
a las puertas a estas horas?
Unos muchachos chalados cogidos del hombro
cantando a Santa Águeda. Recogiendo la voluntad
para los pobres y los humildes…

Una de las canciones más conocidas que cantan los coros durante Santa Águeda es la siguiente:

Zorion, etxe hontako denoi!
Oles egitera gatoz,
aterik ate ohitura zaharra
aurten berritzeko asmoz.
Ez gaude oso aberats diruz,
ezta ere oinetakoz.
Baina eztarriz sano gabiltza,
ta kanta nahi degu gogoz.
Santa Ageda bezpera degu
Euskal Herriko eguna,
etxe guztiak kantuz pozteko
aukeratua deguna.
Santa maitea gaur hartu degu
gure bideko laguna.
Haren laguntzaz bete gentzake
egun hontako jarduna.
¡Felicidad a todos los de esta casa!
Venimos a saludar,
de puerta en puerta como vieja costumbre
con intención de renovarla este año.
No somos muy ricos en dinero,
ni en zapatos.
Pero estamos con la garganta sana,
y queremos cantar con ganas.Es la víspera de Santa Águeda
día del País Vasco,
El día que hemos elegido
para llenar todas las casas de alegría cantando.
Hoy hemos tomado a la querida Santa
como amiga de nuestro camino.
Con su ayuda podemos llenar
de esperanza este día.

El día 5 febrero tienen lugar varias procesiones que se dirigen a la Ermita de Santa Águeda. Allí van muy especialmente las mujeres que desean resolver problemas de lactancia u otras enfermedades relacionadas con la fertilidad o los órganos reproductores. No obstante, Santa Águeda ha terminado por convertirse en una entidad facilitadora de salud en general, tanto para hombres como para mujeres.

Antiguamente se hacían peregrinaciones familiares o grupales de nueves días para efectuar promesas o entregar exvotos en estos santuarios y se leía una letanía con el fin de bendecir los campos.

 

La primera fotografía la he sacado de esta página: http://urtesasoiak.com/?page_id=305

La foto del Hartza con los Joaldunak la he tomado prestada de este blog: https://zuialde.wordpress.com/page/49/

La foto de la rosca de San Blas y la oración las he extraído dela página de de Pello San Millán: http://baztangohaizegoarenargazkiak.nirudia.com/17837

La fotografía del coro masculino cantando a Santa Águeda se ha obtenido de este blog: http://historiadecorral.blogspot.com.es/2016/01/datos-y-curiosidades-sobre-la-fiesta-de.html

Además de algunos libros recomendados, se han consultado los siguientes artículos online:

http://www.euskonews.com/0020zbk/gaia2001es.html

http://www.euskonews.com/0065zbk/gaia6503es.html

http://www.euskonews.com/0111zbk/gaia11105es.html

Llegan los “San Blases” por Antxon Aguirre Sorondo

http://www.diariovasco.com/v/20130201/tolosa-goierri/pipar-opilak-tradicion-blas-20130201.html

 

Zotalegun, sortelegun, sotelegun

Los habitantes de Beskoitze, Ataun y otras localidades de Euskal Herria tenían la costumbre de observar la meteorología y los signos que acontecían durante los 12 o 13 primeros días del año, en función de si seguían una lógica solar o lunar. En el segundo caso, si sabían que en ese nuevo periodo se insertaría una treceava luna, extendían esa contemplación un día más. Este método predictivo podemos equipararlo a las cabañuelas, sistema utilizado en el sur de España para predecir el clima de los 12 meses siguientes y que fue popularizado por pastores que vivían durante el verano en cabañas, los cuales comenzaban a realizar estas observaciones el primer día de agosto. Por extensión, en algunos pueblos de Álava (especialmente aquellos que habían convivido más con la cultura castellana), se pasaron a realizar estas predicciones durante los primeros 24 días de agosto, doblando el tiempo de recogida de esos indicios para disponer de más datos y contrastarlos con el objetivo de afinar más en sus presagios.

La profesora Pilar Moreno, miembro del Instituto Aragonés de Antropología, relaciona el término “cabañuelas” con las Cabañuelas de Toledo y la fiesta judía de los Tabernáculos que tenía lugar en agosto. La palabra podría señalar el lugar en el cual se celebraban los rituales de pronóstico de lluvias durante esta festividad hebrea, especialmente en aquellas regiones que necesitaban de un aporte adicional de agua para los cultivos. Este ritual, según Mircea Eliade, podría tener una influencia babilónica, ya que en esta cultura existía el “Ceremonial del Atiku” o “Fiesta de las Suertes” que coincidía con el año nuevo babilónico. El ritual tenía como objetivo la creación y regeneración de los doce meses siguientes y en él también se determinaban los augurios para el ciclo que daba comienzo. Los babilónicos, no obstante, pudieron incorporar esta tradición de los sumerio-acadios, quienes se intuye que pudieron iniciarla unos 5000 A.C. En resumen, podríamos apuntar que quizás el Zotalegun vasco emergió de la convivencia con la cultura sefardí, que a su vez recibió su influencia de babilonios y sumerios. Como detalle, vale la pena destacar que, en algunas localidades vascas se habla del Zotalegun como las “cábalas” de los pronósticos meteorológicos y esto nos da a entender que detrás de ellas podría existir un misterio que iba más allá de la pura predicción del clima, buscando signos que pudieran conectarnos con el devenir o la voluntad divina.

Atendiendo a esta tradición, he dedicado los primeros doce días de enero a recoger información meteorológica y ciertos signos que han surgido de la observación y, en ocasiones, de un proceso de conexión mística con esos viejos poderes del territorio mientras me encontraba en estado de contemplación. Puede que estos augurios adquieran un sentido o puede que no, pero me ha parecido apropiado recogerlos y compartirlos por si a alguien le puede servir de orientación.

Primer día del Zotalegun. Niebla húmeda, -4º, nieve en los alrededores y escalofríos. Los dos días anteriores se presentó, en la misma franja horaria, una gran bandada de estorninos volando en hilera desde el Oeste, con una cabeza de punta de flecha. Las aves sobrevolaron los campos hacia el Este y, en los límites de la ciudad, empezaron a girar en espiral descendente. Estuvieron acechando la zona en grupo, pero estaban coordinados como si fueran uno. Luego se alejaron del lugar por el Norte. Fue una sensación inquietante, que me dejó un nudo en el estómago. Interpreté aquel signo como nuevos conflictos bélicos en Oriente Próximo. Pronto el presagio tomó la forma de atentado en Estambul.

Afortunadamente, se presentaron otros signos más esperanzadores. Parece que el 2017 va a traer nuevas oportunidades en el amor y compromisos en las parejas, ya que se anunciaron el inicio de relaciones y se extendieron varias invitaciones a bodas. Asimismo, recibí la noticia de un nacimiento y varios embarazos, así que este nuevo ciclo traerá fertilidad y felicidad en algunas familias.

Durante el mes de enero es posible que también os obsequien con algún regalo sorpresa o que llegue un dinero con el que no contabais para ayudar a equilibrar pérdidas económicas o gastos extraordinarios.

Por último, en enero será importante cuidar la voz, las vías respiratorias y el sistema circulatorio, especialmente si sois asmáticos o si tenéis alguna dificultad cardíaca. Atended a vuestros mayores, más aún si tienen más de 70 años. Es posible que os den algún pequeño susto, pero se podrán recuperar.

A nivel espiritual, el perro negro o lobo negro nos acompañará este mes de enero. El número mágico será el 3. el Maestro nos estará observando.

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 Segundo día del Zotalegun. Niebla húmeda, -2º, necesidad de recogimiento y retorno a las labores diarias. Los gorriones salieron en grupo en busca de comida y juguetean junto a un charco, agitando las alas. Febrero, además de un mes frío y lluvioso, será tiempo de cooperación social y reunión con amigos.

También será momento de reorganización, de trabajo de hormiguita y habrá gente que iniciará sus propósitos de año nuevo intentando hacer dieta y/o deporte, dejar un mal hábito, cambiar de imagen y reencontrarse a sí mismo/a tras algunos desengaños o malas decisiones.

La Dama de Amboto velará por nosotros/as y la acompañará su corte de lamias para asistirnos en nuestra inseguridad, tristeza, dolor, sacrificio y en ese proceso de autoconocimiento y sanación. Con su espejo nos mostrarán el verdadero rostro de las personas que nos rodean y nuestro nuevo reflejo. Con su peine cortarán aquellos hilos que nos atan a relaciones dependientes, desequilibradas o poco sinceras. Habrá personas que se alejen o desaparezcan de nuestras vidas, pero será para bien. A nuestro lado quedarán fieles aliados/as. Tras una época de caos, se restaurará cierto orden. Tras la mascarada, los disfraces caerán y las falsas apariencias dejarán de tener sentido. Se juzgará a cada cual por lo que es y pagaremos el precio de nuestras acciones.

El número 7 nos mostrará los misterios del poder femenino. A nivel espiritual tendremos que integrar el cambio de forma y el zorro podrá servirnos de guía en este proceso. Nos protegeremos con espejos. Guardaremos los secretos. 

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Tercer día del Zotalegun. Cielo despejado, -2º, viento suave del norte y un sol agradable que ayuda a reactivarse. Jornada dedicada a realizar tareas hogareñas, avanzar en trámites administrativos y concluir proyectos pendientes. Las comunicaciones e intercambios comerciales se han dinamizado. Marzo, por tanto, será tiempo de reorganización doméstica, consultas a asesores o expertos, realizar transacciones en los negocios o colaboraciones profesionales, finalizar antiguos proyectos e impulsar nuevas iniciativas tras un periodo de reflexión y planificación. Los tránsitos de Mercurio, Marte y Venus harán que esta época resulte muy favorable para plantearse un cambio de rumbo, renovarse en algún sentido o plantar las semillas para lograr una mayor prosperidad. Asimismo, tendréis opciones de realizar actividades al aire libre o viajes cortos.

En algunos casos, supondrá un tiempo de mayor conexión o intimidad con vuestra pareja, especialmente si tenéis una relación estable. En el caso de estar soltero/a, es posible que se abran nuevas oportunidades en el amor. También será un buen momento para organizar reuniones con amigos.

A nivel mágico, los protagonistas serán los espíritus del hogar, que aumentarán su actividad en estas fechas y a los que tendréis que mantener ocupados impulsando esa prosperidad que deseáis manifestar. En caso contrario, revolucionarán vuestra casa. Es importante hacer una limpieza energética a fondo en luna nueva y aprovechar el tránsito de la luna creciente a llena. El gato actuará como animal guía. El número de fortuna será el 9 (3 veces 3), que representa la multiplicación de los bienes o la abundancia.

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 Cuarto día del Zotalegun. Cielo despejado por la mañana, algunas nubes al mediodía y nublado a última hora de la tarde (con sensación de humedad). 2º centígrados, aunque a lo largo del día ha subido la temperatura hasta una máxima de 14 grados. Viento ligero del Noroeste. Así pues, la meteorología en abril, como suele habitual, será cambiante.

Día de trabajo y de hacer recados. Después de invertir bastante esfuerzo en los proyectos, en abril se empezarán a conseguir algunos resultados y se irá reconocimiento vuestra labor profesional. Para los que encuentren un nuevo empleo, realicen alguna formación o comiencen una iniciativa empresarial, será un periodo de adaptación que exigirá concentración y determinación, aunque en algunos momentos os encontréis inseguros, dispersos y con necesidad de un descanso. Es posible que recibáis algunas ofertas de colaboración o que alguien llegue con alguna propuesta. Analizad bien los fundamentos y estad atentos a los detalles, pues tal vez no sea lo que aparenta o directamente no os conviene establecer alianzas con esa/s persona/s. También podéis recibir invitaciones para fiestas o eventos sociales, que exigirán vuestra mejor presencia.

Resultará beneficioso que hagáis una pequeña escapada en solitario, con amigos o vuestra pareja a un lugar donde podáis relajaros, preferiblemente en la naturaleza o en un lugar aislado del mundanal ruido. Cuidad la espalda y ,si hacéis deporte o actividades de montaña, vigilad los tirones o contracturas musculares. Si padecéis alergias, buscad remedios para paliar los síntomas, ya que podríais sufrir algunas complicaciones.

Buena época para concebir si estáis buscando aumentar la familia o para hacer actividades con niños. En algunos casos, podéis enteraros de que os habéis quedado embarazadas o que alguien cercano lo está. Y en caso de que no busquéis hijos/as, disfrutad de la sexualidad.

A nivel mágico, los espíritus elementales y de la naturaleza retomarán sus labores y, en algunos casos, estarán un tanto revolucionados. Los espíritus del agua se mostrarán especialmente receptivos a vuestras peticiones, pero los espíritus del aire os pueden dar algún que otro quebradero de cabeza. Si no les prestáis atención, es posible que os molesten u os lancen alguno de sus dardos feéricos.

Los animales protectores para esta época serán el gallo y las ocas. El número de fortuna será el 2 o los múltiplos de 2.

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Quinto día del Zotalegun. Cielo despejado, 2º, aunque la sensación térmica era de menor temperatura. La máxima ascendió a 10 grados. Viento suave del Noroeste.

Día de finalización de preparativos. Si organizáis algún evento o vais a lanzar un nuevo proyecto en mayo, estaréis retocando detalles hasta última hora y puede ser un poco estresante, pero valdrá la pena. Gracias a que aumentaréis vuestra visibilidad pública y acudiréis a reuniones sociales, podréis encontrar nuevas oportunidades laborales, realizar intercambios profesionales, aumentar vuestros ingresos, hacer contactos interesantes y que os surjan pretendientes/as. También es posible que os reencontréis con algún familiar o amistad del pasado y que resolváis alguna conversación pendiente. Por último, alguien (o el universo) os hará un regalo inesperado que os alegrará.

Los estorninos regresaron por el Oeste, con su danza fúnebre hacia el Este. Mayo puede reactivar los conflictos bélicos o los atentados y volverán a producirse muchas muertes.

Aquellos que padezcáis enfermedades respiratorias o alergias, podéis sufrir algunas complicaciones. Cuidad la garganta y la manera en que comunicáis. No os calléis o guardéis cosas por decir, porque tal vez no tengáis otra oportunidad de clarificar ciertos asuntos o pueden agravarse algunas situaciones, haciendo que el cuerpo somatice esa represión. Luchad por lo que es vuestro y por lo que queréis conseguir.

Buen momento para tratamientos de belleza, perder peso y poner más atención en vuestra imagen, aumentando vuestro atractivo personal. Dedicad también tiempo al estudio, la actualización y la lectura, ya que ampliará vuestras miras y alternativas. Igualmente, será una época bastante creativa, especialmente para las personas con habilidades artísticas.

La bruja destacará como figura mitológica durante este mes. El número mágico será el 8, representando la conexión entre ciclos, el eterno retorno y la transmutación. El color azul se impondrá. El agua danzará con el fuego y forjará una nueva espada.

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Sexto día del Zotalegun. Cielo despejado, -1º y baja sensación térmica por la influencia del viento del Norte, aunque la tibieza del sol contrarrestaba el frío e invitaba a un agradable paseo. Junio tal vez sea menos caluroso de lo esperado, pero permitirá realizar actividades al aire libre.

Comida en familia al mediodía, reunión con los amigos a la hora del café, sesión de terapia por la tarde para restaurar algunos desequilibrios y cena de reencuentro por la noche. Las temáticas para Junio serán la reconexión emocional o la reconciliación, la sanación o relajación tras un período de estrés, la celebración de la amistad o de proyectos cooperativos, la atención o cuidado a nuestros seres queridos y la recepción de regalos inesperados o la cosecha de resultados.

