Ritos de renovación cósmica y augurios anuales

La Nochevieja (Urte-zahar) y el Año Nuevo (Urte-berri) están cargados de un profundo simbolismo, pues suponen una franja de finalización de un ciclo e inicio del siguiente. Dentro del folklore europeo se considera particularmente relevante el periodo de 12 noches que va desde la Nochebuena a la Epifanía, aunque en algunos lugares del norte del continente se tiene más en cuenta la docena que va desde Santa Lucía a Navidad. En cualquier caso, el número representa el conjunto de meses que componen el año solar dentro del calendario gregoriano. Siguiendo una correspondencia simbólica, este momento se destina a la regeneración del tiempo cosmogónico mediante diversos rituales populares de purificación, renovación y adivinación en distintas modalidades.

Recordemos que este lindero temporal situado en torno al Solsticio de Invierno suponía el apogeo de la época de desgobierno, donde entidades caóticas y terroríficas (incluyendo las brujas, los hombres lobo y las almas de los muertos) campaban a sus anchas por el mundo, diezmando aquello que debía ser eliminado y ajustando cuentas pendientes (recompensando o castigando) para garantizar el reequilibrado cósmico. Esta restructuración salvaje del orden establecido era necesaria para que pudiera producirse el renacimiento efectivo del sol y el reinicio de otra etapa de florecimiento y prosperidad posterior.

En Grecia, en estas fechas, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. En Roma tenía lugar la Saturnalia, en la cual se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. Durante estas festividades las jerarquías perdían su poder y se producía una inversión en los roles sociales. Asimismo, los excesos, las excentricidades, el libertinaje y cualquier actividad jocosa eran permitidos como expresión de esas fuerzas caóticas de la naturaleza. En época medieval, el “rey del desgobierno” tomó la forma del “abad del júbilo” o “rey del carnaval”.

Dentro de nuestro territorio encontramos reminiscencias de estas influencias greco-latinas en la denominada “fiesta de los obispillos” o “festa del bisbetó”, coincidiendo con el día de San Nicolás (6 de diciembre) o de los Santos Inocentes (28 de diciembre). En ella, un niño de entre 7 y 14 años, normalmente de condición humilde, era disfrazado con los ropajes y ornamentos propios de un obispo. En ocasiones, el obispo era acompañado de un par de canónigos o monaguillos que le servían de escolta, o bien por una comitiva compuesta por el resto de sus compañeros. Las niñas que se unían solían tener un papel secundario como cesteras o recaudadoras de las ofrendas recibidas. No obstante, en Larraona hay constancia de que el obispo iba acompañado por una reina vestida de blanco, al estilo de la doncella elegida para encarnar a Santa Lucía en los Países Nórdicos (imagen cristianizada de la Diosa Sól o Sunna).

El grupo realizaba parodias y cantaba coplillas burlescas de casa en casa, recibiendo comida o dinero a cambio de su actuación. Con lo recibido se organizaba una merienda y lo que sobraba se donaba a la iglesia o alguna organización de caridad. Existen registros más antiguos que atestiguan la bendición del hogar, los campos y las cuadras por parte del niño-obispo con agua bendita (a veces, también con hisopo), así como la costumbre de rezar por los difuntos de la casa. Además, en algunos pueblos se realizaba el “juego del gallo”. Quien ejercía de obispillo debía localizar al animal con los ojos vendados y darle unos toques con una espada de madera, como si fuera a matarla. Originalmente sí que se descabezaba al gallo para sacrificarlo y comerlo como parte del festín. En la actualidad esta tradición se ha perdido en muchas localidades y solo se preservan las cuestaciones con sus tonadillas.

Durante la Nochevieja en muchos lugares de Euskal Herria fue habitual, igualmente, despedir el año con gestos y frases burlescos. En Gorriti los jóvenes exteriorizaban su jolgorio con el repique continuo de campanas, que se prolongaban desde la medianoche hasta el alba. Cada vez que se turnaban para que el clamor no cesara, tomaban un trago de anís u otro licor que tuvieran a su alcance. En Artaza, los mozos aporreaban las puertas de las casas con palos de acebo y pellejos encendidos, mientras se pasaban una bota de vino y gritaban: “Año Nuevo, Año Viejo, que se termine el pellejo”. En Larraona eran los niños los que correteaban con los pellejos incendiados diciendo: “a quemar el culo al año viejo, con un pellejo viejo, viejo…”. En Araia se encendían hogueras en los altozanos de la villa y se repetía el lema: “erre, ipurdia, erre…” (quemar el trasero al año viejo).

Satrústegui asocia al Olentzero con esta personificación del tiempo en forma de anciano. En algunos pueblos de Navarra, Álava, Guipúzcoa, La Rioja y la comarca burgalesa de La Bureba, este personaje aparece como un gigante con tantos ojos o narices como días tiene el año. En Larraun, también se conoce al Olentzero como el “hombre de los 366 ojos” (año bisiesto). Marliave, por su parte, destaca al Ome deths Nases del folklore aranés, un ser monstruoso que pasa por los fogones de las casas en la noche del 31 de diciembre y pierde todas sus narices el 1 de enero. En otras zonas del Pirineo Catalán y Francés (Haute Ariège y Pays de Sault) aún hallamos referencias al Ome negra u Home negre (Hombre Negro). En otros puntos de la Península encontramos figuras similares como el Apalpador o el Pandigueiro gallego, L’Angulero astuariano, el Esteru cántabro o el Tientapanzas andaluz.

Otra costumbre muy extendida durante la Nochevieja es encender hogueras para quemar dentro de ellas ropa, calzado u objetos de los cuales uno desea desprenderse. Antiguamente, en Berriz solían recorrer los caseríos en busca de aperos de labranza que estuvieran estropeados y debían ser renovados para comenzar bien el siguiente ciclo agrícola. Dentro del hogar, en algunas localidades, también se quemaba el “tronco de Navidad” (Gabonzuzi, Sukileku, Txunbil, Xubilar, Txakurtegi, Baztarreko, Onontzaro-mokor…) en Nochevieja, en lugar de en Nochebuena, como ocurría en Olaeta. En Llodio, Salvatierra, Guinando, Arrieta y Desojo se mantenía el tronco ardiendo desde Nochebuena hasta Año Nuevo. En cambio, en Larraona, Elcoaz, Jacoisti, Larequi, Ongoz, Aristu, Eparoz, Ezcaniz y Zabalza, debía arder hasta el día de Reyes. A los restos o cenizas de este tronco se le atribuían propiedades mágicas como guardarse de las tormentas, protegerse contra la enfermedad o los maleficios, fertilizar los campos, bendecir a los animales domésticos y espantar a las brujas o los malos espíritus.

La Noche de San Silvestre (31 de diciembre) posee unas particulares connotaciones mágicas en varios lugares de la Península, especialmente en Cataluña, pues se cree que en esta fecha se reúnen las brujas. A pesar de que el territorio vasco-navarro se encuentra más arraigada la devoción a San Nicolás (o, en su defecto, San Gregorio), en Tierra Estella (Navarra) y algunas zonas de Vizcaya (Orozko, Galdames) se tenía la costumbre de hacer cuestaciones o romerías en la cima de un monte. En Barbarain se entonaba la siguiente canción para pedir el aguinaldo:

“San Silvestre

que nos libre de la peste.

Nos darán colaciones

para este noche.

Menderute, menderute,

en cada casa un almute,

mendrán, menderán,

en cada casa un cuartal.”

*Nota: el almute y el cuartal eran medidas de volumen en el Reino de Navarra. Un almute o saskito equivalía a 1.769 litros y suponía la cuarta parte de un cuartal. El almud también era un pequeño cajón de madera de 17 cm de lado por 9 cm de ancho que servía como recipiente, aunque existen danzas donde se baila sobre él.

El agua es otro de los elementos con gran simbolismo ritual en este momento. Además de tener la virtud de purificar, sanar o neutralizar el mal, posee una transcendencia esencial en la creación del mundo, en la regeneración de la vida y la fertilidad. Tanto las aguas del firmamento como las represadas en los mares y cursos de agua dulce, conformaban pilares centrales en la concepción cosmogónica de los pueblos antiguos. La renovación del agua celeste y terreste al final e inicio de año evita el estancamiento y revitaliza a la tierra dormida, aparentemente inerte.

En el caso vasco, la expresión “Urte berri on” que se utiliza para felicitar el año entrante hace referencia precisamente a esa agua nueva que vivifica y aporta bendiciones. Según Satrústegui, dicha agua era recogida de ciertas fuentes de los valles de Basaburua, Imotz, Larraun, Baztán, Barranca, Burunda y Arakil cuando daban las doce campanadas. Posteriormente, se distribuía por los hogares como forma de purificación y protección de cara al año que comenzaba: en unos lugares se daba prioridad a los cargos públicos como el cura o el alcalde y en otros se dirigían a la señora de la casa (etxekoandre), agasajándola con piropos. Ante ellos los jóvenes recitaban rimas donde aludían a las “aguas de arriba” (Ur goiena) y las “aguas de abajo” (ur barrena):

“Ur goiena, Ur barrena

Urteberri egun ona

Graziarékin osasuna

Pakearékin ontasuna

Jaungoikuak dizuela egun ona”

Traducción: “Agua cimera, agua profunda. Buen día de Año Nuevo. Salud y gracia, hacienda y paz. Que Dios os conceda un buen día” (Urdiain).

En Nabarte (Baztán) observamos una variente en la cual se extrae el agua de la capa de contacto de un pozo o manantial en lugar de una fuente. La fórmula que se recita adopta la forma de un saludo al agua, con ciertas connotaciones adivinatorias:

“Urteberri berri,

zer ekarri berri?

Uraren gaña

lena ta azkena”

Traducción: “Año Nuevo, nuevo, ¿qué nuevas traes? La encimera del agua, primera y última”

 Azkue también da cuenta de otro saludo al agua en Etxalar:

“Ela, ela!

Nor da, nor da?

Ni naiz, urteberri.

Zer dakartzu berri?

Uraren gaina,

bakea ta osasuna.”

El autor aclara que la expresión “ela!” se utilizaba en ciertas regiones como una forma de saludo a un recién llegado. En este caso, el vocablo se dirige a la personificación del Año Nuevo, a quien se le pregunta qué noticias trae. El recién llegado contesta, a modo de bendición: “la nata del agua, paz y salud”.

Satrústegui también da cuenta de que en localidades como Lekaroz y Valcarlos se creía que al inicio del año las piedras podían convertirse en pan y las aguas en vino. Concretamente, en este primer enclave se creía que la Nochevieja (como espíritu anciano, portador de sabiduría) tenía el poder de convertir el agua del río en vino a las doce de la noche. En Valcarlos se decía que, quien tuviera la oportunidad de contemplar semejante milagro, disfrutaría de plena felicidad, mientras que quien fracasase en el intento podía ser transformado en hombre lobo (gizotsu). Algunos labradores de la Cuenca de Pamplona, siguiendo esta superstición, ocultaban un porrón de agua debajo de las berzas antes de dar las doce, con la esperanza de verlo convertido en vino o aguardiente. En Amurrio (Álava) también beben agua de un porrón de vino durante la Nochevieja.

El inicio de año era considerado y sigue siendo entendido como una época favorable para llevar a cabo rituales de sanación. En la frontera entre Navarra y el Alto Aragón se han recogido testimonios de informantes que contaban que alguno de sus antecesores había sido pasado por el hueco de un roble para tratar las hernias infantiles, coincidiendo con las doce campanadas. En otras zonas, como el Valle de Aezkoa, este mismo rito tenía lugar en San Juan.

El roble, además de estar vinculado a la sanación, también era fundamental para asegurar la protección del hogar. En muchos puntos del territorio euskaldun se conserva la costumbre de talar este árbol en el cuarto menguante más cercano al día de Año Nuevo o justo al iniciar el año, dejándolo secar durante un año o dos. Estos troncos se utilizaban para confeccionar las vigas de carga de la casa familiar, pues se creía que la madera se volvía incorruptible o, al menos, era notablemente más duradera. En contra de lo que dicta la sabiduría popular, modernos estudios científicos han demostrado que es mejor realizar este procedimiento en cuarto creciente.

Por otra parte, tanto la Nochevieja como los primeros días del nuevo año eran y continúan siendo momentos propicios para hacer pronósticos mediante distintos sistemas adivinatorios. Satrústegui describió un rito sencillo, usando como foco un huevo (ovomancia). El 31 de diciembre, a la medianoche, debía verterse un huevo fresco en un vaso lleno de agua (a ser posible, procedente de una de las fuentes donde se recogiese el agua nueva). Se esperaba a que la yema se depositara en el fondo, al tiempo que la clara se iba diluyendo e iba dibujando formas extrañas. Al día siguiente, dichos signos eran interpretados a la luz de una vela. Este mismo sistema es bastante popular en Escandinavia y lo encontramos en las modernas prácticas de Spå dentro del paganismo nórdico (Ásatrú, Forn Sidr, Odinismo) o el trolldom (brujería tradicional nórdica). Podéis escuchar la explicación completa y ver el procedimiento en este vídeo de Ræveðis.

Las “suertes meteorológicas o “jours de sort” también son especialmente observadas en esta época. Simbólicamente, cada una de las predicciones o augurios extraídos durante esos primeros días se relacionaba directamente con un mes del año, estableciendo una correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos. Uno de los métodos más rudimentarios para extraer los pronósticos meteorológicos era el llamado “calendario de la cebolla”. Éste consistía en pelar una cebolla a medianoche, cortarla por la mitad e ir extrayendo doce capas, una por cada mes del año. Dichas capas se colocaban en fila, boca arriba, y eran espolvoreadas con sal. Si en el día de Año Nuevo habían desprendido bastante jugo, podía deducirse que ese mes sería lluvioso. En los casos en los que la pieza de cebolla estuviera intacta, quería decir que ese mes sería seco. Esta tradición ha estado más presente en el Pirineos Aragonés, aunque también podemos encontrarla en otros puntos del Pirineo Navarro, Catalán y Francés, así como en otras zonas de España y Europa.

No obstante, el oráculo autóctono para determinar la meteorología y los augurios anuales era el Zotalegun, Sortelegun o Sotelegun, el cual sigue una lógica muy similar a las cabañuelas o las témporas. El origen remoto de esta práctica enlaza con su etimología. El vocablo “zotal” en euskera significa “pedazo de tierra” (arrancada con una herramienta agrícola), pero también hace referencia a un tipo de pájaro. Históricamente, está documentada la adivinación a través de la observación del vuelo de las aves entre los vascones y los vacceos antes de la llegada de los romanos. La primera referencia escrita la encontramos en la biografía del emperador Alejandro Severo, datada en torno al 400 d.C. Este gobernante estaba versado en el arte de los arúspices y se le consideraba tan experto que “aventajaba tanto a los vascones de Hispania como a los augures de Panonia”. Más tarde, el biógrafo de San Amando, que vivió entre los vascones durante los siglos VI y VII, opinaba que el pueblo vascón estaba “extraviado de tal manera que se entrega a los augurios y a todo error e incluso adora a ídolos en vez de a Dios…”. Esto también nos ofrece indicios de que los antiguos vascos no fueron precisamente fáciles de cristianizar. Algunos autores apuntan a que los posteriores “aztiak” (adivinos, hechiceros) heredaron estas técnicas de sus antecesores y que esta forma de adivinación fue de uso relativamente común hasta el s.XVI.

Volviendo a la etimología, no nos puede pasar desapercibido que la expresión Zorionak”, que utilizamos tanto durante la Navidad para desear felicidad, procede de “txori-onak” (buenos pájaros). Por otro lado, cuando nos referimos a una desgracia, usamos el término “zoritxarra” (mal pájaro o pájaro de mal agüero). Mitológicamente, el pájaro que es considerado más auspicioso es el “txantxangorri” o petirrojo (Erithacus rubecula) , mientras que el ave peor vista es “txepetxa” o chochín común (Troglodytes troglodytes). En Orozko hay una leyenda que cuenta que “txepetxa” defecó sobre el hombro de Cristo durante la crucifixión, mientras que “txindor” intentaba quitarle las espinas de su corona. Esta historia enlaza con otros relatos europeos de época medieval en los que se narra él sacrificio del petirrojo por aliviar el dolor de Jesús, a costa de ser herido por los pinchos que le atravesaban. También con la leyenda del Robin de los Bosques, apodado Robin Hood. Asimismo, se relaciona con el mito que describe la lucha y continua alternancia entre el Rey Roble y el Rey Acebo, gobernantes del periodo luminoso y oscuro del año, respectivamente.

Actualmente, en Isla de Man, Irlanda y otros lugares de influencia celta, aún se mantiene la tradición de cazar al chochín (“Hunt the wren“) el día de San Esteban (26 de diciembre). Dentro de nuestras fronteras, existen registros de una costumbre semejante en Galicia, conocida como la “Cacería del Rey Charlo” (S.XVI). Además, en el Sur de Francia se celebraba la Fête du Roi de l’Oiseau y aún se pueden encontrar algunas reminiscencias de esta fiesta en Le Puy-en-Velay.

 

Bibliografía consultada:

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DONOSTIA, J.A. (1994) Cancionero Vasco. Donostia: Eusko Ikaskuntza.

JIMENO JURÍO, J.M. (1988) Ciclo festivo de invierno. Gobierno de Navarra.

MARLIAVE, O. (1995) Pequeño diccionario de mitología vasca y pirenaica. Editorial J. de Olañeta.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1988) Solsticio de Invierno. Gráficas Lizarra.

SATRÚSTEGUI, J.M. (1971) Canto ritual del agua en año nuevo. Fons Linguae Vasconum, nº7, pp 35-74

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http://www.divulgameteo.es/fotos/meteoroteca/12-d%C3%ADas-12-meses.pdf

http://www.salvatierra-agurain.es/san-nicolas-en-euskal-herria.html

https://www.zubiaurcarreno.com/usos-costumbres-navidad-la-navarra-tradicional/

http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/folkl/034131147.pdf

https://gremidelart.org/2017/12/27/la-nit-de-cap-dany-la-nochevieja/

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http://trolldomhoodoo.blogspot.com/2013/09/spadom-and-divination-in-norse-trolldom.html

https://clantubalcain.com/2015/01/01/12th-night-hunting-the-wren/?fbclid=IwAR2n8DVcVIeNM5auWjiTi084mqEZr7e4Z2NRZn4xIoiyG89TbglJzM5bQzk

 

 

 

 

 

GAU BELTZA, DOMU SANTU ETA ARIMEN EGUNA

En el antiguo calendario tradicional vasco, el invierno (negu) o época oscura del año comenzaba con la celebración de la última cosecha, la matanza del cerdo y la entrega de ofrendas a los antepasados. Estos hitos terrestres estaban alineados, a su vez, con determinados eventos estelares anuales: la aparición del Triángulo Invernal (neguko triangulea) en la bóveda de los cielos y la lluvia de meteoros de las Oriónidas.

El Triángulo Invernal está conformado por las estrellas fijas Sirio (Canis Major o Izarrora), Procyon (Canis Minor o Txakur txikia) y Betelgeuse (Orión o Ehiztaria). Orión, en la mitología vasca, tiene su reflejo en la figura de Ehiztari Beltza (Cazador Negro), líder de la Cacería Salvaje. Ambos canes representan a los sabuesos que acompañan al cazador en busca de la liebre blanca en la que el Diablo se convirtió para tentar al cazador y lograr que abandonara la misa.

Como ya expliqué en otro artículo, la Cacería Salvaje es un mito europeo con diversas variantes locales que simboliza el proceso de desintegración, caos y desgobierno que supone la entrada en un periodo hostil donde la naturaleza deja de ofrecer su aspecto más amable, activándose nuestros instintos más primarios para garantizar la supervivencia a cualquier coste. Asimismo, se trata de una representación simbólica de ciertos fenómenos atmosféricos propios del cambio estacional, usualmente acompañados de oscuridad, niebla y tempestades.

Por su parte, las Oriónidas ilustran esa algarabía de las cortes de seres feéricos, almas de difuntos, espectros errantes, criaturas de pesadilla, demonios y brujos/as que montan sobre corceles blancos, lobos, aves u otros animales totémicos propios del folclore autóctono, emitiendo ruidos espeluznantes (gritos, aullidos, quejidos lastimeros, toques de instrumentos…) que hacen temblar hasta a los más valientes. En nuestra cultura, se conoce a estos espíritus como “Oihulariak” (Aulladores/ Gritadores). El “oihu” es una forma de llamada salvaje que suele causar una fuerte impresión psicológica sobre quien lo recibe, mayormente de inquietud o miedo, aunque no necesariamente se emite con el propósito de atemorizar, sino más bien de advertir que no se transgredan ciertos límites en un lugar habitado por ciertas criaturas sobrenaturales.

Esta época trae consigo un reequilibrado cósmico de la mano de ciertas entidades tenebrosas como Gaueko, Herio, los Intxisuak, los Gaizkiñek, los Mozorroak, las Arimaerratuak o los/as Sorginak que despiertan nuestros más profundos temores y desafían las perecederas estructuras del mundo físico que los humanos hemos construido para lograr cierta sensación de seguridad ante un devenir impredecible y la mutación constante que está presente en los ciclos naturales. Una manera de sortear los peligros de estos espíritus que no pertenecen al mundo de los vivos es dedicando una fiesta en la que se llevan a cabo distintas actividades para garantizar una convivencia respetuosa con estos seres. Dicha festividad, que celebramos el 31 de octubre, es conocida como Gau Beltza (Noche Oscura), Arimen Gaua (Noche de Ánimas) o Defuntuen gaua (Noche de Difuntos) y tiene orígenes muy antiguos.

Por la etimología y por las reminiscencias folclóricas disponibles, podríamos deducir que originalmente esta noche estaría dedicada a Gaueko como representación de la oscuridad primigenia y a su corte de espíritus nocturnos. En euskera, existe el término “gau-agerkun”, que puede traducirse como aparición o fantasma. También está el vocablo “gauazko” (nocturno) que se aplica como adjetivo a aves oscuras (cuervos) u otros animales que salen de noche (“gau-ihiziak”) como el búho, la lechuza, el lobo o el murciélago. Coincidentemente, Gaueko toma la forma de estas bestias para manifestarse. También las ánimas suelen aparecerse bajo el aspecto de pájaros negros (mayormente córvidos). Por su parte, los Ieltxu, Idditu o Idizelai se presentaban a veces como aves negras que echaban fuego por la boca, asuntando a quienes transitaban de noche en tiempo de Gaueko (desde las 11 de la noche hasta el amanecer). En cuanto a plantas que incluyen el prefijo “gau”, cabe destacar el ciprés o “gau-arbola” (árbol de la noche), vinculado a ritos funerarios y ceremonias en honor a los difuntos. En Egipto se utilizaba para confeccionar ataúdes y, tanto griegos como romanos, lo empleaban en espacios y rituales fúnebres por su asociación a deidades ctónicas.

Oier Araolaza fue el precursor de las primeras investigaciones antropológicas modernas que buscaban rescatar la esencia de las viejas tradiciones de la Víspera del Día de Difuntos. Este elgoirbatarra recogió testimonios orales de personas mayores que recordaban la costumbre de vaciar nabos, calabazas o remolachas (e incluso patatas grandes), dándoles después forma de rostro con ojos huecos y colocando velas en su interior. Luego las dejaban en los campos o en los caminos con la intención de asustar a los vecinos. Asimismo, algunos informantes describían el reaprovechamiento de trapos viejos, telas de saco y cuerdas para confeccionar disfraces de mozorro”, “zamorro” o “muzurru” (fantasma, coco, monstruo).

Posteriormente, los antropólogos Jaime Altuna y Josu Ozaita consiguieron la beca de investigación Juan San Martín del Ayuntamiento de Eibar y la Universidad Vasca de Verano (UEU) para continuar esta labor, que concluyó con la publicación del libro Itzalitako kalabazen berpiztea. Arimen Gau, Halloween eta Gau Beltzaren haur-ospakizunen ikerketa etnografikoa(2018). En este trabajo, se ilustra, además de lo anteriormente comentado, la costumbre de ir casa por casa recogiendo comida (castañas, nueces, avellanas, almendras, tortas de pan, embutido), dulces o dinero como pago para no ser víctima de sustos y bromas pesadas. Joxemiel Bidador, apoyándose en los ensayos de Gabriel Imbuluzqueta y Mikel Aranburu (entre otros), da cuenta de estas cuestaciones pecunarias en la cuenca del Baztán-Bidasoa y en otras partes de Navarra (Valle de Arce, Valle de Ollo, Valle de Etxauri, Valle de Imotz, Merindad de Olite, Cendea de Olza…). En la zona de Pamplona y alrededores recibían el denominativo de “txinurris”, derivado del vocablo “txingurri” (hormiga), puesto que recordaban a la recolección minuciosa de provisiones que este animal realiza antes de la llegada del invierno. Los niños solían ser los protagonistas, actuando de puente entre los muertos y los vivos: tras reclamar y recibir víveres o dinero, recitaban oraciones a los difuntos de aquellos vecinos que habían pagado honradamente el tributo. Itziar Diez de Ultzurru recopiló varias fórmulas, ya registradas por otros autores, similares al famoso “truco o trato” (“trick or treat”):

  • Ziria ala saria! (vela o premio)
  • Sosa ala pota! (céntimo/moneda o pieza de comida)
  • Xanduli, manduli, kirriki, eman goxokiak guri! (onomatopeyas que simulan sonidos de animales, danos dulces)
  • Xanduli Manduli, Kikirriki… ¡écheme nueces por aquí!
  • Txingila, mingila, karruskario, sagarrak merke ta udareak kario. (cencerro, nudo, rechinar de dientes, manzanas baratas y peras caras)
  • Txingila mingila kurruskario, ireki ezazu armairua! (Abre las puertas del armario)
  • Txinurrie, mandurrie, alakatan, txinurrie!
  • Txinurrie, manurrie kankan kankan txinurrie. Bota bota kastañera lurrera” (onomatopeya de golpe de martillo, ¡echen castañas para cubrir las montañas!)
  • Tirriti-tarrata mandulon, domine domine sandulon, ¡en esta casa no hay turrón! (imitando el sonido de remolinos de viento y desgarros, ruidos de carraca)
  • Domine domine kastañe, i si no zikiñe! (Señor, señor, castaña; o si no, indecencia/suciedad)
  • Txinurrie, mandurrie, aratako kastañere, si nos echas pa tu tía!

En Euskal Herriko Ahotsak (Voces del País Vasco), repositorio de recopilación y difusión del patrimonio oral vasco, se pueden encontrar decenas de testimonios en euskera de personas de distintos puntos de Euskal Herria que explican las particulares de esta festividad.

En las entrevistas realizadas, además de lo anteriormente comentado, se aprecia que esto se hacía durante todo el otoño, pero la costumbre se intensificaba durante el Día de Difuntos y Todos los Santos (aunque podía extenderse hasta San Martín). Antiguamente los paisanos creían que en estas fechas regresaban las almas de los muertos. La manera de evitar que ciertos espíritus se te llevaran al Otro Mundo era camuflarse, imitando su aspecto. Por otro lado, el hecho de colocar velas en los caminos era una manera de iluminar a las almas errantes y ayudar a los antepasados a regresar al hogar familiar. En la sociedad tradicional, la convivencia con la muerte y los difuntos era constante y asumida con naturalidad por la comunidad. Los fallecidos actuaban como guardianes del territorio en el que descansaban sus restos mortales, encargándose de preservar sus límites y procurar la regeneración/abundancia del lugar. Es por esto que en Euskal Herria se creía que el día de Todos los Santos era un buen momento para sembrar habas y trigo.

En la tradición europea, especialmente en la franja atlántica, los primeros enterramientos neolíticos construidos fueron los dólmenes y cromlechs. En el ámbito euskaldun se creía que estos monumentos habían sido edificados por los Mairu y Maide (almas sin bautizar) las cuales custodiaban el acceso a otros planos y podían otorgar bendiciones si se les daba culto. Inicialmente, dicha veneración se realizaba en el mismo monumento megalítico. Una vez que la Etxea (casa) se convirtió en santuario, pasaron a dejarse ofrendas de pan, frutas de temporada, bebidas alcohólicas y frutos secos junto a la chimenea para conseguir su favor. Gau Beltza es una noche propicia para honrar a estos espíritus, además de a las almas de aquellos/as antepasados/as poderosos/as que forman parte del linaje del practicante mágico (lo que en el panorama anglosajón se conoce con el sobrenombre de “Mighty Dead”).

Arimen gaua también es un tiempo favorable para la necromancia, particularmente a través de oráculos de huesos (osteomancia). En Iparralde, Euskadi y Navarra, la astragalomancia o “sakapon“ se practicaba con 4, 5 o 6 piezas (tortoloxak, ezurkoak, karnakulak, akerkos, mailak) , dependiendo de la región. Cada una de las cuatro caras tenía denominaciones y significados diferentes. La “panza” o “karne” de la taba inspiraba connotaciones positivas, mientras que el “kulo” o “zulo” se interpretaba de manera negativa. Las caras intermedias (“tate”, “pon”) solían mostrar un resultado dudoso o incierto. En zonas marítimas se practicaba adivinación utilizando las espinas del pescado, que eran arrojadas al fuego.

Los difuntos de la familia pasan igualmente a convertirse en aliados espirituales y protectores del hogar. Estos antepasados custodios reciben el nombre de Etxekojaunak y son recordados cada luna nueva, pero muy especialmente en esta parte del ciclo anual. El elemento principal para canalizar la relación con ellos es laargizaiola” (en su defecto, cirios o velas), además de las ofrendas de comida y bebida. Antaño se realizaban los enterramientos en las inmediaciones de la casa hasta que el cristianismo prohibió las inhumaciones en el domicilio, de modo que este vínculo era mucho más estrecho. Posteriormente (s. XIII al XVIII), pasaron a hacerse en un espacio de la iglesia llamado “jarleku”, losa sepulcral que llevaba grabada el nombre de la familia y donde se colocaban los cuerpos con los pies hacia el altar mayor y la cabeza hacia la puerta principal. Sobre este espacio, la Etxekoandre (o la representante femenina de mayor rango después de ella) encendía la “argizaiola” con la intención de iluminar el camino del difunto hacia el Otro Mundo mientras rezaba alguna oración. En ocasiones, también se dejaban algunas monedas o unas tortas como ofrenda. El único lugar de Euskadi donde se perpetúa esta tradición actualmente es Amezketa (Guipúzcoa). En algunos lugares de Vizcaya (Orozko, Duranguesado), Álava (Llodio) y Navarra (zona de Ujué), sin embargo, se pueden ver, ejemplares de “ezko-argiak” o “eleizako kandelak (hachones). En otros pueblos de la Ribera Navarra y de la Merindad de Sangüesa también se mantiene la costumbre de encender lamparillas de aceite (popularmente conocidas como “mariposas”). A partir del s. XIX, se generalizó el traslado de los restos mortales a los camposantos y se empezaron a usar velas corrientes.