A nivel espiritual, dos guerreros de dos culturas y épocas diferentes se manifestaron en sueños para otorgar sus conocimientos, fortaleza, valor, honor y alentar la defensa de causas justas. Ambos me recordaron la necesidad de custodiar o defender el territorio, de proteger a nuestros seres queridos y la lucha por nuestras convicciones o por lograr nuestros objetivos.

El número de fortuna será el 6 y la carta de tarot el 6 de bastos, representando triunfo tras superar desafíos o dificultades. El animal de poder será el caballo y el elemento destacado el fuego. Aprovechad la energía del solsticio de verano para renovar vuestros propósitos y seguir impulsando vuestros proyectos con determinación.

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Séptimo día del Zotalegun. Cielo despejado, sol radiante, 0º, aumento de la temperatura, viento suave del Noroeste y salidas al aire libre. Julio será un periodo estupendo para disfrutar de unas merecidas vacaciones o encontrar momentos de relax en una terraza, charlando y riendo con las amistades.

Me levanté temprano y con energía, estuve socializando con la comunidad y conociendo mejor los productos ecológicos de mi zona a través de los comerciantes locales. Auguro una buena cosecha de frutas y verduras y una mayor concienciación hacia la sostenibilidad ambiental.

Julio será una época importante para cuidar la dieta y tomar mayor conciencia de nuestros hábitos. También será un tiempo favorable para incentivar la creatividad o impulsar proyectos artísticos. Julio también se percibe como un período para reforzar vínculos con las amistades y los vecinos, explorar distintos lugares dentro de la región o territorios colindantes o hacer viajes para expandir nuestras miras. Las comunicaciones se producirán con fluidez y se promoverá el intercambio de ideas.

A nivel mágico, cabe destacar el papel de los pájaros como animales mensajeros. La lavandera blanca se presentó varias veces en lugares diferentes, siempre cerca de árboles sagrados (olivo, sauce,roble…), lo cual indica protección. Este tipo de ave está conectada a espíritus femeninos de la naturaleza y a deidades del amor. Es un buen presagio en las relaciones amorosas, familiares, amistosas y vecinales. También puede traer noticias de un nacimiento o un compromiso. No obstante, si tenemos en cuenta que este pájaro emigra a lugares estratégicos, especialmente a zonas al borde de ríos o de la costa, podría sugerir la búsqueda de un nuevo asentamiento en un lugar más fértil y próspero. Si deseáis atraer el favor de estas entidades, entregad una ofrenda de miel.

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Octavo día del Zotalegun. Cielo despejado, sol radiante, viento muy suave del oeste, 1º por la mañana, ligera subida de las temperaturas al mediodía. Buen día para relajarse al sol y realizar actividades al aire libre.

Agosto será un mes caluroso, como de costumbre, pero menos sofocante que el pasado verano. Será un tiempo de liberación y sosiego, ideal para pasar las vacaciones en una zona rural o al borde del mar. También de replanificación, especialmente si os planteáis un cambio de trabajo o de domicilio.

Una pequeña bandada de golondrinas apareció en el cielo, volando de este a noroeste. En algunos casos, esta será la dirección hacia donde os desplazaréis, bien sea para vuestras vacaciones o para trasladaros a otro lugar. En ese viaje, iréis acompañados de vuestra pareja, familia o amistades cercanas. En otros casos, la golondrina simbolizará la emancipación, la renovación, la exploración de nuevos horizontes o un proceso de expansión. También es un buen augurio en lo que respecta a encontrar una mayor armonía y abundancia.

A finales de mes, las comunicaciones se reactivarán y os llegarán ofertas, posibilidades de intercambio, colaboraciones profesionales y nuevas oportunidades laborales. Los que comencéis un ciclo, requerirá un tiempo de adaptación necesario, pero ese esfuerzo se verá recompensado con una mayor estabilidad a largo plazo.

Seguid atentos a los mensajes de las distintas aves de vuestro entorno. Escuchad a vuestros guías, que también os ofrecerán orientaciones. Haced caso a vuestra intuición y actuad con inteligencia. No perdáis de vista la panorámica general, pero fijaos en los detalles. El número de fortuna será el 10, que representará el final de una etapa para dar paso a otra nueva.

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Noveno día del Zotalegun. Cielo despejado, día soleado, 2º por la mañana y una máxima de 8º. Por la tarde, se empezó a nublar hasta dejar cubierto el cielo por la noche. La sensación de humedad retorna junto con el viento del Noroeste. La mitad de septiembre permitirá disfrutar de actividades al aire libre, pero especialmente la última semana se atisba nubosa y lluviosa.

Día intenso de trabajo y así se percibe que será el mes de septiembre: una vuelta forzosa a la rutina que nos impondrá ritmos frenéticos. Las comunicaciones también se tornan frenéticas, aunque los intercambios comerciales se verán favorecidos. Es posible que a finales del verano se produzcan rupturas de pareja, conflictos con amistades, tensiones en el mundo laboral (que en algunos casos pueden acabar en despido o renuncia) y dificultades para impulsar nuevos proyectos o cumplir plazos. En el caso de que acontezca un cambio en la trayectoria profesional o vital que implique un cambio de domicilio, será un mes de adaptación al entorno que traerá bastante estrés. Los hábitos también habrán de acondicionarse a esta nueva situación y podréis sufrir algunos trastornos digestivos o del sueño, además de sentir una mayor tensión en las cervicales. En el caso de que familiares o amigos hayan quedado atrás en el proceso, sentiréis cierta melancolía, aunque a finales de mes empezaréis a entablar relación con vecinos o nuevos grupos con los que compartir intereses.

El animal guía de esta etapa será el oso para entregaros su fortaleza, su resistencia, su sentido de lucha por la supervivencia, el poder del conocimiento interior y su espíritu territorial para marcar vuestros límites en un ambiente nuevo, que en ocasiones os causará inseguridad y os hará poneros a la defensiva. Tendréis que resistir la tentación de comportaros de forma agresiva o caótica ante la incertidumbre, pero si lo lográis, os asentaréis con éxito. Si flaqueáis, el oso os ayudará a restaurar vuestra salud. Entraréis en un segundo estadio del cambio de forma y también podréis profundizar en el conocimiento de las plantas, utilizándolas con objetivos medicinales y mágicos. Los espíritus escondidos en las setas también colaborarán con vosotros/as para otorgaros nuevos conocimientos en la tierra del ensueño. El número de fortuna será el 13.

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 Décimo día del Zotalegun. Cielo cubierto, de un gris intenso. Niebla en la montañas y lluvia persistente en el valle. Viento del Suroeste. En algunos momentos, el loco viento del sur arremolina las nubes en forma de espiral y genera una sensación de desasosiego. Por la noche, estalló la tormenta. 4º de mínima y 10º de máxima. Octubre será un mes muy revuelto y no sólo a nivel meteorológico. El tiempo de desgobierno se hará sentir tempranamente.

Día intenso de trabajo, con cambios improvisados de agenda. Percibo a la gente agitada, inquieta, temerosa, indecisa. En algunos casos, esa tensión explota y pagan contigo su frustración interna o el malestar con su situación. Afortunadamente, hay otros que se acercan a ti con una actitud más resiliente, buscando apoyo, pero con ánimo de gestionar de forma autónoma su caos interior o algunos aspectos de su sombra. Lo que antes parecía cierto y seguro, dejará de serlo. Habrá personas que acepten las mareas y el devenir, consiguiendo una mejor adaptación al entorno; mientras que otros que se resistirán activamente al cambio, provocando su hundimiento.

Grandes torres caerán en octubre. Veo el desplome de negocios aparentemente rentables y exitosos y el desmoronamiento de ciertas estructuras sociales. La justicia se cernirá contra los avaros y los corruptos. Habrá manifestaciones y revueltas en las calles. Percibo el clima de descontento general, las ansias de rebeldía y la explosión de conflictos por largo tiempo soterrados. Distintos grupos de aves volando en grupo y en fila desde el Norte hacia el Sur, huyendo de la tormenta en el horizonte, me sugieren que las diferencias entre las dos franjas del planeta se agudizarán. Y será insostenible. Habrá nuevas oleadas de emigración, algunas de ellas forzosas. El caos nos azotará, de un modo u otro, a todos/as, sin piedad. Unos se volverán más fuertes en el proceso y otros perderán su falsa seguridad. Las tornas se invertirán.

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Los dragones volverán a caminar sobre la tierra y con su aliento ardiente arrasarán ciertos territorios. El extremismo se acentuará y algunos lucharán improductivamente contra molinos de viento. Los hombres de astucia se alzarán y la naturaleza salvaje volverá a expresarse. Pagaremos el precio de nuestros abusos contra la Madre Tierra y nuestros semejantes.

La araña que teje su tela será el animal guía que represente la gestación de este periodo convulso. Ella nos recordará las consecuencias de nuestras elecciones y que dentro de las redes del destino estamos todos conectamos, influyendo en la vida de otros/as. Deberemos asumir la carga de esa responsabilidad. La tela de la araña representa la nueva estructura: aparentemente frágil, pero tremendamente resistente. También simboliza la protección contra las tormentas. Podremos aprender de su evolución, sabiduría y persistencia. Asimismo, promoverá procesos de incubación en el mundo de los sueños. Atendamos a las señales de creación y destrucción. Aprenderemos a atrapar las nuevas oportunidades que aparecen en las encrucijadas. Será momento de hacer trabajos de hilado. Las mujeres tejeremos elementos de apoyo y redes de colaboración. Ayudaremos a nuestros compañeros a entender mejor que la naturaleza es cíclica.

El arcano que representará este estadio será La Torre y los números de poder serán el 16 y el 19.
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Onceavo día del Zotalegun. Cielo nublado, mañana lluviosa, pero después de la tormenta surgió un precioso arcoiris. La tarde osciló entre nubes, movidas por el viento del Noroeste, y momentos en los que se asomaba el sol. La temperatura mínima se mantuvo y la máxima ascendió a 12 grados. Al atardecer las nubes tomaron un tono rojizo, como de sangre diluida en el cielo. La primera mitad de noviembre será un tanto desapacible pero la segunda parte del mes será más cálida que de costumbre. La tierra se mantendrá bastante fértil y se recogerán los últimos frutos del otoño.

La primera parte de noviembre será un mes de imprevistos, altibajos y duelos: personales, amorosos, profesionales, socio-políticos. Afortunadamente, en esa zozobra, surgirán inesperados gestos de solidaridad y apoyo de personas cercanas y desconocidas. Intenso trabajo en las profesiones sanitarias, los servicios sociales y las asociaciones no gubernamentales para intentar compensar los desequilibrios personales y las injusticias sociales. No obstante, no siempre se puede actuar como un héroe o rescatar a quienes se encuentran al borde del precipicio. Sin embargo, se paliará mucho dolor, aunque no se puedan evitar ciertas tragedias.

La segunda parte del mes será menos intensa, pero el cansancio acumulado hará mella. Algunos planes de ocio se verán cancelados o las reuniones sociales serán menos estimulantes. En algunos casos, también se producirá cierto distanciamiento con algún miembro de la familia. No será un buen momento para hacer inversiones y conviene ahorrar en la medida de lo posible. Habrá que atender a la sensación de fatiga, decaimiento emocional, los desbalances metabólicos y los problemas del sueño.

A nivel místico, Urtzi, el dios de la tormenta tomará protagonismo. Él continuará sacudiendo los cimientos del mundo, fortaleciendo las voluntades, castigando a los inmorales y premiando con abundancia la constancia. Después de la batalla, una paloma mensajera, traerá un periodo de tregua y paz fugaz. El número de poder será el 11.

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 Doceavo día del Zotalegun. Cielo parcialmente nublado, lloviznas intermitentes, momentos fugaces de sol entre las nubes, atardecer rojizo, progresivo oscurecimiento que acaba ocultando la luna y trayendo nieve a las montañas por el cambio del viento del Norte. Temperatura suave por la mañana, aumento de la máxima al mediodía y descenso de la temperatura por la noche. Diciembre supondrá el inicio de un invierno tardío, en el cual se extiende el otoño.

Mes de revisión, de saldar cuentas pendientes y de regreso a las raíces. Tiempo de recogimiento, profundizando en la lectura, el estudio, la meditación o la actualización profesional. Viejos amigos retornarán y se establecerán nuevos contactos que traerán autoconocimiento, sabiduría y el inicio de un cambio profundo. La creatividad estará en alza. En el ámbito económico, se producirán algunas pérdidas. Las tareas administrativas y las responsabilidades personales se harán pesadas.

Época de misterios revelados en la intimidad o bajo la luz de las estrellas. Reconexión con la espiritualidad, intensa devoción hacia lo sagrado y satisfacción interior al avanzar en esa búsqueda secreta. Vuelos mágicos junto a los antiguos poderes en la noche de los tiempos, aunque será necesario protegerse de ciertas energías caóticas que acecharán en los rincones. Sueños y visiones de un futuro utópico, que desea abrirse paso a pesar de la resistencia de las estructuras materialistas.

Bajo el dominio de Gaueko, el cuervo portará los mensajes de los difuntos, la corte feérica del invierno y los espíritus de la naturaleza salvaje que componen la Cacería Nocturna. La Dama, vestida con sus galas y derrochando encanto, otorgará regalos a sus fieles servidores/as. El Maestro sacará su guadaña para cortar los últimos hilos de falsas seguridades y hacernos libres. El número de poder será el 5. 

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 * Webgrafía de las fotografías utilizadas:

La fotografía de portada es de mi autoría

http://www.loboswiki.com/lobo-negro

http://meditacionesdelascumbres.blogspot.com.es/2014/01/montanas-sagradas-en-el-pais-vasco-y-su.html

http://www.museumsincornwall.org.uk/Museum-of-Witchcraft-and-Magic/Cornwall-Museums/

“Conspiring with the damned” de Brian Froud

http://baiesanturtzi.blogspot.com.es/2011_11_01_archive.html

http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es/2015/07/las-salvajes-rudas-y-belicosas-tribus.html

http://www.unzooencasa.com/2012/12/lavandera-blanca-motacilla-alba.html

http://palmasamigas.blogspot.com.es/2014/08/las-golondrinas-poema-de-alfonsina.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/medio-ambiente/generalitat-soltara-nuevo-oso-alfa-pirineo-2015-3287732

http://astrolive.overblog.com/le-tarot-de-marseille

http://wiccanmoonsong.blogspot.com.es/2014/05/the-spider-as-your-totem.html

Descubre la Religión PAGANA Vasca que fue ERRADICADA por las creencias CRISTIANAS

dark-roses.tumblr.com

Lainoak ez dezala zure bidea topa dezazun galerazi eta urte berri on

Hoy recupero la letra de una de mis canciones favoritas para intentar expresar lo que supone para mí esta búsqueda de los antiguos misterios escondidos en el territorio que, entre otras muchas cosas, me llevó a iniciar y desarrollar este espacio de difusión de la cultura y la tradición vasco-pirenaica:

Adoro nuestros rincones, cuando la niebla me los esconde. Cuando no me deja ver qué es lo que oculta, es entonces cuando comienzo a desvelar lo guardado: aquellos rincones que empiezan a surgir dentro de mi” (Traducción de “Gure basterrak” de Mikel Laboa)

La letra de esta canción muestra de una manera muy simple y, a la vez, muy profunda, el amor por la tierra, por esos espacios naturales que exploré de niña y que ahora descubro con otros ojos y una ilusión renovada que se reaviva con cada pequeña maravilla que atisbo, investigo, intento clarificar para dar sentido y trato de integrar como parte de mi sustrato cultural, mis creencias y prácticas. En la medida en que me obligo a hacer este ejercicio consciente de revisión, análisis, reinterpretación y metacognición, traduciendo en palabras las visiones, sensaciones, intuiciones, experiencias y certezas interiores que brotan de mi como una fuente, emanan parte de esos misterios, aunque a veces ese torrente encuentre algunos obstáculos para seguir su cauce y nutrir lo que hay a su paso.

El día 5 de enero, que para los italianos supone la última de las doce noches mágicas que van desde la Natividad a la Epifanía (momento en que la Befana visita a los niños al igual que Holda lo hace en los países germanos y escandinavos días antes) y en las que se regala una señal o pista para continuar con nuestra evolución durante los 12 meses siguientes, se cumplirán 4 meses de dedicación a este proyecto. Curiosamente, ese mismo día celebraré junto a mi esposo nuestro aniversario. El 2017 que está a punto de comenzar será el noveno año de tránsito por los senderos de la brujería vasca y se cumplirán 100 años del nacimiento de mi abuelo materno, que ha sido uno de mis guías en este camino.

No soy de esas personas que creen en las casualidades y procuro atender a este tipo de sincronicidades, más aún en este último día del año, que ya deja sentir los signos y los presagios que marcarán el próximo ciclo y de los que estaré especialmente pendiente durante los próximos doce días (Zotalegun).

Dado que es 31 de diciembre, corresponde hablar de la tradición del agua nueva (Ur berria), de la cual deriva la expresión euskérica moderna “Urte berri on!” (Feliz año nuevo). En los valles de Basaburúa, Imoz, Larráun, Baztán, Barranca, Burunda y Araquil existía la costumbre de que los mozos saliesen a recoger agua a ciertas fuentes cuando daban las doce campanadas, para distribuirla posteriormente por los hogares como primicia del nuevo año que comenzaba. Antes de hacer esta ofrenda a los vecinos, solían pararse a cantar “Ur goiena, ur barrena” a la puerta de las casas de las autoridades del pueblo (alcalde, alguacil, sacerdote…), éstas salían a recibirles y los mozos entregaban el agua, a veces a cambio de algo de comida o bebida. El último testimonio de este rito se registró en Urdiain en los años 70 y podéis consultarlo en la página de “Sorgin”:

https://www.facebook.com/sorginkeri/videos/1335171669878463/

En distintas culturas, aparte de la vasca, se conserva la creencia antigua de que sobre la bóveda de los cielos había un agua sagrada (agua de lo alto o “ur goiena”). Asimismo, se creía que bajo la corteza de la tierra existía un gran lago interior del cual procedían los manantiales y las aguas subterráneas (agua interior o “ur barrena”). Por eso en la canción popular se invocaba a estas dos fuentes de vida con el fin de renovar la energía del nuevo ciclo y luego se bebía el agua recogida en este momento, ya que su ingestión suponía una manera de recibir las bendiciones de la Madre Tierra: salud, protección, fertilidad y abundancia.

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A continuación, se expone la canción en euskera con su correspondiente traducción, extraída del Cuaderno de Arruazu de Pedro Miguel Satrústegui:

Ur goiena, ur barrena

Urtberri egun ona

Graziarequin Osasuna

Paquearequin ontasuna

Jaungo kuak dizuela

Egin ona.

Abade jauna beoren

Eskubidiarekin

Nai nuke kantatzen asi

Nere lagunekin

Egun onak ematera

Bere familiari

Nere deseioa da ta

Lenikan beori.

Alcate jaunaz egondu gera

Atzoko arratsaldean

Eskubidea gerekin degu

Ibiltzeko paquean.

Ur goien goien iturri

Ura da txorrotik etorri

Etxea onetako etxeko andreak

Ama Birjiña dirudi.

Etxekoandrea oso ona

Zure gauza doi ona

Egun onetan jantzikoituzu

Zure zonian amar gona

Txuri nabar azpiko

Gorri ederra gañeko

Zure parerik ez da

Plaza bat onratutzeko

Damatxo gazte componitua,

Oiek kolore gorriak!

Zure matellak iduritzen zai

klaberinaren orriak.

Klaberinaren orriyarekin

Arrosa maiatzekua

Ementxe gaude zure begira

Damatxo biotzekua.

Sentitzen zaitut sentitzen

Sala berriyan altxatzen

Zure oin txiki politen otsa

Emenditxen dut aditzen.

Zentitzen zaitut sentitzen

Ari zerala jeikitzen

Urdei azpia buruan eta

Lukaia parea eskuen

Limosna ere artu degu ta

Orai abiatu gaitezen

Adiosikan ez degu eta

Agur ikusi artean

Ortxen dago sagua

Aren onduan katua

Etxe onetako limosnarequin

Ez degu beteko zakua

Ur goien goien iturri

Ura da txorrotik etorri

Etxe onetako zaldun gazteak

Amalau urre txintxarri.

Amalau urre txintxarrirekin

Zazpi damaren eguzi

Oiek danak ala azanik

Gaiago ditu meretxi.

Agua de lo alto, agua profunda

Buen día del Año Nuevo,

Salud y gracia,

Hacienda y paz,

Que Dios os conceda

Un buen día

Con permiso de usted,

señor cura,

quisiera empezar a cantar

con mis amigos.

Ya que es nuestro deseo

Dar los buenos días

Primero a usted

Y luego a su familia.

Estuvimos con el alcalde

Ayer por la tarde,

Contamos con el permiso

De andar en armonía.

Fuente de agua de lo alto,

Agua que mana del caño,

La dueña de esta casa

Se parece a la Virgen.

Muy buena dueña de la casa,

Tu presente ha sido bueno:

Hoy te pondrás encima

Hasta diez enaguas

Blanqui-parda por dentro

Flamante roja encima

No hay otra que te iguale

Para honra de una plaza.

Joven dama compuesta

¡qué colores tan rosados!

Me parecen tus mejillas

Hojas de amapola.

Hojas de amapola

Y rosa de mayo,

Aquí nos tienes mirando,

Damita del alma.

Te estoy sintiendo

Levantarte en la sala nueva

El ruido de tus pies menudos

Hasta aquí llega.

Estoy apercibido

De que te estás levantando

Con el pernil sobre la cabeza

Y un par de longanizas en la mano.

Recibido ya el regalo,

sigamos adelante.

No es el nuestro un adiós,

Hasta la vista, simplemente.

Ahí está el ratón,

Junto a él el gato,

Con la limosna de esta casa

Nos llenaremos el saco.

La fuente de la cima alta

Mana agua del caño,

El joven caballero de esta casa,

Catorce campanillas de oro.

Con catorce campanillas de oro,

El sol de siete damas,

Siendo cierto todo ello,

Todavía más me cuadra.

En esta canción podemos apreciar la relación etimológica y simbólica entre Ur (agua), Urte (año) y Urtats (aguinaldo, que luego se convirtió en limosna). Urte representaría el ciclo del agua que se sucede durante cuatro estaciones, es decir, un año entero. En la copla también podemos apreciar que se intercambia el agua por un regalo o aguinaldo, que en este caso es un jamón y varias longanizas. A veces, se agradecía este obsequio cantando unos versos si alguno de los mozos tenía dotes de “bertsolari”.

Si queréis consultar la documentación completa relacionada con este canto ritual, sacado de un artículo de la revista nº7 de “Linguae Vasconum” (1971), podéis pinchar en el siguiente enlace: http://www.vianayborgia.es/FOLI-0007-0000-0035-0074.html

Os deseo que comencéis con buen pie el 2017 y que la niebla no impida que encontréis vuestro camino.

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*La foto de portada es una vista de Orozko capturada por Txemi López y la última imagen se titula “The Valley awakens” y es obra de Ekaitz Abigano.

Neguburu zoriontsua!

Originalmente, los vascos dividían el año en dos estaciones: invierno (“negu”) y verano (“uda”). El invierno se concebía como una estación sombría y fría que se encontraba bajo el dominio de la luna nueva (que se traduciría como “noche oscurecida” del euskera) y el espíritu del viento del norte (“Ipar”), el cual solía traer neviscas. No obstante, también se asociada al fuego (“su”), al dios Sugaar, al calor del hogar (“bero”), a la fragua (“sutegi”), al hierro (“burdina”) y a las salamandras (“arrabioak”). Dentro de esta época, la festividad más destacada es el Solsticio de Invierno (“Eguberri”, “Neguburu”).

En el solsticio de invierno se celebra el retorno de Eguzki, la Diosa Sol y se encienden hogueras, tanto en las casas como en los límites de los campos o bosques. En ellas se quema lo viejo (ropas, utensilios, objetos personales, etc) y, en algunas localidades, se celebran meriendas campestres (“basaratoste”, kanpora martxo”) en las que se cuentan leyendas y se entonan villancicos.

La “tea de Nochebuena” (“Gabonzuzi”, “olentzeko-enbor”) es uno de los símbolos sagrados más destacados en esta fecha. Se trata de un tronco, habitualmente de haya (árbol sagrado de Mari), que se enciende en Nochebuena y a veces se deja encendido hasta Nochevieja. En lugares como Llodio o Salvatierra, se encienden tres troncos en lugar de uno: uno representa a Dios (en sustitución de Sugaar), otro a María (en sustitución de Mari) y otro a la familia (en sustitución de los antepasados). Con el fuego del “gabonzuzi” se prepara la cena de Nochebuena y las cenizas se usan para bendecir a los animales o para esparcirlas en el campo a fin de ahuyentar el mal. Igualmente, con estas cenizas se pueden fabricar talismanes de protección. Según la creencia popular, si el tronco se apagaba, alguien de la casa moriría antes de la Navidad siguiente, de modo que se ponía cuidado en vigilar el fuego.

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En Cataluña, al igual que en Euskadi y otras regiones de Europa, también se han conservado ritos relacionados con los antiguos cultos animistas a los árboles. Aparte de adornar el típico abeto o pino, se ha mantenido la tradición del Tió. El Tió era un tronco que se quemaba en la chimenea de la casa con fines similares a los que encontramos en los hogares vascos. Posteriormente a este tronco se le han añadido ojos, nariz, boca, dos ramas traseras que hacen de patas, una “barretina” y una manta como vestido. A partir del 8 de diciembre, se empieza a “alimentar” a este personaje con frutas, hortalizas o restos de comida y el 24 de diciembre se le apalea con una vara de madera para que “cague” dulces o regalos.

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Otra de las tradiciones que ha permanecido viva en la región vasco-pirenaica es bendecir el pan de Nochebuena (“Gabon-ogi”, “Ogi salutadu”, “Ogi mehe“), haciendo la marca de la cruz y besándolo. Después se corta un pedazo y se pone bajo el mantel de la cena. A continuación, se guarda en un armario o en un cajón de la casa para garantizar la salud de todo ser que habite en ella (personas, animales, plantas). Algunos aún creen que sirve para aplacar el mar embravecido, protegerse de las crecidas de los ríos y evitar el pedrisco. Otra costumbre que podemos vincular con la brujería es la costumbre de tejer en Nochebuena prendas en las cuales se pone la intención de que sirvan de protección contra el mal de ojo, ya que al hilo entrelazado en esta época del año se le atribuye un poder mágico especial (se teje con más intensidad entre el solsticio de invierno y nochevieja).

El personaje mitológico y folclórico más destacado en estas fechas es el Olentzero, que a veces va acompañado de su esposa Mari Domingi (una representación de la diosa Mari). Algunos autores apuntan a que su etimología proviene de “Onentzaro” (tiempo de lo bueno), mientras otros consideran que está relacionada con el “olentzero-enbor” (tronco de navidad).

Según las viejas usanzas, durante doce días, los difuntos y otros seres sobrenaturales emergen en busca de la luz y el calor del tronco que crepita en el hogar. Algunos de esos espíritus pueden procurar protección a las familias si se les hace alguna ofrenda. Esta búsqueda de protección enlaza con la versión amable del Olentzero, el cual es representado como un hombre grande, bonachón, glotón, al que le gusta mucho el vino (recordando la imagen de un gentil o gigante). Habitualmente, se hacen muñecos de paja del Olentzero y luego se queman en el fuego para simbolizar el paso de lo viejo a lo nuevo. No obstante, en algunos lugares de la geografía vasco-pirenaica, se le representa como un ser con ojos rojos, cara manchada de negro, boina, pipa, una hoz y un ramillete de árgoma o brezo (planta usada para avivar el fuego del hogar). Se dice que, si encuentra la chimenea sucia o ve a un niño travieso, corta cabezas con su hoz. Esta versión “oscura” del Olentzero se asemeja a los “krampus” nórdicos y a los “kallikantzaroi” griegos.

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La Nochevieja (“Gabonzar”) es otro de los momentos clave del periodo invernal. Además de pasar la noche en familia alrededor del fuego, era costumbre salir a buscar agua a ciertas fuentes que eran consideradas sagradas. Este agua se guardaba y aún se guarda para usarla con fines medicinales y mágicos el año siguiente.

Por último, cabe destacar la importancia que se le otorgaba al día de Año Nuevo (“Urteberri”) y a los doce primeros días del año, ya que servían como orientación para predecir la climatología de los doces meses siguientes y como oráculo para anticipar algunos acontecimientos vitales (“Zotalegun”). En algunas localidades, no obstante, se considera también “Zotalegun” los 24 días de agosto, cuyo tiempo anuncia cómo serán los meses del año siguiente. Habitualmente se interpreta que la situación meteorológica del primer y decimotercer día indican la tendencia que reinará durante el mes de enero; la del segundo y decimocuarto día, el tiempo que hará en febrero, y así sucesivamente.

 

La fotografía utilizada como cabecera del texto es una imagen de Amboto nevado que pertenece a Igertu, un montañero cuyo blog es: http://igertu.blogspot.com.es/2007/04/20070127-anboto-1331m-invernal.html

 

Sortzen denak hiltzea zor

La personificación de la muerte entre los vascos recibe el nombre de Erio, Herio, Herio Anderea (“Señora Muerte”) o Heriotza en los dialectos orientales y Balbe o Balbea en los dialectos occidentales. En el folklore popular se le/la representa como un esqueleto que puede llevar o no un sudario y que sujeta una guadaña y/o un reloj de arena. Este genio se coloca en la cabecera de la cama en el caso de que la persona agonizante por enfermedad natural o afectada por “begizko” (mal de ojo), “birao” (maldición) o intervención de criaturas mágicas  vaya a morir, separando su alma de su cuerpo y encargándose del destino de su espíritu en función de la calidad moral del difunto.