El Día de Todos los Santos (1 de noviembre) es conocido como Domu Santu eguna, Santu guztien eguna, Domuru Santuru, Domini Santu, Dome Santoe u Omiasaindu. Antes de la llegada del cristianismo se celebraba el Gaztainerre Eguna o Gaztaina eguna (día de las castañas), muy especialmente en las localidades situadas en el tramo central del río Deba (Guipúzcoa), en los pueblos en torno al Parque Natural del Gorbea (Vizcaya, Álava) y en los alrededores de Urkiola. Esta misma tradición es equivalente al Magosto gallego (derivado de “Magnus Ustus”, gran fuego), el Amagüestu asturiano, la Magosta cántabra, el Magustu portugués, el Calbote o Calbotada castellano-leonés/a, la Castanyada o Castañada catalano-aragonesa, la Castanhada occitana, la Chaquetía extremeña o los Finaos canarios. En el caso euskaldun, se preparaba un banquete a base de castañas asadas, caracoles en salsa, tortas de maíz o morokil (polenta), chorizo o “txistorra”, manzanas asadas, vino y sidra. Posteriormente, se contaban historias de miedo al calor del fuego. En otros lugares de la península encontramos, además de castañas, bellotas, nueces, avellanas, higos, boniatos, granadas, dulce de membrillo, garrapiñadas, pastel de calabaza, buñuelos de manzana, panellets, huesos de santo y orujo. El propósito de estos festejos, originalmente, era mostrar agradecimiento por la última cosecha del año y honrar a los antepasados, compartiendo una parte de lo recogido con ellos. Esta fecha se consideraba apropiada para realizar purificaciones, acudir al curandero local e ir al cementerio a visitar las tumbas de los seres queridos.

En el caso de Euskal Herria, el 1 de noviembre se realizaba y se sigue realizando una misa en honor a los difuntos conocidos (ya que los que no se recuerdan dejan de tener potestad sobre los asuntos importantes de los vivos). En este espacio se llevaba a cabo la ofrenda de luz y pan/tortas/roscas (argi-orgik) sobre un paño negro, muy especialmente si se celebraba el aniversario del fallecido/a. En esta fecha también se obsequiaba al párroco con una “olata” u oblea o, en su defecto, bollos artesanalmente horneados. En algunas villas de Álava la ofrenda se componía de cuatro piezas de pan tierno. Adicionalmente, si había algún difunto que había partido recientemente, se le dejaba una vela encendida los días 1 y 2 de noviembre en la casa en la que había habitado, o bien se ponía un cirio en el altar del propio hogar, dedicando una oración por el descanso de su alma. Por último, se acudía al cementerio a llevar flores como gesto de afecto. Popularmente se sigue creyendo que los pétalos de determinadas flores, especialmente las de aquellas que son muy olorosas, sirven para atraer e incluso contener a las almas de los muertos (crisantemos, ciclámenes, pensamientos…). En consecuencia, se evitaba ponerlas en casa y estaban únicamente destinadas a engalanar las tumbas. Por otro lado, la costumbre de colocar círculos de flores atendía al simbolismo de encerrar al alma del difunto para que no abandonara su lugar en el Otro Mundo y no pudiera perturbar a los vivos.

La preocupación por asegurar un tránsito fluido hacia la Otra Vida y aliviar el sufrimiento de las almas innobles o con asuntos pendientes (“arimaerratu”) ha ocupado una parte importante de las tradiciones populares y ritos de magia folclórica de Euskal Herria. La mayoría de ellas derivan de un sincretismo que entrelaza las dos creencias más extendidas sobre la muerte: la creencia en la transmigración/reencarnación y la partida del mundo mortal con supervivencia del doble espiritual. En la vertiente cantábrica, en general, se pensaba que el alma seguía poseyendo algún resquicio de sustancia equiparable al aliento, un soplo de aire, una tenue luz o una sombra tras abandonar el cuerpo. En ocasiones, los muertos también se materializaban mediante olores característicos, especialmente si el fallecido/a lo había hecho en circunstancias traumáticas o violentas, o se trataba de una persona cuya conducta en vida dejó bastante que desear. Asimismo, eran frecuentes las manifestaciones del alma a través de ruidos u desplazamiento de ciertos objetos personales, especialmente si tenían un fuerte apego a ellos. Adicionalmente, es conocida la atracción de las almas hacia el agua como medio de purificación. Los lugares de agua contenida o estancada pueden convertirse en refugio de almas errantes, de modo que tendía a renovarse frecuentemente cualquier recipiente con agua para evitar que se acomodaran allí. Por último, se evitaba hablar mal de los difuntos e incluso, en algunos lugares y momentos se proscribía mencionar su nombre. De ese modo uno se protegía de que le acosaran o se apegaran.

El Día de Fieles Difuntos (2 de noviembre), denominado Arimen eguna o Hilen Eguna, precisamente está destinado a ocuparse de las almas en pena o que han dejado de ser recordadas. Antiguamente era una festividad de gran arraigo e importancia dentro de nuestro folclore, hasta que fue eliminada oficialmente del calendario litúrgico tras el Concilio Vaticano II (1965). La consagración de la Capilla de San Pedro a Todos los Santos en el s.VIII, se trataran de mártires o simples feligreses, fue una estrategia de la Iglesia para sustituir los ritos paganos supervivientes por otros de índole cristiana. Dentro de la doctrina católica se considera que todos los bautizados, vivos o muertos, sin importar sus faltas, forman parten de una misma comunidad en la cual los que se encuentran más cercanos a Dios interceden por aquellos que siguen o han seguido un más camino desviado, según su moral. A finales del s.X se añadió la celebración de Fieles Difuntos para orar por aquellos creyentes que había pasado a mejor vida y, muy especialmente, por quienes se encontraban en fase de tránsito. De este modo, se pretendía reforzar la estrategia ya iniciada para enmascarar reminiscencias de cultos populares a los difuntos.

Dentro del folclore euskaldun se creía que las almas del purgatorio solían vagar por la tierra desde el mediodía de Todos los Santos hasta el día siguiente. Si, en este período, un difunto se aparecía había que decirle: “Parte onekoa, bazara, ser gura dozun ezaizu; parte txarrekoa bazara, zoaz nigandik zazpi estatuar” (Si eres de buena parte, di lo que deseas; si eres de mala parte, aléjate de mi siete estadios). Normalmente las almas errantes buscan el apoyo de los vivos para solucionar algún asunto inconcluso, saldar deudas con otras personas o materializar promesas que no pudieron cumplir antes de morir. No obstante, hay otras que solo buscan luz y atención (canalizada usualmente mediante la oración) porque llevan demasiado tiempo encerradas en un bucle sin fin. Cualquier detalle hacia ellas que sirva para romper su aislamiento y confortarlas un poco, sirve de ayuda.

Muchas ancianas que aún tienen consciencia y conocimientos relacionados con los misterios de la muerte dedican novenarios (“bereratzigarren”) cada cierto tiempo a las “almas del purgatorio”. El Día de Fieles Difuntos se considera un momento propicio para iniciar una devoción destinada a estos muertos “innobles”. En diversas corrientes espirituales, la novena es el tiempo estimado que tarda un difunto en desprenderse de su envoltura carnal, aunque luego le seguirán otras fases en las que distintas partes del alma se irán destejiendo y reintegrando. Adicionalmente, en varias ermitas de toda nuestra geografía, como la de San Juan de Gaztelugatxe, se dejaban las puertas del templo abiertas durante el Arimen Eguna (noche incluida) a fin de que los aparecidos tuvieran ocasión de solucionar algún asunto pendiente con la intermediación de un vivo.

Para finalizar, cabe señalar que el Hilen Eguna solía considerarse el día más indicado para exhibir reliquias de santos/as e intercambiar oraciones por indulgencias. A las salida de las iglesias a menudo se vendían relicarios, reproducciones de huesos e imágenes en forma de dulce. Estos confites benditos se llevaban al altar del hogar o bien se conservaban para una ocasión en la que se requiriera la intercesión del santo/a.

 

Bibliografía consultada

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Onentzaro enborra eta Olentzero

El inicio del invierno es una época festiva cargada de simbolismo, personajes pintorescos, tradiciones con un profundo arraigo y ritos dirigidos a alejar todo tipo de mal, desprendernos de lo que nos resulta inservible o indeseable y preparar el terreno para una nueva época de prosperidad.

Uno de los símbolos solsticiales más destacados dentro del folklore europeo es el gran tronco que es cortado, alimentado y sacrificado en la chimenea del hogar para asegurar el renacimiento mítico del sol, la renovación del ciclo anual, la perpetuación de la vida y la comunión con los ancestros, contrarrestando el poder de las peligrosas fuerzas que amenazan las noches invernales. Este leño recibe diversos nombres a lo largo del continente: Júl log o Jól log en Escandinavia; Yule holz o Yuleklotz en Alemania; Yule log, Yule clog, Yule block o Gule block en Inglaterra; bluķa, blukio o blukis en los Países Bálticos; badnjak o budnik en los Países Eslavos; Stock of the Mock o Mock en Cornualles; Blocyn y Gwyliau (Festival Block) en Gales; Bloc na Nollaig (Christmas Block) en Irlanda; Yeel Carline (Old Wife) en Escocia; Souche de Noël, Bûche de Noël, Cosse de Nau, Mouchon de Nau, Chuquet, Tréfouiau, Tréfouet o Tréfoir en diferentes regiones de Francia; Eteau nedelecq en Bretaña; Cacho fió en Provenza; cachafuòc en Occitania; ceppo, zocco o ciocco di Natale en Italia; tizón do Nadal en Galicia; Tió , Tronc o Soca en Cataluña; Tronca,Toza o Zoca en el Alto Aragón.

El tipo de árbol que es quemado en esta época difiere entre regiones: en Escandinavia suele ser el fresno, aunque puede substituirse por el abeto; en Inglaterra e Irlanda, el más común es el roble; en Escocia, el abedul; en Alemania, el haya; en algunas zonas de Francia, se recurre a árboles frutales como el cerezo o el peral. No obstante, la encina, el olmo, el castaño, el álamo y el saúce también se encuentran entre los candidatos a convertirse en combustible del fuego sagrado. Otras plantas que habitualmente forman parte de las decoraciones de este tronco antes de ser arrojado a las llamas son el muérdago, el acebo y el pino.

El rito que se realiza para congraciarse con este espíritu vegetal suele seguir una estructura similar, aunque los detalles varían. Primeramente, se va al bosque a buscar el árbol, se recitan unas palabras para pedir su consentimiento o su perdón y luego se arrastra el tronco hasta la casa. En unos casos, se acude la víspera de Nochebuena y, en otros, al comienzo de la época de Adviento. En lugares como Serbia y Croacia, se viste al tronco con tela roja y se ponen cintas a su alrededor, añadiéndose también hojas y flores; en otros, se adorna con elementos vegetales y se colocan velas encendidas. Durante la noche del 24 de diciembre se entregan ofrendas de comida y/o bebida: grano o pan, vino o licor, frutas y dulces suelen ser los alimentos que sirven como pago.

En el resto países europeos, ha pervivido mayormente la costumbre de libar alguna bebida alcohólica sobre el tronco, diciendo unas palabras de bendición o agradecimiento, aunque actualmente se recurre a tributos más modernos como dejar billetes junto a él. En los Países Bálticos, en algunas partes de Italia y en la zona Pirenaica se tiene por costumbre cebar al tronco durante varios días y luego los niños golpean el madero con palos para recibir regalos o dulces mientras entonan canciones que hacen referencia a su carácter protector y benefactor.

Finalmente, se deposita el tronco en el fuego. En algunos lugares se deja toda la Nochebuena encendido hasta el amanecer; en otros, se va quemando una parte cada noche hasta el día de Año Nuevo; en otros, se mantiene este fuego durante las doce o trece noches mágicas que conforman la Navidad (hasta la vigilia de la Epifanía). Si se extingue antes del tiempo estipulado, se entiende como un augurio de mala suerte, desgracia, enfermedad e incluso muerte de algún ser querido.

El carbón y las cenizas sobrantes se guardan con distintos propósitos: alejar el daño mundano y sobrenatural; custodiar a los durmientes si se pone debajo de la cama; proteger la casa del rayo y los incendios; prevenir las plagas sobre los campos; fertilizar la tierra; salvaguardar las cosechas del pedrisco y las alimañas; sanar a personas o animales enfermos; purificar el agua y bendecir alimentos; fregar los suelos; atraer la prosperidad.

En Euskal Herria, este emblema de cultos arbóreos anteriores a la era cristiana forma parte igualmente de nuestras tradiciones navideñas y posee denominaciones singulares: Supila (Urdiain, Navarra); Sugieleko, Sukileko o Xuhilau (Luzaide, Navarra); Sukubela (Likinaga); Xukil, Chuquil o Tukil (Urraulgoiti, Navarra); Xubilar o Txubilar (Romanzada, Domeño, Iso y Napal, Navarra); Xubilaro (Arakil, Navarra); Subilaro-egurra ( Aezkoa, Navarra); Subilero (Mezkiritz, Navarra); Suklarako- egurra (Salazar, Navarra); Suilaro (Sara, Iparralde); Xiularo o Xihularo (Uhart- Mixe, Iparralde); Gabon-subil (Abadiano y Auntzola, Bizkaia); Gabonzuzi (Ezkirotz, Navarra y Zegama, Gipuzkoa); Gabon-mukur (Bedia, Bizkaia); Gabonetako-egurra (Arruazu, Navarra); Pago mozkorra o Egur mozkorra (Azkarate, Navarra); Pago burua (Aia, Gipuzkoa); Gaztain- enborra o Pago-enborra (Igantzi, Navarra); Jaingoikoaren egurra (Ulzurrun, Navarra); Porrondoko (Salvatierra, Goizueta y Malaerreka, Navarra); Olentzero-enbor (Oiartzun, Gipuzkoa), Onontzoro-mokor u Onantzaro enborra (Larraun, Navarra).

En los distintos dialectos del euskera, existen vocablos dispares con sus respectivas variantes fonéticas y ortográficas para referirse al tronco de un árbol: buru, supil/subil, zuzi, enbor, mozkor/moskor/mukur, zonpor/zonbor, zunpur/sunpur…Adicionalmente, a este motivo central, se le añaden otros calificativos relacionados con la Nochebuena (gabon, gau+ona) como hito definitorio de las festividades invernales; con un ambiente más luminoso por el retorno del sol (egu); con un tiempo propicio o época auspiciosa (onenzaro); con el tipo de madera que se quema (pago, haya; gaztain, castaño). Como excepción curiosa, contamos con una denominación que hace referencia a Dios como entidad divina: Jaingoikoa o Jaun Goikoa (Señor de Arriba).

En lo que al rito respecta, hay que añadir que no siempre se utilizaba ni se utiliza un único tronco. En Mezkiritz (Valle de Erro) y Gorriti (Larraun), se talaban dos leños grandes que se situaban a ambos lados del fogón, uno mirando hacia la derecha y otro hacia la izquierda. Dichos maderos recibían el nombre de Onantzaro gabeko batzarrekoak (Laterales de Nochebuena). En Salvatierra, en aquellas casas en las que había un toro semental, se elegían dos palos y se quemaban un poco por un extremo. Seguidamente, se colocaba el más corto atravesando la hendidura del largo, formando una cruz. Ésta se llevaba al establo y se fijaba con un clavo para evitar que el animal enfermara, especialmente como método de prevención de la rotura de vasos sanguíneos (maminpartidu). En Eskirotz y Elcano quemaban tres teas: la primera era para Jaingoikoa (Señor de Arriba), el segundo estaba destinado a Andra Mari y el último representaba a la familia (difuntos incluidos, por supuesto). En Unzu también se echaban a las llamas tres troncos: uno más grande que simbolizaba al Niño Jesús y otros más pequeños que personificaban a la Virgen María y San José. En Eraso y Arakil, además del madero principal, se añadía un leño por cada miembro de la familia y uno más para los pobres. En Amezkoa, el tronco ardía y arde junto a una rama de romero y otra de enebro para ayudar a purificar la casa y sus habitantes.

La temporización y el procedimiento que se siguen también varían de una localidad a otra. En la mayoría de pueblos sólo se mantenía encendido durante la Nochebuena hasta el día de Navidad y en Oiartzun, Abadiano y Anzuola se preparaba la cena con sus brasas para bendecirla. En Trespuentes, una pareja de bueyes arrastraba el árbol completo hasta el hogar el día de Nochebuena y permanecía alimentando el fogón durante todo el año. En Llodio, Desojo y Salvatierra se mantenía la lumbre ardiendo hasta el Año Nuevo. Las mujeres tendían a cubrir el fuego cada noche y trazar la señal de la cruz sobre las brasas mientras recitaban: “Si viene el Niño que entre la luz, si viene el Demonio que encuentre la cruz”. En Olaeta quemaban el trozo de haya en Nochevieja junto a lo que quedaba del madero del año anterior. En Ulzurrun guardaban la última parte del tronco de Navidad para ahumar al ganado el día de San Antón (17 de enero) junto a un puñado de flores y hojas de saúco bendecidas durante el Corpus Christi. En Eskirotz, sin embargo, colocaban los restos del Gabonzuzi en la puerta principal y hacían pasar a los animales por encima. En Liginaga se creía que hacer este ritual con las ovejas propiciaba que nacieran más corderos hembras. En Eraso, si un familiar moría durante estas mágicas noches del invierno en las cuales se mantenía encendido el leño, se dejaba en su ataúd una porción del mismo.

Los carbones y cenizas surgidas del Onantzaro enborra se usaban principalmente para proteger el hogar, prevenir las enfermedades de las reses y el rebaño, fertilizar los campos y salvaguadar los terrenos de toda clase de alimañas, preparar remedios caseros y confeccionar amuletos (kuttunak).

Otro aspecto que me gustaría tratar es la coincidencia entre una de las muchas denominaciones del leño solsticial y el famoso carbonero mítico a quien atribuimos la labor de repartir presentes o castigos entre las gentes de estas tierras. Algunos autores modernos han sugerido por esta razón que el Olentzero sería en origen un espíritu arbóreo. A esta suposición, se le suma el hecho de que a este personaje navideño se le atribuyen rasgos de glotón como al Tió y en las canciones populares también se resalta su enorme ingesta de vino (una de las libaciones tradicionales descritas anteriormente).

Aquí es preciso señalar que el término Onenzaro, del cual deriva Olentzero y sus variantes dialectales Olentzaro, Orentzaro, Orantzaro, Onantzaro u Onontzaro, fue registrado por primera vez en el Fuero General de Navarra. El historiador Lope Martínez de Isasti (S.XVII) clarificó que se trataba de una palabra autóctona para denominar a la víspera de la Navidad con el sentido de época de lo bueno. En esta línea, Resurección Mª de Azkue, consideró razonable la hipótesis de que en realidad procediese de Onentzat aro u Onentzako aro con el significado de tiempo de los buenos. En cambio, Barandiarán y Satrústegui ofrecen otros argumentos que ponen de manifiesto un rostro bastante más siniestro del carbonero vasco, descrito con la cara tiznada, mal vestido, con la mirada enrojecida, mostrando un carácter fiero, portando árgoma en una mano mientras sujeta una hoz en la otra y con tantos ojos o narices como días tiene el año.

Personalmente, considero más acertado el análisis de Satrústegui, quien describe a este anciano como una personificación del tiempo con las típicas cualidades saturninas. Como nota interesante, deja caer que en Larraun aparece con 366 ojos en lugar de 365, lo cual nos remitiría a la idea de un gigante o jentil al estilo de Tartalo. Por su parte, Marliave da cuenta de la existencia del Ome deths Nases en el folklore aranés, un ser monstruoso que pasa por los fogones de las casas en la noche del 31 de diciembre y pierde todas sus narices el 1 de enero. En otras zonas del Pirineo Francés (Haute Ariège y Pays de Sault) y Catalán aún quedan reminiscencias del Ome negra u Home negre (Hombre Negro), quien es considerado una encarnación del invierno. Adicionalmente, Satrústegui nos recuerda la existencia de otras figuras similares, como es el caso del Zanpantzar de Ustaritz (Nafarroa Beherea), un monigote grotesco, sucio, relleno de paja y vestido con harapos que es paseado por las calles, recibiendo burlas de los vecinos, hasta ser quemado junto a su esposa durante el Martes de Carnaval.

En definitiva, podríamos concluir que el Olentzero, sea considerado gigante, representación del tiempo o personificación del invierno, se encuentra más próximo al arquetipo del hombre del saco u ogro/troll de las montañas que rapta, castiga y se come a los niños traviesos, al igual que otras réplicas que encontramos en el folklore ibérico (el Apalpador o Pandingueiro en Galicia, el Angulero en Asturias, el Tientapanzas en Écija…) y en otras tradiciones europeas (Père Fouettard, Hans Trapp, Krampus, Jólasveinar, Belsnickel…). Si rastreamos los orígenes del Olentzero como tradición popular, la mayoría de referencias datan de finales del S.XIX (momento en que acontecieron los crímenes del alavés Díaz de Garayo) y nos conducen a la cuenca del Bidasoa, una importante zona minera del Pirineo Navarro. Caro Baroja apuntaba que la presencia de este personaje estaba muy localizada en ciertos territorios montañosos: la zona este de Guipúzcoa que se encuentra más cerca de los Pirineos, el norte de la comarca de Cinco Villas (que limita con los Pirineos Atlánticos), Larraun (donde se situaban las minas de Uitzi) y el corredor de Uharte-Arakil (conocido por sus canteras y minas).

En todos estos lugares el Olentzero empezó a ser representado como un muñeco siniestro al que primero se aplacaba con ofrendas (castañas, nueces, manzanas, vino) y luego se incineraba para liberarse de lo viejo y los males vividos durante el año. Más adelante, un vecino empezó a disfrazarse de carbonero, escondiéndose en la oscuridad de las esquinas y asustando a los niños con la hoz en la mano. Después se avino a perdonar las faltas si los muchachos habían sido buenos durante la mayor parte del año y les premiaba con regalos. Así pues, con el devenir del tiempo y a medida que ha ido tomando contacto con la civilización, nuestro rudo hombre negro ha ido adoptando un talante más amable y conductas que resultan más aceptables socialmente. Hoy podemos verle sin su pipa, menos borracho, algo más comedido en sus apetitos y manteniendo una relación aparentemente estable con Mari Domingi. A mi juicio, este es un intento forzado de recuperar e intentar hacer encajar al personaje de Basoko Mari o la Vieja del Monte, la anciana que bendice con alimentos a los pastores laboriosos y da pan a los niños con alma noble que viven junto a las montañas.

Recapitulando, la relación que mantienen estos viejos espíritus del invierno con el tronco de Navidad y el fuego solsticial queda canalizada a través de la chimenea como corazón de la etxea y punto de reunión entre la comunidad de vivos, los difuntos y el resto de criaturas mágicas. El poder combinado del daimon que habita en el interior del árbol y el espíritu del fuego del hogar ejercen de protección de los peligros sobrenaturales que rondan la tierra y los cielos en esta época de caos, desgobierno y restructuración cósmica. Asimismo, los gestos de devoción en forma de pequeños sacrificios simbólicos y la implicación en los rituales populares de estas fechas ayudan a mantener el equilibrio entre las fuerzas del día y la noche, la vida y la muerte.

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Luzaideko Antropologia Kulturala-Etnografia Ikastaroa

La Sociedad de Ciencias Aranzadi (Aranzadi Zientzia Elkartea), en colaboración con el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide, desarrolló un Curso Práctico de Antropología Cultural y Etnografía con un completo programa de actividades en este municipio del Pirineo Navarro durante la segunda quincena de junio, en el que tuve el honor de participar.

Para quienes no conozcan la historia y trayectoria de Aranzadi, es preciso comentar que esta institución sin ánimo de lucro se fundó en 1947 tras la supresión de la Sociedad de Estudios Vascos durante el franquismo. Su intención era y sigue siendo continuar la labor de investigación del medio natural y humano en Euskal Herria. Su nombre toma el apellido de uno de sus fundadores y miembros más ilustres: el antropólogo, etnólogo, botánico y zoólogo Telésforo de Aranzadi Unamuno (1860-1945). Este personaje dirigió la primera campaña de excavaciones en los dólmenes de Aralar junto a José Miguel de Barandiarán y Enrique Eguren entre los años 20 y 30. Antes del estallido de la Guerra Civil Española, se unió a este primer equipo Julio Caro Baroja. Posteriormente, personalidades de distintas disciplinas y ámbitos de la cultura se convirtieron en miembros destacados, como es el caso de Jesús Elósegi, Eduardo Chillida, Manuel Laborde, Joaquín Gómez de Llarena, Ramón Margalef o Félix Rodríguez de la Fuente, entre otros. En la actualidad cuenta con unos 1700 socios y 14 departamentos. Entre sus publicaciones periódicas destacan las revistas Aranzadiana y Munibe.

La formación que tuvo lugar en Luzaide fue inspirada por un proyecto pionero de investigación y preservación del patrimonio etnográfico denominado “Zaharkiñak”, dirigido por Fermín Leizaola, Director del Departamento de Etnografía de Aranzadi y discípulo del Aita Barandiarán. Dicho proyecto fue iniciado en Andoáin en 1989 con el apoyo económico de la Diputación Foral de Guipúzcoa y la colaboración del Ayuntamiento y los vecinos del municipio. Consistía en la cesión temporal de objetos privados antiguos sacados de caseríos, bordas, talleres y astilleros con el fin de registrar, restaurar y dar a conocer elementos pertenecientes a modos de vida y costumbres extintas o en vías de desaparición.

Esta iniciativa tuvo 17 ediciones posteriores en diferentes localidades de la geografía vasca, en las cuales se realizaron exposiciones temporales in-situ como una alternativa a la musealización tradicional. Gracias a ella se catalogaron e investigaron amplias colecciones de objetos (más de 25.000 piezas). No obstante, lo más valioso fue conseguir la sensibilización de la comunidad hacia la riqueza de su legado histórico y la necesidad de preservarlo, la puesta en valor de sus rasgos identitarios como pueblo para que fueran transmitidos a las siguientes generaciones, así como su implicación activa en la dinamización cultural y civil en espacios públicos. Otro de los aspectos destacables del proyecto es que, durante el proceso de recogida y documentación de las piezas, se registraban los nombres de las mismas en la lengua vernacular del lugar, así como las historias ligadas a cada una, lo cual permitía refrescar y conservar el vocabulario autóctono junto a sus usos y significados (ver más aquí: https://www.ankulegi.org/wp-content/uploads/2012/03/0312Leizaola.pdf) .

Partiendo de los mismos fundamentos y nutriéndose de la experiencia de Leizaola, Suberri Matelo Mitxelena, miembro activo del Departamento de Arqueología de Aranzadi y colaborador del Departamento de Etnografía, tomó la iniciativa de diseñar y coordinar un nuevo proyecto de “recuperación patrimonial” y “concienciación comunitaria” en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide, contando con la financiación de un Programa de Desarrollo Rural. Dicho proyecto podríamos dividirlo en dos estadios: la organización de un curso práctico de antropología cultural y etnografía con trabajo tutorizado de campo, complementado con charlas teóricas impartidas por expertos de diversas instituciones y visitas culturales guiadas por miembros representativos de Aranzadi; una exposición de los objetos vinculados al patrimonio de la localidad que tendrá lugar en el edificio que sirvió como antigua Casa de las Monjas y escuela infantil.

El domingo 17 de junio la mayor parte del grupo nos encontramos en la plaza del pueblo y seguidamente nos instalamos en una de las habitaciones del albergue de peregrinos, la cual fue reservada amablemente por el Ayuntamiento de Valcarlos/Luzaide para nuestro hospedaje. Posteriormente, comimos en el restaurante Ardandegia, propiedad de Fernando Alzón, alcalde de la localidad y excelente cocinero. Allí tuvimos espacio para charlar distendidamente mientras degustábamos la exquisita comida casera de nuestro anfitrión. A su vez, tuvimos ocasión de conocer con más detalle de los entresijos de las labores que íbamos a realizar en los días siguientes. Por la tarde, una de nuestras compañeras, Nuria, valcarlina de nacimiento, nos llevó a dar un paseo por el pueblo para irnos familiarizando con sus rincones, las familias vinculadas a cada casa y las actividades económicas del lugar, mientras nos contaba historias de su infancia y juventud. A las 19h Suberri inauguró oficinalmente el curso con la presentación pública del proyecto en la sede del Ayuntamiento.

El lunes 18 de junio a las 9h nos reunimos con el resto de compañeras/os en la sede de la asociación Argiola (cedida por el Ayuntamiento) a fin de que todas/os estuviésemos convenientemente informadas/os de los objetivos del proyecto, las tareas a desarrollar y los procedimientos vinculados al trabajo de campo. Tras la reunión, acudimos a casa de la concejala Elena Goñi, que fue nuestra primera colaboradora, además de nuestra madrina y enlace diplomático para gestionar las relaciones con los vecinos/as voluntarios/as que abrieron las puertas de sus casas para nosotros/as y aportaron objetos significativos de la historia de su familia y su pueblo.

En nuestra primera recogida de datos y piezas trabajamos en parejas para rellenar los distintos campos de las fichas de catalogación de piezas. También tomamos fotografías de los objetos y filmamos, con el consentimiento de la participante, parte del proceso y de las narraciones que surgieron de cada uno de ellos. Al final de la visita, se entregó el correspondiente documento de cesión en el que se indicaba el listado de las piezas recogidas para su estudio y restauración, así como las cláusulas donde se estipulaba que los/as propietarios/as podrán solicitar en cualquier momento el retorno de estas. Después procedimos al traslado de las mismas al local de Argiola y el resto de la jornada la dedicamos a afianzar el sistema de catalogación y a tomar contacto con el software informático para digitalizar las fichas en papel.

El rato de descanso que tuvimos antes de la primera ponencia algunas lo dedicamos a dar un refrescante paseo por el bosque hasta llegar a uno de los caseríos que se encuentran antes de tomar el camino al paso canadiense. Como no conocíamos el sendero, pedimos asistencia a un mozo que estaba alimentado a sus ovejas. Nuria, muy resuelta, preguntó al joven el nombre de la casa y recordó que conocía a la familia. Finalmente, la Etxekoandre salió del caserío y nos invitó a pasar, mostrándonos los bellos rincones de su hogar. Le pusimos al tanto de nuestra labor en el pueblo y estuvimos charlando animadamente. A nuestro regreso, presenciamos el entierro de uno de los vecinos en el cementerio local y escuchamos los melodiosos cantos del coro de hombres que acompañaban al cortejo que le estaba dando sepultura.

A las 19h David Mariezkurrena, Director de la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nos deleitó con una conferencia sobre “Mitos y leyendas en la tradición oral de Luzaide”, donde hizo mención a los trabajos precursores en esta materia de Resurrección Mª de Azkue (Fundador de la Real Academia de la Lengua Vasca y miembro de la Sociedad de Estudios Vascos) y José Mª Satrústegui (antropólogo, etnógrafo y sacerdote de Luzaide durante más de una década), así como a la pervivencia de algunas leyendas sobre Mari, Herensuge, las Lamiak, el Basajaun, Tartalo, Inguma, las Sorginak, el Judu Erratia (Judío Errante) o animales que se consideran sagrados (abejas, mariposas, mariquitas, arañas, cuco, gallo…) o maléficos (lagarto, serpiente, gatos, perros aulladores…). Asimismo, se mencionaron algunos ritos de folklore popular llevados a cabo en fechas señaladas como la Candelaria, la Cruz de Mayo, San Juan, el Día de Todos los Santos o el Solsticio de Invierno. En el próximo artículo, me gustaría abordar con más detenimiento este tema, partiendo de las notas tomadas en la charla y de los textos de los autores mencionados, por la relevancia que tienen aún hoy estas creencias en la mentalidad de algunos vecinos/as mayores que se enorgullecen de que su Etxea se encuentre junto a una de esas moradas mágicas o conservan la memoria de esos relatos para poder transmitirlos a generaciones futuras.

El segundo día de trabajo de campo fue intenso pero muy gratificante. Varias vecinas y vecinos del barrio de Gañekoleta mostraron una entusiasta colaboración e incluso nos recompensaron con un gentil refrigerio. Para mí quedará el recuerdo de esos magníficos hogares, con suelos de madera de roble, amplias chimeneas adornadas con pucheros antiguos que ahora sirven de jarrones y hermosas piezas de cobre amarillo, el mobiliario rústico tradicional de la zona y los “sabaiaos” llenos de tesoros dormidos a la espera de ser rescatados. Debo confesar que quedé gratamente asombrada del mimo con el cual conservaban algunos de esos objetos y de algunos de los relatos personales que emanaron de ellos. Incluso surgió naturalmente una referencia a una aparición de un difunto hace un par de años que me resultó fascinante, siendo una entusiasta de estos temas que escapan a la realidad ordinaria.