Algunos de los presagios de muerte más conocidos son:

  • El aullido lastimero de un perro (“intziri tristea”) o la aparición espectral de un perro negro (al estilo del Cancerbero greco-romano)
  • Un gallo cantando a medianoche o a deshora (los aldeanos, para ahuyentar a Herio echaban tres puñados de sal al fuego e incluso llegaban a matar al gallo)
  • Una gallina que canta como un gallo (en otras versiones, Balbe aparece como un gallo desplumado)
  • El graznido reiterado de córvidos, cuervos volando en círculos alrededor del caserío o una pareja de cuervos volando bajo
  • El ulular repetido e inquieto de búhos o lechuzas
  • El crujido de las tablas del suelo, de las paredes o de los muebles
  • El eco prologado de una campana (“agoniko kanpaia”)
  • Que se apagase la lumbre del hogar o la llama de las velas de golpe
  • Romper un espejo
  • Derramar aceite en el suelo
  • Parir en Viernes Santo
  • Reunirse 13 personas bajo un mismo techo
  • Un gran aluvión para las almas piadosas y una tempestad para los condenados

En el momento del fallecimiento, lo primero que se hace es cerrar los ojos del difunto para que la muerte no se proyecte sobre otro ser humano. Seguidamente, se abre la ventana de la habitación del muerto y la puerta del caserío o se quita una de las tejas de la casa para que su alma no quede atrapada en el interior del domicilio. Después, se cubren los espejos, los retratos y el escudo familiar con paños negros (“hilmihisiak”). En algunos hogares, incluso se paraban los relojes. Normalmente, una anciana de la Etxea (preferiblemente soltera o viuda) solía ser la encargada de lavar, vestir y amortajar al difunto (“beztiu”) con un sudario bordado. En tiempos medievales, a los hombres se les ataviaba con sus ropajes guerreros y sus armas, mientras que a las mujeres se las acompañaba de su hueca y huso (o huso e hilo). En tiempos más modernos, se les vestía con las ropas de boda o el traje de los domingos. A los niños, siempre se les envolvía con ropajes blancos, como angelitos. Por su parte, la Etxekoandre tenía que preparar sobre la mesilla o tocador una suerte de altar mortuorio con una tela blanca de hilo bordado (con una cruz o lauburus), un vaso de agua bendita o agua de manantial, una lamparilla de aceite encendida y una ramita de laurel bendecida en el Domingo de Ramos. Luego, la Etxekoandre se ponía a rezar a la luz de las velas con la Andereserora (o Serora), otra mujer anciana o una vecina especialista en estos menesteres (“erresadoriek”), con el fin de que el alma encontrase el camino (cruzase el velo sin perderse y pudiese regresar a las raíces del árbol o a la caverna). Otros ritos habituales eran las purificaciones. La muerte se asociaba a la impureza y se creía que era contagiosa, por lo cual la casa o algunos objetos debían ser “limpiados”. En Orozko, por ejemplo, se quemaba el colchón del difunto en una encrucijada, mientras que en Sara se quemaba un manojo de paja en representación de ello, al tiempo que se asperjaba con agua bendita y se rezaban algunas oraciones. En Kortezubi y otros pueblos, se quemaba alcohol con azúcar y una mezcla de ciertas hierbas para purificar la casa y los establos.

Mientras tanto, se enviaba a los jóvenes a anunciar la partida de esa persona de este mundo. Estos jóvenes, conocidos como “mandatariak”, se ocupaban de comunicar el fallecimiento al sacerdote, al sacristán, al notario, a otros familiares y vecinos/as. Cuando el sacristán recibía el aviso, tenía que “tocar a muerto” (hil-kanpaia”) para dar a conocer a los habitantes del lugar lo acontecido. En pueblos como Elorrio, se tocaban siete veces si era un hombre, mientras que se daban seis campanadas si era una mujer. En Zeanuri, en cambio, eran tres campanadas para el hombre y dos para la mujer. Si la persona fallecida era un hombre de cierto rango, las campanadas eran más abundantes y más largas. Para los/as niños/as, se usaba un repiqueteo particular o una campana más pequeña con un timbre más agudo y vivaz (“aingeru-kanpaia”). No obstante, estaba prohibido tocar la campana desde el ocaso hasta que amaneciese, teniendo que esperar hasta la mañana siguiente si el acontecimiento se producía en esa franja.

Según nos cuenta Barandiarán, el aviso de la partida del difunto no se daba únicamente a los seres humanos, sino también a los animales y otros seres de la Etxea. Los primeros animales a los que se comunicaba la noticia tapando el panal con un paño negro o anudando una cinta negra, eran las abejas, pues ellas se ocupaban de producir la cera de las velas. Para exhortarlas a la fabricación de cera se usaban fórmulas como “Argitzarie eitzatzue, berei argitzeko” (Ziga) o “Erletxuak, erletxuak, egui zute argizaria. Nagusia hil da, ta bear da elizan argia” (Bera). También se anunciaban los fallecimientos a las vacas, obligándoles a levantarse si estaban echadas y se hacía lo propio con las gallinas u ocas, haciéndolas correr y aletear mientras se comunicaba el acontecimiento.

En el momento en que el sacerdote se presentaba en la casa para darle la extremaunción al muerto, la Etxekoandre le destapaba los pies y se los frotaba con agua bendita y laurel. El sacerdote, por su parte, traía las bulas, si se habían requerido, depositándolas también a los pies del lecho mortuorio. Asimismo, era común colocar crucifijos, rosarios y escapularios sobre el muerto, así como introducir monedas u objetos de valor en los bolsillos. En algunos pueblos (Zumaia, Ituren, Amezketa…) se conserva la antiquísima costumbre de atar las manos y los pies de los difuntos con una cinta negra, la cual está asociada al miedo a los aparecidos y a la precaución de restarles movilidad por si volvían del Otro Mundo. Después, se hacía el velatorio (“gaubela”, “beigiria”), al cual acudían familiares y vecinos para rezar un rosario con sus 15 misterios. En algunos lugares, se rezaba un rosario al atardecer para iniciar el acto y otro al amanecer para cerrar el velatorio. Posteriormente, se pasó a rezar un único rosario durante el funeral o después de este en la iglesia. También era costumbre que una mujer de buena voz y gran memoria, normalmente la misma a la que se llamaba para rezar por el difunto, dirigiese las oraciones por el alma del fallecido durante todo el velatorio. Entre rato y rato de oración, era común contar anécdotas de la vida del muerto mientras se compartía un refrigerio que consistía en un poco de queso y vino o galletas y aguardiante (karidadea).

Igualmente, era costumbre que durante los primeros días de duelo, otros parientes o los/as vecinos/as se encargasen de las labores domésticas: la Etxekoandre permanecía al cuidado de la cocina y la lumbre, el resto de mujeres limpiaban y lavaban y los hombres asumían el cuidado de los campos y el ganado. Esto no era considerado un mero gesto de solidaridad o cortesía, sino que se entendía como un deber sagrado.

Llegado el momento de trasladar el cuerpo a la iglesia (“progua”), se colocaba el cadáver en una caja de madera atada sobre una escalera o en andas con una suerte de hombreras de paño bordado. Los caminos o vías a través de las cuales se transportaba el cuerpo y viajaba el cortejo fúnebre recibían las siguientes denominaciones: “Andabidea”, “Gorputz bidea”, “Guruzte bidea”, “Hilbidea”, “Auzoteguiko bidea”, “Difunten bidea”, “Erri-bidea”, “Aingeru bidea”, “Camino del cadáver”, “Camino de la Anteiglesia”, etc  Estos caminos conectaban la Etxea con el cementerio y eran consideradas vías sagradas (al estilo de los “iter ad sepulchrum” romanos), por lo cual estaba prohibido construir casas cerca de ellos, acortar términos en las tierras contiguas o cambiar el itinerario por otro que fuese más corto o más cómodo. Si por algún motivo extraordinario se variaba la ruta, el nuevo camino era usado desde entonces en adelante.

De acuerdo con Aguirre, la organización del cortejo fúnebre (segizioa) variaba según localidades. Por ejemplo, en Amezketa, se colocaba delante la cruz parroquial portada por el sacristán, luego el féretro sostenido por jóvenes que habitaban en las casas más cercanas a la familia afectada, después una mujer soltera de la familia llevando las ofrendas (un cestillo cubierto de un paño negro con dos panes, un cerillo con un lazo negro, dos argizaiolak y una cruz de plata; si el difunto era rico, se añadía carne de carnero, oveja o buey). Tras ellos marchaba el sacerdote con o sin monaguillos. Tres pasos más atrás, los hombres encabezados por los parientes o allegados y, finalmente, las mujeres. Barandiarán, en cambio, relata que primero van los sacerdotes con o sin los niños cantores, luego los mozos  llevando al difunto, después los hombres con los familiares o vecinos encabezados por el alcalde y, por último, las mujeres. En algunos lugares de Guipúzcoa, “rescataban” un carnero o un buey que adornaban con un manto negro, borlas en el pescuezo y un pan de cuatro libras en cada cuerno. Dicho animal, conocido como “carnero de muerto” (azurrobia), presidía el cortejo fúnebre y a veces incluso se le permitía estar dentro de la iglesia durante el funeral. Por otro lado, el cortejo se solía cerrar con plañideras pagadas que, en Vizcaya, eran conocidas como “erostariak”, mientras que en la Baja Navarra se las denominaba “nigar-egileak”. Las plañideras clásicas se limitaban a llorar y a lamentarse, pero existía otro tipo de plañideras que conocían letanías concretas para acompañar al alma del difunto llamadas “iletak”.

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En recorridos largos se solía parar el algún “baserri” cercano a la ruta y se colocaba una mesa exterior cubierta de un paño negro para depositar el cuerpo. Al acercarse a la iglesia, se detenía la comitiva de nuevo para cambiar de calzado y acicalarse antes de entrar al templo. Durante el oficio, el ataúd permanecía en un atrio o se dejaba en una ermita cercana. Cuando transportaban al difunto al lugar de entierro tras la misa, los vecinos solían arrodillarse y descubrirse. Si la casa se encontraba en el casco antiguo de la villa, tanto parientes como vecinos salían con sus hachas en la mano.

Barandiarán describe una jerarquización de los ritos funerarios, clasificándolos de “primerísima” categoría, de “primera”, de “segunda” y de “tercera”, según el estrato social al que pertenecía el difunto y la pompa con la que se revestía el acto. Aguirre distingue cinco tipos de funerales y detalla cada uno de ellos:

  • Funeral sencillo o de caridad: las campanas tocaban para anunciar la muerte y el luto. Durante el oficio, se ponía una tela negra en el suelo, al igual que en la ceremonia de recuerdo en el aniversario.
  • Funeral de tercera: incluía tañido de campana, misa de réquiem, sacerdotes vestidos de raso negro y cantos gregorianos acompañados con el órgano. El aniversario se celebraba de igual manera.
  • Funeral de segunda: se componía por toque de campana, misa de réquiem y cantos gregorianos acompañados de órgano. La iglesia se adornaba con cruces y ciriales normales, se prendía un incensario y se quemaba hisopo. Los oficiantes vestían terno de damasco negro y el difunto era colocado en un túmulo de madera tallada en la nave central.
  • Funeral de primera: se daba un toque solemne de agonía con una gran campana. Los altares laterales y los muros del presbiterio de la iglesia se cubren con ternos de terciopelo negro. A los lados del altar mayor, se colocaban cruces y ciriales de metal plateado. En el altar principal, se colocaba una estola, se ponía incienso e hisopo. El muerto era colocado en un túmulo de madera ricamente labrada, custodiado por cuatro hachones encendidos y candelabros. Se iluminaba también el cuerpo central del retablo y se encendía la lámpara de araña. Durante el oficio, se rezaba la Misa de Réquiem de Perossi y se contrataba un coro de hombres acompañado por un órgano. También se hacía otra misa durante el canto de los rezos nocturnos. La celebración de aniversario se hacía como un funeral de segunda.
  • Funeral de primerísima: se tañía una campana grande en agonía y se rezaba misa de réquiem de Perossi con todos sus elementos. Los muros del presbiterio se adornaban con terciopelo negro y la cubierta del púlpito se cubría con la misma tela, pero bordada en plata y oro. Los sacerdotes vestían ternos de terciopelo negro, bordados de la misma manera. La iluminación del templo era completa, se incluían elementos auxiliares eran todos de plata y a veces se quemaba mirra. El difunto era colocado en un túmulo de la mejor calidad. Si se trataba de un cargo eclesiástico, se ponía un cáliz encima. El aniversario seguía las pautas de un funeral de segunda.

En Lekeitio, los entierros recibían también varias categorías:

  • Zortzikoa (“de a ocho”): a él acudían cuatro Seroras portando las ofrendas y dos velas cada una.
  • Laukoa (“de a cuatro”): contaban con dos Seroras que llevaban las ofrendas y dos velas cada una.
  • Batekoa (“de a una”): solo asistía una Serora con las ofrendas más humildes y una única argizaiola (vela tradicional).

En cuanto al lugar de inhumanación, ha cambiado a lo largo del tiempo. Originalmente, se enterraba a los difuntos adultos en los terrenos de la propia Etxea y a los niños, bien bajo el alero o bajo las raíces del árbol familiar. En los primeros tiempos del cristianismo, se enterraba a los fieles en la parte anterior de las iglesias, extramuros (“zumitauie”), a no ser que perteneciese a la realeza, la nobleza, el obispado u ostentase un cargo importante. Allí normalmente se colocaba una estela discoidal, especialmente en Navarra. Posteriormente, se introdujo la costumbre de enterrar a los difuntos dentro de la iglesia y para ello se parceló el suelo a fin de dar espacio a todas las familias de la localidad. Cada Etxea, por tanto, tenía asignada una parcela o “jarleku”, un espacio para enterrar y honrar a sus muertos. Sobre este “jarleku” se colocaba la Etxekoandre en los aniversarios, misas en favor del difunto o en días señalados como el Día de Todos los Santos (“Animen eguna”) con una o dos argizaiolak. Finalmente, se ha pasado a enterrar a los difuntos en los cementerios más alejados de la iglesia principal. Durante el entierro, cada uno de los asistentes echaba un puñado de tierra sobre la tumba. En algunos lugares, solían besar la tierra antes de ponerla sobre el féretro.

Tras el entierro, se reunían todos/as los participantes en la casa y se celebraban las “comidas de funeral” o “banquetes funerarios” (okasiñuak). Normalmente, se solían hacer dos comidas, una cuando se iniciaba el luto (argia) y otra tras la celebración del entierro (ogistia).  No obstante, en lugares como Lazkao,  se hacían hasta tres convites y, por ello, los banquetes funerarios recibían el nombre de “entierroko-boda” por su abundancia y el buen ambiente de convivencia que reinaba.

El cuidado del difunto, no obstante, no acababa tras el entierro, pues los vascos mantenían una creencia dualista o sincrética según la cual el fallecido/a, independientemente de que fuera al cielo, al infierno o junto a Mari, tenía otro tipo de vida “post mortem” que debía nutrirse simbólicamente. El alma, aún separada del cuerpo, seguía poseyendo algún resquicio de sustancia material, equiparable al aire, al aliento, a un soplo o una tenue luz pálida. El espíritu del muerto requería que se le iluminase, se le alimentase y se le cuidase de manera personalizada, especialmente durante los primeros meses tras la defunción, ya que se temía que pudiera convertirse en un alma errante o en pena (arimaerratia).

La forma tradicional de iluminar al muerto era con una argizaiola (“tabla de cera”) o una lamparilla de aceite. La argizaiola o cerillo de difuntos es una talla de madera con aspecto antropomorfo que representa el cuerpo del muerto y tiene enrollada una larga tira de cera virgen alrededor. Habitualmente, las argizaiolak se fabricaban en madera de haya o roble (árboles sagrados) e incluyen representaciones de plantas o flores, símbolos solares (lauburus y otro tipo de ruedas solares), símbolos lunares, estrellas, estelas discoidales, cruces o figuras de ángeles. La función de esta argizaiola era transmitir el fuego del hogar a los difuntos dentro del culto doméstico o llevar la llama de la chimenea hasta la iglesia, donde permanecía encendida durante toda la misa.

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También era común colocar paños o manteles bordados a mano sobre la tumba o en un altar dedicado a los difuntos, sobre los cuales se depositaban las ofrendas (olatak). Si el funeral o el muerto era de primera categoría, se le ofrecía una pierna cordero o carnero; si el difunto era de segunda en la escala social, se le ofrendaba bacalao; si el fallecido era humilde, se le entregaban tortas u obladas (“oladak”) y huevos. No obstante, se podían añadir otros alimentos (queso, tocino, gallina, frutas, castañas, dulces…) o bebida (vino, pacharán, licor…) que fueran del gusto del muerto. A las mujeres incluso se les puede ofrendar sus flores o sus canciones favoritas. Normalmente estas ofrendas se renuevan cada luna nueva y, muy especialmente, el Día de Difuntos, que es cuando el velo entre los mundos es más fino.

Otro aspecto a considerar en el culto a los antepasados es que no se rompen fácilmente los compromisos que estos tienen con los vivos. Es más, en algunos casos, parte de los difuntos de la familia pasan a convertirse en guardianes o protectores de la Etxea. Estos antepasados custodios reciben el nombre de Etxekojaunak y era frecuente que los descendientes e incluso los siervos fueran a pedir consejo a los cabezas de familia (mujeres u hombres) con la siguiente fórmula: “Hau edo horren egiteko zure argitasuna nahi nuke” (Quisiera vuestro aviso/consejo para hacer esto o lo otro).

Otra figura a destacar en los ritos funerarios y el culto a los muertos es la Andereserora, Serora, Bendita o Beata, la expresión histórica del sacerdocio femenino público en Euskal Herria. Inicialmente, las seroras podían ser doncellas que no se hubieran casado nunca o mujeres solteras o viudas a partir de los cuarenta años, todas ellas piadosas, honestas, muy honradas y de una reputación intachable. Posteriormente, se descartó a las mozas jóvenes por la tentación que suponía para los varones y también porque ellas pudieran enamorarse y llegaran a casarse, abandonando sus quehaceres. Básicamente, una mujer que entraba a servir como Serora era considera como una monja, pues simbólicamente se casaba con la iglesia y la comunidad a la que servía en una ceremonia pública, entregando su dote. No obstante, a diferencia de una monja cristiana, ostentaba cierto poder que, desgraciadamente fue menguando hasta que finalmente éste fue arrebatado por las autoridades.

La primera mención que se realiza sobre las seroras es el 4 de abril de 1302 en un documento escrito por el obispo de Bayona, en el cual se hace referencia a que estas Benditas o Benitas recibían un sueldo anual y se ocupaban de comprar cirios y otras cosas para las misas, así como de asistir a los funerales o misas de aniversario. Gabriel de Henao las compara a las Diaconisas de primer siglo de la Iglesia, pues al igual que estas se encargaban de limpiar el templo y las cosas necesarias para la misa, el ornato al culto sagrado en iglesias o ermitas y la asistencia en los ritos funerarios. Sin embargo, para ellas estaba vetada la asistencia a bodas y bautizos, así como la participación en labores o fiestas profanas.

Según Larramendi, las funciones de las seroras incluían:

  • Atender la decencia y limpieza de la iglesia: barrer una vez a la semana; dar cera al suelo de la iglesia; limpiar el claustro cuatro veces al año; lavar las vestimentas, sábanas y otras ropas de lienzo.
  • Cuidar de que las lámparas, especialmente la que ilumina el Sacramento, permanezcan encendidas y reponerlas en caso de que sea necesario (posteriormente hubo pleitos para que no se ocuparan de las dos velas principales del altar mayor ni fabricasen velas para los grandes eventos)
  • Recoger el agua para las abluciones de los clérigos
  • Traer el vino de la oblación
  • Tocar la campana en los días y horas dispuestas y cuidar del reloj
  • Vestir los altares y adornar la iglesia, a excepción de los días de San Miguel, Natividad, Pascua de Resurrección y Corpus Christi.
  • Cuidar del ceremonial particular de las mujeres en funerales, entierros, aniversarios, procesiones y otros actos que organizase la iglesia
  • Guiar el duelo desde la casa del difunto a la iglesia y, acabado el oficio, volver al zaguán de la misma casa para rezar algo por el muerto.
  • Ocuparse de los objetos sagrados que se fueran a usar en la misa (hasta 1586, derecho que perdieron por Mandato del Obispo de Pamplona)
  • Custodiar la plata de la Iglesia (hasta 1591)

El Mandato de la Visita, datado en 1569, describe el hábito de las Seroras como la combinación de una saya blanca y un manto negro. No obstante, también vistieron el sayón de Franciscanos, Carmelitas y Dominicos.

Entre los derechos de las seroras, se contemplaban los siguientes:

  • Percibir un sueldo anual correspondiente a la asignación parroquial y a su cargo (30 pesetas, al igual que el sacerdote)
  • Cada familia que no pudiera dar una aportación anual, entregaba un celemín de trigo y otro de maíz; los que sí perciban asignación, cinco celemines de trigo y cinco de maíz.
  • Recibir diez reales anuales de manos del cura o de la familia que tenga una silla en la iglesia.
  • Percibir del Administrador el carbón y la leña que necesite durante un año.
  • Recibir las sobras de las ofrendas de los funerales (cera de las velas, obladas…) y las monedas que la familia le entregase voluntariamente por su asistencia.
  • Ser inquilina (sin pagar renta) de una pequeña casa con huerto, llamada Seroretegi, así como disponer libremente de una porción del robledal de paseo y de la porción de bosque que se halle en el plano inferior del cementerio.
  • Poder cambiar de una iglesia o ermita a otra.

Como se puede apreciar, tanto sus deberes como sus derechos eran considerables y, en consecuencia, su posición entre la comunidad era notable, provocando la envidia y la condena de los sacerdotes, sacristanes, frailes y otros cargos eclesiásticos. Tanto fue así, que el número de pleitos con las sesoras aumentó y esto dio lugar a que se les fueran quitando progresivamente parte de sus roles y derechos legítimos.

En 1633 se emitió un mandato que supuso el inicio de la decadencia de estas sacerdotisas. En 1747, se expidió una Carta-Orden desde el Consejo Real que exigía a los/as ermitañas dejar los hábitos y vestirse con las ropas propias del pueblo llano. Posteriormente, en Guipúzcoa, se prohibió que las Seroras recibieran las oblaciones y limosnas que habían recibido anteriormente durante los sepelios. Finalmente, en 1769 se indicó que no se permitieran nuevos nombramientos, reemplazando las vacantes de las seroras que fallecían o dimitían con sacristanes. Hacia 1800 las Seroras desaparecieron para siempre y el culto a los antepasados pasó a ser totalmente privado.

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La imagen de portada fue encontrada aquí: https://heartheboatsing.com/2015/08/13/death-on-the-water/

 

Ilargi Amandrea, zeruan ze berri?

El hallazgo de varios calendarios paleolíticos como el de la cueva Lamiñak (Berriatua, Bizkaia) o la cueva de Blanchard (Les Ayzies), que fijan el tiempo en periodos de 60 días (dos lunas), asociado al sistema numérico vasco basado en sumas de 20, ha llevado a investigadores como P.P. Astarloa, J.B. Erro,  J. Gorostiaga, J. Vinson, J. Caro Baroja o Josu Naberan a apoyar la hipótesis de un calendario lunar organizado en períodos de 15 noches (astea, “ciclo de las noches”).

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Pablo Pedro Astarloa fue el primero en desechar la denominación de raíz latina de los días de la semana (domeka, martitzena, etc) y en recuperar términos euskéricos más antiguos como astelehena, asteartea y asteazkena, los tres primeros días de la “semana” que empezaría en luna nueva (ilberri /ilena). Asimismo, podemos atribuir a este autor el primer apunte que se hizo sobre la palabra “aste/a” como inicio de la lunación, situando su origen en el verbo “hasi /assi” (empezar). Posteriormente, Juan Bautista Erro rebatió que estos tres nombres hicieran referencia a días, apuntando que se referían a períodos dentro del ciclo lunar, siendo “astelen-a” el “primer día de luna”, “astearti-a” el momento de “luna llena” y “asteazken-a” el “último día de luna”.

Julien Vinson, por su parte, señaló que el término “egubakoitz” (día suelto) que se usaba indistintamente para referirse tanto al viernes como el sábado en algunos pueblos de Bizkaia, sería el día suplementario (o “noche intermedia”) que se introducía para ajustar el mes de 30 noches y correspondería con la noche anterior al cuarto creciente.

Adicionalmente, J. Gorostiaga planteó que, antes de que se introdujese el calendario romano de 7 días, las tribus pre-romanas se guiaban por el movimiento visible de la luna y el año agrícola se dividía en dos estaciones, atendiendo a la presencia de oscuridad (“illul”) o de luz (“argi”, “egu”): Negu (Invierno) y Uda (Verano). La primera iría del solsticio de invierno (“eguberri”, “neguburu”) al solsticio de verano (“ekhain”, “izkiota”) y del solsticio de verano al solsticio de invierno. Con la introducción del calendario cristiano, se añadieron como estaciones intermedias la primavera (“udaberri”) y el otoño (“udazken”). José Dueso, sin embargo, defiende que los antiguos vascos ya hacían subdivisiones dentro de sus dos estaciones principales, pero estas atendían a cuestiones de duración temporal que marcaban el inicio, la mitad y el final de una estación. Dicha subdivisión también se aprecia en la descomposición lingüística de los días de la semana vascos (len-principio; erdi-medio; azken, final).

Caro Baroja apoyaba firmemente la división del mes lunar en tres períodos, considerando que el 3, tanto para los indo-germanos como para los vascos, era un número sagrado que, además, se relacionaba con la antigua división ternaria de origen religioso-económico. Además, añade a esta afirmación la prueba de que existen nombres como “igande” que están ligados a la religión.

Josu Naberan recoge todas estas aportaciones y, además, reflexiona sobre el origen y significado de la palabra “aste”, que podría ser una evolución del término euskérico “Ats/arrats” (atardecer, noche, oscuridad). Curiosamente, el vocablo “as” aparece escrito en el lenguaje funerario ibero/tartésico, etrusco, minoico y egipcio antiguo con el mismo significado que la palabra vasca, lo cual suma evidencias a la hipótesis de que “aste” haría referencia a un conjunto de noches.

Según Naberan, este período tendría que ser de 14-15 noches. Si se tratase de la primera mitad del mes lunar actual, nos referiríamos al período que va de la luna nueva al plenilunio (incluyendo al cuarto creciente) y, si se tratara de la segunda mitad del ciclo, de la luna llena al novilunio (incluyendo el cuarto menguante).

Tomando las palabras astelehena, asteartea y asteazkena con el significado que ya se ha comentado, dividiríamos el conjunto de noches (aste) en tres momentos:

  • Astelehena: período que comprende desde el novilunio hasta el cuarto creciente (si se trata de la primera mitad del ciclo) o desde la luna llena al cuarto menguante (si hablamos de la segunda mitad). Dicho período suele ser de 6 días, pero a veces puede ser de 7 u 8 días y, raramente, de 5 días. Aunque el ciclo orbital lunar dura 27,3 días, que nosotros contamos 27 días horarios, su órbita sigue una trayectoria ligeramente curva y, si la observamos desde distintos puntos de la tierra, percibimos que los ciclos duran más o menos.

Los vascos asignaron nombres para estas variaciones. El séptimo día o “día suelto”, fue denominado, como ya hemos adelantado, “egubakoitz” (en la Baja Navarra, “ebiakoitz”). Al octavo día, se le llamó “irakoitz” (el dia siguiente de “egubakoitz”).

  • Asteartea: correspondería con la luna creciente o menguante, según sea el caso.
  • Asteazkena: es el período que va de la luna creciente a llena o del cuarto menguante a la luna nueva. Comprendería un período de 6 noches, aunque algunos autores lo reducen a 4 días porque restan los días que corresponden a la antigua celebración del “Larunbata”, el Sabbat de los vascos (actual sábado).

Naberan apunta que el “larunbata” provendría de la expresión “lau hurren betea” (la cuartena de luna llena), un festival de cuatro días cuyo propósito sería celebrar el auge de la luna (plenilunio). Dentro de este festival, se distinguen cuatro días (egu): “eguastena” (día de comienzo), “eguena” (día central), “barikua” (día intermedio antes de la luna llena o día de la cena) e “igandea” (la subida grande o punto álgido). Así pues, Naberan descarta los vocablos “osteguna” (jueves) y “ostirala”(viernes) que Caro Baroja relaciona con la adoración del dios Ortzi o Urtzi, ya que no tendrían lugar en una festival dedicado a la luna (Ilargia).

Si extrapolamos esta información para reconstruir el antiguo culto lunar vasco, podemos intuir que el “eguastena” sería un momento de preparación, donde podría realizarse algún tipo de purificación. El “eguena”, podría dedicarse a la adoración de Eguzki (X. Ikobaltzeta asociada el vocablo a Eguzki y le concede un carácter ritual). El “Barikua” (cuyo origen etimológico podría encontrarse en abari = cena), que se usa como sustitutivo de Ostirala, podría tratarse del “viernes sagrado” dedicado a Mari y, por tanto, sería el momento de reunión de las sorginak (brujas) en una cena comunal. Por último, durante el Igandea, “día de la subida grande”, se rendiría culto a Ilargi en su máxima manifestación de poder. Este planteamiento también se sustenta en la consideración de que la tríada Mari, Ilargi y Eguzki es indivisible, formando parte de un mismo sustrato mítico que explica el fenómeno del día y la noche y la relación entre los astros. Además, Mari, al ser madre de ambas, debería recibir el espacio de culto que el propio folklore recoge. Por último, no podemos separar a Ilargi de su hermana Eguzki, pues es quien permite la existencia de los seres humanos y los protege de las criaturas mágicas.

Si queremos seguir el ciclo de la luna a lo largo del año, debemos tener en cuenta que hay una media de 12,38 ciclos lunares (contando de luna llena a luna llena) y que cada 3 años se produce una treceava lunación. Por su parte, el ciclo metónico que estudió las coincidencias entre el sol y la luna, nos permitió descubrir que en 19 años solares se producen 253 lunaciones y, justo en ese momento, la luna vuelve a pasar por las mismas fases en los mismos días y horas. Es decir, entonces el comienzo lunar se sincroniza con el solar. Estas consideraciones también son importantes a la hora de reconstruir el culto lunar y, más aún, si deseamos sintonizarnos con sus ciclos para nuestra práctica mágica. Los calendarios agrícolas o almanaques de granjeros, como el “Calendario Zaragozano” nos son igualmente de gran ayuda.

Adicionalmente, conviene tener en mente las obras que Caro Baroja, Gómez Tejedor y José Dueso, entre otros, han dedicado al calendario vasco. Su lectura me ha inspirado a desarrollar un calendario propio en el que intento incorporar los elementos naturales y folklóricos para designar las distintas lunaciones.

En euskera, enero es denominado “Urtarrila” (periodo húmedo) u “Beltzila” (periodo negro). Si tomamos como referencia estas designaciones, podríamos denominar a la luna llena de Enero, “Luna húmeda” o “Luna ennegrecida”, aunque también podríamos adoptar la denominación de otros almanaques agrícolas y nombrarla “Luna fría” o “Luna de Nieve”, ya que suele ser la época más gélida del año y para los vascos las nieve (elurra) era un símbolo de prosperidad. Asimismo, cabe considerar que durante los 12 primeros días tras el Año Nuevo, se tiene por costumbre observar el tiempo atmosférico y otros signos de la naturaleza que se interpretan como designios de acontecimientos. Esta forma de oráculo primitiva, llamada “Zotalegun”, nos serviría igualmente como posible inspiración para renombrar esta lunación como “Luna de los auspicios”.

El mes de febrero se denomina “Otsaila” o tiempo de lobos. De ahí que la opción más viable sea nombrar esta lunación como “Luna del lobo”. Otra opción menos utilizada es “Katail”, que proviene de “katua” (gato), así que también podríamos llamarla “Luna de los gatos”. Si atendemos a lo que ocurre en el entorno ganadero, es el momento de gestación de las ovejas y de mayor producción de leche. Esto, sumado a la importancia de la festividad de Santa Águeda, nos llevaría a denominarla “luna de la leche” o “luna del despertar” (dado que con la Makila despertamos a los espíritus de la tierra).