Aquella tarde, una vez finalizados los trabajos, volvimos a visitar el barrio ya que nos hablaron de la posibilidad de bañarnos en una regata que hay al otro lado de una cueva. Personalmente tenía una especial curiosidad por el lugar porque David Mariezkurrena había hecho referencia a relatos que mencionaban manifestaciones de un númen en esa zona. Solo puedo decir que el lugar era una delicia y que efectivamente sentí una vibración especial allí, además de apreciar ciertas señales que no escapan a los ojos de aquellas que vemos más allá de lo evidente.

A las 19h Xabier Kerexeta, historiador y etnógrafo al que vengo siguiendo desde hace un tiempo a través de su blog “Kalegoi”, realizó una interesante exposición sobre “Microterritorios transfronterizos”, diferenciando las unidades administrativas religiosas de los municipios civiles y poniendo distintos ejemplos de la gestión y convivencia de lugares fronterizos como Luzaide- Arneguy, Irún-Hendaya, Roncal-Baretous, Xareta (Zugarramurdi, Sara, Ainhoa, Urdazubi), Baztán-Baigorri, Aran-Pallars Sobirá o Andorra.

El tercer día estuvimos trabajando con tesón en el barrio de Azoleta, donde sus vecinos/as nos trataron con la misma hospitalidad y buena disposición que veníamos recibiendo desde el primer momento. El Etxejaun y la Etxekoandre de una de esas casas que sirven de frontera a uno de los enclaves míticos de la zona fueron especialmente atentos con nosotros. Ambos, en distinta medida, me ayudaron a profundizar en el simbolismo y sentido de ciertas manifestaciones del folclore popular como las cruces de laurel, el sonido de las distintas tipologías de cencerros, el uso de las velas y su cera que son bendecidos el día de la Candelaria, la plantación de ciertos árboles y plantas junto a la casa así como la evitación de otras especies vegetales, la utilización de las aguas de distintas fuentes y los rituales funerarios propios del municipio.

En la primera parte de la tarde, estuvimos etiquetando y limpiando algunas piezas. En la segunda parte de la tarde, asistimos a la primera de las conferencias que Fermín Leizaola impartió como contenido teórico del curso y que versó sobre la cocina tradicional con su equipamiento. En ella habló de la evolución del centro del hogar a lo largo de la historia, desde el fogón bajo (“bekosue” o “sukileku”), pasando por la chimenea pirenaica o de tambor fálico, continuando con la cocina con escaño o “zizailu” abatible, siguiendo con la cocina económica, hasta llegar a la moderna cocina de inducción. Entre los objetos destacados, no podía faltar la “laratza” o cadena del “llar”, la “neskatua” o criada (soporte de hierro), el “suburni” o pieza de metal para apoyar los troncos, el “auzpoa” o fuelle, el “suondoko” o sujeta-pucheros, la “pertxa” o caldero de cobre, la “ferreta” o contenedor de agua de boca, el “kriseiu” o candil de aceite, los candelabros con “ascensor” o el “motrailu” (almirez). También mencionó algunas técnicas de lavado de la ropa como la “lisibación”, utilizando un lienzo de lino y ceniza apagada (o “sosa le blanc”) y mostró varias planchas de carbón. Si queréis conocer estos objetos en vivo y en directo, os recomiendo que estéis pendientes de las publicaciones web de Aranzadi a partir de septiembre (fecha prevista de la inauguración de la exposición en la Seroren Etxea o Casa de las Monjas). De todos modos, procuraré manteneros informados a través de las noticias del blog.

Desde la tarde del miércoles hasta la tarde del sábado tuvimos el gran privilegio de contar con Fermín Leizaola como tutor del grupo de 11 alumnas/os, además de que ejerciera de conferenciante y guía en la primera de las excursiones programadas para visitar los hórreos del Valle de Aezkoa. Con él compartimos tareas, convivencia, anécdotas y aprendizajes. Las lecciones ejemplares de humildad, sabiduría, genialidad y compromiso que recibimos de él fueron de un valor incalculable. De él también aprehendimos unas orientaciones básicas para llevar a cabo investigaciones etnográficas, profundizando en técnicas como: la elaboración de cuestionarios, la conducción de una entrevista, la observación participante, el registro de los objetos y su historia, el siglado, la descripción y categorización de las piezas, así como el análisis de las mismas. Asimismo, comprendí e interioricé que la etnografía es una ciencia interdisciplinar y poliétnica donde, en palabras de Barandiarán, “lo no vivido, es difícilmente interpretado”.

A primera hora de la mañana del jueves fuimos a recoger piezas a otro caserío. Luego Fermín Leizaola impartió una clase magistral que fue seguida de varias actividades tutorizadas en las cuales se implicó totalmente, dando ejemplo. Por la tarde, continuamos con las tareas de etiquetado, descripción, catalogación y limpieza de las piezas. A las 19h, Fermín realizó una presentación sobre el pastoreo en Euskal Herria, tema en el cual es un gran experto. Inició su exposición hablando del hito que supuso para la raza humana la domesticación de ciertos animales y citó algunas evidencias encontradas en la Cueva de los Osos, la Cueva de Arenaza o la Cueva de Marizulo, entre otras. Posteriormente, vinculó lingüísticamente el término “ari” (preindoeuropeo), con el vocablo “abere” (riqueza/ganado) y la palabra oveja (“ardi/a”). Después hizo referencia a la existencia de restos de cabañas o “txabolak” de pastores junto a dólmenes como Jentilarri, Trikuarriak o Tregoarriak, costumbre que se ha mantenido hasta hace pocas décadas. A continuación, clasificó las tipologías de chabolas en tres categorías: las de la zona de Aralar, Aitzgorri y Urbasa, las ubicadas en el entorno del Gorbea y las Pirenaicas. En lo que respecta a las ovejas, se focalizó en los diferentes marcados de las orejas, en los tipos de ocres o sellos hechos a fuego vivo y en las tipologías de cencerros con sus badajos o “mingai” (lengua) para poder reconocer el rebaño o un miembro en concreto por el sonido.

Otro aspecto interesante que tocó fue el uso de los cencerros como elemento de protección y el “suharri” o piedra de sílex, la famosa “piedra de rayo” que se utiliza junto a la “ardagaia” (seta) y un eslabón para hacer lumbre en los fogones bajos de los pastores, además de como elemento mágico vinculado al control del tiempo atmosférico. Finalmente, se abordó el aspecto económico de la venta de carne, lana y consumo de productos lácteos. Entre los instrumentos asociados a esta actividad, encontramos objetos cotidianos como el “kaiku” (recipiente para ordeñar y recoger la leche), la “abatza” o molde para fabricar quesos y la “oporra” o tazón para tomar la leche acompañada de talos (torta de maíz típica de Euskadi y que probablemente se importó de América del Sur). En cuanto a vestimenta, señaló el “irasko” o espaldero, confeccionado con piel de macho cabrío capado.

El viernes trabajamos en dos grupos: unos continuamos siglando, clasificando y documentando las piezas, mientras otros seguían con tareas de limpieza, lijado y tratamiento de los objetos. Después cambiamos de actividad para que pudiéramos aprender a hacer de todo. Dentro del equipo había algunas personas que tenían más experiencia y fueron las que ejercieron de tutoras con los que no teníamos entrenamiento previo. De ese modo, se aseguraba tanto la calidad de los procedimientos como se posibilitaba un aprendizaje con una progresiva autonomía. Poco a poco la dinámica de los trabajos de campo iba cogiendo un mayor rodaje y todos/as estábamos cada vez más motivados/as al ir viendo los resultados.

Por la tarde, Xabier Irujo, Director del Centro de Estudios Vascos en la Universidad de Nevada y profesor en esta misma institución, impartió una ponencia sobre la revisión que llevado a cabo sobre la batalla de Errozabal o batalla de Roncesvalles (778) y aprovechó el viaje para presentar el libro que recoge sus hallazgos en Luzaide en compañía de Juantxo Agirre, secretario de Aranzadi. En su discurso argumentó que este enfrentamiento no fue una mera escaramuza en la que las tribus vasconas, apoyadas por musulmanes, atacaron la retaguardia del ejército carolingio comandada por Roldán. Tras el análisis en profundidad de seis textos principales en latín que describen el suceso, ha llegado a la conclusión de que la contienda fue una batalla campal y decisiva (certamen), liderada por tropas vasconas (sin intervención de ningún sacarraceno) que aprovecharon en su favor la dificultad de paso del terreno y el cansancio del enemigo. Ésta se produjo durante varios días a lo largo de los 33 km que separan Zubiri de Luzaide, ya que en una calzada de unos 4-5 metros de ancho era inviable hacer pasar en formación a un ejército de algo menos de dos legiones que estaba huyendo con lo que habían saqueado en el asedio de Pamplona. La mayoría de las fuentes consultadas coinciden en que el enfrentamiento final tuvo lugar en la zona de Ibañeta, entre el llano de Errozabal y Luzaide, muy probablemente en el puerto de Zize. Recientemente se han descubierto unos miliarios y restos de una vía romana en el entorno de Ibañeta, lo cual representa un indicio muy relevante que apoya la existencia del paso de Zize.

Otro de los puntos a destacar de la investigación de Irujo es que sostiene una posible alianza entre Otsoa Lupus II, Duque de Aquitania, y un cabecilla vascón llamado Eneko, cuñado de Ximen el Fuerte y seguramente gobernante de Pamplona y su comarca. Fuentes árabes, además, mencionan que Eneko falleció en el año 820. Su hijo fue Eneko Aritza (más conocido como Iñigo Arista), primer rey de Pamplona.

El hecho de que las primeras crónicas sobre la Batalla de Roncesvalles se escribieran tras la muerte de Carlomagno nos lleva a pensar que se trató de una vergonzosa derrota en la que el rey franco dejó tirado a su propio ejército, hecho que debía ser ocultado a toda costa. Así pues, la “Chanson de Roland” (escrita en el S.IX) no fue otra cosa que una maniobra de manipulación política, adornada poéticamente, para limpiar el nombre de Carlomagno y otorgar un final épico a los caídos en batalla. Un engaño que ha durado siglos y que ha beneficiado a mucha gente, mientras que los verdaderos héroes y sus descendientes han quedado en la sombra.

Si os interesa saber más sobre el estudio que se ha hecho sobre este acontecimiento, os animo a leer “778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico” de Xabier Irujo, publicado en la editorial vasca Ekin: http://editorialvascaekin-ekinargitaletxea.blogspot.com/ Asimismo, Juan Mari Txoperena participó en la filmación de un documental sobre la contienda llamado: “778: La Chanson de Roland” (Canal Historia). No obstante, se habilitará un espacio expositivo específico en la Casa de la Monjas de Luzaide para mostrar a los visitantes un resumen de este hecho histórico, incorporando los nuevos descubrimientos que se han realizado en torno a él.

El sábado 23 de junio realizamos una ruta guiada por Fermín Leizaola para conocer los hórreos (“garaiak”) del Valle de Aezkoa (Merindad de Sangüesa). Este lugar es uno de los más bellos de la Navarra Pirenaica y conserva 15 de los 22 hórreos de la Comunidad Foral. Nosotros visitamos 14 de esos 15 hórreos, ya que el último se encuentra en mal estado de preservación. Empezamos el trayecto en la localidad de Garralda, hogar de nuestra compañera Kontxesi y de José Etxegoien (historiador). José Etxegoien tuvo la amabilidad de invitarnos a pasar a su casa y nos mostró, entre otras cosas, una gran fotografía del gran incendio que asoló casi todo el municipio en 1898. Igualmente nos enseñó otras fotografías y objetos que forman parte de la historia de su familia y el valle.

Posteriormente, Fermín nos explicó las características particulares que distinguen a los hórreos aezkoanos frente al hórreo de Masamiguel y nos habló de las políticas de conservación que se habían llevado a cabo a lo largo de los años, no carentes de complicaciones. Seguidamente, nos trasladamos a Aribe. Allí se encuentra el hórreo de Domench, que ha sufrido varias modificaciones que lo han convertido en una casa de dos plantas, aunque aún se puede apreciar parte de la estructura original con sus “tornarratos”. Después acudimos a Aria a visitar 3 de los 4 hórreos que aún perviven. Allí realizamos una parada para almorzar junto a la iglesia y tuvimos oportunidad de visitar el camposanto, en el cual había algunas tumbas en forma de estelas discoideas.

A continuación, viajamos a Orbaizeta, conocida por su fábrica de armas, a ver tres hórreos más. El que más me gustó fue el de Primorena, que se encuentra situado entre dos calles y separado de la casa. La curiosidad de esta construcción es que la manilla de la puerta tiene forma de salamandra y conserva un “eguzkilore” en sustitución de la enramada de laurel y espino blanco que se solía colocar en el dintel para proteger el grano de las tormentas. Seguidamente, retrocedimos hasta Orbara para conocer el hórreo de Jabat, que conserva seis de los ocho “tornarratos” originales.

Proseguimos nuestro camino y llegamos a Garaoia, donde el propietario del hórreo de Maisterra nos invitó a entrar en el interior del edificio para ver los contenedores donde se guardaba el grano. Algunas aprovechamos la ocasión para ir a la iglesia y visitar el camposanto, que también contiene algunas estelas discoidales. Finalmente, arribamos a Hiriberri, último punto de la ruta, donde contemplamos cuatro hórreos más. El más interesante, para mi gusto, es el que se encuentra cerca de la iglesia.

Para aquellos/as que estéis interesados/as en conocer más sobre esta temática, recomiendo la lectura del artículo “Contribución al estudio del hórreo en la Navarra Pirenaica” de Fermín Leizaola, junto a dos artículos más de José Etxegoien: “Hórreos de Navarra” y “El hórreo en Euskalherria”. Igualmente, podéis ver un vídeo de los hórreos de Aezkoa en el siguiente enlace: https://youtu.be/ArzRz9EK7To

La tarde del sábado, tras una copiosa comida con una larga sobremesa en Burguete/Auritz, nos fuimos a festejar el Solsticio de Verano a Donibane Garazi (Saint-Jean-de-Pied-de-Port), aunque una servidora se retiró antes para recoger discretamente las plantas mágicas que se recolectan en esta fecha señalada.

La mañana de San Juan nos permitieron entrar a la iglesia de Luzaide antes de que comenzase la misa e iniciásemos nuestra siguiente excursión a la borda y dolmen de Epersaro, atravesando el Infernuko Erreka (Regata del Infierno), guiados por Juan Mari Martínez Txoperena y su esposa. Juan Mari, a pesar de trabajar como restaurador profesional, ha sido un gran colaborador del Departamento de Arqueología de Aranzadi durante más de 30 años. Su gran afición siempre ha sido el megalitismo y es una de las personas que mejor conoce el dolmen Epersaro y el cercano túmulo de Zubibeltzeko (Barrio del Bixkar) así como sus alrededores, ya que fue él quien los descubrió en 2014 junto a Rafa Zubiria. Aprovecho para animaros a leer su blog si sois entusiastas de esta materia: http://megalitos.txoperena.es/

El camino para llegar al dolmen comienza en el kilómetro 53 de la carretera N-115. El sendero discurre a través de un frondoso hayedo. Luego hay que sortear un salto de agua que, si ha llovido bastante, puede estar muy empantanado y dificultar el paso. El camino acaba en una pequeña borda de piedra abandonada que se encuentra junto a un roble alcanzado por el rayo. A partir de ahí hay que andar unos 200-300 metros hasta el dolmen, atravesando zarzas, helechales y algunas matas de digital o dedalera (ojo con ella, no la cojáis alegremente sin tener conocimientos de etnobotánica). No es recomendable que hagáis este camino a finales de otoño o en invierno por la inclinación del terreno y la cantidad de vegetación que se forma. Todo aquel que quiera hacer esta ruta debe ir convenientemente equipado (no ir con “playeras”, ni con pantalón corto ni zapatillas de deporte que no agarren bien el pie y tengan una buena suela). Y, por supuesto, recordad que un dolmen es un monumento funerario con gran valor patrimonial y un carácter sagrado. Se ruega encarecidamente no fumar en el lugar ni arrojar basura, además de tener una actitud respetuosa hacia el monumento y el territorio que lo rodea. Los Gentilak, el Basajaun y el resto de las criaturas que habitan la zona os lo agradecerán. A continuación, os dejo el enlace a un vídeo donde podréis contemplar la belleza de este yacimiento prehistórico: https://youtu.be/hF_9Qk3geQg

Aunque no estaba previsto, Juan Mari nos condujo al puerto de Ibañeta para contemplar el valle desde otro punto de vista y hacer una pequeña explicación sobre las excavaciones de la vía romana. Si queréis aproximaros a las investigaciones que se llevan desarrollando en torno a la calzada del Pirineo desde el 2008, Aranzadi publicó a finales del 2017 un libro titulado “Jornadas sobre las calzadas romanas en la Antigüedad”. Asimismo, se ha editado una separata denominada “La vía de Hispania a Aquitania en el paso del Pirineo por Ibañeta. Resultado de la investigación sobre la calzada romana desde Campo Real – Fillera a Donezaharre”.

El lunes 25 de junio por la mañana reanudamos los trabajos de campo. Un grupo fue a recoger más piezas a otros caseríos mientras los demás nos quedábamos limpiando y restaurando objetos en el local de Argiola. Hicimos un descanso a mediodía y una vecina se acercó a ofrecernos algunas piezas que ella consideró que podían ser interesantes para la catalogación y exposición. Parece que se estaba corriendo la voz entre la comunidad sobre las labores que se estaban realizando y se fueron sumando, inesperadamente, nuevas piezas a la colección, lo cual era una tremenda alegría. Por la tarde, todos/as dedicamos un rato a tareas de tratamiento de piezas. En el descanso, antes de la ponencia, unos se fueron a refrescar al río y otros a comprar a la carnicería Arrosagaray (parada obligada para todo visitante de Luzaide).

A las 19h José Etxegoien nos ofreció un interesante y didáctico recorrido por la historia de Luzaide desde que se menciona el lugar por primera vez en un documento del Archivo de la Colegiata de Roncesvalles en 1234 hasta la actualidad. Desde el primer momento, Valcarlos destacó por las ventas existentes para albergar a los peregrinos que realizan el Camino de Santiago, así como por el pastoreo de la ganadería y la caza. Posteriormente, se instalaron 4 o 5 herrerías, entre las que destacaron las de la Reclusa o la de Navarrola. En el S.XIII se construyó una torre defensiva en Luzaide, que se perdió hacia el 1479. Posteriormente, Fernando el Católico, en su campaña de conquista del Reino de Navarra, construyó un castillo en el Camino Alto.

Valcarlos, como zona transfronteriza sufrió el impacto de diversas tensiones políticas y socio-económicas. Primero, entre 1400 y 1615, aguantó las escaladas de poder por el control de los pastos entre el Vizconde de Erro y el Vizconde de Echauz apoyado por la nobleza de Baigorri. Después estalló la guerra entre Francia y España en 1635. Más tarde, aconteció la Guerra de Convención el 1793, proseguida de una terrible epidemia el 1794 y un incendio en 1795 que arrasó con casi toda la población de Luzaide. En 1808 estalló la Guerra de la Independencia y los ejércitos de Napoleón se nutrieron del pillaje en Valcarlos, Aezkoa y Salazar. En 1822, se inició la Primera Guerra Carlista y, en 1834, Zumalacárregui conquistó la fábrica de armas de Orbaizeta. Por tanto, la zona se convirtió en campo de batalla para ambos bandos. En 1849 empezó la Segunda Guerra Carlista, sufriendo este territorio una suerte similar a la de la primera. Teniendo en cuenta estos factores, es lógico que el contrabando se convirtiera en una actividad principal para la supervivencia de los vecinos.

A principios de 1900, pareció levantar cabeza gracias a la instalación de la fábrica de ocre y la central eléctrica. No obstante, en 1920 desapareció la minería como recurso económico. En su momento, hubo un hotel, un balneario y un cine, pero estas propuestas del sector servicios acabaron fracasando. Entre los años 20 a los 60 empezó a despoblarse la zona, perdiendo su estructura comunitaria. Actualmente, el Alto Pirineo Navarro es el territorio con menor población de toda la Comunidad Foral. De ahí que sea tan importante promover iniciativas que reactiven la economía y el crecimiento poblacional ya que, de otro modo, recursos como la escuela rural local desaparecerán. En este sentido, José Etxegoien transmitió un mensaje reivindicativo para concienciar de la gravedad del problema y animar a la cooperación comunitaria entre las instituciones y los/as vecinos/as de los diversos valles.

El martes 26 de junio fue un día de intenso trabajo que mereció mucho la pena. Al igual que el día anterior, por la mañana nos repartimos en dos grupos: unos se quedaron realizando tareas de restauración y los demás fuimos a recoger piezas a otro de los barrios del pueblo. En esta ocasión tuvimos la oportunidad de incorporar a la colección interesantes piezas de un taller de “eskalapinek” (zuecos de madera) que documentó el investigador Juan Garmendia Larrañaga en los años 70. La fabricación de este tipo de calzado es un oficio artesanal tradicional que está prácticamente desaparecido y poder preservar estos objetos es de una relevancia absoluta.

Antes de comer, hicimos una parada para ver por dentro la Casa de las Monjas y estuvimos haciendo una lluvia de ideas a fin de recoger propuestas de cara a organizar los distintos espacios de la exposición. En la primera parte de la tarde, todos/as trabajamos con ahínco en labores de tratamiento de piezas. Nuestros avances se iban haciendo cada vez más manifiestos y eso alimentaba la implicación del grupo.

En la segunda parte de la tarde asistimos a una conferencia sobre el reconocimiento de los Inauteriak (Carnavales) y sus danzas como bien de interés cultural por su valor patrimonial inmaterial, impartida por Mikel Ozkoidi y Karlos Irujo. Entre estas manifestaciones singulares del folklore popular del Alto Pirineo Navarro podemos incluir los carnavales de Ituren y Zubieta (Valle del Baztán), los carnavales de Lantz (Valle de Anue), pero también los Bolantzak (Volantes) de Valcarlos. Dado que abordé ampliamente este tema en otro artículo (febrero de 2018), os remito a la publicación en papel de estos autores que podéis encontrar en Elkar por si queréis profundizar en él: https://www.todostuslibros.com/autor/ozkoidi-perez-mikel-irujo-asurmendi-karlos

El miércoles 27 de junio se realizó una nueva recogida de objetos, entre ellos una de las piezas estrella que se exhibirán como parte del mobiliario de la cocina tradicional pirenaica en la Casa de las Monjas. No quiero dar más detalles para no quitarle emoción al asunto… Asimismo, se continuaron las labores de restauración. Ese día no se programó ninguna conferencia, pero el grupo pudo degustar “gâteau basque” traído de Donibane Garazi como parte de la celebración de cumpleaños de una servidora.

Debido a compromisos familiares ineludibles, tuve que ausentarme del curso antes de su cierre el viernes 29 de junio. Mis compañeras/os dedicaron los últimos dos días a finalizar los trabajos de reparación de las piezas y avanzar en la digitalización de las fichas. El total se consiguieron reunir y documentar 370 piezas relacionadas con la cocina tradicional, los trabajos agrícolas, los oficios antiguos y las creencias mágico-religiosas de Luzaide. Nada de esto hubiera sido posible sin la estrecha colaboración vecinal y el gran apoyo recibido de los representantes del Ayuntamiento de la localidad.

La charla del jueves 28 de junio versó sobre la Etxea o casa tradicional y fue conducida por el profesor y escritor Juan Carlos Etxegoien (alias Xamar, haciendo honor a la casa Xamarrena de Garralda). El contenido de esta exposición podéis encontrarlo en su libro “Etxea- ondarea, historia, mintzoa”, publicado en 2016 por la editorial Pamiela y disponible en Elkar: https://www.elkar.eus/es/liburu_fitxa/etxea-ondarea-historia-mintzoa/xamar/9788476819678 Para los no vascohablantes, comentar que se está trabajando en un traducción del texto en castellano para hacerlo accesible a un público más amplio.

Por último, la ponencia del viernes 29 de junio, impartida por la filóloga y miembro de Ikerfolk Ane Albisu, giró en torno a la vestimenta festiva tradicional y su historia a lo largo de 100 años. La conferenciante ilustró parte de su discurso con varios trajes tradicionales e indumentaria de carnaval que se encontraban ya expuestos en la sede del Ayuntamiento de Luzaide, a los cuales se sumaron una “manteleta” de mujer y una “kapa” funeraria de hombre que los vecinos cedieron. En 2008, Ane publicó los resultados de un exhaustivo estudio realizado sobre la vestimenta tradicional vasca y su historia cuyo título es: “Atondu. XXI. Menderako proposamenta (Ondarea)”. Su libro puede adquirirse a través de Amazon: https://www.amazon.es/Atondu-XXl-Menderako-proposamena-Ondarea/dp/8497833457 Aquellos que no sepáis euskera, podéis leer un resumen en el siguiente artículo de Euskonews: http://www.euskonews.com/0359zbk/gaia35901es.HTML

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El cierre del curso no podía ser otro que una buena cena en la sede de la sociedad gastronómica de Luzaide, orquestada por el concejal Michel Granada, a quien hay que premiar su disposición para asegurar el disfrute de una agradable velada.

Para poner el broche final a esta crónica de mis vivencias valcarlinas, quisiera agradecerle al universo y a los espíritus del territorio que se diera la feliz sincronicidad de enterarme tres semanas antes del inicio del curso que una parte de nuestro linaje vivió durante algún tiempo en Luzaide. Gracias a mi prima María Artal, a que renuncié voluntariamente a la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo y a la valentía de tirarme a la piscina sin la seguridad de que me admitirían en el curso, tuve una de las mejores experiencias de mi vida. También quiero agradecer a Suberri Matelo, coordinador del curso, que me diera la oportunidad de participar y aprender junto a un grupo maravilloso de personas a las que guardo con cariño en mi corazón. Igualmente, deseo hacer una mención especial a mis compañeras/os de viaje: Leire, Iratxe, Aran, Jokin, Kontxesi, Kristina, Klara, Zuriñe, Nuria y Eduardo. Mil gracias por los buenos momentos que hemos pasado juntos y por todo lo que hemos compartido. Espero que nos volvamos a encontrar pronto.

Fotografías

La mayor parte de las fotografías fueron tomadas por la autora del blog

Las fotografías nº 4, 6 y 12 han sido extraídas de la noticia publicada sobre el curso en la web de Aranzadi: http://www.aranzadi.eus/etnografia/antropologia-cultural-en-luzaide

Las ilustraciones del puente internacional del Barrio de Pekotxeta y de los Bolantak son parte de una publicación de José Mª Satrústegui sobre el grupo doméstico de Valcarlos: http://www.vianayborgia.es/bibliotecaPDFs/CUET-0002-0000-0115-0213.PDF

 

 

Maiatzaren jaiak

Mayo es conocido como el “mes de las flores” (“Loraila”), “mes de la hoja” (“Orrilla”) o “tiempo adecuado” (“Ostarua”) para el crecimiento vegetal. En resumen, es la época de mayor esplendor y fertilidad de la naturaleza. Asimismo, mayo (“Maiatza”) es el mes de Maia, una de las denominaciones que recibe la Diosa Mari (quien pasó a sincretizarse con la Virgen María con la llegada del cristianismo). También es el momento en el que las “mayas”, reinas de mayo o señoras de mayo (“maiatz andereak”), vestidas de blanco, desfilan por las calles de muchos pueblos para otorgar prosperidad y abundancia.

Esta tradición es una reminiscencia de antiguos cultos a la fertilidad que encontramos en distintas culturas europeas y una manera de representar el renacimiento y perpetuación de la vida. En el ámbito greco-romano, este período se encontraba bajo el auspicio de Afrodita/Venus y Apolo/Febo, destacándose por su carácter sexual y propiciatorio de las uniones amorosas. No obstante, no podemos obviar la figura de Maia, la mayor de las Pléyades en la mitología griega, ni la figura de “Maya” o “Maia Maiestas”, conocida como Fauna (diosa de la fertilidad y la salud, hija de Fauno) y apelada “Bona Dea” en la mitología romana.

En territorios celtas, se celebraba la festividad de Beltane, dedicada a Belenos, Balor, Beli o Bel (“el brillante”), divinidad del fuego y el sol. Se trataba de la tercera de las cuatro festividades mayores dentro del calendario celta y marcaba el comienzo de la estación luminosa, así como el inicio del verano pastoral en el cual se llevaba al ganado a pastar a las montañas. Otro rito central dentro de esta fiesta era la escenificación simbólica del matrimonio sagrado (“hierogamos”) entre la Reina (Madre Tierra) y el Rey de Mayo (Hombre Verde).

En el contexto germánico y escandinavo, se festejaba Walpurgis o Valbörg en honor a la diosa Freyja. Al igual que en la celebración celta, se subía a un monte o una colina a encender una hoguera, se realizaban purificaciones, rituales de sanación, hechizos para atraer el amor o ceremonias para asegurar la fertilidad. Igualmente, en esta época eran comunes los encuentros sexuales incentivados por el frenesí de la danza y la bebida, así como la organización de bodas.

En el caso vasco-navarro, estas costumbres han estado también muy presentes, aunque en ciertos puntos de su geografía se levantaron prohibiciones desde el obispado para evitar que se perpetuaran estas manifestaciones populares de profundas raíces paganas. Este fue el caso de Guipúzcoa y Pamplona a partir del S.XVI y de la zona noroccidental de Navarra durante el S.XVII. De todos modos, en algunos barrios de Pamplona, se conservaron las tradiciones de elaborar enramadas y sacar carros triunfales engalanados con flores hasta casi 1800. En el resto de merindades no hubo esta prescripción y se continuaron realizando ininterrumpidamente hasta comienzos del S.XX, aunque renacieron de forma precaria a partir de los años treinta en algunos pueblos de la cuenca del Bidasoa como Irún, Errenteria, Oiartzun, Elgeta, Ondarribia, Lezo y Donostia. En esta zona, las mozas, ataviadas con vestidos inmaculados, iban acompañadas de muchachos que se convertían en sus parejas simbólicas. Luego, el cortejo repartía dulces entre los vecinos.

Donde se han conservado mejor estos ritos primaverales, ha sido en ciertas localidades del Valle del Baztán (Navarra). La villa en la cual han sobrevivido con un mayor arraigo es Arraioz, donde el último domingo del mes aún se celebra la “Erregiña eta saratsak” o “la Reina y los sauces”. La tradición fue documentada y difundida por diversos investigadores como J.M. Barandiarán, Resurreción M. Azkue, Caro Baroja, Jorge de Riezu o José Dueso, entre otros, y renovada gracias a Valentín Barragán, Rosario Karrikaburu, Asunción Laurnagaray, Paula Anotxenea, Maria Etxetxipia y Bonifazia Larraya. Consiste en elegir a una o dos muchachas de 11 o 12 años, a las cuales se viste de blanco con un cinturón de azul cielo y se corona con flores. Estas doncellas van acompañadas de un cortejo de niñas más pequeñas que visten camisa blanca, falda azulada, zapatos blancos y una banda celeste, recordando a jóvenes lamias. Una de las “erreginak” dirige la procesión de damas de honor (“Saratsak”), postulando de puerta en puerta por calles del pueblo y entonando canciones populares alusivas al momento mientras se acompaña del ritmo de una pandereta o pandero. Sus seguidoras, hacen los coros y bailan a su alrededor.