Marzo (“Martzoa”) es tiempo de poda e injertos (“Epaila”), aunque también está asociado al gallo como animal folklórico, cuyo canto ahuyentaba a los espíritus de la noche y las sorginak, pero también era considerado un presagio de calamidad o muerte si ocurría a deshora, como señaló Barandiarán. Por tanto, “luna de poda” o “luna del gallo”, serían dos alternativas posibles.

Abril (“Apilira” u “Opailla”) es el tiempo de siembra, maíz y lluvias, así que cualquiera de las tres opciones sería válida para nombrar a esta luna.

Mayo (“Maitza”) es la época de los “mayos”, los grandes palos que se alzan en las plazas, alrededor de los cuales se danza. También es el momento en que florecen las margaritas. Cualquiera de estos elementos podría incorporarse a la denominación de la lunación.

Junio (“Ekaina”) es temporada de recoger cebada o habas. Asimismo, es el momento de celebrar el Solsticio de Verano alrededor de la hoguera y el tiempo del resurgir de Herensuge. De entre los tres elementos, los que más destacan son el fuego y la gran serpiente. Personalmente, me quedo con el último, ya que la “luna del dragón”, es una designación más vistosa y simbólica.

En julio (“Uztaila”) se realiza la cosecha del trigo y del forraje para los animales, por ello, las denominaciones más comunes de los calendarios agrícolas para esta lunación son “luna del trigo” o “luna del heno”. No obstante, también es tiempo de la maduración del nogal y “luna de las nueces” no es una alternativa a descartar.

Agosto (“Abuztua”) es momento para recoger legumbres y de escuchar el canto de los grillos. Igualmente, en esta época se producen la maduración de las moras y las endrinas. Por tanto, podríamos llamar a esta lunación “Luna del grillo” o “Luna de las zarzas”. Por motivos folklóricos y “brujeriles”, me quedo con esta última.

En septiembre (“Iraila”) se realiza la vendimia, pero también es un mes relacionado con el helecho como planta de uso médico y mágico. Así pues, las dos opciones más lógicas serían “Luna del vino” o “Luna del helecho”.

Octubre (“Urria”), por su parte, es el mes del avellano (urrilla) y de las castañas (por el “Gatzainerre eguna” o “Castañada”). También es la última temporada de caza. De ahí que en otros calendarios se la haya denominado “Luna del cazador”. Atendiendo a la terminología euskérica, sería más probable que fuese la “Luna del avellano”, pero teniendo en cuenta que los vascos tenemos nuestra propia figura del “cazador maldito”, acompañado por una jauría de perros, que recibe los nombres de Ehiztari Beltza o Mateo Txistu, considero que lo apropiado es dar valor a un mito que tiene gran extensión en toda Europa y gran trascendencia en la práctica de la brujería.

Noviembre (“Azaroa”) es temporada de matanza y de dar culto a los muertos. Así pues, “luna de sangre” o “luna del luto” (siguiendo la tradición de otros almanaques), me parecen dos alternativas muy válidas.

Diciembre (“Abendua”) hace referencia a la presencia de aves rapaces como el buitre o el cuervo, animales totémicos bajo cuya forma Mari se aparece. En sintonía con esta idea, podríamos denominar esta lunación “Luna del buitre”. Este mes también es época de germinación (lotu). Sin embargo, dada la importancia del Solsticio de Invierno en la tradición vasca, convendría recoger alguno de los elementos ligados a esta festividad. El calor del hogar y el arte de la herrería son dos aspectos a destacar. Personalmente, la idea de rescatar la figura del herrero, me resulta muy atractiva. No obstante, también considero muy significativo el período de 12 noches que va desde el Solsticio de Invierno a Nochevieja. En otros almanaques se llama a esta lunación “Luna de las Largas Noches”. Empero, quizás deberíamos transformarla en la “Luna de las mágicas noches”, donde todo lo extraño y lo místico puede suceder.

Por último, el treceavo mes lunar, a mi juicio, tal vez no debería tener una denominación concreta o ninguna más allá de “la luna intermedia”, ya que las energías de ese ciclo adicional variarán cada tres años. Por tanto, mi propuesta es que cada cual haga sus propias observaciones y le atribuya la denominación que más se ajuste a su experiencia vital o espiritual.

 

La imagen de portada se ha extraído del espacio “WARXPRO” de Tumblr: http://warxpro.tumblr.com/post/78982696092/a-seething-destructive-blackness-overtook-me?ref=weheartit

La fotografía que acompaña al texto es una imagen de la placa de Blanchard y el asta de Brassempouy descubiertas por el arqueólogo Alexander Marshack.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asko dakin zu, bizitzen baldin badakin zu

El proverbio vasco dice que “mucho sabe aquel que conoce cómo vivir”. Esta es una máxima que mi abuela, una humilde campesina y señora de su casa, me ha transmitido desde bien pequeña y que me sigue repitiendo y demostrando con sus 96 años. Y no puedo más que admirarla y atender sus consejos porque para mí ha sido un modelo de lo que la vida debería ser. Como se dice popularmente, la gente anciana sabe mucho porque ha sido enseñada por la necesidad (“asko daki zaharrak, erakutsi beharrak”). Es por eso que, en la cultura vasca, se sigue teniendo en gran estima a los mayores, especialmente a las “amonas”, y se escuchan sus palabras.

Mi abuela es una de esas mujeres que apenas pudo ir a la escuela, pero se esforzó por seguir las costumbres y aprender muchas de sus habilidades observando a otras personas, “cogiendo lo bueno” de ellas, aunque tuvieran una moral un tanto cuestionable, una reputación no demasiado ejemplar, estuvieran en una peor posición socio-económica o fueran muy distintas a ella. Así me ha educado: enseñándome mediante la observación, el ejemplo, la transmisión oral, el esfuerzo y la paciencia que supone esperar el momento de poder formular las preguntas adecuadas, recibir las respuestas justas en el momento idóneo y actuar cuando uno/a es requerido/a, está preparado/a, la situación así lo impone o ha demostrado la valía suficiente para asumir un rol activo.

Una de las primeras cosas que he aprendido de ella es el respeto a la vida y a todas sus criaturas. Tal y como la propia Mari nos muestra, toda forma de vida tiene un valor y un propósito, no importa lo pequeño o insignificante que parezca.  Todo ser puede enseñarte algo y por eso debes respetarlo. No nos corresponde a nosotros/as juzgar la virtud o las faltas de otros, pues de ello ya se encargará nuestra Dama. Es más importante preocuparnos de comprender nuestro propio valor, mantener nuestra dignidad y nuestro honor.

De ahí se derivan otras lecciones de gran importancia: ser sinceros/as con nosotros/as mismos/as y con los demás, aprender a ser íntegros/as y coherentes con lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos, así como cumplir con la palabra dada o no comprometernos con algo o alguien cuando realmente no podemos, ya que si lo verbalizamos y luego no actuamos, habrá una serie de consecuencias. Recordemos que “todo lo que tiene nombre, existe” y, una vez que la intención se ha materializado en palabras, no hay vuelta atrás (“Agindua zorra, esan ohi da”/ Una promesa es una deuda, se ha dicho siempre). Esto también nos lleva a la prudencia, a tener cuidado con lo que decimos, pedimos, hacemos y dejamos de hacer.  Aunque, por supuesto, hay situaciones que comprometen la supervivencia, la integridad personal o moral, así como el bienestar de los nuestros donde corresponde marcar límites claros y tomar medidas de forma rápida, precisa y efectiva, dejando de lado la diplomacia. En tal caso: “Amen: zu hor eta ni hemen” (Así sea, tú allá y yo aquí).

Otras grandes enseñanzas que he recibido son que nada que merezca la pena de verdad se gana sin arduo trabajo (“Garaipena, neke askoren ondorena”/El éxito es resultado de mucho trabajo duro) y que hay que estar agradecidos/as por cada pequeña cosa que el universo nos regala u otras personas nos entregan desinteresadamente, con cariño o agradecimiento.  Si nos situamos en una mentalidad comunitarista, nada de lo que tenemos es realmente nuestro e intentar conseguir bienes o conocimientos por la vía rápida, a veces incluso aprovechándonos de lo que otros/as han hecho o están haciendo para allanar el camino, ¿no es una forma de jactarnos y de rapiñar los frutos que esas personas deberían recoger? Como reza el dicho vasco: “Aberats izatena baino, izan ona hobe” (más vale tener un buen nombre que ser rico). Y tal y como Mari demuestra generosidad con la gente honrada y los desamparados en las leyendas, así nos enseñan las abuelas a cooperar, asistir y mostrar diligencia con nuestros/as amigos/as, vecinos/as y todo aquel que necesite de cuidado, pronunciando “egizku beti on, ez jakinarren non” (siempre haz lo correcto, incluso si no sabes a quién beneficias).

El cuidado de las amistades y mostrar fidelidad hacia estas es algo muy valioso para los/as vascos/as y, en consecuencia, la traición es una de las peores faltas (“Bi etxetako txakurra, goseak jan”/ El perro que pertenece a dos casas, muere de hambre). Mi familia por línea materna ha tenido unas relaciones bastante armoniosas, tanto dentro como fuera de la familia. Mi abuela ha sabido conservar sus amistades durante largos años, muchas hasta el momento de su fallecimiento. Algunas de ellas incluso se han convertido en una extensión de la familia de sangre, llegando a tener un vínculo suficiente fuerte para ejercer un papel en ciertos asuntos de la familia. Ahora que mi abuela es mayor y no puede visitarlos, llevándoles dulces, huevos, leche fresca, parte de la matanza, flores del jardín o algún otro presente, es ella quien recibe esas visitas con la mejor de las disposiciones. No obstante, en el Solsticio de Invierno, se acuerda de llamarlos a todos/as o nos pide que escribamos una postal para desearles buenas fiestas. En este sentido, mi abuela tiene bastante claro que, la vida sin amigos, implica una muerte sin vecinos (“Adiskidegabeko bisitza, auzogabeko heriotza”).

La gestión de estas relaciones comunitarias también tiene sus propias reglas, costumbres y prohibiciones. En primer lugar, la capacidad de escucha es, probablemente, la cualidad más valorada. Así nos lo muestra el dicho: “Aditzaile onari, hizt gutxi” (Un buen oyente necesita pocas palabras). Recibir las confidencias de alguien es considerado un honor y una responsabilidad, de modo que la indiscreción está muy mal vista. Es más, nuestros mayores nos advierten que debemos ser vigilantes y desconfiados con aquellas personas que quieren saber demasiado sobre nuestros asuntos personales (“Azeri solas ematen zaukanean ari, gogo emak heure oiloari”/ Cuando el zorro te está dando conversación, concéntrate en alimentar al pollo). Asimismo, se nos previene de hablar demasiado, primero, porque se cree que lo que se dice se manifiesta; luego, porque el que mucho habla, tiene más probabilidades de equivocarse; también, porque centrarnos en nosotros mismos hace que no escuchemos lo que lo demás pueden aportar y esto se considera una falta de respeto; por último, porque aquel que dice lo que le parece sin contrastarlo, puede ofender a alguien y escuchar lo que no quiere oír (“Esaten buduk nahi duana, etzungoduk nahi ez diana”). También suele ocurrir que el que mucho habla, tiende a hacer poco. Sin embargo, no intervenir en una conversación cuando creemos o sabemos que alguien no está diciendo la verdad o está equivocado, es también una imprudencia porque la audiencia asumirá que le das la razón (“Entzun eta isil, baiezko borobil”/ Escuchar y callar, es afirmar en redondo).

Por otra parte, las relaciones interpersonales exigen una justa reciprocidad (“Bakoitzari berea eta beti adiskide”/ A cada cual lo suyo y siempre amigos), gratitud (“Hartzean dena, zortzen dena”/ Lo que recibes, lo debes”), compromiso (“Idia adarretik eta gizona hitzetik” / Coge a los bueyes por los cuernos y los hombres por su palabra), responsabilidad y resolución (“Iraurk egin dezakeana ez uzti besteri egiten”/ No dejes que otros hagan lo que puedes hacer por ti mismo). También se dice que es importante aprender a recibir primero para poder ofrecer algo a cambio a los demás de una forma adecuada (“Jakiteko hartzen, ikas ezazu ematen”) pero, en ningún caso, podemos permitirnos ser aprovechados, ya que la gente acabará retirándonos su favor y generosidad (“Bat eman eta bi hartu, gure etxean ez berriz sartu”/ Dar uno y tomar dos no hará que vuelvan a tu casa).  Teniendo en cuenta lo anterior, la ambición, la envidia, la mentira, la pereza y regocijarse de la desgracia ajena, son consideradas prohibiciones sociales, todas ellas reflejadas en los refranes y leyendas populares y castigadas por los espíritus locales.

En cuanto a las relaciones en el hogar, se considera importante que una casa esté llena de vida (personas, animales, plantas), ya que es una manera de darle propósito. Así, el dicho vasco, manifiesta que una casa vacía es pura rabia (“Etxea hutsa, harrese hutsa”). Adicionalmente, se cree que una casa sin fuego es como un cuerpo sin sangre (“Sugabeko etxea, gorputza odolgabea”). Teniendo en cuenta que la Etxea se concibe como una materialización del vientre de la Madre Tierra y espacio generador, protector y reproductor, no resulta extraño que los vascos pusieran tanta atención en ella. Además, en un sentido espiritual, que no haya nadie cuidando de la casa, implica que los espíritus que la habitan padecen hambre y sed por la ausencia de ofrendas. De ahí que si entramos en una casa antigua que ha sido abandonada por mucho tiempo, podamos percibir una sensación de rechazo e incluso de temor, pues esos espíritus realmente pueden llegar a sentirse abandonados y furiosos con los seres humanos. Por otra parte, recordemos que el fuego de la casa es entendido como un espíritu familiar en sí mismo, siendo la chispa que inicia y mantiene la actividad dentro de la Etxea. En relación al fuego del hogar, también existe un proverbio que nos remite a una costumbre que aún se preserva: sentarse más o menos cerca de la lumbre en función de la posición dentro de la familia. El refrán dice así: “Zer dio sutundokoak? Zer baitio zutaizinekoak” (¿Qué dice el de al lado del fuego? Lo que dice el de delante del fuego). Esto hace referencia a que la Etxekoandre es quien tiene preferencia a sentarse junto al fuego, ya que ella lo alimenta. Por detrás de los señores de la casa, están los primogénitos (no importa si son hombres o mujeres) y, tras ellos, se sientan los hermanos pequeños. Así, los hijos menores escuchan lo que sus mayores dicen y, a nivel práctico, también obedecen los mandatos de estos. Otra regla de oro en la gestión de las relaciones familiares es mantener los asuntos de casa, dentro de ella: “Etxeko sua, etxeko hautsez estali behar da” (cubre el fuego de la casa, con la ceniza de la casa).

El matrimonio es considerado un rito de paso y una unión social de gran importancia, en consonancia al poderoso vínculo que Mari establece con su esposo Maju (o Sugaar). La abuela de mi marido solía decir que: “quien acierta en casarse, no se equivoca en nada”. Como esta frase, encontramos otros refranes como “Ezkondu baino lehen, ezagutzea lehenago” (antes de casarte, conoce a tu pareja) o “Nahigabeko ezkontzea, neke eta kaltea” (un matrimonio involuntario no trae más que problemas). Una de las funciones del matrimonio, además de establecer una alianza entre familias y perpetuar o engrandecer el patrimonio, era tener descendencia. Los hijos eran considerados una bendición de la Dama y un símbolo de prosperidad (“Haurrak bihi larri dira”/ los niños son corpulentas semillas). Esto era así hasta el punto de estigmatizar a las mujeres que eran infértiles llamándolas “matxorrak” (machorras) y se recurrían a largos peregrinajes a lugares señalados o hacían ritos de fertilidad como lanzar piedras a ciertos pozos, beber de fuentes sagradas o colocar ropas de bebé bajo el manto de la virgen. La educación de los hijos era una gran responsabilidad que exigía dedicación y dar ejemplo, tal y como expresa el refrán “Hitzetz berzerik beharda, haurrak haziren badiran” (no bastan las palabras para educar a un niño). Dentro de esa educación, se destaca el peso de las enseñanzas y costumbres de la familia: “Ohakoan dena ikasten, ez da jaoiti ahazten” (lo que se aprende en la cuna, nunca se olvida). Y a veces esas costumbres están tan arraigadas que, como reza el dicho, se convierten en ley (“Ohiturak lehe ohi dakar”).