Una de las coplillas más conocidas es la siguiente:

“Erregina ta Saratsa neskat (neskak) xeder (eder) garbosa. Ela,ola! Etxekoandrea atera zaite leiora leiora ezpado (ezpanda), atera.”

“Reina y sauce, hermosa muchacha. ¡Ea, ola! Señora de casa, sal a la ventana, y si no, a la puerta.”

Al escuchar la petición, la dueña sale al portal a recibirlas y le entrega a la reina golosinas, monedas o candelas para la parroquia. Ella le da las gracias de esta manera:

Eman duzu noblek compañiak ere badaki zuk eman diguzun diru eder orrekin inen tugu tortxa bi tortxarekin arie. Ariek argizarie Amalau milla aingeruarekin
Paradisuan sartuzaitz ille”.

“Nos has dado pródigamente, lo sabe la compañía: con la bella moneda que nos has obsequiado haremos dos velas, éstas requieren hilo y el hilo cera: ojalá marches al paraíso con catorce mil ángeles.”

Aquí merece la pena que nos detengamos a comentar que el término “erregina” se utiliza para designar a la abeja reina de una colmena. Como ya comenté en otro artículo, este insecto era considerado un miembro más de la familia y ejercía de mensajera con las criaturas míticas, especialmente con Mari. De ahí que a la hora de dirigirse a ella se le llamaba cariñosamente “andere ederra” (señora hermosa). Asimismo, la muerte de esta criatura se considera un signo de mala suerte y por su importancia es anunciada con la frase: “Hil da” (ha muerto). Igualmente, las abejas han de estar informadas de los eventos más significativos y, muy especialmente, del fallecimiento los señores de la casa. Existe el tabú de no vender por dinero jamás a las abejas ni tampoco regalarlas, aunque se permite que sean intercambiadas por grano o ganado en tiempos de carestía. En esta tradición baztanesa observamos nuevamente la relación entre Mari y la abeja como animal psicopompo, portador de prosperidad y representante de los nexos comunitarios, al igual que su relación con la araña como símbolo de su capacidad para tejer el destino.

Volviendo al tema que nos ocupa, es preciso añadir que, si la dueña de la casa se niega a atender a la reina de mayo después de tocar varias veces a la puerta, ésta tiene el derecho a maldecirla:

“Utzan, utzan, ishilik orre ez din dirurik or diaukan bolsa zaar bat zorri zuriz beterik. Akio eta makio (aramakio unemakio), lepaezurre austen balakioi barber ta ni mirikuin arterañosendatu ez balakio”.

“Dejadle, dejadle en paz; ésa no tiene dinero y tiene el bolso lleno de piojos blancos. Dicho y hecho (traducción no literal de una fórmula de hechizo con sentido de ataque como si todas fueran una), ojalá se le rompa el hueso del cuello y no se le componga hasta que tú seas sangrador y yo médico.”

Tras la ronda, se dirigen al hogar del párroco y cantan la siguiente copla, ajustándola al nombre y origen particulares del hombre:

“Seme zara… Garzain-go, Jaun Bikario… Arraiotz-ko. Eskuak ere konsagratuak gure Jaunaren altzatzeko”.

“Hijo eres de (nombre de la madre), de (localidad), Señor Rector de (nombre de la parroquia), de Arraioz, las manos tienes consagradas para alzarlas al Señor

Una vez acabada la ceremonia, antes de las campanadas que anuncian el anochecer, usan parte de las velas para iluminar a la Virgen y el resto se reparten entre la reina y sus doncellas para sus propios menesteres. Esto mismo se hace con las monedas y los dulces recogidos. No obstante, pueden destinar parte del dinero a comprar chucherías para los niños del pueblo que las hayan seguido fielmente durante su trayecto, repartiéndolas después a suertes.

Por su parte, en Arizkun se celebró, al menos hasta el año 2000 (según registros de Antxon Aguirre), una tradición equivalente denominada “Maiatzeko erregiña”. No obstante, he encontrado una referencia en una entrada de 2011 del blog de Pello San Millán, vecino de esta villa, que apunta a que la tradición fue recuperada más tarde gracias a Mari Crucita Goñi. Adicionalmente, en la web de Andra Mari Dantza Taldea pueden verse reportajes fotográficos recientes en los que se ilustra la festividad, con lo cual podemos suponer que actualmente sigue en marcha. Empero, no he podido corroborar que se siga realizando todos los domingos del mes de mayo como antaño.

En este caso, la joven elegida como reina también está vestida de blanco y es coronada con flores, pero no porta ninguna banda distintiva como sus acompañantes que sí mantienen el lazo azul en la cintura. En cambio, cabe destacar que esta señora de mayo se encuentra entronizada sobre un asiento con un fondo de enramadas y es portada por algunas de sus doncellas que llevan flores en la cabeza. La susodicha es paseada por distintos rincones del pueblo, deteniéndose el cortejo en las encrucijadas, las fuentes u otros lugares con una resonancia sagrada. Durante esas pausas, los vecinos dedican canciones. Si la persona escogida es una moza, se usan fórmulas como:

“Shulufrina ta arrosa ollari eder abuja (sic) Nafarroako errege jaunak egin omen du promesa iru seme dituelarik iruek bana arrosa etarik auta zuretako da donzella edo galanta”.

“El clavel y la rosa, el rey de Navarra ha hecho promesa de tres rosas a sus tres hijos: elige, pues, bella muchacha, cual es para ti.”

Si se trata de un muchacho joven, se apuestan por coplillas como esta para invitarle a buscar una pretendienta para casarse:

“Illarra zaiku loratuoñikan ezta lekatuezkongaie zarelarikannai. Zaitugu koplatukoplatu eta koplatusariak bildu behar tuguneskacha gazteak gara tadotea bildu bear dugu”

“La alubia nos ha florecido, aún no ha hecho vaina. Ya que eres joven te queremos hacer un verso: necesitamos reunir las ofrendas, pues somos chicas jóvenes y vamos a reunir la dote.”

En ese momento se tiene que entregar un céntimo, aunque antiguamente se utilizaban dobles céntimos (bi maiko) o perrillas (sos bat).

En el caso de un hombre maduro, la costumbre sugiere recitar versos con proposiciones sexuales:

“Zure andereak erranik zurekin duela mandatu aspaldiko denbor-otan eztela zurekin egondu”.

Tu señora nos manda; tiene un encargo para ti, pues hace ya tiempo que no ha estado contigo.”

Si la homenajeada era una dama, se intentaba seducirla a base de piropos:

“Zaia duzu lurreraño sederiak erdiraño: zu bezalangorik eztela sortu Sebillia-tik uneraño.”

“Tienes la falda hasta el suelo y de seda vas hasta la mitad; no ha nacido una como tú desde Sevilla hasta aquí.”

Si el mensaje era dirigido a un caballero, se optaban por frases como:

“Agur t’erdi ongi etorri Jauna, beraren kompañiari. Ezteietara conbidaturik Erregiña ta Errege emezortzi kalonge emeretzi friore. Eken guzian akompañazale Erregiña ta errege.”

“Bienvenido, Señor, adiós y adiós, y a su compañía. Estáis invitado a bodas: la reina y el rey, diez y ocho canónigos, diez y nueve priores. Todos acompañados por el rey y la reina.”

Según Ángel Irigaray, durante los años treinta en Doneztebe (merindad de Pamplona), se festejaba la “Maya-Besta”, de similares características. Tenía lugar el 1 de mayo así como los domingos siguientes. En el cancionero de Resurreción M. Azkue encontramos algunos versos que eran recitados para los niños durante la celebración:

“Uraren gañan arria
arrien gañean txoria,
emen eldu den aingiru unek
eder du shuri gorria
eder du shuri gorria banon
ederragoa begia.”

“En el agua una piedra
y en la piedra un pajarito
este ángel que viene aquí
es de un hermoso rubio,
pero más hermosos
los ojos.”

Esta cancioncilla menciona otro elemento simbólico destacado en esta época del año: el agua. El agua de mayo concretamente se creía que tenía una cualidad especial, tanto como elemento purificador como fertilizador. Así pues, era el momento en el que el agua caída del cielo se consideraba especialmente beneficiosa para los campos y bosques, para realizar labores de sanación y propiciar el crecimiento de un cabello bonito y fuerte. El refrán castellano también asegura que el agua de mayo quita la sarna. En algunas zonas de Bizkaia, pervive el dicho que reza: “Maitzeko urixa, azurrak antedi eitekua” (El agua de mayo hace crecer los huesos). Por último, este agua era utilizada con el fin de elaborar filtros amorosos y ciertos brebajes brujeriles. Por tanto, el mes de mayo era un período en el que tradicionalmente se hacían rogativas para que lloviese y mucha gente dejaba su cabeza al descubierto para ser tocado por la mágica lluvia de este tiempo.

Sin embargo, los aldeanos temían las tormentas que pudieran estropear las cosechas y realizaban rituales para alejarlas, normalmente durante la Fiesta de la Cruz de Mayo (3 de mayo). En Oiartzun (Guipúzcoa), por ejemplo, era costumbre que los paisanos subieran al monte Urkabe. Allí, cada muchacho portaba una rama de espino blanco florido, que después se trenzaban formando cruces para colocarlas en ventanas y huertas. En Amorebieta (Vizcaya), se practicó algo semejante, ascendiendo al monte Bizkargi. En otros pueblos del Duranguesado, se bendecían los campos que estaban a los pies de Amboto. La creencia popular estipulaba que si Mari se encontraba en su caverna, no caería granizo durante todo un año.

Las oraciones o conjuros que se usaban para ahuyentar el pedrisco han sido traducidos en castellano como “tentenublos” (derivado de téntere-nublo). En amplias zonas de Álava, cuando asomaban nubes amenazadoras, se recurría al toque de las campanas para que su sonido desviase la tormenta. Esto se hacía tanto el 3 de mayo como el 14 de septiembre (día de la Exaltación de la Cruz en el calendario cristiano).

Otro elemento imprescindible en estas festividades primaverales, no solo en Euskal Herria, sino en toda Europa, es el palo de mayo (“maypole”), también conocido como “maio” o “mayo” en la Península Ibérica. Se trata del tronco de un árbol, con una clara forma fálica, que los hombres talan y colocan en las plazas de muchas localidades con la ayuda de unas sogas y una horca durante los primeros días de mayo (normalmente el 1 de mayo). En ocasiones es engalanado con cintas y otras veces se alza sin ellas. En algunos pueblos de Amezkoa y la Berrueza se añadían incluso gallos, espadas o se acoplaban ramas que simulaban brazos, orientando la cabeza o la punta hacia donde se encontraban los cultivos, con intención de que éstos fuesen fertilizados y protegidos de todo mal. Luego los aldeanos solían bailar y festejar en torno a él, lo cual sigue vigente en nuestros días. Una de las danzas tradicionales a señalar es la “zinta dantza”, típica de Guipúzcoa, en la cual los bailarines se colocan en círculo en torno a un tronco con cintas de colores en la punta y van trenzando dichos lazos como si tejiesen el destino. Un detalle a mencionar es que las mujeres que ejecutan la danza suelen portar el traje tradicional de hilandera.

Las reminiscencias de esta antigua forma de culto arbóreo son abundantes en toda la geografía vasca y más aún en Navarra. La especie más utilizada es el haya (asociada a Mari), común en Álava y en las sierras de Urbasa y Andía. En cambio, el álamo blanco o chopo, es más utilizado en la Ribera del Ebro y zona media de Navarra. Por su parte, el pino predomina en el Valle de Ultzama, mientras que el saúce es preferido es el Valle de Baztán. Tras los festejos, la costumbre, especialmente en Navarra, es que el tronco sea talado por tres mozos el día de la Cruz de Mayo (3 de mayo). Sin embargo, en San Vicente de Arana, se deja el mayo plantado hasta el 14 de septiembre.

En el Valle del Ega, además, se incluye un hombre de paja con un esqueleto de madera que es vestido como si fuera un ser humano vivo. El monigote es atado al “maio” con cuerdas y alambres y después es levantado en el aire para ser quemado. Esto nos recuerda a la tradición celta del hombre de mimbre, descrita por Julio César en su “La guerra de las Galias”. Allí ilustra la práctica de sacrificios humanos antes de la expansión de los romanos, la cual luego ha sido verificada mediante evidencias arqueológicas posteriores.

En algunos pueblos el “maio” quedó relegado a un segundo plano y fue suplantado por cruces bendecidas. En la mayor parte de la geografía euskaldún se suelen confeccionar con espino blanco, aunque en el Valle de Imotz y el Norte de Navarra existe una predilección por el sauce. En unos casos se colocaba sobre una peña o sobre un montículo de piedras; en lugares como Larraun o el Baztán, se ponían con un brazo mirando a la ermita de Santa Bárbara y el otro mirando hacia el Santuario de San Miguel de Aralar. Como ya comenté en artículos anteriores, Santa Bárbara posee bastantes atributos de la diosa Mari y San Miguel está asociado al dragón mítico Herensuge, cuya morada principal se encuentra en Aralar. Actualmente es más común encontrarlas en las puertas o ventanas de las casas.

Para concluir, quisiera compartir una experiencia personal en torno a estas festividades, ya que ha servido como chispa de inspiración para la elaboración de este artículo. Cuando tenía 11 años, por insistencia de mi “amona” (quién osaría contradecirla), me convertí en una de esas doncellas de mayo, haciendo algunos ajustes al viejo vestido de comunión. Recuerdo ir desfilando sobre una alfombra roja desde la iglesia hasta una gran cruz de madera adornada con flores, portando un cestillo con montones de pétalos de rosas. Las muchachas caminábamos por la izquierda y, paralelas a nosotras, los mozos andaban por la hilera de la derecha. Las doncellas íbamos lanzando los pétalos a nuestro paso y muchas mujeres se colocaban en primera línea para ser rozadas por ellos. En cambio, los muchachos, tiraban grano y había hombres que se agachaban a coger un puñado. Muchos/as vecinos/as nos contemplaban y vitoreaban desde sus ventanas, como si fuésemos reyes.

Ahora, desde otra óptica, comprendo las sensaciones de grandeza de aquellos momentos. Aquel día, viví lo más cercano a un rito de paso, renunciando a ser vista como una niña para convertirme en una mujer con capacidad de crear, bendecir y sanar. Curiosamente, poco después tuve mi primera menstruación e imagino que no fue accidental. En aquel desfile experimenté igualmente un primer acercamiento a la simbolización de un matrimonio sagrado. Más tarde, supe que mi madre se casó un 3 de mayo. Así pues, de forma transgeneracional, hemos contribuido a la renovación de ese ciclo de eterno retorno. Participar en este tipo de manifestaciones folclóricas es una forma de posibilitar que esa llama de la tradición no se apague y contribuir a la abundancia de la comunidad, aunque muchos símbolos hayan sido desvirtuados. Por tanto, observad con ojos atentos los pequeños detalles que conforman los ritos, porque en ellos aún hay poder para alimentar a los Antiguos.

 

Bibliogafía y webgrafía

Azkue, R.Mª (1990) Cancionero popular vasco. Euskaltzaindia.

Barandiarán, José Miguel de (1973) Obras completas. Gran Enciclopedia Vasca.

Caro Baroja, Julio (1995) Los Vascos. Itsmo

De Riezu, Jorge (1982) Flor de canciones populares vascas. Ediciones Sendoa.

Dueso, José (2000) El calendario tradicional vasco. Roger.

Garmendia Larrañaga, Juan (1982) El “mayo”, los “maios” y las “mayas”. Anuario de Eusko Folklore.

Iribarren, J. M. (1944) Mayas y mayos. Príncipe de Viana.

Irigaray, Ángel (1933) Folklore baztanés. Yakintza.

Irigaray, Ángel y Caro Baroja, Julio (1946) Fiestas de Mayas. Boletín de la Real Sociedad de Amigos del País II.

http://hedatuz.euskomedia.org/9092/1/04154155.pdf

http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/fiesta-de-las-mayas/ar-53002/

http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=14094

https://baztangohaizegoa.wordpress.com/2011/06/26/erreginak-eta-saratsak/

http://www.euskaltzaindia.eus/dok/iker_jagon_tegiak/nafarkaria/2000-06-02.pdf

http://www.andramaridantzataldea.net/portfolio-view/maiatzeko-erregina-2/

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http://www.3digitala.com/fr/ficha.php?id=1860

http://www.ricardocosta.com/sites/default/files/pdfs/julio_cesar_-_la_guerra_de_las_galias_0.PDF

 

Fotografías

The Green Man and the May Queen. Beltane Fire Festival (Edimburgo, Escocia). Realizada por Ryan Gibson.

“Erregiña” recogiendo las ofrendas de la Etxekoandre (Arraioz, Navarra). Tomada por Antxon Aguirre.

“Maiatzeko erregina” de Arizkun, portada por sus doncellas. Imagen de Andra Mari Dantza Taldea.

Últimas lluvias de mayo de 2018. Obtenida del Diario de Navarra.

Levantado el “maio” en Villabuena (Álava). Foto de mayo de 2016, publicada en la Revista Berberana.

Zinta dantza. Imagen de 2011 que aparece en el blog de Vascos en Salto.

Hoguera de mayo encendida en un cerro

 

 

 

Inauteriak, Aratusteak, Basaratusteak

El Carnaval es una festividad con un origen pagano remoto. La palabra carnaval proviene del latín “carrus navalis” (carro naval). Esta idea surge de los rituales babilonios y egipcios en los cuales se transportaba al dios Marduk y a la diosa Isis, respectivamente, sobre naves engalanadas.

Los primeros testimonios conocidos sobre esta celebración datan del 5000 a.C. Al inicio de la primavera, se celebraba en Babilonia una festival en honor a Marduk que consistía en la deposición temporal del poder por parte de las autoridades y en la ridiculización de la justicia. Durante el primer día, un sacerdote retiraba del rey todos los emblemas que señalaban su poder y lo exponía a agresiones físicas. Además, a los sirvientes se les permitía dar órdenes a sus amos. Otra de las tradiciones consistía en soltar a un prisionero, vestirlo con prendas de rey y proveerlo de manjares y mujeres. Al 5º día, el “falso rey” era depuesto y condenado. De esta manera el pueblo quedaba liberado del caos y la malicia.

Posteriormente, el judaísmo, convirtió esta antigua festividad babilónica en la fiesta de Purim, en la cual se celebra la salvación del pueblo de Israel gracias a que Ester suplicó su perdón al rey persa Mardoqueo (a quien algunos historiadores identifican como Jerjes I). Durante Purim los judíos tienen la costumbre de disfrazarse, usar máscaras, tocar música, bailar, cantar, comer y beber en abundancia, así como recitar coplillas burlescas y organizar representaciones teatrales.

En Egipto, al inicio de la primavera existía un festival en honor a Isis en el cual se transportaba la imagen de la diosa sobre una barca adornada con guirnaldas y flores hasta la costa para bendecir el inicio de la temporada de navegación.  Luego el culto a Isis se extendió entre los mercaderes griegos. Cuando Egipto se convirtió en parte del Imperio Romano, Isis fue asimilada a otras diosas relacionadas con la fertilidad.

Antes de la llegada de los cultos isiacos, los griegos celebraban un festival en honor a Dionisos. Según el mito helénico, Dionisos llegó desde Oriente en un navío sin tripulación. De ahí que fuera costumbre transportar la figura del dios en un carro adornado a través de las calles y los campos. Dicho carro era acompañado de una multitud de fieles disfrazados y con máscaras que ocultaban su identidad pública, los cuales entonaban himnos bajo los efectos de la embriaguez.

Dionisos, fue posteriormente asimilado al Baco romano. Sus festividades fueron introducidas en Roma hacia el 200 a.C. Inicialmente, tanto los misterios dionisíacos como las Bacanales eran ceremonias secretas en las que participaban únicamente mujeres, conducidas por sacerdotisas. Su origen se remonta a un culto anterior a Pan/ Fauno. Poco a poco, la participación se fue extendiendo entre los hombres y se aceptó también la presencia de esclavos.

Tanto los ritos dionisíacos como las bacanales poseían un componente caótico, extático y sexual destacado. Las fieles, conocidas como “ménades”, se vestían con pieles y se adornaban con laurel. Los devotos, denominados “sátiros”, se ponían cuernos en la cabeza y a menudo se cubrían con hojas. Utilizaban vino, sustancias enteógenas y el frenesí de la danza para eliminar las inhibiciones y provocar estados alterados de conciencia. El propósito final de estos ritos no era entregarse simplemente a la lujuria, sino que tenía un sentido místico. Dionisos/Baco era una deidad cnótica, relacionada con la tierra y el inframundo, que permitía contactar con la auténtica naturaleza del espíritu para provocar cambios en el individuo. Debido al carácter mistérico de estos cultos, hay muchos aspectos que actualmente desconocemos. Su conversión en una festividad popular hizo que se conservaran ciertos elementos folclóricos, pero desconectados de su significado religioso profundo.

Por otra parte, el carnaval se asocia a las Lupercales romanas. Su denominación proviene de la combinación de los términos “lupus” (lobo) e “hircus” (macho cabrío), animales que eran sacrificados en la cueva Lupercal, lugar donde había vivido la loba que amamantó a Rómulo y Remo. Los Lupercos, cofradía salvaje vinculada a la figura mítica del lobo, que luego pasó a formar parte del sacerdocio regular romano, cortaban tiras de las cabras sacrificadas y corrían cubiertos de pieles y una máscara, azotando a las mujeres para propiciar su fertilidad. De esta forma recreaban el pasaje de la leyenda del rapto de las Sabinas.

Los germanos, los escandinavos, los celtas, los celtíberos y otros pueblos europeos tenían sus propios cultos a la naturaleza salvaje, llevados a cabo por cofradías de cazadores y guerreros (“harii”,”berserker”,”ulfhednar”,”fianna”,”seguidores de Vaélico”…) que realizaban rituales extáticos bajo los efectos de plantas como la amanita muscaria, el cornezuelo, la belladona o el beleño negro. En ellos la figura del lobo (junto con la del oso) poseía igualmente un carácter sagrado como símbolo de muerte cósmica y reintegración cíclica.

En los carnavales rurales vasco-navarros y pirenaicos hallamos reminiscencias de estas mismas celebraciones que reconectaban con lo salvaje y buscaban el retorno al caos o desgobierno primitivo, aboliendo la organización impuesta por la civilización.

En euskera, el término para designar estas festividades es “Inauteriak”, “Iñauteriak” o “Inauteak”. Según José Dueso, podría provenir bien del vocablo “iñau”, que significa “burlesco” y el sufijo “te” que se emplea para indicar “temporada”. Baroja sugiere otra posible etimología derivada de “iñaute”, añadiendo el sufijo “eri” que se traduciría como “enfermo” pero también como “malo” o “vicioso”. Teniendo en cuenta que uno de los propósitos del carnaval es encarnar lo que es considerado malicioso o perjudicial para liberarse de ello, esta interpretación tendría su sentido. De todos modos, existe la palabra “iñote” o “iyote” para designar al carnaval propiamente dicho. Por último, investigadores como Caro Baroja se focalizan más en la relación del carnaval con la carne, tomando como referencia el sentido más moderno que adquirió en Europa a finales del S.XV por influencia del cristianismo con su prohibición de comer carne durante la Cuaresma y abstenerse de mantener relaciones sexuales.

A mi juicio, esta asociación podría provenir de tiempos arcaicos, ya que “carnero” en vasco se dice “ahari” y la “carne” se denomina “haragi”, pudiendo ser el sufijo “eri” una derivación fonética. Adicionalmente, el mes de febrero, que es cuando se celebran la mayoría de los carnavales, recibe no solo la denominación de “otsaila” (mes de los lobos), sino también “zezeila” (mes de los toros), animales totémicos autóctonos que tienen su representación en estas celebraciones y que podríamos relacionar con cultos mediterráneos (minoicos, griegos, romanos). Tampoco podemos olvidar que tanto el lobo como el oso, después de una temporada de carestía durante el invierno, necesitan consumir más cantidad de comida para reponer fuerzas. Igualmente, durante inviernos muy duros, el sacrificio de animales que inicialmente estaban destinados a la criar, podría convertirse en una necesidad.

Otro aspecto que es necesario puntualizar es que los carnavales no son un momento aislado dentro del calendario tradicional vasco y otros calendarios europeos, sino que forman parte del ciclo de festividades invernales. En origen, este periodo de algarabía, descontrol y destrucción del viejo orden (tanto divino como social), comenzaba con el inicio de la época oscura del año: la fiesta en honor a los difuntos. En muchos lugares de la geografía vasco-navarra y pirenaica, los carnavales comienzan tras la Navidad y finalizan en Cuaresma, como es el caso de Andoain y otras localidades guipuzcoanas. No obstante, en la mayor parte del País Vasco Francés (especialmente en Zuberoa), empiezan en Año Nuevo y acaban el Martes de Carnaval. En lugares del norte de Navarra como Agoitz o Donamaria empiezan la víspera de Epifanía. En el resto del norte de Navarra, tienen lugar tres semanas antes del Miércoles de Ceniza. En Ituren, Zubieta y Aurtitz, se festejan después de San Antón, durante el último lunes y martes de enero. En otros pueblos navarros, el primer jueves (Izekunde) se dedica a los compadres, el segundo jueves (Emakunde) a las comadres y el último jueves (Jueves Gordo) a los mozos (Gizakunde). En cambio, en Oiartzun (Guipúzcoa), otras localidades alavesas y vizcaínas, los carnavales se inauguran después de la Candelaria.

Como se ha explicado en varios artículos relacionados con la época oscura del año (Negu, en euskera), la Caza Salvaje es un mito muy antiguo, ampliamente extendido por Europa. Entre sus integrantes encontramos monstruos con rasgos animales como los Krampus o las Pertchen, brujos/as como la Befana o Black Annis, representaciones de espíritus feéricos (doncellas de Santa Lucía) y difuntos, además de otros personajes que la lideran (normalmente, deidades o númenes como Odín, Holda, Cailleach, Cernunnos, Diana, Herodías, Mari o Akerbeltz). En las distintas versiones de relatos de esta temática, se narra que toparse con estas huestes o cortejos, implicaba unirse a ellos, al menos en espíritu (aunque en muchos casos suponía la muerte del cuerpo físico). Durante la época solsticial se pone especialmente de manifiesto que, en la mentalidad popular, se conserva la idea de que estas criaturas castigan o premian a los mortales, en función de su comportamiento y la consideración de dejar alguna ofrenda u obsequio para honrarlos o aplacarlos. De ahí que haya tradiciones en torno a entrega de alimentos u otros presentes. Como veremos a continuación, esto no es exclusivo de dichas fechas, sino que los escarmientos, sacrificios y tributos también forman parte de los carnavales.

Otro punto que es preciso señalar es que los carnavales representan una expresión viva de la antigua concepción que se tenía del alma (subdividida en partes) y la interrelación entre el mundo terrenal y otras dimensiones ocultas, entre lo natural y lo mágico. Claude Lecouteux, además de subrayar que en la antigüedad no existía una distinción clara entre sueño y realidad (inconsciente y consciente), pone de relieve la creencia pagana de que cualquier individuo está compuesto por un cuerpo físico, la fuerza vital que procede de la energía cósmica y anima el cuerpo, el doble físico que puede afectar a la materia (que, según distintas tradiciones chamánicas, deja su esencia en los huesos) y el doble espiritual o acompañante. Este doble espiritual o genio tutelar es el que puede cambiar de forma y a menudo adopta la apariencia de animal, aunque puede presentarse con forma humanoide, con el aspecto de un antepasado difunto o bajo la apariencia de una entidad feérica. A continuación, se mostrarán ejemplos de esta relación en los disfraces de los Inauteriak e incluso podremos atisbar un cierto regusto a rituales chamánicos de la Prehistoria y cultos mistéricos de la Edad Antigua.

Uno de los carnavales más potentes en cuanto a elementos simbólicos es el que se celebra entre Ituren y Zubieta (Navarra). Los personajes principales son los Joaldunak (también conocidos como Zanpazarrak) y el Hartza (oso). Los Joaldunak son hombres (nunca mujeres) vestidos con una larga camisa, enaguas blancas, pantalones azules, faja (“gerriko”) y un chaleco de piel de oveja, un pañuelo rojo, un largo capirote cubierto de cintas y coronado con plumas de gallo (“ttuntturroak”) y abarcas. En la espalda cargan dos enormes y sonoros cencerros (“polunpak”) junto a dos cencerros pequeños sin badajo (“joareak”), en la mano portan una especie de látigo o hisopo (“hisopua”) hecho de crines de caballo con un mango de madera cubierto de piel y algunos llevan colgado un cuerno (de llamada). Estos mozos ataviados con partes animales se colocan en dos filas y hacen sonar rítmicamente los cencerros para despertar a la tierra dormida y sacar al oso de su letargo, además de alejar las enfermedades y todo tipo de mal. La manera en que agitan los hisopos tampoco es trivial, ya que con las crines de caballo parecen acariciar el suelo y con ese gesto estarían fertilizando la tierra, lo cual recuerda mucho a un ritual realizado en Escandinavia durante el Dísting (o Dísarblot), festividad se honraba a Jörd (la Madre Tierra) y a las Landvættir (espíritus feéricos de la naturaleza).

En la Saga de los Volsungos se relata que unos campesinos llevaron a cabo una ceremonia de fertilidad en la que usaban el pene de un caballo y recitaban un conjuro con el objetivo de conseguir prosperidad. En la cultura nórdica el caballo era un animal sagrado relacionado con el dios Frey. En Euskal Herria, el caballo se relaciona con los Ireluak, espíritus con forma de “pottoka” (caballo) que hacen de mensajeros entre el mundo invisible y el de los humanos (ver artículo sobre los “oihulariak”). Igualmente, tienen una clara relación con la fertilidad. Así pues, el hisopo de los Joaldunak bien podría ser una representación de su miembro viril. Otro personaje que también barre el suelo con crines de caballo mientras hace sonar los cencerros es “Txerrero” de Zuberoa. Adicionalmente, en esta misma región también destaca la figura de Zamalzain, un ser mitad hombre y mitad caballo que es herrado durante la representación. Esta misma costumbre de herrar la figura de un hombre-caballo la encontramos en el personaje de “Zaldiko” del carnaval de Lantz. En el Sobrarbe (Aragón) también existe el “Caballé”.

Por su parte, el Hartza (oso) es un animal que tiene un fuerte arraigo en territorio euskaldun y a lo largo de los Pirineos. Junto al lobo, es uno de los seres con mayor presencia atávica en estos lugares y es considerado una imagen de fuerza, resistencia, defensa del territorio y fecundidad. Se cree que el oso pudo ser uno de los tótems principales de los cazadores prehistóricos y las tribus autóctonas de la zona, pues encontramos representaciones muy antiguas en el arte rupestre de Euskadi (cueva de Santimamiñe en Kortezubi, cueva de Ekain en Deba, cueva de Laperra en Karrantza). La figura del oso también pervive en la leyenda de Juan el Oso, una narración que presenta la redención de un salvaje. En unas versiones se dice de este personaje que era hijo de un oso, mientras que en otras se cuenta que era descendiente de un hombre y una mujer de fuerte constitución y cuya potente voz asustó a un adivino que pasaba por una cueva. En todos los casos se le ilustra como un gigante u hombretón peludo al estilo del Basajaun o Señor del Bosque. No sería descabellado pensar que este númen no sólo se apareciese en forma humanoide, sino también como animal, aunque lo más probable es que se trate de una representación de humanos que conservaban ese nexo con la naturaleza salvaje.

El Hartza está presente no sólo en Ituren, Zubieta y Aurtitz, sino también en Arizkun, Andoin, Zalduondo, Abanto, Markina, Sarriguren, Arles sur Tech, Saint Laurent de Cerdans, Prats-de-Mollo y Bielsa (Pirineos Aragonés). En todos los casos, el oso va acompañado de un “Domador” con disfraz de pastor o carbonero que lo lleva atado con una cadena con el fin de evitar que ataque a las mujeres o las personas que no van disfrazadas. En los Pirineos Orientales, al principio está suelto y acosa a las jóvenes pastoras. Luego es perseguido por los vecinos hasta que es capturado y llevado a la plaza, donde se le afeita y se le insta a volver a su forma humana (viéndose en este caso un claro ejemplo de la escenificación de un cambio de forma). En Ituren y Aurtitz, la particularidad del Hartza es que lleva un par de bolsas de cuero con forma de testículos y cuernos de cabra. Además, a pesar de estar atado, lidera la procesión de los Joaldunak.

Algunos interpretan que estos cuernos son una manera de representar el poder de Akerbeltz como entidad relacionada con la naturaleza salvaje, aunque en muchos lugares se le tiene por protector de los animales en general, tanto domésticos como criados en libertad. El culto al macho cabrío también es bastante antiguo, probablemente casi tanto como el del oso. En la cueva de Ekain que se ha mencionado anteriormente, encontramos igualmente imágenes de este tipo de animales. Además, en Aquitania se descubrieron unas inscripciones de época romana (s.III d.C.) en las que está tallado el nombre de Aherbeltse”, una deidad que adoraban las tribus locales antes de la llegada de los romanos y que ya tenía la atribución de protector de los animales.

En el cortejo que sigue a los Joaldunak y el Hartza encontramos otras figuras denominadas “Mozorroak”. El término “mozorro” en euskera significa “careta o disfraz” y está relacionada con el vocablo “zomorro” (bicho, coco). Los “mozorroak” se cubren la cara con un trozo sábana vieja, con tela de saco, con una máscara de animal (lobo, zorro, gato…) o con una careta de diablillo, visten pieles de oveja y un taparrabos. Normalmente llevan carretas con troncos de árboles, hojas y representaciones de hombres-árbol que son tiradas por burros o portan ramas de árboles con las que azotan a las mozas. A veces también arrastran pellejos de jabalí o zorro y montan cabezas de caballo unidas a un palo. Su función es atemorizar a los vecinos y crear el caos en la plaza. En ocasiones organizan peleas de machos cabríos.

Tanto el lobo, el zorro, el jabalí y el gato son animales en los que Mari, las Lamias y los/as brujos/as se transforman. El zorro por su color rojizo y su astucia también ha sido relacionado popularmente con el Diablo. Por su parte, el jabalí (“basurde”) y su primo el cerdo son animales que el cristianismo consideró impuros y maléficos, sometiéndolos y vinculándolos a San Antón con el fin de que se convirtieran en un símbolo de su victoria sobre judíos, musulmanes y paganos. En cambio, en las creencias precristianas el jabalí era considerado un animal totémico vinculado a la fuerza, el coraje y la prosperidad.

En algunos pueblos de Vizcaya (Gatika, Arrankudiaga, Ugao, Arrigorriaga, Zaratamo, Arakaldo, Orozko, Zamudio, Derio, Otxandio…) aún se conserva una antigua costumbre ligada a estas fechas llamada “Basaratuste”, “Basaratiste” o “Basaoste” (también conocida como “Kanporamartxo” o “Sasimartxo). En origen, se trataría de un “carnaval en el bosque” (aún se conserva la palabra “aratuste” o “aratixte” para designar al carnaval en el occidente vasco) como espacio sagrado al que se entregaría una ofrenda de comida y bebida. Actualmente, se organiza una comida campestre bastante más profana donde se asan trozos de cerdo ensartados en un pincho (“txitxi-burruntzi”) y se bebe vino tinto o sidra. Por su parte, en la zona del Goierri (Guipúzcoa), el jueves anterior a la última semana de carnaval los mozos iban por los caseríos cantando versos en los que se advertía de la venida del lobo y recogían chorizo, jamón u otras piezas de carne como tributo para el lobo (“Otsabilko”). Este rito tendría un carácter propiciatorio para evitar que este animal se comiera al ganado.

Otras figuras carnavalescas que debemos señalar son los “Momotxorroak” de Alsasua, criaturas que son mitad hombre y mitad toro. Visten pantalón azul, una camisa manchada de sangre, pieles de oveja y llevan una máscara con cuernos de toro, trozos de metal y crines de caballo en el pelo. En su espalda cuelgan cencerros. En la mano portan un sarde que usan para atemorizar y agredir a quien encuentran a su paso. El martes de carnaval, los momotxorroak salen gritando y embistiendo a los vecinos. Luego realizan una danza alrededor del fuego, llamada “Momotxorroen dantza”. En un punto de su recorrido, se les une un ser mitad hombre y mitad macho cabrío subido en un carro , quien enseña lascivamente sus atributos a la compañía de sorginak o brujas que le siguen, las cuales también aúllan y ríen lujuriosamente. El cortejo se une al desenfreno de los momotxorroak y celebran un “akelarre”, al que se unen los “Akerrak” (seguidores de Aker que van vestidos con cuernos de cabra y que también podemos encontrar en los carnavales de Sarriguren).

Según J.M. Barandiarán, el toro en la mitología vasca es el aspecto habitual que adopta un númen llamado “Zezengorri”, aunque recibe otras denominaciones en función de la zona: Txekorgorri, Txahalgorri, Ahatxegorri, Ahatxe… Se trata de un espíritu subterráneo con forma de toro rojizo que escupe fuego por la boca y las fosas nasales, abrasando así a sus enemigos y a todo aquel que cruza sin permiso una morada sagrada. Se le considera un guardián de cuevas y simas en las que se cuenta que existen tesoros y a veces surge en defensa del lugar con los cuernos y la cola encendidos en llamas. En ocasiones, también se le describe con forma humana, bajando a los pueblos a castigar a una persona que le ha disgustado o injuriado. Su aparición en medio de la noche suele ser considerada un mal presagio. La creencia en esta entidad probablemente surgió de un tipo de bovino salvaje que anteriormente pastaba por las montañas vascas y pirenaicas (“Betizu”) y que se relaciona con la diosa Mari bajo la forma de vaca roja (“Behigorri”). Algunos de los lugares donde este tipo de leyendas tienen más arraigo son: Aralar, Ataun, Etxalar, Orozko, Bermeo, Sara, Camou… En algunas historias posteriores se dice que aparece como un toro de oro, pudiendo haberse fusionado el relato autóctono con el mito del becerro de oro y/o el vellocino de oro. Tampoco podemos olvidar que el toro era un símbolo de la potencia sexual del Júpiter romano.

 

Otro animal que tiene una importante presencia en el folclore vasco y pirenaico es el gallo como elemento purificador y protector. Aún hoy podemos encontrar sus patas clavadas en las puertas y tejados de las casas, en espadañas de algunas iglesias e incluso en los palos de mayo. En las zonas costeras también solía colgarse en el palo mayor de los barcos, especialmente durante las batallas navales. No obstante, en la zona del Baztán se considera un signo de mal agüero que el gallo cante a deshoras, siendo un indicio de muerte, calamidad o de la visita de algún mal espíritu (o brujas). En algunos pueblos, después de esto, se echaba sal en la lumbre, mientras que en otros se solía sacrificar al gallo, como recogieron Barandiarán y Erkoreka. Claude Lecouteux confirmó en sus estudios la existencia de la costumbre de sacrificar un gallo en Euskal Herria, no sólo ese caso, sino cuando se creía que una persona había sido embrujada o cuando se iba a construir un nuevo hogar. En este último supuesto, se le cortaba el cuello, se dejaba la sangre manar enfrente de la casa, se le colgaba del dintel de la puerta principal y se salpican las últimas gotas por el marco. Seguidamente, se asaba al animal, cuya carne servía de primer alimento para la familia recién llegada. Posteriormente, el rito evolucionó y se lanzaba un gallo o gallina negra dentro de la casa antes de entrar a vivir, ya que se decía que sería el primer ser vivo en morir.

Además, en lugares como Sara o Galdakao existía la creencia de que había un espíritu maléfico que adoptaba la forma de gallo, llamado “Gaizkine” o “Gaiskiñe”. Si una persona enfermaba misteriosamente y no se conocía la causa, se solía mirar en la almohada para ver si las plumas formaban la silueta de un gallo, pues la tradición oral cuenta que estos espíritus se meten en las almohadas para provocar pesadillas y malestar. Si aparecía dicho símbolo, se consideraba que la enfermedad era incurable, pero si no se veía dicha figura, se llevaban las plumas a un cruce de caminos y se quemaban para asegurar la sanación del enfermo.

Tanto en las festividades solsticiales como en los carnavales podemos contemplar resquicios de estas manifestaciones populares. En Arrankudiaga se ha conservado una tradición carnavalesca, celebrada durante el Jueves Gordo, conocida como el día del “Eguen Zuri”. En dicha fecha los niños del pueblo salen a cantar coplas mientras golpean las “makilak” (bastones) contra en suelo, con la intención de despertar a la tierra (igual que se hace durante el día de Santa Águeda). Antiguamente, después de hacer la ronda por los distintos barrios para recoger alimentos o algo de dinero, se sacrificaba un gallo apaleándolo con las “makilak” como forma de purificación y de prevenir cualquier tipo de mal. Desde hace 30 años no se comete crueldad contra el animal y se lleva un cuadro o un estandarte con su imagen. El gallo, además de todo lo mencionado anteriormente, es considerado un elemento de renacimiento y está relacionado con la sexualidad por su apetito insaciable. Se creía que cuanto más humillante y dolorosa era la muerte del animal, mejor augurio. Desde la mirada de la moralidad católica, se pensaba que de ese modo se redimían simbólicamente los pecados de la carne, aunque como se ha citado previamente, el sentido original era distinto.

En otros Inauteriak, la manera en que se expulsa el mal es sometiendo a escarnio público y quemando a un muñeco de paja y trapo que sirve como chivo expiatorio de la comunidad. En el carnaval de Zalduondo este monigote se llama “Markitos”, quien suele ser transportado a lomos de un burro que preside un cortejo de osos y cabras (el burro, al igual que el caballo en otros contextos, es el transporte de diversos seres míticos, como el Olentzero en Euskadi o la Befana en Italia). En Lantz tenemos a “Miel Otxin”, un gigante de unos tres metros inspirado en la figura de un afamado bandolero, que va vestido con pantalón azul, camisa de colores, polainas de cuero, una careta y un sombrero estrafalario. Esta figura es perseguida por un grupo de personajes alborotadores con ropas coloridas (antiguamente pieles), la cara cubierta y un gorro cónico, que gritan mientras agitan sus escobas o palos y crean el caos entre los vecinos (“Txatxoak”). En Kanpezu se inmola a “Toribio”, muñeco vestido como un carbonero (recordemos que el Olentzero tiene su lado siniestro), quien es seguido por los “Katziruloak”. Estos acompañantes van con un capirote en la cabeza y su “zurriago”, hostigando y castigando a los niños. En Uztaritze (Lapurdi) se quema un monigote llamado “Zanpantzar” que representa la gula (en Abanto existe otro que simboliza el hambre llamado “Zangaluzea”). En zonas mineras como Gallarta se lanza a las brasas a “Bizkarbaltza”, una figura negra con cabeza de animal que representa enfermedades como el cólera que afectaron a los mineros. En Llodio se ajusticia a la “Bruja de Leziaga”, la representación de una “sorgin” que, según los relatos populares, se mesaba el cabello con un peine de oro y atraía a los pastores a su cueva mediante su canto. Este tipo de conductas son más propias de una Lamia que de una bruja, aunque entre ambas figuras existe una estrecha relación (ver el artículo “Etorkizuna, kontakizuna”).

En varios carnavales de la geografía vasco-navarra y pirenaica encontramos referencias a brujos/as. En Ituren, Zubieta, Alsasua, Antzuola, Sopuerta, Ilarduia, Egino, Andoin, Olite, Abanto y Oiartzun salen grupos de brujas que siguen al cortejo de personajes principales. Concretamente, en Oiartzun, encontramos una combinación de “Sorginak” e “Intxisuak”. En Ataun, los “Intxisuak” eran la representación de brujos o hechiceros que acompañaban a sus homólogas femeninas. Sin embargo, en Oiartzun y otras localidades guipuzcoanas el vocablo se refiere a un espíritu escurridizo y travieso, mitad hombre y mitad “betizu” (toro salvaje), que habita cuevas como la de Arditurri y al cual se le atribuye la construcción de monumentos megalíticos. Esta combinación de hombre-toro, está presente tanto en Alsasua como en Bakaiku, siendo en este último lugar donde su aspecto recuerda más un chamán de los que se encuentran pintados en las cavernas prehistóricas que a una suerte de Minotauro como sucede en Alsasua. Por su parte, la construcción de megalitos también se asocia a los gentiles, motivo por el cual, probablemente, en otras villas se cree que los Intxisuak son un tipo de Jentilak. En cambio, en otros lugares relacionan al Intxisu con un Iratxo o Ieltxu por su semejanza fonética.

Los seres feéricos y otros genios tienen su espacio legítimo en los Inauteriak. En las “Maskaradak” de Zuberoa observamos la recreación de dos tipos de entidades contrapuestas: “Beltzak” (negros) y “Gorriak” (rojos). El grupo de los “Beltzak” estaría constituido por seres nocturnos de carácter maléfico (vinculados a Gaueko), que son representados con prendas oscuras, rotas o harapientas y se comportan de una manera muy desorganizada, ruidosa y a menudo agresiva. En cambio, los “Gorriak” llevan atuendos limpios, hermosos y cuidados, manteniendo siempre la compostura y una conducta respetuosa. Estas figuras estarían asociadas a Mari en su aspecto de creadora de vida y regidora del orden cósmico. Si extrapolamos estos dos grupos a otras mitologías europeas, los “Beltzak” representarían a la Corte Oscura (Unsheelie court, Fomorianos, Svartálfar…) y los “Gorriak” a la Corte Luminosa (Sheelie court, Tuatha Dé Dannan, Alfr…), que simbolizan las fuerzas destructoras y creadoras del universo, respectivamente. Este patrón de vestimenta y conducta se puede apreciar en casi todos los personajes que conforman los carnavales, lo cual nos da una pista de su verdadera naturaleza.

En los carnavales de Amezketa, Ugarte, Bedaio y Abaltzisketa se escenifica una danza en dos grupos de 8-12 individuos: el primero va de negro, con los ropajes típicos de un carbonero y la cara tiznada, mientras que el segundo grupo viste de blanco con faja y gorro rojo. Este baile se conoce como “Talai dantza” y se ejecuta con palos, representando una danza guerrera, donde se hace visible la rivalidad entre los seres del día y la noche, luchando por alargar el invierno o posibilitar la entrada de la primavera. El jefe de cada grupo es denominado “mozorro”, aunque existe la figura del “zesterue” (cestero o el que lleva la cesta), quien recoge la comida y bebida que entregan los vecinos (tradicionalmente carne de cerdo, huevos y vino tinto o sidra, en consonancia con el tipo de ofrendas que se suelen dar a estos seres). Otro ejemplo de estos grupos son los carboneros de Goizueta y Markina que persiguen a las mujeres con pellejos de vino inflado (“zagis”) y bailan una danza de palos (“Zahagi dantza”) con otras figuras de blanco que llevan faja y gorro rojizo. En Aoiz también encontramos a los “kaskabobos”, disfrazados de arlequín, y los “maskaritas”, que van con pamela.

Dentro del grupo de los “Beltzak” podríamos hacer un aparte para un dar lugar especial a los “hombres del saco” o “zaku zaharrak” que existen en distintos Inauteriak locales, como el de Lesaka e Isaba. Estos personajes van completamente tapados con telas de saco, están rellenos de paja y/o hierba seca y portan unas vejigas infladas o palos con los que golpean a los vecinos. En ocasiones, algunos se manchan de hollín y grasa. Dentro de este grupo podríamos incluir a personajes con nombre propio como el “Ziripot” de Lantz (gordinflón con un bastón, que podría ser el Basajaun), a las “Basa-andereak” (señoras del bosque) de Saint-Jean-Pied-de-Port o a los “Perratzaileak” (caldereros o herreros) de Lantz.

 

Por otro lado, debemos detenernos a hablar de los “Mamuxarroak” (o “Mamoxarroak”) de Unanua y los “Kotilungorriak” de Uztaritze, que son unas excepciones dentro del grupo de los “Gorriak”. En Unanua (e Igantzi), los personajes se visten con pantalón blanco, camisa blanca, pañuelo y máscaras rojas y portan cascabeles y una vara en la mano. Durante el desfile de carnaval estos mozos se dedican a azotar a las mujeres al estilo de los Lupercos romanos. Los implicados en esta farsa encarnan la figura del “Mamur”, genio que suelen tomar forma de insecto u hombrecillo diminuto y que puede capturarse durante la mágica Noche de San Juan. En Uztaritze, el disfraz consiste en una máscara, una falda, un gorro y un pañuelo rojo, conjuntado con unas enaguas y una camisa blanca. En la mano, portan una suerte de hiposo muy similar al de los Joaldunak, que lleva igualmente crines de caballo. El cortejo va presidido por dos figuras que llevan el pantalón blanco y el resto de la ropa roja, además de la misma máscara carmesí. En este caso, ellos portan dos palos. El conjunto al completo estaría representando a un grupo de “Galtzagorriak”.

El último carnaval que se celebra en Euskal Herria y que tiene un claro contenido mitológico es el de Mundaka, conocido como “Lamiako Maskarada”. Esta tradición fue recuperada en 1978, pero tiene una historia bastante más antigua y llamativa. Su origen se remonta a una leyenda en la que una mujer llamada Prudencia murió de pena por el dolor de no volver a su hijo que viajaba en un barco. Una vez fallecida, se transformó en Lamia y, en su nueva condición, despedía con su canto a todas las embarcaciones que abandonaban las aguas del Ibaizabal para echarse a la mar. La Lamia en cuestión, durante esta mascarada, va acompañada de un cortejo de lamias que visten de negro, tienen el cabello blanco y el rostro pálido. Junto a ellas caminan los “Atorrak”, personajes que visten sábanas blancas y tienen la cara pintada de blanco.

Esta escenificación tiene una especial relevancia porque los difuntos y los seres mágicos prácticamente se fusionan. En muchas narraciones populares vascas y de otros lugares de Europa a veces no se hace distinción entre difuntos y seres feéricos, pues ambos son miembros de la Cacería Salvaje en igualdad de condiciones. Adicionalmente, en otras representaciones que hemos mencionado a lo largo del artículo hallamos figuras de personas vivas con la capacidad de desdoblarse en espíritu o cambiar de forma, como es el caso de las sorginak o los hombres-bestia.

Por último, en este fin de fiesta encontramos una representación de Mari y otros númenes como Sugaar, el Basajaun, Urtzi, Eguzki e Ilargi, además de otros genios como los “galtzagorriak” y los “jentilak”.

En resumen, a lo largo de este artículo hemos podido apreciar una gran diversidad de manifestaciones folclóricas derivadas del mito europeo de la Caza Salvaje, así como escenificaciones de las Batallas Nocturnas entre distintos tipos de espíritus que representan las energías creadoras y destructoras del universo y la continuidad entre la vida, muerte y renacimiento dentro de un ciclo de eterno retorno. Asimismo, hemos analizado elementos fundamentales del totemismo vasco y ritos de carácter extático como los cambios de forma. Estas prácticas siguen teniendo una resonancia palpable en las creencias sincréticas actuales que perviven en espacios rurales (especialmente en zonas de montaña que se encuentran más aisladas). Igualmente, poseen un gran peso en la praxis de brujería tradicional autóctona y representan una inspiración para la reinterpretación y actualización de la misma. Por último, cabe señalar que el culto a los antepasados y la interacción con los principales númenes o espíritus locales continúa estando viva, aunque más en un nivel simbólico que vivencial.

 

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https://dantz-ango.blogspot.com.es/2014/03/irudiak.html

http://makilipurdi.blogspot.com.es/2013/02/mozorroen-ordua-ituren-eta-zubieta.html

Documental sobre los carnavales navarros: https://www.youtube.com/watch?v=c_yD8A2svBY

Documental sobre los carnavales de Ituren y Zubieta: https://www.youtube.com/watch?v=p2zp3u-tYPM&t=618s

Documental de la “Adarrak dantzan” (o “Momotxorren dantza”) dirigido por Beatriz de la Vega

Documental del Carnaval de Lantz (RTVE)

Facebook de Sorgin

Zotalegunak

Estrenamos el primer mes del año (Urtarrila, Urtatsil), también conocido como mes negro (Ilbaltza, Ilbeltza), mes del hielo (Izotzil) o mes blanco (Ilzuri), con los pronósticos del Zotalegun, Sortelegun o Igarregun o días augurales (Erderazko). Como ya expliqué el año anterior, se trata de una práctica ancestral llevada a cabo en lugares como Ataun o Bezkoitze que consiste en observar el tiempo atmosférico y otros signos en la naturaleza durante los doce primeros días para determinar cómo van a transcurrir los siguientes doce meses del año. Durante este periodo, además de ir anotando los elementos más destacados e impresiones que producen la contemplación de ciertas señales, también se tiene la costumbre de plantar árboles y regalar muérdago, ya que se considera que sus frutos perlados atraen la prosperidad. Algunas familias incluso suelen colgar este ramo en el dintel de la puerta principal durante el resto del año con esta intención.

Siguiendo esta costumbre y adaptándola a mis propios propósitos, he estado registrando los aspectos que me han resultado más llamativos de estos primeros días del año. Cabe recordar que cada día representa al mes correspondiente. A continuación, os ofrezco los augurios anuales que han surgido de mis observaciones.

 

Primer día del Zotalegunak

Mañana fría, con niebla y ambiente húmedo. Viento del Suroeste que se va intensificando a lo largo de la jornada. Aumenta la nubosidad y llueve ligeramente. Por la tarde entra una borracha por el Cantábrico y se produce un fuerte temporal en el mar. Al final de la noche, heladas. Nieve en cotas altas.

Sensación de agitación e inestabilidad que luego se torna en frescura y sosiego. Necesidad de reposo y recogimiento al final del día. El viento susurra secretos del pasado y, a la vez, es portador de noticias. También se escuchan las voces de los antepasados, cuya presencia se percibe cercana y protectora, ayudando a armonizar las dinámicas familiares. El clan se reúne en torno a mesas abundantes y recuerda a sus predecesores con solemnidad. Se comparten los recursos con parientes y amistades y se celebran los logros de quienes amamos. No obstante, aún quedan misterios por descubrir, latiendo en el interior de la tierra oscura.

Nuevas oportunidades profesionales llegan a través de la mediación de contactos íntimos. Se producen reencuentros con amigos lejanos y llegan mensajes inesperados de personas desconocidas o casi olvidadas. Inicio de nuevos intercambios y creación de redes alternativas. El viejo orden se va desmoronando y una energía de renovación empieza a manifestarse a pesar de ciertas resistencias y limitaciones.

El Irelu actuará como vehículo y conductor el cambio, abriendo rutas de aprendizaje, relaciones y experiencias, ayudando a integrar conocimientos previos y a dejar atrás lo que nos paraliza. Una Dama Blanca, montada sobre sus espaldas, otorgará sus bendiciones a aquellos que la han servido con devoción.

Se tiende un puente entre dos fronteras, facilitando el entendimiento entre culturas, formas de vida y sistemas de creencias que han de aprender a convivir desde el respeto a sus valores y comprensión de sus diferencias. Se anticipa un movimiento creciente, promoviendo viajes cortos por trabajo o placer. Los cruces de caminos ejercerán igualmente de punto de encuentro entre el mundo subjetivo y objetivo y de su interacción surgirá una marea que irá moldeando la realidad bajo otro aspecto.

El número 8 representará la unión de dos círculos, de dos hilos rojos que se entrelazan. Se cerrarán puertas simbólicas y se que bloqueará el acceso a quienes no han honrado su palabra con sus actos. Ciclo de desafiantes pruebas para unos y renovadas esperanzas para aquellos que desean plantar las semillas de nuevos proyectos.

Las noches serán espacios de lectura, meditación, reflexión, pero también de tejer sueños y practicar magia. Cuidado con las envidias y las intrigas urdidas en la oscuridad. Habrá que proteger bien los hogares con metal y espino, así como hacer una buena planificación del gasto, intentando ahorrar para lo que vendrá en el futuro. Asimismo, deberá ejercerse la prevención y el cuidado de enfermedades respiratorias, especialmente si afectan a la garganta o los pulmones.

Ciertas verdades serán desveladas y lo silenciado por mucho tiempo poco a poco encontrará vías alternativas de expresión.

El animal compañero será la “pottoka” y la planta aliada el acebo. La carta del tarot que representará este tránsito será la Rueda de la Fortuna. La fuerza del plenilunio permitirá el empoderamiento y la fertilización de lo que brotará este nuevo ciclo.

 

Segundo día del Zotalegunak

Leve subida de las temperaturas y viento del Suroeste. Ambiente húmedo y con suaves brumas. Cielos cubiertos durante la mañana, pero durante el resto del día hay una alternancia de claros y nubes. La tibieza del sol resulta vivificadora durante la segunda mitad de la jornada. Al final de la tarde, se producen precipitaciones débiles, que son los restos de una tormenta atenuada. No obstante, la nieve se mantiene en cotas altas. El río fluye con algo más caudal en el valle. Las plantas reciben el agua sanadora con alivio.

Tiempo de reanudar hábitos saludables, cuidando más la alimentación y aumentando gradualmente la actividad física. Convendría realizar una analítica si se empiezan a sufrir ciertos problemas gástricos para descartar intolerancias, cambios metabólicos o déficits de algún nutriente. Igualmente, será importante cuidar la vista y concertar una revisión ginecológica en el caso de las mujeres. En el caso de los niños, se aconseja cuidar la dentadura. Alguna persona mayor de la familia podrá verse sometida a alguna intervención quirúrgica.

El comercio local y los centros de enseñanza se reactivarán. Buen momento para retomar estudios, actualizar la formación en busca de la innovación o involucrarse con grupos de interés cultural. Igualmente, la asistencia a eventos como jornadas profesionales, charlas de corte humanista, presentaciones de proyectos, libros u otras obras artísticas, resultarán provechosas. Tiempo potencialmente creativo que puede dar frutos a largo plazo si se canalizan bien las energías hacia la manifestación, huyendo de la presión, la competitividad y de colaboradores que no estén realmente comprometidos.

Cambios tecnológicos, incorporación de nuevas herramientas de trabajo y recuperación de antiguas artesanías. Los contactos que se iniciaron a principios de año deberán ser cuidados para que sigan cumpliendo su papel de aliados y dinamizadores de una transformación progresiva en nuestro estilo de vida y relación. Fricciones con figuras de autoridad o personas con una mentalidad extremista, que intentan hacer valer sus paradigmas o mantener su “status quo” a cualquier precio. Problemas en la convivencia doméstica o vecinal, especialmente a partir de la segunda mitad del mes. Necesidad de soltar tensión mental y realizar un pequeño retiro que ayude a poner en marcha los reajustes necesarios.

El número 5 representará la vibración del deseo o motivación que ejerce de motor de un cambio interno que se va visibilizando parar crear aquello que anhelamos y necesitamos expresar desde la autenticidad y el disfrute, sin máscaras ni censuras. Lo que empezó siendo un hobbie o un mero entretenimiento, puede dar mucho más juego y convertirse en una vía de progreso. La experimentación en este momento tendrá un papel muy relevante.

El autocuidado, la hospitalidad y la sostenibilidad resultarán claves para encontrar el equilibrio. Las mujeres continuarán tejiendo, desde el anonimato, espacios de apoyo comunal e irán aumentando el nivel de conciencia hacia una mayor implicación en cada individuo.

La araña como símbolo de la creatividad, la productividad, la interrelación, la sabiduría ancestral que se vuelca en la espiritualidad y el destino será el animal guía en este momento. No obstante, habrá que cuidarse de la manipulación y el apego a relaciones dependientes. Será necesario mantener unas rutinas de limpieza y purificación constantes.

Tiempo de realizar trabajos preparatorios en el jardín e intensificar la relación animales y plantas. La flor del cerezo nos ayudará a conectar con nuestro niño/a interior, a disfrutar más del ocio y a encontrar inspiración. La carta del tarot con la que meditar será la Templanza.

 

Tercer día del Zotalegunak

Ligero aumento de las temperaturas. Brumas matinales, predominio de claros durante la mañana, incremento de la nubosidad por la tarde y lloviznas por la noche. Sigue soplando viento del Suroeste, más intenso en zonas altas. Tormentas en la montaña y en el mar. Tiempo primaveral.

Momento de movilizar o solucionar cuestiones administrativas o legales. Sentencias favorables en juicios y compensación por errores o agravios cometidos en el pasado. Renuncias a empleos con condiciones abusivas y desvinculación de algunos miembros pertenecientes a gremios o sociedades que mantienen posiciones estáticas o demasiado elitistas. Oportunidad para la revisión o mejora de proyectos, así como para tomar un descanso necesario después de un tiempo de agitación. La salud se continuará reforzando y, si se ha sufrido alguna lesión, se presentarán unas condiciones favorables para la recuperación. Integración de la medicina natural y las terapias alternativas para conseguir un mayor bienestar general.

Mayor dedicación a los compromisos familiares durante la primera quincena y más espacio para la vida social y el ocio en la segunda parte del mes. Avances en el reconocimiento y sanación de cargas transgeneracionales. Descubrimiento de secretos guardados en viejos baúles o conectados a antiguas propiedades. Reencuentros con amistades a las que no se ve desde hace algún tiempo que alegran el corazón y viajes a lugares distantes para desvelar algo relacionado con la propia esencia o la misión de vida. La música, la danza y la dramatización cobrarán protagonismo y nos ayudarán a sincronizarnos con nuestro ritmo y melodía particular, así como a deconstruir roles sociales que restan espontaneidad y autenticidad.

Momento propicio para realizar transacciones comerciales, adquirir propiedades, comprar artículos de lujo y realizar inversiones que darán beneficios a corto y medio plazo. No obstante, en la última semana del mes habrá que vigilar los engaños y los fraudes. También podrán producirse retrasos en los viajes, averías o accidentes que afecten a la movilidad.

El número mágico será el 6. Para unos representará una mayor reciprocidad en los intercambios y un incremento en las ganancias; para otros supondrá una revisión de la manera en que se interactúa con el mundo material, una aceptación de un exceso de orgullo, ambición o reconocimiento y un toque de atención en lo que se refiere a hábitos nocivos o tendencias posesivas o conformistas.

El animal compañero será el perro negro, como guardián de nuestro inframundo y de los tesoros que se ocultan en el fondo de la tierra. Él nos ayudará a profundizar en la relación con la muerte, el renacimiento y la fertilidad. Asimismo, ejercerá como representación de la confianza y la fidelidad en las relaciones.

La planta que actuará como aliada será el haya, ejerciendo de pilar para construir una mejor autoestima, entrenar la capacidad de autogestión, aumentar nuestra resiliencia a la hora de afrontar las dificultades en nuestro camino y conseguir la prosperidad deseada.

El arcano que nos acompañará durante este mes será los Enamorados. La energía de las dos lunas llenas de este ciclo nos movilizará bastante emocionalmente, haciéndonos más perceptivos, empáticos y atractivos socialmente. Igualmente nos servirá para potenciar el autocuidado, mantener una atención afectuosa hacia nuestros seres queridos, desarrollar ideas o completar tareas pendientes.