Concretamente, en casa de mi abuela están presentes varios de los elementos folklóricos y costumbres de una Etxea tradicional:

  • La conexión con los poderes del agua: la casa se construyó en una chopera (la madera del álamo blanco es estimada en ebanistería porque resiste la erosión del agua), cerca de la llamada “piedra de las lavanderas” (lamias) y próxima a la antigua fuente de “La Rueda” donde las mujeres iban a por agua. Además, se hizo un pozo. En este pozo, es donde suelo dejar las ofrendas para los espíritus de la casa.
  • La presencia del fuego sagrado: En la casa se instalaron dos chimeneas, una principal y otra secundaria. Tal y como manda la tradición, mi abuela como Etxekoandre se encargaba de encender y alimentar el fuego (aunque la tarea de cortar la leña está reservada al hombre). Por extensión, la que cocinaba era también ella y nadie más podía remover la olla. La tarea de amasar la hacía igualmente ella, aunque a las niñas mayores nos permitía verter la masa en el recipiente, hacer las formas de los panes y los dulces o decorar las tartas.
  • Uso de las cenizas del hogar: cuando mi abuela limpiaba la chimenea, siempre reservaba las cenizas en un cubo. Parte de esas cenizas, las echaba en el jardín y en los campos, con la idea de bendecir las plantas y asegurar su crecimiento. Tradicionalmente, las cenizas también se han utilizado para hacer Kuttunak (talismanes), especialmente para proteger a los niños, aunque también a los animales, tal y como señala José Dueso.
  • Plantar un árbol junto a la casa: en nuestro caso, había una higuera y con sus frutos hacíamos mermelada.
  • Presencia de plantas de uso popular: mi abuela siempre ha tenido geranios en la ventana o en la terraza porque decía que daban un buen ambiente a la casa. Curiosamente, Barandiarán describe que en la Baja Navarra se creía que el geranio tenía un olor saludable, que servía para renovar el aire de la casa (atraer los buenos aires). Igualmente, recuerdo haberla visto quemando hojas de laurel (o romero) dentro de la casa y asperjando agua bendita por los rincones de las habitaciones. Estas también son fórmulas para arrojar fuera de la casa los “aize txarrak” (malos aires). Asimismo, hacía ramos con laurel y olivo en forma de cruz (bendecidos en Domingo de Ramos) para colgarlos como protección en la casa y evitar las tormentas de granizo (en otras zonas, se usa el espino blanco y el fresno como “pararrayos”). Mi abuela también plantaba albahaca y hierbabuena en la casa. La albahaca es considerada la hierba de Mari (aunque también está asociada a Santa Águeda) y se usaba para alejar a los mosquitos y repeler la enfermedad, aclarar la mente, atraer la prosperidad, evitar la caída del cabello y propiciar un buen parto. La hierbabuena está vinculada a la noche de San Juan (Solsticio de Verano) y se usa tanto para fabricar los famosos ramos como otro tipo de Kuttunak.
  • El chivo negro: Según recogió Barandiarán, el macho cabrío es uno de los númenes principales (Akerbeltz) y, en la mentalidad popular, estaba presente que el animal tenía asociadas facultades curativas y protectoras sobre el resto de animales de la casa. En algunos casos, no se tiene tan en cuenta el género y también se acepta como tótem una cabra negra. Mi abuela tenía una cabra negra a la que solo ordeñaba ella. Esta cabra parió tres cabritos, uno de ellos negro (“txoto motxo”), que se quedó como guardián de la casa hasta el día de su muerte.
  • El uso de la saliva para sanar: en la tradición vasca, la saliva (listua) es un elemento de sanación y protección contra el “begizko” (mal de ojo). Mi abuela la aplicaba después de hacer los agujeros de las orejas para favorecer la cicatrización y también detrás de las orejas o junto a los orificios de la nariz cuando la piel estaba descamada. También nos frotaba con saliva o con agua de manzanilla para curar los ojos.
  • El ritual del pan: en algunos hogares vascos, todavía se conserva la costumbre de que el/la anfitrión/a haga una cruz con el cuchillo sobre el pan para bendecirlo durante la Nochebuena y guardar un trozo del pan en un armario durante el resto del año como forma de protección. Según la creencia popular, el pan no se enmohecía y al final de la cena se le podía dar al perro de la casa para librarlo de la rabia.
  • Hilar o tejer durante las noches de Navidad: mi abuela siempre ha tenido por costumbre tejer desde la Noche de Difuntos hasta el final del invierno y suele regalarnos una prenda de lana cada año a cada una de las nietas. No obstante, durante las doce noches que van desde el Solsticio de Invierno hasta la Nochevieja, suele tejer cada noche. Esto podemos relacionarlo con la creencia de que el hilo que se tejía en Navidad protegía a los seres humanos del Diablo y de otros espíritus malignos.
  • Poner un vaso de agua corriente en la mesilla de noche: uno de los genios más famosos de la noche es Inguma, el equivalente a la “Pesanta” en Cataluña. Este espíritu es conocido por colocarse sobre el pecho de los durmientes, produciendo una sensación de opresión, ahogo, desasosiego y pesadillas. Aparte de algunas oraciones para ahuyentarlo, se solía poner un vaso de agua de manantial para mantenerlo a raya, o bien convocar la presencia de su contrario Gauargi. Mi abuela siempre duerme con un vaso de agua a la altura de su cabeza.
  • Hervir la leche: además de tratarse de una medida de salubridad, la acción de hervir la leche hasta sacar sus vapores se considera una forma de ofrenda para las lamias, especialmente para Amilamia, la más bondadosa y cercana a los humanos entre sus congéneres.
  • La luna, el tiempo y los presagios: como comentamos en el artículo anterior, Ilargia, la diosa luna de los vascos, está asociada al tiempo, al destino y a los muertos. Cuando llega la luna llena, se la saluda con la fórmula tradicional: “Ilargi Amandrea, zeruan ze berri?” (Señora Luna, ¿qué nuevas hay en el cielo?) A lo cual se responde: “Zeruan berri onak, orain eta beti” (En el cielo hay buenas noticias, ahora y siempre). Además de esto, mi abuela siempre me ha dicho que, “cuando cambia la luna, cambia el tiempo”. No es una máxima a tomar al pie de la letra, pero es un pensamiento que te lleva a observar sus ciclos y los cambios que se producen en la naturaleza. También cree que la luna llena que está rodeada de un cerco pálido, trae lluvia o heladas (según la época del año), además de presagios y, en ocasiones, muerte.
  • El culto a los muertos: esta tarea es, como ya se ha dicho, responsabilidad de la Etxekoandre o de la hija mayor que pasa a asumir la figura de Andereserora (sacerdotisa). Anteriormente, se enterraba a los difuntos de la familia en la Etxea (a los bebés muertos, bajo las raíces del árbol) y luego se pasó a darles culto en el “Yarleku” (sepultura, bien dentro de una iglesia o capilla). Mi abuela, en su día, mandó construir un panteón familiar con un altar de piedra. En dicho altar están todas las fotografías de los difuntos sobre un mantel blanco, bordado en hilo y convenientemente almidonado. A los lados de la lápida se colocan las velas para iluminar a los muertos. En ausencia de la argizaiola tradicional, mi abuela suele colocar lamparillas de cera virgen con aceite de oliva. Asimismo, compra las flores que más le gustaban a los difuntos. En casa, se tiende a poner vino o pacharán para darles de beber y también se puede ofrendar cualquiera de sus alimentos favoritos en vida. No obstante, se solían ofrecer castañas en el “Animen eguna” (Día de Difuntos, anteriormente conocido como “Gatzaiñerre eguna” o “Castañada”)
  • Dulces propios para cada fiesta agrícola: en mi familia existe una tradición repostera fuerte y conservamos el libro de recetas de la tatarabuela (cuyos padres trabajaron como panaderos). Este tesoro familiar recoge recetas de dulces asociadas a cada festividad. Por ejemplo, en Santa Brígida o Santa Águeda, se solía hacer leche frita o el famoso pastel de arroz (al que denomino, cariñosamente, “tarta de lamia”); en Equinoccio de Primavera, buñuelos de patata o manzana; en las Fiestas de Mayo, hogazas de pan en forma de helecho o trenzas; en San Juan, pastas de anís u hojaldres (“brasas”); en la cosecha del trigo, rosquillas; en la vendimia, “hojas de parra” y pastas de clarete; en el Día de Difuntos, garrapiñadas o mantecados; en el Solsticio de Invierno, polvorones y mazapanes. Un truco que se me ha transmitido a la hora de preparar los dulces, es que tengo que batir los ingredientes hasta que la masa haga “cordón”. Esta idea del cordón tiene que ver con las energías de ligazón (adur) que permiten materializar cualquier intención, creación o conjuro. La cocina, sin duda, ha sido uno de los espacios más mágicos de la Etxea.

¿Qué otras costumbres de posible origen folklórico se han conservado en vuestros hogares?

Eskerrik asko, Julio de Urquijo, Gotzon Garete eta Jon Aske . Sin vuestro trabajo de recopilación de refranes, las nuevas generaciones no podríamos beneficiarnos de las enseñanzas del saber popular.

La fotografía de familia en la puerta del caserío Isasi Berranengua es de Indalecio Ojanguren: http://www.guregipuzkoa.eus/irudia/?pid=3565

 

Ezai emana, ezak eraman

En el artículo anterior, se hizo mención a lo que popularmente denominamos “leyes de Mari”, pero no se profundizó en el tema, ya que hablar de estas normas de trato y convivencia, implica también abordar el tema de las prohibiciones o tabús. Ambos elementos delimitan un sistema ético particular al que están, a su vez, asociadas una serie de costumbres y protocolos de comportamiento que aún se mantienen en muchos hogares de la zona vasco-pirenaica, en mayor o menor medida.

Pero no podemos sumergirnos en estas cuestiones sin antes definir la naturaleza y personalidad de nuestra Dama. Mari, tal y como la describe Ortiz-Osés, es una Diosa-Madre Pantea (total, que lo abarca todo), de carácter ctónico-acuático (asociada a las fuerzas telúricas y del agua), nuclear (integra en sí misma a otros poderes y los gobierna), omniparente (que engendra y enlaza todo) y polimórfica (aparece con muchos rostros y tiene el poder de transformarse en distintos elementos). Es un númen ligado al cielo y a la tierra, a la vida y a la muerte, con un carácter ambivalente. En su aspecto luminoso, se presenta como una mujer hermosa, elegantemente vestida con un sayón rojo y de largos cabellos que, a veces se está peinando con un peine de oro y otras veces está hilando en su cueva, representando su poder sobre el Destino. En otras ocasiones, se la puede ver como una doncella bella pero humilde con un pie de oca (Reina de la Lamias y del mundo feérico). Otras veces, se la ve surcando el cielo con un carro tirado por cuatro caballos (al estilo del dios Helios), montada sobre un carnero con la luna llena como corona (Dama Blanca), sobre una escoba (Reina de las brujas), como una hoz o bola de fuego enorme (Señora del cielo), como un árbol con contorno de mujer o con distintas figuras de animales (vaca roja, carnero, gato, perro, oca, serpiente, caballo, buitre, cuervo…). En su vertiente positiva, actúa como como dama que enamora, ayuda, ampara, da consejos, otorga bendiciones o tesoros y propicia la fertilidad y la abundancia. En su vertiente oscura, se la representa como una señora hierática, dura, impasible, peligrosa, terrible, que castiga severamente, secuestra, quita privilegios y es capaz de matar a sus propios hijos/as o siervos/as. Su aojamiento y sus maldiciones producen una profunda melancolía, la locura, la inmovilización y el infortunio. Es por tanto, tan venerada como temida. Sus ofrendas preferidas son el pan, la leche, los huevos, la miel, la sidra, los carneros, las prendas tejidas y las joyas. Como presente, también se puede quemar albahaca y romero. Su día de culto, atendiendo a su conexión lunar, es el viernes. En este día se la describe horneando, peinándose, tejiendo, reuniéndose con su esposo, desatando tormentas o haciendo magia. No obstante, en Aketegi, se cuenta que hace la colada los miércoles.

De ahí que todas estas actividades se llevasen a cabo tradicionalmente en estos días de la semana. Sin embargo, se evitaban otros quehaceres en viernes por considerarse un día mágico, como comenzar a realizar trabajos importantes, llevar el rebaño al monte, sacar miel de las colmenas, etc. Otras tareas se realizaban siguiendo las distintas fases del calendario lunar: en luna nueva se preparaba la tierra y se daba culto a los muertos; en luna creciente se sembraba, se habían injertos y se cortaba el pelo; en luna llena se abonaba; en luna menguante se quitaban los rastrojos, se podaba, se cosechaba y se cortaban las uñas. También se tenían en cuenta las fases de la luna para la concepción: si se deseaba una niña, se debía engendrar en luna llena, practicando sexo matutino y, si se quería un niño, se debía hacer el amor en luna menguante y por la noche.

Ortiz-Osés expone que Mari “está presta a ayudar a quien se encare a ella con un talante positivo frente a ella y a la vida que personifica y que interpreta naturalísticamente en sus mandamientos éticos”, pero también nos advierte que durante las ceremonias o rituales en su presencia, necesitamos utilizar una “cantidad de recursos que hay que poner en movimiento psíquico para poder salir victoriosos de un encuentro con ella o sus subordinados”. Barandiarán” nos indica que no conviene entrar en sus moradas (Anboto, Aketegi, Murumendi, Aizkorri, Aralar, Txindoki, Gaiztozulo, Orhi…) sin ser invitado/a, ni sentarse en su presencia mientras se habla con ella (aun cuando se tenga su permiso para hacerlo) ni darle la espalda, teniendo que salir del lugar de la misma forma en que se entró, bajo pena de quedar petrificado o ser dominado inexorablemente. Tampoco se la debe tratar de usted, ya que ella exige que se le tutee (hablar en “hika”, una forma de tratamiento cercano y de confianza). Además, no se puede coger de sus dominios nada que ella no te haya regalado (por extensión, no debes tomar nada que no sea tuyo en la vida cotidiana sin el permiso de su dueño/a).

Así se nos muestra en una leyenda de Oiartzun, en la cual la criada del casero de Matxiene fue a buscar leña al monte y vio en la entrada de una cueva a una mujer sentada al sol, peinándose. La misteriosa dama, al verse sorprendida, se retiró al interior de la cueva, dejando caer involuntariamente su peine de oro. La criada lo recogió y se lo llevó a casa. Por la noche, se escuchó en la habitación de la criada una voz extraña que decía: “Criada de Matxiene, dame mi peine de oro. Si no, te daré dolor toda tu vida”. Esta leyenda pone de manifiesto la ley que castiga el robo, pero también nos conecta con el tabú de interceder sobre el destino (ya que el peine es un instrumento para manejar el pelo o dar vida o quitar el pelo, otorgando la muerte), con la prohibición de quitarle su peine a la Etxekoandre y con la costumbre de que sea la madre o la hermana mayor la que peine a las niñas o a las ancianas de la familia.