 

Cuarto día del Zotalegunak

Descenso de las temperaturas. Densas nieblas matinales que intensifican la sensación de humedad. Intervalos de nubes y claros, movilizados por el viento del Suroeste, que pasa de moderado a fuerte durante la tarde. Nuevo frente entrando, esta vez, desde el Atlántico. Cambio súbito de la presión atmosférica durante la noche, anunciando un giro radical en los acontecimientos.

La primera parte del mes transcurrirá más lenta y tediosa, arraigada en las rutinas y obligaciones diarias. Habrá momentos de sobrecarga y frustración, bien por una sensación sostenida autosacrificio o estancamiento, bien por la existencia de ciertos obstáculos que bloquearán las dinámicas productivas y las ventas. Mala racha laboral y gastos inesperados que desestabilizarán la economía familiar. Con el inicio del año astrológico llegará una oportunidad inesperada de movilización o ascenso profesional para algunas personas, posibilidades de emancipación o cambio de domicilio para unos e inicio de una nueva relación de pareja para otros. Las personas que se encuentren en una relación estable tendrán opciones de fortalecer o renovar su compromiso.

Si se está organizando el lanzamiento de un nuevo proyecto o una línea de producto, se recomienda analizar bien todas las opciones, terminar de atar cabos sueltos y forjar alianzas en secreto que aseguren su éxito futuro. También es preferible aplazar la presentación pública hacia el final de la primavera. En el caso de que se produzca un embarazo, especialmente si se han tenido dificultades para concebir, se aconseja igualmente guardar silencio para proteger a la criatura en desarrollo.

Regalos sorpresa, encuentros aparentemente casuales y confluencia de sincronicidades. Tiempo de expresar agradecimiento por las bendiciones que se nos han concedido y de poner a prueba los dones que están emergiendo, aunque ya fueran parte de nuestra esencia.

El número sagrado será el 3, representando la unión del presente, pasado y futuro, así como el poder de la triplicidad, con un efecto directo sobre la manifestación de la prosperidad.

El animal guía será la abeja, enseñándonos a organizarnos mejor, a mantener la concentración, a ser más disciplinados y productivos. Además, nos mostrará las potencialidades del trabajo en equipo y de los vínculos comunitarios, en los cuales la sabiduría colectiva, la solidaridad y la cooperación resulta fundamental. Asimismo, la abeja traerá dulzura a nuestras relaciones y una mayor abundancia. Igualmente ejercerá de mensajera con el mundo feérico, aumentará nuestras capacidades extrasensoriales y potenciará nuestras visiones o sueños proféticos.

La planta que actuará como aliada será la melisa. Su espíritu nos conectará con las ninfas de los bosques, portadoras de fertilidad, sanadoras e iniciadoras en ciertos misterios femeninos. Ellas guiarán a las madres en la crianza de los hijos y a quienes velan por la educación de las futuras generaciones. También entregarán su oro dorado a las personas necesitadas y humildes que se esfuerzan día a día por superarse, tornando su mala fortuna en esperanza.

Mari, Eguzki e Ilargi harán descender el poder de los cielos sobre la tierra y llenarán de vida los rincones de nuestra geografía. Se las honrará con ofrendas de flores, atendiendo a su condición y peculiaridades.

La carta de tarot que concentrará ese poder triple será la Emperatriz.

 

Quinto día del Zotalegunak

Descenso significativo de las temperaturas. Ambiente frío y aumento gradual de la nubosidad, con precipitaciones abundantes durante la tarde. Fuertes vientos que viran del Suroeste al Noroeste. Bajada de la cota de nieve y heladas nocturnas. Tiempo bastante inestable. Activación de la alerta ante la previsión de malas condiciones atmosféricas.

Sensación de precipitación, de acontecimientos incontrolables y reajustes continuos en la planificación. Momento crítico para las negociaciones a la hora de establecer acuerdos comerciales o políticos, necesitando de mediación experta para frenar posibles conflictos con consecuencias irremediables. Envío urgente de documentación para formar parte de procesos selectivos de disponibilidad limitada y entrevistas aceleradas donde la primera impresión tendrá un efecto determinante. Espera ansiosa ante un veredicto que finalmente tendrá una resolución favorable.

Reuniones espontáneas con buenos resultados para mejorar el clima laboral o la complicidad con las amistades. Citas prometedoras, donde la pasión se desatará. Aventuras fugaces y, en ocasiones, disparatadas. Situaciones embarazosas que se solventarán con sentido del humor, dándole la vuelta a la situación. Eventos divertidos y fiestas desenfrenadas donde se hará gala de los excesos. Escándalos que salen a la luz.

Habrá que atender especialmente a los problemas de salud derivados del estrés y la ansiedad. Asimismo, se tendrán que abordar bloqueos relacionados con la sexualidad y con la represión de la agresividad.

El laberinto se presentará como símbolo de la multidimensionalidad humana y del universo, ayudándonos a comprender mejor su interrelación. Nos obligará a dejar de lado la dispersión mental y hacernos cargo de nuestras elecciones con sus respectivas consecuencias. Al mismo tiempo, entrenaremos la capacidad analítica y de decisión, encontrando una mayor confianza en nuestras capacidades, sin depender tanto del juicio ajeno o de las presiones sociales. Adicionalmente, nos conducirá hacia lo esencial, hacia el centro, despojándonos de toda superficialidad.

El buey o toro rojo (Zezengorri) representará la impulsividad, el hedonismo, la pasión desenfrenada, la furia colérica y el poder de destrucción de los enemigos. Si se logra controlar su fuego, se conseguirá una mayor paz interior, una convivencia más armónica, una clarificación del propio sendero, el tesón necesario para construir proyectos duraderos, un incremento de los recursos materiales y la obtención de un reconocimiento basado en el esfuerzo y la honradez.

La rosa roja ejercerá como planta aliada, recordándonos el poder de la sangre bruja y el dolor del sacrificio. Asimismo, podremos aplicarla para aumentar nuestro atractivo personal, incentivar el deseo en la pareja y disfrutar más de la belleza de la vida.

El número mágico será el 10 (final de etapa), que se transformará en 1 como puerta a nuevos comienzos u oportunidad de rectificación.

La carta del tarot que simbolizará la energía de este ciclo será el Diablo.

 

Sexto día del Zotalegunak

Las temperaturas continúan descendiendo. Viento moderado del Norte. Ambiente gélido y muy húmedo. Cielos muy nubosos y precipitaciones abundantes en forma de nieve a menos de 400 metros. Heladas nocturnas. Alerta roja en zonas de montaña y alerta naranja en los valles. Esto demuestra el progreso del cambio climático y nos advierte de la posibilidad de condiciones meteorológicas inusuales o extremas al inicio del verano, pudiendo producirse desastres naturales como huracanes o inundaciones en distintos lugares del planeta.

Tiempo de retribución con magníficos resultados para aquellas personas que durante los meses anteriores hayan luchado con gran esfuerzo por abrirse camino ante las dificultades, hayan tomado responsabilidad sobre su vida y se hayan alineado con su propósito existencial. Celebración de las bendiciones no materiales de la vida con familiares y amigos, dedicándoles tiempo de calidad a partir de la segunda mitad del mes.

Época de armonía en las relaciones y prosperidad económica. Posibilidad de ascenso profesional o de cambiar a una empresa más grande o con mejores condiciones. En algunos casos, se planteará la posibilidad de abrazar una vida más rural; en otros, se podrá retornar al lugar de nacimiento, donde se vivió gran parte de la infancia o al territorio que ocuparon ciertos antepasados. Los Etxekojaunak facilitarán dicho tránsito y propiciarán un renovado enraizamiento. Algunas personas recibirán una herencia o legado que cambiará su devenir.

La última semana del mes será propicia para la creatividad, el amor, los juegos de azar, las competiciones o exhibiciones y las inversiones en bolsa. Algunos podrán reencontrarse con amigos de juventud o que habitan en lugares distantes; a otros se les presentará la ocasión de clarificar malentendidos con compañeros, reconciliarse con una persona significativa o cerrar temas pendientes con una antigua pareja. Química sexual con un posible pretendiente/a o experimentación en relaciones ya consolidadas. Diversión y alocadas aventuras.

El animal compañero será el águila real, personificando la energía de liberación, empoderamiento, heroísmo, liderazgo, cambio de estatus, éxito, visión de futuro y ascensión espiritual. La capacidad de discernimiento, la iniciativa, la nobleza, la tenacidad y la valentía se encontrarán potenciadas en estos momentos. Evitad a aquellos que den múltiples rodeos, no sean directos o no se comprometan, ya que no serán buenos socios o compañeros de camino. Las decisiones no podrán aplazarse, o se perderán grandes ganancias o beneficios. Algunos hombres pasarán a convertirse en esposos, padres o jefes o tendrán un papel destacado en las dinámicas comunitarias. Momento clave en la política nacional e internacional.

Aquellas personas que hayan experimentado problemas de salud relacionados con la movilidad o sufran trastornos psicológicos encontrarán al terapeuta o la vía de sanación que requieran para su recuperación o mejorar su calidad de vida.

El número 4 representará los pilares que asentarán los cimientos de proyectos más sólidos y sostenibles. También simbolizarán los extremos del palio bajo el cual caminarán los vencedores, recibiendo felicitaciones y ovaciones.

La carta del tarot que ilustrará la conquista de uno mismo, los progresos conseguidos, los premios, reconocimientos o certificaciones será el Carro.

La planta de poder será el laurel, ayudándonos a mantener la mente receptiva, alejar la enfermedad y las malas vibraciones del hogar, atraer la fortuna, cumplir nuestros deseos y facilitar sueños proféticos.

 

Séptimo día del Zotalegunak

La visión del campo y la sierra cubiertos por la nieve transmiten una sensación de paz y descanso. La mirada se pierde en el horizonte, viajando mentalmente, atravesando los límites de la montaña y proyectando infinitas posibilidades. Silencio y desconexión de la realidad inmediata.

Temperaturas bajo el límite habitual. Cielos brumosos y precipitaciones algo más moderadas. Viento frío del Noroeste. Las alertas continúan. Se producen varios cortes de electricidad a lo largo del día que remiten a la posibilidad de que tengan lugar restricciones de agua en lugares muy secos e incendios en lugares cálidos o poco cuidados.

Emociones de emergencia, desbordamiento y agotamiento se agolpan en mi pecho. Veo a personas estresadas, frustradas, atrapadas y derrotadas. Se escuchan gritos ahogados de auxilio y llantos lejanos. Un mundo que se resquebraja y causa sufrimiento. Para algunos, ese dolor otorgará una mayor fortaleza y capacidad de supervivencia; para otros, propiciará un hundimiento progresivo en una espiral de agonía. Éstos no pueden ser salvados y hay que dejarlos ir. No se pueden arrastrar cargas o el naufragio tendrá más bajas. Únicamente queda el esqueleto de lo imprescindible y solo los que estén preparados resistirán.

Los compromisos se ponen en pausa y poco a poco se ralentiza el frenesí. Tiempo de examinar o integrar los conocimientos y herramientas que se han ido incorporando. Veredicto o resolución final que marca una nueva etapa profesional o vital. Reorganización posterior. Se necesitarán unos meses más para terminar de perfeccionar la obra o adaptarse a la situación. Esto exigirá horas de negociación y renuncias parciales o totales.

Al final del mes, instantes de recogimiento, retiro o aislamiento para unos; esperas que se prolongan y se tornan en ansiedad para otros. Llamadas reiteradas que no son contestadas y desconexión del mundo tecnológico. Las únicas interacciones que resultarán interesantes con personas ajenas al círculo más íntimo estarán relacionadas con el aprendizaje de idiomas o intercambio cultural en un país extranjero. Se marcará una distancia con los contactos por conveniencia social u obligación profesional.

El gato será el animal guía en esta etapa, incentivando la independencia, la astucia, la capacidad de reacción ante los peligros, el instinto de supervivencia, la flexibilidad, la resiliencia, el sigilo, la autopreservación, el refinamiento y la intuición. Asimismo, nos ayudará a tornar lo impredecible en oportunidad.

Urtzi desplegará su poder de conjurar tormentas para purificar los ambientes viciados y eliminar aquello que no contribuya a nuestra evolución personal y a conseguir prosperidad.

El 7 se alineará con la cara melancólica y misteriosa de la luna. La tristeza, el desaliento, la ansiedad, la burla y la exclusión impregnarán la vida de ciertas personas. En cambio, otras renacerán desde el idealismo, la imaginación, la sensibilidad, la humildad y la dedicación.

Las zarzas delinearán unos límites necesarios para evitar que los conflictos en la convivencia se agraven, pero, al mismo tiempo, ejercerán de campo de entrenamiento para aquellos osados que estén dispuestos a arriesgar y cruzar los bordes de lo conocido en busca de pistas o tesoros enmascarados.

La carta del tarot que podréis utilizar para meditar será el Juicio Final.

 

Octavo día del Zotalegunak

Brumas matinales y cielo cubierto durante la mañana. Hacia el mediodía se alternan nubes y claros. Las temperaturas se mantienen frías, aunque aumenta la máxima alcanzada por los rayos de sol. Una parte de la nieve se ha derretido, aunque los alrededores siguen cubiertos. Hacia el final de la tarde se producen ligeras precipitaciones en forma de lluvia. El viento sigue soplando en dirección Noroeste y por la noche hay nuevas heladas. Los ríos van aumentando su caudal en los valles.

Agosto será un mes relativamente caluroso, aunque en la segunda parte del mes habrá un ambiente más templado con tormentas vespertinas. El nivel de los pantanos subirá ligeramente y los campos sufrirán menos sequía que el año anterior. Se producirá una cosecha abundante de árboles frutales y hortalizas por la presencia de humedad y sol.

Aumento de la contratación en el sector servicios y del entretenimiento durante este periodo, viéndose recompensada la atención personalizada al cliente. Nuevas oportunidades laborales para quienes se encontraban sin empleo desde hace bastante tiempo. Reactivación de la economía y momento favorable para la compra-venta, pudiendo sacar partido a ofertas ventajosas a finales de mes. La calidad de los cuidados hacia niños, ancianos, enfermos, personas en situación de vulnerabilidad o dependencia serán muy importantes y se verán igualmente retribuidas. La participación en organizaciones no gubernamentales, colectivos sociales o grupos de apoyo serán incentivadas y se obtendrá bastante satisfacción colaborando en la dinamización de estos espacios.

Habrá que invertir esfuerzo en mejorar la imagen personal y la interacción social, haciendo un buen uso de la estética, el lenguaje verbal y no verbal, la diplomacia y las habilidades de liderazgo. Las primeras impresiones serán claves a la hora de acudir a entrevistas, realizar presentaciones o eventos en público, intimar con otras personas y adaptarse en nuevos grupos. Si se logra demostrar la valía personal y aprovechar los talentos, se podrán conseguir recomendaciones o ciertos incentivos. La buena planificación y coordinación resultará fundamental. Estad pendientes de compañeros de trabajo o socios que no cumplen rigurosamente con sus tareas, de información omitida o documentación incompleta, de retrasos administrativos y de comentarios susurrados en los pasillos. La discreción y el autocontrol os servirán de coraza para sortear a cotillas, entrometidos, chismosos y detractores.

El animal compañero será la urraca. Ella os ayudará a potenciar vuestras capacidades intelectuales, a ser más visibles cuando os interese, a captar las oportunidades fugaces, a prestar atención a detalles que marquen la diferencia, a escudriñar la verdadera naturaleza de las personas que os rodean, a tomar conciencia de los elementos esenciales y dinámicas sociales en los grupos, a agilizar vuestra adaptación en entornos desafiantes, a prevenir posibles engaños o fraudes, a incrementar vuestras capacidades psíquicas y la conexión con el mundo feérico. Además, os otorgará un buen sentido de la orientación que podréis aplicar a los viajes físicos o espirituales. Dado que el augurio mostrado fueron dos urracas, cooperando en la búsqueda de sustento, se sugiere la llegada de buenas noticias, la posibilidad de encontrar pareja y/o formalizar una relación (convivencia o matrimonio) o forjar una buena amistad o alianza fructífera.

El número mágico será el 2. La planta aliada, el endrino. Vuestros cómplices, los Iratxoak. El Mago concentrará la esencia vibracional de este periodo.

 

Noveno día del Zotalegunak

Poca nubosidad durante la mañana, aunque se va cubriendo progresivamente el cielo pasado el mediodía. Temperaturas ligeramente más bajas durante el día, aunque durante la noche descienden bastante, activándose la alerta amarilla. Viento moderado del Suroeste por la mañana, que vira hacia el Sureste y se intensifica por la tarde. Precipitaciones débiles al final de la tarde que se convierten en nieve por la noche. La cota baja a 600 metros. Heladas generalizadas y carreteras de montaña cortadas.

Septiembre será fresco y bastante revuelto, especialmente en la última parte del mes. Probablemente la vendimia y la última cosecha se adelanten antes de que cambie el tiempo y entremos plenamente en el otoño, que se atisba más frío y húmedo que el año anterior.

Época de toma de decisiones en el terreno profesional y vital. Podrán presentarse dos ofertas laborales atractivas o la opción de involucrarse en dos proyectos no demasiado compatibles. Aunque inicialmente la primera alternativa resultará más llamativa o estimulante, quizás ciertos condicionantes vitales acaben decantando la balanza en la dirección opuesta. En el caso de elegir entre dos posibles domicilios, centros de estudios o pretendientes/as, sucederá algo inesperado que dejará únicamente la segunda apuesta disponible. La costa de Levante, los valles que se sitúen al este de un río, o los territorios que se encuentren a la derecha de una marca o límite ofrecerán más opciones que los del oeste. En el caso de tener que escoger entre Norte o Sur, Tierra o Fuego, se aconseja un binomio Fuego-Aire que aporte más libertad, pasión, dinamismo, movilidad, actualización y creatividad.

Podrán presentarse retrasos administrativos, demoras en la entrega de documentación o firma de contratos, reajustes en las tareas asignadas, imprevistos o inconvenientes en los viajes o traslados y bloqueos comunicativos. Convendrá revisar cualquier texto escrito (especialmente inscripciones, trabajos académicos, publicaciones), aparatos electrónicos de uso habitual, la mecánica de los vehículos o los cambios en las rutas u horarios de transporte público.

Algunas personas volverán a retomar el contacto con sus raíces o una parte de su herencia ancestral; otras tendrán la oportunidad de sanar heridas, traumas o asuntos no resueltos en la infancia o la adolescencia. La transmisión oral, las artesanías, la recuperación de voces del pasado y la revisión de narrativas pasarán a tener un espacio más destacado. La llama de la tradición será reavivada y ciertas costumbres se reintegrarán en las dinámicas habituales.

Tiempo de cosecha, agradecimiento y reflexión a final de mes. Habrá personas que requerirán de consejo experto, que acudirán a la sabiduría de los ancianos en busca de respuestas o que necesitarán del apoyo comunitario. Renuncia del ego en favor del equilibrio del ecosistema. Cura de humildad. Aceptación de nuestros límites y reconocimiento vivencial de nuestras fortalezas.

El petirrojo nos acompañará en este viaje y mantendrá a raya a los Ieltxu. Él portará la llama que iluminará nuestro camino en momentos de decaimiento, nos recordará nuestro propósito y verdaderas motivaciones, nos enseñará otra dimensión del sacrificio, aportará calidez a nuestras relaciones y ayudará a curar las heridas simbólicas.

La planta que actuará como aliada será el espino blanco, especialmente para regular el sistema cardiovascular, calmar el sistema nervioso, atraer el favor de las entidades feéricas y ofrendar a los difuntos. El 13 se presentará repetidamente como número mágico. La energía del arcano de la Justicia reflejará el balance de este ciclo.

 

Décimo día del Zotalegunak

Brumas matinales. Alternancia de nubes y claros. Aumento de las temperaturas. Vientos del Sureste, que luego cambian al Oeste y se intensifican, trayendo lluvias al final de la tarde. Incremento de la cota de nieve a 1200 metros. Heladas suaves en la montaña. Tiempo otoñal.

La carga de trabajo se va acumulando y la organización pasa a ser un pilar esencial de la rutina. Algunas personas estarán alternando estudios o actualización profesional con sus actividades profesionales, o bien trabajando y desarrollando proyectos artísticos en paralelo. Se estarán ultimando los detalles del lanzamiento de nuevas propuestas o productos que supondrán un salto a otra dimensión. Si se encuentran maneras más atractivas y originales de darse a conocer a nuevos clientes, las ventas aumentarán significativamente. Momento óptimo para editoriales, intérpretes, agencias de publicidad, estudios de diseño gráfico, sellos discográficos y espacios de entretenimiento. Las alianzas o la intervención de amistades leales tendrán un papel relevante en la movilización profesional o el reconocimiento social.

Se recibirán comunicaciones relacionadas con ofertas formativas, certificaciones, logros o mejora de las finanzas, recomendaciones de clientes antiguos que traerán un renovado flujo de intercambio e invitaciones a eventos que ofrecerán la oportunidad de establecer contactos significativos. Tiempo favorable para la negociación o gestión de asuntos legales, especialmente si tienen que ver con la firma de contratos, la creación de sociedades, la tramitación de divorcios, herencias o propiedades. La mediación dará buenos resultados en conflictos de convivencia social.

Buena acogida en un entorno de reciente incorporación, celebración de buenos resultados y estrechamiento de lazos de amistad con personas pertenecientes a otra cultura o estatus social. Condiciones más armoniosas para la crianza de hijos/as, intervención educativa con niños, asistencia psicológica a jóvenes o conciliación de parejas en crisis.

Si alguien debe someterse a una operación o algún tipo de rehabilitación, encontrará las condiciones y el acompañamiento ideal para restaurar su salud. El mundo onírico nos ofrecerá pistas para reconducir algunas de nuestras tendencias negativas o liberarnos de ciertos condicionantes.

El sapo actuará como animal guía en este proceso de metamorfosis interior, poniéndonos en contacto con nuestras emociones sin perder de vista la objetividad y las metas que nos hemos marcado. Nos permitirá superar complejos, salir de situaciones de estancamiento, sanar malestares, encontrar serenidad, ganar flexibilidad e iniciativa, ampliar nuestra perspectiva, potenciar la creatividad y atraer la abundancia.

Las “sorginak” emergerán en la intimidad de la noche para ayudar a sus acólitos a integrar los conocimientos relacionados con la herbolaria, el reconocimiento y disfrute de la sexualidad y el vuelo del espíritu.

El número mágico será el 9, multiplicando el poder de la tríada mágica e impulsando la culminación de proyectos en desarrollo. Asimismo, simbólicamente activará la llamada de la Gran Madre para involucrarnos en el cuidado de sus moradas y la defensa de los territorios sagrados que hayan sido dañados por la mano del hombre.

El arcano de La Suma Sacerdotisa nos otorgará la visión para contemplar otras posibilidades, nos permitirá profundizar en los misterios del mundo subterráneo, renovará nuestros círculos terrenales y vínculos mágicos, encaminándonos a una vida de mayor plenitud.

 

Onceavo día del Zotalegunak

Tiempo revuelto. Niebla a primera hora de la mañana. Cielos bastante nubosos. Vientos moderados del Oeste que viran al Noroeste y se intensifican. Ligera bajada de las temperaturas. Precipitaciones en forma de lluvia por la tarde y disminución de la cota de nieve a 1000 metros. Heladas nocturnas. Inicio de la alerta amarilla por viento y nieve por la noche. El invierno volverá a anticiparse y hacia finales de noviembre empezará a mostrar sus primeros signos.

Momento ajetreado, pero bastante productivo y gratificante. Avance en estudios y proyectos profesionales. Oportunidades de intercambio de ideas y debate entre gremios profesionales, investigadores, grupos de estudiantes, asambleas socio-políticas y círculos espirituales. Grandes convenciones, congresos y seminarios se celebrarán durante este periodo. En unos casos, los encuentros servirán para tomar resoluciones o medidas importantes para solventar problemáticas globales; en otros, se aportarán nuevas perspectivas y avances científicos, construyéndose redes de intercambio que generarán cambios significativos en las estructuras establecidas y dinámicas de relación.

Preparaos para posibles rechazos, desplantes y despedidas. Habrá tensiones entre el viejo y nuevo orden, encontrándose resistencias hacia los intentos de innovación. Esto finalmente producirá rupturas en los grupos, dejando a las viejas glorias apartadas de las jóvenes promesas. Una vez recompuestos los círculos, se cerrarán las puertas y no habrá espacio para miembros recién llegados, por buenas que sean sus intenciones. La envidia, el espionaje, la mentira, la manipulación y el saboteo estarán muy presentes en la caída de los que se perciben como enemigos o amenazas. Cuidaos de los trabajos maléficos y reforzad vuestras protecciones, pues vuestros adversarios no mostrarán ninguna piedad.

Gaueko y sus servidores estarán más activos que nunca. El caos sacudirá los cimientos de la estabilidad o supuesta seguridad hasta entonces construida y los oportunistas sacarán partido de las miserias de los corazones nobles, si no se establecen límites para mantenerlos a raya. La astucia y la premoción os alertarán de engaños o situaciones confusas que pueden convertirse en vuestra ruina. No observéis vuestro entorno con ojos mundanos, sino con mirada de fuego. Mantened la mente fría y no tengáis contemplaciones con quien os hiera. Es tiempo de poner a prueba el verdadero compromiso y la lealtad. Muchas amistades, lazos familiares y uniones sentimentales se quebrarán en el proceso. Asimismo, se romperán las cadenas que mantenían inmovilizados a los oprimidos. Rabia y destrucción, seguida de largos silencios y muros infranqueables.

El mirlo será nuestro animal compañero. Él abrirá nuestra visión a otras realidades, nos pondrá en contacto con lo liminal y con la muerte, nos mostrará la importancia de la territorialidad, nos ayudará a fortalecer nuestra voluntad y golpear las corazas de quienes se ocultan maliciosamente o se resisten a claudicar ante nosotros. Asimismo, mejorará la capacidad de coordinación para articular estrategias de esquiva o ataque. Por último, seguirá entrenándonos en el arte del cambio de forma y susurrará secretos o confidencias en nuestro oído.

El estramonio nos protegerá de los terrores de la noche y de las pesadillas, ayudándonos a enfrentar miedos, inseguridades y duelos enquistados. Además, alejará a los espíritus desencarnados y a quienes están dominados para azotarnos con la maldición.

El número mágico será el 11 y el arcano que representará la esencia de este ciclo, La Muerte.

 

Doceavo día del Zotalegunak

Nieblas matinales. Nubosidad variable, estando el cielo más cubierto durante la mañana. Claros por la tarde. Ligero descenso de las temperaturas. Vientos moderados del Noroeste. Precipitaciones en forma de lluvia al final de la noche y nieve en las alturas, bajando la cota a 800-900 metros. Tiempo invernal. El Solsticio de Invierno resultará bastante frío y las estaciones intermedias se reducirán.

La primera semana del mes resultará un tanto agitada y podrán experimentarse retrasos o cancelaciones de citas con especialistas médicos, reuniones con asesores o viajes. Sensación de cansancio acumulado, estrés e insatisfacción por no disponer de tiempo libre para dedicarlo a hobbies o reunirse con seres queridos.

La segunda semana del mes bajará un poco el ritmo de trabajo y podréis disfrutar de una pequeña escapada. Buen momento para acudir a un balneario, espacio de relax o un lugar apartado del mundanal ruido. No obstante, puede que algunos tengan que hacerse cargo de parientes enfermos u hospitalizados que les obliguen a cancelar o aplazar planes. Si os encontráis solteros/as, se aconseja hacer un cambio de imagen, renovar el armario, buscar actividades donde poder conectar con personas diferentes que compartan intereses semejantes y ser un poco más atrevido/a. Si estáis en pareja, se debe potenciar igualmente el atractivo y reservar momentos para cuidarse más, seducir y mostrarse más detallista con la otra persona. En el caso de tener hijos o familiares a vuestro cargo es importante que solicitéis apoyo a otros parientes y no responsabilizaros plenamente de las atenciones, ya que de lo contrario aparecerán problemas de somatización que afectarán a vuestra salud física y mental.

El resto del mes tendréis que atender distintos compromisos sociales que podrán extenderse más de lo previsto, aunque acabará compensando el tiempo invertido, ya que de esas reuniones sacaréis beneficios económicos o profesionales. Posibles reencuentros con familiares lejanos y descubrimiento inesperado de tesoros simbólicos. Podréis entablar contacto con una persona de otra cultura o tradición espiritual con la que compartiréis una conexión especial y con la que podréis intercambiar experiencias valiosas para vuestro desarrollo o práctica personal.

La última semana será idónea para practicar la adivinación o renovar pactos con aliados. Igualmente resultará muy productiva para revisar proyectos creativos, cerrar asuntos contables o administrativos y tomar resoluciones importantes de cara al nuevo ciclo. La vara reflejará vuestro poder de liderazgo y os servirá para trasladar la llama del conocimiento arcano a otro medio u espacio donde pueda visibilizarse más o ser nutrido de forma diferente.

La serpiente (Sugaar) se insinuará y os conducirá por senderos sinuosos para colocaros ante retorcidas encrucijadas, os tentará a explorar alternativas arriesgadas y prohibidas, intensificará vuestras vivencias vinculadas con el dolor y el placer, os susurrará medias verdades y misterios en forma de acertijo para probar vuestra capacidad de discernimiento, os enseñará a desprenderos de vuestra vieja piel y construir una cobertura más resistente. También os guiará para profundizar en el arte de la geomancia y la sanación.

La planta aliada será el beleño negro. Os servirá para contrarrestar el estrés, purificar apegos insanos y reabrir los caminos que hayan sido obstaculizados. Asimismo, os ayudará a bucear en vuestra propia sombra, a aliviar cargas ancestrales y a convertir el sufrimiento en un elemento transformador.

El 0 representará el poder del Uroboros, la conexión entre los finales y los inicios, el hilo del destino que es tejido eternamente y el poder de la renovación. El arcano que ilustrará las puertas que se cierran y abren durante este tránsito será el Mundo.

Figuras solsticiales en la tradición vasca y sus conexiones con otras tradiciones europeas

El Solsticio de Invierno representa uno de los eventos más significativos dentro del calendario astronómico y agrícola. En muchas culturas del mundo y, particularmente, dentro de las tradiciones europeas, se aprecian ciertos elementos simbólicos semejantes relacionados con el renacimiento y la retribución.

Aunque el momento exacto del solsticio de invierno (“Eguberri” o “Neguburu”) acontece cuando el sol se coloca a mayor distancia del ecuador celeste, lo cual ocurre entre el 20 y 23 de diciembre, el periodo solsticial abarca 13 noches mágicas. Es decir, se extiende desde el mismo día del solsticio hasta el 1 de enero. Durante este tiempo (denominado “Weihnachten” o Noches de los Espíritus entre los nórdicos), se cree que ciertas entidades míticas (deidades, espíritus feéricos, gigantes, trolls, monstruos y almas errantes) campan a sus anchas por el mundo y resulta poco recomendable vagar alegremente por ciertos parajes, especialmente cuando cae la noche.

Algunas de estas criaturas están claramente vinculadas a la Caza Salvaje en su versión más primitiva, como los Krampus o las Perchten de la zona germánica y escandinava, mientras que otras tienen connotaciones más benéficas como Madre Nieve o Madre Ganso (pseudónimos para referirse a Holda o Perchta), Papá Noel (representación edulcorada de Odín o Wotan como “Alfather” o padre de todos/as), el Olentzero (el último de los gentiles vascos, convertido en carbonero bonachón) o la Befana (la famosa bruja italiana, reminiscencia del antiguo culto a Strenia o Estrenua, diosa latina de la salud, el bienestar y los nuevos comienzos). También podríamos incluir a la Madre Anciana (la Cailleach celta en su aspecto de sabia y protectora) y Black Annis (la Cailleach en su representación de bruja huraña y cruel).

Todas tienen en común que toman la forma de ancianos/as. El anciano/a es una personificación del tiempo, la eternidad, la sabiduría ancestral que se transmite de forma oral a la comunidad y, en ocasiones, de la muerte. Los ancianos además son los encargados de la liturgia doméstica. El hombre normalmente era el que se encargaba de los sacrificios (cazando o matando ganado) y las libaciones (fabricaba las bebidas) en muchas festividades mayores. La mujer se ocupada de la limpieza del hogar, el cuidado del fuego o la protección contra él, así como de las tareas de hilado, la recolección de hierbas y la adivinación. El hilo se vincula, no solo al destino, sino también a la creación de vida. El amasado y horneado de pan o dulces igualmente refleja el proceso alquímico de dar forma y madurar algo, aunque durante el cocinado también se miraba la forma que tomaban los bollos como una manera de predecir futuros acontecimientos. De ahí que en las leyendas sea recurrente que estas entidades invernales exijan trabajo, limpieza y cuidado (en forma de servicio u ofrendas).

Otra cuestión que cabe señalar es que estas figuras folclóricas representan los dos rostros de una misma manifestación. Además, casi todas ellas tienen su pareja correspondiente, complementándose las polaridades. Entre los nórdicos, Papá Noel y Madre Nieve están vinculados, ya que el primero aludiría a una representación moderna de Odín y la segunda sería una personificación de su esposa Frigga (algunos autores consideran que hay aspectos de Frigga y Holda que se han fusionado, pero representan entidades separadas). Por su parte, en la zona sur de Alemania y en Austria los Krampus y las Perchten salen juntos a asustar a los niños. En este territorio son considerados como miembros masculinos y femeninos del cortejo de Perchta, respectivamente. Cabe señalar que Perchta vendría a encarnar el aspecto más antiguo y salvaje de la diosa Nerthus, con su pata de ganso u oca y nariz aguileña en forma de pico de ave, que aluden a su capacidad de cambiar de forma. Asimismo, cabe recordar que Thor viajaba en un carro tirado por dos cabras, animales en los cuales se inspira la figura del Krampus. No obstante, hay autores que apuntan a que Perchta tiene rasgos que recuerdan a Hel y que Krampus sería hijo de dicha deidad del inframundo, derivando su nombre  del término “krampen” (garras). En el caso vasco, el Olentzero suele ir acompañado de su esposa Mari Domingi, uno de los muchos aspectos de la diosa Mari.

El comportamiento generoso o sanguinario que ejercen estos personajes míticos sobre los mortales depende del cumplimiento o no cumplimiento de los deberes personales y comunitarios. Si han sido honestos, responsables, trabajadores y han cuidado bien de su familia, son recompensados con regalos (oro, plata, alimentos) o bendiciones (buena salud, fertilidad, prosperidad, transformarse en animales o un animal compañero); si han sido traviesos, mentirosos, holgazanes, descuidados, envidiosos o tramposos, son castigados físicamente (azotados, torturados o asesinados), maldecidos o reciben presentes desagradables (carbón) e incluso siniestros (abrir el vientre de los niños para rellenarlo de paja y piedras en lugar de dulces).

Algunas características de ciertos integrantes masculinos y femeninos de las ancestrales Cacerías Salvajes o Cabalgatas Nocturnas pasaron a ser asumidas por algunos santos/as católicos. Los más conocidos a nivel europeo, aunque también tienen su veneración en Euskal Herria, son San Nicolás y Santa Lucía. Adicionalmente, en la geografía vasco-navarra también se rinde culto a San Saturnino y Santa Bárbara.

La festividad de San Saturnino (denominado también San Serenín o San Cernín) es la que precede el periodo solsticial, celebrándose el 29 de noviembre en varias localidades navarras y alguna villa guipuzcoana. Este santo, según las Actas de San Saturnino, fue un misionero romano del s. I que predicó por las Galias, los Pirineos y norte de la Península Ibérica. Más tarde, se convirtió en el obispo de Toulouse (curiosamente también se le venera bastante cerca de Tolosa). Sin embargo, La Passio Saturnini, sitúa su obra y su martirio más tarde, en torno al 250 d.C. La historia del martirio es interesante porque alude a su influencia sobre el templo de Júpiter. Por lo visto, Saturnino pasaba cada día por el templo de Júpiter (entendemos que sin mostrar ningún respeto) para ir a un pequeño oratorio cercano donde había situado su catequesis. Júpiter estaba tan molesto que dejó de conceder peticiones a sus fieles durante un tiempo. Así pues, el pueblo señaló como responsable a Saturnino. Tras negarse a sacrificar un toro en honor a Júpiter, lo ataron a la bestia y fueron picándole mientras corría por las escaleras del Capitolio hasta que finalmente su cuerpo fue despedazado por el arrastre de la res.

En Pamplona se le empezó a rendir culto a finales del S.XI, cuando emigraron grupos de francos para repoblar el Reino de Navarra. Frente a su iglesia principal, situada en la calle del mismo nombre, existe un pozo que, según cuentan, fue bendecido por él. Se dice también que con dicha agua bendijo a los primeros cristianos de la zona, entre ellos San Fermín, patrón de la capital navarra. Igualmente, su advocación está presente en Artajona, Usún, Gastiáin, Zalduondo y Saturdi. Tras la habitual procesión, se organiza una comparsa de Gigantes y Cabezudos que van bailando desde la iglesia a la plaza, acompañados de música de txistulari.

Estos elementos nos permiten descubrir la relación del santo con el Dionisos griego y el Saturno romano. En Grecia, en ese tiempo, se celebraba la Lenaia para conmemorar el renacimiento de Dionisos tras su asesinato a manos de los Cíclopes. La manera de honrarlo era sacando un toro en procesión para luego hacerlo pedazos (simulando la muerte del Dios) y entregarlo a las Ménades. Igualmente, se sacrificaba un cabrito a Dionisos, los asistentes gozaban de los placeres del vino y se organizaban representaciones teatrales. En Roma se celebraba, posteriormente, la Saturnalia desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre. En esta época se festejaba el final de los trabajos agrícolas y el merecido descanso de los esclavos tras sus esfuerzos en el campo. A menudo, se solían intercambiar roles con los amos, aunque los hijos también podían adoptar el papel de sus padres. Cada familia solía elegir a un “Rey de la Saturnalia” o “Señor del Desgobierno”. La desinhibición, los excesos, los bailes de máscaras, los juegos y las orgías cobraban protagonismo durante estos días. Tradicionalmente, se decoraban las casas con plantas, se encendían velas, se preparaban grandes banquetes y se entregaban regalos a los seres queridos. El 25 de diciembre, al final de la Saturnalia, se celebraba el nacimiento del sol (Deus Solis Invictus), coincidiendo con la entrada del astro rey en Capricornio. De nuevo, la cabra se erige como animal sagrado, tanto en el caso vasco como romano, a pesar de que representen a deidades diferentes.

Por su parte, el culto a San Nicolás fue claramente importado de la zona escandinava. Al Igual que en el resto de Europa, su festividad se celebra el 6 de diciembre, aunque los festejos comienzan el 5 de diciembre por la noche. Este santo fue un obispo cristiano del s. IV, hijo de un zapatero, que predicó en la antigua Anatolia (Turquía) y participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas arrianas. Tras la conquista musulmana, sus restos fueron conducidos a la ciudad italiana de Bari para preservarlos. Este santo es considerado liberador de los presos, conversor de ladrones, protector contra los robos, abogado de los oprimidos y de quienes afrontan juicios injustos, consuelo de aquellos que están afligidos y tienen mala salud, amparo de los pobres y necesitados, guía de los peregrinos, protector de los niños y estudiantes, así como aliento de las muchachas solteras que desean encontrar marido. Es decir, representa una inversión de los dominios de Saturno en la astrología tradicional, tratando de enmascarar su esencia original. Esta figura es la que daría origen a Papá Noel o Santa Claus, aunque su cara oscura estaría representada por el Krampus. En la mitología vasca, esta parte siniestra estaría personificada por la versión primitiva del Olentzero: un gentil o gigante con la cara negra de hollín, que llevaba un saco, portaba una escoba de brezo o árgoma para fustigar a los niños traviesos y usaba una hoz para cortar las cabezas de aquellos que habían sido muy malos.

En Euskal Herria, se conocía este día como la “fiesta de los obispillos” y se daba descanso a los niños en la escuela, ya que antiguamente se consideraba que San Nicolás era el patrón de los estudiantes. También era una buena excusa para que éstos no fueran al colegio en uno de los momentos más inclementes del año. Entonces los niños tenían la costumbre de disfrazar a un compañero de obispo, con el hábito y los ornamentos propios de su rango, a quien luego honraban jocosamente hasta el 28 de diciembre (Día de los Santos Inocentes). Según los registros más antiguos que se han encontrado, esta tradición se remonta a la Edad Media y estuvo sujeta a diversas prohibiciones en distintos lugares, porque se consideraba irreverente usurpar un cargo eclesiástico y mofarse de él. Incluso en el interior de los templos se llegaron a organizar parodias burlescas con apoyo de personal laico al estilo de los carnavales. Esto disgustó especialmente a las autoridades.

Según nos informa José Dueso, los obispillos guipuzcoanos eran niños de menos de 7 años, mientras que los navarros eran de mayor edad. Por ejemplo, en Garisoain elegían a un muchacho entre 9 y 14 años con las cartas de una baraja, seleccionando a aquel que tuviera el As de Oros. Habitualmente, los mozuelos solían ir de casa en casa haciendo teatrillo y con el dinero que conseguían compraban un gallo que asaban el día de la Purísima Concepción (8 de diciembre). Antes de comerlo, lo colgaban en la puerta de la iglesia y cada uno simulaba matarlo con una espada de madera mientras permanecían con los ojos vendados. Antiguamente, parece que sí que sacrificaban al gallo de esta manera con una espada de verdad, al estilo del “Ollasko-jokua” (juego del gallo). En Álava esta fiesta se suscribía al área de Salvatierra. A continuación, se expone una de las letrillas que se han conservado: “San Nicolás Coronado, es Obispo muy honrado/ si nos dan o no nos dan/ las gallinitas lo pagarán”. En lugares como Kampetzu, Arraia, Aramaiona, Laminoria o el Valle de Arán se trasladaba esta representación teatral a la época de Carnaval.

Esta tradición perduró con bastante arraigo hasta hace relativo poco tiempo en algunos lugares de Navarra y Álava. En localidades como Arrasate y Segura (Guipúzcoa) se está tratando de recuperar con un formato más moderno. Normalmente se escoge a un niño de menos de 6 años, se le viste de obispo y junto a sus amigos va a buscar el “bolo-bolo”, es decir, caramelos y frutos secos.

Seguidamente, pasaremos a analizar las celebraciones en torno a dos figuras femeninas: Santa Bárbara y Santa Lucía.

Santa Bárbara fue una virgen mártir del s.III, cuya festividad se celebra el 4 de diciembre. Su familia era pagana y quería casarla, pero ella se negó y anunció su conversión al cristiano. Su padre estuvo a punto de sacrificarla, pero ella consiguió huir y ocultarse en una misteriosa cueva en una montaña. Finalmente la encontraron y su condena consistió en ser atada al potro y flagelada para luego ser colocada en una cama de trozos de cerámica cortante hasta ser desgarrada por rastrillos de hierro y quemada con barras metálicas incandescentes. De ahí que se haya convertido en patrona de los mineros, herreros, artilleros y canteros, así como abogada contra las calamidades (especialmente de que cayera un rayo y quemase la casa o taller). De todos modos, su advocación estaba extendida entre los agricultores y leñadores, quienes se santiguaban y se encomendaban a la santa diciendo: “Santa Bárbara bendita, protégenos del trueno y la tormenta”.

Se la suele representar entre bloques de piedra, junto a una torre o una montaña, con un manto rojo, un rayo sobre su cabeza, una espada en una mano y un cáliz en la otra. Esto nos recuerda a algunas imágenes de Mari donde aparece con un sayón rojo en una montaña o junto a una cueva, la cual puede tomar forma de rayo para viajar y que tiene tesoros de oro (cáliz). La imagen de la fortaleza nos podría remitir a su relación con la nobleza y su matrimonio con Diego López de Haro. La espada nos recordaría al arma de San Miguel en contra del dragón, su consorte mítico. Un rito asociado a la protección contra las tormentas consistía en colocar el hacha con el filo hacia arriba.

Uno de sus lugares de culto de Santa Bárbara era la Iglesia de Donibane, construida en el S.X. A ella acudían los trabajadores de las minas Usi, Meatza y Beramio. En la zona del Valle de Orozko, que también tuvo una gran relevancia como cuenca minera, se la veneró con fervor hasta que el abad de Axpuru empezó a modificar las costumbres paganas asociadas a esta santa. Otros de sus famosos templos se encuentran en la ermita de Mendikota (Zuberoa), al cual las madres llevaban a los niños a los que les costaba hablar. En Navarra son conocidas las ermitas de Lezaun y Ukar en honor a esta figura.

Finalmente, vamos a comentar el significado de Santa Lucía y las costumbres asociadas a ella. Esta santa fue una mártir siciliana que fue condenada durante la persecución de Diocleciano. Consagró su vida a Dios y, al igual que Santa Bárbara, insistió en permanecer virgen. Su madre, que estaba enferma, la intentó persuadir para que se casara con un pagano, pero ella le convenció para que fuera a la tumba de Santa Águeda a pedir su curación. Si sanaba, renunciaría al compromiso. Así sucedió, pero su prometido la denunció. Durante su arresto, trataron de violarla. Luego intentaron doblegarla con la tortura del aceite y el pez. Finalmente, según la Passio latina, le atravesaron la garganta y le sacaron los ojos. En la versión griega que relata su martirio, en cambio, se dice que ya había acudido al tribunal ciega porque la belleza de sus ojos deslumbraba a su pretendiente y ella decidió sacárselos.

De ahí que sea la abogada de las enfermedades de vista. Además, es patrona de los pobres, los ciegos, los niños enfermos, los fotógrafos, los cristaleros, los electricistas, los afiladores y las modistas. Los orígenes de su festividad se remontan al S.XVI en Suecia y Finlandia. La costumbre dicta que las hijas mayores de cada familia deben vestirse con una túnica blanca, una faja roja y colocar una corona de acebo con 7 velas sobre sus cabezas. También suelen preparar el desayuno para su familia, horneando galletas de jengibre y bollos de azafrán en forma de espiral. Asimismo, entonan canciones en la iglesia, en la escuela, en hospitales o residencias de ancianos, entrando en procesión con sus velas encendidas en la mano y en la cabeza. En las iglesias protestantes, van acompañadas de niños vestidos como estrellas.

Los paganos nórdicos consideran que Santa Lucía es una representación de Heid o Gullveig, sobrenombres con los que Freyja aparece en el Volüspa. Según el poema, la quemaron y atravesaron con lanzas pensando que era una bruja, pero ella renació tres veces y siguió viviendo. Freyja es otra de estas líderes de Cabalgatas Nocturnas y va acompañada por las Valkirias (quienes recogen las almas de los muertos en batalla) o las Dísir (hadas o diosas menores similares a las Matronae romanas), según versiones. Otros autores consideran que las niñas que encarnan a Santa Lucía representan en realidad a la diosa Sol (Sunna). En otras latitudes, estas muchachas recuerdan a las Damas Blancas.

En la tradición italiana, se la relaciona con Juno Lucina o Vesta (según autores), ya que la santa va montada sobre un asno entregando regalos a los niños bondadosos (que se han preocupado de dejar una ofrenda para ella) y tirando brasas en los ojos de aquellos que se han portado mal o se quedan despiertos para verla llegar (al igual que la Befana o ciertas entidades feéricas, evita ser descubierta). En el caso vasco, estaría más cerca de la figura de Amilamia, la más hermosa y bondadosa de todas las lamias, o directamente de Mari como Reina del mundo feérico con su corte de seguidoras. Igualmente, no podemos obviar la conexión mencionada con Santa Águeda, portadora de la luz y protectora de los niños, a la cual se asocia esta costumbre de encender velas y cantar canciones en comunidad. Así pues, esta tradición solsticial pasaría a celebrarse durante el mes de febrero como conmemoración del retorno del sol y la reactivación del ciclo natural.

Dentro de la geografía vasca, la única costumbre señalada durante el 13 de diciembre es la feria de Santa Lucía en las localidades guipuzcoanas de Urretxu y Zumarraga, que se celebraba antiguamente cerca de la ermita de Ezkio. Además de los típicos tenderetes navideños, se exponen los productos de la comarca, así como ropa, calzado, herramientas y maquinaria. A esto hay que sumar la venta de ganado caballar. Recordemos que en el artículo anterior dedicado a los Oihulariak mencionamos al caballo como animal totémico y espíritu autóctono (Irelu) que sirve como mensajero entre vivos y muertos, además de estar asociado a la protección y la fertilización del grano que brotará en primavera. Asimismo, existen concursos de capones, luchando las compradoras por encontrar el mejor precio para la cena de Navidad. El único elemento que se comparte con el resto del Europa son los coros, en este caso, integrados por modistillas que entonan canciones populares siguiendo la melodía de la trikitixa (instrumento vasco similar a un acordeón).

 

— Para la construcción de este artículo, además del libro de “El calendario tradicional vasco” de José Dueso, se ha consultado el “Diccionario Akal de mitología universal” de Giuseppina Sechi Mestica, el libro “The Winter Solstice” de John Mathews, el blog “Una de romanos” (WordPress) y los artículos sobre Yule de la página de Gotland Forn Sed.

 

  • La imagen de portada es un cuadro de Santa Lucía pintado por Francisco del Cossa.
  • La primera fotografía se titula Krampuslauf Perchten München y pertenece a @ Christkindlmarkt.
  • La segunda ilustración es una representación de la diosa Holda y es obra de Hello Heydrich.
  • La tercera fotografía corresponde al baile de Gigantes y Cabezudos de San Saturnino en Pamplona y pertenece a Iñigo Alzugaray.
  • La cuarta imagen es el Olentzero de Estella sacada de la Revista Calle Mayor (2016)
  • La quinta ilustración se titula Boy bishop y se ha extraído de Wikipedia.
  • La sexta imagen es una representación de Santa Bárbara que podéis encontrar en la siguiente web: https://www.el-carabobeno.com/dia-santa-barbara/
  • La séptima fotografía es una imagen de un vídeo de YouTube sobre las tradiciones de Santa Lucía en Suecia: https://www.youtube.com/watch?v=UJS0w5BGRCI
  • La última ilustración es una panorámica de la Feria de Santa Lucía en Zumárraga de la web de EITB (Televisión vasca).

 

Udazken koloretan

Septiembre representa el final o culminación del verano dentro del calendario tradicional vasco (Udazken o Udagoieneko), o lo que nosotros conocemos ahora como inicio del otoño (Buruila). Popularmente se concibe como una época corta y plácida (Urriaro) donde los días son cada vez más breves y los últimos verdores de la vegetación (Larrazken) se apagan, dando paso progresivamente a hermosas estampas de tonos dorados, pardos y cobrizos.

Una de las denominaciones de septiembre es Uraila o mes del agua (o Garoila, haciendo referencia al rocío), aunque este año está siendo especialmente seco y no tendría demasiado sentido aferrarse a dicha terminología. Antiguamente, la humedad de las lluvias propiciaba el esplendor de los helechos y, por ello, septiembre es conocido como Iraila (mes del helecho). Muchos aldeanos, especialmente en la zona del Duranguesado y en los Pirineos, recogían esta planta para fabricar “camas” para el ganado, usarla como combustible o utilizarla como elemento para los abonos por sus propiedades remineralizantes. Por su parte, los/as herboleros/as, también la recolectaban durante la luna nueva de septiembre para tratar dolores reumáticos, problemas articulares, hernias inguinales y frenar las hemorragias de las heridas. Asimismo, puede usarse como diurético y para tratar trastornos hepáticos. En el Valle de Ollo existe la costumbre de quemar helechos recogidos en San Juan para purificar la casa y prevenir toda enfermedad.

En mi caso, como resido en la Ribera del Ebro, estas tradiciones no forman parte del imaginario colectivo del territorio. Esta zona se caracteriza por sus viñedos y la calidad de sus vinos, así que la vendimia y sus festividades báquicas, son sus principales elementos folklóricos distintivos. Concretamente, en Logroño, aunque ya nos salimos de las fronteras legales del País Vasco y Navarra, en el Equinoccio de Otoño se hace el pisado de la uva y se le ofrece el primer mosto a la Virgen de Valvanera, una antigua advocación mariana (s.XI) que fue encontrada en el interior de un roble del Valle de las Venas (renombrado posteriormente como Valle de la Venia o del Perdón). Este frondoso lugar destaca por la abundancia de los arroyos que riegan las laderas y que semejan los vasos sanguíneos de la Madre Tierra. Algunos autores apuntan a que el nombre de Valvanera provendría de “Luna Vera” (Luna verdadera), haciendo referencia a la palidez del rostro de la imagen original que se asociaría a dicho cuerpo celeste. La presencia de plata y gemas azuladas en su santuario refuerza su vinculación con la luna. Otros consideran que Valvanera es una representación venusina de una deidad prerromana más arcaica cuyo nombre se ha perdido y que tendría una relación directa con la fertilidad y la sanación, ya que junto al viejo roble hay una fuente natural a la cual se acude para beber o recoger agua con fines curativos.

Sea como fuere, Valvanera no es la única representación de Diosas convertidas en Vírgenes cristianas. Otra de las imágenes a destacar sería la Virgen del Romero de Cascante (Navarra), la cual se apareció tres veces a un pastor sobre un romero (al estilo de las manifestaciones de Mari en muchas de las leyendas populares). El romero es una de las plantas más utilizadas en la medicina popular, especialmente en forma de alcohol o aceite, para el tratamiento de contracturas, inflamaciones y problemas articulares, así como trastornos respiratorios y circulatorios. Adicionalmente, es un gran reconstituyente y ayuda a fortalecer el cuerpo. En muchos hogares, principalmente de la geografía navarra, se solía colgar (y aún se cuelga) un hatillo de romero sobre el dintel de la puerta o encima de las ventanas para ahuyentar, no solo a los mosquitos, sino también todo tipo de mal.

En localidades como Durango (Vizcaya) o Mutiloa (Guipúzcoa), se rinde culto a Andra Mari (Señora Mari) en forma de virgen.  El día de la Natividad (8 de septiembre) se ofrece una misa y luego se celebra una romería. Las mujeres encienden lámparas de aceite, cirios y rollos de cera virgen con la intención de alejar las pesadillas de sus hijos/as. Asimismo, se le suele ofrendar gran cantidad de huevos e incluso gallinas. Tanto ese día, como a lo largo de todo el año, las mujeres acuden para pedir por la salud de sus pequeños, lograr un buen parto o que se les conceda la dicha de tener descendencia.

Aunque todas estas tradiciones me resultan afines porque las he vivido de cerca (sustituyendo el romero por albahaca y los huevos por dulces), debo confesar que, en mi casa, ha tenido más relevancia que mi tía preferida cumpla años en esta fecha (supongo que esto tampoco fue accidental, conociendo a nuestra Dama). Recuerdo que, en estos días de fiestas septembrinas, nos juntábamos toda la familia a comer en casa de mi abuela y ella cocinaba pierna de cordero (antigua ofrenda a Mari). También amasábamos juntas “hojas de parra”, unas tortas crujientes en forma de hoja que llevan huevos, leche, aceite, azúcar, harina y anís. Otros de los dulces típicos de esta época son las conservas de melocotón y pera en almíbar, las mermeladas de frutos de temporada (melocotón, ciruela, moras), las manzanas asadas y las garrapiñadas. No podría contar la cantidad de horas que he pasado con mi “amona” a lo largo de mi infancia y adolescencia llenando botes de conserva y pelando “almendrucos” sobre un tocón de madera. A veces me daba la propina por ayudarla, a pesar de que mi auténtica recompensa era su compañía y sabiduría.

La verdad es que nunca fui demasiado fan de la vendimia, aunque luego me pusiera “morada” de uva moscatel cuando mis tíos la recogían. La verdadera esencia del otoño para mí se encontraba y aún permanece en la sacralidad alquímica de la cocina. El otoño empezaba realmente cuando mi abuela encendía el horno de leña con troncos viejos, sarmientos y cáscaras de frutos secos y nos dedicábamos a recoger los frutos de la cosecha para transformarlos en nuevos alimentos mientras emanaban de sus labios las viejas historias. También era el momento en que limpiaba y acondicionaba con especial esmero la capilla familiar para que estuviera convenientemente preparada para el Día de Todos los Santos, pues los antepasados han sido siempre un elemento esencial en el culto privado de mi familia. Siempre la acompañaba al cementerio para estos menesteres y observaba con detenimiento cada detalle, pues había cosas que no podía hacer porque solo corresponden a la Etxekoandre de la familia. La esencia y las formas principales de aquellos ritos son las que he ido incorporando en mi propia práctica espiritual, aunque obviamente he introducido otros elementos que han surgido de la interacción personal con los Etxekojaunak y de la investigación aplicada del folklore de mi tierra.

El otoño para mí representa, igualmente, un periodo de acontecimientos drásticos, transformadores y normalmente dolorosos: la cesión o matanza de animales a los que había cuidado durante el verano; el abandono de las libertades, el comunitarismo y el espíritu salvaje del pueblo; el alejamiento o pérdida de algunas amistades que cambiaban de clase, centro o vivienda; el divorcio de mis padres; el fallecimiento de seres queridos;  la inestabilidad de la falta de empleo o la adaptación laboral a un nuevo centro docente o grupo de alumnos; las mudanzas; la iniciación a mi tradición.

La entrada de los espíritus de la corte oscura (o Caza Salvaje) suele manifestarse en forma de sacudidas, derrumbes, accidentes, pérdidas significativas, renuncias y sacrificios. Esta es su manera de reestablecer un nuevo orden nacido del caos y el desgobierno, de obligarte a prescindir de la cómoda piel a la que te habías acostumbrado para otorgarte otra más resistente a las inclemencias y penurias del invierno. La superación del miedo, la inseguridad, la ansiedad y la melancolía que conlleva el desapego de nuestro viejo “Yo” y de todo lo ligado a él es la prueba a superar o el precio a pagar para obtener ciertos aprendizajes, regalos o dones que solo ellos pueden entregarte. Por mucho que sea algo asumido, no deja de resultar difícil, porque los seres humanos solemos resistirnos a los cambios y a aquello que se escapa de nuestra comprensión o control. Enfrentarnos al duelo de una muerte física, emocional, simbólica o espiritual es algo atávico que despierta toda una serie de mecanismos asociados a la Sombra y a los temores que surgen de la interacción con las diferentes realidades del Mundo Inferior.

Tal y como escribió Jung en su Libro Rojo, “puedes llamarnos símbolos, pero somos tan reales como tus semejantes, […] somos lo que tú consideras real”. Y creedme, los poderes a los que sirvo son algo más que conciencias arcanas que pueblan el inconsciente colectivo de una cultura autóctona. Están muy vivos y más despiertos que nunca, como hemos podido comprobar con los últimos desastres naturales. Su forma de manifestar su tremendo descontento con el despreciable trato mayoritario que le da el género humano ha sido activando el potencial destructor de los cuatro elementos a nivel planetario: huracanes (aire); erupción solar e incendios (fuego); terremotos (tierra); lluvias torrenciales, inundaciones y tsunami (agua). A nivel local, las olas de calor generalizadas, las sequías en la parte del sur y las últimas tormentas en las zonas de montaña también han sido notables. Incluso tenemos nieve en algunos puntos del Pirineo.

Durante este ciclo, los acontecimientos se han precipitado de forma inevitable, anticipando la llegada de lo que se atisba como un largo y duro invierno. Mis sueños y vuelos nocturnos me conducen a lugares cada vez más oscuros e inquietantes.  Mi percepción de los últimos eventos me hace pensar que nos están poniendo a prueba, se está exigiendo la asunción de compromisos más firmes y la entrega de desgarradores sacrificios.

En mi caso, hace un año que salí de la protección de mi cubil y di el paso de visibilizar mi “pata de ánade”, mostrando públicamente esa faceta brujeril y oracular que había sido un secreto y un tabú en muchos espacios sociales. No podía ni quería esconder más algo que me convierte en quien soy a todos los niveles, pues mi espiritualidad es algo que me he esforzado en llevar a la práctica en casi todo lo que hago en mi día a día, tratando de honrar la memoria de mis antepasados y a los espíritus del territorio que me entregaron su bendición. Tal y como juré en la cima de Urkiola hace 9 años, he recogido la antorcha de la tradición, he alimentado su fuego y estoy difundiendo su esencia, asumiendo paulatinamente los compromisos como heredera de un legado familiar que había permanecido oculto, esperando a la persona que tuviese la valentía de rescatar ese tesoro.

La mujer que ahora escribe estas letras dista mucho de aquella muchacha soñadora e ingenua que se echó al monte una lluviosa mañana y será muy distinta de la que quizás conozcáis en el futuro como representante de su propia Etxea. Solo espero poder cumplir con las exigencias de ese cargo y rol con la honestidad, devoción, rectitud, dignidad y aplomo suficiente. El proceso de preparación a menudo es confuso y tortuoso, ya que el sendero a seguir es torcido y con indicaciones que a veces resultan difíciles de descifrar. Incluso te encuentras sin guía en algunos puntos del camino y no te queda otra que confiar en tu propia intuición y en ciertas sensaciones subjetivas, pues los misterios han de ser desvelados y revelados. Tus mayores o tus iguales no pueden explicártelos, por mucho que quieran. La experiencia de cada practicante es única y los obstáculos a superar son diferentes para cada individuo.

En estos últimos meses me he ido encargando de realizar la mayoría de devociones semanales y mensuales,  me he ocupado de gran parte de la organización y desarrollo de las celebraciones estacionales con sus correspondientes costumbres, he tomado un papel mucho más activo en los ritos de paso (funerales, cuidado de las almas que cruzan al otro lado, protección de las nuevas madres y bebés de la familia, casamientos), he profundizado en mis conocimientos de herbalismo y sanación y he intensificado mi relación con los espíritus de la “casa madre” para propiciar un tránsito más fluido en la renovación de los pactos cuando corresponda. No puedo describir lo desgastante que puede resultar a nivel energético y emocional, ni todos los ajustes que he tenido que ir haciendo, comenzando desde mis hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, pasando por la gestión cotidiana del hogar hasta las interacciones con mis familiares, amistades, vecinos y conocidos.

Un aspecto que me ha resultado más difícil de lo esperado es pasar a tener un rol más destacado dentro de la comunidad. El hecho de sentir que la gente de mi alrededor me empezaba a frecuentar y me frecuenta cada vez más para compartir sus intimidades (aunque apenas tengamos trato o ni siquiera nos conozcamos), pedirme consejo o asistencia o solicitarme que interceda o medie en asuntos familiares o vecinales ha llegado a resultar un poco agobiante por la toma de conciencia y responsabilidad sobre la resonancia que tienen tus palabras, actos, omisiones o faltas. Tu entorno te observa con un ojo más crítico y empieza a esperar cosas de ti que antes no te correspondía asumir. Hay momentos en que me siento como la llama de una vela que congrega la presencia de seres visibles e invisibles con una intensidad inusitada. Otras veces, me percibo como un renacuajo que aún no se ha convertido en rana, alternando entre la tierra y el agua, sin encontrar un verdadero asiento en ninguno de ambos espacios.