Otra de las leyes principales de Mari obliga a decir siempre la verdad y a castigar duramente la mentira o la negación de un hecho. Esto lo podemos observar en una leyenda de Azpeitia. En ella se cuenta que un pastor llevó a pastar a sus ovejas a Murumendi y sintió sed, por lo que caminó montaña arriba en busca de una fuente. En su recorrido, encontró una caverna, donde halló a una mujer elegantemente vestida. La mujer le preguntó qué buscaba y él le contestó que buscaba agua para saciar la sed. Ella, en cambio, le ofreció sidra. El hombre recibió agradecido la sidra y quiso saber con qué manzanas se había hecho. Ella le respondió: “con las que ha dado a la negación el señor Montes de Ikaztegieta”. Con estas palabras, la Dama le dio a entender al pastor que la sidra estaba hecha con las manzanas que el señor había negado tener en su almacén. De ahí el proverbio vasco “Ezai emana, ezak eraman”: lo dado a la negación, la negación se lo lleva. Es decir, que Amalurra abastece su “despensa” a cuenta de aquellos que niegan lo que tienen y afirman lo que no es.

Otra leyenda de Vilafranca de Oria, nos muestra que uno de los castigos tradicionales por falta a la verdad era lanzar pedrisco sobre las cosechas o bien la pérdida del ganado, que eran los dos bienes que mantenían a las familias. En esta ocasión, un cura se encontró en una encrucijada de camino al pueblo con un caballero de aspecto noble, que resultó ser su avaro y presumido hermano. El caballero admiró la riqueza y hermosura de los trigales y alardeó sobre los caballos que él tenía para poder trillarlos. El cura, irritado, le contestó que él tenía buenos frenos para sujetar a tales caballos. Aquella misma tarde comenzó a gestarse una tormenta de granizo con la fuerza necesaria para asolar los campos. En realidad, en este relato, Mari no solo está castigando la falta de verdad, sino la jactancia y actitud orgullosa de estos hermanos.

Otra norma importante que debe respetarse es no faltar a la palabra dada y cumplir las promesas. Así lo podemos ver en la siguiente leyenda de Zumaya. En ella se narra el pesar de una mujer casada que no conseguía tener descendencia. Era tan fuerte su deseo de concebir que, en voz alta, dijo que quería tanto una niña que estaba dispuesta a que el diablo se la llevase cuando cumpliera los veinte años. Finalmente, le fue concedida una hija, pero cuando estaba próxima la fecha del veinte cumpleaños de esta, la madre se arrepintió de sus palabras y la recluyó en una caja de cristal ante el temor a perderla. Sin embargo, el mismo día en que la joven cumplió los veinte años, el señor del infierno se presentó, rompió la caja y se la llevó consigo. Desde entonces la doncella vivió en Amboto. Aquí, además de ver el castigo por incumplir la promesa, podemos deducir que a esa edad se consideraba tradicionalmente que una mujer era suficientemente madura para pasar de doncella a señora.

Una leyenda de Amezketa nos ilustra el valor del trabajo en la cultura vasca y el premio al esfuerzo. En ella se cuenta que una muchacha (Kattalin) fue a cuidar ovejas. Mientras estaba conduciendo al rebaño, se percató de que le falta una oveja y fue a buscarla. Al rato, la encontró en la entrada de una cueva y Mari la invitó a entrar. La Dama le preguntó quién era y de qué familia provenía. La joven respondió que era huérfana y que las ovejas pertenecían a uno de los señores del pueblo. Mari le propuso que se quedara a vivir con ella y Kattalin se quedó a servir a la Señora durante siete años. Durante su estancia aprendió a hilar, a hornear pan, a utilizar las plantas según sus cualidades, el idioma de los animales y otras habilidades, no dejando jamás la cueva. Un día, la Dama le dio su consentimiento para salir fuera. La muchacha, aunque no quería irse, tuvo que aceptar. Antes de abandonar la caverna, Mari le entregó un saco de carbón. Cuando salió fuera, la doncella descubrió, asombrada, que el carbón se había convertido en oro. Con el oro compró una casa, su propio rebaño y pudo vivir feliz sin estar bajo las órdenes de ningún señor. La honradez, capacidad de trabajo y fidelidad de Kattalin, como se puede apreciar, fue recompensada con la independencia, prosperidad, posición y habilidades que cualquier buena Etxekoandre debería ostentar.

Por contrapartida, el abandono de los deberes y la indiferencia ante la necesidad de asistencia a la comunidad son sancionados duramente, tal y como se muestra en la leyenda de la “nuera malquerida”. El relato nos cuenta la historia de una pareja joven que vivía con la madre del marido, la cual odiaba profundamente a su nuera. Debido a la falta de recursos, el hombre se tuvo que ausentar de la casa por un largo tiempo y la suegra, en su ausencia, se aprovechó de la vulnerabilidad de la mujer que estaba sola y encinta. Meses después, la mujer dio a luz a dos bebés, un niño y una niña, pero su suegra le notificó a su hijo que había parido un gato y un perro. El hijo, aterrado, pidió que expulsaran a la esposa. Entonces la suegra mandó a un criado que condujese a la mujer junto a los niños fuera de la casa y que les diera muerte en el monte, trayendo las manos y el corazón de su nuera. Junto a la mujer y los niños, también partió el perro. Al llegar al monte, el criado confesó apenado las órdenes de la suegra y buscó la manera de evitar el asesinato. Así que acabó cortando las manos de la mujer y sacrificando al perro para sacarle el corazón. Para que ella pudiera llevar a los niños sin manos, le colocó dos alforjas y los dejó en el monte, regresando a la casa con el encargo “cumplido”.

La pobre mujer vagó por el monte hasta que, cansada y sedienta, se acercó a un río a beber y darles de beber a sus hijos. Al inclinarse para que estos pudieran sorber el agua con la boca, los niños cayeron al río. La mujer lloraba viendo cómo se ahogaban sus hijos. De pronto, en la otra orilla apareció una mujer hermosa con una vara. Le pidió que sumergiese el brazo derecho y luego el izquierdo, sacando ambos miembros completos del agua. Inmediatamente, le dijo que sumergiese ambos brazos para poder sacar a sus hijos, que resurgieron vivos de las aguas. Después le entregó la vara para que la llevara a la montaña y trazase una línea en medio de un llano para que apareciese una casa donde vivir. Luego, desapareció.

Siguiendo las instrucciones de la dama, subieron al monte y la mujer trazó una raya, haciendo que apareciese ante sus ojos una preciosa casa blanca. Allí vivieron tranquilos durante algunos años. Un día, llegaron a la montaña tres cazadores que pidieron hospedaje a la señora, la cual les acogió amablemente. Uno de ellos, oyó un llanto en la habitación de la mujer y esta le pidió que cerrase la ventana, pero no pudo cerrarla en toda la noche. La siguiente noche que se quedaron a pernoctar, al segundo cazador le pasó lo mismo. La última noche, el tercer cazador llamó a la puerta para pedir cobijo, pero a este no le pidió que cerrase la ventana. Al amanecer, el niño se acercó a él y le dijo: “padre, toma este agua para lavarte”. Después se acercó la niña y le ofreció una toalla: “padre, toma esta toalla para secarte”. El cazador se quedó pasmado y entonces la mujer le contó toda la historia. Finalmente, el cazador se llevó a su esposa e hijos a su casa, pidió que su malévola madre fuese apresada y finalmente fue quemada en la plaza del pueblo.

Barandiarán subraya que las personas deben ser respetadas y que Mari prescribe la asistencia mutua como base de la convivencia entre familiares y vecinos, del mismo modo en que ella trata amablemente a los personajes bondadosos en las leyendas y los asiste en la medida en que lo necesitan.

Estas reglas de conducta, las cuales se han ido desgranando a partir de las leyendas, fueron recogidas por escrito en la obra “Atxiki Sekretua, Sorginaren Eskuliburua” de Patxi Zubizarreta, quien, influenciado por sus conocimientos de teología y la filosofía jesuita, convirtió las leyes de Mari en seis mandamientos básicos:

  • No digas mentiras
  • No robes
  • No seas soberbio
  • No faltes a la palabra dada
  • No permitas que nadie te pierda el respeto
  • No dejes de prestar ayuda al que lo necesita

Estos mandamientos, aunque tienen su utilidad como preceptos morales a nivel social, son demasiado simplistas y han dejado una impronta de negación, prohibición y represión en la población, elementos que no estaban presentes en las afirmaciones originales, que se hacían en positivo. No obstante, Ortiz-Osés propone un análisis más sutil y establece dos niveles de importancia: el de los imperativos (evitar la mentira, el robo y la soberbia) y el de las obligaciones (respetar al otro, asistir a los demás y cumplir con la palabra dada). Los imperativos sancionan la autoafirmación, la autonomía y la ganancia egoísta, mientras que las obligaciones son una forma de alentar la empatía, la participación, el compromiso y la solidaridad comunitaria.

Al margen de estas normas sociales, en la mentalidad del pueblo vasco existe una distinción muy clara entre la frontera del día, reservada para los mortales y las tareas cotidianas, y el mundo de la noche, reino de Gaueko y dominio de las criaturas mágicas. Aquellas personas que salen de noche, normalmente suelen sufrir algún percance, algunas veces fatal, tal y como se escenifica en muchas leyendas. Por ejemplo, se cuenta que en un caserío de Ataun, una hilandera fue retada por sus compañeras a ir por la noche a la fuente más cercana y traer agua fresca para todas. La joven aceptó y se adentró en la oscuridad del bosque. Allí oyó un grito aterrador y una brisa gélida le recorrió todo el cuerpo que anunciaba la presencia de Gaueko. La doncella jamás regreso a casa. De ahí surge el dicho vasco: “eguna egunekoentzat, gaua gauekoentzat” (el día para los del día, la noche para los de la noche”).

Hacer referencia al día y a la noche nos conduce, irremediablemente, a hablar de Eguzki (sol) e Ilargi (luna), la vida y la muerte y la existencia de dos fuerzas diferenciadas pero complementarias (indar y adur).  Ilargi (la luz de los muertos) es la hija mayor de Amalurra y, aunque tiene su papel en los ciclos de nacimiento y renacimiento, así como influencia sobre las plantas y animales, ha estado tradicionalmente asociada a la muerte y a la energía mágica (adur) que circula por todos los seres y religa todas las cosas (“fuerza impansiva”). Ilargi fue la primera luz que la Madre Tierra otorgó a los seres humanos para protegerse de las criaturas de la noche, pero estos se acostumbraron a su influjo y la Dama tuvo que engendrar otra hija con un poder mayor que pudiera ahuyentar a los seres de la noche: Eguzki. Además, la Señora entregó a los seres humanos un amuleto que recordara al sol para protegerse de las criaturas mágicas: el Eguzkilore o Carlina Acaulis. En las leyendas se cuenta que si un genio veía un eguzkilore en la puerta de la casa, tenía que pararse a contar los pelillos de la flor, de modo que llegaba el amanecer y aún no había completado su tarea, retirándose al ver aparecer los primeros rayos.

Eguzki es considerada la energía de la propia vida, pues propicia el crecimiento natural tanto de plantas como de animales y, por tanto, podemos decir que se trata de una fuerza expansiva o desligadora, asociada a la causalidad (al contrario que adur, que se asocia al azar o al destino). Así, Eguzki, aunque es un ser divino, está conectada al mundo material, público, al cuerpo y lo profano, mientras que Ilargi está ligada al mundo espiritual, a la intimidad, al alma y lo sagrado. La primera tiene una polaridad más masculina, a pesar de ser una diosa, y la segunda posee una polaridad más femenina. Eguzki, además de tener el poder de ahuyentar a los espíritus y a los difuntos, aporta bendiciones y protección ante los maleficios, así como virtud sanadora a las plantas que se recogen en la Noche de San Juan.

Esta división entre el mundo natural y mágico, no obstante, estaba presente en las tareas de sanación y también en los trabajos mágicos. Se concebía que la enfermedad podía producirse por causas naturales (berezko) o por causas mágicas (aidetikakoak).  Para tratar las enfermedades naturales se usaban remedios “solares” y para curar las enfermedades por causas mágicas, se hacían ritos, preferentemente nocturnos, donde se pedía la intercesión de espíritus, se usaba magia popular o folklórica o se recitaban oraciones o fórmulas tradicionales. Así pues, toda ama de casa, curandera o bruja, debía conocer y respetar los dominios y límites solares y lunares.

Empero, el caso de la “sorgina” o “belagile” es un tanto particular porque se considera que pertenece tanto al día como a la noche, ya que es mitad humana y, según la creencia popular, medio lamia (la fuerza mágica de adur está activa en ella).  Esto tiene como consecuencia que las prohibiciones o tabús no son tan estrictos sobre ella, lo cual le otorga libertad pero, a su vez, una doble responsabilidad sobre las consecuencias. La magia que practique durante el día será potencialmente “benéfica” como, por ejemplo, hacer limpiezas, sanaciones o protecciones mediante “kutunak” (amuletos), mientras que por la noche podrá realizar prácticas de brujería consideradas popularmente como “maléficas” (necromancia, “begizko”, “birao”…).

Por otra parte, los poderes del sol se ven asimilados en su elemento homólogo: el fuego (sua). El fuego de la chimenea ha sido considerado durante siglos un espíritu del hogar, así como un elemento activo de la Etxea y una forma de ofrenda a los antepasados. Se le atribuía un carácter protector, considerándose un signo de mal augurio que el fuego se apagase. A su vez, tenía una cualidad renovadora y también era elemento de consagración, utilizándose las cenizas del fuego en la fabricación de amuletos y como sistema de purificación para los seres que habían sido emponzoñados o ahojados. Al fuego también se le pueden pedir favores, como cuidar de un ser querido en particular, que ayude a cumplir un deseo o propiciar la segunda dentición de un niño. Tanto las cenizas del tronco de Nochebuena (Gabonzuzi) como las cenizas de la hoguera de San Juan poseen poderes especiales.

Dado que el fuego es un elemento vivificador y protector, la única persona que está autorizada a encenderlo, a nutrirlo y a “tocarlo”, es la Etxekoandre como sacerdotisa de Mari en el hogar. Igualmente, la Etxekoandre o las hijas mayores son las únicas que deben recoger agua de las fuentes o del pozo, porque el agua es otro de los símbolos sagrados de Mari y son dominios de las lamias (hadas que, por su belleza, suelen enamorar a los hombres).

Por último, el cuidado de las abejas, también es una tarea femenina, ya que es considerado un animal sagrado y un miembro más de la familia (su muerte se expresa igual que el fallecimiento de una persona). A las abejas se les informa de los devenires que acontecen a la familia pues son mensajeras de la Dama y, al morir la dueña de la colmena, un pariente cercano o un vecino allegado se les pide que despierten para que produzcan la cera que se usará para la sepultura e iluminar el camino del difunto. La importancia de las abejas en el culto doméstico trae consigo la prohibición de matarlas, al igual que está mal visto matar a una mariquita (marigorri) porque es otro de los animales asociados a Mari y a la predicción del tiempo.

Y hasta aquí llega mi disertación sobre las grandes leyes y tabús vasco-pirenaicos. En próximos artículos, iremos desentrañando los pormenores de otras normas y prohibiciones menores que poseen un sustrato mítico-mágico.

La imagen que se ha utilizado para ilustrar este post pertenece a Binary Soul, compañía creadora de un videojuego de carácter didáctico llamado “Sorginen Kondaira”, cuyo objetivo es dar a conocer la mitología vasca a los más pequeños. A continuación, comparto el enlace al juego para que conozcáis su trabajo y podáis hacer llegar este proyecto a otras personas que puedan estar interesadas: http://www.sorginenkondaira.com/