En este ciclo que comienza me corresponde finalizar esta preparación y empezar a asentar las bases para refundar la Etxea, probablemente en un nuevo territorio que ya llevo unos meses explorando y con el cual me estoy sintonizando para que, cuando llegue el momento de dar el triple salto mortal sin red, lo esencial esté bien dispuesto. Eso va a implicar dejar atrás muchas cosas e invertir más cantidad de energía en mi persona y en todo aquello que no se ve de puertas para afuera. No sé de qué manera afectará eso a la trayectoria de este proyecto. Mi intención es seguir contribuyendo a la difusión de los aspectos culturales y folclóricos de la tradición, así como a la construcción de puentes que lleven a una reconciliación entre la realidad objetiva y subjetiva. Espero que, con vuestras sugerencias y apoyo, sea más llevadero el viaje.

Para acabar, os dejo con la letra de la canción “Udazken koloretan” de Benito Lertxundi, deseándoos un feliz equinoccio de otoño y una próspera cosecha.

En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti.


A la sombra del árbol desnudo,
amarillenta y rojiza
yace la hojarasca; todo duerme.


Recojo una hoja, es tan simple como bella,
tan sencilla al morir,
parece aún poseer toda la vitalidad del árbol.


Tanta dignidad al caer
me impulsa a cantarte.
De nuevo contemplo el árbol;
¿estará preocupado…?,
se diría que dibuja la sonrisa de la eternidad
en la bondad de su libre transcurrir.


Y parece burlarse
de los sueños cultivados
en las entrañas del tiempo que me esclaviza.


En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti,
tan sencillo al morir,
tan simple al irte sin un adiós.

 

 

  • La imagen de la Virgen de Valvanera se ha extraído de: https://lariojaturismo.com/comunidad/larioja/recurso/monasterio-de-nuestra-seora-de-valvanera/b4bd993d-c181-487f-87d4-7fdba2a21059
  • La fotografía de la Virgen del Romero puede encontrarse en esta página: http://turismo.navarra.com/item/basilica-de-nuestra-senora-del-romero-de-cascante/
  • La imagen de la Santa María de Uribarri (Durango) se ha obtenido del siguiente blog: https://bizidun.wordpress.com/2016/12/15/el-retablo-de-la-basilica-de-santa-maria-de-uribarri-en-durango/
  • La ilustración de “The Witches Rout” es obra de Marcantonio Raimondi y Agostino Veneziano y ha sido tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_Witches_Rout_(Lo_Stregozzo),_by_Marcantonio_Raimondi_and_Agostino_Veneziano,_engraving_-_National_Museum_of_Western_Art,_Tokyo_-_DSC08256.JPG
  • La imagen de la pata de oca se ha extraído de: www.caymonproyectos.es/images/Pata-oca.jpg
  • La ilustración del sapo entre dos ratas se encuentra en: http://personal.rhul.ac.uk/uhle/001/degheyn.htm

 

Udako Solstizioa, San Juan bezpera eta Donibane gaua

Tras unos meses de ausencia por compromisos profesionales y circunstancias personales diversas, este blog retoma su camino con nuevos desafíos para esta hija de Mari, tanto dentro como fuera de su Etxea.

Imbuida por la fuerza del resurgir del astro rey, quisiera aprovechar este momento del ciclo anual para revisar las tradiciones vasco-navarras vinculadas al Solsticio de Verano, que el cristianismo reinterpretó y trasladó a la famosa festividad de San Juan.

El Solsticio de Verano representa uno de los eventos folclóricos y mágicos más importantes dentro del calendario de distintos pueblos europeos y de la rueda del año en las distintas tradiciones paganas y de brujería. Como ya expliqué en la sesión de preguntas y respuestas que organicé en el mes de diciembre (disponible en Youtube), el antiguo calendario tradicional vasco subdividía en dos períodos el ciclo anual: Negu (invierno) y Uda (verano). El Solsticio de Verano, “Izkiota” o “Udako Solstizioa” representa el momento en el que el sol pasa por el Trópico de Cáncer al norte del ecuador y el eje de la tierra alcanza su máxima inclinación respecto al sol, teniendo lugar el día más largo y la noche más corta del año. Es decir, es el momento de mayor auge y resplandor del sol, que en la mitología vasca es personificado en la figura de Eguzki, la hija menor de Amalur (la Madre Tierra).

El verano para los vascos era un período de florecimiento, plenitud y poder; el momento en el que el mundo vegetal alcanzaba su culminación y el reino animal gozaba de una mayor abundancia y fertilidad. Además de asociarse a Eguzki y al fuego como elemento representativo de su fuerza, también se vinculaba al dragón Heresunge y a Hegoi, el viento del sur. Otras correspondencias que cabría señalar en relación a este festival serían: el oro como metal que simboliza el sol; el trigo y la cebada como cereales que maduran gracias al fulgor solar (junio era denominado “garagarrilla”, “garagarzaora” o “baguilla”, mes de la cebada, así como “ebaikilla” o mes de la siega); frutas como las manzanas y las peras amarillas (concretamente hay una variedad que recibe el nombre de “manzanitas” y “peritas de San Juan”); flores solares como el eguzkilore (carlina acaulis), los girasoles, las margaritas (también conocidas como San Juan loreak o flores de San Juan), el hipérico (o hierba de San Juan) o el diente de león; la luna llena como momento de plenitud y regocijo de Ilargi, la hermana de Eguzki; la entrada a la edad adulta, con sus correspondientes ritos de paso, entre los que destacaríamos la iniciación en la sexualidad y los misterios amorosos, así como el matrimonio como unión sagrada (hiero gamos) y la creación de vida a través de la fusión energética de ambas polaridades.

El Solsticio de Verano, además de ser un momento de revitalización y renovación, es también un período de purificación a través de dos elementos principales: fuego y agua. Al igual que en otros lugares de la Península y de Europa, se tiene la costumbre de encender hogueras y festejar alrededor de ellas, quemar cosas viejas o aquello de lo cual deseemos deshacernos y también saltar por encima del fuego con el objetivo de desprenderse de todo mal (enfermedades, plagas, negatividad, desgracias, potencias maléficas sobrenaturales…) e impregnarse de su fuerza.  A la hora de saltar esas hogueras, en algunas localidades se toca el cuerno (“adarra jo”) o se dice: “San Juan, San Juan berde, artua eta garixa gorde, txantxikuak eta sapuak erre, biba San Juan Berde!” (San Juan, San Juan verde, guarda el maíz y el trigo, quema las ranas y los sapos, ¡viva San Juan Verde). En pueblos como Luzaide o Valcarlos, se cantan letrillas como: “San Juan heldu da! Sorginbeldura galdu da! Galdu bada, galdaila,ager ez daila sekula! (¡Ya llega San Juan! ¡Hemos perdido el miedo a las brujas! ¡Si se ha perdido, que se pierda, que no aparezca nunca! En villas como Bera se entona: “Onak barenak; gaixtoak kanpora!” (¡Los buenos, adentro; los malos, afuera!).

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En el caso vasco, una particularidad a destacar es que este fuego sagrado se enciende con zarzas o ramas de brezo (cortadas con hoz o guadaña), a las cuales se pueden añadir hojas de laurel bendecidas el Domingo de Ramos anterior, los ramos confeccionados en el San Juan del año pasado o las hierbas bendecidas durante la mañana de San Juan (“Belaronak”) que no se hayan utilizado durante ese ciclo. En algunas localidades, se prenden estas hogueras con viejos espantapájaros con la intención de ahuyentar a culebras, sapos, comadrejas y otras alimañas. Antiguamente, también se usaba la paja de jergones sobre las que hubiese descansado un enfermo o un difunto reciente a fin de disfrutar de una buena salud y alejar a la muerte. En otras villas como Mundaka se tiene por costumbre quemar un muñeco en forma de vieja repelente, montada sobre un palo de escoba, con un búho (“Mosolo”) situado en la punta y un gato (“Katobaltz”) a la altura de los riñones, conocida como “La bruja de San Juan”, ya que la creencia en personas con poderes sobrenaturales todavía sigue arraigada.  En algunos pueblos de Gipuzkoa se corre con unos haces de trigo encendidos con el fuego de San Juan, llamados “garizuzi”, con el objetivo de proteger las cosechas. Otro aspecto a destacar es que estos fuegos se encendían habitualmente en cruces de caminos a la medianoche (tiempo de Gaueko) y a veces eran asperjados con agua sacada de un manantial que fuera considerado sagrado o con agua bendita, en su defecto. Tras apagarse el fuego, se recogían las brasas para usarlas en remedios naturales y fabricar “kuttunak” (amuletos).

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El agua, como he anticipado, es igualmente un componente de purificación y sanación muy importante en estas fechas. En muchos lugares de la geografía vasco-navarra se acude a ciertos ríos, manantiales, fuentes a lavarse o beber agua. En las zonas costeras, se va al mar. Algunos de los lugares más visitados son: las orillas del Zadorra (Álava), el manantial de agua salada junto al río Ega (Estella), las orillas del río Salazar (Pirineo Navarro), la fuente de Iturrioz (Hernio, Gipuzkoa), la fuente de Iturrigorri (Bilbao), el manantial de San Valerio (Oñate, Gipuzkoa), la fuente de Santa Marina (entre Isasondo y Zarautz),  la fuente de Sanjuaniturri (Aranaz, Baztán), la fuente de “Saniturri” (Beorburu), las aguas sulfurosas de “Urbedeinkatu” (entre Olazogutia y Ziordia), la fuente de Batueko (Ziordia, Navarra), la fuente de “Angiliturri” (Anocibar, Navarra), las fuentes de Dama-Iturri e Iturri-Santu (Betelu, Navarra) y el manantial de San Juan Zar (Igantzi, Navarra).

La fuente de Igantzi es un lugar de peregrinación destacado para curar problemas de la piel. Esta zona actualmente es una reserva de una especie protegida, el Carpe o Carpinus betelus, que se usa como astringente en la medicina natural local. No obstante, la gente acude al lugar porque existe una cueva asociada a una antigua leyenda, que ha sido convertida en una ermita en honor a San Juan, aunque se cuenta que antes vivió allí el Basajaun. Es más, en la gruta hay una estatua que unos veneran como la imagen de San Juan y otros del Basajaun, a la cual se le ponen velas o flores y se le llevan exvotos. Las historias populares narran que un pastor llamado Juantxo, que tenía una mujer afectada por una enfermedad grave de la piel, vagaba melancólico por los alrededores de la cueva con sus ovejas. De pronto, se le apareció una lamia que le dijo: “Moja un trapo en las tres fuentes, pásaselo a tu mujer por el cuerpo y deja el trapo a secar. Cuando se seque, tu mujer habrá sanado”. Juantxo humedeció el paño con las aguas que manan de debajo de la cueva.  Y su esposa se curó tal y como le aseguró la mágica criatura. Tan emocionado estaba el pastor por lo acontecido que contó el secreto a todo el pueblo, quebrando la condición que ella había impuesto. La lamia, como castigo, lo convirtió en piedra cuando regresó a la caverna. Hoy en día se replica un ritual similar al sugerido por la lamia. Tras beber tres tragos de agua del manantial (uno de cada caño), se moja un paño en la fuente y se aplica sobre las zonas afectadas. Después se deja el paño sobre unas zarzas hasta que se seque y seguidamente el párroco quema el trapo. Otras personas, no obstante, encuentran beneficios si caminan descalzos por el agua del canal o del río cercano.

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Existe otra cueva en Errazu (Valle del Baztán) donde se alza una estalactita retorcida de color verde brillante, en forma de reptil, que los lugareños denominan “Arpeko-Saintu” (el santo de la cueva), de la cual emanan gotas de agua a las que se atribuyen grandes poderes terapéuticos contra el herpes y otros males. El ritual que se sigue es besar la piedra calcárea y rezar un rosario, dejando algún exvoto como agradecimiento.

Otras fuentes como las de “Sanjuaniturri”, “Saniturri” o “Urbeinkatu” tenían fama de proporcionar remedio contra la sarna, además de sanar otros males de la piel. La costumbre marcaba que debían bañarse a la luz de la luna para obtener dicha curación. En el caso de la fuente de “Angiliturri”, los vecinos se lavaban tanto la cara como el cuerpo y dejaban unas monedas como pago que nadie debía coger.

Por su parte, el manantial de San Valerio ha ganado su reconocimiento porque las mujeres acudían a ella para lograr quedarse embarazadas. Según R.M. de Azkue, en Navarra era bastante común que las mujeres que tenían problemas para concebir se frotasen el vientre contra una de las peñas que protegían este tipo de fuentes y bebían de sus aguas, buscando la fertilidad.

En el caso de no encontrar río o charca donde lavarse, se podría realizar esta purificación por agua utilizando el rocío de la mañana de San Juan (lo que se conoce como “coger la rociada”). En lugares como, Larraun, Amezkoa, Valcarlos, Salazar y ciertos puntos de Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa Behera se mantiene la costumbre de revolcarse desnudo/a por la hierba humedecida de los campos, ya que de esta forma se asegura la salud para todo el año y también se cree que se embellece el cuerpo. En cambio, en el valle de Oskotz se considera más apropiado andar descalzo o desnudo por los trigales, recogiendo ese rocío al pasar.

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Otra costumbre bastante extendida es sacar las mantas al raso y dejar que se impregnasen del rocío de la mañana de San Juan para evitar que las polillas se comiesen los tejidos.

El agua nos lleva a indagar inevitablemente en las reminiscencias de antiguos cultos vegetales, latentes en nuestro territorio. El primero que cabría citar es la permanencia de la veneración a los árboles, que está presente tanto en las festividades de mayo como en las celebraciones solsticiales. Durante la Noche de San Juan, en localidades como Bera, Agurain, Igantzi, Oiartzun, Ataun, Zegama, Lesaka o Bortziri se planta el tronco de un gran “txopo” o álamo blanco (Populus alba) como símbolo de fertilidad y se danza alrededor de él. En algunas ocasiones, el tronco es adornado con diversos elementos (principalmente cintas), coronando el extremo superior con una bandera, una prenda, un muñeco o un obsequio. A veces, el tronco es embadurnado con sebo o algún tipo de grasa, pidiendo a los jóvenes que trepen hasta la parte superior para alcanzar el premio. En los pueblos situados en las montañas navarras y en los Pirineos, se sustituye el álamo por el roble. Por ejemplo, en Lobea de Onsella y otros lugares de la muga navarra, se rajan a hachazos tantos robles como enfermos acudan al rito, haciendo una gran hoguera con los restos. Después los enfermos duermen en el bosque y pueden llevarse parte de las cenizas. En algunos puntos aislados del Pirineo como Luchon, en el Valle de Barousse, existe la tradición del “brandon” que consiste en prender grandes estacas de roble. En algunos pueblos de la Ribera del Ebro se usan, en su lugar, alberchigales, mientras que en la frontera con Aragón se emplean encinos. En Corella, como en algunos lugares de Alemania, se opta por el cerezo.

Otra tradición muy extendida por toda la geografía vasco-navarra es la confección de ramos (“zamak”, “erramue”, “erramilletia”) o enramadas, las cuales son colocadas en puertas y ventanas (a veces también en los tejados o en los campos). En muchos pueblos de Gipuzkoa (Amezketa, Idiazabal, Ursuaran), Bizkaia (Gorozika), el Valle del Baztán, Amezkoa y muchos puntos de Larraun, se hacen ramos o cruces de fresno y espino blanco. En algunas localidades de Larraun y Zuberoa, sin embargo, se sustituye el fresno por serbal blanco y en Arrayoz se cambia el fresno por ramas de nogal, añadiendo como tercer elemento el helecho. En algunas villas de Gipuzkoa (Zestoa, Arroa), se mezclan las ramas de fresno con flores. En Oiz de Santesteban (Navarra) las mujeres llevan a bendecir a la iglesia cruces de laurel y avellano; en Markina (Bizkaia), se hacían ramos de laurel y espadaña (typha latiforia); en Izpazter (Bizkaia), se fabrican con laurel y “helecho de los truenos” (también conocido como “trumoiera”). Otras combinaciones más complejas incluyen espino, fresno, hipérico, artemisa y margaritas; espino, fresno, hinojo, hierbabuena, margaritas, saúco y rosal; romero, hinojo, nogal, malva, margaritas, ajenjo, malvavisco, hipérico y bohordo (o junco de la espadaña), mezcla a la que se podía añadir rosas, lirios y azucenas.

El helecho es una de las plantas más mágicas y curiosas de la cornisa cantábrica y los Pirineos. En Igantzi (Navarra) se dice que el helecho florece cuando tocan las campanas la medianoche de San Juan, momento que aprovechan las brujas para recoger los granos (las esporas, en realidad) para fertilizarlos y poder preparar sus hechizos y pócimas. Curiosamente, encontramos también estas batallas nocturnas por el grano en Francia e Italia, aunque acontecen durante la época oscura del año. En obras literarias como “La Celestina” de Fernando de Rojas o “La obra del pecador” de Bartolomé Aparicio aparecen referencias claras al uso popular del helecho con fines mágicos por estas fechas (momento en el que florece o grana), de las que me gustaría rescatar la siguiente frase: “Que dos doblones han hecho más hechizos que el helecho conjurado por San Juan”. Dada la asociación del helecho con la brujería, aunque se utiliza también con fines medicinales, en algunos pueblos navarros, especialmente de la zona de Larraun, a veces los vecinos salían a los campos a destruir estas plantas. Según la creencia popular, para evitar que el helecho nazca en los prados, hay que romperlo a estacazos un poco antes de la medianoche de San Juan. No obstante, en Varcarlos, Amezkoa o Aya, cuando se aproxima una tormenta, se queman sobre carbones o se echan al fuego plantas bendecidas en la noche de San Juan, entre ellas el helecho.

Otra planta mágica que se recoge en estas fechas es la malva, la cual debe recolectarse al rayar la mañana de San Juan, ya que de esa manera florecerá durante el Solsticio de Invierno, mostrándose la conexión entre ambos momentos del ciclo anual. La malva, junto con el espino blanco, el helecho y una variedad diminuta de margaritas se usan en la zona de Elizondo para espantar la enfermedad, el rayo y proteger el hogar. En otras localidades como Ziga se sustituyen las margaritas por rosal y, en Legutiano, por flores de saúco. Las malvas también se recogen para elaborar una pomada destinada a tratar erupciones de la piel o fabricar un enjuague contra el dolor de muelas y aliviar el sangrado de encías. En la zona del Baztán, estas flores se quemaban para alejar la enfermedad de las personas y el ganado. A veces, también se cocían flores de malva en agua para dársela de beber a los animales domésticos y protegerlos.

El saúco, más concretamente sus flores, también tiene un uso bastante extendido. En lugares como Ochagavía, se recogían estas flores al amanecer, se cocían en un caldero y se dejaban enfriar. Luego los miembros de la familia se lavaban la cara y otras partes del cuerpo si lo consideraban necesario. De esta forma se evitaba la aparición de granos y manchas en la piel durante un año. También se usaban estas flores para tratar los flemones y las paperas. El remedio consistía en quemar primero las flores sobre unos carbones, dejando que el enfermo recibiese su vaho y después se extendían sobre un pañuelo, aplicando el lienzo sobre la parte afectada antes de ir a dormir. En Oronoz, se fabricaban ramos con saúco, helecho, ramas de espino blanco, ramas de nogal, ramas de castaño en flor, rosas, margaritas y bohordos. Parte de este ramo podía quemarse durante el año para ahuyentar las tormentas o el mal. El saúco, en esta zona, también se utiliza para preparar una pomada contra los golpes, rehogando las flores picadas en aceite y aplicando el ungüento entre dos paños de lino. Asimismo, las flores de saúco se usan en rituales mortuorios. En Otazu (Álava) queman flores de saúco bendecidas el día de San Juan en la habitación de la persona recién muerta. También se emplea el saúco, junto con otras hierbas bendecidas en San Juan, para infusionar y lavar el cadáver o rellenar la almohada sobre la cual descansaba el fallecido.

La ruda es otra de las plantas solsticiales por excelencia, siendo una de las más potentes para purificarse, realizar exorcismos y protegerse de todo mal, incluyendo el de origen sobrenatural. A menudo, a la ruda se añadía hipérico y romero, especialmente para salvaguardar a los niños pequeños.

Los tréboles de cuatro hojas también son cotizados en esta época para atraer la buenas fortuna y la prosperidad. Existe una famosa canción montañesa que acompaña a su recogida y que seguramente muchos de nosotros/as hemos cantado en las verbenas de los pueblos después de un par de copas: “A coger el trébole, / el trébole, el trébole, / a coger el trébole / la noche de San Juan…”

Por su parte, la albahaca, la verbena y la valeriana se utilizan mágicamente para propósitos amorosos. También hay algunas hierbas que indican querencia del enamorado/a, mientras que otras sugieren su rechazo o indican una ruptura. A los exnovios/as se entregaban cardos borriqueros; el nogal indicaba un “te quiero” genérico; las rosas y la verbena señalaban enamoramiento; el fresno y el álamo blanco se obsequiaban a quien se amaba; las ortigas, las adelfas o las jaras indicaban desinterés o que no se encontraba atractiva a la otra persona; los ramos con sauce se entregaban a las viudas jóvenes. Si los/as mozos/as querían realmente hacer gala de su amor a su estimado/a, incluían frutas como manzanas o pera, galletas u otros dulces.

En Iturgoyen, cerca de Estella, se ha conservado un ritual de bendición a una pareja de recién casados que también pretende contribuir a la fertilidad. Al atardecer, un grupo de mujeres comienza a engalanar un carro con ramas de haya, boj y rosas, formando dos arcos. Después, dos muchachos ataviados con pieles de cabra y un cinturón con cencerros son preparados para tirar del carro como si fueran dos bueyes. A continuación, la pareja sube al carro y es transportada por todo el pueblo. Los mozos que hacen de animales de arrastre giran y sacuden el carro, intentando volcarlo. Al llegar al frontón, si la pareja ha resultado ilesa, baila una danza con los hombres-bestia. Seguidamente, se monta de nuevo en el carro y los mozos que hacen de bueyes continúan en su empeño de tirar a la pareja, subiendo por las cuestas. Finalmente, se lleva a la pareja hasta un pilón para bañarse, zambulléndose primero el hombre y luego la mujer. Después, el resto de los vecinos se acaban sumando al remojón. Este ritual no ha sido analizado aún por ningún etnógrafo conocido, pero sus elementos totémicos, tanto vegetales como animales, son reconocibles.

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Otro rito de fertilización de gran trascendencia, cuya conservación debemos agradecer a José María Satrústegui, es la danza circular de mujeres de Urdiain. En ella un grupo de mujeres, vestidas con ropajes azules, verdes y blancos, baila en corro cerrado, con las manos unidas y realizando un ligero movimiento pendular mientras recitan el siguiente conjuro para ahuyentar a los malos espíritus a fin de que estos no dañen las cosechas:

“Egun bai egun honek San Juan dirudi
ez da san Juan baina hala alunbra bedi.Goazen San Juanera gaur arratsean
etorriko gerala bihar goizean.Goazen San Juanera beduratara
berduratara eta han egotera.Joan nintzen Fraintziara etorri maiatzean
zalditxo urdinean astuaren gainean.San Juango iturriaren ondotik
zazpi iturri urre kainuetatik
zortzigarrrena metal zurietatik
zortzigarrrena metal zurietatik.San Juango iturriaren ura dago berde
amuarraitxo freskoak hantxe dirade
lemizko eskua ta gero musua
San Juango iturriaren freskua.

Jesukristoren lehengusua da
Aita San Juan Bautista
aingeruak dantzan dabiltza
dabiltza baia dabiltza
San Juanen pozean dabiltza

Andra mutur maketsa
aingeruak dantzan dabiltza
dabiltza baia dabiltza
San Juanen pozean dabiltza

San Juan garagarrilean denbora galantean
maizik eta garirik ez dagonean etxean

Orain arte behar, hemendik aurrera gari!”

 

Hoy sí parece este día de San Juan.
No es San Juan pero así sea llamado.
Vamos a san Juan hoy al atardecer
que regresaremos mañana de mañana.En la fuente de san Juan el agua es verde,
hay allí truchitas frescas.
Primero las manos y luego la cara.¡Qué fresca es el agua de la fuente de san Juan!Es primo de Jesucristo
el padre San Juan Bautista.
Los ángeles andan bailando,
baila que baila.
¡Lo hacen para agrado de san Juan!Mujer de mala cara
los ángeles andan bailando,
baila que baila.
¡Lo hacen para agrado de san Juan!¡San Juan, por junio
en tiempo bien lucido!
Cuando no hay en casa
ni maíz ni trigo.¡Hasta ahora ha sido el tiempo de la hierba, en adelante el del trigo!

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El totemismo animal, en menor medida que en los Carnavales, también conserva algunas reminiscencias en algunas representaciones y danzas del Solsticio de Verano. La primera de estas manifestaciones se localiza en Torralba (Navarra) y rememora la captura, encarcelamiento y muerte de Juan Lobo, que fue un bandido que tenía amistad con el afamado brujo de Bargota, el cual le ayudó a escapar de la ley convirtiéndolo en gato negro, según las historias populares. A este malhechor se le conoce también como “El Moro”, dando a entender que profesaba otras creencias distintas a las cristianas. Lo singular del caso es que se le representa como mitad viejo, mitad mujer; con la cara tiznada de negro (como el Olentzero en el Solsticio de Invierno); vestido con pieles y cubierto de ramas de parra. Al amanecer, sale de su escondite y los mozos de la Cofradía de San Juan le persiguen por las eras y los campos. Intentan acorralarlo, pero escapa varias veces. Finalmente lo conducen a la “Balsa de la Canal”, donde no encuentra salida, aunque se tira al agua en un intento desesperado de liberarse. Tras grandes esfuerzos, los captores lo suben amordazado a una montura y lo conducen a prisión. Después lo llevan a juicio, momento en que se dicta su sentencia en forma de versos burlescos que aluden de forma satírica a distintos acontecimientos señalados por la comunidad a lo largo del año. Por último, se dispara al aire un tiro de escopeta para dar muerte al bandolero. Tras el ajusticiamiento, se celebra la misa. El abad, como símbolo de la cofradía, sostiene una lanza de madera con punta niquelada y de la cual cuelga un pequeño estandarte carmesí con ribetes dorados. Antiguamente, el clérigo, entraba a la iglesia montado sobre un caballo y con una chaqueta militar, ya que la leyenda cuenta que fue el caballero Mosén Pedro de Mirafuentes quien atrapó a Juan Lobo en 1527, asestándole un lanzazo. La fiesta se cierra con el “Baile de la Balsa”, en la cual los mozos bailan celebrando la captura.

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El Baile de la Balsa” es una danza folklórica de carácter guerrero, creada por José Mª Iribarren, Patxi Arrarás e Ignacio Baleztena e interpretada por primera vez en 1956. Está compuesta de cuatro partes: la primera, con música del Padre Olazarán, representa la salida de los mozos para ir a luchar contra Juan Lobo; la segunda, cuya melodía se atribuye a Paco Beruete, simboliza la lucha en la que muere el bandido; la tercera parte, amenizada con música del Padre Olazarán, da paso a las mozas, rebosantes de alegría, bailando en honor de los vencedores; en la cuarta parte, bailan juntos los mozos y mozas con música autóctona de Torralba, saliendo todos de escena al compás de un pasacalles del Padre Olazarán.

La elección de una danza de carácter guerrero no es trivial, ya que se cree que el rito va más allá de la representación de un hecho histórico. Juan Lobo podría interpretarse como la figura arquetípica de un antiguo cazador de una de las tribus prerromanas autóctonas, que probablemente seguía un culto al lobo como animal totémico. Esto nos remitiría a prácticas extáticas como las de los vettones que veneraban a Vaélico o los berserkers nórdicos seguidores de Odín. También podemos encontrar un nexo con el cambio de forma (“shapeshifting” o “skinturning”) como una de las prácticas propias de la brujería tradicional, presente en distintas regiones europeas, tanto en versión vegetal como animal.

La segunda de las manifestaciones folklóricas que quisiera señalar encuentra su expresión en la Azeri-dantza de Hernani (la danza del zorro), también conocida como Maskuri-dantza. La danza la llevan a cabo 14 o 16 jóvenes que deambulan por las calles vestidos con camisa blanca y pantalón azul, sujetos por una cuerda y conducidos por un “guía”o “capitán”, portando unas pieles de zorro sobre la cabeza (a modo de máscaras) y unas grandes “putxikas” o “maskuris” (vejigas) con las que golpean a los transeúntes. La cuerda se esconde por los portales y esquinas con el propósito de intentar sorprender a los transeúntes, a los cuales rodean con ella para facilitar así el reparto de varapalos. Tras la “paliza”, los bailarines, dándose las manos, siguen en línea al líder. Luego se sueltan unos de otros haciendo vueltas, cabriolas, campanelas y otros ágiles movimientos. Seguidamente, vuelven a unirse de la mano, desatándose al son siguiente. Después le siguen mudanzas variadas, todas al compás del tamboril.

El azeri o zorro actúa alocadamente, pero con astucia, tramando diferentes fechorías como subirse a un balcón para abrazar y besar a una mujer que se encuentra en el mismo, echar harina y agua a alguien con el que se cruza en su deambular o pegar a la gente, aunque con menos violencia que el grupo al completo.

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Las primeras referencias de esta danza están datadas en 1754 y fueron publicadas en el libro “Corografía de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa” por Manuel de Larramendi. Durante el franquismo se prohibió, pero algunos vecinos se empeñaron en reintroducirla en 1941 durante las fiestas patronales. Tras el levantamiento de la prohibición de celebrar los Carnavales, se restauró plenamente la tradición en 1971.

En este caso, se puede apreciar mucho más claramente que la danza simula el comportamiento del animal al que se está imitando y que la persona adopta las características distintivas del mismo, fusionando su espíritu con el de la bestia. El zorro como animal totémico, no solo destaca por su inteligencia y su rapidez, sino por su capacidad de observación y reacción, por su persistencia, por su habilidad para camuflarse y también adaptarse a condiciones bastante hostiles. Por otro lado, representa el deseo sexual, vinculado al elemento fuego que predomina durante estas fechas y sin el cual no podrían llevarse a cabo los procesos de creación y fertilización que son necesarios en estos momentos del ciclo anual.

Existen otros personajes folklóricos presentes en otras danzas que podría mencionar, pero creo que he hecho un amplio recorrido por las tradiciones del Solsticio de Verano más importantes dentro de la cultura vasca. Así que solo me queda desearos una muy feliz víspera de San Juan o Donibane gaua. Udako Solstizio zoriontsua!

 

 

* Un agradecimiento especial a los artículos de Javier Hermoso de Mendoza, que podéis consultar en la web: http://www.sasua.net/estella/new_2.asp También podéis visitar la página particular del autor: www.javierhermosodemendoza.com

– La primera foto se ha extraído de: https://uskaraeguna2010.blogspot.com.es/2016/06/

– La segunda imagen está sacada de http://www.hiru.eus/eu/cultura-vasca/fiesta-de-san-juan

– La tercera imagen pertenece a la Guía Repsol: https://www.guiarepsol.com/es/turismo/destinos/el-mejor-rincon/san-juan-xar/

-La cuarta imagen se ha obtenido de: https://elefectorayleigh.cl/2012/08/02/lo-natural/

-La quinta imagen es de Patxi Uriz y se ha extraído en: http://blog.fotoruta.com/2012/05/24/patxi-uriz-premiado-por-la-national-geographic/

-La sexta imagen pertenece a: http://www.dantzatlas.navarchivo.com/es/node/207

– La séptima foto se ha extraído de: http://www.naiz.eus/es/agenda/evento/la-captura-de-juan-lobo-en-torralba-del-rio

-La última imagen se ha sacado de: http://www.urumeaarnastu.com/es/conoce-los-pueblos/hernani/costumbres-y-curiosidades.html